Historia

La nacionalización de la industria petrolera de Irán y el golpe de Estado de 1953

Administrator | Miércoles 18 de marzo de 2026
Iván Réznik
Tras el inicio de la nueva campaña militar de EE.UU. en Oriente Medio, el presidente Donald Trump ha afirmado en varias ocasiones que las vastas reservas de petróleo de Irán podrían adquirir una gran importancia estratégica para Washington una vez finalicen las operaciones militares. Irán posee las terceras reservas probadas de crudo más grandes del mundo, lo que convierte a su sector energético en uno de los más relevantes del planeta. En este contexto, el control de las rutas y mercados energéticos de la región vuelve a situarse en el centro de la rivalidad geopolítica entre las grandes potencias.
No obstante, las tensiones actuales tienen profundas raíces históricas, con los intentos estadounidenses de influir en la industria petrolera iraní remontándose a mediados del siglo XX. El golpe de Estado de 1953 que derrocó al Gobierno democráticamente elegido del primer ministro Mohamed Mosadeq fue una operación encubierta organizada por la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) en cooperación con el servicio de inteligencia británico MI6. Al organizar el complot, Londres y Washington buscaban revertir la nacionalización de la industria petrolera iraní y restablecer la participación de grandes compañías occidentales. Al mismo tiempo, la injerencia extranjera provocó un fuerte aumento del sentimiento antiestadounidense tanto en Irán como en Oriente Medio, cuyas consecuencias se perciben hasta hoy. Para comprender el origen de esta confrontación es necesario retroceder más de siete décadas.
TASS en Español presenta un repaso de los acontecimientos que marcaron un punto de inflexión en las relaciones entre Washington y Teherán.
Inicio de la extracción de petróleo en Irán
La historia de la industria petrolera iraní comenzó en 1901, cuando el empresario británico William Knox D'Arcy obtuvo del sah Mozafaredín Kayar una concesión para explorar y explotar posibles yacimientos de petróleo en el país. A cambio, el monarca recibiría el 16% de los beneficios de la futura producción.
El 26 de mayo de 1908 se descubrió un importante yacimiento cerca de la localidad de Masjed Soleimán, en la provincia suroccidental de Juzestán. En 1909, inversores británicos crearon la compañía Anglo-Persian Oil Company (Compañía de Petróleo Anglo-Persa, o APOC por sus siglas en inglés), que asumió el control del desarrollo de los yacimientos iraníes. En 1914 el Gobierno británico adquirió una participación mayoritaria del 51%, vinculando los intereses de la empresa con los de Londres y garantizando el suministro de combustible para la Marina británica.
Movimiento por la nacionalización
A comienzos de la década de 1930, el sah Reza Shah Pahlaví decidió revisar las condiciones del acuerdo con la APOC debido al descontento por la escasa participación iraní en los ingresos petroleros y las duras condiciones laborales de los trabajadores locales.
En 1933 se firmó un nuevo acuerdo que reducía el territorio de la concesión, garantizaba a Irán un pago mínimo anual de un millón de libras y extendía la concesión por 60 años. En 1935 la empresa adoptó el nombre de Anglo-Iranian Oil Company (Compañía de Petróleo Anglo-Iraní, AIOC).
Las promesas de mejorar las condiciones laborales apenas se cumplieron y el descontento creció entre los trabajadores. En marzo de 1946 se produjeron importantes huelgas en la refinería de Abadán, donde los trabajadores exigían mejores salarios, viviendas y condiciones laborales. Las protestas fueron reprimidas y causaron numerosas víctimas.
En 1947 el Majlis (Cámara Baja del Legislativo) de Irán aprobó una ley que prohibía conceder nuevos derechos petroleros a potencias extranjeras y exigía revisar el acuerdo con la AIOC.
El creciente nacionalismo económico llevó finalmente a la nacionalización de la industria petrolera. El 15 de marzo de 1951 el Majlis aprobó la ley correspondiente y el Senado (Cámara Alta) la ratificó cinco días después. Poco más tarde, el líder del movimiento nacionalista, Mohamed Mosadeq, fue nombrado primer ministro y se convirtió en el principal impulsor de la política de nacionalización.
Es fundamental destacar que el proceso iraní no fue un fenómeno aislado, sino que guardó estrechos paralelismos con la estrategia de nacionalismo petrolero de Venezuela, país que a finales de la década de 1940 implementó la revolucionaria ley del '50/50' para repartir beneficios equitativamente con las transnacionales. De hecho, delegaciones venezolanas e iraníes intercambiaron conocimientos técnicos en esa época, sirviendo el modelo de Caracas como una inspiración directa para las demandas de soberanía de Mosadeq frente a la AIOC. Esta visión compartida sobre el control de sus recursos naturales culminaría años más tarde, en 1960, con la fundación conjunta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), consolidando un frente unido contra el dominio histórico de las grandes potencias occidentales.
Reacción de Occidente y bloqueo económico
La decisión del Parlamento iraní tomó por sorpresa a Reino Unido. Londres se negó a reconocer la nacionalización y respondió con sanciones económicas y un boicot internacional al petróleo del país persa. El Gobierno británico también congeló activos de Teherán en Londres y presionó diplomáticamente a sus aliados para que evitaran comprar crudo procedente de Irán.
Antes de la crisis, Irán era uno de los principales exportadores de petróleo de Oriente Medio. Sin embargo, como consecuencia del embargo, las exportaciones prácticamente se paralizaron en 1952. La economía nacional se deterioró rápidamente, lo que debilitó el apoyo popular al Gobierno de Mosadeq.
El cambio político en Occidente también influyó en la evolución de la crisis. Tras el regreso de Winston Churchill al poder en Reino Unido y la llegada de Dwight D. Eisenhower a la presidencia de EE.UU., Londres y Washington comenzaron a considerar seriamente la posibilidad de derrocar al Gobierno iraní.
Preparativos para la conspiración
Durante la expropiación de los activos de la AIOC se descubrieron numerosos documentos que evidenciaban la influencia de la compañía en la política iraní, incluidos casos de sobornos a políticos, líderes tribales y oficiales del Ejército.
Al mismo tiempo, Washington temía que la crisis económica y la inestabilidad política fortalecieran al partido comunista Tudeh y acercaran a Irán a la Unión Soviética.
Tras la llegada de Eisenhower al poder en 1953, la política estadounidense cambió. Con el apoyo de Londres, la CIA y el MI6 comenzaron a preparar una operación secreta para derrocar a Mosadeq. La acción encubierta, conocida posteriormente como TPAJAX (u Operación Áyax), fue dirigida en el terreno por Kermit Roosevelt Jr.
Los conspiradores eligieron al general Fazlolá Zahedí como futuro primer ministro. Con el respaldo del sah Mohamed Reza Pahlaví, se emitió un decreto que destituía a Mosadeq y nombraba a Zahedí en su lugar. La CIA financió campañas de propaganda y sobornos a políticos, militares y líderes religiosos para movilizar a la oposición.
Un primer intento de golpe fracasó en la noche del 15 al 16 de agosto de 1953, cuando el coronel Nematolá Nasirí fue detenido mientras intentaba arrestar a Mosadeq. Sin embargo, el segundo intento, el 19 de agosto, tuvo éxito.
El golpe de 1953
En la mañana del 19 de agosto de 1953, miles de manifestantes salieron a las calles de Teherán coreando consignas a favor del sah y contra el Gobierno. Apoyados por unidades militares y policiales, tomaron edificios gubernamentales y atacaron oficinas de periódicos progubernamentales.
Los enfrentamientos más intensos tuvieron lugar cerca de la residencia de Mosadeq. Tras varias horas de combates y decenas de víctimas, el primer ministro huyó y se entregó al día siguiente. En total, los disturbios dejaron varios centenares de muertos y heridos.
Ese mismo día, Zahedí apareció en la radio estatal para anunciar que asumía el cargo de primer ministro con el respaldo del sah.
Mosadeq fue juzgado por traición a finales de 1953 y condenado a tres años de prisión, tras los cuales permaneció bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1967.
Repercusiones

