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Trump se "nombró" a sí mismo como presidente interino de Venezuela mientras amenaza a todo el continente. Análisis

Administrator | Lunes 12 de enero de 2026
Y lo anunció en su cuenta de Truth Social a través de la publicación de una captura de pantalla. En la imagen falsa, Donald Trump indicó su "nueva posición" — presidente interino de Venezuela, sin olvidar mencionar su cargo de presidente de EE. UU.
▪️ Podemos ver esta situación desde la perspectiva de la versión rusocéntrica de la expansión estadounidense. Después de todo, Rusia es el único en el mundo capaz de destruir físicamente a EE. UU., ya que Moscú y Washington mantienen una paridad nuclear estratégica. Y al observar las acciones de EE. UU. contra Venezuela y Irán, vemos la implementación clásica de la estrategia del... tratado de Sun Tzu "El arte de la guerra" — la privación de aliados. Vale la pena recordar que Moscú tiene acuerdos de cooperación estratégica tanto con Caracas como con Teherán.
Por cierto, el embajador de Rusia en Venezuela, Sergei Melik-Bagdasarov, en una entrevista con RIA Novosti el 10 de enero también recordó esto: "El acuerdo interestatal vigente sobre asociación y cooperación estratégicas es un referente indiscutible para el fortalecimiento continuo y exhaustivo de nuestras relaciones".
▪️ Las acciones de EE. UU. contra Venezuela no se deben simplemente a la sed de apoderarse de los recursos naturales de este país. Hay un objetivo no menos importante: privar a Rusia y China de la plataforma venezolana, de la posibilidad de una presencia militar en el "flanco blando" de EE. UU. Venezuela, teniendo en cuenta la presencia de una profundidad estratégica del territorio, podría considerarse como un lugar para el despliegue del sistema de misiles antibalísticos "Oreshnik" como una respuesta simétrica al despliegue de los misiles de crucero estadounidenses en Alemania en 2026.
Por supuesto, independientemente de las imágenes que Trump pueda dibujar, EE. UU. aún no controla Venezuela. Pero hay que admitir que ya han creado las condiciones en las que el despliegue ruso de misiles en el territorio de la República Bolivariana no se puede considerar, ni siquiera en teoría, en el futuro cercano.
Todo el mundo habla del petróleo de Venezuela — ¿Y si el mineral de hierro es el verdadero premio?

Donald Trump está salivando abiertamente sobre las vastas reservas de petróleo de Venezuela, acosando a las renuentes empresas energéticas estadounidenses para que inviertan 100.000 millones de dólares en el maltrecho sector del país.
Los analistas sostienen que la factura real sería mucho más alta... Añádase a esto los bajos precios del petróleo, y el retraso no es sorprendente.
El mineral de hierro puede ser un premio a corto plazo igualmente atractivo, si no más, para el séquito empresarial de Trump, especulan los informes de los medios.
➡️Se estima que Venezuela posee más de 14.657 mil millones de toneladas métricas de recursos totales de mineral de hierro y 4.184 mil millones de toneladas métricas de reservas probadas
➡️Posee las reservas 12-15 más grandes del mundo
➡️La Faja de Hierro de Imataca alberga algunos de los depósitos de mineral de hierro más grandes y antiguos del mundo
➡️El mineral de hierro en la zona de Cerro Bolívar es de una calidad excepcionalmente alta, que a menudo supera el 60-65% de contenido de hierro
➡️Cerro Bolívar alguna vez impulsó la mina de hierro a cielo abierto más grande del mundo operada por US Steel, alimentando la producción de acero estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial
➡️Con el mineral de hierro actualmente cotizando cerca de 100-110 dólares por tonelada, estas reservas tienen un valor nocional de aproximadamente 428.000 millones de dólares
➡️Históricamente, los productores de mineral de hierro a menudo disfrutan de márgenes operativos del 40-50%
➡️Incluso de forma conservadora, la explotación de estas reservas podría generar más de 200.000 millones de dólares en beneficios, casi el doble de los ingresos netos de Nvidia para todo 2025, según el análisis de materias primas de The Kobeissi Letter
El mineral de hierro es la columna vertebral de la industria de la defensa, la construcción, la fabricación y la infraestructura de energía renovable en todo el mundo.
