Geoestrategia

Guerra contra Irán, parte de una guerra occidental más amplia en frentes de resistencia interconectados

Administrator | Viernes 03 de abril de 2026
Dr. Firoz Osman *
La guerra contemporánea no se circunscribe a un único campo de batalla. Se despliega simultáneamente en múltiples frentes del mundo musulmán ampliado —Palestina, Líbano, Siria, Sudán y, ahora, Irán—.
Estas no son confrontaciones aisladas, sino teatros interconectados dentro de una lucha geopolítica más amplia por el poder, los recursos y la hegemonía ideológica.
Para comprender la actual escalada contra la República Islámica de Irán, es imprescindible situarla dentro de un arco histórico más extenso, definido por la intervención, la resistencia y la disputa por la soberanía en el mundo musulmán.
1979: el punto de inflexión
La fase moderna de confrontación con Irán se inicia con la Revolución Islámica de 1979.
La revolución popular derrocó al Shah, un monarca cuyo poder había sido consolidado mediante intervención extranjera. En 1953, un golpe de Estado orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) depuso al primer ministro democráticamente elegido, Mohamad Mosadeq, tras la nacionalización de la industria petrolera, hasta entonces dominada por intereses británicos.
El Shah, restituido en el poder, gobernó mediante la represión, ejecutada por la SAVAK, una temida policía secreta conocida por el uso sistemático de la tortura y la brutalidad.
La resistencia a este régimen respaldado por Occidente creció de manera sostenida hasta culminar en una insurrección popular que dio lugar a la revolución. El 11 de febrero de 1979 se estableció formalmente la República Islámica, alterando de manera fundamental el equilibrio de poder regional.
Irán y Palestina: ideología y alineamiento
La Revolución Islámica de 1979 marcó de inmediato un giro en las prioridades de la política exterior iraní.
En cuestión de días, Irán transfirió la antigua embajada israelí en Teherán a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Yasser Arafat se convirtió en el primer líder extranjero en visitar Irán tras la revolución, simbolizando una nueva alineación estratégica.
Ese mismo año, el fundador de la República islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, proclamó el Día de Al-Quds, una movilización global anual celebrada el último viernes de Ramadán y dedicada a la liberación de Jerusalén.
El Día Mundial de Al-Quds trasciende lo meramente simbólico: constituye un instrumento de movilización política, reafirmación ideológica y expresión global de solidaridad. Vincula las luchas locales con una visión más amplia de unidad dentro de la Umma musulmana.
El apoyo firme e inquebrantable de Irán a Palestina no se concibe como una opción diplomática, sino como una obligación religiosa e ideológica basada en la defensa de los oprimidos a escala global.
¿Por qué la Revolución de 1979 inquietó a Occidente?
La Revolución Islámica liderada por el imán Jomeini representó mucho más que un cambio de régimen: alteró la arquitectura de influencia occidental en la región.
El Shah había sido un aliado clave, garantizando el acceso occidental a los recursos energéticos, una dinámica regional favorable a sus intereses y una alineación estratégica con Israel.
Con su caída, Estados Unidos, Reino Unido e Israel perdieron uno de los pilares centrales de su orden regional.
Dos imperativos estratégicos —el control de los recursos energéticos y la protección de Israel— han moldeado históricamente la política occidental en Asia Occidental. La emergencia de una República Islámica independiente y desafiante puso en cuestión ambos.
Contención: sanciones y aislamiento
Como respuesta, Irán fue sometido a una presión económica y política sostenida por parte de las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos y sus aliados.
Durante décadas, las sanciones han sido empleadas como herramienta para debilitar a la República Islámica, limitar su influencia y erosionar el apoyo interno a su modelo revolucionario.
Este patrón trasciende el caso iraní: cualquier Estado que desafíe las estructuras dominantes del orden global se expone a la asfixia económica o a la confrontación militar.
Palestina: asedio y resistencia
Mientras Irán enfrentaba sanciones, Palestina padecía un régimen de apartheid y asedio.
