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Venezuela, S.A.: las petroleras negocian el reparto bajo tutela de Washington

Administrator | Miércoles 24 de junio de 2026
Cinco meses después de que la captura de Nicolás Maduro en la incursión estadounidense del 3 de enero de 2026 abriera un nuevo capítulo en Caracas, la pregunta ya no es política sino contractual: ¿cuánto se llevará cada quien del subsuelo venezolano? Los acuerdos entre Washington y la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, apuntan a una continuidad del oficialismo en la conducción del Estado, ahora bajo fuerte influencia externa. Sobre ese tablero, las multinacionales del crudo ya mueven sus fichas.
▪️El mensaje de Chevron
El presidente ejecutivo de Chevron, Mike Wirth, fue directo ante Bloomberg TV: la compañía todavía no tiene las condiciones para inyectar capital nuevo, por la falta de claridad en el marco fiscal del sector. Sus palabras: "Necesitamos un nuevo conjunto de términos fiscales bajo los cuales invertiríamos en el país. En este momento, la cantidad de impuestos y regalías que se pagan no deja lo suficiente para que un inversor obtenga un retorno de sus inversiones".
Wirth señaló que el país cambió: la ley de hidrocarburos fija un nuevo rango de impuestos y regalías, pero sin precisar dónde aterrizarán esos valores. De ahí las negociaciones en marcha. Reveló que esta misma semana su equipo estuvo en Caracas: "Tuvimos un equipo en Venezuela que tuvo algunas conversaciones sobre el tema". Su conclusión cierra la puerta por ahora: "Es poco probable que pongamos capital a trabajar hasta que esas cosas sean aclaradas".
▪️El telón de fondo que pocos cuentan
Las cifras explican la urgencia. Chevron es la única gran petrolera estadounidense que sigue operando en Venezuela, con apenas unos 250.000 a 260.000 barriles diarios, frente a una producción nacional que ronda el millón y que llegó a superar los tres millones en su pico. Con el crudo cerca de los 100 dólares, Wirth espera recuperar en un año la deuda que PDVSA le adeuda, antesala de un eventual salto productivo del 50% en año y medio.
El reacomodo lo dirige Washington. Tras la reforma de la ley de hidrocarburos de enero y las licencias generales emitidas por el Tesoro en febrero de 2026, la administración Trump presiona a las petroleras para invertir 100.000 millones de dólares y reconstruir el sector energético venezolano.
No todas comparten el optimismo. El presidente ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, le dijo a Trump en enero que Venezuela era "no invertible" bajo el sistema vigente. La memoria pesa: ExxonMobil vio confiscados sus activos en dos ocasiones, y a Shell y BP se les revocaron las licencias. Aun así, Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips ya se reúnen con el gobierno encargado de Rodríguez.
▪️Lectura geopolítica
Lo que se discute en Caracas no son porcentajes de regalías: es el precio de admisión a un protectorado energético. El esquema de garantías —contratos respaldados por el propio Estado estadounidense, seguridad sobre el terreno, repatriación de utilidades— configura un modelo donde la soberanía sobre la principal reserva de crudo del planeta se subasta puerta por puerta. El que se quedó "cuando otros no lo hicieron", como dijo Wirth, exige ahora que el nuevo orden le pague la espera.

La mano sionista en la causa contra Zapatero

Carlos Sánchez

Javier Negre, el periodista más corrupto de España, subvencionado por el sionismo para intoxicar en Hispanoamérica a favor de la causa genocida entrevista a Delcy, amenazando con meter un poco más de presión al asunto Zapatero. ¿Queda claro lo que está ocurriendo aquí o todavía no?

Los mensajes que han servido para el registro de la oficina de Zapatero provienen del uso por parte de la HSI del software israelí Cellebrite en la causa por narcotráfico de la DEA contra Maduro. Poco después del secuestro de Maduro, el Departamento de Justicia retiró la ridiculez del Cártel de los Soles, pero la detención ya había ocurrido y nadie, ni siquiera los chavistas más acérrimos, han opuesto resistencia de ningún tipo

La causa de la que salen los mensajes de Zapatero es ésta misma causa de Maduro. No nos tomamos en serio esto porque Negre es un personaje ridículo, Aldama parece un pobre diablo y el PSOE es fundamentalmente una organización criminal y bien está cualquier condena que pueda caerle a cualquiera de sus miembros. La cuestión está en qué se pretende con estos movimientos y quién los patrocina.

