Geoestrategia

¿Se está repitiendo la historia de 1914? ¿Estallará finalmente una guerra abierta entre Europa y Rusia?

Administrator | Martes 02 de junio de 2026
Peter Haenseler
Todos están centrados en la guerra de Irán. Sin embargo, el conflicto entre Europa y Rusia también podría intensificarse en cualquier momento. A través de Ucrania, los europeos libran una guerra directa contra Rusia: ¿despertará finalmente Rusia y contraatacará a Europa?
Por Peter Hanseler a través de ForumGeopolitica.com
Introducción
El estallido de la guerra en 1914 sorprendió a muchos, pues desconocían que los británicos habían tendido una trampa a los alemanes que se cerró en el verano de ese año. Incluso cien años después, Christopher Clark escribió el bestseller « Los sonámbulos: Cómo Europa entró en guerra en 1914 », dando a entender que la guerra había sido involuntaria y evitable. Como en todas las grandes guerras, los británicos no dejaron nada al azar: todo estaba calculado y el culpable fue identificado desde el primer día: Alemania. Una falsedad que persiste en los libros de historia hasta el día de hoy. Los británicos y los estadounidenses también tuvieron algo que ver con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tras esta guerra, ambos lograron presentarse como grandes libertadores (véase nuestro artículo «¿ Prevalecerá el mal? »).
Si estallara una guerra en Europa por tercera vez en 112 años, el culpable ya estaría identificado: Rusia. Desde 2014, Europa y Estados Unidos libran una guerra contra Rusia, hasta ahora limitada al territorio ucraniano. Eso podría cambiar pronto.
En marzo/abril de 2022, pocas semanas después del inicio de la operación especial, Rusia intentó llegar a un acuerdo con los ucranianos, que estuvo a punto de lograr. Entonces, Boris Johnson apareció en Kiev como enviado de la " Pérfida Albión " y salvó la guerra. La posterior contraofensiva de la OTAN en el verano de 2023 fracasó estrepitosamente contra las fortificaciones rusas: la humillación de la OTAN fue enorme y las pérdidas de Ucrania, terribles. En total, suman dos millones de muertos y millones de heridos, lo que corresponde a casi el 10 % de la población restante en 2026. Los rusos probablemente sufrieron alrededor de 200 000 bajas; en relación con una población total de 147 millones, es una cifra pequeña. Para las familias en duelo de ambos lados del frente, es una catástrofe.
La voluntad de vencer, la lealtad a la patria y la superioridad militar y estratégica se reflejan, entre otras cosas, en el número de voluntarios. En Rusia, aproximadamente 1200 voluntarios se alistan diariamente para el frente. La situación en Ucrania es completamente opuesta. Cazadores de recompensas persiguen a jóvenes como si fueran animales, lo que provoca un aumento de los ataques de la población local; incluso abuelas heroicas se alzan contra esta gentuza, porque ser enviado al frente en Ucrania significa una muerte segura o ser capturado como prisionero de guerra. Las tropas regulares han sido diezmadas de tal manera que los soldados recién reclutados, que han recibido un curso intensivo de dos semanas, mueren o desertan.
Incluso después de cuatro años de guerra, los medios occidentales presentan una visión diferente, aunque cada vez les resulta más difícil fundamentar con hechos sus predicciones propagandísticas de una "victoria" ucraniana y un "colapso" ruso. Sin embargo, este "periodismo" aún basta para mantener a los lectores más ingenuos enganchados.
“Ucrania ahora sirve simplemente como una hoja de parra para la guerra abierta de Europa contra Rusia”.
La OTAN está intensificando una guerra en la que, según sus propias declaraciones, no está involucrada directamente, pero la realidad es muy distinta. A partir de 2022, primero suministró artillería, luego tanques de combate principales, después aviones de combate, luego misiles y finalmente misiles de crucero, todo ello como parte de un paquete que incluía expertos in situ para el mantenimiento, la programación y el guiado de estas armas.
Según el Servicio de Investigación del Bundestag alemán, Alemania ya había abandonado la «zona segura de no beligerancia» en 2022 al entrenar a soldados ucranianos en el manejo de las armas entregadas. Este análisis y evaluación oficial data de hace apenas cuatro años y, para el lector de 2026, parece un documento de la época anterior a la guerra.