Durante casi dos décadas, Gaza ha permanecido bloqueada: su población confinada, vigilada y sometida a una asfixia económica sistemática. A pesar de ello, los movimientos de resistencia palestinos desarrollaron extensas redes subterráneas que les permitieron organizarse, entrenarse y sostener su lucha por la liberación de los territorios ocupados.
El apoyo de Irán, junto con la coordinación con grupos como el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), contribuyó a la consolidación de esta infraestructura de resistencia.
Normalización árabe y traición estratégica
En paralelo al sufrimiento palestino, varios Estados árabes avanzaron gradualmente hacia la normalización con el régimen israelí, en detrimento de la causa palestina.
Países como Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán establecieron o reforzaron sus vínculos con Israel, priorizando la estabilidad de sus regímenes, la cooperación económica y las garantías de seguridad.
Este giro reflejó un cálculo más amplio: la supervivencia de las élites gobernantes por encima de la solidaridad con Palestina. La dependencia de la protección militar occidental, especialmente mediante bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, consolidó esta orientación.
7 de octubre: conmoción estratégica
El 7 de octubre de 2023, el Movimiento de Resistencia Islámica de Palestino (HAMAS) lanzó una operación a gran escala en los territorios ocupados, denominada “Tormenta de Al-Aqsa”.
Esta operación alteró supuestos arraigados sobre la invulnerabilidad militar israelí y desencadenó una escalada regional. Asimismo, reactivó una red de grupos aliados, entre ellos Hezbolá en Líbano, el movimiento popular yemení Ansarolá y diversas facciones armadas en Irak.
Esta constelación, a menudo descrita como el “Eje de la Resistencia”, evidenció una presión coordinada y multifrontal contra Israel y sus aliados regionales y extrarregionales.
¿Por qué Irán apoya a Palestina?
Aunque Palestina no figura explícitamente en la Constitución iraní, el liderazgo del país fundamenta su apoyo en principios más amplios: la defensa de los oprimidos, la oposición a la injusticia y el compromiso con la unidad musulmana.
El artículo 152 de la Constitución iraní enmarca la política exterior en torno a estos principios, proporcionando la base de su postura constante a favor de Palestina.
La narrativa de la resistencia se refuerza a través de figuras consideradas mártires, entre ellas Ahmed Yassin, Abdel Aziz al-Rantisi, Ismail Haniyeh, Yahya Sinwar, Seyed Hasan Nasralá, Qasem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, entre otros.
Estas figuras son concebidas no solo como líderes revolucionarios, sino como símbolos de resistencia.
Los relatos de sacrificio —como los que describen a Sinwar combatiendo hasta sus últimos momentos o al ayatolá Jamenei rechazando ocultarse pese a amenazas contra su vida— fortalecen la moral y legitiman la continuidad de la lucha contra lo que se presenta como una coalición israelí-estadounidense.
Liderazgo y autoridad moral
Las narrativas atribuidas a figuras como el ayatolá Jamenei subrayan un modelo de liderazgo basado en el riesgo compartido y la coherencia moral.
La premisa es clara: un líder no puede exigir sacrificios sin asumirlos.
Este enfoque se nutre profundamente de la memoria histórica islámica, en particular del legado del Imam Husein ibn Ali (P), donde la firmeza frente a la adversidad extrema se considera la máxima expresión de integridad.
Guerra, poder y futuro
La actual guerra contra la República Islámica de Irán —ampliamente considerada ilegal e injustificada— no puede reducirse a un único factor.
Refleja tensiones estructurales más profundas: entre independencia y control externo, entre resistencia y normalización, entre compromiso ideológico y pragmatismo político.
Lo que resulta evidente es que las guerras en Palestina, Irán y el conjunto de la región no son fenómenos aislados. Constituyen manifestaciones interconectadas de una lucha mayor que continuará configurando el panorama político y moral del mundo musulmán.
* El Dr. Firoz Osman es un autor y analista radicado en Sudáfrica, autor de Shattering Zionist Myths y coautor de Why Israel?.
¿Por qué coalición naval de Trump en Ormuz está abocada al fracaso?
Wesam Bahrani
Lo último que el presidente estadounidense, Donald Trump, esperaba era que lo que creía que sería un breve enfrentamiento de horas, se prolongara durante días y semanas, y luego se convirtiera en una guerra de desgaste a gran escala.
