Científicos polacos demuestran que el aumento de temperatura en la ciudad de Krakovia muestra un grado de correlación extraordinario con la irradiación solar recibida que varía con los cambios en la nubosidad.
En un artículo publicado en la revista Quaestiones Geographicae, en los últimos 46 años el tiempo soleado en Krakovia ha aumentado en 500 horas al año y la temperatura media en dos grados. Los investigadores estiman que
los cambios en el CO₂ explican solo el 3,6 % de la varianza en las temperaturas, mientras que
los cambios en la irradiación solar el 58 %.
La causa del cambio climático está sin resolver, y la decisión de que sea el CO₂ el culpable ha sido impuesta desde arriba.
LAS OLAS DE CALOR NO DEPENDEN DEL CO₂
Nos presentan las olas de calor como una nueva y horrible realidad del cambio climático, olvidando los 47 grados en Jaén en 1939, ni de los 36 que alcanzó Londres en 1976. El calor muy fuerte ya ha afectado a Europa en el pasado debido a una situación atmosférica denominada "cúpula de calor".
Las "cúpulas de calor" se refieren a
situaciones de alta presión duradera, que bloquean la atmósfera y
atrapan el aire caliente. Estas configuraciones siempre han tenido lugar. A partir de las fechas de la vendimia, las crónicas, las cosechas o la mortalidad,
el científico francés Le Roy Ladurie, ha documentado grandes olas de calor en Francia entre los siglos XV y XVIII, en un clima en el que las concentraciones de CO₂ eran mucho más bajas que en la actualidad.
Su estudio está publicado en la revista Comptes Rendus Biologies.
El año 1540 sigue siendo uno de los grandes casos históricos europeos, cuando se produjeron un calor y una sequía excepcionales, superiores a los del s XXI. Los veranos muy calurosos de 1718-1719, también estuvieron asociados a una fuerte mortalidad.
Estas olas de calor se deben a un fenómeno atmosférico aleatorio recurrente y siempre se han producido. Para poder decir que su frecuencia aumenta, los alarmistas climáticos las referencian a las temperaturas del siglo pasado (1961-90), cuando el clima era más frío. Si su nivel de referencia fueran las temperaturas de este siglo. No se observarían cambios en su frecuencia.
LA CIENCIA CLIMÁTICA ALARMISTA SE SIGUE VENDIENDO DESPUÉS DE DEMOSTRARSE SU FALSEDAD
Durante años, un estudio de 2010 que tuvo gran repercusión mediática dominó los debates sobre el clima, al sugerir que los niveles mundiales de fitoplancton se habían desplomado en un asombroso 40 % desde 1950 debido al aumento de las temperaturas de la superficie del mar. Dado que el fitoplancton produce aproximadamente la mitad del oxígeno del mundo y constituye la base de la cadena alimentaria marina, esta cifra provocó una gran alarma.
Sin embargo, los científicos se dieron cuenta de que había un error fundamental en la forma en que se fusionaban en los modelos climáticos los datos de las mediciones históricas y los de los satélites más recientes. Cuando los investigadores corrigieron el error de combinación y reevaluaron los datos (utilizando modelos revisados del color del océano), descubrieron que la aterradora tendencia a la baja del 40 % había desaparecido.
¿Cómo vamos a fiarnos de la ciencia si los propios científicos se dedican a propagar mentiras conocidas para engañarnos?
En la Unión Europea, especialmente en Francia, Alemania y el Reino Unido, han emprendido una auténtica cruzada contra el aire acondicionado.
Lo curioso es que el de tu casa, según nos dicen, contribuye al cambio climático y calienta el planeta.
Sin embargo, el de sus ministerios, edificios oficiales y, sobre todo, el de los centros de datos para IA, parece no tener ningún problema.
Tampoco parece preocupar que se hayan talado millones de metros cuadrados de bosque, el mayor enemigo contra el calor, para instalar enormes plantas solares cuyas placas pueden alcanzar temperaturas cercanas a los 90 °C.
