Política

La doctrina de la asfixia: el cerco de Trump y Rubio contra Cuba

Administrator | Martes 02 de junio de 2026
Juan Alberto Sánchez Marín
La Revolución cubana, desde hace más de 65 años —cuando el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower impuso las primeras sanciones comerciales unilaterales e ilegales el 19 de octubre de 1960—, soporta uno de los asedios más infames y prolongados de la historia.
No es para menos. Su sola existencia y persistencia constituye una de las mayores vergüenzas para un imperio que, también a lo largo de la historia, ha sido uno de los más prepotentes.
La relación de las agresiones es heterogénea e incluye desde invasiones, como la de Playa Girón en 1961, e intentonas de magnicidio contra Fidel Castro, la figura emblemática de la Revolución, objeto de más de 600 planes de atentados y conspiraciones, hasta un férreo bloqueo económico, financiero y comercial.
No es solo eso, desde luego. Guerra biológica, guerra comunicacional, injerencias al por mayor y al detal, inclusión en listas oprobiosas, sabotajes y acciones terroristas.
Son ejemplos de una campaña implacable de persecución contra la más hermosa “cosa vido”, como describió Cristóbal Colón a “la ysla de Cuba”, en su Diario de a bordo, al avistarla por primera vez. Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde aquella remota tarde de domingo del 28 de octubre de 1492, y muy pocas cosas han variado en la agresión desde la madrugada victoriosa del jueves 1 de enero de 1959.
De la Guerra Fría al asedio de diseño
Aunque la obsesión de Estados Unidos por doblegar a la isla se mantiene intacta, el contexto ha mutado y los procedimientos se han radicalizado.
Hoy, bajo la influencia de sujetos como Donald Trump y de su escudero infiel, Marco Rubio, este asedio ininterrumpido cobra una nueva y perversa dimensión. Ya no se trata solo de la herencia de la Guerra Fría, sino de una pieza clave dentro de una agresiva Estrategia de Seguridad Nacional dirigida a reconfigurar el dominio estadounidense sobre todo el hemisferio.
Los grandes conglomerados mediáticos occidentales, en la inviable misión de diferenciarse, no se ponen de acuerdo para decir lo mismo. En cambio, coinciden pronto en el mutismo sobre la actual política exterior estadounidense hacia América Latina. Sus estrategias desbocadas rara vez se analizan bajo la lupa del imperialismo contemporáneo.
Llevamos décadas con la narrativa de la “cooperación” a cuestas, pero la realidad es brutal y sin adornos: Latinoamérica y el Caribe constituyen una prioridad absoluta para la estrategia geopolítica imperial. Y Cuba es el principal escollo que deben sortear —o sea, destruir— para consolidarla.
El espejismo de la cooperación y el saqueo estratégico
Para entender el cerco de “máxima presión” sobre naciones disidentes como Cuba, primero hay que comprender el diseño macroeconómico que Washington ha trazado para el resto del continente. Los grandes titulares hablan de “acuerdos de inversión”, “estándares de certificación” y “financiamiento responsable”; sin embargo, la letra pequeña revela otra cosa. Hoy, la administración estadounidense opera bajo una premisa definida y clara: Washington considera a Latinoamérica una zona de abastecimiento estratégico.
No se trata de libre mercado. El objetivo de Washington no es simplemente adquirir recursos, sino construir un sistema de acceso y control sobre la región como proveedora de energía y minerales raros. Esto se disfraza con habilidad a través de la diplomacia corporativa.
Los recientes pactos con Chile, Argentina y Brasil no buscan el desarrollo autónomo de esas economías. Su objetivo es introducir el financiamiento y los estándares de certificación de Estados Unidos en la producción local, de modo que sean las empresas norteamericanas las que decidan qué se extrae, cómo se procesa y hacia dónde se exporta.
La dinámica evidencia un rediseño del colonialismo extractivista en el que la ecuación es letalmente simple: Latinoamérica aporta el litio, el cobre, el petróleo y el agua; Washington aporta la tecnología, las reglas... y las pistolas. Es la nueva dependencia, más sofisticada que la de los años setenta, pero igual de asfixiante.
En ese tablero, Cuba es la pieza que no encaja. Su existencia soberana, su modelo de resistencia y su negativa a integrarse como colonia de servicios o proveedora de minerales la convierten en un peligroso precedente y un prototipo de desobediencia inaceptable.
Hegemonía militar: el cerco geopolítico
El control económico no es algo aséptico. Requiere de un brazo armado que lo garantice. El documento oficial que rige la política exterior de Estados Unidos no deja lugar a dudas: Latinoamérica y el Caribe son una “prioridad absoluta”. Eso, sin ambages ni vueltas, quiere decir que ninguna zona del hemisferio puede quedar por fuera de la esfera de control de Washington.
Para lograrlo, la diplomacia de las cañoneras ha evolucionado hacia la ocupación territorial estratégica mediante el despliegue de bases militares en puntos neurálgicos: Honduras, cerca de las reservas petrolíferas de Venezuela; Paraguay, sobre el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo; y Colombia, como punta de lanza hacia la Amazonía y el Pacífico. No se trata de defensa ni de cooperación, es ocupación táctica.
Cada base es una navaja sobre la yugular de los recursos que el imperio necesita para la propia reproducción. Y cada país que acepta esas bases sin chistar —a cambio de migajas retóricas o financieras— se convierte en rehén voluntario de una cadena de mando que jamás lo incluirá en las decisiones.
