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Rusia y Hungría estrechan lazos en torno a la energía nuclear

Victoria | Domingo 19 de enero de 2014

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Moscú financiará dos nuevos reactores en la única central existente en el país magiar, la de Paks, que consta de cuatro, construidos en los años 70. Hasta el 40% de la energía consumida en el país proviene de ella.

Víktor Orbán, primer ministro de Hungría y hasta hace poco no muy cercano a Vladimir Putin, ha cambiado de postura en su último mandato.

“Rusia es nuestro socio más importante tras los países de la Unión Europea. Apreciamos este desarrollo”, decía Orbán a Putin, “que podemos ver en Rusia con tu liderazgo. Esto hace de la cooperación algo importante para Hungría”.

El complejo de Paks, a cien kilómetros de Budapest, lleva en funcionamiento desde los años 80. Una fuga radioactiva en 2003 obligó a cerrar uno de sus reactores, que volvió a abrir en 2005 tras ser reparado y asegurado. También en 2005 el Gobierno prolongó la vida útil de Paks veinte años más con el visto bueno de la Asociación Internacional de Operadores Nucleares.

Análisis: Revuelo en Hungría por acuerdos de Orbán en Moscú

Los acuerdos firmados en Moscú por el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán tuvieron el efecto de la explosión de una bomba. Los críticos de Orbán hablan de “la venta de los intereses nacionales a espalda del parlamento” y de ignorancia de las normas de la Unión Europea. János Lázar, jefe de la administración del primer ministro de Hungría subraya que, el acuerdo con Rusia significa “una mayor seguridad energética” para su país.

El argumento principal de los críticos es inconsistente. Los opositores indican que fue atropellada la cláusula de la UE, por la que todo proyecto estatal, incluidos los de la esfera energética requieren la convocatoria de una licitación. Sin embargo, en el caso de la central atómica de Paks, dicha norma, por lo menos formalmente, no fue violada. Y ello porque, dicha central fue construida a principios de la década del ochenta, con la participación de especialistas soviéticos, y ahora se trata de su ampliación, con dos bloques energéticos, que se suman a los que cuatro que todavía funcionan.

Además, la decisión de ensanchar la central fue aprobada por el parlamento ya en 2009, pero en ese lustro, ninguna compañía extranjera, salvo la corporación estatal rusa de “Rosatom” ha propuesto a Hungría el financiamiento indispensable para realizar el proyecto. No obstante que en el listado preliminar figuraban Areva, de Francia, Westinghouse, de EEUU, además de compañías de Japón y de Corea del Sur. Así las cosas, la licitación no se convocó por culpa del gobierno húngaro, y no por causa de Rusia.

Además, la colaboración energética ruso-húngara no se circunscribe a la esfera atómica. A fines del año pasado, el gobierno de Orbán confirmó definitivamente la participación del país en el proyecto de construcción del gasoducto South Stream, a pesar de todos los intentos de la UE de convencer a Budapest de que optara por su proyecto, Nabucco. Adnan Vatansever, profesor del Colegio Real de Londres señalaba que, los proyectos rusos North Stream y South Stream entrañan riesgos mínimos para los suministros ininterrumpidos, además que “añaden liquidez al mercado”. Dicha postura es del todo fundamentada, destacaba en conversación con nuestra emisora Yuri Solozobov:

–Los suministros regulares de recursos energéticos a precios admisibles para la UE es la condición indispensable para Europa para salir de la recesión. En la situación existente, un conflicto con Gazprom no responde a los intereses europeos.

Sin embargo, desató también críticas el crédito ruso asignado a Hungría para la ampliación de la central atómica Paks, por la suma de unos diez mil millones de euros, lo que dio pie a los opositores para declarar que el primer ministro Orbán “de hecho, vendió Hungría a los rusos”.

Pero, no suscita dudas la conveniencia económica real para Hungría. El presidente de Rusia Vladimir Putin subrayó que, “está previsto que, más del 40% del volumen de los trabajos se lleven a cabo en Hungría. Esto significa que unos tres mil millones de dólares serán destinados para crear puestos de trabajo en Hungría, y tan solo los ingresos tributarios al presupuesto sumarán más de mil millones de dólares”. Además, la situación real en las relaciones de Rusia y Hungría no da asidero para tales evaluaciones. Estas relaciones tienen en general un carácter equilibrado, de suerte que el acuerdo de crédito con Rusia está avalado por una base económica sana. A diferencia, a propósito, de los acuerdos de crédito de la UE con los países “problemáticos”, en los que está descartada toda asociación paritaria. Entre otras cosas, la asistencia rusa ayudará al gabinete de Orbán continuar combatiendo la inflación y reducir los precios de la electricidad, los que en 2013 disminuyeron ya en un 20 %.

Es sintomático que el ejemplo de Hungría resulte contagioso también para otros miembros de la UE, incluida Bulgaria. Su ministro de Exteriores Cristian Viguenin declaró hace unos días que considera a Rusia “un socio estratégico” de Bulgaria.