Política

El profundo cisma que enfrenta al Pentágono contra el Vaticano

Administrator | Miércoles 29 de abril de 2026
Thierry Meyssan
Visto desde el exterior, no se percibe la metamorfosis de Estados Unidos. En 4 meses, ese país ha cambiado de ideología política (sus dirigentes ya no son “jacksonianos”), de doctrina militar (ya no aplica la estrategia “Rumsfeld-Cebrowski”) y también ha cambiado de fe (ya no cree en el pluralismo religioso). Hoy iniciamos la publicación de un estudio sobre esta mutación, que nos obliga a revisar a fondo nuestra percepción de ese país.
El 9 de enero de 2026, el papa León XIV presentaba sus votos de Año Nuevo a los embajadores acreditados ante la Santa Sede. Aquel día declaró: «En estos tiempos, la debilidad del multilateralismo en el plano internacional es particularmente preocupante. Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos se ve reemplazada por una diplomacia a través de la fuerza, de individuos o de grupos aliados. La guerra vuelve a estar de moda y un fervor guerrero gana terreno. Se ha violado el principio establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras de otros [1]. Ya no se busca la paz como un don y un bien deseable en sí “en la búsqueda de un orden deseado por Dios, que implica una justicia más perfecta entre los hombres” [2], sino que se busca [la paz] a través de las armas, como condición para afirmar su propia dominación. Esto amenaza gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda coexistencia civil pacífica.» [3]
Aquel discurso no fue precisamente del agrado del secretario de la Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, sionista cristiano, miembro de la Comunión de las Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), la secta del pastor Douglas Wilson. Pete Hegseth venía reformando el Pentágono desde el 30 de septiembre de 2025, destituyendo oficiales que habían sido nombrados según los términos de la ideología woke y de las reglas “diversidad, equidad e inclusión” (DEI) [4].
Hegseth cuestionaba incluso el papel del grupo denominado The Family, el International Christian Leadership, en pleno corazón del Pentágono. Esta asociación de capellanes militares de todas las confesiones fue creada en 1953 por el pastor metodista Abraham Vereide y, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en la principal justificante de la guerra fría, presentada como la lucha de los ejércitos de Estados Unidos, defensores de la Fe, contra los ejércitos comunistas ateos. Hasta el año pasado, todos los jefes de estado mayor fueron miembros de la “La Familia”, al igual que numerosos políticos, no sólo estadounidenses sino también aliados [5]. Durante 73 años, tuvo como vocero al pastor Billy Graham. Fue así como Billy Graham llegó a convertirse en consejero espiritual de 12 presidentes estadounidenses, desde Harry Truman (1945-1953) hasta Barack Obama [6]. Hasta el presidente del Senado de Francia, Alain Poher (1968-1993), llegó a rezar con “The Family”.
En todo caso, el 22 de enero pasado, el secretario de la Guerra convocó al Nuncio Apostólico en Washington, el cardenal francés Christophe Pierre. En principio, sólo los ministros de Relaciones Exteriores tienen potestad para convocar al embajador de la Santa Sede. Pero no fue el secretario Hegseth quien recibió al prelado, sino su segundo, Elbridge Colby.
Ya es de público conocimiento que a Pete Hegseth le preocupa más la guerra cultural contra el movimiento woke que los asuntos militares. Su segundo a la cabeza del Pentágono, Elbridge Colby, está a cargo de la estrategia de los ejércitos estadounidense. Elbridge Colby es un católico, nieto de William Colby, quien fue director de la CIA bajo el presidente Nixon y Caballero de la Orden de Malta. Elbridge Colby desempeñó un papel central en el primer mandato presidencial de Donald Trump y es el autor de un libro titulado The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict (“La estrategia de la negación: la defensa estadounidense en la era de los conflictos entre grandes potencias”) [7], donde explica que, para ser libre, Estados Unidos tiene que impedir que otro país llegue a ser más poderoso. Elbridge Colby desarrolla en ese libro una estrategia destinada a parar el desarrollo de China, pero no haciéndole la guerra directamente sino haciéndole la guerra a sus proveedores de energía y de materias primas.
