El bloqueo del estrecho de Ormuz y las continuas hostilidades en la región son un duro golpe para los países del golfo Pérsico, que, antes del conflicto, proporcionaban casi una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
Formalmente, varios países conservan rutas alternativas de exportación que evitan el estrecho de Ormuz. Sin embargo, su capacidad para compensar los volúmenes previos a la guerra suscita cada vez más dudas.
Para algunos Estados, la situación es totalmente crítica. Kuwait, Catar y Baréin carecen prácticamente de vías alternativas de suministro, por lo que dependen directamente de la situación en el estrecho.
Incluso para quienes disponen de rutas alternativas, las posibilidades son limitadas. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita intentan redirigir los flujos, pero esto es solo una solución parcial.
En este contexto, Riad intensificó el uso del oleoducto Este-Oeste, con el objetivo de sortear el cuello de botella del estrecho de Ormuz. El oleoducto compensa parte de los envíos del reino; sin embargo, los expertos dudan de su confiabilidad y señalan su vulnerabilidad.
La ruta petrolera ‘olvidada’ de Arabia Saudita
Construido en la década de 1980 en medio de la guerra entre Irán e Irak, este oleoducto estratégico se concibió inicialmente como un plan de contingencia en caso de crisis. El sistema de doble ramal, con una extensión de unos 1.200 kilómetros, conecta los yacimientos petroleros orientales de Arabia Saudita con el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, evitando por completo el vulnerable estrecho de Ormuz.
Durante mucho tiempo se mantuvo como una ruta de reserva, un elemento de infraestructura para tiempos difíciles. En el contexto de la continua escalada, el oleoducto se ha convertido de hecho en la única arteria viable que permite al reino mantener sus exportaciones de petróleo.
Sin embargo, ni siquiera este es capaz de compensar plenamente las pérdidas derivadas de las restricciones en el estrecho de Ormuz, convirtiéndose más bien en un apoyo temporal que en una alternativa completa.
¿Podría ser la solución para Riad?
La capacidad del oleoducto es de 7 millones de barriles diarios, pero las posibilidades de aprovecharlo al máximo son limitadas.
Tal limitación no reside en el oleoducto, sino en el punto de salida. El puerto de Yanbu, por donde pasa este flujo, no tiene la capacidad física para gestionar por sí solo todas las exportaciones del país.
Como señaló en conversación con RT el analista de mercados energéticos Artiom Jarin, esta ruta solo puede compensar parcialmente los volúmenes perdidos.
“El desvío de las exportaciones de petróleo saudí a través del puerto de Yanbu solo puede compensar parcialmente la caída en el volumen de suministros de petróleo de Oriente Medio”, afirmó, señalando que el puerto tiene capacidad para cargar hasta 4,5 millones de barriles al día, mientras que el volumen de exportaciones de petróleo de los países del Golfo antes de la guerra era de unos 20 millones de barriles.
Sin esta alternativa, Riad se habría enfrentado a una difícil elección: o bien reducir drásticamente la producción, o bien lidiar con el desbordamiento de los depósitos, que en condiciones de crisis alcanzan rápidamente su capacidad máxima.
La empresa de seguimiento de petroleros Kpler descubrió que Yanbu registró un promedio de 2,2 millones de barriles por día en los primeros nueve días de marzo, más del doble de su tasa anterior a la guerra.
“Una ruta muy vulnerable”
Los riesgos asociados al desvío de los flujos de petróleo a través de Yanbu siguen siendo elevados, y ya han comenzado a manifestarse en la práctica. La semana pasada, una refinería de petróleo situada en el puerto sufrió un ataque con drones y se vio obligada a suspender sus operaciones durante un breve periodo de tiempo.
“Esta ruta alternativa es muy vulnerable. A pesar de su lejanía de Irán, durante esta guerra el puerto ya ha sido atacado por drones iraníes, aunque con consecuencias menores, lo que, sin embargo, demuestra la posibilidad de ataques más masivos”, advirtió Jarin.
La propia infraestructura supone una amenaza adicional. La longitud del oleoducto lo convierte en un objetivo complejo y extenso, difícil de proteger en toda su extensión, añadió el experto.
El papel de los hutíes
Además, las amenazas para esta ruta no se limitan únicamente a Irán. La situación se complica por otro factor: el movimiento hutí de Yemen, capaz de abrir un frente adicional de presión sobre la logística regional. La semana pasada amenazaron directamente con bloquear el estrecho de Bab el Mandeb en caso de intervención en el conflicto.