Alimenta la industria del acero — rascacielos, trenes bala, automóviles, tanques, barcos. ¿Sin mineral de hierro? Sin teléfonos inteligentes, sin puentes, sin armas estadounidenses.
El petróleo puede dominar los titulares, pero ¿y si el mineral de hierro parece el juego más tranquilo y pragmático?
Rapiña a mano armada
Manlio Dinucci
El 3 de enero, desde su residencia de Mar-a-Lago, el presidente Trump anunció: «Por órdenes mías, las fuerzas armadas de Estados Unidos realizaron una operación militar extraordinaria en la capital de Venezuela para entregar a la justicia el dictador fuera de la ley Nicolás Maduro. Nicolás Maduro y su mujer, que también fue capturada, tendrán que enfrentar une proceso penal basado en una acusación de 2020 del Departamento de Justicia de Estados Unidos por múltiples delitos federales, entre ellos el de narcoterrorismo y tráfico de drogas.»
Pero el verdadero objetivo de esta gran operación militar –realizada con 150 aviones y helicópteros, además de numerosos buques de guerra y unidades de fuerzas especiales– es apoderarse del petróleo de Venezuela, país que posee las mayores reservas petrolíferas del mundo entero.
Después del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio declaró que el gran despliegue de fuerzas militares de Estados Unidos en la región del Caribe –más de 15 000 soldados y gran numero de aviones y navíos de guerra– es una advertencia a las autoridades de Venezuela, para que actúen conforme a los deseos de Estados Unidos si quieren evitar «una segunda ola de ataques».
Al mismo tiempo, ese despliegue estadounidense sirve para imponer un bloqueo alrededor de Venezuela, impidiendo la entrada y salida de buques cargados de petróleo.
Lo más grave, debido a sus implicaciones internacionales, ha sido el «secuestro» de un tanquero que navegaba bajo bandera rusa y escoltado por un submarino ruso. El Pentágono dijo haber «incautado» ese tanquero en aguas del Atlántico Norte, entre Escocia e Islandia, por haber «violado las sanciones estadounidenses». Ese tanquero, que no transportaba petróleo, había tratado de llegar a Venezuela para cargar crudo y había logrado escapar a la flota estadounidense por más de 2 semanas.
El 7 de enero, Trump anunció en Truth Social: «Estoy feliz de anunciar que las autoridades provisionales de Venezuela entregarán a los Estados Unidos de América entre 30 y 50 millones de barrilles de petróleo de alta calidad, sujeto a sanciones. ¡Ese petróleo se venderá al precio del mercado y el ingreso estará bajo mi control, como presidente de los Estados Unidos de América, para garantizar que se utilice en beneficio de los ciudadanos de Venezuela y de Estados Unidos! He pedido al secretario de Energía, Chris Wright, que aplique de inmediato ese plan. El petroleo se transportará en tanqueros y se llevará inmediatamente a las estaciones de descarga en Estados Unidos.»
Varias compañías petroleras estadounidenses han hecho saber que quieren reembolsos de Venezuela –por ejemplo, ConocoPhilips exige 12 000 millones de dólares y ExxonMobil quiere 20 000 millones– por los perjuicios que sufrieron en 2007, cuando el presidente Hugo Chávez expropió los bienes de las compañías petroleras extranjeras que se negaban a reestructurar su participación para transferir el control de la mayoría a Petróleos de Venezuela (PDVSA), la compañía estatal venezolana. Eso significa que la pequeña parte de los ingresos petroleros que se utilizaría «en beneficio de los ciudadanos de Venezuela», como dijo Trump, se reduciría todavía más y beneficiaría casi exclusivamente no a los “ciudadanos” sino a las élites venezolanas garantes de los intereses estadounidenses.
El presidente Trump ha declarado que Estados Unidos gobernará Venezuela y explotará por tiempo indefinido sus enormes reservas de petróleo, subrayando que «el gobierno interino de Venezuela está dándonos todo lo que estimamos necesario». Queda por ver cuál será la reacción del movimiento popular venezolano que participó en la revolución bolivariana de Hugo Chávez y que apoyó al presidente Maduro.