Al recibirlo, Elbridge Colby explicó a Su Eminencia Christophe Pierre que la Santa Sede debía saber desde hace mucho que Estados Unidos es su mejor aliado y que el Papa debería ser más «leal». La discusión fue subiendo de tono y Elbridge Colby llegó a recordarle al nuncio papal que, históricamente, cuando un Papa entró en conflicto con un rey de Francia, el monarca forzó la elección de un segundo Papa. En efecto, de 1378 a 1417, dos Papas, el del Vaticano y otro, asentado en Aviñón (ciudad del sur de Francia), se excomulgaron uno a otro, durante el “Gran Cisma de Occidente”. Mucho más recientemente, en la época en que las iglesias protestantes eran mayoritarias en Estados Unidos, William Colby, el abuelo de Elbridge Colby, inició, con el pastor Billy Graham, el Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial para rivalizar con el Consejo Ecuménico de Iglesias, que se había pronunciado contra la guerra de Vietnam. Esta vez, al final de su encuentro con el nuncio papal, el número 2 del Pentágono puso una pistola encima de la mesa.
Varios medios de prensa contaron la escena de maneras diferentes después de que la mencionara The Free Press [8]. La versión que yo menciono aquí es la que me contó un colaborador y amigo que desempeñó un papel en el Vaticano. El 9 de abril, en ocasión de la entrada en funciones del nuevo Nuncio Apostólico en Washington, monseñor Gabriele Caccia, el vocero de la Santa Sede, el británico Matteo Bruni, confirmó que la reunión realmente tuvo lugar, pero no quiso describirla. Sólo declaró que lo que reportaban los medios era «absolutamente falso». Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Birch, «refutó categóricamente» lo que reportaba The Free Press.
En todo caso, el Santo Padre anuló su viaje a Estados Unidos.
Las cosas siguieron empeorando poco a poco y el secretario Hegseth invitó el pastor Douglas Wilson a oficiar en el Pentágono, el 17 de febrero [9]. Pero, en un sermón de un cuarto de hora, este pastor “paleoconfederado” rezó por «el despertar del cine negro», o sea por un gran despertar del cristianismo en Estados Unidos. «Dios puede hacer lo que ama, y como deberíamos saber ahora, lo que Él ama es tomar los componentes más improbables y hacer con ellos algo glorioso. Consideren una reunión de plegaria en el Pentágono como un ejemplo posible. Muchas cosas más extrañas han sucedido.»
En los días que siguieron, las puertas del Pentágono se cerraron para “La Familia” –y también para la Iglesia católica. Desde entonces, sólo los pastores de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, la iglesia cristiana sionista del secretario Pete Hegseth, tienen acceso al Pentágono para el servicio mensual de los Ejércitos. En el servicio siguiente, el 18 de marzo de 2026, fue el secretario de la Guerra, Pete Hegsteh, quien pronunció la homilía. Hegseth rezó por las tropas estadounidenses que, según él, infligen «una acción violenta aplastante contra quienes no merecen ninguna misericordia… Lo pedimos con una confianza audaz en nombre del todopoderoso Jesucristo» [10]. Ese mismo día, el Departamento de la Guerra anunció que el número de religiones aceptadas en los ejércitos estadounidenses ya no sería 200 sino sólo 31. Además, los capellanes militares ya no portarán con el uniforme insignias correspondientes a un rango militar sino sólo insignias religiosas [11]. Parece que el secretario de la Guerra quiere que el trabajo de los capellanes se redirija hacia la propagación de la fe, no hacia los problemas personales de sus feligreses [12] y, por otro lado, a imponer progresivamente una concepción particular de la religión, rompiendo con la diversidad actual [13].
La encargada de prensa del Pentágono comentó: «Los servicios de plegaria del secretario [de la Guerra Pete Hegseth] indudablemente mejoran la moral de quienes deciden asistir a ellos y están bajo la protección de la Constitución. No existe ningún tratamiento especial ni castigo basado en la decisión de asistir o no a esos servicios de plegaria.» Sin embargo, numerosos oficiales jubilados han comenzado a pronunciarse contra esa reforma ya que consideran inaceptable que el Pentágono se vea bajo el control de una iglesia en particular, sobre todo tratándose de la secta del pastor Douglas Wilson.