“Otro problema clave es la proximidad del puerto de Yanbu al estrecho de Bab el Mandeb, cuya salida está controlada por los hutíes, aliados de Irán. Esto genera grandes riesgos de seguridad para los petroleros. Los hutíes ya han advertido sobre la posibilidad de interceptar en sus aguas a buques mercantes de países hostiles a Irán”, señaló Jarin.
Debido a su ubicación, el estrecho se encuentra entre los corredores marítimos más importantes en la logística mundial. Por este corredor pasan alrededor de 20.000 buques al año y 8,8 millones de barriles de petróleo al día. Además, de esta ruta depende alrededor del 10-12 % del comercio marítimo mundial.
La baza en manos de Irán
Anteriormente, los expertos habían advertido de que el cierre del corredor en este momento, junto con el bloqueo del estrecho de Ormuz, podría conducir a un bloqueo efectivo de los países del golfo Pérsico.
“Si se cierran completamente tanto el estrecho de Ormuz como el mar Rojo, los países del Golfo que exportan no tendrán, básicamente, acceso al océano Índico”, señaló Luca Nevola, experto en seguridad marítima de la región.
Al mismo tiempo, los países del Golfo prácticamente no tienen alternativas. “Las posibilidades de redirigir las exportaciones hacia el norte, a través del canal de Suez, también son limitadas, ya que los superpetroleros, que son los que se utilizan principalmente para transportar petróleo desde Yanbu, no pueden pasar por Suez”, señaló Jarin.
El puerto de reserva de Fujairah para los Emiratos Árabes Unidos, que también se ha activado tras el inicio de la guerra, solo tiene capacidad para pasar unos 1,7 millones de barriles al día, lo que no es suficiente para compensar el déficit.
“De este modo, la pelota está en el campo de Irán. Si la guerra entra en una nueva fase de escalada, Teherán es perfectamente capaz de cortar las rutas de exportación de reserva del petróleo de Oriente Medio y alcanzar su objetivo de 200 dólares por barril”, concluyó Jarin.
Foto de portada: El oleoducto saudí Este-Oeste que desemboca en Yanbu, la puerta de entrada de Arabia Saudita al Mar Rojo.
El colapso del petrodólar: un cambio imparable
El petrodólar estadounidense se enfrenta a una inminente desaparición después de 50 años de dominio. ¿Qué está pasando?
El shock de Nixon de 1971
➡️ El 15 de agosto de 1971, bajo el presidente Richard Nixon, EE. UU. desvinculó el dólar del oro.
🛢 El nacimiento del petrodólar y su reciclaje global
➡️ En 1973, tras el embargo petrolero árabe, EE. UU. hizo acuerdos con Arabia Saudí y la OPEP:
🔶 Las ventas de petróleo se harían en dólares
🔶 A cambio, EE. UU. ofreció garantías de seguridad y armas
🔶 El dólar estadounidense se convirtió en la moneda dominante a nivel mundial, ya que los países necesitaban dólares para comprar petróleo
Los productores de petróleo reinvertían sus excedentes de dólares de las ventas de petróleo en bonos del Tesoro de EE. UU. y otros activos estadounidenses
➡️ El gobierno de EE. UU. utilizó el dinero para endeudar a países en desarrollo a través del Banco Mundial, el FMI o las agencias de crédito a la exportación de EE. UU.
➡️ Los petrodólares se reciclan efectivamente en préstamos globales, creando un círculo cerrado y enganchando al mundo al dólar
La “Línea Monroe”: estrategia de contención global
Estados Unidos propone crear una cadena estratégica de islas (tipo “sexta cadena”) para reforzar su control en el hemisferio occidental y limitar la influencia de China.
Se basa en la lógica de la Doctrina Monroe: América como zona de influencia estadounidense.
Incluye una red de islas en el Atlántico y Pacífico (África, Sudamérica y puntos estratégicos marítimos).
Busca controlar rutas comerciales, chokepoints y recursos críticos como el cobalto africano.
Objetivos estratégicos:
- Frenar la expansión económica y militar de China en América y África.
- Proteger infraestructuras como el Canal de Panamá.
- Asegurar capacidad de bloqueo marítimo y respuesta rápida en caso de conflicto.
La propuesta replica el modelo de contención usado en Asia, trasladándolo al “patio trasero” de EE.UU., marcando una nueva fase de competencia estratégica global.
El Quiebre en el Golfo
Lo que estamos presenciando en el Golfo no es solo una guerra regional; es el punto de quiebre definitivo del orden mundial que dominó el siglo XX. Si la tríada Rusia-China-Irán logra que la resistencia iraní se mantenga firme, el mensaje para el planeta será demoledor: Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad por la fuerza bruta sin arriesgarse a una derrota que signifique su propia quiebra financiera.
