Opinión

Blas de Lezo y Pedro Menéndez de Avilés

Elespiadigital | Domingo 16 de febrero de 2014

Como español, asturiano y descendiente directo de ambos (Blas de Lezo y Pedro Menéndez de Avilés), escribo con orgullo estas líneas tanto para agradecer lo que se está haciendo en su memoria, como para recordar la deuda pendiente que España y sus terruños tienen con ellos, para que ocupen el lugar que les corresponde en nuestra memoria colectiva.

Por Álvaro de Armada y Barcáiztegui*



 

Por Álvaro de Armada y Barcáiztegui*

Como español, asturiano y descendiente directo de ambos (Blas de Lezo y Pedro Menéndez de Avilés), escribo con orgullo estas líneas tanto para agradecer lo que se está haciendo en su memoria, como para recordar la deuda pendiente que España y sus terruños tienen con ellos, para que ocupen el lugar que les corresponde en nuestra memoria colectiva.

En cuanto al primero de ellos, decir que el pasado 18 de septiembre el ministro de Defensa, don Pedro Morenés, inauguró en el Museo Naval la brillante exposición "Blas de Lezo, el valor de Mediohombre", que se abrió al público al día siguiente. La muestra recupera la memoria del teniente general de la Armada, conocido por encabezar en 1741 la defensa de Cartagena de Indias.

Con tan sólo 6 navíos y 3.000 hombres se enfrentó a la segunda mayor Armada de la historia, después de la flota aliada del Desembarco de Normandía de 1944. Al frente de las fuerzas británicas estaba el almirante Vernon, con 186 navíos y 28.000 hombres. Frente a tamaña desproporción, Blas de Lezo consiguió derrotar a la flota inglesa en una de las humillaciones de guerra más apabullantes que se conocen. El Gobierno inglés prohibió bajo durísimas penas hablar del tema ordenando recoger y ocultar las medallas conmemorativas de la pretendida victoria de Vernon sobre Lezo. Esas medallas se pusieron en circulación creyendo que la victoria estaba alcanzada cuando Vernon a bordo de su buque insignia entró en la bahía de Cartagena.

En esas medallas aparecía Lezo arrodillado, entregando su espada a Vernon y la frase impresa, "El orgullo español, humillado por Vernon". Y para que la victoria, que no lograría, no pareciera menos, Lezo aparece en las monedas con sus dos piernas y sus dos brazos.

La victoria de Lezo y el control de la plaza neogranadina, hoy colombiana, considerada estratégicamente como la "llave de Indias", resultaron claves para mantener el dominio español en América por un período de cien años.

En esa metódica muestra del Museo Naval el discurso expositivo se completa con gráficas, mapas explicativos y un excelente audiovisual, que muestra por primera vez la arquitectura militar de Cartagena de Indias, con la orografía y la flora existentes en su bahía en el siglo XVIII, elementos clave para comprender el desenlace del combate en cuya confección colaboró muy activamente con la empresa multimedia Composiciones Virtuales, y en calidad de experto y asesor militar, el coronel José Antonio Crespo-Francés, resultando un documental brillante sobre la vida de Lezo y un detallado y exhaustivo estudio técnico sobre las fortificaciones de Cartagena, que aparecen en su trabajo escrito.

Lezo, cojo, tuerto y manco desde los 25 años por las heridas recibidas en combate, lo que le valió el apodo de "Mediohombre", es uno de los marinos más importantes de la historia naval española. Invicto en toda su carrera militar, murió poco después de la defensa de Cartagena sin el reconocimiento merecido, denostado injustamente por el rey Felipe V a causa de sus detractores, y siendo enterrado en una tumba de emplazamiento desconocido.

Tal como me recuerda el coronel Crespo-Francés, quien ha escrito sobre mis dos antepasados objeto de estas líneas, en una de nuestras charlas y en sus publicaciones, aún está pendiente de encontrar el lugar de su enterramiento y localización de sus restos, además de la erección de un merecido monumento en la capital del reino tal como expone en su trabajo: "Un monumento en búsqueda de un héroe: Lezo y la propuesta popular de un monumento en su memoria en la capital del reino", que escribió como contribución y apoyo a la Asociación Monumento a Blas de Lezo.

Todavía Vernon en su fracaso, de regreso a Inglaterra, intentó atacar La Habana para tomarla, siendo rechazado por otro de mis antepasados.

Allí en Cuba se encontraba desde el año 1734, como Capitán General de La Habana, el cántabro Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, primer conde de Revillagigedo, quien organizó de manera efectiva la defensa contra los ataques ingleses, organizando la caballería y el acondicionamiento de las fortificaciones en la isla.

Para terminar me quiero referir al segundo de mis antepasados, objeto de este artículo, a un soldado y marino, diez veces Capitán General del Mar Océano, que lo cruzó en más de veinte ocasiones. Caballero del hábito de Santiago, comendador de Santa Cruz de la Zarza en Toledo, gobernador de Cuba y quinto Adelantado de La Florida. Me refiero al navegante, cosmógrafo, conquistador y políglota don Pedro Menéndez de Avilés (Avilés, 1519 - Santander, 1574), Adelantado Mayor de La Florida, región que exploró, conquistó y colonizó, y que personifica el modelo de hombre de armas de su época, siempre en fiel servicio a su rey Felipe II. Como quinto Adelantado de La Florida, fundó asentamientos y misiones, empeño en el que antes habían fracasado ocho exploradores en tan compleja y difícil misión.

Introdujo a los jesuitas en los EE UU, era amigo de San Francisco de Borja, con quien se carteaba. Como hombre, fruto del Renacimiento, nos ofrece multitud de facetas. Fue un personaje increíble.

