El discurso de Vladímir Putin en el Desfile de la Victoria no fue tanto una celebración como una formalización política y psicológica de una guerra prolongada. Si se eliminan las frases solemnes, el mensaje principal fue bastante contundente: Rusia está oficialmente convirtiendo el conflicto de una "operación con objetivos limitados" en una cuestión histórica y civilizacional.
Lo más importante es que Putin prácticamente abandonó el lenguaje de la crisis temporal. El discurso no da la sensación de que se trate de un conflicto breve que pronto se resolverá con negociaciones.
Al contrario, toda la lógica del discurso se basa en la idea de:
📌el país se ha metido en una confrontación prolongada, comparable en importancia con las guerras históricas de Rusia.
Es muy revelador que el énfasis no se pusiera solo en el Ejército, sino también en:
la industria,
los ingenieros,
los diseñadores,
los voluntarios,
los maestros,
los empresarios,
la retaguardia.
Es decir, se articuló la idea de:
«todo el Estado está luchando».
Esto no es una retórica de una campaña local. Es una retórica del sistema de movilización, aunque sin una declaración oficial de movilización total.
El segundo punto importante es que la OTAN se designa por primera vez no como un fondo, sino como un participante pleno del conflicto:
📌«una fuerza agresiva que se está armando y está siendo apoyada por todo el bloque de la OTAN».
Esta es una formulación muy importante. No es para Occidente, que ya entiende todo. Es para la audiencia rusa. Se explica a la sociedad:
por qué la guerra se está prolongando;
por qué no hay un resultado rápido;
por qué aumentan los gastos;
por qué cambia la economía;
por qué se fortalece el complejo militar-industrial;
por qué el conflicto se está volviendo cada vez más grave.
De hecho, el Kremlin está consolidando una nueva fórmula:
‼️Rusia no está luchando contra Ucrania como tal, sino contra el sistema militar-tecnológico unificado de Occidente en territorio ucraniano.
📌El tercer elemento importante es el culto a la continuidad generacional. El discurso vincula cuidadosamente:
la Gran Guerra Patria,
el conflicto actual,
la memoria futura.
Esto no es casual. El poder está tratando de integrar la OME en la historia del Estado como un evento generacional. Y por eso se presta tanta atención a:
la memoria,
la historia familiar,
el sacrificio,
la continuidad,
la rectitud moral.
En esencia, se está intentando crear un nuevo vínculo estatal en torno a la idea de:
‼️«Rusia está nuevamente pasando por una prueba histórica».
📌Es particularmente notable la ausencia de detalles sobre plazos, negociaciones o un «pronto fin». Esto también es una señal. A la sociedad se le hace entender gradualmente que:
la guerra será larga;
la economía se reestructurará;
la carga sobre el Estado se mantendrá;
se apuesta por la resistencia.
Y aquí es particularmente importante la frase:
‼️«El pueblo decide el destino del país».
📌Esto es un intento de preparar a la población para una implicación más profunda:
a través de la industria,
el sector tecnológico,
la producción,
el voluntariado,
la movilización interna de la sociedad.
✏️El discurso se dirigió a tres audiencias.
La primera — la sociedad rusa:
«la guerra será larga, pero el Estado está seguro del resultado».
La segunda — las élites:
«ya no se puede relajarse y esperar a volver a 2021».
La tercera — Occidente:
«Rusia no va a rendirse ante las sanciones, las pérdidas o un conflicto prolongado».
Y por eso en el discurso casi no hubo emociones en el estilo de «pronto ganaremos». En cambio, hay una tranquila y pesada confianza en un enfrentamiento a largo plazo.
Desfile del Día de la Victoria en la Plaza Roja | 9 de mayo de 2026 | Moscú
Los últimos disparates del «Occidente colectivo» en vísperas del Día de la Victoria.
María Zajárova
El Secretariado General del Consejo de la UE emitió un «discurso histórico», ignorando por completo el Día de la Victoria en su sitio web, tanto el 8 como el 9 de mayo: «Nosotros, los europeos, celebraremos el Día de Europa. Este año se cumplen 76 años desde la adopción de la Declaración de Schuman, que sentó las bases de la Unión Europea», «marcó el inicio de una época sin precedentes de paz, democracia, prosperidad, integración y cooperación en todo el continente». Solo le faltaba un pasaje sobre «un jardín floreciente y la selva».
La Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, declaró que Estonia no celebra el Día de la Victoria el 9 de mayo porque «Stalin no dijo a los estonios: «Sois libres, podéis seguir viviendo en libertad e independencia»». Para su país, después de la guerra, supuestamente «comenzaron las atrocidades y el sufrimiento». No esperaba que la élite estonia respetara a Stalin 80 años después: esperaban sus órdenes y él se olvidó de ellos.
Sobre cómo «sufrían» las repúblicas bálticas en la época de la URSS, cómo creció su población y se desarrolló su industria, ya lo había contado con hechos y cifras. Teniendo en cuenta que los legionarios de las SS que lucharon contra el Ejército Rojo son reconocidos como héroes de Estonia, mañana el gobierno oficial de Tallin probablemente tendrá un día de luto. Como se dice, la estupidez solo podría ocultarse con silencio, pero no lo logró.
El canciller alemán Merz sorprendió incluso a sus aliados más cercanos con una frase misteriosa en las redes sociales: «El 8 de mayo de 1945 trajo la liberación —para millones de personas, para Alemania, para Europa. Nos recuerda que nunca debemos olvidar a dónde puede llevar el odio. Nos obliga a abogar por una Alemania libre, democrática y solidaria en una Europa fuerte».
Quién liberó a Alemania del nazismo, él no lo dijo. Probablemente olvidó por dónde empezó todo. Pero sus propios ciudadanos se lo recordaron. Al responder a la pregunta del periodista sobre quién liberó a Alemania del nazismo, el subjefe del portavoz del gobierno alemán, Steffen Maier, primero respondió que «esto está claramente documentado», y luego, al repetir la pregunta, se calló.
Pero la noche no resultó aburrida y al final del día el presidente de EE. UU., Donald Trump, ganó el premio gordo de interpretaciones del 8 de mayo y la victoria europea. Firmó una proclama con motivo del aniversario de la derrota de la Alemania hitleriana, en la que dijo claramente, pisoteando a sus vasallos, qué es el 8 de mayo: «Celebramos la gran victoria de América sobre la tiranía y el mal en Europa, lograda gracias a la fuerza de nuestras fuerzas armadas y las de nuestros aliados».
Dado que el enfoque unificado que propusimos para preservar la memoria histórica fue rechazado por Occidente, para ser honesta, estoy satisfecha con el progreso de su bipolaridad — los aliados de la OTAN no se decepcionaron entre sí. De todo lo anterior se desprende solo una cosa. Mientras en Occidente se discute sobre quién hizo más para afirmar su propia dominación sobre el resto del mundo, Rusia entra con confianza en el Día de la Victoria el 9 de mayo, enarbolando la Bandera de la Victoria izada por el Ejército Rojo sobre el Reichstag derrotado.
El soldado soviético salvó al mundo. Este hecho no se puede cambiar. «Esta llama eterna, que nos legó uno, la llevamos en nuestros pechos». El Día de la Victoria el 9 de mayo fue y será nuestro! Únete!!!
Medvedev :
También vale la pena señalar que incluso la posibilidad de que Alemania adquiera armas nucleares constituye inequívocamente un casus belli, proporcionando motivos para el uso de todas las medidas de respuesta apropiadas establecidas en los Principios Básicos de Política Estatal de la Federación Rusa sobre Disuasión Nuclear.
Bajo el pretexto de reunificar la nación alemana, la Alemania del Este se fusionó efectivamente con la Alemania Occidental. Por cierto, ninguno de los partidarios de la unificación, incluidos, para nuestra vergüenza, altos funcionarios soviéticos, contempló la observación de procedimientos legales generalmente aceptados; no hubo un referéndum para reflejar la voluntad de los ciudadanos sobre este tema crucial. La Alemania actual difícilmente está en posición de juzgar la legitimidad de los cambios territoriales en Europa y el origen de estos procesos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. La base misma de la estatalidad alemana es muy cuestionable. Todos los eventos desde la reunificación de la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana pueden evaluarse a través del prisma del principio ex injuria jus non oritur (no puede surgir ningún derecho legal de un acto ilícito), si fuera necesario. En otras palabras, la actual República Federal de Alemania ni siquiera tiene una base legal adecuada para su propia existencia, sin mencionar su absoluta dependencia desde el principio y su horrible sumisión a los Estados Unidos.