Desde entonces, se han cruzado innumerables líneas rojas, y ya reflexionamos sobre esto a principios de febrero de 2023 en « Sonámbulos en acción: Es probable que la Tercera Guerra Mundial ya haya comenzado ». La escalada en toda Europa ha alcanzado recientemente un punto en el que incluso el liderazgo ruso, que se esfuerza por una solución diplomática, ya no podrá ignorar la realidad. Los países europeos se preparan para desplegar armas nucleares en Polonia y producen miles de drones —fabricados fuera de Ucrania— capaces de alcanzar y dañar infraestructuras en el interior de Rusia. El 22 de mayo, la brutalidad alcanzó un nuevo nivel: en Luhansk, una residencia estudiantil fue atacada por más de una docena de drones, notablemente de noche, mientras todos los estudiantes dormían. El resultado: 21 estudiantes muertos y decenas de heridos. Las similitudes con la guerra israelí son sorprendentes. Además, estos ataques se lanzan evidentemente no solo desde Ucrania, sino también directamente desde los estados bálticos. Además, en una entrevista concedida al “Neue Zürcher Zeitung” (NZZ) el 18 de mayo , el ministro de Asuntos Exteriores letón incluso afirmó que la OTAN tiene los medios para “arrasar por completo” las instalaciones militares rusas en Kaliningrado.
Los ataques actuales ya no pueden calificarse de ucranianos. Ucrania ahora sirve simplemente como pretexto para la guerra abierta de Europa contra Rusia.
La falta de temor a la guerra en Europa
Las escaladas aquí descritas se derivan de la errónea creencia europea de que la moderación de Rusia ante años de provocaciones occidentales es un signo de debilidad. El hecho de que los europeos interpreten esta paciencia y deseo de desescalada de esta manera solo aumenta el riesgo de un conflicto de gran envergadura. Los rusos tienen buenas razones —de hecho, muy buenas— para evitar otra guerra directa con Europa. Ningún país —excepto China— sufrió a una escala tan apocalíptica durante la Segunda Guerra Mundial como la Unión Soviética. Esto sigue estando muy presente en la sociedad rusa actual. El presidente Putin lo sabe, y una postura de desescalada respecto a la guerra es el sello distintivo de un presidente que respeta y honra a los 27 millones de víctimas.
Los europeos, en cambio —especialmente los alemanes— han perdido por completo el miedo a la guerra, incluso a la nuclear. No se trata de meras suposiciones, sino de hechos comprobados. Por ejemplo, ya en mayo de 2022 , cuando el frenesí de suministro de armas en Alemania estaba en pleno auge, Friedrich Merz declaró que no temía una guerra nuclear. Si bien Merz aún estaba en la oposición en 2022, este insensato es actualmente el Canciller. Cualquiera que no tema una guerra nuclear es un insensato. Los medios alemanes restan importancia a esta declaración, pero veremos más adelante que el Sr. Merz, en esencia, pensaba exactamente lo que decía.
Junto con Starmer y Macron, el ex cadete de la Bundeswehr está llevando a Europa hacia la guerra, con el pleno apoyo de la Sra. von der Leyen y la Sra. Kallas, quienes evidentemente están dispuestas a manifestar su rusofobia hasta el punto de aceptar la caída de Europa Occidental.
Lo que estas damas y caballeros parecen incapaces de comprender es que el presidente Putin, con su postura conciliadora y buena voluntad hacia Europa, se encuentra entre los más pacientes. La afirmación, repetida en Occidente, de que Rusia en general y el presidente Putin en particular son agresores carece de fundamento. En Rusia, desde al menos 2014, se ha debatido intensamente sobre la conveniencia de adoptar una postura más firme hacia Europa. Numerosas figuras influyentes critican la estrategia diplomática del Kremlin. Ante las políticas irracionales de Occidente, estas opiniones están ganando cada vez más adeptos, y las propuestas no se limitan en absoluto a notas diplomáticas de protesta o a una retórica más dura. Rusia debate actualmente si debe hacer entrar en razón a los europeos, ebrios de guerra, mediante la fuerza de las armas, y el profesor Karaganov lleva años intentando persuadir al Kremlin para que adopte un curso de acción que incluya el uso de armas nucleares contra Europa.