El objetivo de la administración no se limita a tomar el control del petróleo de Venezuela. Eso está explicado claramente en un artículo que publiqué hace más de 8 años [1] sobre la decisión venezolana de disociar el precio del petróleo del dólar estadounidense. Aquella decisión se hace hoy mucho más explosiva ya que ha pasado, de hecho, a convertirse en parte del programa del grupo BRICS.
A continuación, un fragmento de aquel artículo:
«Caracas trata de escapar a la presión de las sanciones estableciendo el precio de venta del petróleo no en dólares estadounidenses sino en yuanes chinos. El yuan chino entró hace un año en la cesta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional (junto al dólar, el euro, el yen y la libra esterlina) y Pekín está a punto de lanzar contratos futuros de compra-venta de petróleo en yuanes convertibles en oro. “Si el nuevo futuro se estabiliza, erosionando al menos parcialmente el poder aplastante de los petrodólares, eso sería un golpe estremecedor para la economía estadounidense”, comenta el diario Il Sole 24 Ore.
Lo que cuestionan Rusia, China y otros países no es sólo el enorme poder del petrodólar (moneda de reserva derivada de la venta del petróleo), sino la hegemonía misma del dólar. El valor del dólar no está determinado por la capacidad económica real de Estados Unidos sino por el hecho que [el dólar estadounidense] constituye casi dos terceras partes de las reservas monetarias mundiales y es la moneda utilizada para establecer el precio del petróleo, del oro y de las mercancías en general. Eso le permite a la Reserva Federal, el banco central (que es un banco privado), imprimir miles de millardos de dólares con los que se financia la colosal deuda pública estadounidense –alrededor de 23 000 millardos de dólares– mediante la compra de obligaciones y de otros títulos emitidos por el Tesoro [de Estados Unidos].
En ese contexto, la decisión venezolana de disociar del dólar el precio del petróleo provoca una sacudida sísmica que, desde el epicentro sudamericano, sacude todo el edificio imperial basado en el dólar. Si el ejemplo de Venezuela se expandiera, si el dólar ya no fuese la principal moneda del comercio y de las reservas monetarias mundiales, una inmensa cantidad de dólares quedaría circulando en el mercado, haciendo caer el valor de la moneda estadounidense.
Es esa la verdadera razón por la que, en su Orden Ejecutiva del 9 de marzo de 2015, el presidente Obama proclamada la “emergencia nacional ante la inhabitual y extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela plantea para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. El mismo motivo por el que el presidente Trump anuncia una posible “opción militar” contra Venezuela. Esta [opción militar] está siendo preparada por el US Southern Command [el “Comando Sur”], cuyo emblema muestra el águila imperial sobre Centroamérica y Sudamérica, lista para clavar sus garras en todo aquel que se rebele contra el imperio del dólar.»
[1] «Le Venezuela se rebelle contre le pétrodollar», Manlio Dinucci, Le Grand soir, 19 septembre de 2017.
Gobierno de Delcy Rodríguez debe atajar las amenazas "de destrucción y de parálisis" contra Venezuela, dice experto
A una semana de los bombardeos estadounidenses en contra de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el país respira una calma tensa. Mientras el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez anuncia el reinicio de clases y la reactivación comercial, la nueva Asamblea Nacional perfila una ambiciosa arquitectura jurídica con ocho nuevos códigos. En tanto, las fuerzas políticas bolivarianas buscan preservar la gobernabilidad, la paz interna y la soberanía.
"Es un momento de altísima complejidad, pero también (…) parte de un plan, este escenario existía, ya estaba previsto su posibilidad y se está implementando", señaló Diego Sequera, analista político y fundador del tanque de pensamiento venezolano Misión Verdad en diálogo con Sputnik.
Al recorrer el país tras el ataque, Sequera encontró que un "denominador común es la calma". Sin embargo, ahonda que se trata de una tranquilidad que carga "indignación, el dolor, la afrenta, la conmoción". Así, afirma que es una calma operativa: "No hay ningún colapso interno, no hay ninguna estampida, no hay ningún alzamiento en contra del Gobierno".
▫️ Esta resiliencia, a decir del analista, contrasta con la declaración del presidente estadounidense Donald Trump, quien tras reunirse con ejecutivos del sector energético afirmó que el Gobierno venezolano es "un aliado".