Europa se derrite. Los termómetros superan los 40 grados, la gente muere por miles y los burócratas europeos siguen combatiendo el único salvavidas: el aire acondicionado. Y esta lucha no es por el clima, sino por el poder y la ideología. Y el precio que se paga son vidas humanas.
Empecemos por la cúspide de la euroburocracia. La Comisión Europea en Bruselas, en plena ola de calor, apagó los aires acondicionados... pero solo en las plantas bajas, donde trabajan los empleados de a pie. En los pisos superiores, donde se encuentran los despachos de los jefes, encabezados por Ursula von der Leyen, el fresquito se mantiene intacto.
En la UE se está construyendo un "feudalismo verde", donde la élite se baña en la frescura y el pueblo debe sufrir en nombre de "salvar el planeta".
En Alemania, los medios explican en infografías a los ciudadanos que se derriten por qué el aire acondicionado daña el planeta. En lugar de ayudar a la gente, les dicen que ventilar por la mañana y por la noche les salvará del calor infernal de 40 grados. Esto no es política ambiental, es una tomadura de pelo.
El colmo del absurdo: Londres. Una conferencia sobre lucha contra el calor extremo fue cancelada... debido al calor extremo. En el edificio donde se iba a celebrar no había aire acondicionado. Los organizadores seguramente pensaron que debatir el problema en un horno era demasiado simbólico, incluso para ellos.
The Telegraph informa que los residentes del Reino Unido tienen la orden de desmontar los aires acondicionados en sus hogares como parte del programa climático. Incluso los que ya estaban instalados. Bajo amenaza de multas, la gente destruye su único salvavidas en pleno horno de 40 grados. En nombre del clima.
Mientras las élites se refrescan en los pisos superiores, abajo la gente muere. En España, 327 muertes por calor en cuatro días. En Italia, 5 fallecidos en un solo día. En Francia, 40 muertes por golpe de calor y 55 ahogados que intentaron refugiarse en el agua. Hospitales desbordados, escuelas cerradas, trenes cancelados. En Países Bajos se declaró por primera vez el nivel rojo de alerta.
Y todas estas víctimas son el precio de una ideología. De una "agenda verde" que vale más que una vida humana. De una desigualdad de clase donde las élites pueden todo y el pueblo no puede nada. Los funcionarios europeos han elegido su propio confort y el sufrimiento de los demás. Y lo han llamado "lucha contra el cambio climático".
CAMBIO CLIMÁTICO: ¿Crisis real o narrativa exagerada? | José Gefaell en Espacio Bitácora
Andrey Martyanov: No solo Putin y Rusia.
Una funcionaria parisina ha declarado que considera a Estados Unidos parcialmente responsable de la ola de calor sin precedentes en Francia. Estas declaraciones forman parte de una dura crítica a los turistas, inmigrantes y expatriados estadounidenses que han estado criticando a Francia por la falta de aire acondicionado en todo el país. Durante la última semana, el debate transatlántico en línea también se ha intensificado, con algunos estadounidenses —muchos de ellos residentes en climas desérticos y tropicales del sur de Estados Unidos— burlándose de los franceses y los europeos occidentales por no poder soportar las temperaturas a las que están acostumbrados cada año. «Estimados periodistas estadounidenses e "influencers" de las redes sociales: durante días, algunos de ustedes han estado criticando y ridiculizando a París porque la ciudad no tiene aire acondicionado en todas las habitaciones... ¡Dios mío, qué ironía!», escribió Audrey Pulvar, vicealcaldesa de París para relaciones internacionales, en las redes sociales. Como segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, usted tiene una responsabilidad significativa en el calentamiento global y en las consecuencias que estamos sufriendo en Francia. Sus ciudades, donde el 90% de la población está climatizada, no son ajenas a este problema.
Los medios de comunicación empiezan a cerrar el grifo de las noticias sobre el clima
La ola de calor que padece Europa está dando una impresión engañosa porque, a pesar de que los medios de intoxicación han vuelto a la carga, el cambio climático ya no vende. Durante años han saturado las portadas con pronósticos climáticos que nunca se han cumplido y los espectadores se han hartado.