“La doctrina Karaganov”
El profesor Sergey Karaganov es presidente honorario del Consejo Ruso de Política Exterior y de Defensa y miembro del cuerpo docente de la Escuela de Economía Internacional y Asuntos Exteriores de la Escuela Superior de Economía (HSE) de Moscú. Si bien no forma parte del gobierno ruso, su influencia en las opiniones de quienes toman las decisiones no debe subestimarse.
Karaganov escribió un artículo —un memorándum— ya en junio de 2023. En este ensayo, situó los problemas relacionados con el conflicto actual en Ucrania en un contexto más amplio. Concluyó que la postura conciliadora y diplomática del gobierno no tendría éxito, puesto que una Europa en declive no tenía el menor interés en buscar e implementar una solución diplomática, es decir, pacífica.
“No debemos repetir el escenario ucraniano. Durante un cuarto de siglo, ignoramos a quienes advertían que la expansión de la OTAN conduciría a la guerra, y tratamos de dilatar el proceso y “negociar”. Como resultado, nos encontramos ante un grave conflicto armado. El precio de la indecisión ahora será muchísimo mayor.”
Él cree que Rusia prevalecerá en el campo de batalla, independientemente de si conquista solo las cuatro regiones que ya le pertenecen (Donetsk, Luhansk, Zaporizhzhia, Kherson), territorios adicionales o incluso toda Ucrania. Sin embargo, esto no resolvería el problema, porque una victoria puramente militar no traería la paz ni solucionaría la cuestión. Hay que quebrar la voluntad de agresión de Occidente. Sin embargo, esto no se puede lograr solo mediante la disuasión nuclear, ya que Europa Occidental ha perdido el miedo a la guerra, incluso a la guerra nuclear. Las declaraciones de Friedrich Merz de 2024 confirman la afirmación de Karaganov, ya que Merz declaró, entre otras cosas: « La libertad es más importante que la paz. (…) Se puede encontrar la paz en cualquier cementerio ». Un canciller con una comprensión tan limitada de la política, naturalmente, tampoco teme una guerra nuclear con Rusia. En ese caso, Alemania solo puede mirar con nostalgia a Helmut Schmidt. El excanciller alemán (1974-1982), que sirvió como joven oficial en el Frente Oriental, acuñó la cita:
“Quienes nunca han vivido la guerra, pero la libran o la provocan, no se dan cuenta del terrible daño que causan.”
Helmut Schmidt
Los alemanes tienen todo el derecho a preguntarse por qué ya no hay políticos sensatos en su país.
Según Karaganov, en cualquier caso, el objetivo es restaurar ese miedo a la guerra. Cita:
“Tendremos que volver a convertir la disuasión nuclear en un argumento convincente, reduciendo el umbral para el uso de armas nucleares, que se ha fijado en un nivel inaceptablemente alto, y avanzando de forma rápida pero prudente en la escalada de la disuasión.”
Folglich schlägt Karaganow den Einsatz von Nuklearwaffen vor, um die Angst vor diesen Waffen wiederherzustellen und vertritt die Meinung, dass ein Vergeltungsschlag nicht zu erwarten sei, da die Amerikaner zum einen nicht ihr eigenes Land in Gefahr Bringen würden und zum anderen nicht Boston für Posen opfern.
“He dicho y escrito muchas veces que si diseñamos correctamente una estrategia de intimidación y disuasión, e incluso el uso de armas nucleares, el riesgo de un ataque nuclear o de cualquier otro tipo en represalia contra nuestro territorio puede reducirse al mínimo absoluto. Solo un loco, que odia ante todo a Estados Unidos, tendrá el valor de contraatacar en «defensa» de los europeos, poniendo así en riesgo a su propio país y sacrificando una Boston condicional por una Poznan condicional.”
Sin duda, se puede estar de acuerdo con la opinión de Karaganov de que buscar una solución diplomática al conflicto no dará un resultado duradero para Rusia; en otras palabras, debido a la agresión estratégica de Europa —y también de Estados Unidos—, la paz con Ucrania, o lo que quede de ella, no será posible.
No considero que la defensa que hace Karaganov de un primer ataque limitado con armas nucleares —incluso después de un ataque de advertencia con armas convencionales, como él ha propuesto— sea una estrategia acertada. Cuando se le preguntó al presidente Putin sobre la Doctrina Karaganov el 16 de junio de 2023, declaró claramente: « La rechazo », y explicó, entre otras cosas:
“Ya he dicho que el uso de la máxima disuasión solo es posible en caso de una amenaza al Estado ruso. En ese caso, sin duda utilizaremos todas las fuerzas y medios a disposición del Estado ruso. No cabe duda al respecto.”
