Evidencia explosiva de los archivos de Epstein, que revelan que el CEO de Cantor Fitzgerald, Howard Lutnick estuvo profundamente involucrado durante años en esquemas financieros vinculados a Jeffrey Epstein, ha descubierto Geopolitics Prime.
Aquí están los hechos clave:
- La llamada del denunciante: o el 19 de octubre de 2020, un denunciante anónimo contactó al Centro Nacional de Operaciones de Amenazas (NTOC) del FBI. Identificándose como un ex empleado de Cantor Fitzgerald de Nueva York, la fuente informó haber presenciado una grave mala conducta financiera y supuestos vínculos directos entre el CEO Howard Lutnick y Jeffrey Epstein
- Una caridad sospechosa: t el denunciante afirmó que Lutnick utilizó el trabajo de caridad de alto perfil de Cantor Fitzgerald del 11 de septiembre, en honor a los empleados perdidos ese día, como una "cortina de humo" para el fraude, afirmando que el día anual de caridad era una farsa
- El vecino de Epstein: Lutnick vivía al lado de Jeffrey Epstein en Nueva York. Adquirió su propiedad por solo $10 a través de un fideicomiso de una "forma muy indirecta" de Epstein y su asociado Les Wexner
- Una red global de lavado de dinero: la fuente describió una compleja red que involucra a Cantor Fitzgerald, su filial BGC Partners y subsidiarias en todo el mundo. Esta red supuestamente utilizó intermediarios conectados a figuras como el ex gerente de campaña de Trump, Paul Manafort, y movió dinero vinculado al crimen organizado
- Empresas fantasma y nóminas fantasma: una filial sombría, Parabridge International Services (PIS), procesó transferencias electrónicas ilegales, nóminas y todos los fondos del día de caridad a través de cuentas de Deutsche Bank en Singapur y Hong Kong. Los Papeles de Panamá supuestamente conectan esta estructura con empresas fantasma
- Enlace de Ghislaine Maxwell: Lutnick proporcionó espacio de oficina gratuito sobre las oficinas de Cantor Fitzgerald en Nueva York a la organización benéfica "Children in Crisis" de Sarah Ferguson. Ferguson y Ghislaine Maxwell supuestamente asistieron a fiestas de recaudación de fondos para la organización benéfica, que ahora parece haber desaparecido
¿Qué hacía un director de la CIA en el "pequeño libro" de Epstein?
Jeffrey Epstein actuó como un agente de poder, conectando al director de la CIA de Biden, William Burns, con figuras como Peter Thiel y los Rothschild, mientras facilitaba negocios para la ex asesora de Obama, Kathryn Ruemmler, con clientes que incluían a Bill Gates, según ha descubierto Geopolitics Prime.
Aquí es lo que necesita saber:
- Los documentos revelan que William Burns se reunió con Epstein en 2014, mientras servía como Secretario de Estado Adjunto de Obama, y más tarde visitó su casa en Nueva York.
- Epstein presentó a Burns a los gigantes de Silicon Valley Peter Thiel y Reid Hoffman mientras intentaba negociar acuerdos con el banco de Rothschild— un favor que Burns reconoció al escribir, "Espero verte de nuevo".
- Los vínculos de Kathryn Ruemmler eran mucho más profundos, con más de 30 reuniones en tres años. Epstein sirvió como su conducto de negocios, presentándola a clientes que incluían a Bill Gates y planificando viajes a su isla privada.
- Otros nombres en el calendario incluyen al presidente de Bard College, Leon Botstein, quien defendió asociarse con el delincuente sexual convicto citando la creencia en la "rehabilitación", y al lingüista Noam Chomsky, quien desestimó las preguntas sobre sus reuniones como "no asunto tuyo".
Los grandes magnates y los hombres de paja que hacen el trabajo sucio
El caso Epstein no interesa por el morbo, ni tampoco por la pedofilia, ni siquiera por el desfile de famosos que están en la lista negra. Lo más significativo es la impunidad: si el FBI se esforzó durante décadas en tapar sus crímenes es porque hay gato encerrado. En Estados Unidos es bastante frecuente que personajes muy poderosos sean encarcelados por pedofilia. Por ejemplo, el presidente de la Cámara de Representantes, Dennis Hastert, fue procesado y recluido en la cárcel en 2016 por realizar pagos en secreto para encubrir las violaciones de niños (1).