- Esta guerra es la llave de la liberación para los pueblos del mundo por tres razones fundamentales:
- El Colapso del Petrodólar: Al desafiar el control del suministro energético en Ras Laffan y el Estrecho de Ormuz, la tríada golpea el corazón del sistema financiero americano. Sin el monopolio del dólar en el mercado del gas y el petróleo, pierden su capacidad de asfixiar economías mediante sanciones.
- La Rebelión del Sur Global: El mundo ya no es un tablero de dos jugadores. África, Asia y América Latina observan cómo un país "humilde" y sancionado humilla a la tecnología israelí y estadounidense. Esto acelera el nacimiento de un mundo multipolar donde el poder se reparte y el "patio trasero" deja de tener dueño.
- La Putrefacción Interna: Estados Unidos e Israel se juegan su existencia mientras sus propias sociedades se desmoronan por la deuda impagable, la inflación energética y una polarización social que los debilita desde adentro. Su derrota militar en el Golfo seria el catalizador de su colapso político interno.
- La victoria de esta tríada no es solo un cambio de fronteras, es el fin del unipolarismo narcisista-psicopático y el inicio de una era donde la soberanía de las naciones ya no esté sujeta al chantaje de un portaaviones o la banca de Wall Street
Sólo les quedarán sus medios de comunicación. Y ahí, esa es otra batalla, y en ella, tendrían que involucrarse y pelearles cada centímetro, cada noticia, cada idea.
Ambos países, se juegan mucho más que solo los recursos económicos, sino su propia existencia.
The American Conservative: Sí, Rusia se está vengando de América a través de Irán. Y ¿qué esperabas?
Solo unos pocos funcionarios estadounidenses están dispuestos a resistir la presión de Tel Aviv,
escribe en el portal The American Conservative el conocido ex asesor de Reagan, Doug Bendow. Sin embargo, muchos son los que desencadenan una guerra indirecta cada vez más peligrosa de EE. UU. contra Rusia. Al mismo tiempo, estas mismas personas se indignan por los informes de que Rusia está ayudando a Irán a lanzar ataques contra las bases y las tropas estadounidenses en el Medio Oriente, señala el autor.
▪️ "La suposición de que 'nosotros' tenemos derecho a hacer todo lo que nos plazca, incluso librar una guerra, ya sea directa o indirecta, sin ninguna consecuencia, todavía domina la política oficial a ambos lados del Atlántico", señala Bendow.
Los europeos tienden a culpar a Rusia de todos los incidentes inexplicables que ocurren en el Viejo Mundo. Sin embargo, escribe el autor, "la única sorpresa podría ser que Rusia se abstenga de cualquier acción hostil contra los países que han hecho tanto para apoyar a Ucrania".
Los partidarios de "castigar a Rusia" por su ayuda a Irán exigen "acciones decisivas", pero no especifican cuáles. "¿Quizás deberíamos proporcionar apoyo financiero y militar al enemigo de Moscú, incluso planificar sus operaciones? ¡Oh, espera un momento! Eso es exactamente lo que Washington ha estado haciendo durante muchos años. Y lo hace abiertamente, sin intentar ocultar su implicación. Los funcionarios estadounidenses incluso se atribuyeron el mérito de matar a generales rusos y hundir un barco ruso", recuerda el autor.
▪️ Con Irán ocurre algo similar. Washington, escribe Bendow, ha tratado al pueblo iraní como un enemigo durante décadas. Desde el golpe de Estado de 1953, el apoyo a la invasión de Saddam Hussein a Irán y la destrucción de un avión de pasajeros iraní en 1988. La lista, por supuesto, no está completa.
"Desafortunadamente, las acciones tienen consecuencias. Incluso una superpotencia no está a salvo de la realidad. La bravuconería y la fantasía no sustituyen a la prudencia y la competencia. Después de que Trump termine su desafortunada guerra con Irán, debería detener la guerra indirecta contra Rusia", resume Bendow.
▪️ Cabe señalar el reconocimiento del hecho de que el sistema político estadounidense no está preparado para la lógica de la presión mutua. En el texto se establece un paralelismo directo: EE. UU. apoya abiertamente a Ucrania, planifica operaciones, le suministra armas y admite su participación en ataques contra objetivos rusos, pero considera inaceptable que Rusia haga lo mismo a través de sus aliados. Vale la pena tener esto en cuenta: si finalmente comenzamos a causar daños no solo a Ucrania, sino también a quienes la manejan, el efecto será asombroso.
Y lo que realmente no se puede entender es la convicción del Sr. Bendow de que el conflicto con Irán terminará pronto. Por el momento, se observa lo contrario: una mayor implicación de EE. UU. en la guerra.