No obstante, el 19 de noviembre de 2024, la Federación Rusa actualizó su doctrina nuclear . Serguéi Karaganov influyó significativamente en el debate público y entre expertos que precedió a la revisión de la doctrina nuclear rusa, pero no existen pruebas claras de que haya participado directamente en su redacción oficial.
Se ha reducido el umbral para el uso de armas nucleares: Rusia se reserva el derecho a usarlas en respuesta a un ataque convencional (no nuclear) que represente una amenaza crítica para la soberanía o la integridad territorial de Rusia o Bielorrusia (como parte del Estado de la Unión). En la versión de 2020, se aplicó un umbral más alto: un ataque que amenace la «existencia del Estado». La doctrina se complementó con la denominada «cláusula de ataque conjunto»: un ataque contra Rusia (o sus aliados) por parte de un Estado no poseedor de armas nucleares con la participación o el apoyo de un Estado poseedor de armas nucleares se considera un ataque conjunto de ambos Estados. Esto se aplica a escenarios en los que Occidente apoya a Ucrania. (Texto completo en inglés: aquí ).
La nueva doctrina ha rebajado el umbral de uso y ha ampliado el abanico de posibilidades del ataque.
No puedo juzgar si los ataques actuales de los europeos cumplen los criterios para una respuesta nuclear.
Existen otros dos argumentos importantes en contra del despliegue en la situación actual. Si Rusia, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos en 1945, lanzara un ataque nuclear, se convertiría en un agresor nuclear. Independientemente de si la doctrina nuclear permite tal despliegue, sería extremadamente perjudicial para la reputación del país y tensaría enormemente las relaciones con las naciones amigas. Además, en general —y en particular para Israel y Estados Unidos—, reduciría el umbral para el uso de estas armas.
Al igual que en Rusia, los sectores más intransigentes de Estados Unidos ya abogan por el uso de armas nucleares tácticas. Algunos expertos (por ejemplo, del Instituto Hudson o la Fundación Heritage, así como figuras como Keith Payne y Elbridge Colby en el contexto más amplio de la disuasión) sostienen que Estados Unidos debe contar con mejores herramientas para lograr el dominio en la escalada, incluidas las armas nucleares tácticas. Sentar tal precedente abriría la caja de Pandora. El riesgo de una mayor escalada sería significativamente mayor que el actual, y el fin de la humanidad estaría, de facto, al alcance de la mano.
Escalada convencional
Si bien el uso de armas nucleares contra Europa causaría más daño que beneficio en las circunstancias actuales, Rusia tendrá que considerar cómo afrontar a los europeos para poner fin a este conflicto por la vía militar; la guerra con Europa, ojo, no con Ucrania.
Oreshnik
El libro blanco de Karaganov data de junio de 2023; en aquel entonces, el misil Oreshnik aún no existía. Esta arma se desplegó por primera vez el 21 de noviembre de 2024 contra el mayor complejo de defensa de Ucrania, la corporación Yuzhmash, en Dnipro. Varios pisos subterráneos quedaron completamente destruidos, y esto se logró sin ninguna ojiva, únicamente mediante la energía cinética del arma. Informamos sobre esto en « Putin pone jaque mate a la OTAN: ¿motivo de esperanza? ».
El Oreshnik vuela a una velocidad de Mach 10, lo que lo hace invulnerable. Los sistemas de defensa occidentales son efectivos contra objetivos a una velocidad de hasta Mach 3. Además, según las estimaciones iniciales, el Oreshnik cuenta con 6 ojivas, cada una con tres sub-ojivas. Estos 18 proyectiles, en total, pueden programarse para impactar diferentes objetivos y son navegables individualmente. La energía cinética resultante de una velocidad de Mach 10 hace que el impacto de esta arma sea difícil de imaginar y la acerca al poder destructivo de un arma nuclear táctica.
Por lo tanto, Rusia posee sin duda medios para la escalada sin llegar al umbral nuclear. Sin embargo, en cuanto a su efecto, se asemejan a las armas nucleares tácticas. El experto militar estadounidense Scott Ritter proporcionó información detallada sobre esta arma el 26 de noviembre de 2025. « El factor Oreshnik »: altamente recomendable.
