Opinión

Tiranos

Administrator | Viernes 20 de marzo de 2026
Carlos Feuerriegel
Sábado, veintiocho de febrero de 2026; las víctimas perennes de la historia oficialmente prescrita, lanzaron su nuevo asalto de fuego y muerte contra el pueblo de Irán. No se trataba de un sábado cualquiera, no hay lugar para el azar en los cálculos de los cabalistas del horror. Ese sábado, carente de significado propio para nosotros los gentiles, era el shabat de la memoria, el shabat zachor, para los abanderados de Israel. El sábado que precede al glorioso siguiente sábado en el cual se celebra la fiesta sagrada judía del Purim.
¿El Purim? Nada somos capaces de asociar con esta palabra extraña que para el pueblo creyente de Israel no pasa en absoluto desapercibida. En la fiesta del Purim, los judíos conmemoran con regocijo, el recuerdo del sacrificio, en tiempos bíblicos, de setenta y cinco mil persas a manos del poder real seducido por las carnes de su hermana de fe ocultada, la cautivadora Ester. Cierto que esto nunca llegó a ocurrir, pero el sueño húmedo de haberlo podido llevar a cabo, no por ello pierde ni un ápice de su valor por mas que los siglos vayan pasando. Al fin y al cabo, los persas de ayer son los iraníes de hoy.
Sería cómico, de no ser trágico, que la “única democracia de Oriente Medio”, ese Estado judío que nos vende su laicidad, de puertas para afuera, venga sosteniendo una misma política desde su fraudulenta fundación, construida sobre creencias puramente religiosas, si pueden llamarse así a pilares obrados con la argamasa del odio permanente que nutre sus guerras sin fin. Se hartan de denunciar teocracias ajenas mientras ellos cultivan sin descanso el estéril huerto de su fanatismo misántropo regado con mandatos divinos. De nosotros, los descendientes del maldito Esaú, ya no se pide que seamos los acarreadores palestinos de leña y agua para los colonos sionistas como en su día reclamaron los pioneros recién arribados. Ahora se nos exige la total sumisión y servicio a los intereses de las doce tribus hijas de Jacob, aquel que engañó a su padre en su lecho de muerte, y cuyos descendientes hoy persisten en el engaño al resto del mundo. Con una España, tierra de gentiles, y con un gobierno tímidamente disidente, que todavía no se ve amenazado con una guerra liberadora de las que ensalza la prensa libre. Por ahora, únicamente se esgrime la amenaza del embargo.
Irán, es agredido militarmente por segunda vez en menos de un año y mientras se sentaba a la mesa para hablar con los honorable enviados de Trump, el dúo formado por su yerno Kushner y el amigo Witkoff, ambos especuladores inmobiliarios de la manzana podrida, y ambos judíos de pura cepa. Ninguno, por descontado, con la más mínima experiencia diplomática, ni conocimiento de la cultura e historia del país al que engatusaban con su juego de trileros.
El mundo extraño a los delirios de Israel, nuevamente mira con incredulidad a ese engendro de Estado, carente de fronteras admitidas pero que sigue salivando con llegar en su sueño homicida a extenderse hasta tocar las aguas del Nilo y del Eúfrates, como alegan que su patriarca les prometiera. Apenas unos pocos millones de alucinados que toman por rehenes a no menos de ocho mil millones de personas en un suma y sigue de la vergüenza. Porque las consecuencias de esta última galopada del pueblo santo, hasta tú llegarás a sentirlas en tu esquilmado bolsillo, buscando responsables donde sólo hay pueblos dignos y agredidos. Mirarás al dedo cuando alguien se atreva a señalarte la luna. Verás conspiraciones donde sólo hay criminales propósitos abiertamente declarados.