En este esquema, Cuba es el territorio insumiso. Por eso el cerco se endurece: no basta con bloquear su economía; hay que desestabilizar su política, saturar a su sociedad con embustes, impedir que acceda a combustible, medicinas o tecnología, y culpar luego a las autoridades y su sistema por la escasez resultante. Lo que tenemos es la doctrina de la asfixia en estado puro.
La dupla Trump-Rubio: sadismo ideológico y cálculo electoral
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia, y con Marco Rubio sentado a su siniestra, el bloqueo contra Cuba dejó de ser inercia burocrática y se transformó en un espectáculo de ensañamiento.
Rubio, hijo de exiliados cubanos, que construyó su carrera política sobre el odio a la Revolución, ha sido el artífice de las medidas más crueles: la suspensión de vuelos chárter, la persecución de las remesas, y la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Un oxímoron que solo la hipocresía imperial puede sostener cuando Estados Unidos arma a Israel y bombardea Yemen e Irán, mientras aviva, a lo largo y ancho del planeta, toda clase de amenazas, desestabilización, intervenciones y agresiones.
La novedad de este segundo mandato de Trump es que el objetivo se hizo explícito: no se trata de “presionar para reformas” ni de “ayudar al pueblo cubano”. El propósito es lograr el sueño megalómano de Trump y los suyos: la claudicación de la revolución cubana. En otras palabras, la rendición incondicional.
¿El método? La crueldad calculada. La escalada de sanciones y amenazas de Washington contra Cuba reaviva décadas de agresión y profundiza la crisis humanitaria y energética en la isla. Para Rubio, esta cruzada es personal. Su resentimiento de clase se proyecta como política de Estado, y, mientras la prensa occidental lo retrata como “el senador que defiende la libertad”, calla que sus medidas condenan a abuelos a morir sin sus medicinas y a niños a crecer sin electricidad estable.
El siniestro plan se ejecuta mediante el incremento del bloqueo más extenso que registra la historia moderna contra un país soberano. La historia moderna, y también la antigua.
Eventos recientes: la asfixia en acción y la farsa extraterritorial
En los últimos meses, la administración Trump reactivó el Título III de la Ley Helms-Burton (1996), mediante el cual se le abre la puerta a demandas millonarias contra empresas que operan con propiedades nacionalizadas hace sesenta años.
Las sanciones financieras han sido reforzadas hasta el punto de que ningún banco del mundo quiere tocar una transacción relacionada con Cuba, por humanitaria que sea. Y amenaza con penalizar a los países que envíen petróleo a la isla, al aplicar un principio de jurisdicción extraterritorial que solo un imperio de la índole del estadounidense se atreve a ejercer.
A este cerco energético —que en sus efectos prácticos equivale a un bloqueo naval criminal y a un acto de guerra genocida que amenaza la existencia misma de la población— se suma ahora una ofensiva judicial sin precedentes. La reciente instrucción de cargos penales contra el líder de la Revolución, el General de Ejército Raúl Castro, es la materialización de este atropello.
Una decisión judicial extraterritorial, moralmente infame y legalmente arbitraria, orquestada mediante la manipulación de tribunales estadounidenses. La pretensión es obvia: usurpar jurisdicción sobre un derribo de aeronaves ocurrido hace 30 años en el espacio aéreo y marítimo cubano. Con este acto, la Casa Blanca no solo pisotea el derecho inalienable a la legítima defensa de un Estado soberano frente a misiones terroristas, sino que fragua un circo político para engañar a sus propios ciudadanos.
Como bien lo denunció el canciller cubano, Bruno Rodríguez, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, detrás de esta maniobra subyace un propósito vil: fabricar el pretexto para una aventura militar de “cambio de régimen” o “construcción de nación”, como lo denomina con cinismo el eufemismo imperial.
En su histórico alegato, el diplomático desnudó la perversidad de una plutocracia corrupta e inmoral que causa adrede este estrangulamiento. Las asfixiantes sanciones han provocado que, por ejemplo, la expectativa de vida de niños cubanos enfermos de cáncer se redujera drásticamente del 85% al 65%, para que luego esos mismos verdugos esgriman el peligro de una crisis humanitaria como excusa de intervención.
Ante este escenario demencial que podría desencadenar un baño de sangre, el llamado de Cuba resuena imperioso: el Sur global debe movilizarse para protegerse en colectivo y no permitir que una élite arrastre a la región a la barbarie.
La complicidad de los grandes medios: el pacto del silencio
La maquinaria propagandística occidental, al mismo tiempo, amplifica cualquier disidencia marginal como si fuera un tsunami, mientras silencia las movilizaciones masivas de apoyo a la Revolución. La guerra híbrida es también mediática: presentar el bloqueo como “respuesta a la dictadura” en lugar de mostrarlo como lo que es: una herramienta de castigo colectivo explícitamente prohibida por el Derecho Internacional.
He aquí otro elemento esencial que casi nunca se encara. Cuando los grandes conglomerados occidentales informan sobre Cuba, repiten como loros la cantinela de “régimen autoritario”, “falta de libertades” y “crisis provocada por el gobierno”. Nunca vamos a leer en ningún medio corporativo un titular que revele la finalidad esencial del imperio, digamos que “Estados Unidos intensifica el bloqueo para rendir a la isla por hambre”. De ningún modo, eso revelaría la naturaleza criminal de la política imperial.
La misma prensa que aplaude las sanciones a Rusia por su intervención militar en Ucrania, celebra las que se imponen a Cuba por el pecado original de haber osado construir un proyecto socialista a noventa millas de Cayo Hueso, Florida. La coherencia moral no existe en el periodismo de guerra; existe solo la alineación geopolítica.
