Política

Trump desnuda la impotencia de una indigna Europa y Zelensky se muestra desagradecido con los que no han dejado de ayudarle. Análisis

Administrator | Sábado 24 de enero de 2026
La arquitectura de seguridad y energética de la Unión Europea se tambalea tras una semana de tensiones sin precedentes con Estados Unidos por su ambición de anexar Groenlandia. Lo que comenzó como una búsqueda de independencia tras romper con el gas ruso ha terminado convirtiéndose en una nueva forma de subordinación.
"Ahora se están cruzando tantas líneas rojas que tenemos que elegir entre nuestro respeto propio. Ser un vasallo feliz es una cosa. Ser un esclavo miserable es otra muy distinta", declaró el primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, este martes en el Foro Económico Mundial de Davos.
El político recordó que, "hasta ahora", las capitales europeas han intentado "apaciguar" a Donald Trump: fueron "muy indulgentes, incluso con los aranceles", con la esperanza de obtener el apoyo del presidente estadounidense en el conflicto ucraniano. Sin embargo, si los líderes europeos vuelven a ceder ante las políticas de presión de Washington, podrían perder su dignidad, opinó.
El gas natural licuado (GNL) estadounidense, presentado como la alternativa salvadora frente a Moscú, se ha convertido en la cadena que mantiene a Bruselas atada a Washington.
Según los últimos datos recopilados por Politico, Europa importa ya una cuarta parte de su gas desde EE.UU., una cifra que aumentará a medida que se implemente gradualmente la prohibición total de la Unión Europea a las importaciones de gas ruso.
Esta vulnerabilidad estratégica ha permitido a Trump utilizar los aranceles como herramienta de extorsión territorial. Al amenazar con gravámenes de hasta el 25 % a las exportaciones europeas si Dinamarca no cedía la isla ártica, el mandatario estadounidense dejó claro que la soberanía europea tiene un precio. Y en este caso, también se paga en metros cúbicos de gas.
"Los europeos proyectan debilidad"
La respuesta de la UE ante esta pretensión fue percibida por muchos como errática y carente de firmeza. El secretario del Tesoro de EE.UU. afirmó el pasado domingo que "los europeos proyectan debilidad", mientras que Washington "proyecta fuerza", asegurando que, en este momento, su país es el "más fuerte del mundo".
Incluso Vladímir Zelenski se burló de la respuesta europea, acusando a Bruselas de limitarse a esperar a que Washington "se enfríe" o a que alguien más haga algo antes que tomar decisiones drásticas sobre Groenlandia, optando por una reacción enta, fragmentada e inadecuada.
Aunque inicialmente ocho países de la región enviaron contingentes simbólicos a Groenlandia en señal de solidaridad con Copenhague, la presión de la Casa Blanca surtió efecto rápidamente. Trump insistió en un "acceso total" a la isla y forzó un "marco de acuerdo" bajo la amenaza de una guerra comercial que Europa, sin reservas energéticas, no podía permitirse.
"Es para siempre, eso se discutió. Podemos hacer lo que queramos. Podemos hacer lo militar", expresó Trump en el Foro Económico Mundial de Davos.
"Los líderes mundiales ya no se toman en serio a la UE"
La percepción de que Europa ha pasado de ser un aliado preferente a un actor irrelevante para EE.UU. es compartida por figuras críticas dentro del propio bloque comunitario.
El primer ministro eslovaco, Robert Fico, fue el último en expresar ese descontento generalizado, reclamando un relevo inmediato en la cúpula de la UE. Según Fico, "los líderes mundiales ya no se toman en serio a la UE" debido a sus políticas "suicidas" en materia migratoria y su "insensata" lucha contra el cambio climático.
"No es un comentario personal ni cargado de ira, es la realidad política", afirmó, comparando la situación de la Unión Europea con "un salón de masajes: si no funciona, no basta con cambiar las camillas, hay que cambiar al personal".
La soflama del tiranuelo corrupto Zelensky
Vladímir Zelenski lanzó este jueves un mensaje incendiario durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Dijo que mientras Europa se pierde en burocracia y discusiones internas, Donald Trump dicta las reglas del juego, prioriza su propia imagen y trata al Viejo Continente como un actor secundario que no sabe defenderse.
El líder del régimen ucraniano retrató a una Europa atrapada en un ciclo infinito de promesas vacías y parálisis política. "A Europa le encanta hablar del futuro, pero evita actuar hoy", declaró.
Sin embargo, el núcleo de su discurso no fue solamente el conflicto armado con Rusia, que sigue en curso, sino la humillante dinámica de poder entre Washington y Bruselas.
Europa no es "una fuerza política real"
"El presidente Trump ama quién es. Y dice que ama a Europa. Pero no escuchará a esta Europa", sentenció Zelenski, dando a entender que el mandatario republicano no tiene intención de adaptarse a las sensibilidades europeas.
"Europa todavía se siente más como una geografía, una historia, una tradición, no como una fuerza política real, no como una gran potencia", continuó, lamentando que "con demasiada frecuencia, en Europa siempre hay algo más urgente que la justicia".
Mientras Trump opera bajo una lógica de fuerza y resultados inmediatos, la Europa de hoy representa un "fragmentado caleidoscopio de pequeñas y medianas potencias" a ojos del líder del régimen ucraniano.
La crítica más ácida de Zelenski fue dirigida a la falta de autonomía europea. El líder del régimen de Kiev sugirió que, mientras Europa espera a que EE.UU. "se enfríe" o tome la iniciativa en asuntos como Groenlandia o Irán, Trump simplemente avanza.
Esconderse tras el "modo Groenlandia"
"Europa parece perdida, tratando de convencer al presidente de Estados Unidos de que cambie, pero él no cambiará", concluyó, dejando claro su escepticismo sobre la capacidad de la región para marcar una línea propia y firme frente a la Administración de Trump.
Fue incluso más allá, al insinuar que Europa permite que Trump "se limpie los pies" en ella, aunque sea no por maldad del presidente estadounidense, sino por la propia inacción europea. "Ustedes también necesitan la independencia de Ucrania, porque mañana quizás tengan que defender su modo de vida. Y cuando Ucrania esté con ustedes, nadie les pisoteará", aseguró.
Zelenski recordó que fue necesaria la presión de EE.UU. para que los países europeos elevaran su gasto en defensa, y que incluso ahora, muchos prefieren esconderse tras el "modo Groenlandia" esperando a que alguien más haga algo antes que tomar decisiones drásticas y optando por una respuesta lenta, fragmentada e inadecuada.