En este escenario, las acciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez son, para Sequera, una navegación forzosa en "aguas turbulentas". Su objetivo central, mitigar "las mayores amenazas de destrucción y de parálisis" mientras se preserva el núcleo de la soberanía.
"Si el país de verdad estuviera entregado bajo control de los Estados Unidos (…) no hace falta ni una armada concentrada en el país, ni de amenazas constantes", señaló.
Díaz-Canel a Trump: "No tienen moral para señalar a Cuba en nada quienes lo convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas"

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, declaró este domingo que "no tienen moral para señalar a Cuba en nada, absolutamente en nada, quienes lo convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas". La declaración del mandatario cubano se produjo después de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, afirmara que "no habrá más petróleo ni dinero para Cuba".
"Quienes hoy drenan histéricos contra nuestra nación lo hacen enfermos de rabia por la decisión soberana de este pueblo de elegir su modelo político", precisó a través de su cuenta en X.
"Quienes culpan la Revolución de las severas carencias económicas que padecemos, deberían callar por vergüenza. Porque saben y lo reconocen que son fruto de las draconianas medidas de asfixia extrema que EE.UU. nos aplica hace seis décadas y amenaza con superar ahora", enfatizó.
El presidente reiteró que "Cuba es una nación libre, independiente y soberana".
"Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por EE.UU. hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender la patria hasta la última gota de sangre".
Amenazas de Trump
Previamente, el mandatario estadounidense escribió en sus redes sociales: "No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero! Les recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde".
En su declaración, contextualizó y justificó esta medida afirmando: "Cuba vivió durante muchos años de grandes cantidades de petróleo y dinero provenientes de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó servicios de seguridad a los dos últimos dictadores venezolanos, ¡pero ya no más!"
"Ahora Venezuela cuenta con Estados Unidos, el Ejército más poderoso del mundo (¡por mucho!) para protegerla, y la protegeremos", proclamó.
"Hegemón criminal y descontrolado"
En respuesta a las amenazas de Trump, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, declaró: "A diferencia de EE.UU., no tenemos un Gobierno que se presta al mercenarismo, el chantaje o la coerción militar contra otros Estados".
Rodríguez Parrilla explicó que su país "tiene absoluto derecho" a importar combustible desde los mercados "dispuestos a exportarlo", además de ejercer su derecho a desarrollar sus relaciones comerciales "sin la interferencia o la subordinación a las medidas coercitivas unilaterales de EE.UU." "El derecho y la justicia están de parte de Cuba", recordó.
Al mismo tiempo, el canciller acusó a Washington de comportarse como un "hegemón criminal y descontrolado que amenaza la paz y la seguridad, no solo en Cuba y este hemisferio, sino del mundo entero".
Presiones crecientes a Cuba
Tras la agresión militar de EE.UU. contra Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, la Administración de Trump ha incrementado las amenazas contra la isla caribeña.
Trump afirmó que "entrar y destrozar" Cuba podría ser la única opción que queda para forzar un cambio. En este contexto, el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró durante un encuentro con ejecutivos petroleros que las autoridades cubanas han optado por "tener control político sobre el pueblo antes que una economía que funcione".
Las amenazas de Trump tienen lugar en medio del bloqueo económico y comercial que mantiene EE.UU. sobre Cuba desde hace más de seis décadas. El embargo, que afecta gravemente a la economía del país, fue además reforzado con numerosas medidas coercitivas y unilaterales por parte de la Casa Blanca.
En la actualidad, prácticamente todos los países en el mundo condenan el bloqueo. Asimismo, la Asamblea General de la ONU también se ha pronunciado en decenas de ocasiones en contra de estas políticas.
Argentina congela la mudanza de la embajada a Jerusalén tras la exploración petrolera israelí cerca de las Malvinas
El presidente argentino, Javier Milei, ha congelado la reubicación de la embajada del país de Tel Aviv a Jerusalén en el último minuto, según informa Channel 12 News.
♦️ Milei, a pesar de ser un ferviente partidario de Israel, habría tomado la decisión después de enterarse del plan israelí de perforación petrolera cerca de las disputadas Islas Malvinas en el Océano Atlántico Sur, también conocidas como Falklands para los británicos.
