Geoestrategia

El bloqueo naval de Estados Unidos es una declaración de guerra dirigida contra China y Pakistán

Administrator | Viernes 17 de abril de 2026
Como ya explicamos, la postura pakistaní de mediación no es desinteresada. El gobierno pakistaní no tiene dinero para devolver un préstamo a Emiratos Árabes Unidos y quien van a devolver el dinero es Arabia saudí y Qatar, a cambio de un despliegue militar pakistaní en el Golfo. Pakistán aspira a sustituir el papel “protector” de Estados Unidos en Oriente Medio.
El despliegue estaba ya contratado antes del inicio de las negociaciones en Islamabad y el 11 de abril, en medio de las negociaciones, se puso en ejecución: 13.000 soldados y unos diez cazas JF-17 tomaron posiciones en la base rey Abdulaziz, a pocos kilómetros del corazón petrolero saudí.
Los sudíes presentan el despliegue como una activación del Pacto de Defensa Estratégica firmado en septiembre del año pasado entre Arabia Saudí y Pakistán, cuya cláusula central así lo establece “cualquier agresión contra uno de los dos países será considerada agresión contra ambos”.
Arabia Saudí paga 5.000 millones de dólares, Qatar firma conjuntamente y Pakistán envía sus tropas para defender a ambos contra los ataques iraníes. El ministro de Defensa saudí, el príncipe Khalid Bin Salman, comentó: “Arabia Saudita y Pakistán están unidos contra el agresor”.
Irán siempre ha distinguido dos tipos de agresión. Un ataque directo de Estados Unidos (desde portaaviones o la base qatarí de Al Udeid) conduce a una respuesta contra las fuerzas estadounidenses. Pero un ataque llevado a cabo desde el territorio de un país del Golfo (Arabia Saudí, Emiratos, Bahrein) transforma a este país en un cobeligerante. Luego, Irán atacaría su infraestructura, incluido el petróleo.
Los ataques iraníes contra los países del Golfo pretenden precisamente hacerles pagar el precio de su cooperación con Estados Unidos. Es la razón por la que las monarquías del Golfo siempre se han negado oficialmente a permitir que sus bases sirvan como trampolín para una guerra contra Irán, pero hasta ahora no han podido impedir que Estados Unidos haga lo que estime oportuno.
Al trasladar 13.000 soldados y cazas JF-17 a las bases saudíes, Pakistán envía un triple mensaje:
A Irán: No seréis atacados desde este territorio, porque estamos allí. Si los estadounidenses o Israel atacan desde aquí, su respuesta nos afectará. Pero no queremos la guerra con vosotros.
A Arabia Saudí: Ya no se puede autorizar un ataque estadounidense desde su suelo sin involucrarnos directamente.
A Estados Unidos: Ya no se puede utilizar la Península Arábiga como base de retaguardia para atacar a Irán porque tendrás que enfrentargte con nosotros.
La amenaza de asesinato de los negociadores iraníes
Tan pronto como el avión de la delegación iraní entró en el espacio aéreo pakistaní, la Fuerza Aérea de Pakistán desplegó un dispositivo sin precedentes: cazas de escolta, aviones de detección avanzada AWACS y aviones de guerra electrónica. El avión iraní apagó su transpondedor (haciéndolo invisible para los radares civiles) mientras un avión pakistaní volaba junto a él con el transpondedor encendido, actuando como señuelo. La escolta tenía por objeto evitar cualquier intento de asesinato selectivo o ataque israelí o estadounidense contra los negociadores iraníes.
Un dispositivo de este tipo no se ofrece a un oponente, sino para un aliado. Demuestra que Pakistán estaba dispuesto a comprometer sus fuerzas para garantizar físicamente la seguridad de los iraníes frente a Estados Unidos e Israel.
Tres días antes de la apertura de las conversaciones de Islamabad, el Washington Post publicaba una columna pidiendo abiertamente la ejecución de los dirigentes iraníes que se habían participado en las negociaciones, en caso de que fracasaran. “Los dirigentes iraníes deben comprender que sus vidas dependen literalmente de llegar a un acuerdo negociado de acuerdo con los deseos de Trump. Si se niegan, los matarán”.