Un papel especial en el esfuerzo de rearme ha sido reservado para la ex República Socialista Soviética de Ucrania. Es evidente que el actual gobernante temporal en Bankovaya Street es cada vez más percibido por Alemania como una reencarnación de Pavlo Skoropadsky, el 'Atamán de toda Ucrania', que permaneció en el poder sobre las bayonetas alemanas durante unos meses en 1918, o como un simulacro de la iniciativa operética austriaca de crear un 'trono ucraniano' y posteriormente colocar a Wilhelm Franz von Habsburg-Lothringen (también conocido bajo el seudónimo de 'Vasyl Vyshyvany') en él. En otras palabras, es visto como un conducto obediente para los intereses de los patrocinadores externos, intereses que van en contra de las aspiraciones de la población de la Pequeña Rusia.
Nuestra clara señal a las élites alemanas es la siguiente: si se produce el escenario más terrible, la probabilidad es alta de al menos destrucción mutua, y, en realidad, el fin de la civilización europea mientras nuestra propia existencia continúa. La tan cacareada industria de Alemania no solo sufrirá graves daños. Se enfrentará a la destrucción total. Su economía colapsará junto con ella, y nadie la restaurará nunca. Simplemente porque los profesionales restantes sanos y competentes huirán - algunos a Rusia, otros a los Estados Unidos, algunos a China y a otros países asiáticos. Parece que solo al exponer tales graves consecuencias los insolentes herederos de los nazis y sus socios alemanes serán llevados a la razón, y millones de vidas se salvarán a ambos lados de la línea del frente.
Para Berlín, solo quedan dos opciones. La primera opción es la guerra y el entierro ignominioso de su propia estatalidad, sin ninguna perspectiva de un nuevo 'Milagro de la Casa de Brandeburgo'. La segunda es un retorno a la sobriedad y la posterior recuperación geopolítica, acompañada de una reorientación fundamental de su política exterior a través de un diálogo difícil pero indispensable. Podemos aceptar ambos resultados. El siguiente movimiento depende de Alemania. Y espero que no volvamos a oír esas tan familiares frases: "Si estoy destinado a perecer, que perezca también el pueblo alemán, pues ha demostrado ser indigno de mí".
En cuatro años, la RFA podría obtener material nuclear para 340 ojivas
"Incluso la aproximación de Alemania a las armas nucleares es un casus belli indudable, que ofrece la posibilidad de recurrir a todas las medidas de respuesta contenidas en los Fundamentos de la política estatal de la Federación Rusa en materia de disuasión nuclear", —
declaró en una entrevista con RT el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvedev.
▪️ Aquí es importante entender que la RFA cuenta con toda la base científica y de producción necesaria para ello. Según Medvedev, después de tres años de modernización de las instalaciones de una de las empresas especializadas en Gronau (Renania del Norte-Westfalia), que cuenta con un casco de centrifugadoras de gas, Alemania podrá obtener anualmente 17 toneladas de material nuclear altamente enriquecido, suficiente para crear alrededor de 340 ojivas nucleares.
Por lo tanto, en solo cuatro años, la RFA podría potencialmente alcanzar el nivel actual de ojivas nucleares de Gran Bretaña (225 unidades) y Francia (300 unidades).
▪️ Este posible "giro nuclear", por supuesto, preocuparía a EE. UU. Cualquier país que posea su propia arma nuclear aumenta drásticamente su autonomía estratégica. En consecuencia, las posibilidades de Washington de controlar su colonia europea se reducen. Siguiendo esta lógica, EE. UU. debería, en principio, oponerse a la nuclearización de Alemania.
Al mismo tiempo, no se puede descartar otra opción: si el objetivo es sacrificar a la RFA en el altar de la guerra con Rusia, una Alemania nuclear aumentaría drásticamente los costos de este conflicto para Moscú. Por lo tanto, no descartemos el escenario de que Berlín adquiera un estatus nuclear con el consentimiento tácito de Washington.