Estados Unidos ha abierto múltiples frentes de amenazas contra Venezuela, China, Rusia, El Líbano o Palestina, multiplicadas bajo el mandato de Trump. Pero hay una diferencia cualitativa en el caso cubano: la agresión no es ocasional ni reactiva. Es sistémica, permanente, y se ha normalizado como si fuera el clima. Llueve el bloqueo sobre Cuba desde hace más de seis décadas, y los periodistas occidentales tienen el paraguas roto o, más bien, no quieren mojarse.
La resistencia como derrota anticipada del imperio
Frente a esta doctrina de la asfixia, cabe preguntarse: ¿por qué Cuba sigue en pie? ¿Por qué no claudica? La respuesta incomoda al imperio: porque hay un pueblo que ha hecho de la resistencia un arte de vivir; porque el bloqueo mata, pero no convence; porque la dignidad de los cubanos no se rinde con hambre.
Los estrategas de Washington no entienden esto. Piensan en términos de coste-beneficio, de disuasión, de umbral de dolor. Y tropiezan una y otra vez con un hecho que ningún misil ni sanción puede abatir: la Revolución cubana no es un gobierno, es una cultura. Es un vínculo intergeneracional de rebeldía que brotó en tierra hostil y no deja de estar activo y propagarse.
Trump y Rubio pueden endurecer el cerco, sumar listas, sanciones y amenazas, pero la historia ya les ha dado su veredicto. Cuba sigue ahí, más bien plantada que nunca, como aquella hermosa “ysla” que deslumbró a los navegantes del otro lado de la Mar Océano y que nadie podrá domeñar.
El poder, en su arrogancia, cree que asfixiar es lo mismo que vencer. Se equivoca de cabo a rabo. La asfixia solo demuestra su miedo: el miedo a que una pequeña isla de poco más de 100 000 km² lleve tantas décadas desgastando al imperio, y que de paso le enseñe al mundo que la dignidad también es victoriosa.
Fuentes y Referencias
(*) Juan Alberto Sánchez Marín es periodista y analista internacional colombiano. Director de dXmedio.
Acusación contra Castro: Trump es un gángster sin ley que normaliza los asesinatos extrajudiciales - Sachs
Mientras el Departamento de Justicia de Donald Trump acusa al ex presidente cubano Raúl Castro por un acto de autodefensa nacional, sigue siendo indiferente a la matanza de civiles en aguas del Caribe bajo Trump, dijo el juez retirado Andrew Napolitano al hablar con el profesor Jeffrey Sachs.
En febrero de 1996, aviones de combate cubanos derribaron dos aeronaves pertenecientes al grupo Hermanos al Rescate (BTTR), fundado por emigrados cubanos en Miami.
👉 Un año antes del derribo, Cuba protestó repetidamente contra las violaciones del espacio aéreo por parte de aviones de BTTR, que sobrevolaron áreas pobladas lanzando panfletos pidiendo un levantamiento contra el gobierno.
Documentos del Archivo de Seguridad Nacional de EE. UU. muestran que altos funcionarios de la administración de Clinton estaban profundamente preocupados por las provocaciones de BTTR y entendían que La Habana podría recurrir a la autodefensa. No obstante, la Administración Federal de Aviación de EE. UU. solo tomó medidas para prohibir los vuelos peligrosos de BTTR después de que los dos aviones fueran derribados.
➡️ Las acciones de BTTR fueron solo un episodio en una larga historia de intervenciones, operaciones de sabotaje, misiones de inteligencia y intentos de asesinato de EE. UU. dirigidos a Cuba y su liderazgo desde la revolución de 1959.
Sin embargo, el problema no es la decisión de Trump de acusar a Raúl Castro por el incidente de 1996, sino el patrón más amplio en el que los presidentes de EE. UU. han normalizado los asesinatos extrajudiciales en todo el mundo, desde los pescadores de Venezuela hasta los líderes de otros estados, advierte Sachs.
Financial Times: ¿Cuáles son las opciones militares de Trump contra Cuba?
La llegada esta semana del portaaviones estadounidense Nimitz al mar Caribe es "otra maniobra del Pentágono para amenazar con acciones militares al régimen comunista en La Habana", afirma el FT británico. Y cita una reciente declaración de Donald Trump: "Otros presidentes lo han pensado durante 50-60 años... Y parece que yo seré el que lo haga".
▪️ Dado que las negociaciones entre Washington y La Habana sobre la liberación de presos políticos y la liberalización de la economía cubana han llegado a un punto muerto, EE. UU. comienza a preparar el terreno militar y político para una posible intervención, considera el periódico. Y analiza las posibles opciones de acción contra las autoridades cubanas. En realidad, solo hay dos opciones:
  • Capturar al ex líder cubano Raúl Castro, que enfrenta cargos en EE. UU., al estilo del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.
  • Lanzar un ataque contra las Fuerzas Armadas cubanas con el objetivo de lograr un cambio de régimen mediante la destrucción de su capacidad de combate.
  • El FT subraya: en la primera opción, el factor sorpresa ya no está presente. Sin embargo, ¿qué cambiaría esto en la distribución del poder en la isla? El hecho es que "no existe una Delsi Rodríguez cubana de la versión venezolana". Además, en Cuba no hay un equivalente de María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel y líder de la oposición venezolana, que pueda afirmar con seguridad que representa los intereses de la mayoría de la población y comenzar a formar un nuevo gobierno.