El “gurú” del secretario de la Guerra es, en primer lugar, el cabecilla del “patriarcado bíblico”, razón por la cual se pronunció contra la participación de mujeres en la administración de su iglesia, incluso afirma que las Escrituras justifican la esclavitud de las mujeres. El pastor Douglas Wilson es un “reconstruccionista”, según él el regreso de Cristo tendrá lugar sólo cuando la sociedad respete ciertas leyes del Antiguo Testamento, como la aplicación de la pena de muerte para los asesinos, los idólatras, los homosexuales, los adúlteros y contra quienes se entreguen a la brujería y la blasfemia. Como “nacionalista cristiano”, el pastor Douglas Wilson predica «una fusión de la identidad cristiana y el conservadurismo cultural con la pertenencia cívica de Estados Unidos». Finalmente, en nombre de la “teología de la Alianza”, este pastor está convencido de que Cristo no vino para abolir la ley de Moisés, sino para superponerle su mensaje de amor y por eso presenta el apoyo al Estado de Israel como un deber religioso [14].
El veneno de la instrumentalización política de la religión gana terreno. El 12 de abril, el programa 60 minutes de la CBS transmitía un reportaje en el que 3 cardenales estadounidenses apoyaban las declaraciones del papa León XIV contra la guerra en Irán y la política antiinmigrantes de la administración Trump. A la mañana siguiente, el presidente Trump respondió con una verdadera declaración de guerra: «El papa León XIV es débil con la criminalidad y es terrible en política exterior. Habla de “miedo” a la administración Trump pero no menciona el TEMOR que la Iglesia católica, y todas las demás organizaciones cristianas, sentían durante el COVID, cuando se arrestaba a clérigos, ministros del culto y feligreses por haber realizado servicios en las iglesias, incluso cuando salían y estaban a 10 e incluso a 20 pies de separación [unos 2,5 metros]. Su hermano Louis me cae mejor que él, porque Louis es MAGA. ¡Ha entendido lo que León no entiende! No quiero un Papa que piensa que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piensa que es terrible que Estados Unidos haya atacado Venezuela, un país que enviaba cantidades masivas de droga a Estados Unidos y que, peor aún, vacía sus cárceles, incluso de asesinos, de traficantes de droga y de matones, en nuestro país. Y no quiero que un Papa critique al presidente de Estados Unidos porque yo hago exactamente aquello para lo que fui electo. ANTE UN DERRUMBE, yo establecí cifras récord contra la criminalidad y creando el mayor mercado bursátil de la historia. León tendría que estarme agradecido porque, como todo el mundo sabe, su elección fue sorpresiva y chocante. Él no estaba en las quinielas para ser Papa y la Iglesia lo puso ahí sólo porque era estadounidense y pensando que sería la mejor manera de tratar con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano. Desgraciadamente, León es débil con el crimen, débil con las armas nucleares, no se pone de mi parte, además de que se reúne con simpatizantes de Obama, como David Axelrod, un PERDEDOR de izquierda, que es uno de los que querían que los dueños del tiempo y los clérigos fuesen arrestados. León debería comportarse como un Papa, usar el sentido común, dejar de responder a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran Papa.»
Trump incluso publicó una imagen producida por Nick Adams, el presidente de la Foundation for Liberty and American Greatness (Fundación por la Libertad y la Grandeza de América), que muestra al propio Trump como Jesús, curando un enfermo bajo la mirada fervorosa de sus fieles y la protección de soldados y ángeles. Trump publicó esa imagen el día de la Pascua ortodoxa.
El tercer servicio religioso del nuevo “sistema Hegseth” se transmitió por YouTube el 15 de abril. Ese día, el secretario de la Guerra mencionó la “heroica” operación de salvamento de un piloto estadounidense derribado en Irán. En realidad, se trató de una operación fracasada con la que Estados Unidos trató de apoderarse del uranio enriquecido de Irán. El piloto no fue rescatado. Pero, el secretario Hegseth citó una plegaria del equipo Sandy 1 de la unidad de búsqueda y salvamento en combate. Haciendo referencia al Libro de Ezequiel, el secretario de la Guerra dijo: «El camino del hombre justo es atacado desde todas partes por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, guía a los débiles a través del valle de las tinieblas, porque es el verdadero guardián de su hermano y que encuentra los hijos perdidos. Y yo caeré sobre ti con gran venganza y furiosa cólera y sobre todos los que traten de envenenar y destruir a mis hermanos. Y sabrás que mi nombre es el Señor cuando desencadene sobre ti mi venganza.» Problema: este texto no viene de La Biblia sino de un personaje del conocido film Pulp Fiction de Quentin Tarantino.