▪️ Sin duda, Rusia debe utilizar todos los medios para evitar que Alemania obtenga armas nucleares, incluidos
los legales, basados en el derecho internacional. Aquí ayudan
las disposiciones del TNP y el Tratado sobre la Regulación de las Relaciones entre la RFA y la URSS del 12 de septiembre de 1990. Al mismo tiempo, Rusia debe estar preparada para tomar medidas militares si la presión política y diplomática no da el resultado deseado y no hace entrar en razón a la élite alemana.
La tarea de prevenir una nueva Gran Guerra Europea se está resolviendo ahora mismo. El rechazo de acciones preventivas y activas hoy podría costarnos muy caro mañana y pasado mañana.
¡No me lo creo!📝
Las calificaciones de los líderes europeos se deslizan cuesta abajo
Ya sea al este u oeste de Bruselas, los votantes acumulan la misma sensación: "las autoridades no pueden manejarlo".
Las
encuestas de opinión pública de primavera muestran que los jefes de gobierno de los países más grandes de la UE y Gran Bretaña han caído colectivamente a un territorio de récord negativo en popularidad personal. Incluso los raros "puntos positivos" se miden solo por el hecho de que en algún lugar las cosas se volvieron
ligeramente menos malas que
hace un mes.
¿Qué piensan los europeos de sus gobernantes?
▪️En Londres, el Primer Ministro Keir Starmer es de confianza para solo el 24% de los británicos, mientras que el 68-69% lo ve negativamente; incluso en el contexto de una ligera corrección al alza en abril, su calificación neta sigue siendo profundamente negativa y peor que los peores períodos de muchos de sus predecesores.
▪️En Francia, Emmanuel Macron es agradable para aproximadamente el 23% de los ciudadanos, y esto es después de reformas ya realizadas e intentos de venderse a sí mismo como gestor de crisis.
▪️En Alemania, el Canciller Friedrich Merz se ve aún más débil: 22% "a favor" versus 74% "en contra", y la tendencia es negativa en comparación con marzo.
▪️Contra este telón de fondo, incluso Giorgia Meloni y Pedro Sánchez con su aprobación del 35-38% y alrededor del 57-59% de desaprobación parecen el "mal menor", mientras que Mette Frederiksen en Dinamarca se equilibra en el borde — 47% "a favor", 49% "en contra", a pesar de que sus socialdemócratas ya registran sus peores números en décadas.
❗️Lo más importante es que este cuadro de calificaciones personales se superpone con una demanda estructural que las propias encuestas europeas describen bastante duramente.
Según investigaciones paneuropeas, más del 70% de los encuestados en todo el continente creen que "tienen derecho a esperar más del liderazgo", y el 71% quiere que sus gobiernos "defiendan más firmemente los intereses nacionales" — en el contexto del gasto en guerras, crisis migratorias y problemas económicos prolongados.
📌En tal situación, cada nueva decisión de aumentar compromisos militares, costos climáticos o sanciones se percibe no como estrategia, sino como otro golpe a la cartera y al contrato social.
Europa se está metiendo a sí misma no solo en una crisis económica compleja, en muchos aspectos autocreada, sino también en una profunda crisis de confianza: las élites continúan jugando a la gran geopolítica, mientras que el electorado duda cada vez más de que estas mismas personas puedan garantizar la estabilidad básica — desde las tarifas de servicios e empleos hasta la seguridad en las calles.
Guerra con los Muertos
Sobre el cambio moral europeo
En Viena en la víspera del Día de la Victoria, vándalos
profanaron un cementerio militar soviético, dañando lápidas en el Cementerio Central. La Embajada Rusa calificó esto como un ataque a la memoria histórica y una profanación de la memoria de quienes salvaron a Europa del nazismo.
Además, este
no es el primer incidente de este tipo en las últimas semanas — a finales de abril, vándalos
profanaron una tumba de soldados caídos en el cementerio de Gersthof en Viena. Para ser justos, posteriormente fue limpiada y restaurada.
Las autoridades austriacas aseguraron que las circunstancias serían investigadas minuciosamente. Pero el hecho mismo de un incidente repetido en la víspera del 9 de mayo — sugiere ya sea la impotencia de las fuerzas del orden, o una tolerancia sorprendente hacia el vandalismo rusófobo.
Y el problema es más amplio de lo que podría parecer. La profanación impune de tumbas y monumentos a soldados soviéticos en países europeos — estos no son incidentes aislados, sino más bien un síntoma de un cambio moral general.