Fragmento desclasificado del plan de la CIA (Operación Ájax) para el derrocamiento de Mosadeq en 1953. © CIA. Dominio Público
Tras el golpe, el nuevo Gobierno en Teherán, encabezado por Zahedí, tuvo que resolver el problema del embargo petrolero. En octubre de 1953 EE.UU. concedió a Irán un préstamo de 45 millones de dólares, aunque se trataba solo de una solución temporal.
En 1954, compañías petroleras occidentales crearon un nuevo consorcio para gestionar la producción iraní. El reparto de participaciones fue el siguiente: 40% para la antigua AIOC (que en diciembre de 1954 pasó a llamarse British Petroleum), 14% para Royal Dutch Shell, 8% para cada una de cinco compañías estadounidenses —Standard Oil of New Jersey, Socony, Standard Oil of California, Texas Company y Gulf Oil— y 6% para la francesa Compagnie Française des Petroles.
El éxito de la Operación Ájax no solo consolidó el control occidental sobre el crudo iraní, sino que sirvió como un 'laboratorio operativo' para la CIA. Apenas diez meses después, Washington replicaría este modelo de guerra psicológica y desestabilización interna en Guatemala con la Operación PBSuccess, derrocando al Gobierno de Jacobo Árbenz y estableciendo un patrón de intervenciones encubiertas que marcaría la política exterior estadounidense en el hemisferio occidental durante décadas.
El sah Mohamed Reza Pahlaví gobernó el país durante los siguientes 26 años con el respaldo político y militar de Washington. Sin embargo, el restablecimiento del control occidental sobre la industria petrolera iraní no puso fin al resentimiento acumulado en el país. Un cuarto de siglo más tarde, ese descontento estallaría en la Revolución Islámica de 1979, que transformó por completo el equilibrio político en Oriente Medio.
Décadas después, la desclasificación de documentos confirmó la implicación directa de la CIA en el golpe de 1953. En 2013 la agencia reconoció oficialmente su papel en la planificación y ejecución de la operación, incluyendo el financiamiento de propaganda y el soborno de funcionarios iraníes.

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