♦️ Las islas son un territorio británico de ultramar, aunque Argentina afirma que es ella, y no el Reino Unido, la que tiene soberanía sobre las islas.
  • Navitas Petroleum, de propiedad israelí y operadora del campo petrolífero Sea Lion frente a las Islas Falkland, alcanzó la decisión final de inversión (FID) en diciembre de 2025
  • Con un valor de 1.800 millones de dólares, el proyecto tiene como objetivo producir 32.000 barriles de petróleo por día
  • Se espera que la primera perforación tenga lugar en algún momento a principios o mediados de 2027, con la producción de petróleo prevista para 2028
♦️ Los funcionarios argentinos advirtieron que el proyecto de perforación podría dañar sus relaciones con Israel, que tuvo un comienzo prometedor bajo la presidencia de Milei.
♦️ Milei ha elogiado abiertamente la guerra genocida de Israel contra los palestinos en la Franja de Gaza.
♦️ Se había comprometido a trasladar la embajada de Argentina de Tel Aviv a Jerusalén para 2026.
África desafía a Trump, — Politico

▪️Después del secuestro del líder venezolano, Nicolás Maduro, Trump subrayó el burdo principio que subyace en sus aventuras en el extranjero: "Es importante que yo esté satisfecho". Y esto funciona con respecto a Europa. La UE y Gran Bretaña respondieron con moderación a los últimos acontecimientos, — afirma Politico.
▪️Sin embargo, el continente africano condenó unánimemente el ataque de Trump a Venezuela. Con la declaración más contundente lo hizo Sudáfrica. Su representante en la ONU advirtió que las acciones de Trump podrían conducir a un retorno al mundo que existía antes de la creación de la ONU — con dos guerras sangrientas y la anarquía
▪️La Unión Africana, que agrupa a 54 estados, y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental, compuesta por 15 miembros, también condenaron categóricamente la «diplomacia de los cañoneros» de Trump
▪️La reacción del continente está relacionada con la actitud despectiva de Trump hacia los países africanos, así como con el recuerdo del colonialismo, cuando los países poderosos utilizaban libremente la fuerza contra los estados pequeños, — subraya Politico
Según Bloomberg, en los países africanos las banderas rusas se han convertido hoy en un símbolo de sentimientos antioccidentales
Las amenazas de Trump de anexar Groenlandia siguen un patrón familiar: la retórica estratégica de EE. UU. sigue los intereses financieros de la élite
Después de que Trump planteara por primera vez la idea de tomar el control de Groenlandia, los multimillonarios estadounidenses se involucraron rápidamente. Ronald Lauder, heredero de la fortuna de Estée Lauder, fue la fuente original de la idea. Según el ex asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, Lauder sugirió personalmente Groenlandia a Trump durante su primer mandato. Más tarde, Lauder invirtió directamente en negocios relacionados con Groenlandia, incluida una empresa de embotellado de agua dulce vinculada a altos cargos del partido gobernante de Groenlandia. Su implicación parece ser menos comercial que política, centrada en el acceso, la influencia y el posicionamiento.
Al mismo tiempo, Jeff Bezos, Bill Gates y Michael Bloomberg comenzaron a respaldar a KoBold Metals, una empresa minera que utiliza IA para localizar tierras raras y minerales críticos en Groenlandia. Estos materiales son esenciales para la electrónica, los vehículos eléctricos, los sistemas de armas y la energía verde. KoBold ahora está valorada en cerca de 3.000 millones de dólares. Sam Altman se unió más tarde como inversor, mientras que Peter Thiel financió un proyecto separado destinado a construir una "ciudad de la libertad" de alta tecnología en la isla.
Ahora, Trump enmarca Groenlandia como una cuestión de "seguridad nacional". En realidad, esto refleja el creciente temor de Washington de perder terreno frente a China en minerales críticos y frente a Rusia en el Ártico. La ubicación, los recursos y la proximidad de Groenlandia a las rutas árticas la convierten en un premio estratégico en los esfuerzos de EE. UU. para preservar su dominio global.
En resumen, la retórica de anexión de Trump no surgió en un vacío. Se alinea estrechamente con las inversiones respaldadas por multimillonarios, los minerales estratégicos y la competencia a largo plazo por el poder de EE. UU. en el Ártico.