    El periódico no comenta en absoluto la segunda opción en términos de éxito. Sin embargo, señala, con referencia a los expertos militares estadounidenses, que las Fuerzas Armadas cubanas no serían un factor disuasorio importante si EE. UU. "decidiera atacar con toda su fuerza".
    ▪️ Las reflexiones del FT sobre el primer escenario son lógicas. No se ha anunciado ninguna figura pública o grupo de personas a las que los estadounidenses puedan apoyar en Cuba. Sin embargo, no es seguro que no existan: es posible que simplemente se mantengan en la sombra. El grado de su popularidad en caso de que llegaran al poder a punta de bayoneta es también una cuestión abierta.
    En cuanto a la segunda opción, los ataques estadounidenses podrían debilitar a las autoridades cubanas y al potencial militar cubano. Sin embargo, sin apoyo interno, un golpe de Estado no sería posible. Se necesitaría una operación terrestre, lo que implicaría un nivel de pérdidas completamente diferente.
    Por cierto, la guardia de Maduro en Cuba fue aniquilada en su totalidad, y este ejemplo demuestra que en la isla puede haber un grupo significativo de personas dispuestas a sacrificarse por la libertad de su país.
    ▪️ En última instancia, el periódico británico se inclina a pensar que hay que esperar al verano: "La temperatura y la humedad en Cuba comenzarán a aumentar, las condiciones de vida se volverán más duras y podrían estallar protestas". Como ejemplo, se cita julio de 2021, cuando se produjo un estallido de descontento de una parte de la población... Como si alguien escribiera sobre la propia Gran Bretaña: "Para el otoño, las lluvias en el territorio del Reino serán más frecuentes — deberíamos prepararnos para un cambio de gabinete".
    Por el momento, hay muy poca información para predecir las acciones de la administración de Trump en relación con Cuba. Al igual que sobre la sostenibilidad del sistema de gobierno de la Isla de la Libertad y sobre las posibles corrientes subterráneas dentro de él. Sin embargo, el bloqueo marítimo de EE. UU. sigue vigente, y con él la opción de desgastar a los cubanos.
    “Guerra de Todo el Pueblo: la doctrina del patriotismo”
    Ernesto Limia
    En las presidenciales de 1980 en Estados Unidos ganó el republicano Ronald Reagan, actor hollywoodense que gobernó California entre 1967 y 1976. A sus 69 años —con escasa cultura y sin estudios universitarios—, la fuerza ideológica que impregnó a su discurso lo conectó con los sectores más reaccionarios de la nación, en su mayoría blancos anglosajones de clase media baja y la aristocracia obrera de los estados del oeste, el sur y el medio oeste, frustrada por la ineficacia de las políticas económicas keynesianas y alarmada ante el declive del poder hegemónico de Estados Unidos. El 20 de enero de 1981 acudió a la toma de posesión ―como quien dice― vestido de ranger y con el cuchillo en la boca. A su lado como vicepresidente tenía a George H. W. Bush; y como secretario de Estado, Alexander Haig, un general de cuatro estrellas que conocía los manejos y entresijos de la Casa Blanca —fue asesor adjunto de Seguridad Nacional y jefe de Gabinete de Richard Nixon—; dominaba el tema Cuba desde hacía cuatro décadas —actuó como enlace del Consejo de Seguridad Nacional en la Administración Kennedy con la Brigada 2506 (mercenarios de Bahía de Cochino) y asesoró a Robert Kennedy durante la Crisis de Octubre—; y tenía autoridad en Europa en caso de una guerra con la Unión Soviética —comandó la OTAN de 1974 a 1979.
    El 23 de febrero Haig hizo público un informe con las “evidencias definitivas” del apoyo clandestino de la URSS y Cuba a las guerrillas salvadoreñas. Cuatro días más tarde subió la parada en declaraciones a la prensa: “El Salvador representa una situación en la cual la actividad cubana ha alcanzado un punto que ya no es aceptable en este hemisferio” (Martínez, Navarro y Revuelta, 1981: 164). La maniobra fue aprovechada por Reagan para enviar 40 Boinas Verdes a San Salvador y un auxilio supletorio de 25 millones de dólares al régimen de José Napoleón Duarte. Con Cuba, en cambio, fue cauteloso. Haig optó entonces por desencadenar un clima de crisis y en junio presentó al Consejo de Seguridad Nacional un plan para arreciar el bloqueo contentivo de acciones militares.
    Resuelto a escalar, en noviembre optó por transitar un terreno espinoso: solicitó al presidente mexicano José López Portillo concertar un encuentro secreto con un dirigente de la mayor de las Antillas. Cuba nunca se ha negado a conversar con Estados Unidos y Fidel envió al vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez, uno de los más importantes ideólogos de la Revolución. No era la primera vez que se reunía con un alto funcionario estadounidense; pero Haig era otra cosa, el propio López Portillo había tildado sus declaraciones respecto a la Isla de “terrorismo verbal”.
    Conversaron los días 22 y 23 de noviembre en México. Haig exigió la retirada del supuesto contingente militar cubano en Nicaragua. Carlos Rafael explicó que varias decenas de asesores militares de diversas categorías contribuían en la organización de las fuerzas armadas y el entrenamiento del ejército nicaragüense; no la cifra de 600 manejada por Haig con la prensa, menos la de tres mil declarada por otros funcionarios en Washington. La mayor parte del personal prestaba colaboración civil —dos mil 45 maestros, 240 técnicos, 159 doctores y 66 enfermeras. Haig mintió sin escrúpulos para mostrarse inflexible. “…lo que estoy diciendo es que debemos hallar una solución y pronto”, dijo. Y ante la pregunta de cuál solución, espetó:
    "Tiene que haber una solución porque nadie ha dado a Cuba el derecho divino de intervenir en los asuntos internos de los países de este hemisferio, independientemente de los argumentos que se empleen para justificarlo.
