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Cuando se firmó el memorando de entendimiento (MoU, por sus siglos en inglés) entre los presidentes de Irán y Estados Unidos, marcando el fin formal de la guerra no provocada e ilegal contra la República Islámica, una nueva realidad ya había tomado forma en Asia Occidental.
Era una realidad que Washington había intentado impedir durante décadas y revertir mediante miles de millones de dólares en gastos, lo que incluyó sanciones, sabotaje y acciones militares directas.
La guerra a gran escala lanzada a finales de febrero, que supuestamente debía quebrar la voluntad de Irán y desmantelar su influencia, logró exactamente lo contrario.
Irán emergió no solo como un sobreviviente de la agresión, sino como el arquitecto indiscutible del futuro político, de seguridad y económico de la región. El MoU firmado entre Teherán y Washington no fue una concesión arrancada bajo coacción, sino el reconocimiento formal de una transformación estratégica en el campo de batalla y, posteriormente, en la mesa de negociaciones.
Durante décadas, los estrategas estadounidenses operaron bajo la premisa de que Irán podía ser contenido, aislado y, en última instancia, reducido a un actor periférico en una región dominada por EE.UU. y sus aliados. La red de bases extendida por todo el Golfo Pérsico, la presencia naval en Bahréin y el poder aéreo proyectado desde Catar y los Emiratos Árabes Unidos —todo ello estaba diseñado para proyectar la dominación estadounidense y mantener a Irán bajo control.
La guerra destrozó esa ilusión de forma completa e irreversible. Cuando los misiles iraníes impactaron bases estadounidenses con precisión devastadora, cuando drones iraníes saturaron instalaciones consideradas inexpugnables, y cuando las fuerzas iraníes demostraron capacidad de represalia a voluntad, quedó evidenciado que ninguna ecuación de seguridad o política en la región puede formularse sin considerar el papel de Irán.
La guerra demostró que Estados Unidos no puede proteger a sus aliados de la represalia iraní cuando esos mismos países permiten que su territorio sea utilizado contra la República Islámica.
Los países de la región que han albergado instalaciones militares estadounidenses durante años, que han servido como plataformas de lanzamiento para ataques contra Irán, descubrieron finalmente que los sistemas de defensa aérea estadounidenses no podían protegerlos de las consecuencias de su hospitalidad.
Los sistemas de radar multimillonarios, las baterías Patriot, las defensas antimisiles en capas —todo resultó insuficiente frente a los ataques de precisión iraníes. El mensaje fue inequívoco: las potencias extranjeras no pueden garantizar la seguridad en la región; solo los países de la región pueden hacerlo.
Este reconocimiento ha alterado de forma fundamental los cálculos de todos los actores regionales. Las monarquías del Golfo Pérsico y otros actores deben ahora navegar un panorama estratégico en el que las garantías de seguridad de Washington ya no son fiables. El entendimiento con Irán representa el reconocimiento de que el diálogo con Teherán no es opcional, sino esencial. El futuro de la región no será moldeado por preferencias estadounidenses, sino por realidades iraníes.
El Eje de la Resistencia: una realidad estratégica que EEUU ya no puede ignorar
Quizás el logro más significativo de la guerra, y del entendimiento posterior, haya sido la validación del Eje de la Resistencia como una realidad estratégica que no puede ser ignorada ni desmantelada. El énfasis del acuerdo en poner fin a la guerra en todos los frentes, particularmente en Líbano, representa un reconocimiento formal de la estrategia de la unidad de escenarios.
Irán ha demostrado, mediante acciones que pesan más que cualquier comunicado diplomático, que apoya a sus amigos y aliados de maneras que Estados Unidos no puede ni está dispuesto a replicar.
Cuando Líbano fue atacado, Irán no emitió simples declaraciones de preocupación desde la distancia. No ofreció platitudes diplomáticas mientras permitía la destrucción de sus aliados. El acuerdo vinculó explícitamente el cese de las hostilidades en todos los frentes.
Cualquier fin de la guerra implica el fin de los ataques contra Líbano. Esto constituyó el reconocimiento de que el compromiso de Irán con el Frente de la Resistencia es tanto genuino como efectivo.
En contraste, el enfoque estadounidense. Estados Unidos ha demostrado reiteradamente su disposición a abandonar aliados cuando los cálculos estratégicos cambian. Los Estados de la región han constatado que los compromisos estadounidenses son condicionales, temporales y sujetos a los vaivenes políticos de Washington. Los compromisos iraníes, en cambio, han demostrado ser duraderos, consistentes y respaldados por capacidades reales.