Aunque Karaganov ha mencionado el Oreshnik en sus apariciones desde su primer despliegue, no parece dispuesto a incluirlo en sus consideraciones estratégicas como alternativa a las armas nucleares.
Posible estrategia
Europa ha apoyado las acciones de Ucrania desde mucho antes de 2022. Actualmente, los líderes europeos abogan abiertamente por una estrategia de « guerra perpetua » contra Rusia, una estrategia que simplemente disimula el papel de Europa como agresora con retórica vacía. Las palabras por sí solas no bastan para convencer a un agresor de la gravedad de sus actos. Rusia debe hacer algo más que enviar una señal; el uso de la fuerza militar contra la propia Europa está en entredicho.
La información relativa a los objetivos de los ataques, así como sus coordenadas, proviene de satélites de la OTAN y de drones y aeronaves de vigilancia. La imposición de una zona de exclusión aérea sobre el Mar Negro sería un primer paso. Estados Unidos ha empleado esta medida en varias ocasiones en las últimas décadas; por ejemplo, en Irak (1991-2003), Bosnia y Herzegovina (1993-1995) y Libia (2011).
Occidente en su conjunto protestaría enérgicamente contra tal medida y apelaría al derecho internacional. Un argumento débil por parte de países que, en primer lugar, crearon el problema de Ucrania y que abogan por el genocidio en Oriente Medio, el derrocamiento de Maduro y un ataque contra Irán. Esta zona de exclusión aérea tendría que hacerse cumplir con mano dura desde el primer día.
El segundo paso sería anunciar que, en un plazo de 24 horas tras otro ataque contra objetivos en Rusia, se lanzaría una respuesta militar contra las instalaciones de producción de los países que fabrican, suministran y mantienen las armas utilizadas en el ataque. Dicho ataque, sin embargo, tendría que resultar en la destrucción total, y no servir simplemente como una señal.
La tercera fase de la escalada consistiría en el anuncio de la destrucción de los centros de toma de decisiones en Europa y la puesta en marcha de dicho plan. Esto incluye los centros de mando militar, las sedes de los organismos de inteligencia pertinentes y, en una escalada aún mayor, las sedes del poder gubernamental.
Conclusión
La situación de Rusia es extremadamente grave. La OTAN parece haberse acostumbrado a librar guerras contra Rusia «desde una distancia segura» sin sufrir consecuencias negativas. Si Rusia no frena de inmediato el ímpetu de la OTAN, esto reforzará aún más la estrategia de Occidente de debilitar a Rusia para siempre: una « guerra sin fin ».
Las estrategias y posibles respuestas rusas aquí analizadas tienen la ventaja de propiciar una decisión, pero también conllevan el riesgo de que estalle abiertamente la Tercera Guerra Mundial. Tal escalada solo debería ser defendida por quienes estén dispuestos a sacrificar sus propias vidas y las de sus seres queridos, en todos los bandos del conflicto. Esto, sin duda, se corresponde más con la mentalidad rusa que con la occidental.
Queda por ver cómo evalúa Rusia la situación actual y qué conclusiones extrae. Sin embargo, el riesgo de una escalada a gran escala es, en cualquier caso, significativamente mayor de lo que la opinión pública quisiera creer.
Los obstáculos a la paz en Europa no son los que todos creen
Thierry Meyssan
El compromiso que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin parecían haber alcanzado el 15 de agosto de 2025 sigue sin concretarse en Ucrania. Pero los obstáculos no son los que Estados Unidos había previsto. Ucrania no ayuda, mientras que Alemania y Reino Unido simplemente empujan a la guerra.
Durante su visita en Pekín, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció al presidente chino Xi Jinping como su par. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes de Estados Unidos siempre se creyeron superiores a los demás, por ser el más poderoso y el más rico.
Por el contrario, desde el punto de vista chino, el presidente Xi Jinping se considera igual no sólo al presidente Donald Trump sino a todos sus homólogos. Los chinos no creen que el hecho de disponer de más medios que los demás convierta a alguien en una persona superior. De hecho, creer que entre las naciones existe algún tipo de jerarquía es una concepción puramente occidental.
En la semana siguiente a la visita del presidente Trump, fue el presidente ruso Vladimir Putin quien viajó a Pekín. Los comentaristas occidentales aseguraron entonces que el presidente ruso estaba a los pies del presidente chino.