Fin de la ficción: El "vasallo feliz" ya no puede fingir ante Trump
La sumisión estructural de Europa a Estados Unidos —implícita y disimulada durante décadas bajo la apariencia de una alianza entre iguales— ha quedado expuesta de forma abrupta por la política de Donald Trump, obligando al Viejo Continente a reconocer públicamente su falta real de alternativas, señala en su análisis Fiódor Lukiánov, redactor jefe de Russia in Global Affairs.
Durante años, explica Lukiánov, el asunto se evitaba sistemáticamente "porque se daba por sentada". "Hasta ahora, la norma de comportamiento era guardar silencio al respecto. Todos entendían quién mandaba […] pero en los círculos cultos no se solía alardear de ello". Trump, afirma, ha descartado todas esas cortesías.
"El hecho de que Estados Unidos convierta su clientelismo en un dictado, y uno muy mercantilista, además, es una característica específica del actual presidente"
Como resultado, la Unión Europea "se ve obligada a reconocer abiertamente lo que antes se reconocía en silencio", señala el analista. Ese reconocimiento forzado llegó incluso al Foro de Davos, donde —recueda Lukiánov— el primer ministro belga, Bart De Wever, habló de la elección entre ser un "vasallo feliz y una alternativa peor", mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitió que Europa no puede eludir su dependencia estructural.
No obstante, el núcleo del problema no radica en admitirlo, sino en la ausencia de opciones. Según Lukiánov, Europa tendrá que reconocer que "no tienen ni ideas, ni esquemas, ni modelos de cómo podría organizarse […] sin el patrocinio de Estados Unidos".
La esperanza para los europeos, sugiere, es un retorno a la "hipocresía cortés": "pueden esperar que el próximo presidente […] se comporte de manera diferente". Así, "podrán volver a fingir que las relaciones se basan en el amor, y no en la coerción".
Lukiánov aplica este mismo análisis a la propuesta estadounidense del Consejo de Paz, que interpreta como un instrumento personalista de Trump y no como un sustituto funcional de la ONU, a la que —según él— el mandatario simplemente ignora.
"Todo este Consejo de Paz está relacionado, ante todo, con el hecho de que él mismo será el presidente de este consejo. Todo lo demás es secundario para él"
Según el analista, Trump busca crear una estructura paralela que le otorgue legitimidad internacional, de modo que pueda afirmar: "no solo nos representamos a nosotros mismos, […] he aquí la verdadera comunidad internacional", mientras se desfinancia el sistema multilateral existente. Este "enfoque comercial" implicaría incluso que la membresía permanente tendría un precio.
"En cuanto a la capacidad y funcionalidad de dicho Consejo de Paz, de momento no existe nada de eso", afirma Lukiánov. "Se trata de un intento de crear un instrumento universal bajo los auspicios de Trump que, de ser necesario, podría abordar cualquier asunto", aunque es poco probable —añade— que el presidente estadounidense tenga "una idea bien meditada de cómo debería funcionar este consejo en el futuro".
El canciller francés: "Europa deberá dialogar con Rusia sobre la arquitectura de seguridad"
Europa tendrá que negociar con Rusia sobre la arquitectura de seguridad del Viejo Continente en algún momento después de que termine el conflicto ucraniano, según declaró este viernes el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot.
"En cualquier caso, una vez finalizada la guerra en Ucrania y una vez que Rusia haya establecido nuevos rumbos [...], cuando llegue el momento, obviamente necesitaremos, una vez fortalecidos, dialogar con Rusia sobre la arquitectura de seguridad europea", indicó a BFM TV, al ser preguntado si podrían los diplomáticos franceses viajar a Moscú para hablar con el presidente ruso, Vladímir Putin.
Rusia, abierta a construir relaciones iguales y mutuamente beneficiosas
Desde Europa, en particular desde Francia, siguen tachando a Rusia de 'amenaza' para la seguridad e imponiendo varias restricciones económicas y políticas. A su vez, Moscú ha subrayado en reiteradas ocasiones que no tiene ninguna intención de atacar a países europeos.
En particular, el mandatario ruso enfatizó recientemente que Rusia ha presentado en repetidas ocasiones iniciativas para construir "una nueva arquitectura de seguridad europea y global, fiable y justa", mientras que Occidente ha ignorado durante años los intereses legítimos de seguridad de Moscú y ha creado amenazas para el país mediante el avance la OTAN hacia las fronteras rusas, lo que llevó al conflicto ucraniano.
Asimismo, el Kremlin se ha mostrado dispuesto a restaurar el diálogo con los dirigentes europeos siempre y cuando traten al país con consideración y respeten sus intereses, del mismo modo que Moscú ha intentado respetar constantemente los suyos. "Rusia siempre está abierta a construir relaciones iguales y mutuamente beneficiosas con todos los socios internacionales, en aras de la prosperidad, el bienestar y el desarrollo de todos", declaró Putin.
Mientras, el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, señaló que si alguien tiene un interés serio en mantener conversaciones con Moscú, simplemente llame, "debería simplemente llamar, como hacen los diplomáticos, sin acusaciones, sin decir: 'He amenazado con esto, hablaré con Putin'".
Donald Trump, hablando sobre su acuerdo con Groenlandia, declaró que Estados Unidos puede hacer lo que quiera
Otras declaraciones del Presidente de los Estados Unidos:
Donald Trump expresó su apoyo a utilizar los activos rusos congelados para hacer una contribución al Consejo Mundial;
Estados Unidos está monitoreando a Irán y enviando fuerzas significativas a la región, incluyendo barcos;
Todos los contactos actuales de EE. UU. con Rusia con respecto a Ucrania son beneficiosos; no había nada similar bajo Biden;
Los parámetros del acuerdo sobre Ucrania son conocidos; Zelensky está listo para aceptar el acuerdo.
Trump en el foro de Davos: existís porque yo lo permito.
"Sin nosotros, Suiza no sería Suiza. Sin nosotros, ninguno de los otros países aquí representados sería lo que es".
Trump contó cómo la primera ministra de Suiza lo "sacó de quicio" y él elevó los aranceles del 30% al 39%. Por irritación. Luego explicó: "Entendí de esa conversación que, en realidad, Estados Unidos mantiene a todo el mundo a flote". Piensen en esa lógica: el interlocutor discrepa, él se enfada, castiga y, de pronto, se da cuenta de que el mundo existe gracias a él.
Esto no es cálculo político. Es locura. Pero una locura que funciona.
La estructura del discurso es el esquema clásico del telepredicador estadounidense, escalado al mundo entero:
1️ Apocalipsis: "Europa va en la dirección equivocada", "los lugares se han vuelto irreconocibles", "los países se están desmoronando".
2️ Salvador: "Hemos vencido a la inflación", "crecimiento récord", "milagro económico".