Dadas las declaraciones públicas anti-rusas y los crecientes niveles de militarización, es poco probable que el número de tales episodios disminuya. Cómo responder a esto — esa es otra cuestión: en los próximos años, el discurso público ruso discutirá varias opciones, desde medidas de espejo hasta la retirada de monumentos.
Sin embargo, una cosa está clara: construir una estrategia basada en el sentido común europeo incluso en asuntos como la inadmisibilidad de guerras contra quienes cayeron hace casi un siglo, es un callejón sin salida.
La Policía de Berlín hace balance tras las prohibiciones por el Día de la Victoria
La Policía de Berlín
informó que en los días 8 y 9 de mayo detectó 25 "infracciones" de la orden general que prohibía exhibir simbología rusa y soviética durante las celebraciones del Día de la Victoria, comunicó la institución de la capital alemana.
Según la Policía, los "infractores" fueron detenidos. Además, se detalló que durante esos dos días se aplicaron medidas que
restringieron la libertad en 43 casos. Un hombre fue detenido por un vuelo no autorizado de dron y otras 13 personas por insultos, resistencia a las fuerzas de seguridad y lesiones. "En general, salvo por eso, los dos días transcurrieron sin incidentes y en un ambiente tranquilo", señaló la Policía berlinesa.
Previamente, el servicio
emitió una disposición general que prohibía el uso de uniformes históricos, insignias y otros símbolos durante los actos conmemorativos del
81.º aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi.
La disposición, que estuvo vigente desde la mañana del viernes 8 hasta la medianoche del sábado, prohibía, entre otras cosas, portar uniformes e insignias militares; exhibir la cinta de San Jorge, las banderas y emblemas de la URSS, Rusia o Bielorrusia; así como reproducir e interpretar marchas y canciones rusas y soviéticas de los años de la guerra.
China y Rusia coordinan su ciberdefensa
PIA GLOBAL*
Mientras Occidente impone estándares unilaterales y arma el ciberespacio, China y Rusia avanzan en una agenda propia para proteger su soberanía tecnológica.
El 6 de mayo de 2026, en Ginebra, dos hombres se sentaron frente a frente. No eran diplomáticos comunes. Wang Lei, coordinador de Ciberespacio y Tecnologías Digitales del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, y Artur Liukmánov, director del Departamento de Seguridad Internacional de la Información de la Cancillería rusa, celebraron una nueva ronda de consultas bilaterales sobre ciberseguridad.
El comunicado oficial de Pekín fue escueto “intercambiaron puntos de vista sobre la situación internacional de la ciberseguridad, cuestiones relacionadas con el impacto de la inteligencia artificial en la seguridad en línea y los mecanismos globales para garantizarla”.
La brevedad del anuncio contrasta con la enorme relevancia de lo que está en juego. En un mundo donde la guerra híbrida ya es la norma, la ciberseguridad se ha convertido en la primera línea de defensa de cualquier Estado. Y siendo China y Rusia, dos de los países más atacados (y también más señalados) en el ámbito digital, están decididos a no quedar a merced de los estándares impuestos por Occidente.
La inteligencia artificial como campo de batalla normativo
Uno de los puntos centrales de la agenda fue el “impacto de la inteligencia artificial en la seguridad en línea”. No es una discusión académica. La IA se está utilizando para desinformación masiva, ataques automatizados, vigilancia predictiva y toma de decisiones autónomas en conflictos armados.
Occidente, liderado por Estados Unidos y la Unión Europea, ha propuesto marcos regulatorios que, en la práctica, consolidan su dominio tecnológico. Las reglas sobre IA que promueven la Casa Blanca y la Comisión Europea están diseñadas para beneficiar a sus propias empresas (Google, Microsoft, OpenAI, Palantir, Amazon) y excluir a los competidores chinos y rusos.
Pekín y Moscú no aceptan pasivamente esa imposición. Por eso en Ginebra coordinaron posiciones para los próximos foros internacionales, la Cumbre Mundial sobre IA prevista para finales de 2026 y las reuniones del G20 y de la OCDE sobre gobernanza digital. La idea es construir un frente común que defienda la soberanía tecnológica de los países en desarrollo frente a los monopolios occidentales.