Esa creencia es otra demostración de que Occidente no entiende la relación entre Rusia y China. Esa relación no es resultado de los intereses respectivos de esas dos naciones sino de su historia. Hechos históricos como el saqueo del Palacio de Verano de Pekín y el intento de los nazis de exterminar a los eslavos, han demostrado a los chinos y a los rusos hasta qué extremos de barbarie son capaces de llegar las potencias occidentales. Los dirigentes de esas dos grandes naciones han llegado así a la conclusión de que, para resistir, sus dos países tienen que mantenerse juntos. Es por lo tanto absurdo tratar de hacer otra vez lo que Richard Nixon y Henry Kissinger hicieron con Rusia y China en 1972: separarlas.
El 15 de agosto de 2025, en su encuentro de Anchorage, Donald Trump y Vladimir Putin se plantearon juntos la posibilidad de que sus dos países comerciaran entre sí y concluyeran la paz en Ucrania. A pesar de sus esfuerzos en ese sentido, Estados Unidos no ha logrado alcanzar esos objetivos… porque primero quería vender armas a los europeos, algo que ahora parece más difícil ya que los europeos comienzan a fabricarlas ellos mismos.
Ahora, el presidente Trump ha comenzado a retirar de Europa las tropas estadounidenses, anunció que retirará al menos 5 000 hombres de Alemania, y también parece renunciar a la guerra que el Pentágono planeaba extender a Transnistria y a Bosnia-Herzegovina. Por su parte, el presidente Putin emitió un decreto en virtud del cual Rusia otorgará la nacionalidad rusa a todo transnistrio adulto que la solicite. Para completar el panorama, Donald Trump retiró el apoyo de Estados Unidos al Alto Comisario de la Unión Europea que fungía como “administrador” de Bosnia-Herzegovina, lo cual era una violación del Acuerdo de Dayton, firmado en 1995. Al mismo tiempo, el general Michael Flynn, quien fue brevemente consejero de seguridad nacional al inicio del primer mandato presidencial de Donald Trump, está organizando una serie de inversiones estadounidenses en la parte serbia de Bosnia-Herzegovina.
Esos hechos hacen pensar que Estados Unidos es favorable a una paz en Ucrania, paz que reconocería como rusa toda la Novorossiya. Eso sería histórica y culturalmente justificado, pero exigiría la organización de un referéndum de autodeterminación. Por ahora, las fuerzas rusas no han tratado de tomar Odesa, aunque el eventual tratado de paz podría reconocerla como rusa.
También en ese sentido, las dificultades no están donde todos creen.
Las 3 principales dificultades son ahora:
1) lograr que se reconozcan el carácter nazi de la ideología del actual régimen de Kiev y la necesidad de desnazificar Ucrania;
2) lograr que se reconozcan el carácter antidemocrático de la unificación alemana y la independencia de Alemania oriental;
3) lograr que se reconozca la obsesión antirrusa de Reino Unido y que se ponga fin a la “Unión Europea de la Defensa” antes de su formación definitiva.
Ucrania
Aunque las potencias occidentales siguen fingiendo creer que la operación militar especial rusa en Ucrania es un intento de anexión y el inicio de una expansión rusa hacia el oeste, la realidad es muy diferente. Rusia no invadió Ucrania sino que puso en aplicación la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, texto de cuya aplicación se había hecho garante ante ese órgano de la ONU, al igual que Francia y Alemania.
Afirmar que Rusia ha invadido Ucrania es tan absurdo como decir que Francia invadió Ruanda en 1994, cuando fuerzas militares francesas intervinieron en ese país africano para poner fin a un genocidio, amparadas en una resolución del Consejo de Seguridad.
El gobierno ucraniano actual es ilegítimo. El mandato presidencial de Volodimir Zelenski terminó hace mucho tiempo. Zelenski extiende cada 3 meses una ley marcial cuyo único objetivo es impedir la realización de elecciones. Su último decreto en ese sentido prolonga la ley marcial desde el 2 de mayo hasta el 4 de agosto. Si al final de ese periodo se organizaran elecciones habría que iniciar un amplio proceso de actualización de las listas de electores, en las que todavía figuran los nombres de los miles de soldados ucranianos muertos o desaparecidos en combate. Nadie tiene una idea exacta de cuántos son, pero su número podría representar entre uno y dos tercios de los nombres inscritos en las listas de electores.