No es una opinión marginal. Refleja la escuela mafiosa de la política estadounidense. Para los iraníes, es una prueba de que sus vidas estarían en peligro si negociaban directamente con Washington, sin un mediador capaz de protegerlos físicamente.
La garantía china: los cazas JF-17
Los JF-17 no son un avión cualquiera. Está diseñado conjuntamente por Pakistán y China. Está equipado con un radar AESA y misiles chinos PL-15E, cuyo alcance supera los 145 kilómetros. El misil PL-15, al servicio del ejército chino desde 2016, alcanza Mach 4. Es su primer despliegue en el Golfo, un área históricamente bajo control militar estadounidense. Es la primera vez que se han instalado medios predominantemente chinos, no controlables por Estados Unidos o Israel, en el corazón del sistema de defensa saudí.
China es el principal aliado de Pakistán y el mayor cliente de petróleo de Arabia Saudí (alrededor de 1,6 a 2 millones de barriles por día antes de la guerra). Al mismo tiempo, el gobierno de Pekín tiene los medios para garantizar que este despliegue no resulte contraproducente para Irán.
El 9 de abril el ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, publicó y luego eliminó un mensaje agresivo contra Israel. Fue una señal dirigida a Irán y a la opinión regional: la asociación militar con Riad no significa alineación con Israel ni disponibilidad para una guerra contra Iraní. Este tipo de mensajes contribuyeron a crear un clima de confianza: “No estamos del lado de Israel, no permitiremos que nuestra alianza con Arabia Saudí se utilice en contra de Irán”.
Irán no ha denunciado el despliegue pakistaní en Arabia Saudí. Es una prueba de que Teherán ha entendido el mensaje y lo acepta. Al final de las conversaciones, el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, jefe de la delegación iraní, dijo : “Aprecio los esfuerzos del país hermano y amigo Pakistán para facilitar este proceso de negociación, y extiendo mis saludos al pueblo de Pakistán”.
El bloqueo extiende la guerra a dos potencias nucleares
Un bloqueo naval es un acto de guerra según la Resolución 3314 de la ONU y el Manual de San Remo (*). Por lo tanto, Trump ha declarado la guerra a Irán. Las bases saudíes desde las que se debería imponer, se convertirían en los primeros objetivos de una respuesta iraní, a pesar de las negaciones oficiales de Riad.
Pero el bloqueo de Trump no es sólo una medida contra Irán. Es una amenaza tanto contra China (para que deje de apoyar a Teherán) como contra Pakistán (para que renuncie a su doble juego de mediador).
China es el mayor cliente del petróleo iraní. Un bloqueo estadounidense impediría todo tránsito de petroleros a China, que está creando corredores de circunvalación, en particular a través de Pakistán y el Corredor Económico China-Pakistán. No puede aceptar la asfixia energética. Es es un riesgo de enfrontamiento directo entre Washington y Beijing.
Pakistán importa la mayor parte de su petróleo del Golfo. Sus 13.000 soldados desplegados en Arabia Saudí no son sólo un arma “en la espalda” de Estados Unidos; también son rehenes potenciales. Si el bloqueo desencadena una guerra generalizada, se cortarán los flujos de energía hacia Pakistán. Islamabad, que ya se encuentra en crisis económica, pagaría un alto precio.
Washington está jugando un juego peligroso. Un bloqueo extiende la guerra a dos potencias nucleares.
El cierre del Estrecho de Bab El Mandeb es una amenaza creíble
Si se implementa el bloqueo, Irán no dejará de responder. El 12 de abril los huthíes, aliados de Teherán, anunciaron que el Mar Rojo ya estaba cerrado total y permanentemente para usos militares estadounidenses e israelíes. En caso de una escalada estadounidense contra Irán, los huthíes volverían a participar activamente en las operaciones militares.
La amenaza de cierre del Estrecho de Bab El Mandeb es creíble. Los hutíes ya han demostrado su capacidad para atacar a los mercantes. Un cierre simultáneo de Ormuz y Bab El Mandeb reduciría las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí a cero, ya que el oleoducto este-oeste, que rodea Ormuz, conduce al Mar Rojo y casi todo sale hacia Asia a través de Bal El Mandeb. Riad se convertiría en la primera víctima colateral de la escalada estadounidense.