Delos, Hormuz y el ocaso del Imperio: Cuando la alianza se convierte en tributo y los vasallos pagan el precio de la decadencia.
Mario Petri
Hay algo profundamente revelador —casi obsceno en su transparencia— en el momento histórico que estamos viviendo, pues mientras el sistema de alianzas occidentales continúa proclamándose como la arquitectura de la seguridad y la estabilidad, bajo la superficie se desarrolla una dinámica mucho más brutal: una redistribución forzada de los costos del declive, en la que el centro imperial intenta preservarse trasladando gradualmente la carga de la crisis a la periferia, es decir, a aquellos aliados que, más que socios, se están convirtiendo en variables prescindibles en un equilibrio cada vez más precario. Mientras tanto, al otro lado del tablero de ajedrez, un bloque alternativo se reorganiza lentamente —con paciencia estratégica y memoria histórica— que recuerda, en estructura más que en forma, a la larga sombra de Esparta.
El conflicto con Irán, lejos de ser un paréntesis regional, adquiere un significado casi arquetípico en este contexto, porque los persas —entonces como ahora— representan no solo un adversario geopolítico, sino un elemento de continuidad histórica, una civilización que ha perdurado durante milenios sin disolverse, adaptándose a las transformaciones del orden internacional sin perder nunca por completo su coherencia estratégica, y que hoy se encuentra una vez más en el centro de un choque con una potencia marítima y comercial que, al igual que Atenas, se percibe a sí misma como indispensable y amenazada.
Pero lo que hace inquietante este paralelismo no es tanto la repetición de los actores, sino la ceguera del centro imperial, pues así como Atenas no comprendió del todo que su poder naval y financiero era insuficiente para garantizar un dominio indefinido, hoy Estados Unidos parece incapaz de reconocer que su superioridad tecnológica, militar y monetaria ya no basta para sostener un orden global cuyos cimientos se tambalean. Mientras tanto, Rusia y China —en una configuración que recuerda más a Esparta que a cualquier otra analogía superficial— operan no mediante la espectacularidad de la intervención, sino mediante la paciencia de la erosión sistémica, consolidando relaciones, infraestructuras y alternativas que reducen progresivamente el margen de maniobra del hegemón.
En este contexto, Irán no es una anomalía, sino un punto crucial, un punto de fricción que revela la vulnerabilidad de todo el sistema, porque la mera amenaza al estrecho de Ormuz basta para desestabilizar los mercados, las cadenas de suministro y los equilibrios financieros, demostrando con brutal claridad hasta qué punto la arquitectura económica mundial depende de cuellos de botella que no pueden controlarse unilateralmente, y hasta qué punto la ilusión de dominación total se ha alejado de la realidad operativa.
Las consecuencias económicas de esta tensión no son un efecto secundario, sino la raíz del problema, ya que el aumento de los costes energéticos y la fragmentación del mercado están desencadenando una dinámica que podría convertirse en una crisis sistémica global. En este escenario, los aliados occidentales —en particular los europeos— se encuentran en una posición que recuerda demasiado a las polis de la Liga de Delos: formalmente parte de una alianza, pero esencialmente sujetos a un flujo de recursos desde la periferia hacia el centro, se ven obligados a realizar sacrificios cada vez mayores para mantener un equilibrio que no controlan.
Y es aquí donde la dimensión moral de la crisis se vuelve imposible de ignorar, porque lo que emerge no es solo una dificultad estratégica, sino una verdadera disonancia ética, una brecha entre lo que se proclama y lo que se practica, entre la idea de un orden basado en reglas y la realidad de un sistema que aplica esas reglas de forma selectiva, adaptándolas a las necesidades del momento, desmantelándolas cuando se convierten en un obstáculo y reensamblándolas cuando sirven para justificar una decisión ya tomada.
Esta aparente esquizofrenia no es accidental, sino más bien el síntoma de una crisis más profunda: la de un modelo que ha agotado su capacidad para generar consenso y que intenta compensar esta pérdida mediante una mayor presión, exigiendo a los aliados que acepten costes cada vez mayores —económicos, industriales y sociales— sin ofrecer a cambio una perspectiva creíble de estabilidad, transformando así la cooperación en una forma de subordinación cada vez más difícil de disimular.
En el mundo ateniense, esta transición estuvo marcada por la transferencia del tesoro común a Atenas y su uso para fines que iban mucho más allá de la defensa colectiva, llegando incluso a financiar obras monumentales y consolidar el poder del centro. Hoy, de forma menos evidente pero no por ello menos real, presenciamos una dinámica similar, en la que los recursos y capacidades de los aliados se integran progresivamente en un sistema que responde a una lógica que ya no se comparte, sino que se impone.