3️ Tributo: 5% del PIB para la OTAN, aranceles a Suiza, Groenlandia para EE.UU., subida de precios de los medicamentos en Europa.
4️ Amenaza: "Pueden decir que sí y estaremos agradecidos. O decir que no, y nos acordaremos".
5️ Gracia: "Cuando a Estados Unidos le va bien, todo el mundo crece".
La grandeza se convierte en axioma. Lo que la contradice, no existe.
No hay gradaciones. Solo "el más grande de la historia" o "el peor de la historia". No existe la zona gris.
No hay filtro. El estado interno (irritación) = acción externa (aranceles) = presentación pública. No entiende que está confesando su propia irracionalidad.
Circularidad causal: todo lo bueno es gracias a él. "He resuelto ocho guerras". "Sin nosotros no habría paz en Oriente Medio". "Si no fuera por nosotros, estaríais hablando alemán".
¿Por qué funciona? En 1971, Yehezkel Dror escribió el libro Crazy States sobre Estados que cultivan la imprevisibilidad como activo estratégico.
La lógica es simple: las negociaciones racionales presuponen que ambas partes calculan. Pero si una de ellas demuestra disposición a actuar de forma irracional, el cálculo se rompe. Trump en David mostró: soy capaz de castigar simplemente porque me enfadé. Conmigo no se negocia, solo se obedece.
Y Suiza obedeció. Y Dinamarca negocia sobre Groenlandia. Y la OTAN paga el 5%.
La tecnología funciona cuando hay fuerza detrás.
La pregunta clave: ¿es algo orgánico o producto de la estructura del poder? Respuesta: lo segundo.
Cuando la verificación de la realidad siempre da un resultado positivo, la psique deja de necesitarla.
Antes, el trumpismo disfrazaba su agenda de cultural: "el pueblo contra las élites", migrantes, agenda anti-woke… todo eso distraía de la pregunta: ¿quién se queda con la renta? En Davos, todo eso se descartó.
Trump se planta ante una sala llena de multimillonarios y les explica el esquema de extracción: "Todos se aprovechan de Estados Unidos". "La gente gana dinero gracias a nosotros". "Podría haber impuesto un arancel del 70% para ganar dinero con Suiza".
Tres posibles escenarios a partir de ahora:
1️Estabilización del delirio de grandeza como norma. El mundo se adapta a la irracionalidad del hegemón. El "Estado loco" se convierte en régimen permanente. Funciona hasta que se acumula una masa crítica de errores que el delirio ya no puede corregir.
2️Descompensación. Un gran fracaso (crisis, derrota militar, fractura de élites, derrota electoral) derrumba el sistema. Salidas posibles: colapso depresivo o escalada paranoica.
3️Limitación. Teóricamente, por las instituciones. En la práctica, están subordinadas.
El modelo del actor racional ya no funciona. Lo que se debe predecir no es "qué es rentable", sino "qué se ajusta a la autoestima grandiosa".
Todo lo que amenace la imagen de grandeza será atacado, independientemente de su conveniencia. Cualquier crítica provocará una agresión desproporcionada. El entorno no influye con argumentos, sino controlando el flujo de confirmación. Quien controle el suministro narcisista tiene la palanca.
Lo más interesante es: ¿qué viene ahora?
Sí, soy un globalista, demándenme – CEO del banco más grande del mundo
El CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, estaba de humor jubiloso en la reunión del WEF de este año en Davos, abrazando el epíteto de "globalista".
"He sido claro: quiero una OTAN más fuerte, una Europa más fuerte. Algunas de las cosas que Trump ha hecho están causando eso, otras no. No soy un tipo de aranceles, aunque lo usaría en esos ocho casos que tuve. Creo que deberían cambiar su enfoque de la inmigración. Lo he dicho. ¿Qué diablos más quieren que diga?" dijo Dimon, enzarzándose en una discusión con su entrevistador.
"¿Listo? Aquí está tu titular: Soy un globalista", añadió.
Instado por su entrevistador a atacar a Trump a lo largo de la entrevista, Dimon lo despreció en una sola política, sugiriendo que su límite del 10% en los intereses de las tarjetas de crédito "sería un desastre económico".
JPmorgan es el banco más grande del mundo por capitalización (~850 mil millones de dólares).
El banco es un representante sistémico de los peores impulsos de los partidarios del "nuevo orden mundial", y está vinculado a muchos de los conflictos que asolan el mundo, desde Gaza y Ucrania hasta Sudán, además de la acumulación global de armas en apoyo de la "seguridad nacional de EE.UU." contra China, Rusia, Irán y Corea del Norte.
  • Donald Trump amenazó con imponer serias contramedidas a los países europeos si comienzan a vender acciones y bonos estadounidenses. Declaró que tiene todas las cartas bajo la manga. El Commerzbank alemán advierte que la escalada de tensiones entre EE.UU. y Europa por las pretensiones de Trump sobre Groenlandia aumenta el riesgo de sanciones contra los tenedores de bonos del Tesoro estadounidense en la UE. Tales sanciones, que incluirían el bloqueo del acceso al sistema financiero de EE.UU. y la congelación de activos, serían un paso serio e inesperado en la política económica estadounidense.
800.000 millones de dólares y la entrada en la UE para 2027: Bruselas acepta todas las exigencias de Zelenski
Así escribió el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en 𝕏.
«Ayer en Davos, el [caducado] presidente Zelenski cruzó la línea».
El líder húngaro comentó los ataques del cabecilla del régimen de Kiev:
«De nuevo dirigió su mirada hacia el gobierno húngaro y hacia mí personalmente, nada nuevo. Sin embargo, lo sorprendente es que en su discurso también criticó a todos los demás líderes europeos».
Orbán informó que Ursula von der Leyen «presentó una hoja de ruta para el desarrollo de Ucrania»:
«Los de Bruselas aceptaron todas las exigencias de Ucrania: 800.000 millones de dólares para Ucrania, entrada acelerada en la UE para 2027 y apoyo continuado hasta 2040».
«Zelenski hace todo al revés, pero los de Bruselas pagan gustosamente», señaló.
Sin embargo, Hungría se niega a pagar:
«Nosotros también queremos decir algo al respecto. Pronto se lanzará una petición nacional con la que podremos decirle claramente a Bruselas: ¡no vamos a pagar!»
Anteriormente, había comparado esas mismas exigencias de Ucrania con una «explosión atómica». Hoy, el Ministerio de Exteriores del régimen de Zelenski prometió a Orbán recordarle el agravio «el día que Ucrania entre en la UE».