Esta secuencia revela una completa recomposición de las alianzas en Oriente Medio. Pakistán se establece como intermediario obligatorio entre Washington y Teherán, pero también como garante de la seguridad iraní frente a Estados Unidos. Recauda 5.000 millones de dólares de Arabia Saudí y establece su papel como potencia esencial.
Con el pretexto de defenderse, Arabia Saudí acepta esa mediación y paga para no verse arrastrada a una guerra que no puede controlar. Mientras, en silencio, China pone un pie en el Golfo con sus JF-17. No necesita bases; sus aviones vuelan bajo escarapelas pakistaníes.
Estados Unidos ha perdido el control de la región
Estados Unidos ha perdido el control y está intentando salvar las apariencias anunciando un bloqueo naval. Pero Islamabad ha mostrado algo más: la negociación decisiva no sólo enfrenta a Washington con Teherán. También se desarrolla entre Pakistán, Arabia Saudí, Irán y, en segundo plano, China.
El despliegue pakistaní en Arabia Saudí demuestra -por sí solo- que ya se ha formado un nuevo eje regional. Tamabién indica que algunos de los actores del Golfo ahora están tratando de evitar que se les imponga la guerra de acuerdo con el antiguo patrón de dependencia militar de Washington.
François Vadrot https://francoisvadrot.substack.com/p/islamabad-13-avril-2026-la-vraie
(*) El Manual de San Remo fue elaborado de 1988 a 1994 por un grupo de juristas y expertos navales que participaron, a título personal, en una serie de conversaciones para exponer el derecho internacional aplicable a la guerra marítima (https://international-review.icrc.org/sites/default/files/S0250569X0002481Xa.pdf)
Análisis: El punto final de Ormuz y la Gran Guerra de la Energía
Giuseppe Masala
Como muchos observadores habían predicho, la cumbre entre Irán y Estados Unidos en Islamabad, mediada por Pakistán, fracasó en menos de 24 horas. Algunos incluso la plantean como una estrategia útil para ambas partes para ganar tiempo y reagruparse. Si bien es difícil encontrar pruebas de ello, una cosa es segura: al anunciar el fracaso, Trump anunció a su vez el inicio de una nueva fase del conflicto que bien puede calificarse de extremadamente peligrosa. Además, la necesidad de un cambio de rumbo era evidente, dado que los bombardeos no lograron resultados concretos, ni en términos de desintegrar el régimen de los ayatolás ni de destruir su maquinaria bélica.
A pesar de los grandilocuentes anuncios de Trump, el Estado iraní ha seguido funcionando a pesar de los innumerables asesinatos selectivos dirigidos a decapitar a su clase dirigente, y su maquinaria bélica ha continuado lanzando misiles hasta el último segundo antes del alto el fuego. Todo esto a pesar de que los generales del Pentágono alardeaban en conferencias de prensa de que la Invencible Armada de las Barras y las Estrellas había destruido por completo la (decrépita) armada y la (anticuada) fuerza aérea de Irán. Sin embargo, no explicaron que la fuerza de Irán reside ciertamente no en estas especialidades, sino en su enorme fuerza de misiles y sus ciudades-estado construidas en lo profundo de las montañas, que han demostrado ser inexpugnables a cualquier bombardeo.
Por el contrario, el daño infligido a las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio y a Israel es evidente a pesar de la formidable censura. Todas las bases estadounidenses en la zona han sido bombardeadas con decenas de misiles y han quedado prácticamente inutilizadas durante años. Además, las flotas de ataque estadounidenses se han mantenido a cientos de kilómetros de la costa iraní gracias a la presencia de un gran número de misiles antibuque de largo alcance de fabricación china. Me temo que nunca tendremos confirmación oficial de los numerosos rumores que circulan sobre los daños causados ​​a los buques estadounidenses por misiles y drones iraníes, pero en cualquier caso, los almirantes estadounidenses han comprendido que lo mejor era mantenerse alejados de la costa persa.