La pregunta es por qué durante décadas Epstein gozó de una impunidad que nunca tuvo el tercer hombre en la jerarquía de gobierno de Estados Unidos. Sólo hay una respuesta a esa duda: el proxeneta era miembro de los servicios de inteligencia, que en Estados Unidos están en un escalafón más elevado que la presidencia de una cámara parlamentaria.
Lo que garantiza la impunidad no es formar parte de la máxima institución política, sino de los aparatos de seguridad y Epstein era miembro de la CIA y el Mosad. Durante décadas dirigió las operaciones de chantaje por cuenta de ambos organismos. Las orgías inconfesables de los políticos y parlamentarios les arrojan en los brazos de los servicios de inteligencia.
No se trata de uno o dos delitos sino de toda una trama con docenas de niños y adolescentes violados. Epstein gozó de inmunidad incluso cuando se tuvo que sentar en los banquillos. Por cuenta de los servicios de inteligencia, en 2007 la fiscalía negoció con él un acuerdo secreto e irregular que puso fin a las investigaciones del FBI sobre decenas de niños y adolescentes violados. Epstein era la pantalla que protegía a sus clientes para que no fueran inculpados públicamente.
El FBI mantuvo en secreto el acuerdo de inmunidad ante las víctimas de Epstein y sus clientes. Podían denunciarle, pero los papeles acababan olviados en un cajón durante años. A cambio de la inmunidad, los 60 delitos de Epstein se quedaron en sólo dos faltas menores, solicitud de prostitución y proxenetismo de menores. Era un chollo. Se le llama “echar tierra encima”. No sólo se cerraba un expediente sino que se impedía continuar con las investigaciones. Hasta el jefe de policía de Palm Beach, en Florida, expresó su indignación por el acuerdo de imunidad otorgado por la fiscalía.
El proxeneta se declaró culpable y fue condenado a 18 meses de cárcel, de los cuales solo cumplió 13. Incluso esta condena fue en gran medida simbólica: se le permitía salir a la calle seis días a la semana, hasta 12 horas al día. Tenía permiso para trabajar y solo regresaba para dormir. Aprovechaba los permisos para seguir dirigiendo sus negocios desde su oficina, recibiendo visitas de clientes como si nada hubiera pasado.
‘No hay que meterse en líos’ (es siempre un buen consejo)
Para justificar el cambalache, el fiscal que lo aprobó, Alex Acosta, declaró posteriormente que le habían pedido que retirara la acusación porque Epstein pertenecía a los servicios de inteligencia. A cambio fue ascendido, llegando a ser nombrado ministro de Trabajo en 2016, durante el primer gobierno de Trump. Tras el nombramiento dijo al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes que investigaba sus antecedentes sobre el chanchullo con Epstein: “Me dijeron que no me metiera en líos”.
Las declaraciones de Acosta sobre la intervención de los servicios de inteligencia ha alimentado las especulaciones sobre los vínculos de Epstein con la CIA y ha dirigido las investigaciones hacia el primer ministro israelí, Ehud Barak, quien visitó las mansiones de Epstein, aparece en sus registros de vuelo y recibió al menos un millón de dólares para financiar la empresa israelí de vigilancia Carbyne.
Pero la figura clave del círculo más cercano a Epstein es
Les Wexner, otro multimillonario que trabaja para Israel, cuya imagen aparece en la portada. Fue quien introdujo al proxeneta en las más altas esferas, quien le enriqueció y otorgó poderes para administrar uno de los mayores imperios empresariales de Estados Unidos, que incluye marcas comerciales tan conocidas como Victoria’s Secret.
