Política

Lo que Irán hace no es defenderse ni negociar, sino seguir adelante en su búsqueda revolucionaria de justicia

Administrator | Viernes 22 de mayo de 2026
Thierry Meyssan
En Occidente no se entiende la posición de Irán frente a Estados Unidos y a los aliados del imperio. La guerra no sorprendió al pueblo iraní. Sabía que tendría que enfrentarla, por su posición antiimperialista. Ya en pleno conflicto, Irán no está tan interesado en negociar el fin de las hostilidades como en sentar las bases de un nuevo orden internacional. Irán acepta sufrir en aras de hacer avanzar sus intereses. Mientras Washington trata de ganar militarmente, Irán avanza políticamente.
El presidente estadounidense Donald Trump, y con él todos los dirigentes políticos y comentaristas occidentales, creen que los iraníes tendrían que tratar sólo de escapar a las bombas del Pentágono y de recuperar un nivel de vida aceptable. Así que tendrían que renunciar a su programa nuclear y abrir el estrecho de Ormuz.
Pero ya está claro que no es eso lo que preocupa a los iraníes. Los occidentales no entienden en lo absoluto lo que quieren los iraníes, un pueblo para ellos totalmente desconocido. En Occidente todavía no entienden los mensajes de Mohammad Mossadegh y de Ruhollah Khomeiny: los iraníes pueden liberar su propio país de la explotación colonial anglosajona y también liberar al mundo de la dominación colonial occidental hallando en su religión la fuerza necesaria para concretar esa revolución.
Mohammad Mossadegh demostró a principios de los años 1950 que era posible recuperar los bienes de la Nación. Nacionalizó el petroleo iraní y negoció la parte que su país concedería a las compañías extranjeras. La CIA estadounidense y el MI6 británico lo derrocaron, pero no pudieron borrar de las memorias lo que había hecho. Mossadegh ya había logrado despertar una Nación explotada.
Durante largos años, Ruhollah Khomeiny nunca dejó de soñar que cada musulmán podría seguir el ejemplo de los profetas Alí y Hussein y dedicar su vida a la justicia. Imaginó que Irán lograría liberarse de su interpretación dolorista de la leyenda dorada del islam; que sería capaz de liberarse y de liberar al resto del mundo. Ese sueño le costó verse excomulgado por los demás ayatolas… y también hizo posible que el estadounidense Zbigniew Brzezinski, el consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, lo escogiera para sustituir al shah Mohamed Reza Pahlevi.
Es cierto que Khomeiny, extremadamente orgulloso, había combatido a Mossadegh, pero nunca cuestionó su concepción de la soberanía de Irán.
De la Revolución Islámica iraní hemos retenido sólo sus excesos y momentos de locura. Todas las revoluciones provocan derramamiento de sangre, pero no las condenamos todas de la misma manera. En el caso de Irán recordamos las condenas a muerte de iraníes acusados, con razón o sin ella, de ser agentes de las potencias coloniales o del Irak de Sadam Hussein. Pero nunca se habla de la guerra que esas potencias impusieron a Irán. La prensa occidental nos recuerda diariamente los excesos de la policía religiosa contra las mujeres que se niegan a portar el velo tradicional, pero nunca se habla de la represión contra los hombres que se niegan a dejarse crecer la barba.
Pero en Francia también cometimos ese tipo de excesos. Nuestros ancestros condenaron a muerte a quienes apoyaban los ejércitos de las monarquías coaligadas contra la Revolución Francesa, que querían restaurar el orden del “derecho divino”, e incluso llegaron perpetrar masacres históricas contra la población de la región de Vendée. Los “sans-culotte” impusieron su indumentaria y martirizaron a quienes persistían en seguir vistiéndose como en tiempos del Antiguo Régimen [1]. Pero sabemos que esos horrores no eran la Revolución sino incidentes en el proceso de creación de un nuevo orden, basado en la libertad y la igualdad.
En el Irán de nuestros días se sabe que el decenio de la terrible guerra (de 1980 a 1988) que las potencias occidentales le impusieron a través de Irak era sólo el preludio del verdadero enfrentamiento. En aquel momento, se trataba de impedir que se constituyera la República Islámica. Hoy se trata de hacer realidad el sueño de Khomeiny.
En su momento pudimos ver como el viejo ayatola Ruhollah Khomeiny no trató de recuperar los bienes que el shah le había quitado. Lo primero que hizo al poner pie en suelo iraní, fue exhortar el ejército a ponerse del lado del pueblo y llamar todo el pueblo a ponerse del lado de los oprimidos.