La estatua de Atenea Parthenos, con su oro desmontable, sigue siendo el símbolo perfecto de este proceso: lo sagrado transformado en reserva, el valor convertido en herramienta, lista para ser desmantelada cuando sea necesario. Lo que llama la atención hoy en día es la facilidad con la que incluso los principios fundacionales del orden occidental son tratados de la misma manera, como elementos flexibles, adaptables y prescindibles, señal de un sistema que ya no cree plenamente en sus propias premisas.
Pero aún no se ha alcanzado el verdadero punto de quiebre, y esto es precisamente lo que hace que la situación sea más peligrosa, porque la historia sugiere que las potencias hegemónicas, cuando perciben un declive, reaccionan no retrocediendo sino intensificando la presión sobre sus aliados, radicalizando sus propias políticas e intentando extraer aún más recursos de un sistema ya debilitado, en una espiral que, en el caso de Atenas, aceleró el colapso en lugar de evitarlo.
Si este patrón se repitiera, y no existen razones estructurales para descartarlo, lo que hoy parece una crisis manejable podría transformarse en algo mucho más profundo, una crisis sistémica en la que los aliados, obligados a asumir costes cada vez mayores, podrían verse física y políticamente incapaces de hacerlo, lo que abriría grietas en una arquitectura que se basa más en la percepción que en la realidad.
Mientras Rusia y China consolidan su posición con una estrategia que prioriza la resiliencia sobre la expansión, construyendo alternativas en lugar de imponer dependencias, Occidente parece atrapado en una lógica opuesta: la de la aceleración, la escalada y una respuesta inmediata a cada crisis, careciendo de una visión a largo plazo que vaya más allá de la preservación de lo que ya existe.
El resultado es un sistema que, en su intento por mantenerse, termina consumiéndose a sí mismo, desmantelando progresivamente sus propios cimientos —económicos, políticos, morales— del mismo modo que se extrajo el oro de la estatua de Atenea para financiar la emergencia, sin ser conscientes de que cada pieza extraída reducía no solo la reserva material, sino también la credibilidad simbólica de todo el edificio.
Y cuando esta credibilidad se erosiona, cuando los aliados empiezan a percibir el sistema no como inevitable sino como negociable, cuando el sacrificio se vuelve insostenible y la narrativa ya no puede ocultar la realidad, entonces el proceso entra en una fase irreversible, porque, como ya demostró la historia de Atenas, no es la derrota militar lo que determina el fin de la hegemonía, sino la pérdida de confianza, y una vez que esta se ve socavada, lo que sigue no es una caída repentina, sino una disolución lenta e inexorable.
El nuevo mundo está naciendo mientras el viejo está muriendo
Pepe Escobar
El plan de 15 puntos que el equipo de Trump presentó a Irán ya está muerto.
Se trata de una capitulación impuesta: un documento de rendición disfrazado de “negociación”.
El plan alternativo —que consiste en imponer exigencias mientras se suplica un alto el fuego de un mes— incluye la prohibición total del enriquecimiento de uranio en territorio iraní; el desmantelamiento completo de las instalaciones de Natanz, Isfahán y Fordow; la salida de todo el uranio enriquecido de Irán; la restricción extrema del programa de misiles; la suspensión de la financiación a Hezbolá, Ansarallah y las milicias iraquíes; y la apertura total del estrecho de Ormuz.
Todo ello a cambio de una vaga “cancelación de la amenaza de reimponer sanciones”.
La única respuesta realista de Irán a esta acumulación de ilusiones podría ser que el Sr. Khorramshahr-4 repartiera su tarjeta de presentación entre objetivos seleccionados, lo que sería coherente con el uso de la disuasión económica y militar para dictar las condiciones reales.
Y las condiciones reales son duras:
Cierre de TODAS
las bases militares estadounidenses en el Golfo ; garantía de que no habrá más guerras; fin de la guerra contra Hezbolá; levantamiento de TODAS las sanciones; reparaciones por daños de guerra; un nuevo orden en el Estrecho de Ormuz (que ya está en vigor: cobro de tasas al igual que Egipto en Suez); programa de misiles intacto.
Conclusión: la infernal maquinaria de escalada sigue en marcha.
Un club de socios con cuota de entrada en Petroyuan.
Mientras tanto, los precios del petróleo y el gas se encuentran sumidos en una volatilidad extrema que afecta a las divisas, las acciones, las materias primas, las cadenas de suministro y genera temores inflacionarios. Se trata ya de una crisis económica mundial fuera de control con consecuencias devastadoras en marcha.