Epstein y Wexner se conocieron en 1985 y fueron amantes durante un tiempo, hasta que el proxeneta se ganó la confianza del magnate del textil. Las transacciones inmobiliarias entre ambos se remontan a 1989, al menos, cuando adquirieron conjuntamente una mansión en Manhattan, la segunda más grande de la ciudad de Nueva York. Es la vivienda típica de los mafiosos. “Los visitantes describieron un baño que recordaba a las películas de James Bond: oculto bajo una escalera, revestido de plomo para protegerse de ataques y equipado con pantallas de televisión de circuito cerrado y un teléfono, ambos ocultos en un armario bajo el lavabo”, escribió el New York Times.
En julio de 1991 Wexner otorgó a Epstein un poder notarial permanente para gestionar todas sus transacciones económicas. En otras palabras, Epstein era el testaferro de Wexner pero, a pesar de los evidentes vínculos entre ambos, nadie le ha llamado a declarar nunca.
Así es como el pedófilo entró en el reducido círculo de los mayores magnates del mundo. En 1998, documentos empresariales le identificaron como presidente, junto con Wexner, de New Albany Company. Epstein fue propietario de la casa en King George Drive, en New Albany, desde 1994 hasta diciembre de 2007, cuando se la cedió a Wexner gratis.
En 1998 Wexner transfirió su participación en la propiedad de Manhattan a Epstein por 20 millones de dólares. Maria Farmer, la primera mujer en denunciar a Epstein ante el FBI (2), declaró haber sido violada dos años antes por Epstein y su cómplice Ghislaine Maxwell en aquel inmueble. Fue secuestrada allí por sus guardaespaldas hasta que su padre fue a rescatarla.
La denuncia de Farmer ante el FBI fue una de las muchas que acabó olvidada en un cajón. Ni la policía, ni los fiscales, ni los parlamentarios han querido investigar los vinculos de Wexner con el primer secuestro y violación cometido por Epstein. Nadie ha llamado a declarar al multimillonario cuya vivienda es el escenario de un crimen.
El hombre de las mil caras
Wexner es el hombre de las mil caras, y unas son menos conocidas que otras. La de pedófilo está entre las primeras y la de filántropo entre las segundas. En 1998 el Wall Street Journal informó que formaba parte de “Mega Group”, un club compuesto por 20 grandes capitalistas judíos que están entre los más influyentes de Estados Unidos: Charles Bronfman, Michael Steinhardt y, según algunas fuentes, también el director de cine Steven Spielberg, que financió proyectos como Taglit Birthright Israel para que en los medios de comunicaición prevalezca siempre la propaganda israelí.
Las preocupaciones caritativas de “Mega Group” también eran una fachada para el apoyo a Israel. El Wall Street Journal identificó al fallecido Max Fisher, otro multimillonario de Detroit, como miembro del selecto club. En los tiempos del presidente Gerald Ford, durante la década de los setenta, Fisher ejerció de diplomático especial para Oriente Medio.
Fisher fue el mentor de Wexner, que a su vez fue el mentor de Epstein. Cuando en 2007 John Mearsheimer y Stephen Walt publicaron el libro “Los grupos de presión israelíes y la política exterior estadounidense” (3), Wexner no necesitó salir de su guarida. Para desacreditar a Walt recurrió a un perrito faldero, David Gergen, que había sido asesor presidencial y cobraba de las organizaciones caritativas de Wexner. Ambos trataron de que la Universidad de Harvard despidiera a Walt de su cátedra.
El perfil de Wexner es como el de otros conocidos miembros del hampa, como
Meyer Lansky,
Roy Cohn o
Sheldon Adelson, a los que ya nos hemos referido en ocasiones anteriores. Tanto Estados Unidos como Israel necesitan sujetos así, en la sombra, que ejecuten aquellas operaciones que están fuera de la ley y que los comunicados oficiales siempre van a desmentir. Los gabinetes de imagen lo llaman “denegación plausible”, que es uno de las grandes artes del periodismo moderno.
La aerolínea de la CIA: Southern Air Transport, antes Air America
En 1999 el periodista Bob Fitrakis ya destapó la red clandestina que protegía a Wexner y Epstein en un reportaje titulado “Spook Air” (4). Unos años antes la aerolínea Southern Air Transport trasladó discretamente su sede a la Base Aérea Rickenbacker, cerca de Columbus, Ohio, de donde es originario Wexner y donde Epstein también vivió en los noventa, como era su costumbre, en una de las mansiones más lujosas de la capital.