Eso es lo que Irán está haciendo hoy en día.
Desde el primer momento de la agresión, Irán sabía que no podía derribar los aviones de guerra israelíes y estadounidenses. Las fuerzas armadas iraníes lograron destruir algunos bombarderos en vuelo pero Irán optó por demostrar a los Estados árabes del Golfo que las potencias coloniales los explotan y respondió a los bombardeos israelo-estadounidenses con ataques contra las bases militares de Estados Unidos en Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, en Kuwait, Qatar y Jordania. Explicó además a cada uno de esos Estados que estaban haciéndose cómplices de la agresión estadounidense, ya que habían cedido partes de sus territorios a Estados Unidos, que los utilizaba como trampolín de su agresión.
El caso del sultanato de Omán es un poco diferente. Se trata de un Estado neutral que no alberga bases militares extranjeras, pero el 12 y el 13 de marzo Omán permitió que bombarderos y drones sobrevolaran su territorio para llegar hasta Irán. Después un duro altercado con las autoridades de Irán, el gobierno de Omán puso fin a esas intrusiones. Pero los otros Estados del Golfo, que sí tienen bases extranjeras en sus territorios, no pudieron cambiar de posición y se empeñaron en enarbolar la resolución 2817 del Consejo de Seguridad, que viola el derecho internacional y acepta como superior el punto de vista occidental.
En aquel momento, nadie entendió lo que estaba sucediendo. Los comentaristas internacionales afirmaron que los iraníes adoptaban un comportamiento absurdo al atacar a sus vecinos de la región. Pero, con el tiempo, cada uno de esos 6 Estados comenzó a preguntarse si en realidad no estaba siendo culpable de los ataques que sufría, si el problema no era más bien el hecho que habían aceptado que Estados Unidos instalara bases militares en sus territorios para “protegerlos” y que en realidad esas bases los convertían en mercenarios de Occidente y en blancos legítimos para los iraníes.
Insistiendo en ese sentido, el gobierno de Irán escribió a los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Chipre, Rumania y Bulgaria para hacerles saber que, al autorizar las fuerzas de Estados Unidos a usar sus bases militares para implementar su agresión, ellos también podían ser blanco de una respuesta militar.
Los iraníes mencionaron después la complicidad de gran parte de los Estados de todo el mundo –con excepción de Rusia, Bielorrusia y China– en el robo de los fondos de Irán depositados en el extranjero y en las sedes de los bancos iraníes con los que ya nadie se atreve a mantener relaciones. En aquel momento, nadie dio importancia a aquella observación de Irán, así que nadie entendió de qué hablaban los iraníes cuando anunciaron un procedimiento administrativo para autorizar el paso por el estrecho de Ormuz. Y otra vez los comentaristas internacionales se burlaron de lo que veían como una torpeza de los iraníes, asumiendo que querían imponer el pago de una autorización de paso a través de un canal natural.
Los iraníes explicaron que únicamente autorizarían el paso de los barcos de países no implicados en la agresión y que sólo pedían a los demás garantías bancarias en caso de accidente. Fue entonces cuando cundió el paníco entre las compañías marítimas: ¿Cómo presentar garantías bancarias al sistema bancario de Irán… excluido del sistema bancario mundial desde hace 30 años por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos?
Esta vez, Irán se dirige a todos nosotros. Nos muestra que nos hemos hecho cómplices de una política cuyo objetivo es rendirlo por hambre, y que ni siquiera nos habíamos dado cuenta de ello. Exactamente igual que Alemania, Arabia Saudita, Bahréin, Bulgaria, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Qatar, Rumania y Reino Unido, países que hoy son cómplices de una agresión militar sobre la que ni siquiera fueron consultados.
Ahora vamos a tener que escoger entre seguir tratando de hambrear a los iraníes, fingiendo además que no estamos conscientes de ello, o liberarnos de Estados Unidos.
[1] Referencia histórica al sistema de gobierno anterior a la Revolución Francesa, o sea la monarquía absoluta de Luis XVI (1774-1791). Nota de Red Voltaire.
Salvajismo organizado: conducta patológica de sector marginal de diáspora iraní
Hoda Yaq
Sin embargo, un segmento particular de la diáspora iraní –especialmente la franja radical monárquica y los defensores de un ‘cambio de régimen’ orquestado desde el extranjero– se ha consumido tanto por las ilusiones de una era pasada y una dependencia patológica de potencias extranjeras que ha borrado por completo la línea entre activismo político y traición abierta a los intereses nacionales.