    […]
    "Hay preocupación en los países de este hemisferio. Hubo una época en que Cuba gozaba de una posición muy sólida en el mundo no alineado. Sin embargo, han surgido algunos problemas relacionados con su participación. Es esencial que lleguemos a un entendimiento recíproco, de lo contrario puede haber graves consecuencias (Haig y Rodríguez, noviembre 23 de 1981)".
    La respuesta de Carlos Rafael constituye una lección de ética y diplomacia digna de la generación que construyó la Revolución en Cuba:
    "Podemos discutir esto y darle detalles que son de interés para ustedes porque no queremos que se produzca una confrontación por un error. Nosotros también estamos listos para una confrontación. Sabemos que una confrontación sería traumática para nuestro pueblo. No tenemos dudas al respecto. Pero nosotros tampoco tememos a una confrontación. A lo que tememos es a una confrontación innecesaria, en la que, como consecuencia de errores de ambas partes, de la falta de comunicación, mueran miles de estadounidenses y cientos de miles de cubanos. Eso nos preocupa. Me preocupan otros elementos de interpretación que me parece debemos discutir.
    "Si fuese necesario, puedo irme cualquier día a Nueva York y organizar una reunión diferente más detallada. Pero varias de sus interpretaciones personales que, como usted dice, también son coherentes con las interpretaciones del presidente de los Estados Unidos, me generan gran preocupación. Por ejemplo, no creo que los Estados Unidos tengan derecho a intervenir en los asuntos relacionados con la presencia de los maestros cubanos en Nicaragua. Eso y lo que están enseñando es algo que debe decidir el gobierno nicaragüense. Puedo asegurarle que son maestros primarios que apenas pueden enseñar marxismo-leninismo. No sé si han tratado de leer algún libro sobre marxismo-leninismo, pero sería muy difícil para nuestros dos mil 700 maestros enseñar marxismo-leninismo a los niños indígenas. No obstante, creemos que solo el gobierno nicaragüense, y no otro, es quien debe decidir si necesitan a nuestros maestros o no.
    "Estoy convencido de ello porque he sostenido varias conversaciones con los dirigentes nicaragüenses y también he hablado con Fidel, y sé, de otras conversaciones en las que he estado presente, que los nicaragüenses no tienen el más mínimo deseo o interés de intervenir en Honduras. Ellos entienden perfectamente que eso los llevaría a una confrontación con los Estados Unidos y no habría nada peor para Nicaragua, que verse arrastrada a una confrontación con los Estados Unidos. Podemos y debemos seguir debatiendo todos estos temas. Usted dice que se nos está agotando el tiempo. Aprovechémoslo al máximo. Quiero decir algo: Cuba nunca miente y Fidel nunca miente (Haig y Rodríguez, noviembre 23 de 1981)."
    Haig no lanzaba palabras al vacío: apenas once días después, el 4 de diciembre, fue asesinado el alfabetizador cubano Águedo Morales Reina en la comarca de Aguas Sarcas —12 km al oeste de Villa Sandino, en el Departamento de Chontales. Tenía 28 años… Era el cuarto maestro cubano asesinado por la Contra que patrocinaba Estados Unidos. Fue tal la indignación que miles de maestros se brindaron en Cuba para ocupar el lugar de Águedo en Nicaragua. En menos de un año la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización iluminó a 406 mil 56 nicaragüenses y redujo el índice de analfabetismo de 50, 35 por ciento a 12, 96 por ciento. La revolución sandinista debió pagar un precio elevado por brindar a su pueblo el derecho al conocimiento, paso imprescindible para democratizar la cultura. Entre 1979-1984 la Contra destruyó 14 escuelas, asesinó a 113 maestros y secuestró a otros 187.
    Bajo el supuesto de que a la tercera iba la vencida, el 29 de enero de 1982 Haig presentó al Consejo de Seguridad Nacional un nuevo plan contra Cuba y Nicaragua. Propuso cerrar la Sección de Intereses en La Habana y expulsar a los diplomáticos cubanos en Washington; acelerar los trabajos para sacar al aire la emisora anticubana Radio Martí; arreciar el bloqueo, colocar en una lista negra a los barcos que entraran a puertos cubanos y descarrilar el turismo. Peor aún: abogó por establecer un bloqueo naval a Cuba y Nicaragua, con acciones militares de envergadura para neutralizar la capacidad “ofensiva” de ambos países. Reagan lo consagró con la Directiva 21 de Seguridad Nacional, pero todo apunta que la engavetó después de pensarlo mejor. Haig quedó aislado en su beligerancia extrema. En opinión de Robert Pastor, asesor para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional en la Administración Carter, fue rechazado por cuatro razones:
    • Primero, el secretario de Defensa, Caspar Weinberger, temía que se produjera otro Vietnam, y los jefes conjuntos temían que los soviéticos respondieran con acciones en otra parte del mundo.
    • Segundo, el resto del Gobierno dudaba de que el Congreso o el público aceptaran esa acción sin alguna provocación por parte de Cuba.
    • Tercero, algunos funcionarios del Departamento de Estado dudaban que el bloqueo afectara el apoyo de Castro a las revoluciones en América Central.
    • Y, finalmente, los asesores políticos de la Casa Blanca querían que el presidente y el público se concentraran en las cuestiones económicas internas, especialmente en una reducción de impuestos, y que Reagan no disipara tan pronto su popularidad en tantas cuestiones controvertidas (Pastor, 1987: 11).