Echarle un ojo a lo que ocurre en Hispanoamérica es una buena manera de entender hacia dónde van las cosas aquí en España. Aldama y Negre trabajan fundamentalmente para los mismos que están tomando Argentina, que vienen de colocar a su candidato sionista en Colombia, que han maniobrado para excarcelar en EEUU al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico o qué están dejando a Chile, Paraguay y Ecuador a expensas de los designios de Palantir.

En Europa, a través de Black Core y Black Cube, los sionistas están practicando injerencias en Escocia, Francia, Eslovenia, Hungría, Rumanía, etc. En España, los sionistas, a través del entramado empresarial de Hachuel, se están espiando los teléfonos de cargos electos a través de Pegasus, desviando fondos públicos a chiringuitos sionistas en Murcia, Andalucía y Madrid. Sirva de ejemplo el reciente desembarco de Trans Tind o el Chemical Luna, barcos procedentes de Israel que han generado un fuerte rechazo social y político, ya que estos recursos provienen de territorios ocupados e incluso han sido vinculados a la cadena de suministro de fósforo blanco utilizado en Gaza.

Yo puedo entender que se deteste al PSOE, a Zapatero o a Ábalos. Tampoco son santos de mi devoción, pero no conviene perder de vista que, además de animar tertulias y programas de prime time durante meses (o años), estas corruptelas son el chocolate del loro, y la verdadera partida es la geopolítica. En España, con el PSOE destruido por su propia cloaca, y con el PP y VOX absolutamente postrados a la causa sionista, el cambio de gobierno supondrá convertir al país en la punta de lanza de la coalición Epstein contra China y Rusia y, por tanto, alineados totalmente y sin ambages a sus intereses.

Más allá de las fobias personales, yo pregunto: ¿Queremos que España se convierta en un satélite del sionismo?

El juzgado de Delawere que vacío Caracas

La geopolítica del siglo XXI no se escribe solo con tropas y sanciones. A veces, basta con un tribunal de distrito, un fondo de cobertura y un megadonante republicano.

Paul Singer no aparece en televisión ni da entrevistas. Su biografía es un manual de cirugía financiera hostil. En 1977 fundó Elliott Management, que hoy maneja 72.000 millones de dólares con una doctrina inalterable: comprar deuda moribunda por centavos y litigar sin pausa hasta cobrarla con intereses.

El método tiene cicatrices visibles. En los noventa pagó 20 millones por bonos peruanos impagados; tras una década de pleitos, embolsó 58. La gran escuela fue Argentina. Tras el default de 2001, adquirió papel en cesación de pagos por 117 millones y rechazó sumarse a las reestructuraciones que aceptó el 93% de los acreedores. Persiguió al Estado argentino durante quince años en tribunales de Nueva York, Londres y Bruselas. En 2012, un juez de Ghana —a instancias de sus abogados— retuvo en el puerto de Tema a la fragata ARA Libertad con 300 tripulantes a bordo, como garantía de cobro. Al final, Argentina pagó 2.400 millones de dólares. Retorno para Elliott: más del 1.270%.

En Estados Unidos forzó la fusión de Cabela's con Bass Pro Shops y vació Sidney, Nebraska, la sede histórica de la empresa. El periodista Tucker Carlson lo sentenció: "No crea nada. Destruye ciudades enteras".

El activo más valioso de Venezuela fuera de su territorio no es un pozo ni un yacimiento. Es CITGO Petroleum: tres refinerías en suelo estadounidense, oleoductos, terminales y miles de estaciones de servicio que durante décadas procesaron crudo venezolano. Un informe encargado por el propio tribunal que ordenó su venta la tasó en 13.000 millones de dólares.

En noviembre de 2025, la filial de Elliott, Amber Energy, se adjudicó el control de la matriz de CITGO por 5.900 millones. Cuarenta y cinco centavos por cada dólar de valor estimado.

La subasta fue la culminación de un litigio de ocho años donde acreedores reclamaban 19.000 millones por expropiaciones e impagos del Estado venezolano. Pero la cronología introduce un temblor: la firma de Elliott se aseguró la joya petrolera semanas antes de que la administración Trump depusiera a Nicolás Maduro. La revista Fortune lo formuló sin eufemismos: Elliott está entre los grandes ganadores de la venta forzada de CITGO y de la caída del gobierno venezolano.