El secretario de la Guerra cedió después la palabra al pastor Zack Randles, que realiza una plegaria anual en la Cámara de Representantes [15].
Horas después, el papa León XIV escribía en X: «¡Desdichados quienes manipulan las religiones y hasta el nombre mismo de Dios con sus propios fines militares, económicos y políticos, arrastrando todo lo sagrado a la oscuridad y la suciedad!» [16]
En definitiva, la asociación Americans United for Separation of Church and State presentó una denuncia contra el Departamento de la Guerra [17]. Según esa asociación de defensa del pluralismo religioso, lo que está sucediendo en el Departamento de la Guerra es un fenómeno en plena expansión: sesiones de plegaria como las ya descritas también tienen lugar en el Departamento del Trabajo, bajo la conducción de la secretaria Lori Chavez-DeRemer.
En Estados Unidos acaba de comenzar un “Kulturkampf”, o sea el “Combate por la Civilizacion” que el canciller del Imperio alemán Otto von Bismarck (1815-1898) puso en práctica para eliminar los vínculos entre el Imperio alemán y la Iglesia católica. Esta vez se trata de una ruptura entre Estados Unidos y la Santa Sede, precisamente en momentos en que, debido a la inmigración mexicana, la población de Estados Unidos incluye un 40% de católicos [18]. También es lo que pudiéramos llamar una “inversión de tendencia”, después del apoyo del fallecido papa Francisco al predecesor de Donald Trump, el presidente demócrata Joe Biden [19].
[1] Alusión al secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que había tenido lugar 3 días antes.
[2] Encíclica Populorum progressio, Pablo VI, 26 de marzo de 1967.
[4] “Secretary of War Pete Hegseth Addresses General and Flag Officers at Quantico, Virginia”, Departamento de la Guerra, 30 de septiembre de 2025.
[5] The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, HarperCollins, 2008; “The Christian Mafia”, Wayne Madsen, Insider Magazine.
[6] Billy Graham, pape protestant?, Sébastien Fath, Albin Michel, 2002.
[7] The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict, Elbridge Colby, Yale University Press, 2021.
[8] “Why the Vatican and the White House Are on the Outs”, Mattia Ferraresi, The Free Press, 6 de abril de 2026.
[9] “Hegseth invited Christian nationalist Doug Wilson to preach at Pentagon”, Amy B. Wang, The Washington Post, 18 de febrero de 2026.
[10] “Invoking faith in wartime, Pete Hegseth breaks norms and worries critics”, Michelle Boorstein, The Washington Post, 9 de marzo de 2026.
[11] “Hegseth Announces Reforms to Chaplain Corps”, Matthew Olay, Pentagon News, 25 de marzo de 2026.
[12] “At Pentagon Christian service, Hegseth prays for violence ’against those who deserve no mercy’”, Tiffany Stanley, The Washington Post, 25 de marzo de 2026.
[14] Is Christianity good for the world?, diálogo entre Christopher Hitchens y Douglas Wilson, Canon Press, 2008.
[15] “Guest Chaplains”, House of Représentatives.
[16] “@Pontifex_fr”, X, 16 de abril de 2026.
[17] Américains United for Separation of Church and State v. US, Civil Action No. 1:26-CV-983, District Court of Columbia, 23 de marzo de 2026.
[18] «Ominosa confrontación de Trump con el papa León XIV», por Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada (México), Red Voltaire, 16 de abril de 2026.
[19] «Joe Biden, Comendador de los ‎‎“verdaderos creyentes”‎», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 16 de febrero de 2021.
Trump el Dios
Chris Hedges*
Durante los dos años que dediqué a escribir « Fascistas estadounidenses: La derecha cristiana y la guerra contra Estados Unidos », me topé con numerosos mini-Trumps. Estos autoproclamados pastores —muy pocos con formación religiosa formal— se aprovechaban de la desesperación de sus seguidores. Estaban rodeados de aduladores y nadie podía cuestionarlos. Mezclaban realidad y ficción, difundían el pensamiento mágico y se enriquecían a costa de sus seguidores. Afirmaban que su riqueza y su ostentoso estilo de vida, con mansiones y aviones privados, eran una señal de bendición. Insistían en que estaban divinamente inspirados y ungidos por Dios. Dentro de sus círculos herméticos de megaiglesias, se sentían omnipotentes.