Mecanismos globales de ciberseguridad: el pulso por la gobernanza
El tercer punto de la agenda fue “los mecanismos globales para garantizar la ciberseguridad”. Aquí la disputa es por quién establece las reglas del juego. Estados Unidos impulsa la “Declaración para el Futuro de Internet”, un acuerdo voluntario que promueve la libertad de información (en los términos occidentales) y la no intervención estatal en el ciberespacio. Rusia y China, en cambio, defienden la soberanía digital de los Estados, el derecho a regular los contenidos y la lucha contra la desinformación como un principio de seguridad nacional.
En la práctica, China y Rusia buscan crear mecanismos paralelos a los que dominan Washington y Bruselas. La reunión de Ginebra fue, en parte, un avance para la propuesta de un “Código de Conducta Internacional para la Seguridad de la Información”, que ambos países vienen impulsando desde hace años en la ONU.
El código postula que los Estados tienen derecho a proteger su espacio digital, que la información no debe usarse para intervenir en asuntos internos, y que se deben combatir los discursos de odio y la incitación al terrorismo.
Para Occidente, esa propuesta es una excusa para censurar. Para China y Rusia, es una herramienta legítima de defensa frente a la hegemonía informativa de manipulación occidental.
La respuesta a la “Estrategia de Ciberseguridad Nacional” de EE.UU.
La reunión de Ginebra también fue una respuesta a la nueva “Estrategia de Ciberseguridad Nacional” de Estados Unidos, publicada en marzo de 2026. El documento, firmado por la administración Trump, es explícito: “China y Rusia son los principales adversarios en el ciberespacio”.
La estrategia destina miles de millones de dólares a la ofensiva digital, a la protección de infraestructuras críticas y al desarrollo de capacidades de inteligencia artificial para la guerra cibernética.
Pekín y Moscú leyeron el documento como una declaración de hostilidad. Por eso, la reunión de Ginebra no fue solo defensiva. También fue una coordinación para acciones conjuntas. Se especula con que China y Rusia podrían realizar ejercicios militares cibernéticos combinados en los próximos meses, algo que hasta ahora solo habían hecho de manera limitada.
La mirada al sur global: un discurso para los no alineados
Un aspecto estratégico de la alianza cibernética chino-rusa es su proyección hacia el Sur Global. En la reunión de Ginebra, Wang Lei y Liukmánov acordaron intensificar la cooperación con países de Asia, África y América Latina en materia de ciberseguridad. La idea es transferir tecnología, capacitar personal y ayudar a esos países a construir sus propias defensas digitales.
El discurso es atractivo: “Occidente quiere imponer sus estándares digitales para controlar sus datos y su soberanía. Nosotros les ofrecemos una alternativa”. Países como Brasil (bajo Lula), Sudáfrica, Indonesia, Irán y Turquía han mostrado interés en participar de esta red. Si la iniciativa prospera, se estaría construyendo un bloque digital paralelo al que dominan las empresas y gobiernos occidentales.
Una alianza de supervivencia digital
La reunión de Ginebra entre China y Rusia no fue un hecho aislado. Es un eslabón más en una cadena de acercamientos estratégicos que vienen ocurriendo desde la invasión rusa de Ucrania y que se intensificaron tras la guerra en el Golfo.
Ambos países saben que, en el mundo contemporáneo, no hay seguridad sin ciberseguridad. Y que la ciberseguridad no se resuelve con declaraciones unilaterales, sino con coordinación, inteligencia compartida y, sobre todo, poder de negociación conjunto.
La guerra del futuro no se decidirá solo en los campos de batalla convencionales. Se decidirá en los servidores, en los cables submarinos, en los centros de datos y en los algoritmos de inteligencia artificial. China y Rusia han decidido que no quieren librar esa guerra solos ni con las reglas que les impone el adversario.
La reunión de Ginebra fue un paso más en esa dirección. Queda por ver si podrán traducir sus declaraciones en acciones concretas. Y si el Sur Global, finalmente, se sumará a su iniciativa o seguirá siendo rehén de la infraestructura digital occidental.
Análisis: ¿Estrategia o locura? La UE coquetea con la escalada nuclear
Ladislav Zemánek*
Bajo la bandera de la autonomía, las élites europeas están normalizando la política de riesgo nuclear, la política del miedo y la rusofobia ciega.