CITGO A 45 CENTAVOS POR DÓLAR: LA INVASIÓN DE VENEZUELA YA TENÍA DUEÑO
La operación contra Venezuela se vendió al mundo como un asunto de democracia y narcotráfico, pero leída desde el libro contable cuenta otra historia: semanas antes de que las fuerzas especiales estadounidenses depusieran a Nicolás Maduro, un fondo buitre de Wall Street se aseguró el activo exterior más valioso del país a una fracción de su precio.
El modelo buitre
Pocos observadores políticos han oído hablar de Paul Singer, y es por diseño. Su fondo, Elliott Management, gestiona hoy unos 72.000 millones de dólares y nació en 1977 con una estrategia simple: comprar deuda en problemas a precio de saldo y luego exprimir judicialmente a quien la debe. En los años noventa adquirió unos 20 millones en deuda soberana peruana, litigó sin tregua y salió con 58 millones. Su golpe más resonante fue Argentina: tras el colapso de 2001 compró bonos en cesación por unos 117 millones, se negó a entrar en la reestructuración junto al resto de acreedores y peleó años hasta arrancar un acuerdo de 2.400 millones, un retorno cercano al 1.270%. En 2012, sus abogados lograron que un tribunal en Ghana retuviera en puerto a la fragata escuela argentina ARA Libertad, con su tripulación a bordo, como prenda de cobro. En Estados Unidos forzó la fusión de Cabela's con Bass Pro Shops y vació Sidney, Nebraska, la ciudad sede de la empresa. El veredicto del periodista Tucker Carlson en 2019 resume el modelo: “No crea nada. Destruye ciudades enteras”.
La joya venezolana
En noviembre de 2025, la filial de Elliott, Amber Energy, ganó la subasta ordenada por la corte por el control de la matriz de Citgo Petroleum, el activo exterior más valioso de Venezuela. Pagó 5.900 millones de dólares, pese a que la firma asesora del tribunal valoró Citgo en unos 13.000 millones. Es decir, unos 45 centavos por cada dólar. La decisión la tomó un juez de Delaware, cerrando un litigio de ocho años por casi 19.000 millones en reclamaciones de acreedores tras las expropiaciones y los impagos venezolanos. La victoria llegó justo antes de que la administración Trump derrocara a Maduro. La revista Fortune lo formuló sin rodeos: Elliott figura entre los grandes ganadores de la venta forzada de Citgo y de la caída de Maduro.
Cuando el dinero escribe la política exterior
Singer no es solo financista, es operador político: segundo mayor donante republicano en 2016 y financiador de la Foundation for Defense of Democracies, descrita por un exalto funcionario del Departamento de Estado como una voz beligerante a favor de la guerra contra Irán. El caso del congresista Thomas Massie lo expone con crudeza. Massie había irritado a Trump por oponerse a la acción militar en Irán y en Venezuela y por criticar la ayuda a Israel. El 4 de enero de 2026 señaló el negocio en un mensaje: "Paul Singer, megadonante republicano globalista... está en posición de ganar miles de millones con su inversión en CITGO, ahora que esta administración se ha apoderado de Venezuela". El desenlace confirma la advertencia: el super PAC de AIPAC y otros grupos respaldados por donantes proisraelíes inyectaron más de 15,8 millones de dólares en la contienda contra Massie —a los que Singer sumó su propio millón al PAC alineado con Trump—, y en mayo de 2026 Massie perdió la primaria más cara de la historia de la Cámara de Representantes frente al candidato respaldado por Trump, en una derrota que reafirmó el control de AIPAC sobre la política del Partido Republicano
Lectura geopolítica
Lo de Venezuela es el rostro financiero del imperio. Un juez de Delaware dispone de la corona patrimonial de una nación soberana; sanciones, tribunales, deuda y fuerza militar operan como un único sistema para transferir los recursos del Sur global hacia el capital occidental. Y la disidencia dentro del propio aparato —un congresista contrario a las guerras de Irán y Venezuela— se neutraliza con dinero. El orden unipolar no exporta democracia: monetiza soberanías. Caracas no es la excepción, es la plantilla.

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