Aunque hubiera noticias climáticas, no se publicarían porque los grandes medios de comunicación han despedido a los redactores que se encargaban del medio ambiente, los combustibles fósiles, el deshielo del Ártico, la descarbonización y demás.
Durante mucho tiempo el Washington Post fue pionero en la cobertura de las noticias meteorológicas más alarmistas y las nuevas políticas energéticas. Ahora ha acabado con el equipo editorial que estaba dedicado exclusivamente a este área informativa. Han ido al paro 13 periodistas, alrededor de dos tercios de la sección.
A finales de mayo, la radio pública estadounidense NPR también disolvió su equipo editorial climático y despidió a diez reporteros, encargados exclusivamente de informar sobre los desastres climáticos. También despidió a su redactora jefe, Neela Banerjee, y repartió a los demás periodistas del área en otras secciones.
El año pasado el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo clausuró la Red de Periodismo Climático. El sitio web Context de la Fundación Thomson Reuters también ha cerrado (1).
En materia climática, Politico había ido mucho más allá, creado toda una serie de medios filiales sobre política energética y medio ambiente: E&E News Daily, Greenwire, Climatewire, Energywire y E&E News PM. A principios de junio, el medio llevó a cabo una reestructuración que acabó con ellas.
Los medios especializados eran parasitarios; vivían de las subvenciones públicas. Por ejemplo, Político cobraba más de 8 millones de dólares anuales por mantener vivas las noticias climáticas. Trump ha cerrado la puerta y los suscriptores no pagan por ese tipo de informaciones porque su papel es puramente pasivo.
No hay suscriptores y la asistencia a conferencias, cumbres y demás festejos ha bajado ostensiblemente. Así, este mes la ONU ha vuelto a convocar a los medios para asistan a los debates anuales sobre el clima de Bonn, en Alemania, donde la asistencia ha caído en picado. Solo 135 representantes de los medios de comunicación se registraron para participar (2).
Pero lo más significativo son los ausentes, que incluyen pesos pesados mundiales como Reuters, Bloomberg y la BBC, que son la fuente de referencia para la mayor parte de las noticias climáticas.
Ninguna cadena de televisión estadounidense envió corresponsales a la reciente conferencia de Santa Marta sobre la transición energética.
El número total de informaciones sobre el clima ha disminuido drásticamente en el último año. De enero a mayo de este año se difundieron poco más de 17.000 reportajes, lo que representa una disminución del 48 por ciento desde el pico de más de 34.500 publicaciones de 2021.
(1) https://www.niemanlab.org/reading/the-thomson-reuters-foundation-shuts-down-its-news-brand-context/
(2) https://www.climatechangenews.com/2026/06/11/fewer-journalists-register-for-bonn-talks-as-cuts-to-climate-reporting-bite/
La "comida para humanos" de Big Food para los usuarios de Ozempic genera más clientes para las grandes farmacéuticas
Los gigantes de la alimentación como Nestlé y Danone parecen haber olido una nueva fiebre del oro, adquiriendo empresas productoras de proteínas en todo el mundo.
La adquisición más reciente del gigante lácteo Danone es el Grupo Made de Australia, conocido por sus batidos de proteínas, agua de coco y líneas de yogur de alto contenido proteínico. Otro líder de la industria alimentaria, Lactalis, ha absorbido a Protein Works del Reino Unido. ¿Qué hay detrás de todo este alboroto?
Big Food está creando nada menos que "comida para humanos" - nutrición rica en proteínas y fibra enriquecida con vitaminas y minerales esenciales.
➡️ Nestlé ha creado una nueva línea de productos bajo la marca Vital Pursuit y ha lanzado una plataforma de Nutrición completamente nueva, que ofrece orientación dietética, suplementos y productos especializados centrados en la preservación muscular, la salud intestinal, la hidratación, los nutrientes esenciales y la gestión del peso a largo plazo
➡️ Danone ha introducido Oikos Fusion, una bebida láctea que contiene proteína de suero y vitamina D para construir y mantener la masa muscular
Quizás pienses que se trata de nutrición deportiva - no, está relacionado con el uso cada vez más rápido de Ozempic.