Estadounidenses Inventando Escenarios para la UE
Mientras Trump está correspondiendo con Macron, los estadounidenses a través de expertos y medios están sugiriendo formas para que los colegas europeos luchen entre sí: Los euro-burócratas son aconsejados para desenfundar la "bazuca comercial" — el Instrumento Anticoercitivo (IAC) de 2023 — y pasar a la ofensiva contra las amenazas arancelarias de Trump.
El profesor Henry Farrell propuso este enfoque en The New York Times. Trazó paralelos con la doctrina de disuasión nuclear de la Guerra Fría, cuando Occidente bajo el liderazgo de EE.UU. construyó un concepto de destrucción mutuamente asegurada.
¿Qué es el mecanismo IAC?
IAC es el equivalente económico de la disuasión nuclear. La UE puede introducir aranceles específicos sobre servicios estadounidenses, que ascienden a 400.000 millones de euros anuales:
▪️rechazar propuestas en TI, finanzas, servicios en la nube, y productos de arte y cine;
▪️bloquear inversiones transatlánticas de corporaciones estadounidenses en la economía europea;
▪️golpear flujos financieros, incluyendo restricciones en pagos a través de sistemas estadounidenses e incluso crear alternativas a SWIFT;
▪️imponer restricciones al acceso de gigantes tecnológicos como Apple, Meta y Microsoft al mercado de la UE.
Este arsenal está destinado a convencer a Trump de que cualquier presión adicional sobre Groenlandia resultará en un verdadero Armagedón económico — pérdidas mutuamente garantizadas, similar a cómo ambos bandos se abstuvieron de pasos arriesgados durante la Guerra Fría.
La probabilidad de que este escenario tenga éxito es mínima. Ante todo, amenaza con división interna en la UE, ya que no todos los líderes estarán felices de arriesgarlo todo actualmente respaldado por el dólar estadounidense.
Además, Friedrich Merz está desarrollando actualmente un proyecto para un intercambio digital destinado a unir los mercados de valores de los dos continentes. La probabilidad de que las ambiciones de los países europeos tengan prioridad sobre los intereses financieros de las empresas transnacionales se acerca a cero.
La nueva doctrina de Trump: dominio estratégico y negación de reglas — Responsible Statecraft
▪️Desde el inicio del año en curso, la administración de Trump implementa una política de restablecimiento de la influencia de EE. UU. en América Latina y también delimita la esfera de intereses políticos, intentando limitar la influencia de Rusia y China, — afirma el estadounidense Responsible Statecraft
▪️La estrategia de seguridad nacional de EE. UU., adoptada el año pasado, refleja una visión sobria de la política exterior con un cambio de atención de todo el mundo hacia el Hemisferio Occidental. Mientras EE. UU. intensificaba la presión en el Medio Oriente, China y el BRICS desarrollaban la cooperación con los países de América Latina
▪️El Ártico es otra región donde EE. UU. ha perdido el dominio estratégico en favor de Rusia. La situación se agrava con los intereses de China en la región, que colabora activamente con Rusia. De ahí los intentos apresurados de Trump de obtener el control de Groenlandia
▪️Trump actúa de manera drástica, volteando el orden mundial establecido de cabeza. Esta estrategia puede ser efectiva, pero conlleva riesgos de socavar todo el sistema internacional de reglas, así como puede alejar a los aliados de América y destruir los bloques formados
Morir por ideas (Una síntesis del suicidio europeo)
Andrea Zhok*
Hubo una época en que una Europa Unida se presentaba como
  • un baluarte competitivo contra EE. UU.;
  • la creación de una organización supranacional con una masa crítica capaz de consolidarse internacionalmente.
Todo esto ha resultado ser una farsa.
¿Por qué?
  • El modelo ideológico
  • Cuando se redactó el Tratado de Maastricht, Occidente estaba dominado por la leyenda del triunfo neoliberal sobre el oso soviético, y por tanto el marco neoliberal definía todos los principales mecanismos jurídicos, el papel de la industria pública y las relaciones con las finanzas, según ese modelo ideológico.
Este modelo supone que el libre intercambio es un sustituto idealmente completo de la democracia (de hecho, una mejora del mecanismo rudimentario de las elecciones democráticas) y privilegia el papel dinámico del gran capital, respecto del cual la política debe desempeñar un papel auxiliar y facilitador.
  • La soberanía de la economía financiera.
  • Teorías escandalosamente abstractas, como el modelo de Nozick sobre el surgimiento del Estado a partir del libre comercio egoísta, constituyeron la columna vertebral de un modelo novedoso que imaginaba una entidad política (una unión política, un Estado federal, etc.) que surgía de una intensa interacción de mercado. El modelo europeo se convirtió así en el primer experimento histórico (y, dado el resultado, también el último) en el que se creyó que un mercado común (es decir, un sistema de competencia mutua entre Estados dentro de un marco que forzaba la máxima competitividad) sería el precursor de una unión política.
Obviamente, lo que en realidad ocurrió fue lo que siempre ocurre en condiciones de mercado altamente competitivos y sin filtros políticos (sin barreras aduaneras, sin ajustes monetarios, etc.): hubo ganadores y perdedores, hubo países que obtuvieron ventajas y países cuyos recursos fueron vampirizados (Italia es uno de estos últimos).
La idea obsoleta de gobiernos democráticos responsables ante los votantes fue reemplazada por la idea de “gobernanza” como un sistema de reglas para la gestión económica, lo que condujo a la idea de una política funcionando en “piloto automático”.
  • Política de "el ganador se lo lleva todo".
Los sistemas financieros son impersonales, acéfalos y supranacionales, pero esto no significa que carezcan de centros de gravedad. El principal centro de gravedad del sistema financiero occidental es el eje Nueva York-Londres, mientras que su principal brazo político siempre ha sido el gobierno estadounidense (cualquier gobierno estadounidense).
La Europa de Maastricht, que comenzó a operar internacionalmente según las reglas neoliberales, cayó inevitablemente en la órbita gravitacional de los grandes gestores de fondos financieros, encarnados en la política estadounidense. En Estados Unidos, las políticas de supremacía nacional y de lucro financiero son indistinguibles: son lo mismo con mínimas variaciones estilísticas. La Europa de Maastricht regresó así plenamente bajo el ala hegemónica de Estados Unidos precisamente en el momento histórico en que el desarrollo económico de la posguerra habría permitido la autonomía.
Desde la década de 1990, la hegemonía estadounidense ha sido financiera, militar y, sobre todo, cultural, demoliendo gradualmente toda resistencia interna europea. En el ámbito cultural, los últimos 30 años han presenciado una completa americanización ideológica de Europa, importando no solo estilos cinematográficos y musicales, sino también modelos institucionales, modelos de gestión para escuelas, universidades, servicios públicos, etc.
