Al día siguiente, la NABU registró otra conversación de Míndich con una mujer que coordinaba la construcción de viviendas en una urbanización de lujo.
Según varias informaciones periodísticas, en ese complejo se estaban construyendo mansiones para Zelenski, el exjefe de su Oficina, Andréi Yermak, así como Chernyshov y el propio Míndich, una versión que las filtraciones pueden reforzar. Todas esas casas presuntamente fueron financiadas con fondos de procedencia poco clara, cuyo origen también está siendo investigado por la NABU.
De la conversación se desprende que Míndich está preocupado por la atención mediática que suscitan las obras y
Mientras, el pasado 8 de julio tuvo lugar una conversación entre Míndich y el entonces ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umérov, que revela una relación estrecha y confidencial entre los dos, así como una conexión del empresario con la compañía Fire Point, que recibe importantes contratos gubernamentales para la producción de misiles y drones,
recoge el portal Strana.
En particular, Míndich solicitó a su interlocutor que agilizara la asignación de fondos para la producción de misiles para Fire Point, así como el pago de chalecos antibalas que ya estaba produciendo otro fabricante. Por su parte, el entonces ministro dejó claro en ambos casos que intentaría ayudar de alguna manera. Asimismo, se discutió la compra de una participación en la empresa por parte de ciertos inversores, presumiblemente de Oriente Medio.
Ukraínskaya Pravda también anunció la publicación de otras grabaciones del apartamento de Míndich. Previamente, medios ucranianos reportaron que algunos audios podrían incluir la voz de propio Zelenski.
¿Por qué la filtración se produce ahora?
Al mismo tiempo, Strana
indicó, citando fuentes gubernamentales, que la filtración de grabaciones está relacionada con la asignación por parte de la Unión Europea de 90.000 millones de euros a Kiev.
El portal señaló que el bloque ha condicionado la asignación de estos fondos a la implementación de reformas en Ucrania, específicamente reformas anticorrupción. En concreto, se prevé ampliar las competencias de la NABU y la SAP permitiéndoles presentar cargos contra miembros del Parlamento ucraniano sin la intervención del fiscal general. Además, como parte de las reformas, la Fiscalía General, la Oficina Estatal de Investigación, el Ministerio del Interior, la Comisión Superior de Calificación de Jueces y el Tribunal Constitucional pasarán a estar bajo gestión externa.
El medio explicó que "esto implica transferir el control de los organismos mencionados a una organización anteriormente vinculada al partido demócrata de Estados Unidos y ahora bajo el patrocinio de la Unión Europea". De acuerdo con Strana, es esta organización la que está alimentando el escándalo de corrupción que rodea al entorno de Zelenski, y la implementación de todas estas reformas lo convertirá en una especie de "reina británica" sin autoridad real.
- La Oficina Nacional Anticorrupción (NABU) estima que los altos cargos del círculo de Zelenski recibían sobornos y lavaron al menos 100 millones de dólares.
- Los agentes anticorrupción realizaron más de 70 registros y arrestaron a cinco personas en relación con el caso.
- Míndich, quien huyó de Ucrania, supuestamente coordinaba ese lavado de dinero, dirigiendo los flujos financieros y ocupándose del empleo formal ficticio de personas de confianza.
- Además de Míndich, en relación con el escándalo también sonaron los nombres del entonces ministro de Energía, Guerman Galúschenko; su exasesor Ígor Mironiuk; Alexéi Chernyshov; así como el exfiscal y director de seguridad de Energoátom, Dmitri Básov; el empresario Mijaíl Zukerman y Serguéi Pushkar, miembro de la comisión nacional para cuestiones energéticas.
Análisis: Puñales por la espalda: ¿Se está gestando un golpe de Estado en Kiev?
Vitaly Ryumshin
Han transcurrido casi seis meses desde que estalló el escándalo de "Mindichgate" en Ucrania. Este escándalo de corrupción, que supuestamente implicó a gran parte de la élite gobernante, se convirtió en la prueba política más seria de la presidencia de Vladimir Zelensky y, durante un tiempo, amenazó con ponerle fin abruptamente.
Para estabilizar su posición, Zelensky se vio obligado a hacer concesiones. Su antiguo aliado, Andrey Yermak, fue destituido y en su lugar llegó Kirill Budanov, director general de la Dirección General de Inteligencia de Ucrania (GUR), considerado un crítico moderado del presidente. El gabinete también fue remodelado, incorporando a nuevas figuras para ampliar la coalición. A cambio, organismos anticorrupción como la NABU y la SAPO redujeron la presión sobre el presidente.