Pero el arma clave utilizada por Irán fue el bloqueo del estrecho de Ormuz, que impidió que miles de barcos en el golfo Pérsico salieran del océano Índico. Como es fácil imaginar, esto provocó un enorme aumento en los precios de la energía, tanto del petróleo como del gas, y sobre todo —según los expertos—, corría el riesgo de obligar a las economías con un alto consumo neto de energía (Europa, India y Extremo Oriente, ante todo) a racionarla, un proceso que habría sido una repetición de los confinamientos por la pandemia. Claramente, tal situación requería que los estadounidenses desarrollaran una nueva estrategia, y para ello, necesitaban tiempo. Esto se logró rápidamente con las negociaciones en Islamabad, que (hasta ahora, al menos) han resultado un fiasco.
Apenas regresó a Washington la delegación estadounidense encargada de las negociaciones con los iraníes, Trump anunció un giro radical en el conflicto. Estados Unidos impondría un bloqueo naval a los puertos iraníes, tanto a los que bordean el Golfo Pérsico —sumando así su propio bloqueo del Estrecho de Ormuz al de Irán— como a los que limitan directamente con el Océano Índico.
Todavía desconocemos los métodos operativos que se emplearán para imponer este bloqueo. Personalmente, preveo que los estadounidenses adoptarán la estrategia ya utilizada en el Caribe contra los petroleros que salen de los puertos de la Venezuela chavista: abordar los buques y desviarlos a puertos controlados por Estados Unidos. Obviamente, esta vez las operaciones tendrían que realizarse en el Océano Índico, a una distancia segura de los misiles antibuque y drones iraníes.
La estrategia estadounidense ha generado hilaridad, sobre todo en internet, donde muchos bromearon sobre el "bloqueo del bloqueo". Pero si se analiza con detenimiento, el enfoque de Estados Unidos resulta un ejercicio desconcertante de pensamiento lateral, que opera tanto a nivel táctico como estratégico.
Tácticamente, el objetivo es privar directamente a Irán de una importante fuente de ingresos económicos, lo que debilitaría su voluntad de luchar. Cabe mencionar que, en mi opinión, esta medida resultará ineficaz, dada la enorme cohesión social y la envidiable resistencia que han demostrado los iraníes. Es mucho más interesante evaluar, tácticamente, el efecto indirecto del contrabloqueo estadounidense sobre el estrecho de Ormuz: con esta acción, los estrategas de Trump demuestran al mundo que los iraníes no tienen el control absoluto de Ormuz; si bien pueden impedir el paso a sus enemigos, no pueden obligar a nadie a pasar, ya que la Armada estadounidense los detendrá a su vez. Se trata de una especie de estrategia al estilo de «Sansón y todos los filisteos», para usar una imagen impactante.
Pero es a nivel estratégico donde el contrabloqueo de Ormuz revela su importancia. Analicemos cada punto:
1) Las petromonarquías del Golfo, formalmente aliadas de Estados Unidos, sufrirían dramáticas pérdidas económicas si el cierre del Estrecho se prolongara. Esto, aparentemente, perjudicaría a Estados Unidos, que vería afectados a sus aliados, pero en realidad, la situación es más compleja. Desde hace años, las petromonarquías intentan desvincularse de Estados Unidos, tanto mediante la creación de sus propias plataformas financieras (Dubái) y tecnológicas (por ejemplo, NEOM, diseñada por Arabia Saudí), como fortaleciendo sus relaciones con China, la superpotencia emergente, con la que los saudíes han llegado incluso a exigir que Pekín pague el petróleo en yuanes, una medida intolerable para Washington, ya que amenaza la hegemonía del petrodólar. Es evidente que entre los secretos inconfesables de la Casa Blanca se encuentra el de darles una lección a los jeques. Esto también queda patente en las palabras del «loco Donald» con su ya histórico «Bésame el culo», dirigido al príncipe heredero saudí bin Salman.
2) También se está dando una dura lección a los aliados leales del Lejano Oriente. Puede que sean leales, pero a ojos de Washington siguen siendo oportunistas. Los estadounidenses llevan años quejándose de la competencia comercial desleal no solo de Japón y Corea, sino también de Taiwán, y han intentado por todos los medios rectificar la situación allí también, incluyendo aranceles altísimos y los consiguientes acuerdos comerciales. Pero la situación no muestra signos de mejorar; la posición financiera neta de Estados Unidos es un abismo insalvable, y países como los del Lejano Oriente han acumulado sumas astronómicas precisamente en sus cuentas en el extranjero. El cierre de Ormuz representa un daño incalculable para ellos, pudiendo incluso paralizar la producción. Baste decir que en 2024, tanto Corea como Japón compraron gas y petróleo de Ormuz por valor de 80.000 millones de dólares cada uno (fuente: New York Times).