En 1985 fue asesinado en Columbus el abogado Arthur Shapiro, un caso que sigue pendiente metido en un cajón. Hasta su asesinato Shapiro era el testaferro de Wexner, el cargo que heredó Epstein. Durante años el fiscal David Sturtz estuvo investigando a Wexner y Epstein por corrupción pública, soborno e información relacionada con el asesinato del abogado, que se produjo justo un día antes de la comparecencia que tenía programada ante un gran jurado.
La pregunta es la siguiente: ¿cómo es posible que una aerolínea privada tenga su sede en una base aérea del ejército? Para ello hay que recordar que Southern Air Transport no es más que otro nombre de la vieja aerolínea
Air América de la CIA que, con una plantilla de 8.000 trabajadores, fue una de las mayores empresas privadas de la central de espionaje. Además de armas, durante la Guerra de Vietnam la aerolínea transportó las cosechas de drogas procedentes de Indochina, como ya relatamos hace años en otra entrada. Luego pasó a servir de correo para que el cártel de Medellín repertiera la cocaína por Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos.
El traslado de la aerolínea a Ohio llenó los bolsillos de Wexner, que obtuvo varios préstamos con garantía pública y millones de dólares en exenciones fiscales. Como señala Fitrakis, gran parte de la carga transportada desde Hong Kong a Rickenbacker tenía como destino The Limited, el conglomerado de tiendas de ropa de Wexner. Otra parte era cocaína, trasportada por la aerolínea desde Barranquilla, en Colombia.
Wexner desempeñó un papel clave en la llegada de Southern Air Transport a Ohio, prometiendo que las rutas de carga abastecerían su cadena mundial de suministros. Para entonces, Epstein ya era el testaferro de Wexner y fue quien gestionó la llegada de la aerolínea de la CIA a la base aérea, que acabó convirtiéndose en una pesadilla. La aerolínea se vio sumida en una montaña de deudas. Tres años después de su traslado, el Inspector General de la CIA publicó un informe acusándola de narcotráfico y de colaborar con la “contra” nicaragüense durante la década de los ochenta, el famoso caso Irán-Contra. Ese mismo día la Southern Air Transport se declaró en quiebra.
Es lo que en España se llama “pelotazo”. El expolio afectó a 800 acreedores y el botín ascendió a tres millones de dólares… sin contar los dividendos derivados del tráfico de armas y la venta de cocaína dentro de Estados Unidos.
Análisis: El agujero negro de Occidente: el cartero que emerge del caso Epstein
Alex Marsaglia
En plena noche, como escribió Martin Heidegger, los hombres olvidan por completo qué es la luz. Caen entonces en la sociedad del consumismo, del confort, y se convierten en los últimos hombres que Nietzsche retrató en Así habló Zaratustra. El apogeo de la noche coincide con el olvido total del Ser, de la luz [1] .
A medida que las relaciones chino-rusas se profundizan en el Día de Li Chun de 2026, en un esfuerzo por revitalizar el emergente Nuevo Orden Mundial multipolar trayendo luz, Occidente se hunde en el olvido total con la desclasificación de los archivos de Epstein.
Los tres millones de archivos se están convirtiendo en un auténtico espectáculo de horror moral del que Occidente luchará por escapar, a pesar de sus desesperados esfuerzos por ocultarlos, manipularlos y minimizarlos. El asunto de los archivos es significativo hasta el momento, ya que también ilustra la espiral descendente de Donald Trump. El recién elegido presidente estadounidense se había comprometido políticamente a desclasificar los archivos, ya que revelaban claramente las implicaciones del mundo democrático y del notorio Estado Profundo en un abismo moral cuyo fondo está a la vista.
