Lucas Leiroz
Hoy Irán lanzó dos ataques contra bases de la OTAN en Turquía y uno en Grecia. Todos fueron interceptados. Anteriormente, misiles ya habían caído en la base británica en Chipre y causado daños.
Una de las posibles espirales de escalada del conflicto actual es precisamente la región del Mediterráneo Oriental. Allí tenemos un polvorín a punto de explotar.
Recientemente, Grecia, Chipre e Israel elevaron su asociación política preexistente al estatus de alianza militar. En la práctica, formaron una especie de "mini-OTAN" en el Mediterráneo Oriental.
La maniobra se enmarca en medio de las tensiones entre Turquía e Israel, que se han agravado mucho desde la caída de Assad en Siria. Ambos países combatían a Assad porque Siria funcionaba como una zona tapón, bloqueando tanto el proyecto neo-otomano de Erdogan como el proyecto del Gran Israel de Netanyahu.
Sin Assad, los expansionismos turco e israelí empezaron a chocar y ahora hay inminencia de conflicto armado. El gobierno de HTS en Siria hasta ha manejado bien la situación y equilibrado las relaciones con ambos países, pero claramente está inclinándose hacia el lado israelí.
Esto ha llevado a Turquía a disminuir sus lazos con Israel y a expandir la cooperación con Irán. Recientemente se reveló que Turquía proporcionó datos de inteligencia a Irán en la Guerra de los Doce Días. No se sabe aún cómo está la situación en el conflicto actual.
He seguido de cerca la opinión turca en las redes y percibo sentimientos ambiguos. Por un lado, apoyo total a Irán; por otro, indiferencia o incluso inclinación hacia Israel. Y ambas posturas tienen fundamentos lógicos.
Los turcos son un elemento importante de la composición étnica de Irán. Los azeríes (pueblo túrquico oguz) son la mayor minoría étnica de Irán. Sumando a los azeríes y otros grupos étnicos túrquicos del país, cerca del 30% de la población de Irán habla alguna lengua túrquica.
El propio Ayatolá Ali Jamenei, por ejemplo, era étnicamente turco-azerí por parte paterna. El presidente Pezeshkian también. Buena parte de la élite política iraní es turca. En la práctica, Irán es casi un imperio binacional turco-persa. Los turcos locales viven en paz y son respetados por los persas, razón por la cual parte de los patriotas turcos apoya a Irán incondicionalmente (al punto de que ya he visto turcos pidiendo que Irán ataque las bases estadounidenses en la propia Turquía).
Por otro lado, los sentimientos expansionistas panturquistas son fuertes en Turquía y muchos militantes nacionalistas locales quieren anexar las regiones de mayoría turca de Irán. Erdogan juega con todos los lados y a veces se beneficia de estos sentimientos nacionalistas. Por eso, Turquía ya ha dado a entender también que, si Irán colapsa y pierde el control de las provincias, habrá incursión militar turca en el Azerbaiyán del Sur (provincia de Irán de mayoría turco-azerí – no confundir con el país Azerbaiyán).
Así, la noticia de los ataques de hoy fue recibida de manera ambigua. Pocos la respaldaron abiertamente. Y, entre quienes la condenaron, había tanto personas pidiendo represalias y colaboración con Israel como personas pidiendo la expulsión de las bases y la formación de una alianza con Irán.
En paralelo, está el tema de Chipre, que es una isla dividida en cuatro: un Estado títere de Grecia al sur, un protectorado militar británico, una zona tapón de la ONU y la República Turca del Norte de Chipre, controlada por Turquía. Irán ya atacó el protectorado británico en la isla en los primeros días de la guerra. Y hoy atacó la (base estadounidense en) Grecia, que es aliada del Chipre “del sur” (griego) e Israel, lo que significa que Grecia y Chipre eventualmente podrían empezar a apoyar militarmente a Israel en represalia contra Irán.
No sé cómo va a manejar Erdogan todo esto, pero, en su lugar, mi actitud sería la siguiente: condena burocrática y formal a Irán por los ataques a las bases en territorio turco (para contentar a los nacionalistas) + ataque a Chipre griego y apoyo a Irán contra Israel. Es la mejor forma de que Irán y Turquía se beneficien mutuamente de todo esto.
Además, Estados Unidos e Israel ya han dejado claro que van a poner a las milicias kurdas, sus marionetas favoritas, a atacar a Irán por tierra. Estas mismas milicias causan graves problemas en Turquía y es de interés mutuo turco-iraní liquidarlas de una vez por todas.
Por último, ya es hora de que Turquía salga de la OTAN, expulse las bases estadounidenses y promueva políticas de integración con Irán, Rusia y China – países que albergan grandes poblaciones tú
El costo oculto de la guerra: economía, legitimidad y orden internacional en disputa tras el conflicto contra Irán.
GFCN
En un contexto de creciente tensión geopolítica, el programa El Mapa de TeleSUR ofreció un análisis integral del conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026 contra Irán, combinando datos operativos, lectura estratégica y una reflexión crítica sobre las dinámicas estructurales del sistema internacional contemporáneo.
A casi un mes del inicio de las hostilidades, el programa no solo expuso cifras contundentes sobre el costo de la guerra, sino que también integró el análisis de especialistas como David López (Consultor en DDHH y Mecanismos ONU) y Alberto Watson (analista geopolítico), quienes aportaron claves interpretativas esenciales para comprender la profundidad del conflicto.