3) Por último, China, que también compró 110.000 millones de dólares en gas y petróleo del estrecho de Ormuz en 2024. Es evidente que bloquear el estrecho conlleva el riesgo de causar enormes daños económicos a Pekín, lo que podría poner en peligro su seguridad energética.
Lo que resulta cada vez más evidente es que tras la estrategia aparentemente descabellada de Trump no se esconde más que una repetición de lo ocurrido en Europa con el conflicto ruso-ucraniano: los estadounidenses lo arrasaron todo, primero con el golpe neonazi en Maidán y luego con los incesantes bombardeos sobre Zelenski en el Donbás, lo que provocó la intervención directa de los rusos. Todos conocemos el resultado: desastrosas sanciones impuestas a Rusia en beneficio de Europa, cerrando así el lucrativo mercado ruso a las empresas europeas y bloqueando el flujo de materias primas baratas que Moscú garantizaba a Europa. Por no mencionar que, hace tan solo unos meses, los estadounidenses hicieron lo mismo bloqueando la salida de petroleros de Venezuela, estrangulando de hecho al país caribeño y apoderándose así de su control.
En el caso venezolano, ya he escrito sobre la estrategia de la pitón de Trump, donde también subrayé que con la maniobra en el Caribe, Washington le estaba arrebatando a China un importante proveedor de energía.
Ahora tenemos la triple amenaza del conflicto iraní y el doble bloqueo del estrecho de Ormuz, solo que esta vez el "asesinato perfecto" de los estadounidenses va dirigido contra China, Japón, Corea y Taiwán. ¡Esta es la estrategia del aparentemente desquiciado Donald Trump!
Otro aspecto a considerar es que no se puede negar que la estrategia de bloquear las rutas de suministro energético de la competencia mediante la provocación de conflictos locales fue desarrollada de forma bipartidista por los responsables políticos estadounidenses y, por lo tanto, constituye una estrategia a largo plazo. Putin tiene toda la razón al afirmar que las elecciones no son rival para el poder fáctico estadounidense: las actitudes y los antecedentes pueden cambiar, pero el plan subyacente sigue siendo el mismo que se decidió en reuniones secretas.
En Oriente Medio, la única incógnita es si Trump se limitará a un bloqueo naval (remoto) de Irán o si también reanudará los bombardeos y, quién sabe, quizás lance una invasión terrestre, tal vez con la ayuda de algunos de sus fervientes vasallos.
Otro tema clave que Il Tempo abordará es la reacción de China ante el bloqueo de sus buques petroleros y gaseros que salen del estrecho de Ormuz. Es innegable que la situación es extremadamente peligrosa, dado que el bloqueo naval constituye un acto de guerra, y China lo está sufriendo, aunque indirectamente. El portavoz del Kremlin, Peskov, ofreció ayer una interesante respuesta inicial, también indirecta: Rusia está dispuesta a suministrar a Europa la energía que pueda necesitar... siempre que quede algo procedente de otros clientes. Y es improbable que Europa tenga suficiente si el estrecho de Ormuz permanece cerrado a China. En otras palabras, en esta inmensa guerra energética, Rusia ha decidido apoyar a China, dejando a Europa a su suerte.
Una última consideración. El New York Times publicó ayer un artículo trascendental: «Ha llegado una nueva era de guerra mundial». El análisis subraya que ambos conflictos (el ucraniano y el iraní) constituyen un escenario de competencia estratégica entre las grandes potencias, y que las acciones de una afectan a la otra y viceversa. Todos estos puntos son ciertos e importantes. Sin embargo, cabe añadir que ahora se trata del mismo conflicto, y que la interconexión fundamental reside en el control de los corredores energéticos. Lo que estamos viviendo es la Gran Guerra de la Energía, si se me permite denominarla así.

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