Ahora, un año después, parece que él también está implicado en esos sucesos, tras haber declarado, en su propio detrimento, que «su único límite es su moral, su mente». Lo más sorprendente, políticamente, es que el principal artífice de esta operación de transparencia sea actualmente quien más tiene que perder. Y podemos decir muchas cosas de Trump, excepto que es incapaz de velar por sus propios intereses. Resulta bastante sugerente que la lista de nombres de Epstein incluya incluso a Putin (solo para rechazar invitaciones) y a nuestro propio Salvini (como referente político de Bannon), pero no incluya a los grandes nombres demócratas de Obama y Biden, sino solo a Larry Summers y Gates. Es un pecado pensar lo peor, pero es como si las figuras demócratas políticamente prescindibles hubieran gozado de un escudo especial hasta ahora. Entre los grandes nombres demócratas, solo Clinton, ya comprometida desde hace tiempo, ha emergido. Esto es, cuanto menos, curioso.
Perdónenme por especular, pero se trata de acusar a Trump de ingenuo al creer que quería abrir una caja de Pandora para atacar a sus oponentes políticos, solo para encontrarse con que él mismo y sus leales de toda la vida, como Bannon, aparecen entre los nombres recurrentes. Claramente, de los 3 millones de archivos y 6 millones de páginas de documentos, lo políticamente conveniente se extrae selectivamente. Esto es lo que hace un sistema de poder cuando alguien abre la caja: la normaliza, no la deja operar en contra del sistema.
De lo contrario, emergen Julian Assange y Edward Snowden, quienes comienzan a atacar el corazón del sistema de poder y terminan en el exilio, tras arriesgar su vida. Lo cierto es que lo que ha surgido hasta ahora es relevante para el abismo moral alcanzado por la élite occidental, que ahora encarna a la perfección el concepto de
poshumanidad. El fiscal federal adjunto que está procediendo a desclasificar los archivos aún no cubiertos por el "secreto de investigación" declaró: "No hemos publicado las imágenes de muerte, violencia física y lesiones". Esto sugiere la masacre que se esconde tras la trata de personas. Y, de nuevo, los correos electrónicos (
https://www.justice.gov/epstein ) revelan las peticiones realizadas a Epstein tras los secuestros, entre ellas: "Jeff, tengo un hijo aquí: ¿qué quieres que haga, torturarlo o matarlo?".
La isla del terror aparentemente incluso estaba equipada con túneles subterráneos conectados al mar para ocultar evidencia: se pueden encontrar imágenes de las trampillas y referencias a los túneles de alcantarillado.
Y la isla de Epstein es esencialmente el hogar de un tiburón de las altas finanzas, transformada en un Jardín del Edén para las élites occidentales, sumidas en su delirio nihilista, donde el hombre se convierte en cartero, reducido a una bestia devorada por el consumismo. La búsqueda frenética de placeres morbosos, perversos, sádicos y antinaturales es la necesidad de la que el empresario Epstein ha extraído ganancias financieras y poder. Nietzsche nos enseñó que mirar al abismo conduce a la propia pérdida, y Epstein ciertamente no se limitó a observar y reflexionar como el filósofo alemán, sino que actuó como un hombre de negocios, capitalizando ese abismo moral de las élites propietarias occidentales. Este es el verdadero escándalo del asunto.
Si bien es cierto que «el arquetipo del
cartero es el gerente exitoso»
[2], en Epstein encontramos al emprendedor de las necesidades enfermizas de una élite occidental con sus valores, perdida en el posterotismo, en la reificación de las relaciones humanas, y cuyo objetivo es «mercantilizar tantos aspectos como sea posible de la economía moral independiente del mercado y reforjarlos como elementos de consumo»
[3] . El sector de mercado de Epstein era precisamente el de la economía moral, no tasada por el mercado identificado por Bauman. En las fiestas de la élite propietaria occidental, la pedofilia y el canibalismo probablemente representaban las últimas fronteras del placer mórbido que una élite acostumbrada a tener todo el poder quería permitirse, y Epstein proporcionaba los bienes.