Estos líderes de secta prometieron usar su omnipotencia para destruir las fuerzas demoníacas que habían sembrado la miseria en la vida de sus seguidores: desempleo y subempleo, desahucios, bancarrota, pobreza , drogadicción , abuso sexual y doméstico, y una desesperación paralizante. Según sus seguidores, cuanto mayor sea el poder que posean los líderes de la secta, más seguro parecerá el paraíso prometido. Los líderes de la secta están por encima de la ley. Quienes depositan desesperadamente su fe en ellos desearían que estuvieran por encima de la ley.
Los líderes de sectas son narcisistas. Exigen adulación servil y obediencia absoluta. La afirmación del secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., de que Donald Trump podría dibujar un "mapa perfecto" de Oriente Medio, o la declaración de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, de que Trump siempre es "la persona más instruida de la sala", son solo dos de los innumerables ejemplos de la adulación ciega que exigen quienes forman parte del círculo íntimo de un líder de secta. La lealtad ciega se impone a la competencia.
Los líderes de sectas son inmunes a las críticas racionales y basadas en hechos de quienes depositan en ellos sus esperanzas. Por eso, los seguidores más fervientes de Trump no lo han abandonado ni lo abandonarán. Toda la charla sobre divisiones en el universo MAGA distorsiona la realidad de los seguidores de Trump.
Todas las sectas son cultos a la personalidad. Son extensiones de los prejuicios, la visión del mundo, el estilo personal y las ideas del líder. Trump, con su falso "escudo Trump", se deleita en un kitsch de mal gusto inspirado en Luis XVI, bañado en rococó dorado y candelabros brillantes. Las mujeres de la corte de Trump tienen " rostros de Mar-a-Lago ": labios carnosos, piel tersa y sin arrugas, implantes mamarios de gel de silicona y pómulos esculpidos, todo complementado con una cantidad exagerada de maquillaje. Usan tacones de aguja y vestidos llamativos que Trump encuentra atractivos. Los hombres de Trump, que a sus ojos se supone que son telegénicos y parecen salidos de un casting , visten como publicistas de los años 50. Usan zapatos negros Florsheim regalados por Trump , específicamente el modelo Lexington Cap Toe Oxford de 145 dólares.
Las sectas imponen códigos de vestimenta que reflejan el estilo y el gusto del líder de la secta.
Los seguidores del gurú indio Bhagwan Shree Rajneesh , también conocido como Osho, vestían túnicas rojas y naranjas, a menudo combinadas con cuellos altos y collares de cuentas. Los miembros de Heaven's Gate llevaban zapatillas Nike Decade y pantalones deportivos negros. Los hombres de la Iglesia de la Unificación, conocidos como Moonies, vestían camisas blancas impecables y pantalones planchados. Las mujeres llevaban vestidos. Parecían ir camino a la escuela dominical.
Al igual que Jim Jones, quien convenció u obligó a más de 900 de sus seguidores, incluidos 304 niños menores de 17 años, a morir ingiriendo una bebida con cianuro, Trump está cortejando agresivamente nuestro suicidio colectivo.
Trump descarta la crisis climática como un engaño. Se retira unilateralmente de acuerdos y tratados nucleares. Antagoniza a potencias nucleares como Rusia y China. Inicia guerras impulsivamente. Aleja e insulta a los aliados de Estados Unidos . Sueña con anexionarse Groenlandia y Cuba . Se embarca en una cruzada contra los musulmanes. Ataca a sus oponentes políticos como enemigos y traidores, denigándolos con insultos vulgares. Recorta programas sociales destinados a apoyar a los más vulnerables. Amplía un aparato de seguridad interna —agentes enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)— para aterrorizar a la población. Las sectas no nutren ni protegen. Subyugan, aniquilan y destruyen.
Trump despliega al ejército estadounidense sin ningún tipo de supervisión ni limitación. Por ello, preside lo que el psiquiatra Robert Jay Lifton ha denominado una «secta destructora del mundo». Lifton enumera ocho características de las «sectas destructoras del mundo» que dan lugar a lo que él llama «entornos totalitarios».