El Eje de la Resistencia suele ser malinterpretado en el discurso occidental como una colección de fuerzas subsidiarias, una caracterización que desconoce profundamente la naturaleza de la relación. No se trata de instrumentos de la política iraní, sino de socios dentro de una visión estratégica compartida.
Irán no los comanda, sino que coordina con ellos. No los sacrifica por ganancias diplomáticas, sino que los respalda en las circunstancias más difíciles. La unidad de frentes no es un eslogan, sino una doctrina estratégica que ha sido probada bajo condiciones extremas y ha demostrado su eficacia.
La guerra reciente demostró que atacar un frente inevitablemente provoca represalias desde otros. Golpear Líbano genera respuestas en toda la región. Atacar activos iraníes provoca respuestas contra instalaciones estadounidenses. Esta interdependencia constituye una fuente de fortaleza estratégica que multiplica la capacidad disuasoria de Irán y encarece de forma prohibitiva cualquier agresión contra un miembro del Eje.
El reconocimiento de esta realidad en el MoU, y su insistencia en que la guerra debe terminar en todos los frentes, representa un reconocimiento diplomático de una realidad militar que EE.UU. había intentado negar.
Una nueva era estratégica
El entendimiento entre Irán y Estados Unidos marca el inicio de una nueva era estratégica. La premisa de que Irán podía ser excluido de los arreglos regionales, que sus intereses podían ser ignorados y sus preocupaciones de seguridad desestimadas —todas esas ilusiones han quedado destruidas. Irán ha emergido como una potencia determinante, capaz de moldear la trayectoria política, de seguridad y económica de la región.
Las implicaciones van mucho más allá de los términos inmediatos del entendimiento. Los países de la región ahora comprenden que la cooperación con Irán es esencial para la estabilidad. La seguridad del Golfo Pérsico no puede garantizarse sin la participación iraní.
Estados Unidos, por su parte, debe aceptar un papel que se ha visto fundamentalmente reducido. La era del unilateralismo estadounidense en Asia Occidental ha terminado. La era de imponer soluciones y excluir a las potencias regionales ha concluido.
El entendimiento representa un reconocimiento estadounidense —aunque a regañadientes— de que Irán es un socio necesario para la estabilidad regional, no un obstáculo a eliminar.
Para Irán, el desafío ahora consiste en consolidar esta posición estratégica mediante una diplomacia prudente y paciente. El entendimiento proporciona una base sobre la cual puede construirse un orden regional más estable y equitativo, uno que reconozca los derechos e intereses legítimos de Irán. El camino a seguir requiere claridad en los objetivos estratégicos, firmeza en la defensa de los derechos soberanos y sabiduría para navegar un entorno internacional complejo.
La guerra impuesta demostró las capacidades militares de Irán. El MoU ha confirmado su peso diplomático. Lo que venga después determinará si este logro estratégico puede traducirse en seguridad y prosperidad duraderas.
Irán ha ganado su lugar como potencia determinante en Asia Occidental. La tarea ahora consiste en consolidar esa posición y asegurar que los sacrificios de la guerra —la sangre de los mártires, la resiliencia del pueblo, la fortaleza de las fuerzas armadas— sean honrados mediante un futuro que refleje las aspiraciones nacionales y garantice su lugar legítimo en la región y en el mundo.
Rutte revela cuántos vuelos militares de EE.UU. salieron de bases europeas durante la guerra contra Irán
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte,
afirmó que Estados Unidos realizó alrededor de 5.000 vuelos desde bases europeas en apoyo a la operación militar contra Irán, lo que, a su juicio, demuestra que Europa sigue siendo una plataforma clave para la proyección del poder estadounidense.
Rutte reconoció en una entrevista con Financial Times que existe "decepción" en Washington por algunos casos aislados en los que aliados europeos no cumplieron acuerdos bilaterales, pero sostuvo que "cuando se observa el panorama general, los países europeos están haciendo lo que prometieron" y calificó la cooperación como "muy positiva".
El jefe de la OTAN también señaló que el programa de rearme europeo mantiene unos 195.000 empleos en la industria de defensa estadounidense gracias a pedidos de armamento valorados en unos 300.000 millones de dólares.