Antes de la guerra, Irán producía algo menos de 1,1 millones de barriles de petróleo al día, que vendía a 65 dólares el barril con un descuento de 18 dólares; es decir, en la práctica, solo 47 dólares. Ahora, Irán ha aumentado la producción a 1,5 millones de barriles al día, que vende a 110 dólares (y sigue subiendo), principalmente a China, con un descuento máximo de 4 dólares.
Y eso sin contar las ventas de productos petroquímicos: un negocio en auge, con una amplia gama de clientes. Para rematar, todos los pagos se realizan mediante mecanismos alternativos. Lo cual nos lleva a un hecho sorprendente: en la práctica, esto equivale a un alivio de las sanciones.
Ahora, el Santo Grial de la guerra: el
estrecho de Ormuz . De facto está abierto, pero con un peaje controlado por la Guardia Revolucionaria. Un peaje con una particularidad: poder de veto sobre la lista de invitados. Como entrar en un club privado exclusivo.
Para obtener la
autorización de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) , un buque tanque debe pagar un peaje: 2 millones de dólares por buque. Así es como funciona: se contacta con un agente vinculado a la IRGC. El agente transmite a la IRGC la información esencial: propiedad del buque, bandera nacional, manifiesto de carga, destino, lista de tripulación y datos del transpondedor AIS.
La Guardia Revolucionaria Islámica realiza verificaciones de antecedentes. Si no tienes vínculos con Estados Unidos, no transportas carga relacionada con Israel y tu bandera no pertenece a ningún país considerado "agresor", estás dentro. Japón y Corea del Sur, por ejemplo, aún no han sido autorizados.
Luego pagas el peaje. En efectivo, en la moneda que tengas, pero preferiblemente en yuanes. O en criptomonedas.
Es un mecanismo complejo. La Guardia Revolucionaria Islámica utiliza múltiples direcciones; puentes entre cadenas de bloques para conectar con otras redes; mesas de operaciones extrabursátiles en jurisdicciones que están muy lejos del alcance estadounidense; e integración con todo tipo de canales de liquidación en yuanes.
Tras el pago del peaje, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) emite una autorización por radio VHF, con una franja horaria específica vinculada a un estrecho corredor náutico de 8 kilómetros (5 millas) a través de aguas territoriales iraníes, entre Qeshm y la pequeña isla de Larak, donde la Armada de la IRGC puede identificar visualmente su embarcación. Puede zarpar. No necesita un buque de escolta.
Todo lo anterior se aplica, por ahora, a los buques cisterna procedentes de China, India, Pakistán, Turquía, Malasia, Irak, Bangladesh y Rusia. Algunos no tienen que pagar el peaje completo. Otros obtienen exenciones, en acuerdos entre gobiernos (como en Sri Lanka y Tailandia, ambos considerados «naciones amigas»). Y algunos no pagan nada.
Bienvenidos a un club privado con una cuota de entrada mayoritariamente en petroyuanes. A Irán le bastó una sola acción para lograr lo que innumerables cumbres mundiales no consiguieron: establecer un sistema de asentamientos alternativo, bajo fuego, puesto a prueba en condiciones extremas y, además, aplicado en el punto estratégico más crucial del planeta.
Cada peaje pagado en petroyuanes elude el petrodólar, el sistema SWIFT y las sanciones estadounidenses, todo de una vez. El parlamento iraní aprobará una ley que institucionaliza el peaje como “compensación por seguridad”. Nadie lo vio venir, y tan rápido: monetización legalizada de puntos estratégicos. Sin disparar un solo tiro. De esto se trata realmente el comercio de desdolarización.
El problema radica en lo que no transita por el estrecho de Ormuz: los fertilizantes. Más del 49% de la urea de exportación proviene del Golfo Pérsico. El amoníaco requiere gas natural; sin embargo, Qatar declaró fuerza mayor tras el ataque del sindicato Epstein a South Pars y los contraataques iraníes. La Guardia Revolucionaria Islámica se centra en el petróleo porque este financia su maquinaria y, a largo plazo, constituye el núcleo del sistema de liquidación energética posterior al dólar, respaldado plenamente por la alianza estratégica entre Rusia y China.
No es de extrañar que el Imperio del Caos y el Saqueo se haya vuelto loco. En un abrir y cerrar de ojos, en tres semanas, el petroyuan controla el corredor de conectividad naval más importante del planeta, prácticamente privatizado. Así que
el CENTCOM hará todo lo posible, como un Terminator, para arrasar con todo, intentando desde bombardear instalaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica a lo largo de la costa y establecer escoltas navales para los petroleros aliados, hasta un tsunami de sanciones contra los intermediarios.