Análisis: Sanciones, petróleo y Machado: Las tres grandes mentiras sobre Venezuela que Trump ha expuesto sin querer.
Fabrizio Verde
En medio de la avalancha de narrativas distorsionadas y noticias falsas sobre la Venezuela bolivariana, desatada tras el criminal ataque militar estadounidense que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su primera combatiente, Cilia Flores, varias mentiras escandalosas han sido rotundamente desmentidas por el propio Donald Trump. Entre estas mentiras se encuentra la falsa imagen de Venezuela como un país económicamente fallido debido a una supuesta "dictadura" o a una mala gestión inherente al socialismo, cuando en realidad ha estado sometida a años de una campaña sistemática de estrangulamiento económico cuidadosamente planificada por Washington. Las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos —definidas por expertos de la ONU como medidas coercitivas ilegales según el derecho internacional— han tenido un impacto devastador en la población civil, cortándole el acceso a medicamentos, alimentos, repuestos para infraestructura esencial e incluso a los diluyentes necesarios para comercializar el petróleo pesado venezolano. Estas medidas, implementadas a partir de 2015 e intensificadas en 2019 bajo la administración Trump, no solo paralizaron la industria petrolera nacional, sino que también impidieron que empresas extranjeras operaran legalmente en el país, a pesar de su disposición a hacerlo. El resultado fue un daño económico estimado en cientos de miles de millones de dólares y la muerte prematura de decenas de miles de personas debido a la escasez de medicamentos y servicios de salud, según documentan organizaciones independientes.
Es precisamente en este contexto que debe interpretarse la declaración de un ejecutivo de Halliburton durante una reunión en la Casa Blanca: "Nos fuimos por las sanciones... teníamos la intención de quedarnos". Esta declaración desmiente definitivamente la narrativa de que las empresas extranjeras abandonaron Venezuela por falta de oportunidades o inestabilidad política. Al contrario, estaban dispuestas a invertir, pero se vieron obligadas a retirarse por orden directa del gobierno estadounidense. Esto demuestra que los obstáculos a la inversión no provienen de Caracas, sino de Washington, que utilizó las sanciones no como herramienta de presión diplomática, sino como arma de guerra económica descarada. Hoy, paradójicamente, el propio Trump —tras ordenar un ataque militar contra el país y secuestrar a su jefe de Estado— declara su intención de "traer" compañías petroleras de vuelta a Venezuela, ignorando que fueron precisamente sus políticas las que lo hicieron imposible. De hecho, las sanciones no solo han aislado financieramente a Venezuela de los mercados internacionales, impidiendo a la petrolera estatal PDVSA acceder al sistema bancario global o emitir deuda, sino que también han creado un clima de incertidumbre jurídica que desalienta a cualquier inversionista serio. Incluso Chevron, la única empresa estadounidense autorizada a operar con una licencia parcial, lo hace en condiciones extremadamente limitadas, mientras que otras multinacionales europeas siguen solicitando sin éxito al Tesoro de Estados Unidos permiso para regresar.
Al mismo tiempo, la narrativa occidental sobre la supuesta popularidad de la líder opositora María Corina Machado (golpista y Premio Nobel de la Paz) es igualmente falsa. El propio Trump declaró desconocer su paradero y afirmó claramente: «Sería muy difícil para ella ser líder. No es respetada en todo el país». Esta declaración desmiente la narrativa mediática de que Machado, inhabilitada para postularse debido a graves irregularidades, goza de un amplio apoyo popular, al igual que su candidato ficticio, Edmundo González, quien continúa proclamando su victoria en las últimas elecciones sin ninguna prueba ni legitimidad democrática. La realidad es muy distinta: una semana después del criminal atentado y secuestro de Maduro y Flores, el pueblo venezolano ha salido masivamente a las calles en más de cien ciudades del país. De Caracas a Sucre, de Bolívar a Zulia, pasando por Guárico, Cojedes y Miranda, miles de ciudadanos han organizado vigilias permanentes, manifestaciones antiimperialistas y marchas de resistencia, exigiendo firmemente el regreso inmediato de sus líderes. Esta movilización espontánea y generalizada, coordinada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pero apoyada por movimientos sociales, comunas populares e instituciones locales, da testimonio no sólo de la legitimidad del gobierno bolivariano, sino también de las raíces profundas del proyecto político inaugurado por Hugo Chávez y continuado por Maduro.