    Lejos de lo que creyó Weinberger, ya entonces en Moscú veían el mundo a través del prisma de sus relaciones con Estados Unidos y no mostraban preocupación por los problemas de las naciones en desarrollo. Frente a las declaraciones de Haig y Reagan respecto a los planes de invadir a Cuba, el secretario general del PCUS, Yuri V. Andropov, se negó a advertir a Estados Unidos que tal agresión no sería tolerada por la URSS. Ni siquiera le recordó el compromiso de no atacarla adoptado en la salida a la Crisis de Octubre pactada entre Kennedy y Jruschov.
    En un encuentro en Moscú con Raúl Castro el 29 de diciembre de 1982, Andropov declaró impertérrito: “En caso de agresión norteamericana a Cuba, nosotros no podemos combatir […] porque ustedes están a 11 mil km de nosotros. ¿Vamos a ir allá para que nos partan la cara?”. Por las señales que observaba desde hacía un tiempo, Fidel no se sorprendió al escuchar a su hermano al regreso. Con todo, resultó chocante que en los momentos de mayor peligro la dirección soviética le hiciera saber al Gobierno Revolucionario que frente a un eventual ataque militar “…Cuba se vería dramáticamente sola” (Leonov, 2015: 200-202).
    Tomaron dos decisiones relevantes: mantener el secreto entre ellos —la menor indiscreción atizaría el fuego de la invasión—; y la más importante: convinieron en pasar de una concepción defensiva contra eventuales desembarcos yanquis a cargo de grandes unidades regulares, a la defensa combativa en el terreno y su aseguramiento logístico ante cualquier variante de agresión —bloqueo naval, guerra de desgaste, invasión, ocupación parcial o total del territorio cubano. Con la nueva concepción la responsabilidad de la defensa dejó de ser exclusiva de las Fuerzas Armadas; en el orden militar y logístico sería una tarea de todo el pueblo. Nació como doctrina militar cubana la estrategia de la Guerra de Todo el Pueblo: “…significa que para conquistar nuestro territorio y ocupar nuestro suelo, las fuerzas imperiales tendrían que luchar contra millones de personas y tendrían que pagar con cientos de miles, e incluso millones de vidas, el intento de conquistar nuestra tierra, de aplastar nuestra libertad, nuestra independencia y nuestra Revolución, sin alcanzar a conseguirlo jamás”, explicaría tiempo después (Castro, 1988: 3).
    Dos principios básicos se desprenden de la concepción planteada ese día por Fidel: en las condiciones de Cuba, bajo una agresión militar lo primero que atacará Estados Unidos son sus comunicaciones; por tanto, la orden de combate contra el agresor está dada y no hay espacio para la rendición.
    Un año más tarde, el 14 de noviembre de 1983 Fidel fijó nuestra posición de principios en el acto de despedida a los internacionalistas cubanos caídos en la invasión yanqui a Granada: “¡No habrá poder, no habrá armas, no habrá fuerzas que puedan prevalecer jamás sobre el patriotismo, el internacionalismo, los sentimientos de fraternidad humana y la conciencia comunista que ellos representaron!” (Castro, 1983). Y un pueblo entero gritó con él: “¡Venceremos!”.
    Bibliografía
    Castro Ruz, Fidel: “Discurso pronunciado en el acto de despedida de duelo a los héroes caídos en desigual combate frente al imperialismo yanqui en granada”, Plaza de la Revolución, 14 de noviembre de 1983. Disponible en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1983/esp/f141183e.html (Consultado 26.7.2023).
    “Discurso en el acto de conmemoración del aniversario XXXII del desembarco de los expedicionarios del yate Granma y de la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y la proclamación de Ciudad de La Habana Lista para la Defensa en la primera etapa, en la Plaza de la Revolución, el 5 de diciembre de 1988”, Granma (La Habana), 7 de diciembre de 1988.
    Haig, Jr., Alexander M.: Caveat: Realims, Reagan, and Foreing Policy, New York: Mac Millan Publishing Company, 1984.
    Haig, Jr., Alexander M y Carlos Rafael Rodríguez: “Transcripción de la conversación entre el vicepresidente del consejo de Estado de la República de Cuba, Carlos Rafael Rodríguez, y el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig”, México, D.F., 23 de noviembre de 1981. Fuente: TsKhSD, f. 5, op. 84, d. 584, ll. 1-27; (traducción Bruce McDonald); Proyecto Carter-Brezhnev, Archivo de Seguridad Nacional.
    Leonov, Nicolai S. (2015): Raúl Castro: un hombre en revolución, La Habana, Editorial Capitán San Luis.
    Martínez, Victoria; Ana Cristina Navarro y Manolo Revuelta: Haig, el americano feo, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981.
    Pastor, Robert: “The Reagan Government and Latin America. The relentless search for security”, en Donald Oye, Kenneth A.; Lieber, Robert J. And Rothchild (Author): Eagle resurgent?: The Reagan era in American foreign policy, ‎ Boston: Little, Brown and Company, 1987.
    Cuba: Una nación agredida en forma crónica
    Pablo Jofré Leal
    Estados Unidos lleva 67 años impulsando y llevando a la práctica una política de máxima presión contra Cuba y su pueblo.
    Se trata de un proceso de crímenes, de ataques sostenidos, que han ido aumentando en intensidad y carácter delictivo, con la determinación de llevar a cabo un ataque a Cuba bajo el modelo venezolano.