Este es un escenario que ni anticipó ni está preparado para afrontar, dadas sus consecuencias potencialmente desastrosas para su país y el mundo.
Ha quedado claro que Irán se había preparado desde hace tiempo para este enfrentamiento total y que su liderazgo estaba seguro de que ocurriría en algún momento. Convertirlo en una guerra de desgaste prolongada, tanto geográfica como temporalmente, parece ser un pilar central de la estrategia iraní para agotar a Estados Unidos, al régimen sionista y a sus aliados regionales e internacionales.
Muy rápidamente, al final de la primera semana de la guerra ilegal y no provocada contra Irán, la visión de Trump comenzó a convertirse en una pesadilla. Su plan para derrocar a la República Islámica (es decir, un cambio de régimen) mediante un primer ataque fracasó, al igual que su descabellada ambición de controlar una cuarta parte de la producción mundial de petróleo e influir en sus rutas y precios.
Ahora se enfrenta a la urgente necesidad de gestionar las consecuencias económicas globales de este fracaso. Irán ha logrado controlar de facto una ruta marítima por la que transita aproximadamente una cuarta parte del suministro mundial de petróleo. En la cuarta semana de la guerra, los precios del petróleo han superado los 112 dólares por barril.
En su primera declaración al pueblo iraní y al mundo, el nuevo Líder de la República Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, resumió este desafío en dos frases impactantes que causaron gran conmoción en la Casa Blanca.
“La voluntad del pueblo es continuar con una defensa eficaz y disuasoria”, y “la opción de cerrar el estrecho de Ormuz debe seguir siendo una posibilidad”, declaró el nuevo Líder de Irán.
Esto evidencia la voluntad de librar una guerra de desgaste prolongada que amenaza la economía global, especialmente la de Estados Unidos y sus aliados.
Ante esta difícil situación, el aumento de los costos de la guerra y las crecientes tensiones no solo entre Estados Unidos y el régimen sionista, sino también dentro de la administración Trump, según informaron medios estadounidenses y hebreos, Trump recurrió a sus aliados en busca de ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz.
Inicialmente, afirmó que varios países enviarían buques de guerra para cooperar con Estados Unidos en el mantenimiento de la seguridad y la apertura del paso de Ormuz.
Expresó su esperanza de que países como China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido desplegaran fuerzas navales para garantizar la seguridad de esta ruta marítima vital. También instó a los países que se benefician del petróleo de Asia Occidental a contribuir con fuerzas para asegurar la navegación marítima.
Al mismo tiempo, Trump anunció un ataque aéreo contra la isla iraní de Jark, en un aparente intento de convencer a estos países de que Estados Unidos aún controla la situación militar en el Golfo Pérsico.
Las declaraciones de Trump pueden interpretarse como un llamado desesperado a formar una coalición militar naval internacional bajo el liderazgo estadounidense en la región. Las implicaciones, motivaciones y objetivos de este llamado se resumen a continuación:
Primero, Estados Unidos parece haber perdido la capacidad de controlar y gestionar la guerra por sí solo, especialmente tras no lograr la victoria. Ahora intenta internacionalizar el conflicto y convertirlo en una confrontación global con Irán con el pretexto de proteger las cadenas de suministro de petróleo y el comercio mundial.
Segundo, Estados Unidos intenta eludir el derecho de Irán a controlar la navegación en el estrecho durante la guerra, internacionalizando la cuestión. Esto podría allanar el camino para la imposición de nuevas leyes marítimas bajo la presión de varios países.
Tercero, Trump cree que la participación de muchos países en una coalición naval obligaría a la República Islámica a rendirse bajo presión internacional, o al menos a aceptar un alto el fuego y entablar negociaciones sin condiciones previas, lo que le brindaría una salida a la crisis actual.
En cuarto lugar, Trump está maniobrando para evitar depender de la mediación rusa, que considera que tendría un costo, posiblemente implicando concesiones en otras áreas en las que no está dispuesto a ceder.