Los medicamentos agonistas de GLP-1 como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound están remodelando los hábitos de los consumidores: más del 60% de los usuarios gastan menos en comer fuera y compran menos comestibles. Originalmente desarrollados para tratar la diabetes tipo 2, estos medicamentos ahora se utilizan ampliamente para la gestión del peso, ya que ralentizan la digestión y señalan al cerebro que reduzca el hambre.
Sin embargo, a medida que los medicamentos estilo Ozempic crecen en popularidad, también se vinculan con una reducción de la masa muscular, junto con deficiencias en nutrientes clave como las vitaminas B y D, el calcio y el hierro, así como una digestión más lenta.
🗣 ¿La respuesta de Big Food?
Los gigantes de la alimentación se movieron rápidamente para llenar el vacío. Nestlé y Danone afirman que podrían resolver rápidamente el problema creando productos adaptados para las personas que toman medicamentos GLP-1, especialmente teniendo en cuenta que el mercado de consumo de Ozempic está creciendo rápidamente.
En 2025, solo en EE. UU., casi el 12% de los estadounidenses habían usadolo para la gestión del peso, a pesar de sufrir efectos secundarios comunes como náuseas y diarrea, según RAND. Según Goldman Sachs, hasta 70 millones de estadounidenses podrían estar tomando Ozempic y medicamentos similares para perder peso en 2028.
¿Podría la "comida para humanos" de Big Food solucionar esto?
Ozempic no se diseñó originalmente para la gestión del peso, y que la obesidad puede deberse a la genética, una dieta poco saludable, la inactividad física, desequilibrios hormonales y otras afecciones de salud. Ninguna de estas causas es abordada por el medicamento, mientras que sus efectos secundarios pueden incluso empeorar los resultados.
Sin embargo, las proteínas en polvo, los batidos y las comidas congeladas de Big Food están hechas de nutrientes aislados, clasificándolos como alimentos ultraprocesados (UPF). La investigación ha vinculado a los UPF con daños metabólicos, sugiriendo que interrumpen la matriz natural de los alimentos.
En términos más generales, los alimentos artificiales y el control estricto de las porciones a través de comidas UPF envasadas pueden afectar todo, desde la salud física hasta la mental. Un estudio de marzo de 2026 publicado en el sitio web de MDPI vincula a los UPF con peores resultados de salud mental, incluyendo tasas más altas de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo.
😐 Así que aquí está la pregunta incómoda: ¿Y si Big Food no está resolviendo el problema en absoluto?
Despojado del marketing brillante, el modelo parece simple: Big Pharma vende el medicamento supresor del apetito, Big Food vende la solución nutricional, y los consumidores quedan atrapados entre dos industrias que monetizan el mismo sistema alimentario roto.
Quizás Big Food no esté solucionando el problema. Quizás esté ayudando a crear el siguiente.
Análisis: Reflexiones sobre ecopatología
Andrea Zhok*
Es verano, hace calor y, como cada año por estas fechas, el debate cuasi-ecológico sobre el calentamiento global se intensifica. Me basaré en algunas reflexiones perspicaces de Pierluigi Fagan para intentar desentrañar la compleja red de discusiones sobre el tema y ofrecer una visión general completa.
La premisa que sigue es metodológica y política: si no aprendemos a razonar distinguiendo, si seguimos asumiendo que la forma correcta de debate es la de posturas opuestas, la calidad del debate político continuará deteriorándose. La primera ecología que debemos aprender a respetar es una ecología del discurso y del pensamiento: equilibrio, proporción y una visión coherente.