Su proeza ocurrió en 1565, año en el que fundó la ciudad de San Agustín, precisamente el día 28 de agosto, la más antigua ciudad de los actuales Estados Unidos de América. Ese mismo día se celebró la primera misa en suelo norteamericano, lo que debe ser considerado como el auténtico primer Día de Acción de Gracias. Así tuve ocasión de manifestarme en la Tufts University de Boston, Massachusetts, en septiembre de 2011.

En 1574 es nuevamente requerido por el rey "para cosas de su servicio", con el fin de que se pusiera al mando de una gran escuadra reunida en Santander al objeto de dominar y pacificar las sublevaciones de Flandes. Tomó posesión como capitán general de aquella poderosa escuadra el 8 de septiembre, pero al día siguiente fue víctima de "un tabardillo violento", tifus exantemático, a consecuencia del cual falleció el 17 del mismo mes, a los 55 años.

Menéndez de Avilés fue un personaje extraordinario, poco conocido y menos valorado, sin duda el mejor marino del S. XVI. Si su muerte no se hubiera producido, hubiera conducido la Gran Armada contra Inglaterra, para cuyo mando había sido nombrado. Quizá con él, el curso de la historia de Europa no habría sido la misma.

Escribió numerosas cartas, informes y memorias: "Relación precisa para saber lo que se camina por la longitud de Este al Oeste", "Carta del rey sobre las reglas e instrucciones que debieran tenerse presentes en todos los sucesos que pudieran acaecer en la flota que partía para Indias y de la cual iba como capitán general", "Cartas de marear en las cosas de Indias", etcétera.

Pocas figuras de nuestra historia se han visto tan injustamente olvidadas como la de Menéndez de Avilés. La necesidad de recuperar su personalidad para la historia de la Edad Moderna se hace hoy imprescindible si queremos entender sin complejos el protagonismo que tuvieron España, Asturias y la Corona en el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo, tal como lo refleja José Antonio Crespo-Francés en su magnífico libro publicado en 2000 y titulado "Don Pedro Menéndez de Avilés: Deuda histórica de un soldado olvidado de Felipe II" y que esperamos se pueda reeditar con motivo de centenario 1585-2015.

Dicho esto, doy mi más profundo agradecimiento al autor por este magnífico libro que no es más que un homenaje y un acto de justicia para todos aquellos exploradores y aventureros españoles que, con un profundo sentido del honor, de entrega y amor a la patria y fidelidad a su rey, fueron los auténticos artífices del Imperio español en tierras americanas, dejando muchas veces en ellas, su sangre y haciendas.

Sin su valor, coraje, generosidad y, por qué no, romanticismo, el legado español en el Nuevo Mundo nunca habría sido posible.

Por todo ello, sugiero que de igual forma que se hizo con Blas de Lezo, la figura del insigne marino Menéndez de Avilés dé también su nombre a un buque de la Armada Española.

En los EE UU la figura de Menéndez de Avilés se agranda día a día, y es a partir del estudio de los fondos del Archivo de Revilla-Gigedo, el mayor archivo privado español sobre temas americanos, imprescindible y único para el conocimiento de la historia y orígenes del continente norteamericano, cuando se comienza a publicar libros y a admirar su fascinante y compleja personalidad.

La ciudad de San Agustín, fundada por Menéndez de Avilés, es una referencia histórica importantísima desde el descubrimiento de Cristóbal Colón. Y los norteamericanos toman conciencia de que es aquí donde surge con gran fuerza el vínculo cultural entre España y los Estados Unidos, entre Asturias y La Florida.

El protagonismo de EE UU en la escena internacional a lo largo de los dos últimos siglos y su posición como primera potencia mundial parece incuestionable. La vinculación cultural e histórica entre ambos países, precisamente gracias a figuras como la de Menéndez de Avilés, representa una auténtica oportunidad para Asturias, abriendo constantes vías de comunicación y progreso a todos los niveles. Por ello, la recuperación de la huella española en el territorio norteamericano no puede traer más que beneficios, siendo una deuda pendiente de colegios y universidades, americanos y españoles, con su historia y su cultura.

El Principado de Asturias debe aprovechar y potenciar esta posición de privilegio con los EE UU, precisamente por nuestra historia común a lo largo de tres siglos, por contribuir a su origen como nación y haber participado decisivamente en su colonización.

Acabemos, pues, con el desconocimiento mutuo que arrastramos desde hace décadas y recuperemos el protagonismo que se han atribuido otros y que España y Asturias merecen, por legitimidad histórica.

Por todo lo expuesto cabe preguntarse ¿qué harán tanto los asturianos como el resto de los españoles?. Las autoridades españolas y asturianas deben reaccionar ante la necesidad de conmemorar el 2015 y la inmensa figura de don Pedro, pues Madrid ya lo ha hecho con don Blas de Lezo.

¿Se está haciendo algo en ésta dirección? ¿Son los organismos oficiales conscientes de la oportunidad que se presenta?

No se puede dejar pasar esta ocasión con la gran trascendencia que van a tener los actos conmemorativos en el 2015 al otro lado del océano. Se trata de valorar ambas figuras, su importancia y recuperación para la historia de España en general. Lezo para Vascongadas y Menéndez de Avilés para Asturias.

Quiero terminar estas líneas con una frase del historiador norteamericano Richard Fletcher Lummis de su libro "Los descubridores del siglo XVI" y que con tanto acierto recoge José Antonio Crespo-Francés en su libro: "Si no hubiera existido España hace cuatrocientos años, no existirían hoy los Estados Unidos. Porque creo que todo joven anglo-sajón americano ama la justicia y admira el heroísmo tanto como yo, me he decidido a escribir este libro. La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo. Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de proezas que registra la Historia".

*Conde de Güemes y descendiente del Teniente General de la Armada Blas de Lezo