Estas ocho características son:
  • Control del entorno . Control total de la comunicación dentro del grupo.
  • Lenguaje manipulador. Se utiliza un lenguaje propio del grupo para censurar, editar y silenciar las críticas o las ideas contrarias. Los seguidores deben repetir como loros clichés vacíos y jerga sectaria aprobados por Trump.
  • Exigencia de pureza. Una cosmovisión basada en la dicotomía «nosotros» contra «ellos». Quienes se oponen al grupo están equivocados, son ignorantes y malvados. Son irredimibles. Son contaminantes. Deben ser eliminados. Cualquier acción para proteger esta pureza está justificada. El objetivo de todos los líderes de sectas es ampliar y hacer irreparables las divisiones sociales.
  • Confesión: La admisión pública de errores pasados. En el caso de los partidarios de Trump, esto incluye retractarse, como lo han hecho el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, y otros, de críticas pasadas a Trump, y admitir públicamente sus errores de pensamiento anteriores .
  • Manipulación mística. La creencia de que los miembros del grupo han sido elegidos específicamente para un propósito superior. Quienes se sienten atraídos por Trump se comportan como si hubieran sido elegidos divinamente. Se convencen de que no están obligados a aceptar las mentiras y blasfemias de Trump —ni a repetir la jerga de su secta—, sino que lo hacen voluntariamente.
  • La doctrina ante la persona. La reescritura y falsificación de la historia personal para que se ajuste a la interpretación de la realidad de Trump.
  • La supuesta santidad de la ciencia. Las absurdidades de Trump —que las temperaturas globales están bajando en lugar de subir, que el ruido de las turbinas eólicas causa cáncer y que ingerir desinfectantes como Lysol es un tratamiento eficaz contra el coronavirus— se presentan como si estuvieran basadas en la ciencia. Esta apariencia científica implica que las ideas de Trump son válidas para todos. Cualquiera que discrepe es considerado anticientífico.
  • Dispensar la existencia. Los que no pertenecen a ella son "seres inferiores o indignos". Una existencia significativa implica formar parte del culto de Trump. Quienes están fuera del culto no valen nada. No merecen ninguna consideración moral.
  • Trump no es diferente de líderes de sectas anteriores, incluidos Marshall Herff Applewhite y Bonnie Lu Nettles, fundadores de la secta Heaven's Gate; el reverendo Sun Myung Moon, líder de la Iglesia de la Unificación; Credonia Mwerinde, líder del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en Uganda; Li Hongzhi, fundador de Falun Gong; y David Koresh, líder de la secta Branch Davidian en Waco, Texas.
    Los líderes de sectas son profundamente inseguros, por lo que reaccionan con furia ante la menor crítica. Enmascaran esta inseguridad con crueldad, hipermasculinidad y grandiosidad exagerada. Son paranoicos, amorales, emocionalmente frágiles y físicamente abusivos. Quienes los rodean, incluidos los niños, son objetos de manipulación, utilizados para su propio enriquecimiento, placer y, a menudo, entretenimiento sádico.
    Las sectas se caracterizan por la pedofilia y el abuso sexual. Aquellos, incluido Trump, que frecuentaban el círculo del pedófilo Jeffrey Epstein, replicaron los abusos endémicos en las sectas.
    «Los niños del Templo del Pueblo eran frecuentemente víctimas de abusos sexuales», escribe Margaret Singer en « Cultos entre nosotros: La lucha continua contra su amenaza oculta». «Mientras el grupo aún se encontraba en California, niñas adolescentes de tan solo quince años eran obligadas a ofrecer servicios sexuales a personas influyentes cortejadas por Jones. Un líder infantil de Jonestown tenía antecedentes de abuso sexual de menores, y el propio Jones abusó de algunos niños. Si se sorprendía a un matrimonio hablando en privado durante una reunión, sus hijas eran obligadas a masturbarse en público o a tener relaciones sexuales con alguien que la familia detestaba, a la vista de toda la población de Jonestown, incluyendo niños y adultos».
    Según Singer, las sectas son "un reflejo de lo que yace en el alma de su líder".