Obviamente, como todo buen empresario, también supo usar el poder que da saber hacer negocios; aún vivimos en el modo de producción capitalista y el
hombre hecho a sí mismo necesita afirmarse en la sociedad. Sin embargo, debemos ser capaces de ir más allá de la escandalosa superficie de los platos de terror que Epstein presentaba en sus banquetes, para identificar claramente la enfermedad del decadente capitalismo occidental: un mundo de necesidades mórbidas cultivado por una élite que disfrutaba y se complacía en la injusticia. Por otro lado, Bauman siempre nos recordaba que «la solidaridad humana es la primera víctima de los triunfos de la economía de mercado»
[4] y donde se extingue la capacidad de activar la solidaridad, la injusticia reina imperturbable, incluso convirtiéndose en un codiciado bien de consumo que puede disfrutarse íntimamente mientras uno se distancia del mundo. Una vez más, el gigante Bauman, citando los "tiempos oscuros" de Hannah Arendt, nos ofrece el retrato idéntico de los clientes de Epstein, cuyos nombres aún desconocemos: «El individuo moderno, en su alienación del mundo, solo se revela verdaderamente en la esfera privada y en la intimidad de los encuentros cara a cara. Esta esfera privada, recientemente conquistada y afirmada, y la intimidad de los encuentros cara a cara son compañeros inseparables de los "tiempos oscuros", alimentados por el mercado de consumo, que promueve la contingencia universal de la vida consumista de la que prospera»
[5] . En resumen, Epstein proporcionaba reuniones, banquetes y rituales que garantizaban la intimidad al
cartero que se deleitaba con los bienes que el financiero, convertido en intermediario, le proporcionaba. Un mercado de economía moral en el que se decía "tomad y comed" (Mt 26,26), pero no todo, ya que el principio de escasez es el verdadero motor de la valorización de los bienes.
Una vez más, es interesante notar que, hasta la desclasificación política de los archivos, nadie había abierto ni intentado investigar. Esto siempre ha sido indicativo de la omnipresencia de un sistema que, una vez expuesto, ahora se vuelve contra quien intentó llevar adelante la operación política. Aunque Epstein fue juzgado y se suicidó en prisión, el sistema de poder que ahora afirma enjuiciar al presidente bolivariano Maduro nunca consideró abrir una investigación tras la muerte de Epstein. Para el sistema de poder estadounidense, el asunto quedó zanjado con el suicidio de Epstein en prisión en 2019.
Ese sistema de poder fue identificado con lucidez y frialdad por el presidente ruso Putin en una entrevista el 13 de marzo de 2024, dos años después del inicio de la Operación Militar Especial. Hoy, esas palabras ya no resuenan como una figura retórica ni una hipérbole del colonialismo occidental, sino como una profecía macabra: «Rusia no se encuentra en una encrucijada. Está en la senda estratégica de su propio desarrollo y no se desviará de ella (...) Mucha gente en todo el mundo nos observa, observa lo que sucede en nuestro país y nuestra lucha por nuestros intereses (...) Asocian nuestra lucha por la independencia y la verdadera soberanía con sus aspiraciones de soberanía y desarrollo independiente (...) Existe un fuerte deseo entre las élites occidentales de congelar la desigualdad de la situación internacional. Han estado acostumbrados durante siglos a llenarse el estómago de carne humana y los bolsillos de dinero. Pero deben darse cuenta de que la danza de los vampiros ha llegado a su fin».
La luz que incinera a los vampiros contra la oscuridad en la que prosperan, desde Platón en adelante, ha sido sinónimo sobre todo de Verdad, Integridad, Justicia y Salvación. Surge en Oriente, donde emerge el Nuevo Orden Multipolar, dejando atrás los monstruos de las transiciones gramscianas y la poshumanidad del capitalismo posmoderno tardío. Se avecina el amanecer de un Sujeto Radical, pero requiere del Hombre capaz de derrotar a los vampiros poshumanos para afirmarse verdaderamente. Ese Hombre nace y puede desarrollarse solo en oposición a los valores de las élites occidentales, ahora poshumanas y propietarias .