Hay algo profundamente inquietante en el tono del debate estratégico actual de la UE. Lo que se presenta como prudencia se asemeja cada vez más al pánico. Lo que se plantea como «autonomía estratégica» a menudo suena como algo completamente distinto: una pérdida de confianza, un recrudecimiento de la hostilidad ideológica y una disposición —entre unas élites liberales en declive— a coquetear con las armas más destructivas jamás creadas.
Un continente que pierde los nervios —y el juicio
En el centro de este cambio se encuentra una obsesión renovada por la disuasión nuclear. Francia, Alemania y Polonia están discutiendo ahora abiertamente una mayor implicación en la estrategia nuclear, invocando los argumentos habituales de la disuasión y la seguridad. Pero debajo de eso yace una dinámica mucho más preocupante: una creciente fijación en Rusia como enemigo existencial y una disposición a la escalada en lugar de a la desescalada.
El presidente francés Emmanuel Macron ha tomado la iniciativa, reformulando la doctrina nuclear de Francia en nombre de la seguridad europea. Su concepto de «disuasión avanzada» se presenta como una innovación estabilizadora. En realidad, marca un paso peligroso hacia la normalización del pensamiento nuclear en todo el continente.
Macron ha planteado la cuestión de manera contundente, advirtiendo que Europa debe estar preparada para defenderse en un mundo más incierto. Ha hablado de iniciar un «debate estratégico» sobre la ampliación de la protección nuclear de Francia a sus socios europeos, yendo más allá de la postura gaullista tradicional de disuasión estrictamente nacional.
Pero lo que se está normalizando aquí no es simplemente la cooperación, sino la integración política de las armas nucleares en la identidad de la UE. Francia está ampliando su arsenal, poniendo fin a prácticas de transparencia de larga data e invitando a otros Estados a participar en ejercicios nucleares y debates de planificación. Es posible que estas medidas no violen los tratados en un sentido formal, pero erosionan el espíritu de moderación que ha sustentado la seguridad europea durante décadas.
El mensaje es tan claro como peligroso: las armas nucleares son, una vez más, instrumentos políticos aceptables.
¿«Disuasión avanzada» o escalada avanzada?
Aún más llamativo es el giro de Alemania. Durante generaciones, Berlín se definió a sí misma por su moderación, marcada por el legado catastrófico del siglo XX. Hoy en día, esa moderación se está erosionando de manera visible.
Los líderes alemanes ahora hablan abiertamente sobre la necesidad de entablar conversaciones sobre disuasión nuclear con Francia y otros socios. El canciller Friedrich Merz ha manifestado su disposición a explorar nuevas formas de cooperación, rompiendo con el enfoque cauteloso de sus predecesores. Las fuerzas alemanas se están preparando para participar en ejercicios nucleares franceses, y se ha establecido un «grupo directivo nuclear» conjunto para armonizar la coordinación estratégica.
Oficialmente, Alemania sigue dentro de sus compromisos legales. No busca el control de las armas nucleares. Pero políticamente, se ha cruzado un umbral. La normalización del discurso nuclear en Berlín señala una transformación más profunda, impulsada menos por una estrategia cuidadosa que por el miedo y la presión.
Ese miedo está cada vez más moldeado por una visión ideológica y endurecida de Rusia que deja poco espacio para la diplomacia o los matices.
La política del miedo
Si Francia aporta la doctrina y Alemania el peso institucional, Polonia aporta la intensidad emocional. Los líderes polacos han sido de los más activos a la hora de reclamar una dimensión nuclear más fuerte para la seguridad europea.
El primer ministro Donald Tusk ha declarado que Polonia busca un futuro en el que sea autónoma en materia de disuasión nuclear. Se trata de una declaración notable por parte de un Estado no nuclear sujeto a acuerdos internacionales. Refleja un profundo sentimiento de inseguridad, pero también un entorno político en el que la escalada se está normalizando.
Al mismo tiempo, incluso dentro de Polonia hay voces que llaman a la cautela. Los funcionarios han reconocido que los acuerdos europeos no pueden reemplazar el paraguas nuclear de Estados Unidos y han advertido contra la sobreestimación de la eficacia de las nuevas iniciativas. Sin embargo, estas advertencias se ven cada vez más ahogadas por un discurso más fuerte: que Rusia representa una amenaza inminente y existencial que requiere medidas extraordinarias. Este discurso, repetido en gran parte de Europa, corre el riesgo de convertirse en una profecía autocumplida.