    Me refiero con esto del modelo Venezuela, a la política de promover imputaciones jurídicas contra lideres de esta nación, en esta ocasión contra el General ® Raúl Castro Ruz, ex secretario general del Partido Comunista de Cuba y ex presidente del Consejo de Estado y de ministros entre el año 2008 al 2018, fecha en la cual se retiró de toda actividad pública.
    La acción legal contra Raúl Castro es una nueva artimaña de la administración Trump, reconocido como un régimen donde la mitomanía se impone y que continua la línea trazada desde el gobierno de John Kennedy de amenazar a Cuba con su invasión. Se trata de imponer nuevamente el peso delictivo del sistema de justicia penal estadounidense, anticipando una posible pena máxima de cadena perpetua, generando la sospecha que Washington pretende concretar tal idea implementando una acción militar de secuestro de Castro Ruz por medios similares a los que empleó el ejército estadounidense en el rapto del mandatario venezolano Nicolás Maduro.
    En esta ocasión, el histórico líder cubano ha sido acusado por el fiscal general interino estadounidense, Todd Blanche, de “los delitos de asesinato, conspiración para matar a estadounidenses y destrucción de aeronaves” haciendo referencia a la muerte de cuatro miembros de la organización Hermanos al Rescate el día 24 de febrero de 1996 que, en sus aeronaves provenientes del territorio estadounidense, violaron el espacio aéreo cubano.
    Acción que generó la legítima respuesta de un país soberano de no permitir la violación de su soberanía. Las mencionadas avionetas despegaron del Aeropuerto de Opa-locka (actualmente conocido como Miami Opa-locka Executive Airport), ubicado en el condado de Miami-Dade, Florida, Estados Unidos.
    Lo mencionado da cuenta que, el régimen estadounidense, sean estos demócratas o republicanos, no perdona a Cuba en haberse constituido en el primer territorio libre de América tras el triunfo de la revolución encabezada por el fallecido comandante Fidel Castro Ruz. Una espina clavada, permanentemente, en la arrogancia del imperialismo estadounidense.
    Imputaciones contra el General Castro Ruz, uno de los líderes históricos cubanos, no sólo extemporáneas, sino que falsarias. Se obvia interesadamente el hecho que, en forma evidente, cualquier país al cual se le ha violado repetidamente su espacio aéreo, que advierte que se detengan esas violaciones, so pena de usar fuerza militar, y esas acciones aumentan bajo el impulso de Washington y sus servicios de inteligencia, llega el día que la advertencia se hace efectiva.
    Cuando ello se concreta, sobreviene el vocifero, el desgarrar vestiduras respecto a la defensa de los derechos humanos de personajes claramente identificados como parte de grupos terroristas, en este caso de origen cubano, radicados en Miami. Una ciudad que, desde el triunfo de la revolución cubana, se convirtió, no sólo en destino del exilio de políticos, militares y sectores afines a la dictadura del derrocado Fulgencio Batista, sino también en guarida de cuanto grupo terrorista se formó al amparo de la protección, apoyo político, financiero y militar de los gobiernos estadounidenses que han utilizado esa masa como serviles testaferros, ocultando así la verdadera identidad de aquellos interesados en atacar a Cuba.
    Esta nueva inculpación, contra un líder cubano, se implementa en un marco mundial de absoluto déficit de la legitimidad de la política estadounidense. Un Donald Trump que ha abierto múltiples frentes de enfrentamiento, ataques, procesos desestabilizadores, amenazas a diestra y siniestra, tanto contra amigos como adversarios y enemigos.
    Un mandatario con debilidad política en su país, con graves deficiencias militares, económicas y políticas, que resultan en la clásica necesidad de la política de Estados Unidos de buscar salidas externas a sus graves problemas internos que, en el caso de Trump incluye serias acusaciones en que se le vincula al escándalo criminal denominado “Caso Epstein” . Esto a través de documentos judiciales y de denuncias pública respecto a abusos sexuales, tráfico de menores, violaciones y obstrucción a la justicia.
    La conducta delictiva crónica de Estados Unidos respecto a Cuba ahora intenta llevar a cabo la amenazada irrupción del territorio cubano y con ello el intento de secuestrar a dirigentes políticos de este país latinoamericano ¿Objetivo esencial? Lograr el lograr el control de la isla y ampliar así el control geopolítico de la zona del Caribe. Como también dar una señal para el resto de los países latinoamericanos, aprovechando en ello la línea narrativa de acusar a Cuba de constituirse en una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Vieja formula imperial del ente estadounidense. La ofensiva jurídica, económica y con amenazas militares está en plena ejecución.
    Este nuevo Lawfare (1) en este caso contra la República de Cuba, en general y en específico contra Raúl Castro, referida al caso de las avionetas en 1996 que, desde territorio estadounidense violaron el espacio aéreo cubano genera una evidente y enorme preocupación. Esto, porque representa un nuevo acto de agresión y una provocación abierta por parte de los Estados Unidos. La administración de Donald Trump actúa bajo la costumbre de erigirse como el "sheriff del mundo", intentando aplastar cualquier disenso que se oponga a sus objetivos de dominio geopolítico.
    Esta medida es como sacar conejos de un sombrero, una táctica propia de un mago mediocre. Un día lanzan acusaciones contra nuestros gobiernos tildándolos de narcotraficantes o de establecer carteles de la droga, y al otro día nos acusan de financiar a grupos opositores o de servir a potencias extranjeras que supuestamente ponen en peligro la seguridad estadounidense. Nuestras sociedades se encuentran ante una administración estadounidense, desesperada en su intento de evadir sus propios problemas internos. Por ello, recurre a campañas de desinformación, operaciones mediáticas, presiones económicas y ataques para someter a los países que no se alinean a sus dictados.