En quinto lugar, Trump espera que su invitación a China para unirse a la coalición sea aceptada, especialmente con una visita programada a Pekín.
En sexto lugar, está intentando alentar a los países europeos, afectados por el aumento de los precios de la energía, a unirse al esfuerzo bélico, después de que inicialmente adoptaran una postura relativamente neutral.
Las primeras respuestas provinieron de Europa, particularmente de Francia y el Reino Unido, que parecieron dividir los roles entre ellos. El Reino Unido celebró rápidamente una reunión ministerial con las monarquías del Golfo Pérsico con temas defensivos, una medida que pareció eludir el llamado de Trump a una coalición naval formal.
Los medios británicos también informaron que el Reino Unido está considerando enviar drones para detectar minas navales e interceptar drones iraníes, medidas que no constituyen una participación plena en una alianza militar.
Francia, por su parte, adoptó un enfoque diferente. El presidente Emmanuel Macron mantuvo conversaciones telefónicas con el príncipe heredero saudí y el presidente iraní, con el objetivo de impulsar los esfuerzos políticos para una solución. También solicitó a Trump que aclarara sus objetivos finales y el ritmo previsto para las operaciones. La presidencia francesa desmintió los informes que indicaban que Francia enviaría buques de guerra al Golfo Pérsico.
Japón anunció que no se apresuraría a enviar buques de guerra en respuesta a la solicitud de Trump, haciendo hincapié en su principio de larga data de tomar decisiones independientes. Asimismo, señaló que la legislación vigente dificulta considerablemente el despliegue legal de buques militares en la región.
Corea del Sur declaró que está analizando cuidadosamente la solicitud de Trump, mientras que China ignoró la petición e instó a un alto el fuego inmediato.
En general, a pesar de sus diferencias, estas respuestas reflejan una cautela compartida, una preferencia por la diplomacia, la desescalada y, en esencia, evitar los riesgos de represalias por parte de Teherán en una guerra que ha sido ampliamente reconocida como ilegal y no provocada.
Según se informa, esto ha aumentado la frustración de Trump, lo que lo llevó a posponer su visita a China y a advertir sobre graves consecuencias para la OTAN si los aliados responden negativamente.
El enfoque político de Teherán parece combinar prudencia y astucia estratégica con una firme determinación militar. Esto ha sido evidente tanto en sus esfuerzos diplomáticos antes y durante las recientes negociaciones, como en su conducta durante la guerra actual.
Como de costumbre, el liderazgo iraní comprendió rápidamente los motivos detrás de la última maniobra de Trump y respondió con varias medidas.
Una de las primeras decisiones fue permitir el paso de algunos cargamentos de petróleo por el estrecho de Ormuz con la condición de que las transacciones se realizaran, según informes, en yuanes chinos.
Esta medida busca mantener el flujo de petróleo mientras debilita el dólar estadounidense, o al menos asegurar que China continúe recibiendo importaciones de petróleo del Golfo Pérsico, no solo de Irán. Esto es particularmente significativo, ya que los Estados del Golfo Pérsico podrían verse obligados a seguir vendiendo petróleo ante el temor a una desaceleración económica tras décadas de crecimiento.
El ministro de Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, transfirió la responsabilidad a Estados Unidos al afirmar que Irán no ha cerrado el estrecho de Ormuz y que la verdadera razón por la que los barcos no navegan es la inseguridad causada por la agresión estadounidense.
Esto socava la justificación que Trump utilizó para pedir la coalición. Araqchi también dejó la puerta abierta a los países que buscan un paso seguro para sus barcos, indicando que las decisiones recaerían en las fuerzas militares iraníes.
Esto podría ser un intento de fomentar la cooperación directa en materia de seguridad con Irán en lugar de unirse a una coalición liderada por Estados Unidos, al tiempo que reitera la exigencia iraní de que las fuerzas estadounidenses abandonen la región.
Las declaraciones del exanalista de la CIA, Larry Johnson, parecen reflejar con precisión la situación actual de Trump: Trump vive en un mundo de "ilusiones" y está desconectado de la "realidad". En realidad, se está deslizando hacia la locura.
Wesam Bahrani es un periodista y comentarista iraquí.

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