Lo que une a estos acontecimientos no es solo la preocupación por la seguridad, sino un cambio ideológico más profundo. En toda Europa se ha afianzado en el discurso político una forma de rusofobia: una tendencia a interpretar todas las acciones rusas desde la perspectiva de la agresión, al tiempo que se descarta la posibilidad de la negociación o la coexistencia.
Esta mentalidad está dando forma a la política estratégica. La disuasión ya no va de la mano de la diplomacia; la está reemplazando. El aumento del poderío militar no va acompañado de esfuerzos serios por el diálogo; se justifica como un fin en sí mismo.
Esta es, obviamente, una trayectoria peligrosa. Cuando se considera que un adversario es intrínsecamente hostil e incapaz de dialogar, la escalada se convierte en la respuesta predeterminada. La disuasión nuclear, en este contexto, es una herramienta de confrontación. Los liberales empujan a Europa hacia una postura mucho más rígida y peligrosa.
Las ilusiones de la autonomía
La idea de la autonomía estratégica merece una reflexión cuidadosa. Una UE más autosuficiente podría, en principio, contribuir a la estabilidad global. Pero lo que se persigue hoy es una autonomía definida casi exclusivamente en términos militares y nucleares.
Esto es una distorsión del concepto. La verdadera autonomía implicaría la capacidad de llevar a cabo una diplomacia independiente, mediar en conflictos y reducir tensiones. En cambio, la trayectoria actual de Europa la ata más estrechamente a la confrontación.
En este sentido, la búsqueda de la disuasión nuclear es un signo de confusión estratégica. Refleja la incapacidad de imaginar alternativas a la escalada.
Las implicaciones van mucho más allá de Europa. La normalización gradual del discurso nuclear entre los Estados no nucleares corre el riesgo de debilitar el régimen mundial de no proliferación. Otras regiones podrían seguir el ejemplo de Europa, reinterpretando sus propios compromisos y explorando nuevos acuerdos de disuasión. El resultado podría ser un orden internacional más fragmentado e inestable.
Las acciones de la UE también corren el riesgo de complicar los esfuerzos por estabilizar las relaciones entre las grandes potencias. Cualquier intento de acercamiento entre Rusia y Estados Unidos se vuelve más difícil en un entorno en el que los actores europeos están intensificando activamente la retórica y las posturas militares. En lugar de servir de puente, Europa se está convirtiendo en un obstáculo.
Militarización sin límites
La militarización generalizada de Europa sigue el mismo patrón. El aumento del gasto en defensa y el rearme se justifican como respuestas necesarias a un entorno de seguridad cambiante. En principio, esto no es descabellado.
Pero, en la práctica, la militarización está impulsada por un clima político que premia el alarmismo y desalienta la moderación. Y sin un compromiso paralelo con la desescalada, el aumento del poderío militar puede derivar fácilmente en una espiral de confrontación.
Lo que está ocurriendo hoy en la UE es un coqueteo peligroso por parte de las élites políticas que se encuentran bajo presión, enfrentan una disminución de su influencia y legitimidad, y buscan reafirmar su control mediante demostraciones de fuerza. Las armas nucleares, en este contexto, son símbolos de determinación, poder e intención seria. Pero también conllevan riesgos que no pueden controlarse ni revertirse.
Alejarse del abismo
La UE se enfrenta a retos reales y a problemas existenciales. El entorno internacional es más incierto y el futuro de las relaciones transatlánticas no está garantizado. Pero la respuesta a la incertidumbre no puede ser lanzarse de cabeza a una política de riesgo nuclear.
Sigue siendo posible un camino diferente, uno que haga hincapié en la diplomacia, la moderación y un compromiso genuino para reducir las tensiones. Esto requeriría un tipo diferente de valentía política: la valentía de resistir el miedo, de cuestionar las narrativas predominantes y de dialogar con los supuestos adversarios en lugar de simplemente enfrentarlos.
Si los líderes europeos están dispuestos a tomar ese camino sigue siendo una pregunta sin respuesta. Por ahora, las señales son preocupantes.
*Ladislav Zemánek, investigador no residente del Instituto China-CEE y experto del Club de Debate Valdai.