Abiertamente porque no hay ocultación alguna en esta conspiración. Como el embajador de los Estados Unidos ante la metrópoli israelí, Mike Huckabee, declaró a su entrevistador Tucker Carlson apenas una semana antes de iniciar su rociado de bombas sobre el pueblo de Irán (1):
“sería bueno si Israel se expandiera sobre el Oriente Medio, desde el Nilo hasta el Éufrates”
A lo cual, el Ministro de Exteriores de los Estados Unidos, Marco Rubio, añadió, después de ya iniciada la agresión, que en efecto, esta era una guerra que ellos emprendían en beneficio de Israel (2). El sueño del asesino en serie que ejerce de primer ministro de Israel y que persigue desde hace treinta años, claramente expuesto en el documento “Una ruptura limpia” (3) de 1996 que para él redactaron sus compinches, y hermanos de raza, en los centros del poder norteamericano.
Netanjahu, en estos últimos meses ha visitado la Casa Blanca con más frecuencia que el servicio municipal de recogida de la basura gubernamental de Washington DC. Quizás conozca mejor las interioridades de ese ombligo de la cloaca global, que su propio actual inquilino; este parece encontrarse mas a gusto entre sus estucos dorados de hijo de papá rico de su Mar-a-Lago, allí en la Florida de los caimanes.
Apenas había pasado un día del inicio de la agresión contra Irán por parte de Israel y su hincha norteamericano, cuando creí escuchar en la radio de un comercio de Ayora, lunes de mercado por la mañana, las sesudas reflexiones de algún cretino certificado, afirmando que esta era “una guerra contra los tiranos”. Creo que era la radio que, más tarde, da paso a Radio Ayora. Se cantaban las bondades y esperanzas puestas en una más de las guerras justas, en la que los agredidos, los iraníes, sufrían el peso de la tiranía, del que pronto serían liberados.
El tiempo que todo lo muda, también cambia el sentido de las palabras. En la Grecia clásica, la tiranía carecía de todo significado peyorativo. Al contrario. El tirano tomaba el poder, ciertamente sin seguir las reglas que hoy llamaríamos legales para, apoyándose en el pueblo, poner coto a los desmanes de la minoría, oligarquía, que oprimía a la mayoría. El tirano llevaba a cabo una revolución, de la misma manera que la mayoría del pueblo de Irán, en 1979, se alzó contra el poder del Sha de Persia, animal de compañía de los israelíes y los norteamericanos, para proclamar la República Islámica. Para elegir su propia vía soberana, libre de la sumisión al casino financiero que nosotros los occidentales pretendíamos seguir sosteniendo con la dinastía derrocada. Aquella dinastía de mi infancia que se asomaba, aplomada por oros y joyería de altura, a las profundidades de las páginas de las revistas que entonces se llamaban “del corazón”. Y parece que hoy se sigue asomando un cachorro de aquella dinastía, que pasaría por ser nuestro validado candidato para el trono a reinstaurar. Todo un demócrata de tomo y lomo. Un rey de reyes verdaderamente kosher.
Ester, la seductora judía que alentó el onírico holocausto persa, hizo escuela y señaló uno de los caminos para ejercer el poder: los secretos de alcoba como método de extorsión. A ser posible con menores. Esta nueva y verdadera agresión contra la Persia de hoy, tiene no poco que ver con ello. Jeffrey Epstein, el violador de niñas y alcahuete de las alturas políticas del mundo llamado libre, ese mundo nuestro que no conoce la tiranía de antaño pero retoza en el cenagal hipócrita de hogaño, es, fue, un digno émulo de la bíblica Ester.
Epstein brilló con luz propia en el cenagal de la corrupción omnipresente. Epstein fue alabado por la prensa del poder como ejemplo de inversor audaz, creativo y con ambición. Epstein fue protegido por las voces oficiales que denuncian a las tiranías. Aciertan los iraníes cuando afirman que luchan contra la Coalición de Epstein, la coalición que promete librarles de la tiranía que los agresores ven en el Irán soberano, para conseguir sustituirla por el prostíbulo occidental que no quieren que veamos.