El comportamiento de esta facción –que va desde el extremismo verbal y la alineación abierta con el régimen israelí hasta los intentos de organizar golpes desde el exterior y la macabra celebración de escuelas bombardeadas en su país natal– exige un escrutinio psicológico y político serio.
Confusión de identidad y contradicciones conductuales
La característica más llamativa de este grupo es una profunda dualidad de personalidad.
Por un lado, afirman encarnar “la nación de Irán”; por otro, se ponen hombro con hombro con quienes bombardean la infraestructura civil y militar vital del país.
Las observaciones de campo de reuniones recientes revelan que la bandera del régimen israelí se exhibe no como símbolo de protesta, sino como un "estandarte común" junto al León y Sol de la era Pahlavi y la bandera de Estados Unidos.
Este gesto político representa la cúspide de la degradación nacional y un completo desapego de la identidad territorial.
Otra contradicción radica en su doble estándar respecto a la violencia. Operando dentro de ecosistemas de redes sociales gestionados por servicios de inteligencia extranjeros, los miembros de estos grupos incitan a las personas a salir a las calles para una “insurrección hasta el colapso”, llegando incluso a revelar datos personales del personal de seguridad y, implícita o explícitamente, a pedir la eliminación física de las fuerzas de seguridad nacional de Irán.
Informes de campo desde Los Ángeles indican profundas divisiones dentro de la comunidad expatriada respecto a la guerra; algunos la ven como “un preludio a la caída del régimen”.
Sin embargo, esos mismos individuos mantienen un silencio mortal ante la masacre fría y calculada de mujeres y niños iraníes en Minab.
Proyecto fallido de golpe de Estado del 8-9 de enero de 2026
Los disturbios del 8 y 9 de enero de 2026 (18-19 de Dey de 1404) fueron, desde el inicio, fundamentalmente distintos de las quejas económicas orgánicas. Abundante evidencia indica que, en los días previos a estos eventos, redes de propaganda en persa –como Iran International, BBC Persian y Manoto, cuyo financiamiento y línea editorial están directa o indirectamente vinculados a intereses israelíes y al servicio de inteligencia Mossad– inundaron el espacio informativo con desinformación, movilizando a la población a las calles mediante llamados coordinados.
Según análisis posteriores, el plan de Mossad para provocar la implosión interna de Irán se centraba precisamente en estas redes y en las fuerzas proxy de la diáspora.
Tras los disturbios orquestados, esta facción se dedicó a la fabricación catastrófica de cifras y desinformación sobre “masacres de miles de personas”, intentando generar indignación pública y dirigir a los manifestantes hacia un derrocamiento violento.
Esta operación psicológica no tenía como objetivo apoyar al pueblo iraní, sino crear un pretexto para la intervención militar extranjera.
Cabe destacar que The New York Times reconoció explícitamente, tres meses después de los hechos, que se trató de una “operación conjunta de inteligencia de Mossad dirigida al derrocamiento rápido”, y que había fracasado. Además, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó en una entrevista de febrero de 2026 que “Estados Unidos proporcionó la logística y el armamento para la infiltración y la creación de caos en esta operación”.
Estas admisiones transforman fundamentalmente la naturaleza de los disturbios del 8-9 de enero: no fue un “levantamiento popular”, sino una “operación de golpe militar e inteligencia fallida”, un golpe que no solo fracasó sino que, finalmente, fortaleció la cohesión interna de Irán frente a amenazas externas.
Silencio ante la masacre escolar de Minab
El capítulo más oscuro en la historia de esta facción dependiente del extranjero es su reacción al ataque misilístico conjunto de EE.UU. e Israel contra la escuela de niñas Shayare Tayebe en Minab.
En este horrendo crimen de guerra, ocurrido en marzo de 2026, aproximadamente 168 almas inocentes –principalmente estudiantes– fueron masacradas. Al mismo tiempo, 30 misiles israelíes impactaron el complejo de oficinas del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, en la capital, Teherán, provocando su martirio y el de miembros de su familia, incluidos niños y mujeres.
¿Cuál fue la reacción de los “monárquicos apátridas” en el extranjero? Júbilo, vítores y bailes en las calles de Nueva York, Londres y Los Ángeles.