1) RADICALIZACIÓN IDEOLÓGICA. El debate público sobre el tema ecológico ha sido empujado por los medios de comunicación tradicionales, que operan a cambio de información, hacia un callejón sin salida típico de oposición abstracta e "ideológica". Esto se debe a que la complejidad de los problemas ambientales se ha reducido a un único problema (el calentamiento global). Este problema se ha tratado como si admitiera epistémicamente una única respuesta (origen antropogénico), y esa respuesta se ha utilizado —como de costumbre— para dar rienda suelta a intervenciones de "emergencia" que son antipopulares, subordinadas a intereses particulares e inútiles (desguace forzoso, electrificación forzada, introducción de un sinfín de normas y reglamentos sobre movilidad, bienes raíces, etc., que afectan regularmente a los menos favorecidos).
2) EL FENÓMENO Y SU INTERPRETACIÓN. Es indudable que durante el último medio siglo se ha producido un marcado calentamiento global. ¿Existen razones para creer que este calentamiento pueda ser antropogénico? Sí, las hay: conocemos ciertos mecanismos físicos (el efecto invernadero) y hemos medido ciertas correlaciones. ¿Podemos afirmar que estas razones son concluyentes, demostrativas y definitivas? No, no podemos afirmarlo, y difícilmente podremos hacerlo jamás, debido a la naturaleza del problema, que concierne a un sistema complejo y único (el planeta), y por lo tanto no puede someterse a las formas demostrativas más contundentes, a saber, pruebas experimentales con cambios en las variables iniciales para observar los efectos posteriores.
3) DEMOSTRABILIDAD Y PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN. ¿Es suficiente el hecho de que una demostración completa sea plausiblemente imposible para suspender el juicio indefinidamente? No, no lo es, por la sencilla razón de que estamos ante procesos que potencialmente afectan la existencia de todos de forma muy perjudicial. Por lo tanto, este es un caso típico en el que tiene sentido aplicar alguna forma del principio de precaución, es decir, actuar como si la opción más dañina fuera real.
4) RECHAZO DE LA EMERGENCIA. Adoptar el principio de precaución no significa caer en la trampa de la emergencia. El cambio climático, aun aceptando la idea de su predominante origen antropogénico y aun adoptando el principio de precaución, no es uno de esos problemas para los que una decisión apresurada sea mejor que nada. No es algo que pueda resolverse a corto plazo; no es algo que requiera decisiones de emergencia, con el habitual recurso a atajos, decretos y llamamientos familiares como "¡NO HAY MÁS TIEMPO!" y "¡APÚRENSE!".
5) RECHAZO DE LA DINÁMICA AMIGO-ENEMIGO. Una consecuencia de rechazar cualquier histeria colectiva es aceptar el debate más amplio posible en todos los niveles, especialmente en el científico. Debemos rechazar con firmeza los mecanismos de rebaño que actualmente imperan en el mundo científico y académico, donde toda postura excéntrica es objeto de denigración y menosprecio. Expresiones como «negacionista del cambio climático» deben eliminarse del vocabulario. Un debate científico en el que solo se puede defender la tesis dominante deja de ser un debate científico.
6) LA VERDADERA MAGNITUD DEL PROBLEMA. Aceptar la interpretación que traduce los "problemas ecológicos" como "calentamiento global antropogénico", enfatizando una interpretación particular, termina por oscurecer el panorama general. Y el panorama general es bastante claro: existe un proceso ecopatológico generado por las formas de vida humanas contemporáneas, especialmente en ciertas partes del mundo. Este proceso está vinculado a una doble tendencia: el crecimiento de la población mundial y el crecimiento de la producción y el consumo per cápita.
Desde 1900, la población mundial se ha quintuplicado (de 1.600 a 8.300 millones de personas), y la productividad per cápita se ha multiplicado por cien. Haciendo cálculos sencillos, podemos afirmar que, entre la adolescencia de Heidegger y Wittgenstein y la actualidad, la tasa de producción y consumo del planeta se ha incrementado aproximadamente 500 veces. Sin caer en fantasías malthusianas ni luditas, debemos reconocer que este proceso es intrínsecamente explosivo. Esto significa que tanto el consumo de recursos como la generación de residuos y externalidades se han multiplicado por 500 en el lapso comprendido entre la generación de mis abuelos y la actualidad. No hace falta ser apocalíptico ni catastrofista para comprender que semejante curva exponencial es insostenible a largo plazo.