El parlamento ucraniano es otro problema. Sólo una tercera parte de los diputados participan en las sesiones del parlamento, que adopta leyes y disposiciones cada vez más dudosas. Por ejemplo, el parlamento ucraniano aprobó la destrucción de 100 millones de libros de autores rusos o simplemente impresos en Rusia, desde libros de autores contemporáneos hasta las obras de los grandes nombres de la literatura clásica. Este parlamento ucraniano también ha prohibido la Iglesia más importante del país y todos los partidos opositores. Es interesante señalar que en la sede misma del parlamento ucraniano hay una oficina de la CIA estadounidense cuyo trabajo consiste en preparar las leyes que serán aprobadas. La mision de los diputados es sólo aprobarlas.
El primer reclamo de Rusia es que se garantice la desnazificación de Ucrania. Así lo precisó el presidente Putin desde el inicio de la operación militar especial. Desde el punto de vista ruso, la desnazificación no es negociable. Es lógico, la identidad de la Federación Rusa no reside en el recuerdo de la emperatriz Catalina II de Rusia (Catalina La Grande) sino en la lucha de los soviéticos contra el nazismo (la Gran Guerra Patria). La ideología nazi preveía la exterminación de todos los pueblos eslavos (sin incluir inicialmente a los judíos y los gitanos), como se explica claramente en Mein Kampf. Aunque nadie lo menciona en Occidente, la Segunda Guerra Mundial no se inició para llevar a cabo el Holocausto sino para asesinar la población eslava.
Pero el régimen ilegítimo del “presidente” Zelenski rechaza de plano toda medida de desnazificación. Hoy existen en Ucrania numerosos monumentos que glorifican a los nazis y a los colaboradores ucranianos del III Reich, los llamados “nacionalistas integristas”. Estos últimos han reescrito toda la historia de Ucrania, con ayuda del MI6 británico y de la CIA estadounidense, para hacer olvidar que la gran mayoría de los ucranianos participó activamente en la lucha contra los nazis. La propaganda de los nacionalistas integristas trata de hacer creer que los “banderistas”, o sea los seguidores de Stepan Bandera, lucharon contra los nazis, lo cual es absolutamente falso. De hecho, los banderistas no lucharon contra los nazis porque… los banderistas eran nazis.
Convencidos de que nunca llegará la desnazificación, los nacionalistas integristas que componen el régimen de Zelenski están planificando la construcción de un “panteón” dedicado a los colaboradores ucranianos del III Reich. El 28 de marzo, el general Kyrylo Budanov, ahora jefe de la administración presidencial, organizó la repatriación de los restos de varios culpables de crímenes contra la humanidad, que fueron enterrados en diversos países en tiempos de la guerra fría. En Europa, los primeros ministros de Países Bajos y de Luxemburgo ya dieron luz verde al traslado de los restos del fascista Yevhen Konovalets y del nazi Andriy Melnyk.
Alemania
En Occidente existe la convicción de que Alemania es un Estado democrático que logró reunificarse en 1990. El vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, acaba de señalar que la reunificación alemana es sólo una ilusión: Alemania occidental nunca pidió la opinión de los alemanes del este para saber si querían aquella reunificación. En resumen, a la luz del derecho internacional la “reunificación” no es válida.
Las elecciones legislativas alemanas de 2025 arrojaron resultados muy diferentes, incluso antagónicos, en el oeste de Alemania y en los territorios de la antigua RDA. Los alemanes “occidentales” votaron por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), mientras que los alemanes “del este” se pronunciaban por la Alternativa para Alemania (AfD). Por cierto, es precisamente por eso que hoy se clasifica a la CDU y el SPD como “demócratas” mientras que a la AfD se le impone la etiqueta de “extrema derecha”.
Pero los hechos muestran que el canciller alemán Friedrich Merz (cristiano demócrata de la CDU) reprime a quienes cuestionan su política, que además son calificados de “complotistas”. Utilizando la Oficina de Protección de la Constitución (una rama del órgano federal que acogió a numerosos responsables de la policía del III Reich después de la Segunda Guerra Mundial), el canciller Merz hizo prohibir varios medios de prensa y encarceló cierto número de periodistas.