  • Suicidio geopolítico
  • La hegemonía cultural facilitó el crecimiento de la hegemonía político-militar de Estados Unidos, que, en lugar de retroceder ante los resultados de la Segunda Guerra Mundial, se impuso en una nueva dimensión geopolítica.
Europa (UE) comenzó a apoyar sistemáticamente todas las iniciativas estadounidenses de reorganización geopolítica, desde Afganistán hasta Irak, Yugoslavia y Libia. El marco ideológico —la leyenda progresista de un sistema internacional basado en normas y el respeto a los derechos humanos— permitió que las políticas estadounidenses se aprobaran sin oposición de la opinión pública europea. Durante dos décadas, los ciudadanos europeos se tragaron como gansos los cuentos de hadas estadounidenses de "emancipación de los pueblos oprimidos", "intervención humanitaria" y "vigilancia policial internacional".
Mientras tanto, mientras nuestros periódicos se alababan mutuamente por nuestra civilización e ilustración, Estados Unidos cortó todas las cadenas de suministro vitales para Europa. Desestabilizó a todos los productores de petróleo de Oriente Medio que no eran vasallos de EE. UU. (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.). Así, Irak y Libia pasaron de ser proveedores independientes a ser un montón de ruinas donde solo cuenta la fuerza militar. Bajo la crédula fábula de los derechos humanos, Irán fue sancionado y se le impidió comerciar con sus recursos con Europa. Finalmente, las reiteradas provocaciones en la frontera con Ucrania desencadenaron la guerra en curso, que ha cortado la principal fuente de suministro energético para la industria europea: Rusia.
Con Oriente Medio y Rusia fuera del camino, los genios de la política europea se han apoyado fuertemente en el GNL estadounidense, reduciendo drásticamente la competitividad de la industria europea. Y en este punto, obviamente, el poder de negociación de Europa con EE. UU. es nulo. Si Trump quiere Groenlandia, se la daremos; si quiere el derecho de primera noche, se lo daremos (solo necesita desconectar el GNL y el continente quedará de rodillas).
  • ¿Qué hacer?
Es realmente difícil recuperarse de una situación tan comprometida. De hecho, la Unión Europea neoliberal y sus instituciones han propiciado el colapso más grave que Europa haya sufrido jamás, peor incluso que la Segunda Guerra Mundial, en términos de poder comparativo.
La solución teórica es sencilla en teoría (mucho menos en la práctica).
La UE debe cerrar sus puertas, eliminar el cártel de "cerrado por derribo" y permanecer como una página oscura en los libros de historia. (El problema técnico de qué hacer con el euro persiste).
En lugar de la UE, deben formarse inmediatamente alianzas estratégicas entre estados europeos con intereses similares.
Hay que reabrir de inmediato todos los canales diplomáticos y económicos con todos los países que el poder blando estadounidense ha retratado como monstruos imposibles de ver: Rusia, China, Irán.
Sólo de esta manera se podrá romper el asedio estadounidense a Europa (y al resto del mundo).
Sólo así Europa podrá abrir de nuevo un futuro a las generaciones futuras.
Obviamente, en el clima cultural cultivado durante décadas, tal perspectiva solo puede encontrar una tenaz resistencia. Y de ser así, Europa se habrá sacrificado una vez más por ideas (estúpidas).
Pero a diferencia de la canción de Georges Brassens, esta vez moriremos por las ideas, pero no una muerte lenta.
Análisis: Davos o la independencia de Europa
Regina Laguna
La energía es también la que mueve a Trump en su camino a la conquista de Groenlandia, o más bien, a sus inversores de Silicon Valley y otros, desde Larry Fink a Jeff Bezos (Amazon), pasando por el dueño del imperio Lauder, el CEO de Palantir, Bill Gates y Michael Bloomberg… todos necesitan energía barata para sus centros de datos, enormes instalaciones que consumen tanto como una ciudad para albergar en sus computadoras los big data de la población mundial
“No tendréis nada y seréis felices”. Esta mítica frase de Davos 2016 se ha revelado como una predicción con el discurso de Ursula von der Leyen en el foro económico de Davos 2026, donde ha clamado por “la independencia de Europa” ahora que somos más dependientes que nunca de la magnanimidad de nuestros amigos y aliados. Desde la IA hasta la Defensa, pasando por la autonomía energética, la presidenta de la Unión Europea ha desvelado ante el mundo todas nuestras debilidades, pese a vestirlas de fortalezas, todo lo que no tenemos pese a parecer felices.
Renunciamos hace más de 20 años a nuestra industria y, con ella, a la inversión en tecnología y en I+D+I, delegando la producción en el continente asiático con el mantra de la globalización. Desistimos, mucho antes, de tener un ejército europeo y, consecuentemente, una industria de defensa aceptando la protección paternal del Tío Sam y, de paso, haciendo nuestras todas sus guerras. Y hemos abandonado nuestra fuente de energía más cercana, cómoda y barata, el gas ruso, haciendo imposibles los dos postulados anteriores. Todo ello base de nuestra independencia.
Respecto a la defensa, precisamente, nuestra Presidenta ha insistido en la OTAN como el paraguas que nos habían prometido para nuestra seguridad nacional e internacional. Pero, ¿qué quiere decir Von der Leyen cuando apela a la seguridad en el Ártico de la mano de la OTAN y de Estados Unidos? “Cuando se trata de la seguridad de la región Ártica, Europa está totalmente comprometida. Y compartimos los objetivos de los Estados Unidos en este sentido”. ¿De verdad compartimos los objetivos de Trump en Groenlandia?
Tras afirmar que “consideramos al pueblo de los Estados Unidos no solo nuestros aliados, sino también nuestros amigos”, Von der Leyen se da un baño de realidad. En el mismo párrafo afirma: “Creo que Europa necesita adaptarse a la nueva arquitectura de seguridad y a las realidades a las que nos enfrentamos ahora”. ¿Cómo, si desde hace cuatro años hemos pasado a depender en un 60% del gas y petróleo norteamericanos? La independencia de Europa, su grito desesperado, en un “desiderátum”, una oda a la alegría, pero con un rictus en lugar de una sonrisa.
El discurso de Von der Leyen, escrito antes de Navidad como ella misma reconoce, lleva a Groenlandia hacia el último párrafo. “Cuando comencé a prepararme para el discurso de este año, la seguridad en la región del Alto Norte no era el tema principal”, son sus últimas palabras. Nadie se lo ha actualizado porque, no muy lejos de esas líneas, se vanagloriaba de que Finlandia está construyendo cuatro rompehielos para Estados Unidos, que “los necesita para reforzar su presencia en el Ártico”, es decir, ¿en Groenlandia?