Trump llegó a su segunda presidencia aupado por sus juramentos de drenar el cenagal de la podredumbre en la política norteamericana. En lugar destacado entre sus promesas, liberar toda la documentación relativa al caso Epstein. Apenas investido ha hecho lo contrario. Era de esperar. Antes de su primera elección ya prometió sacar a la luz todo lo referente a los ataques del 11 de septiembre de 2001 para retractarse con sus obras al traspasar el oscuro umbral de la blanca casa que vuelve a ocupar. Esto de la democracia y la voluntad popular soberana juega estos repetidos cortes de manga. El poder estadounidense no sólo consigue engañar por dos veces a los iraníes, lo viene haciendo, secularmente, con su propio pueblo. Están entrenados y dominan el arte.
Allá por los años noventa del pasado siglo, cuando el pederasta Epstein disfrutaba de la vecindad del que sería el presidente Trump, en la Florida de sus fiestas compartidas, la numerosa cohorte de los empleados de Epstein sabían como jamás ser molestados por la policía de Palm Beach. Bastaba con colocar sobre la plataforma del salpicadero de su flotilla de coches, una gorra de béisbol con el acrónimo PBPD (Departamento de Policía de Palm Beach). Epstein, el patrón, ya se había encargado de comprarla y disfrutar de una cómoda inmunidad (4). No sólo frente a infracciones de tráfico. En los muy liberales Estados Unidos, ajenos a toda tiranía.
Trump debió aprender el santo y seña de la gorra de béisbol de su amigo Epstein y se la caló hasta ocultar ojos y panoja capilar insufrible, para anunciar al mundo, desde su club de golf, que acataba el mandato de su patrón Netanjahu y entraba en la nueva guerra de este, hito fundamental para hacerse con el próximo premio Nobel de la Paz y las bendiciones de la arrastrada aprendiz de talmudista, doña Ursula von der Leyen (5). La gorra de béisbol, ayer PBPD y hoy USA, jamás falta en estas lides. Los rebeldes de pega gustan de ella con la visera hacia atrás y las personas de orden, siempre al frente. Cambia el sentido, permanece la dirección.
El que fue Ministro de Defensa de los EEUU, Robert M. Gates, cuenta como su país regaló al entonces Ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, lo que hoy conocemos como cúpula de hierro, una de las capas de defensa antiaérea de la entidad sionista (6). Barak sería, más adelante primer ministro de Israel. También amigo íntimo de Epstein, y es el primer ministro que en dos ocasiones violó, “de forma especialmente violenta” a la que fue una de las víctimas más combativas en contra del entramado de pederastia de Epstein, Virginia Roberts Giuffre. En el libro de ella (7), publicado en 2025 unos meses después de que se suicidara, Virginia Roberts Giuffre seguía sin atreverse a dar el nombre de aquel primer ministro que la violó. Temía por su vida. De ella no saldría esta revelación en una trama en la que los suicidios son marca de la casa.
El quién es quién del sionismo norteamericano y no pocos de lo podrida élite política del occidente desfila por los papeles de Epstein que hasta ahora se han publicado, previamente censurados. Otros tantos siguen bajo siete llaves. Que ese burdel global con sus diferentes tentáculos servía para comprar voluntades y encauzarlas en favor del Estado de Israel, ya no puede ser puesto en duda. Trump es la mejor muestra de ello, bien por el temor a lo que de él pudiera aparecer en la información que se oculta, bien lo que pudiera afectar a sus patrones que le han empujado a esta enésima guerra. Trump y Epstein compartieron barrio de vecindad, círculos sociales y preferencias, no solo políticas.
Los que con su dinero han apoyado a Trump, el “pay to play”, paga para jugar, que define a la política estadounidense, manejado ejemplarmente por el capital sionista. Estos patrones son conscientes de que se agotan las posibilidades de acabar con la nación iraní como poder independiente: lo intentaron en junio del pasado año, aquella agresión de doce días; lo han intentado en enero de este año con sus manifestaciones teledirigidas, gentileza de Starlink, a cuyo dueño, Netanjahu llama “el amigo Elon Musk”, y ahora lo van a intentar de nuevo forzando la apuesta hasta el borde del precipicio mundial.