Informes noticiosos confirman que, mientras estos grupos derramaban lágrimas de cocodrilo por los cuerpos heridos de mujeres y niños iraníes durante protestas pasadas, el día del ataque a Minab y del asesinato de comandantes superiores repartían dulces en las calles.
Este comportamiento salvaje solo puede analizarse así: para estas facciones, ‘Irán’ existe únicamente como un espejismo fantaseoso monárquico, y el ‘pueblo iraní’ tiene valor solo en la medida en que sirve como herramienta para tomar el poder.
El bombardeo de infraestructura civil, la destrucción de hogares, el arrasamiento de monumentos históricos y patrimonio cultural, y la matanza de los niños de Minab y de miles de iraníes no los conmovió.
En cambio, repitiendo el lema ‘Lo reconstruiremos mejor’, demostraron que no tienen ni un vínculo con esta tierra ni conciencia por sus semejantes.
Doctrina del “príncipe estadounidense” y la subasta de la patria
En la cúspide de esta pirámide de traición se encuentra una figura que ha admitido repetidamente que no está dispuesto a arriesgar su propia vida por la libertad de Irán y se identifica a sí mismo como “estadounidense”.
Desde la comodidad y seguridad de los suburbios de Maryland, Reza Pahlavi insta constantemente a la nación iraní a “salir a las calles, matar y ser matados”.
Incluso ha llamado a realizar “ataques quirúrgicos” contra el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI). Su contradicción personal es tan evidente que, incluso después de un alto el fuego temporal en abril de 2026, sus seguidores no expresaron alivio, sino que emitieron llamados para que los ataques militares se reanudaran.
Los partidarios de este autoproclamado príncipe, cuando se les plantean cuestiones éticas sobre la posible partición de Irán, declaran francamente: “Que Trump tome tanto dinero y petróleo de Irán como quiera, y que lo disfrute”.
Esta mentalidad materialista y servil justifica cualquier crimen de guerra cometido contra la nación iraní. Esto contrasta fuertemente con la opinión pública estadounidense, que ha realizado repetidas manifestaciones contra la guerra, evidenciando la contradicción entre la afirmación de representar al pueblo y la realidad del aislamiento político de esta facción.
Amenaza para la sociedad civil global y necesidad de acción legal
La violencia verbal y física de estos grupos no se limita a las fronteras de Irán. Numerosos informes policiales del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá indican que esta facción violenta y abusiva ataca a familias iraníes con opiniones opuestas en las calles de sus países de acogida, insultando a madres frente a sus hijos pequeños.
Esta conducta anormal ha escalado al punto en que la policía de Londres y Los Ángeles ha tenido que intervenir físicamente y arrestar repetidamente a miembros de estas reuniones disruptivas.
La violencia abierta y el odio en los lemas de esta multitud son tan peligrosos que los ciudadanos de los países anfitriones ahora piden la deportación de estos elementos peligrosos.
Campañas en internet con decenas de miles de firmas exigiendo la expulsión de los partidarios de la violencia en Australia y Estados Unidos reflejan la indignación pública ante este comportamiento.
El fiscal general de la República Islámica de Irán tampoco ha permanecido indiferente ante esta traición, anunciando que los bienes y propiedades de los iraníes residentes en el extranjero que apoyen la agresión militar contra su país serán confiscados en beneficio de la nación iraní.
Bestialidad política disfrazada de oposición
Una revisión de los eventos de enero a abril de 2026 revela que no estamos ante una “oposición genuina”, sino ante un Síndrome de Salvajismo Político.
En este momento histórico, esta facción ha subastado toda noción concebible de ética humana y patriotismo, formando una alianza impía con los enemigos jurados de la nación iraní, incluidos los asesinos de niños con la sangre de los niños de Minab en sus manos.
Su humanidad es cuestionable según los criterios más básicos de los derechos humanos. Un ser que no muestra ninguna reacción ante la victimización de niños en el caso Epstein –porque su patrón es Trump–, pero derrama lágrimas de cocodrilo por un alborotador designado como operativo por Pompeo y otros funcionarios israelí-estadounidenses, ciertamente no reaccionará ante la masacre de 168 niños iraníes en este teatro propagandístico montado en apoyo del Mossad.
Estas personas no son “activistas políticos”, sino una amenaza abierta y directa para la paz y la seguridad global. El futuro pertenece a la gran nación de Irán, no a los mercenarios dependientes que sueñan con un regreso a la Edad Media a bordo de tanques estadounidenses.

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