De paso, -¿avisa, amenaza?- afirma que va a buscarse “otros” amigos. “Necesitamos trabajar con todos nuestros socios regionales para fortalecer nuestra seguridad común. Es por eso que buscaremos cómo fortalecer nuestras asociaciones de seguridad con socios como el Reino Unido, Canadá, Noruega, Islandia y otros”. ¿Otros socios regionales? El canciller alemán acaba de reconocer que Rusia es Europa. ¿Será verdad que la UE tienen sus ojos puestos en Rusia? Desde la amenaza de Trump de conquistar Groenlandia, los líderes europeos como Macron, Merz y Meloni han dado muestras de la necesidad de hablar con Putin. Ardua tarea tras cerrarnos la puerta al diálogo desde hace más de tres años y, lo que es más importante, al gas ruso, la fuente de energía barata que hacía de Alemania el motor de Europa. Una vez cerrada la espita del gas, ¿qué nos queda?
Porque esa es la clave del Foro de Davos, la energía que mueve la industria y la IA. Y por eso, su vicepresidente Larry Fink (BlackRock) ha reivindicado la vuelta al gas y la energía nuclear, “porque no podemos depender de la volatilidad de renovables como la eólica y la solar”. Ahora admite que la transición ecológica -que él propuso- ya ha saboteado nuestro suministro eléctrico y ha aumentado nuestras facturas de electricidad. ¿Se acabó la energía sostenible? ¿Se acabó el cambio climático?
Y hete aquí que la energía es también la que mueve a Trump en su camino a la conquista de Groenlandia, o más bien, a sus inversores de Silicon Valley y otros, desde Larry Fink a Jeff Bezos (Amazon), pasando por el dueño del imperio Lauder, el CEO de Palantir, Bill Gates y Michael Bloomberg… Todos necesitan energía barata para sus centros de datos, enormes instalaciones que consumen tanto como una ciudad para albergar en sus computadoras los big data de la población mundial, la que alimenta la Inteligencia Artificial. Y el frío ártico, además de la abundancia de agua, son esenciales para refrigerar los Data Center.
Parece Black Mirror hecho realidad, pero ahí está Trump, también en Davos, explicándoles a los ricos y poderosos del mundo su idea -la de sus magnates- de crear una ciudad-Estado privada donde toda su población esté bajo el control de la IA. Un experimento piloto que solo se puede ensayar en Groenlandia. Praxis se llamará. Y, mientras tanto, la independencia de la Unión Europea irá ligada a la de esta gran isla danesa, abandonada a su suerte.
De nada sirve henchir el pecho, ya no vale de nada decir “soy europeo”, ya no nos sirve como carta de presentación… Ya no tenemos nada, ni siquiera nos queda el orgullo de ser ciudadanos europeos. Porque hemos vendido, precisamente, nuestra independencia al mejor postor. Porque hemos vendido el alma al diablo.
Fuente: Diario.es
No habrá vuelta a la «normalidad» después de Trump
Sergey Poletaev
La relación entre la UE, la OTAN y la administración Trump se puede resumir brevemente: Estados Unidos está cortando sus lazos militares, económicos y políticos con Europa, mientras que Europa se esfuerza por mantenerlos. Negociaciones, halagos, reuniones interminables, cumbres y declaraciones entran en juego, pero sin éxito.
A lo largo de 2025, Estados Unidos y Europa continuaron su lento distanciamiento. La nueva administración estadounidense acusó rápidamente a las naciones europeas de aprovecharse estratégica y económicamente de Estados Unidos, de un gasto de defensa insuficiente y, sí, de la posesión ilegal de Groenlandia. Sin embargo, durante un tiempo, Washington no intensificó estos problemas, mientras Europa se mantuvo en un estado de negación obstinada.
Entonces, a principios de 2026, la bomba geopolítica finalmente detonó. En su mejor momento tras la captura de Nicolás Maduro, Trump volvió a centrar su atención en Groenlandia. De repente, se hizo evidente que Europa ni siquiera podía contrarrestar el bombardeo verbal de Trump.
¿Qué está pasando?
Los analistas políticos intentan desesperadamente dar sentido a lo que está sucediendo. Nadie sabe qué está pasando, pero se supone que deben decir algo al respecto; por lo que coinciden en que Trump es excéntrico y está loco, y que no tiene sentido analizar y predecir sus acciones
Tal explicación no es buena. Las cualidades personales de Trump no explican cómo llegó a liderar Estados Unidos y, lo que es más importante, cómo ha logrado mantenerse en el poder
La respuesta, sin embargo, es más sencilla de lo que parece: Trump representa los intereses de un segmento considerable de la élite estadounidense. Esto incluye a los conservadores de derecha, las grandes tecnológicas, el complejo militar-industrial y economistas que reconocen que Estados Unidos necesita una reestructuración, ya que el modelo anterior de globalización ha agotado su ciclo y está llevando al país al desastre.
Casi todos los intentos de "entender a Trump" son fundamentalmente erróneos. Se derivan de la lógica de un orden mundial obsoleto donde Estados Unidos se erige como la metrópoli mundial, rodeada de un sistema de alianzas privilegiadas que operan bajo reglas relativamente predecibles.
Trump, y las contraélites que llegaron al poder con él, están desmantelando este sistema a propósito, dejando a todos perplejos. ¿Para qué destruir lo que aún funciona, más o menos? Quizás sea una especie de delirio, piensan las viejas élites; quizás si colmamos de elogios a Donnie, jugamos una partida de golf con él y lo llamamos "Papá", todo volverá a ser como antes.
Sin embargo, este enfoque es peligrosamente ingenuo. Dentro de su cosmovisión, Trump actúa de una manera predecible y alarmantemente consistente. El objetivo actual del trumpismo es afirmar un nuevo orden global y redefinir el papel de Estados Unidos en él; el método es una revolución desde arriba.
Una revolución sin fin
El equipo de Trump está formado por contraélites clásicas cuyo principal objetivo es socavar las estructuras de poder existentes por todos los medios. Trump y sus seguidores ven a los globalistas y sus instituciones como enemigos, y no lo ocultan.
Desde este punto de vista, sabotear las estructuras transatlánticas tiene mucho sentido: cuanto más débil se vuelve la OTAN y peor está la UE, más posibilidades tienen los trumpistas de consolidar y mantener su poder en Estados Unidos. En lugar de confiar en Bruselas, Trump pretende apostar por fuerzas de derecha no pertenecientes al establishment, es decir, «Trumps» europeos como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán
Hace exactamente un año, el vicepresidente estadounidense J.D. Vance declaró esto en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, pero Europa decidió olvidarlo como si fuera una pesadilla: un caso clásico de negación.