Aquellos que en su día coaccionaron al Clinton oportunamente prendado de su Lewinsky, ahora saben que deben sacar tajada de la bola de nieve creciente, derivada de las ocultaciones del caso Epstein. Antes de que sea tarde.
Aquellos que hoy recitan su monserga de liberar a los iraníes de la tiranía, son los mismos que ayer iban a aligerar a las afganas de su burka o al Irak de sus armas de destrucción masiva. Son los mismos que cada vez que un hospital de gentiles, ya sean palestinos, sudaneses, yemeníes o iraníes es pulverizado, niegan toda culpabilidad. Son los propagandistas de la guerra permanente, que hoy pueden ahorrarse esfuerzos de imaginación a la hora de vendernos su mercancía. Ya no es necesario echar mano de la hija del embajador de Kuwait en los EEUU para colarnos el cuento de las incubadoras destrozadas por las huestes de Sadam Hussein. La huelga general neuronal que se extiende por nuestros países se lo está poniendo muy fácil. Sin servicios mínimos a la vista.
El contraste abismal entre los ejemplos de quienes hacen frente, con sus vidas, a toda esta farsa devastadora de pueblos y la garrulería homicida que dice ir a liberarles no puede ser medido con categorías humanas. ¿Cómo olvidar a aquel Ismail Haniya, que sería asesinado por Israel, y su reacción cuando le comunican que acababan de matar a gran parte de su familia en la Gaza martirizada?:
“ La sangre de los suyos no era diferente de la sangre de tantos asesinados”
Debía continuar la lucha de cada día. Hasta el final. Otros, como Epstein, sabían distinguir entre la sangre propia, elegida, y la de los otros, goyim, ellos, o shiksas, ellas.
Al igual que Haniya, Ali Khamenei, el tirano en boca de los pedófilos de la Coalición de Epstein, también conocía cuál sería su destino. No se escondió en refugio alguno. Murió junto a parte de su familia en su casa, que era su oficina, arrasada por los campeones de la virtud. Quería servir a su pueblo, también hasta el final.
Desde el todavía acomodado occidente, estas actitudes no parecen ser entendidas. Quien en nada cree carece de compás para guiarse por la vida. Nosotros hemos perdido el compás, pero no por ello el horizonte de la búsqueda de la verdad ha dejado de estar siempre delante de nosotros. Sin necesidad de mirar atrás, bastando con mirar dentro de nosotros mismos. Los hijos de Grecia y de Roma, de Germania y de la Iberia numantina, que nosotros somos, hubo un día en el que escuchamos a un poeta romano que dijo que era dulce y honorable morir por la patria. Hoy son pueblos del oriente, palestinos, iraníes los que nos recuerdan con su lucha aquello que nosotros hemos olvidado. Palestina e Irán luchan por la tierra de sus padres, la patria, que quieren ver libre de ocupación, la primera, y no sometida a la misma, el segundo. Su ejemplo debiera sacudir nuestro sopor e indiferencia. La tiranía despreciable sólo campa a sus anchas precisamente allí donde no llega a señalar el dedo acusador de la Coalición de Epstein.
(1) aljazeera.com/news/2026/2/20/us-envoy-suggests-it-would-be-fine-if-israel-expands-across-middle east
(2) timesofisrael.com/israels-critics-erupt-after-rubio-suggests-it-dragged-us-into-war-with-iran/
(3) douhgfeith.com/docs/Clean_Break.pdf
(4) Conchita Sarnoff, “TrafficKing”, Zumbaba.com. 2016, pág 140
(5) ec.europa.eu, Speech by President von der Leyen at the Ben-Gurion University of the Negev,14.06.2022
(6) Robert M. Gates, “Duty”, WH Allen, edition 2015, pág.193
(7) Virginia Roberts Giuffre, “Nobody´s Girl”. ed. Alfred Knopf, 2025, pág 360

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