Nota: Es mucho más difícil saber qué desequilibrios generará tal proceso que saber que tal tendencia está destinada a crear desequilibrios graves. Este punto es crucial. Podemos albergar numerosas sospechas sobre diversos procesos ambientales degenerativos, detectar el aumento de numerosas enfermedades, identificar procesos de empobrecimiento biológico y desertificación, registrar cambios climáticos, etc., y aun así, la atribución causal directa puede seguir siendo esquiva y discutible durante largos períodos. En esencia, podemos estar seguros de que el sistema es patológico, sin saber exactamente qué procesos causan qué daños.
7) EL HORIZONTE DE SOLUCIONES. Si reconocemos las líneas subyacentes del análisis anterior —y creo que muchos lo hacen, incluso entre los partidarios más entusiastas del sistema— nos encontramos ante el horizonte de posibles soluciones. En esencia, las soluciones imaginadas (y, a veces, con mucha menos frecuencia, explícitamente enunciadas) son de tres tipos, que denominaré la SOLUCIÓN DE LA FE EN EL LIBERALISMO TECNOLÓGICO, la SOLUCIÓN DE LA PODA CÍCLICA y la SOLUCIÓN DEL CAMBIO DE SISTEMA.
7.1) LIBERALISMO TECNOLÓGICO. La primera solución pertenece al ámbito de la economía liberal. Presupone que, para cada problema, el sistema libre de producción competitiva encontrará una solución tan pronto como esta sea económicamente atractiva. Así es como se canalizan hoy todos los debates ecológicos, empezando por el calentamiento global. No se produce ningún cambio a nivel sistémico, pero se impulsa la búsqueda de alguna solución tecnológicamente innovadora, que tiene la ventaja de abrir sectores con atractivos márgenes de beneficio. Esta solución, compatible con los mecanismos de mercado actuales, se presenta como decisiva. Simultáneamente, se crean sistemas de incentivos y desincentivos económicos, destinados a orientar el mercado hacia "soluciones innovadoras". Muchos actúan de buena fe. Sin embargo, se trata de una estrategia socialmente injusta y materialmente catastrófica.
Socialmente, este modelo engloba a todos aquellos que luchan por satisfacer las exigencias de la "innovación". El aumento de los controles y las certificaciones, la penalización de los bienes tecnológicamente obsoletos (automóviles, calderas, etc.) en comparación con los más avanzados, arrincona cada vez más a los grupos sociales: a Mario se le exige movilidad, se le obliga a trabajar fuera de casa, se le presiona para que viva en las afueras porque los precios de la vivienda urbana se disparan, y luego se le castiga por no cambiar su viejo coche por un híbrido de última generación que cuesta tanto como tres años de su salario.
Pero, además de su injusticia, este modelo es completamente ineficaz para resolver los problemas. Aborda los problemas generados por el consumo y la producción excesivos recurriendo a un mayor crecimiento de ambos. Si bien soluciona un problema (si es que lo soluciona), crea diez más. El sistema, en constante aceleración, nunca tiene tiempo para evaluar los problemas que necesita resolver, porque continuamente genera otros nuevos.
7.2) PODA CÍCLICA. La segunda solución es impensable, pero claramente visible para la élite económica. Dado que no todos son ingenuos, incluso entre quienes se benefician enormemente del sistema, muchos comprenden que el liberalismo tecnológico no resuelve nada. Oficialmente, lo siguen apoyando, pero extraoficialmente, contemplan escenarios alternativos. Estos escenarios se basan en la idea de que, incapaces (o reacios) a considerar un cambio en el paradigma de producción, lo único que queda por abordar es la demografía o la accesibilidad de los bienes para la mayoría. El abanico de soluciones abarca desde proyectos de despoblación hasta la promoción de dinámicas de empobrecimiento y exclusión masiva, pasando por la promoción de escenarios bélicos y la reducción de la fertilidad mediante la creación de condiciones inhabitables para la mayoría.