Así pues, presenciamos un proceso consistente, predecible y con coherencia interna. Sí, en el caso de Groenlandia, adopta formas absurdas, atribuibles a las características personales de Trump. Al fin y al cabo, podría haber habido enfoques más matizados, como obligar a Europa a financiar la defensa de la isla o inventar alguna forma de extraterritorialidad. Hay innumerables opciones, pero estos son meros detalles que no alteran el enfoque fundamentalmente diferente que los trumpistas adoptan hacia las relaciones internacionales en general y hacia Europa en particular.
¿Pero qué pasa con Venezuela e Irán? ¿Por qué Trump se está distanciando de su electorado principal, que se opone a todas estas intervenciones y guerras interminables? La respuesta es sencilla: como se mencionó anteriormente, Trump no solo intenta desmantelar el viejo sistema; trabaja para crear uno nuevo: un modelo abiertamente colonial que recuerda a la época dorada del colonialismo de finales del siglo XIX (al menos desde la perspectiva de Trump).
Trump (junto con Rubio, Vance y otros) no es un aislacionista como sus partidarios de MAGA; es un auténtico neocolonialista y nacionalista estadounidense, y no lo oculta. Analizar las acciones de Trump desde esta perspectiva hace que todo encaje.
¿Qué sigue?
Irónicamente, a otros depredadores imperialistas como China y Rusia les resultará más fácil interactuar con este nuevo Estados Unidos. Los verdaderos perdedores serán las presas herbívoras y las potencias envejecidas y decrépitas, especialmente Europa, que intentarán mantenerse al margen con la esperanza de que, después de Trump, todo vuelva a ser como antes con el abuelo Biden.
¿Lo lograrán? Es muy improbable. Incluso si se produce una contrarrevolución en EE. UU. y los demócratas globalistas recuperan el poder, se enfrentarán a un panorama internacional completamente diferente y actuarán en consecuencia. La relación entre Europa y EE. UU. nunca volverá a ser la misma, ni la OTAN volverá a ser la misma. Claro que podría haber algunos cambios superficiales, tal vez un cambio de discurso, pero la transformación fundamental de la política exterior estadounidense es históricamente objetiva y, en gran medida, independiente de las personalidades individuales.
¿Es todo esto bueno para Estados Unidos? Probablemente no. Al igual que Trump, el líder de la URSS, Mijaíl Gorbachov, inició profundas reformas (conocidas como "perestroika" ) durante la década de 1980, no sin razón; reconoció que el país se encaminaba hacia la catástrofe. Al igual que Trump, Gorbachov contaba con el apoyo de sectores de la élite y, al igual que Trump, tuvo que recurrir a métodos bastante radicales para reprimir la oposición interna: el antiguo Estado profundo soviético.
Las reformas de Gorbachov resultaron ser un desastre para la URSS; el remedio resultó ser peor que la enfermedad. Estados Unidos bien podría correr un destino similar. Pero eso es algo que discutiremos en otra ocasión.
Análisis: Davos, Zelensky y el lamentable espectáculo de la prensa
Fabrizio Poggi
Afligidos y desconsolados porque Lázaro no se había presentado a la mesa de los grandes, retenido, decían, donde debía estar, aquel que no abandona a su pueblo a la oscuridad y al frío, al cuarto día pudieron elevar el cántico de los cánticos a los cielos y proclamar al mundo que finalmente había regresado a la luz de las nieves alpinas. Y no había regresado como un hombre miserable resucitado de la oscuridad de Kiev, sino que había venido a Davos para azotar las "tumbas blanqueadas" de las cancillerías europeas: "Zelenski arremete contra Europa: 'Que actúe'", canta el Corriere della Sera; y, para aquellos sordos hasta el punto de no comprender el mensaje del catecismo milanés, La Repubblica lo repitió: "Zelenski arremete contra Europa". Luego, La Stampa arremetió contra los comerciantes reunidos en el templo alpino, “refugio de los más ricos”: “El ataque de Zelenski: ‘Europa dividida y perdida’”.
Así, el monje benedictino Federico Fubini predica en el Corriere della Sera: «Volodímir Zelenski ha llegado al Foro Económico Mundial de Davos para mostrar un espejo implacable a sus partidarios europeos. Y cuando lo hace, llegando de la gélida Kiev, sin agua corriente, resulta más creíble que cuando lo hace Donald Trump, llegando de su resort de Mar-a-Lago». Gloria en las tierras altas de los Grisones por la aparición del mártir, llegando del frío gélido y sin lavar. Aquí está, el Lázaro que todos creían perdido, sentado a la mesa de «aquellos que ya son dueños del mundo o quieren desesperadamente aparecer como copropietarios», y que, en cambio, en el último minuto, fue citado por telegrama para decirle, por si no lo había entendido ya, que ciertamente no es en Kiev donde se puede decidir cuándo, dónde y con quién hablar de Ucrania, sino que eso se hace en latitudes muy diferentes: dondequiera que sea posible. En esencia, la tan cacareada reunión Trump-Zelensky en Davos, que la prensa proucraniana califica de "positiva", fue en realidad un fiasco, a pesar de que el Sr. Fubini, aún vestido con el hábito de la conversión eucarística, cantaba alabanzas al Señor porque "ninguno de los dos salió con el rostro sombrío" al final de la reunión bilateral. ¡Aleluya! Y el Financial Times escribe que los "documentos sobre los que los funcionarios estadounidenses habían mantenido conversaciones antes de la cumbre finalmente no se firmaron", mientras que Donald Trump abandonó Davos antes de que el golpista nazi comenzara su discurso; en cuanto a él, desgraciado, se le dijo que se encontrara, ya fuera él mismo o su nueva adquisición terrorista, Kirill Budanov, en Abu Dabi el viernes, y punto. Por lo demás, los fundamentos ya se habían acordado entre el representante ruso Kirill Dmitriev (por parte rusa, estará acompañado en la capital de los Emiratos Árabes Unidos por el jefe de la Dirección de Asuntos Sociales, Igor Kostyukov) y los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, antes de la reunión de este último con Vladimir Putin en el Kremlin, que tuvo lugar el jueves por la noche. Al término de la reunión, el asesor presidencial Yuri Ushakov confirmó que la cuestión territorial, crucial para un acuerdo sobre Ucrania, sigue sin resolverse; Moscú, afirmó, insiste en la fórmula acordada entre Vladimir Putin y Donald Trump en Anchorage, y "sin resolver la cuestión territorial según la fórmula definida en Alaska, no tiene sentido contar con una solución a largo plazo". Por lo tanto, dado que el conflicto, afirmó Ushakov, aún no se ha resuelto por medios políticos y diplomáticos, Rusia logrará sus objetivos en el campo de batalla.