    “No tiene frenos”, escribe refiriéndose al líder de la secta:
    Él puede dar vida a sus fantasías y deseos en el mundo que crea a su alrededor. Puede dirigir a las personas para que cumplan sus órdenes. Puede transformar el mundo que lo rodea en su mundo real. Lo que la mayoría de los líderes de sectas logran es similar a las fantasías de un niño que juega, creando un mundo con juguetes y herramientas. En ese mundo de juego, el niño se siente omnipotente y crea un reino propio durante unos minutos o unas horas. Mueve las muñecas. Ellas obedecen sus órdenes. Repiten sus palabras. Él las castiga a su antojo. Es omnipotente y hace realidad sus fantasías. Cuando veo las mesas de arena y las colecciones de juguetes que algunos terapeutas infantiles tienen en sus consultorios, pienso que un líder de secta debe observar a su alrededor y colocar a las personas en el mundo que ha creado, del mismo modo que un niño crea un mundo en la arena que refleja sus deseos y fantasías. La diferencia es que el líder de secta tiene seres humanos reales que obedecen sus órdenes mientras él crea un mundo a su alrededor que surge de su mente.
    El lenguaje del líder de la secta se basa en la confusión verbal. Mentiras, teorías conspirativas, ideas extravagantes y declaraciones contradictorias, a menudo pronunciadas en la misma frase o con minutos de diferencia, paralizan a cualquiera que intente interpretar racionalmente sus palabras. Su objetivo es el absurdo. El líder no se toma en serio sus propias declaraciones. Con frecuencia niega haberlas pronunciado, aunque estén documentadas. La verdad y la mentira son irrelevantes. El líder no intenta transmitir información ni la verdad. Busca apelar a las necesidades emocionales de sus miembros.
    «Hitler mantuvo a sus enemigos en un estado de confusión constante y agitación diplomática», escribió Joost AM Meerloo en « La violación de la mente: La psicología del control del pensamiento y el mentalismo ». «Nunca sabían qué haría este loco impredecible. Hitler nunca fue lógico, porque sabía que eso era lo que se esperaba de él. La lógica se puede refutar con lógica, pero la ilogicidad no: confunde al pensador racional. La gran mentira y el sinsentido repetido monótonamente tienen un mayor impacto emocional en una Guerra Fría que la lógica y la razón. Mientras el enemigo aún busca un contraargumento razonable a la primera mentira, los totalitarios pueden atacarlo con otra».
    No importa cuántas mentiras meticulosamente documentadas haya dicho Trump. No importa que haya usado su presidencia para enriquecerse en aproximadamente 1400 millones de dólares el año pasado, según Forbes. No importa que sea inepto, perezoso e ignorante. No importa que vaya de desastre en desastre, desde los aranceles hasta la guerra contra Irán.
    La clase dirigente tradicional, cuya credibilidad ha quedado destrozada por la traición a la clase trabajadora y su sumisión a la clase multimillonaria y las corporaciones multinacionales, tiene escaso poder sobre los seguidores de Trump. Su odio no hace sino aumentar su popularidad. Los cultos políticos son los hijos ilegítimos de un liberalismo fallido. El índice de aprobación de Trump ronda el 40% al 20 de abril —según un promedio de varias encuestas recopiladas por el New York Times—, pero su base permanece inmutable.
    El Partido Demócrata, en lugar de centrarse en la desigualdad social y el abandono de la clase trabajadora —que él mismo contribuyó a orquestar—, ha visto en los recortes de impuestos la vía para recuperar el poder. Una vez más, reducirá nuestra crisis social, económica y política únicamente a la personalidad de Trump. No ofrecerá reformas para solucionar el fracaso de nuestra democracia. Esto es un regalo para Trump y sus seguidores. Al negarse a reconocer su responsabilidad por la desigualdad y a proponer programas para aliviar el sufrimiento que ha causado, los demócratas caen en el mismo tipo de pensamiento mágico que los fanáticos de Trump.
    No hay salida a esta disfunción política a menos que surjan movimientos populares que paralicen al gobierno y al aparato económico en nombre de un pueblo traicionado. Pero el tiempo se acaba. Trump y sus secuaces están decididos a invalidar o cancelar las elecciones de mitad de mandato si presienten una derrota. Si eso ocurriera, el culto a Trump se volvería inexpugnable.
    *Periodista galardonado con el Premio Pulitzer, fue corresponsal extranjero de The New York Times durante quince años, donde ocupó el cargo de editor sénior para Oriente Medio y los Balcanes.

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