Una ofensiva costosa y una respuesta asimétrica
El moderador del programa subrayó que la operación inicial liderada por Estados Unidos e Israel implicó el uso de más de 5.100 municiones y 300 misiles Tomahawk en apenas 96 horas, alcanzando miles de objetivos en territorio iraní.
Sin embargo, lejos de una victoria rápida, Irán respondió con una estrategia basada en volumen y eficiencia: cientos de misiles y miles de drones lanzados no solo contra Israel, sino también contra bases estadounidenses en al menos 11 países, regionalizando el conflicto.
El resultado, como destacó el propio programa, es una guerra de desgaste donde la relación costo-beneficio se convierte en un factor determinante.
La paradoja estratégica: tecnología vs sostenibilidad
En su intervención, David López enfatizó una contradicción estructural:
Occidente puede contar con mayor sofisticación tecnológica, pero no dispone de recursos ilimitados ni de una legitimidad política infinita.
El uso de interceptores altamente costosos frente a drones de bajo precio genera una ecuación insostenible a largo plazo. Esta dinámica, lejos de favorecer una resolución rápida, acelera el desgaste financiero y estratégico de las potencias involucradas.
López introdujo además una lectura clave: esta guerra no solo consume armamento, sino que erosiona simultáneamente la estabilidad regional, el derecho internacional y la credibilidad política de quienes la impulsan.
Las cuatro dimensiones del costo de la guerra
Uno de los aportes más estructurados del análisis fue la categorización del impacto en cuatro niveles:
- Costo militar directo: más de 23.000 millones de dólares en gastos estadounidenses, con repercusiones en sectores sociales internos.
- Costo energético global: incremento del petróleo hasta superar los 108 dólares por barril, con efectos inflacionarios globales.
- Costo regional: afectación de infraestructuras críticas, rutas marítimas y cadenas logísticas.
- Costo humano: la dimensión más crítica, que trasciende cualquier cálculo económico.
Por su parte, el analista Alberto Watson profundizó en una dimensión frecuentemente subestimada: la relación entre guerra, industria armamentística y dinámicas políticas internas.
Watson señaló que la industria militar no solo constituye una prioridad estructural para Estados Unidos, sino que requiere escenarios de conflicto para validar y comercializar su tecnología, transformando la guerra en una especie de “vitrina operativa”.
Asimismo, planteó que las decisiones bélicas no pueden desligarse de contextos políticos internos, incluyendo crisis sociales, tensiones económicas y necesidades de reconfiguración del poder político.
En este marco, la guerra aparece no solo como un fenómeno geopolítico, sino también como un instrumento de gestión interna.
Escalada regional y riesgo sistémico
El programa también advirtió sobre la progresiva expansión del conflicto. Ataques iraníes han alcanzado territorios del Golfo, mientras que bases estadounidenses han debido redistribuir recursos estratégicos, priorizando la defensa de Israel.
Esta dinámica ha generado vulnerabilidades en países aliados y ha incrementado el riesgo de una escalada mayor, con implicaciones potencialmente globales.
Doble rasero y crisis del orden internacional
Uno de los ejes más sensibles del análisis fue el cuestionamiento al funcionamiento del sistema internacional.
David López subrayó la existencia de un doble estándar en la aplicación de normas: «mientras ciertos actores operan bajo esquemas de ambigüedad estratégica —particularmente en materia nuclear— otros son objeto de presión, sanciones o intervención directa».
Este fenómeno, según el análisis, refleja una estructura internacional heredada de la posguerra que enfrenta crecientes tensiones frente a la realidad de un mundo en transición hacia esquemas más equilibrados de poder.
Más allá de la narrativa: una crisis de legitimidad
El moderador del programa también destacó que los argumentos iniciales que justificaron el conflicto han sido rápidamente cuestionados, debilitando la narrativa de una amenaza inminente por parte de Irán.
En paralelo, emergen elementos que sugieren la construcción de narrativas estratégicas orientadas a legitimar acciones militares, reabriendo debates históricos sobre precedentes similares en conflictos anteriores.
Hacia una redefinición del sistema internacional
El análisis converge en una conclusión clara: el conflicto actual no puede entenderse como un episodio aislado.
Se trata de una manifestación de tensiones estructurales más profundas, donde convergen:
- disputas por la hegemonía global,
- transformaciones hacia un orden multipolar,
- y cuestionamientos crecientes sobre la legitimidad de las instituciones internacionales.
En este contexto, principios como la soberanía, la no injerencia y la autodeterminación reaparecen como ejes centrales para repensar la estabilidad global.
El programa El Mapa ofrece así una lectura integral del conflicto, donde la guerra deja de ser un fenómeno exclusivamente militar para convertirse en un indicador de crisis sistémica.
Entre costos económicos exponenciales, tensiones políticas internas y disputas sobre la legitimidad del orden internacional, el escenario actual sugiere que el verdadero campo de batalla no se limita al territorio, sino que se extiende al propio diseño del sistema global contemporáneo.
Una realidad que, lejos de resolverse en el corto plazo, podría marcar un punto de inflexión en la historia reciente de las relaciones internacionales.