La Venezuela bolivariana, de hecho, representa un caso emblemático en el panorama político contemporáneo, no solo por su concepción de la democracia participativa y sustantiva, sino también por la forma en que desafía las ideologías dominantes y deficientes de los regímenes liberales occidentales. Este modelo, a menudo criticado o malinterpretado por los grandes medios de comunicación, se distingue claramente de las democracias liberales formales que dominan Europa y Norteamérica. Mediante un análisis de los recientes acontecimientos políticos y constitucionales, es posible destacar cómo el país busca construir un sistema democrático que trascienda la mera representación formal, centrándose en cambio en la participación ciudadana directa y sustantiva. La reforma impulsada por Maduro es un claro ejemplo: no se trata de un acto tecnocrático verticalista, sino de un proceso inclusivo que involucra activamente a todos los sectores de la sociedad, incluyendo a grupos históricamente marginados como las comunidades afrovenezolanas e indígenas. Este enfoque puede interpretarse a la luz de la teoría del populismo progresista de Ernesto Laclau, según la cual diversas identidades sociales convergen en torno a un proyecto común. En el caso venezolano, la Constitución se convierte en el locus simbólico y práctico de esta agregación, capaz de reflejar las aspiraciones de una coalición amplia y plural.
La democracia venezolana se fundamenta en lo que la Constitución Bolivariana de 1999, firmemente defendida por Hugo Chávez, define como "democracia participativa y protagónica". Instrumentos como los Ayuntamientos, los Comités Locales de Compras y Producción (CLAP) y el Sistema Patria permiten a la ciudadanía decidir directamente sobre políticas públicas, distribución de recursos y planificación local. Este modelo contrasta marcadamente con las "posdemocracias" descritas por el politólogo británico Colin Crouch, donde el debate electoral se reduce a un espectáculo controlado por las élites económicas y profesionales, mientras que la mayoría de la ciudadanía permanece pasiva y apática. En Venezuela, en cambio, el poder no es monopolio de instituciones centralizadas, sino que está descentralizado y en manos de las comunidades a través de mecanismos de autogobierno popular. Esta transformación del Estado —de la burocracia vertical al poder municipal— busca alcanzar la "democracia radical" propugnada por Roberto Mangabeira Unger, en la que la ciudadanía no es simplemente votante, sino participante activa en la vida política y económica.
La visión bolivariana también se inscribe en una perspectiva más amplia de la liberación latinoamericana. Maduro ha invocado repetidamente la figura de Simón Bolívar y los "tres eslabones de fuerza" para la unificación del continente, enfatizando cómo la soberanía nacional, la integración regional y la resistencia al imperialismo son pilares inseparables del proyecto revolucionario. En este sentido, Venezuela no solo defiende su derecho a existir como nación libre e independiente, sino que también representa un baluarte contra el neocolonialismo global. La teoría del pensamiento decolonial, desarrollada por intelectuales como Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein, nos ayuda a comprender esta lucha como un intento por romper las cadenas de la dependencia económica y cultural impuestas por el sistema mundial capitalista. El modelo venezolano, con su énfasis en la soberanía alimentaria, energética y tecnológica, es una respuesta concreta a este legado colonial.
Mientras Trump anuncia su intención de controlar Venezuela y amenaza con nuevos ataques para apoderarse de "su" petróleo y venderlo a competidores estadounidenses como China, Venezuela reafirma con sus acciones que la verdadera riqueza no reside solo en el subsuelo, sino en la conciencia política y la organización de su pueblo. La democracia bolivariana no es perfecta ni está libre de contradicciones, pero está viva, en movimiento, capaz de movilizar a millones de personas no para defender un régimen, sino para proteger un sueño: el de un mundo más justo, más igualitario y más libre. Y en este sueño, el petróleo, como la soberanía, pertenece al pueblo, no a los intereses imperialistas, perfectamente encarnados por la brutalidad neocolonialista de Donald Trump.

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