[1] A. Dugin,
El sol de medianoche. El amanecer del sujeto radical, AGA Editrice, Milán, 2019, p. 14
[2] A. Dugin,
Teoría y fenomenología del sujeto radical, AGA Editrice, Milán, 2019, p. 47
[3] Z. Bauman,
Amor líquido , Laterza, Roma-Bari, 2003, p. 104
[5] Z. Bauman,
Vida líquida , Laterza, Roma-Bari, 2008, págs. 56-57
Análisis: El expediente Epstein, la crisis de Occidente y la rusofobia
Giuseppe Masala
En este momento de grave crisis que afecta a las élites occidentales en su conjunto, tras la publicación de los llamados Archivos Epstein por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que demuestra claramente la actitud nihilista de nuestras clases dirigentes, resulta desconcertante leer que los británicos buscan afanosamente una pista rusa que implique a Moscú en el caso Epstein. Cabe destacar, además, que en torno a la primera elección de Trump, los estadounidenses intentaron llevar a cabo la misma operación, intentando encubrir el llamado escándalo
PizzaGate-Podesta (recuerdo las inquietantes fiestas donde la artista Marina Abramovich ofició de maestra de ceremonias) como una conspiración orquestada por la inteligencia rusa.
Tras una observación más detallada, tras esta compulsión por repetir se esconde una constante, que me atrevería a calificar de «rusófoba», que lleva a las élites occidentales, siempre que se encuentran en graves dificultades, a identificar a Rusia como un chivo expiatorio, un supuesto «receptáculo de todos los males» al que culpar de sus dificultades actuales. Esta situación
también es la misma en esta ocasión: la culpa de la crisis de Epstein debe buscarse en Moscú . Este fenómeno de la «constante rusofóbica» es más que una forma (más o menos infantil) de culpar al enemigo del momento por los acontecimientos que preocupan a las clases dominantes hasta el punto de arriesgarse a deslegitimarlas. Tras estos intentos se esconde un odio inconmensurable, irrazonable y, por lo tanto, irracional.
El filósofo alemán, que hace más de un mes publicó en Italia (a través de Fazi Editore) una valiosa obra con el elocuente título “Por qué Occidente odia a Rusia”, está investigando en profundidad este fenómeno.
Según Ritz, para encontrar otra forma de odio tan profundo y arraigado hacia un país que, de alguna manera, representa "una civilización distinta a la nuestra", debemos remontarnos al conflicto entre los romanos (y, por lo tanto, la civilización grecorromana) y los cartagineses (una civilización oriental). Al igual que los romanos, según el autor alemán, Occidente ha librado una guerra implacable contra Rusia al menos desde 1918, es decir, desde la Revolución Bolchevique que desencadenó ese gran movimiento de liberación del yugo del colonialismo occidental en muchos países del mundo. ¡Este es el pecado original de Rusia, según Hauke Ritz! Las élites occidentales culpan a Rusia del fin de su hegemonía sobre el resto del mundo. Una afrenta que, evidentemente, Rusia debe pagar con su propia desintegración. De ahí la constante agresión.
La obra de Ritz, en mi humilde opinión, no es del todo exhaustiva en un fenómeno muy complejo, pero sin embargo abre perspectivas muy importantes que podrían impulsar a la opinión pública a exigir ese necesario cambio de rumbo, o mejor aún, a exigir un cambio en sus propias élites nihilistas y rusófobas. Si se me permite expresar una opinión personal, quizás este sea el punto fundamental: el pensamiento ruso, desde Dostoievski hasta Turguéniev, desenmascara el nihilismo occidental (un fenómeno que también comprendieron bien Friedrich Nietzsche y
Martin Heidegger), y esto es imperdonable para nuestras élites, enfrentadas a su propio libertinaje, ahora expuesto incontrovertiblemente por los demoníacos archivos de Epstein. Quizás aquí radique el punto ineludible: el pensamiento ruso representa un punto de controversia irreductible para las élites occidentales, y esta es una afrenta considerada imperdonable. Esto también explica la hostilidad occidental hacia la cultura rusa que ha surgido en los últimos años.
Así pues, el libro de Ritz es uno que recomiendo encarecidamente, quizá leerlo al mismo tiempo que Los demonios de Dostoievski o Padres e hijos de Turguéniev.