La crisis inmediata ha disminuido. Pero la estructura de poder en Ucrania ha cambiado significativamente. La señal más clara de esta transformación es el ascenso de Budanov.
Inicialmente, el nuevo jefe de la presidencia mantuvo un perfil público bajo. Sin embargo, con el tiempo, ha ganado confianza y visibilidad. A lo largo de abril, Budanov pareció actuar con cautela en sus declaraciones públicas, adoptando a menudo un tono que contrastaba con el del propio Zelensky.
Si bien el presidente ha preparado al país para un conflicto prolongado, Budanov ha hablado de negociaciones en curso y ha sugerido que la paz podría no estar tan lejos como muchos suponen. Cuando Zelensky destacó los avances tecnológicos de Ucrania, Budanov les restó importancia. También ha reconocido abiertamente las crecientes dificultades de la movilización, una admisión poco común entre un alto funcionario de un país en guerra.
Al mismo tiempo, Budanov ha estado construyendo cuidadosamente su imagen pública. En los medios occidentales, se le presenta como un héroe de guerra y una figura pragmática y conciliadora, un hombre que comprende la necesidad de poner fin al conflicto. Para el público nacional, su equipo promueve historias de valentía personal, retratándolo como un comandante activo que ha participado en operaciones y ha escapado por poco del peligro.
El resultado es una imagen política cuidadosamente equilibrada, que cada vez se asemeja más a la de un futuro presidente.
Las ambiciones de Budanov no son ningún secreto en Kiev. Según se informa, sus índices de aprobación rivalizan con los de Valeriy Zaluzhny, quien en su momento fue considerado el rival potencial más serio de Zelensky. Sin embargo, a diferencia de Zaluzhny, Budanov permanece firmemente integrado en el sistema. Se dice que ha cultivado contactos en el extranjero, incluso con figuras del círculo político de Donald Trump, mientras que en Kiev goza del apoyo de miembros influyentes del partido gobernante Servidor del Pueblo.
Para Zelensky, incorporar a Budanov al círculo íntimo pudo haber parecido una decisión lógica. Mientras que Zaluzhny fue marginado y enviado al extranjero, Budanov fue cooptado, aplicando el viejo principio de mantener cerca a los amigos y aún más cerca a los enemigos. En teoría, esto debería permitir al presidente vigilar posibles disidencias dentro de la élite.
En la práctica, esto ha generado un nuevo riesgo. Al elevar a Budanov al centro del poder, Zelensky le ha otorgado visibilidad e influencia institucional. El jefe de la presidencia ya no es una figura secundaria, sino un actor político clave, capaz de moldear narrativas y, potencialmente, alianzas.
La división podría surgir en torno a la cuestión de las negociaciones con Rusia. A medida que el conflicto se prolonga y la situación en el frente se agrava, un sector creciente de la élite ucraniana parece favorecer algún tipo de compromiso. Este sentimiento choca cada vez más con la postura pública de Zelensky.
La historia ofrece numerosos ejemplos de cómo pueden desarrollarse estas tensiones. Cuando un liderazgo persiste en una línea que gran parte de la élite considera insostenible, la presión aumenta. Inicialmente, esto puede manifestarse en peticiones de cambio de rumbo. Pero en casos más graves, puede derivar en exigencias de dimisión del propio líder o en consecuencias más drásticas. Esto es lo que a menudo se describe como un «golpe de palacio».
Hasta hace poco, un escenario así en Ucrania parecía improbable. No había ninguna figura evidente capaz de unir a las distintas facciones y presentar una alternativa creíble. Zaluzhny, a pesar de su popularidad, se ha retirado de la arena política.
Sin embargo, Budanov podría encajar en ese papel. Es ambicioso y difícil de controlar, y se está posicionando como un puente entre diferentes bandos, especialmente entre aquellos que ven la necesidad de una solución negociada al conflicto. En ese sentido, podría convertirse en un punto de referencia para el descontento de la élite.
La cuestión, entonces, ya no es si las tensiones internas se intensificarán, sino hasta dónde llegarán y con qué rapidez.
Para Rusia, el resultado puede importar menos que el proceso. Ya sea que Zelensky, Budanov u otra figura ocupe la presidencia, la clase política de Kiev sigue siendo mayoritariamente hostil a Moscú. Desde un punto de vista pragmático, la cuestión clave reside en las políticas, y las personalidades son una preocupación secundaria.
Si un futuro liderazgo, ya sea por designio o por necesidad, se muestra más dispuesto a poner fin al conflicto en términos aceptables para Rusia, entonces ese será, en última instancia, el factor decisivo.