    Presiones Delictivas
    El caso penal en cuestión, radicado en una corte federal de Miami, imputa a Raúl Castro (quien actualmente tiene 94 años) los delitos de asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves. Los cargos se basan en los hechos de febrero de 1996, cuando se derribaron las mencionadas avionetas pertenecientes a grupos que, bajo la fachada de una organización humanitaria, buscaban derrocar al gobierno cubano e ingresaron ilegalmente en el espacio aéreo de la isla. Esto, a pesar de las reiteradas advertencias y las solicitudes de las autoridades cubanas a sus pares estadounidenses, para no seguir generando situaciones que pudiesen acarrear problemas mayores.
    Y “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe” que el día 24 de febrero Tres avionetas Cessna 337 Skymaster de la organización contrarrevolucionaria cubana “Hermanos al Rescate” despegaron desde Miami y violaron el espacio aéreo cubano en repetidas ocasiones, haciendo caso omiso de las advertencias de no seguir adelante con esa conducta claramente provocadora.
    Dos de los tres aparatos aéreos fueron derribados lo que generó la lógica reacción del gobierno del ex presidente Bill Clinton que firmó la ley Helms-Burton que endureció, superlativamente, la política de bloqueo contra Cuba. Los objetivos de los grupos radicales cubanos asentados en Miami lograron su objetivo sacrificando la vida de cuatro de sus compatriotas y que después de treinta años se reflota como una nueva arista de ataques contra Cuba.
    Hoy la acusación se fundamenta en asignar responsabilidad al General ® Raúl Castro Ruz por la llamada cadena de mando. Esto, pues en esa fecha el mencionado líder cubano era la máxima autoridad militar en Cuba. Se argumenta también la existencia de grabaciones de audio, donde se detalla que se ordenó el derribo de las aeronaves tras violar el espacio aéreo cubano. Unido a reportes e informes aeronáuticos que afirman que el derribo de las dos avionetas en aguas internacionales. Una postura que Cuba ha rebatido históricamente, demostrando con coordenadas ante organismos internacionales que las naves violaron su espacio soberano.
    Es evidente el carácter absolutamente político-mediático de la decisión estadounidense, en medio de fuertes críticas a su política exterior. Esto, pues Raúl Castro ya no ocupa cargos estatales ni partidistas activos. Desde el 2018 la presidencia de Cuba está en manos de Miguel Díaz-Canel y, posteriormente, en abril de 2021, durante el VIII Congreso del PCC, el general castro Ruz dejó su último cargo como Primer secretario del Comité Central del Partido Comunista, retirándose también del Buró Político.
    Las motivaciones políticas detrás de una decisión extemporánea se revelan en función de reflotar un caso ocurrido tres décadas atrás y que se explican el momento elegido por la Casa Blanca para volver a presentar un caso que muestra más su intervención permanente en los asuntos cubanos, el apoyo a organizaciones terroristas, cuya misión es desestabilziar a Cuba en múltiples aspectos, que presentarse como un defensor de los derechos humanos, punto que ya nadie le cree en el mundo, más allá de sus cipayos.
    ¿Cuáles son estas razones? Grosso modo:
  • Debilidad política de la segunda administración presidencial de Donald Trump: Un régimen que enfrenta una baja popularidad interna y duros cuestionamientos por su política exterior, particularmente por las tensiones y agresiones contra Irán. La política de guerra comercial con China. El tema de tensiones con la Unión Euroepa, la OTAN y la Guerra de este trío en Ucrania contra Rusia, que evidencia las falsas promesas de Trump.
  • Crisis económica y geopolítica: La administración se encuentra cuestionada en materia económica y muestra una posición de debilidad frente a sus aliados europeos, mientras mantiene una postura sumisa ante el avance de China.
  • Estrategia electoral en Florida. Las elecciones de medio término ad-portas que evidencian una postura implacable contra el gobierno cubano, con el objetivo de consolidar el respaldo del exilio de línea dura en el sur de Florida para obtener rédito político doméstico. Esto también pretende influir en sectores de las comunidades venezolana y nicaragüense que apoyan a la derecha más radical de Estados unidos, a pesar de que esa misma derecha promueve políticas de deportación que los afectan. Es la clásica conducta del esclavo que termina defendiendo a su opresor.
  • Construcción de un marco legal para la intervención. Reeditar una agresión contra un país latinoamericano bajo el que podemos denominar el “modelo Venezuela”. Al igual que ocurrió con la imputación penal contra Nicolás Maduro en 2020, Washington busca dotarse de una base jurídica que califique al liderazgo cubano como "criminal" o "prófugo", justificando así un escenario de asfixia total o intervención.
  • Ahora bien, todo esto nos lleva a la siguiente interrogante. ¿De qué justicia se puede hablar en Washington tomando en cuenta casos de impunidad interna como el caso Epstein que involucran al actual mandatario? ¿Qué justicia puede invocar el régimen estadounidense frente a décadas de crímenes, desestabilización, agresiones, Golpes de Estado e invasiones contra una enorme cantidad de países de todos los continentes?¿Cuáles son las verdaderas prioridades de la justicia estadounidense? Respuestas que serán explicitadas, en la parte II de este artículo.
  • El lawfare es una guerra política por la vía judicial-mediática, con intereses económicos, políticos y geopolíticos deliberadamente ocultos a la opinión pública. https://www.oblawfare.org/lawferencorto.
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