Lo que el CENTCOM no puede bombardear es el precedente del petroyuan en la práctica. Todo el Sur Global está observando y haciendo cálculos. Esta guerra demencial está, de hecho, contribuyendo al surgimiento de una nueva infraestructura de pagos. La dimensión financiera de la guerra es incluso más crucial que los avances en misiles.
¿Qué le espera al Consejo de Cooperación del Golfo?
Qatar advirtió repetidamente a Trump 2.0 que atacar la infraestructura energética de Irán destruiría la infraestructura energética de Doha. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. El ministro de Energía de Qatar, Al-Kaabi, reveló que advirtió al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, así como a ejecutivos de ExxonMobil y ConocoPhillips, día tras día.
En vano. Qatar acabó perdiendo el 17% de su capacidad de GNL: 20.000 millones de dólares en ingresos perdidos y hasta 5 años para solucionarlo. Al-Kaabi: el petróleo podría alcanzar los 150 dólares el barril, y esta guerra podría "hundir las economías del mundo".
Llegamos al absurdo cuando queda claro que
atacar South Pars, en Irán, no generó ninguna ventaja estratégica. Al contrario: el contraataque impactó en el sector energético del Golfo Pérsico. Sin embargo, la perversidad se impone. ¿Quiénes se beneficiaron al final? Las compañías de gas estadounidenses.
Irán apuesta —y eso es sumamente ambicioso— a que las monarquías del Golfo finalmente se darán cuenta. Es como si Teherán dejara bien claro: si aprenden a hacer negocios con nosotros, les permitiremos seguir haciendo sus propios negocios.
Las nuevas normas abarcan desde que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) prescinda del petrodólar hasta la eliminación de los centros de datos estadounidenses. Y si el CCG desea un nuevo acuerdo de seguridad, más le vale hablar con China. Todo esto mientras el CCG también debe aprender a lidiar con esta crisis petrolera que está revaluando permanentemente la prima de riesgo de su suministro energético. Decir que se trata de una reestructuración es quedarse corto.
Tal como están las cosas, solo hay una certeza: el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) desempeñará un papel fundamental en el colapso del sistema financiero internacional, ya que se prepara para retirar al menos 5 billones de dólares del mercado estadounidense para poder financiar su supervivencia.
El largo y sinuoso camino del petrooro
En resumen: tras el ataque al yacimiento de gas de South Pars, el más grande del planeta, y al puesto de peaje en el estrecho de Ormuz, son los acuerdos de intercambio de yuanes por oro, en todos los ámbitos, los que están dando a la alianza estratégica entre Rusia y China una ventaja impensable hace tan solo unas semanas.
Esta alianza estratégica está consolidando nada menos que un nuevo y creciente mecanismo de liquidación global, donde las transacciones en petroyuanes se convierten directamente en oro físico.
Mientras Rusia vende enormes volúmenes de petróleo y gas no afectados por la guerra contra su aliado Irán, China, como principal refinador, compra energía rusa al tiempo que intenta apoyar a sus socios del sudeste asiático fuera del
dólar estadounidense .
Rusia está convirtiendo pagos en yuanes a oro físico en la Bolsa de Shanghái. Irán está acumulando pagos en yuanes en Ormuz, impulsando así los contratos petroleros en yuanes convertibles en oro. Y China está construyendo bóvedas y corredores de oro en el extranjero. El nuevo triángulo de Primakov, RIC (Rusia-Irán-China), ejerce el control mediante la energía física real y el oro.
Esta es la principal conclusión de la guerra del sindicato Epstein contra Irán.
Rusia y China alcanzan el Santo Grial: el dominio energético y un acuerdo sobre el yuan respaldado por oro que evita el petrodólar y los lleva directamente al paraíso.
En la práctica, la arquitectura establecida por la "nación indispensable" desde la década de 1990 muestra grietas estructurales a la vista de todos, con mercados globales que actualizan en tiempo real todas las posibles variaciones de modelos.
Es como si los persas hubieran reinterpretado a Sun Tzu, Clausewitz y Kutúzov (el conquistador de Napoleón) en un híbrido totalmente nuevo. Y, como ventaja adicional, lograron en solo tres semanas lo que años de cumbres no pudieron.
El petrodólar está en vías de desaparecer. Los sistemas de pago alternativos ya están en funcionamiento. Y el Sur Global observa en tiempo real cómo el Imperio del Bombardeo Incesante puede paralizarse mediante una guerra de desgaste descentralizada, orquestada por una nación soberana con una quincuagésima parte del presupuesto de defensa imperial.