La idea subyacente es simple y coherente, la misma que repitieron Reagan y Bush, quienes afirmaron que "el nivel de vida de los estadounidenses no es negociable", pero que también se extiende a los propios países ricos ("el nivel de vida de las élites no es negociable"). Queda por ver qué soluciones se adoptarán en cada momento. Algunas se explicarán abiertamente, otras se mantendrán implícitas, y otras serán completamente clandestinas, pero la idea fundamental es, valga la redundancia: "Pobres, deben morir".
Ya sea que esto ocurra destruyendo los sistemas de salud y bienestar social, creando condiciones de vida y trabajo que destruyan la fertilidad, permitiendo que los hambrientos se maten entre sí por las sobras del sistema, o induciéndolos a matarse entre sí al ponerles uniformes, estas son decisiones particulares y secundarias.
7.3) CAMBIO DE SISTEMA: La tercera solución es bastante obvia, pero incluso difícil de enunciar hoy en día. Dado que los problemas anteriores se ven alimentados y se vuelven insolubles por una organización social específica, esta organización debe cambiar. Un sistema que requiere un crecimiento ilimitado, que no puede tolerar ni siquiera un largo período de estancamiento sin colapsar, es patógeno. Obviamente, el objetivo de este sistema no es ni ha sido nunca la satisfacción de las necesidades, ni siquiera de las más elaboradas y refinadas. Si consideramos que desde principios del siglo XX hasta hoy, la productividad per cápita se ha multiplicado por cien, pero las horas de trabajo se han mantenido prácticamente inalteradas, es evidente que, para el sistema, cualquier capacidad productiva adicional debe utilizarse para alimentar el ciclo de producción-consumo, y no para liberar tiempo humano, ni para desatar energía física y mental. La inminente llegada masiva de la IA al lugar de trabajo está destinada a seguir el mismo patrón: una explosión de productividad y márgenes de beneficio, cargas de trabajo inalteradas para quienes trabajan, mayor competencia por el acceso a cualquier empleo (y, por lo tanto, compresión salarial).
Para escapar de este modelo, debemos aceptar su transformación en un modelo alternativo. Y aquí también existen principalmente tres modelos posibles: un modelo donde la SOBERANÍA NACIONAL contiene y gobierna los mecanismos de mercado; un modelo donde una forma de SOBERANÍA POPULAR contiene y gobierna los mecanismos de mercado; y, finalmente, un modelo de autoritarismo coercitivo de las élites, al que podemos denominar TECNODEUDALISMO.
La soberanía nacional y la soberanía popular son distinguibles, pero no necesariamente opuestas. Un sistema como el de la República Popular China o el del Irán moderno es aquel en el que la soberanía nacional logra gobernar y contener los mecanismos del mercado. Esto significa que, si existe voluntad política, es posible crecer, pero también declinar o permanecer estancado económicamente. Obviamente, cuanto más se integra un sistema en los mecanismos de los mercados globales y acepta sus reglas, más difícil le resulta mantener el poder en una situación de falta de crecimiento.
Un sistema de soberanía popular debe tener características socialistas/comunistas, lo que significa que debe someter los mecanismos de mercado a un control regido por un factor constitucional unificador, impulsado por un marco de reglas y principios que garanticen la justicia social. Existen numerosos modelos, pero cabe señalar que, históricamente, los más perdurables siempre han combinado las demandas socialistas con formas de soberanía nacional. El mercado no necesita ser abolido; debe ser circunscrito; se convierte en un juego interno, un sistema que jamás podrá reemplazar el mecanismo político.
El tercer modelo es lo que hemos denominado «tecnofeudalismo», y es la solución que más amenaza al mundo occidental. El crecimiento del poder basado en la tecnología, su centralización en manos de grandes capitalistas y la progresiva separación de estos grupos de la sociedad (comunidades cerradas) presagian un posible escenario en el que los vestigios de la democracia formal se extingan y sean reemplazados directamente por un gobierno de grandes corporaciones, que ejercen un poder coercitivo tecnológico ilimitado sobre la gran mayoría de la población.