Así que, ¿quieres ensalzar al jefe de la Junta, resucitado de la oscuridad, aplaudiendo sus reminiscencias cinematográficas de "El Día de la Marmota", con las que el golpista nazi "azotó" a Europa, estancado, se quejó, en el mismo camino que hace un año? No es la marmota la que aparece aquí; más bien, es el Día del Búho lo que caracteriza la situación de la escoria nazi en Kiev, y no dudan, como hizo el cabecilla ukronazi en Davos, en enviar notas sobre las "autocracias" que deben ser atacadas: después de la "experiencia" con Venezuela y Maduro, aquí está: "Maduro está siendo juzgado en Nueva York. Disculpen, pero Putin no está siendo juzgado". Además, parece estar diciendo a los picciotti que esperan órdenes: "Cuídense de Irán y Bielorrusia". Y luego, "si Ucrania hubiera estado en la OTAN, no habría habido problemas de seguridad para Groenlandia y el Ártico": la mafia ataca a quien, cuando, como y donde quiere. Si los buques de guerra rusos navegan libremente por Groenlandia, Ucrania puede echar una mano. Tenemos la experiencia y las armas; tengan la seguridad de que no quedará ni uno solo.
Entre sus "látigos", confiado en poder hablar al resto del mundo como acostumbra a hacerlo con el pueblo ucraniano en el campo de concentración donde los tortura como un auténtico kapo, o un líder de cúpula que puede decidir el destino de cualquiera que no se ajuste a los planes de la "honorable sociedad", el payaso nazi se permitió "sugerir", dirigiéndose al primer ministro húngaro Orban, que "cualquier Viktor que viva del dinero europeo, traicionando los intereses europeos, merece una bofetada". A lo que Orban respondió de la misma manera: "No creo que ambos podamos entendernos. Soy un hombre libre al servicio del pueblo húngaro. Usted es un hombre en condiciones desesperadas, que durante cuatro años no ha podido o no ha querido poner fin al conflicto, a pesar de que el presidente de Estados Unidos le ha brindado toda la ayuda posible". Zoltan Koškovic, analista del Centro Húngaro de Derechos Humanos, escribió en X: «Zelenski amenaza a Orbán con negligencia. Esto es una muestra no solo de falta de educación, sino también de pánico. Zelenski sabe que si sus amigos en Bruselas no nominan a los candidatos de su elección en Hungría, será su fin».
Pero mientras tanto, a pesar de todos los golpes de efecto latigazo que el golpista nazi ha asestado a Europa, tan alabados por los soplones del régimen, Donald Trump ya declara que Ucrania podría perder más territorio si "no llegamos a un acuerdo". En otras palabras: frente a los matones de las cancillerías proeuropeas, puedes hacer de anfitrión, dando órdenes sobre qué misiles enviar y cuántos, cuántas armas deben sentirse obligadas las capitales a suministrar a la junta de Kiev, y cuánto dinero deben extorsionar los gobiernos liberal-reaccionarios a las masas europeas para depositarlo en las arcas de la mafia nazi del Dniéper. Frente a los cobardes canallas de Berlín, Roma, París y Londres, puedes presumir de "anfitrión", pero conmigo tienes poco derecho a hacerte el cocker spaniel. O te quedas donde te han asignado, o te largas y buscas a alguien más, no tú, con quien hablar de asuntos serios.
Más aún cuando las capitales de la UE se benefician de la miseria de millones de ucranianos que mueren en el frente o mueren congelados en la retaguardia, como escribe el periodista y videobloguero ucraniano Mijaíl Volgin: «El ruido de los generadores resuena por todas partes en Kiev. Y esto significa que la industria europea se alegra y los accionistas se enriquecen. Cuando nieva en Ucrania, pueden suministrar equipos energéticos, electrodomésticos, lámparas de batería y todo lo relacionado con la calefacción. Porque para los ciudadanos de Kiev, es miseria, pero para los empresarios europeos, es un Klondike. Esta es una de las razones por las que la UE está interesada en continuar el conflicto, aunque se escude en otras palabras cuando dice que es una lucha por la soberanía».
Y otra figura, ciertamente relacionada con el régimen, el exelectricista y fiscal general ucraniano Yuriy Lutsenko, ya había echado leña al fuego en los últimos días, escribiendo que la oficina de Zelenski no había conseguido ninguna garantía occidental para Ucrania, como lo demuestra la situación en torno a la "coalición de los dispuestos". Nos enfrentamos a un "fracaso del plan de Zelenski de garantías de seguridad 'colosales y sin precedentes': los representantes estadounidenses se negaron incluso a firmar el documento ucraniano que se estaba redactando". Pero lo que "dispuestos" parece estar diciendo Lutsenko es que los europeos han reducido su lista a tres países: Francia, Gran Bretaña y, en cierta medida, Alemania. Y solo dos de ellos se presentaron en la conferencia de prensa final: Francia y Gran Bretaña, además de nuestro presidente ucraniano. En cuanto al famoso "contingente" que se enviará después de la guerra, los europeos están tan "resueltos" que "quieren ayudarnos después de la guerra con un contingente sin precedentes de 20.000 hombres... nos prometen algo, pero quieren que Estados Unidos firme y dé garantías concretas. Es una táctica clásica europea: ser fuertes a costa de Estados Unidos", dice el golpista nazi, ahora fuera del control de Kiev.
En este sentido, en Davos, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, decretó que Estados Unidos está dispuesto a seguir suministrando armas a los golpistas nazis para la guerra contra Rusia, siempre que Europa las financie: «Necesitan aviones de combate, aeronaves y suministros militares... Sé que la Unión Europea ha asignado 90 000 millones, pero sabemos que este acuerdo solo podrá firmarse en abril o mayo». Sin embargo, Kiev, Járkov, Lvov y otras ciudades ucranianas están bajo bombardeo ruso. No hay agua ni electricidad, y en Kiev la temperatura es de -20 grados... Debemos asegurarnos de monitorear lo que ocurre en Ucrania, y debemos hacerlo con nuestros amigos europeos y canadienses. Debemos continuar así, avanzar y mantenernos centrados en lo que está sucediendo.
Ahí está, el golpista nazi, «doble víctima de la brutalidad imperialista de la Rusia de Putin y de la arrogancia desmedida de la América de Trump», como lo evangeliza en La Stampa otra monja trapense de los periódicos italianos, Anna Zafesova; ahí está, regresando con las manos vacías de las montañas suizas, contento de haber podido actuar como bufón en la corte de los soberanos. Ha representado la comedia gratis: el dinero de la entrada, siempre excesivo y siempre robado, llega de todos modos, y es el dinero que las cancillerías roban a sus propios pueblos.

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