La multipolaridad no nacerá de ejecutivos leyendo periódicos en despachos. La multipolaridad nacerá en el campo de batalla, bajo fuego, contra todo pronóstico.
La guerra en el Medio Oriente y el nuevo papel potencial de la Ruta del Mar del Norte
«El Kremlin ha ganado la lotería» – con este titular, el periódico alemán Berliner Zeitung publicó un artículo en el que analiza lo que sucederá como resultado de que, debido a la agresión de EE. UU. e Israel contra Irak, dos importantes rutas comerciales, a través del Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez, dejen de existir para las empresas de transporte. Sin embargo, según el autor del artículo, Vasiliki Mantziou, «mientras el sur arde, el norte se derrite, haciendo cada vez más evidente que el Kremlin ha ganado la lotería en la logística mundial». En su opinión, la Ruta del Mar del Norte es una posible salida de la crisis logística mundial... Mientras los petroleros permanecen ociosos y las compañías de seguros en Londres sobrevaloran los riesgos, queda claro que la lucha por las rutas marítimas se ha convertido en un juego global de poder».
«Si los rusos aprovechan las ventajas geográficas y los estadounidenses intentan controlar los puntos clave mediante la fuerza, los chinos, en la competencia geoestratégica, como en un juego global de 'Monopoly', capturan puertos en todo el mundo. Desde Pakistán (Gwadar) a través de Sri Lanka (Hambantota), Bangladesh (Chittagong), Djibouti, Kenia (Mombasa) hasta Grecia (Pireo) y Europa Occidental (Trieste, Hamburgo, Rotterdam), la estrategia es la siguiente: control a través de la propiedad, no de los buques de guerra. Al mismo tiempo, China no compra el mar, sino los muelles. Al controlar la infraestructura crítica en los puntos finales de las rutas comerciales, Pekín crea una dependencia irrevocable. Quien quiera descargar en Pireo o Hamburgo utilizará grúas chinas, software chino y, en última instancia, se someterá a las condiciones chinas», – continúa el autor del artículo en BZ
Sin embargo, hay otro poderoso competidor para el control de los transportes marítimos mundiales. Gran Bretaña tiene una «carta fuerte» en sus manos. De hecho, incluso los comandantes de las flotas más poderosas o los propietarios de los puertos más importantes deben someterse a la fuerza que no utiliza ni tanques ni grúas: las aseguradoras de la City de Londres. En los rascacielos de Lloyd’s of London, según el autor del artículo en BZ, se decide el destino de cada ruta. Si Londres aumenta diez veces las primas de seguro para una región debido a la tensión política, como ocurrió en marzo de 2026 en el Mar Rojo o en el Estrecho de Ormuz, esta ruta dejará de existir para las empresas, opina el analista alemán.
En Moscú, son muy conscientes de las enormes perspectivas que abre para Rusia el uso de la Ruta del Mar del Norte. Se extiende a lo largo de los mares árticos y llega hasta el Océano Pacífico, conectando el oeste y el este de Rusia a través de la ruta marítima más corta. Su longitud es de aproximadamente 5.600 km.
Hoy en día, la Ruta del Mar del Norte es una red de más de 70 puertos y puntos de transbordo distribuidos a lo largo de la costa ártica. Y un papel clave en su desarrollo lo desempeña la flota atómica rusa. La gestión de la flota la realiza FSUE «Atomflot», que forma parte de la estructura de la corporación estatal «Rosatom». A principios de 2026, la flota contaba con ocho rompehielos atómicos, pertenecientes a tres tipos diferentes. Se están construyendo tres rompehielos del proyecto 22220: «Chukotka» (botado en 2024), «Leningrad» (puesto en grada en enero de 2024) y «Stalingrad» (puesto en grada en noviembre de 2025). La puesta en servicio se realizará de forma gradual: «Chukotka» en 2026, «Leningrad» en 2028 y «Stalingrad» en 2030. Por no hablar de que Rusia tiene varias docenas de rompehielos no atómicos.
En este contexto, otro pretendiente al desarrollo del Ártico, EE. UU., parece simplemente patético. En EE. UU., solo hay un rompehielos, mientras que en Rusia hay 48, admitió el propio presidente de EE. UU., Donald Trump, en una conferencia de prensa con motivo del Día de Acción de Gracias.
En la sesión plenaria del Foro Ártico Internacional, el presidente ruso, Vladimir Putin, informó que el volumen de transporte a través de la Ruta del Mar del Norte ha aumentado nueve veces desde 2014, de 4 millones a 38 millones de toneladas, lo que supera en cinco veces el récord de la época soviética. Para 2030, esta cifra debería aumentar a 70-100 millones de toneladas.