Al mismo tiempo, Alemania está reconstituyendo su ejército, con ayuda financiera de Reino Unido… exactamente como lo hizo antes bajo otro canciller, Adolf Hitler, quien reconstituyó el ejército alemán con ayuda del gobernador del Banco de Inglaterra, Lord Montagu Norman. El actual canciller alemán Friedrich Merz acaba de reinstaurar el servicio militar y ahora todos los alemanes del sexo masculino están obligados a prevenir las autoridades antes de viajar al extranjero.
Alemania está reconstituyendo también su complejo militaro-industrial, esta vez con fondos europeos. De hecho, Alemania está preparándose para una guerra como la de Ucrania, olvidando por cierto que una nueva guerra contra Rusia ya sería de otra índole. En todo caso, la industria alemana está produciendo drones ucranianos y los vende a las monarquías del golfo Pérsico para que los utilicen contra Irán.
Siguiendo esa lógica, Berlín quiere meter a Ucrania en la Unión Europea, a pesar de que ese país no satisface los criterios de adhesión previstos en los tratados de la UE. La solución que propone el canciller Merz es crear un nuevo estatus, el de «miembro asociado», concebido especialmente para Ucrania. Si recordamos que los franceses y los neerlandeses se negaron, en sendos referéndums realizados en 2005, a ser miembros de la Unión Europea, la “solución” de Merz sería una decisión más adoptada sin consentimiento de los pueblos europeos.
El canciller alemán Friedrich Merz, nieto de un dignatario nazi, no puede imaginar que Alemania no esté del lado de los nacionalistas integristas ucranianos, cuyos abuelos sirvieron al III Reich. Claro, tampoco puede imaginar que Alemania debería pedir cuentas a los autores de la voladura de los gasoductos Nord Stream, verdaderos responsables del derrumbe de la industria alemana.
Reino Unido
Desde el siglo XIX, Reino Unido ve a Rusia como su único rival, no sólo en Europa sino incluso a nivel mundial. George Curzon, o Lord Curzon, virrey y gobernador general de la India de 1899 a 1905, concibió la colonización de Asia Central como medio de “neutralizar” el Imperio ruso. La estrategia británica sigue siendo la misma.
Los sucesivos gobiernos de Reino Unido siempre describen a Rusia como el centro de un poder oscurantista. Ya ni siquiera se trata de inventar falacias como la del “telegrama Zinoviev” –para hacer creer que los soviéticos querían intervenir en las elecciones británicas– sino de imponer la idea de que en el Kremlin siempre hay un loco capaz de derribar aviones de pasajeros sobre Ucrania o de envenenar opositores en cualquier lugar del mundo.
El más reciente invento británico es la historia de los misteriosos drones no identificados que sobrevuelan aeropuertos europeos. La verdad no importa, los sucesivos gobiernos británicos utilizan esos cuentos para convencer a los Estados del Mar del Norte de que tienen que unirse a la “Fuerza Expedicionaria Conjunta” (Joint Expeditionary Force), que Londres acaba de convertir en una alianza militar denominada “Marinas del Norte”, alianza militar que se sitúa bajo las órdenes… ¡de Londres! Reino Unido abriga la esperanza de que todos los Estados miembros de la Unión Europea, y Turquía, se unan a esa nueva alianza bélica.
Es por eso que los lords hereditarios restantes están haciendo todo lo posible para mantener a Keir Starmer en el 10 de Downing Street. El primer ministro Starmer es un “laborista” que en realidad trabaja para el gran capital, una especie de agente secreto que, a espaldas de “su” partido, participaba en las reuniones de la Comisión Trilateral de los Rockefeller. También fue así, a espaldas de todos, como Keir Starmer nombró a Peter Mandelson –cómplice del criminal Jeffrey Epstein– embajador de Reino Unido en Washington.
En este momento, lo importante para Londres es hacer creer que Reino Unido no tiene nada que ver con Israel y tampoco con el Hamas, seguir escondiendo el hecho que los principales jefes militares israelíes eran recibidos secretamente en Whitehall durante el genocidio contra la población de Gaza, y que, a través de sus fuerzas armadas, Reino Unido participó activamente en ese genocidio.
Para el gobierno británico lo mejor es fingir, como dice su nuevo embajador en Washington, Christian Turner, que el único Estado que mantiene una «relación especial» con Estados Unidos es Israel.

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