De poner fin a la civilización iraní a reabrir el estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz ha sido descrito durante mucho tiempo como el punto de estrangulamiento marítimo más importante del mundo. Situado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, se encuentra, en la práctica, dentro de las aguas territoriales iraníes. Aproximadamente el 20 % del consumo mundial de petróleo transita por sus estrechas aguas, lo que lo convierte en una arteria esencial de la economía global.
Sin embargo, para Irán, el estrecho representa mucho más que una vía marítima estratégica. Constituye la máxima expresión de su soberanía, el instrumento de disuasión más poderoso de que dispone y la baza estratégica que obligó a Estados Unidos a reconocer una nueva realidad regional tras la reciente guerra.
A lo largo de los cuarenta días de guerra impuesta contra Irán, el estrecho de Ormuz emergió como el factor decisivo que permitió transformar los logros obtenidos en el campo de batalla en una ventaja diplomática para la República Islámica.
Fue cerrado desde una posición de autoridad iraní inmediatamente después de que la maquinaria bélica estadounidense-israelí recurriera a una agresión militar ilegal y no provocada en medio de las conversaciones sobre el programa nuclear.
Fue reabierto, igualmente desde una posición de autoridad iraní, después de que los presidentes de Irán y de Estados Unidos firmaran un memorando de entendimiento para poner fin formalmente a la guerra estadounidense-israelí en todos los frentes.
En ambos actos, Teherán demostró que el control de esta ruta energética crítica pertenece inequívocamente a la República Islámica, y no a Estados Unidos, ni a sus aliados, ni a ningún arreglo internacional que no reconozca los derechos soberanos de Irán.
La guerra impuesta dejó este hecho en evidencia, y el memorando de entendimiento lo formalizó.
La importancia estratégica del estrecho
Durante décadas, los estrategas estadounidenses dieron por sentado que el estrecho de Ormuz podía garantizarse mediante la fuerza militar; que la presencia de la Quinta Flota de Estados Unidos en Baréin, la red de bases militares desplegadas a lo largo del golfo Pérsico y la proyección del poder naval estadounidense asegurarían el libre flujo del petróleo, independientemente de la voluntad de Irán.
Ese supuesto siempre fue erróneo, y la guerra reciente puso de manifiesto su falacia.
El estrecho de Ormuz no es simplemente una masa de agua, sino la puerta de acceso a través de la cual la riqueza energética del golfo Pérsico llega a los mercados mundiales, desde Asia Meridional hasta Europa y más allá. Cada petrolero que atraviesa sus aguas transporta no solo crudo, sino también la vitalidad económica de los países que dependen de esas exportaciones energéticas.
El control de este punto de estrangulamiento se traduce en capacidad de influencia sobre los precios mundiales de la energía, la estabilidad económica y los cálculos estratégicos de todas las grandes potencias. La posición geográfica de Irán, que se extiende a lo largo de toda la costa septentrional del estrecho, le otorga una ventaja natural que ninguna cantidad de poderío militar estadounidense puede neutralizar.
Cuando Irán cerró el estrecho durante la reciente guerra impuesta, los mercados internacionales del petróleo reaccionaron con una conmoción inmediata y sostenida. Los precios se dispararon y las cadenas de suministro sufrieron importantes perturbaciones. Las consecuencias económicas se propagaron por todos los continentes, recordando al mundo que la estabilidad del sistema energético mundial depende del comportamiento de Estados Unidos en la región.
La reapertura: una concesión, no un regalo
La reapertura del estrecho no constituyó una concesión unilateral por parte de Irán. Fue el resultado de un cálculo estratégico mediante el cual Irán obtuvo beneficios tangibles a cambio del restablecimiento de esta ruta energética.
Estados Unidos, tras fracasar en el logro de sus objetivos militares y enfrentarse a una creciente presión económica interna, terminó encontrándose en una situación en la que necesitaba la reapertura del estrecho mucho más de lo que Irán necesitaba mantenerlo cerrado. Esa asimetría de urgencia se convirtió en el fundamento sobre el cual Irán construyó su capacidad de negociación.
El memorando de entendimiento reflejó esta realidad. La soberanía iraní sobre el estrecho no solo fue reconocida, sino formalizada en términos explícitos. Las disposiciones relativas al tráfico marítimo, los mecanismos destinados a garantizar su cumplimiento y el reconocimiento de los derechos de Irán fueron configurados conforme a la realidad estratégica de que el estrecho de Ormuz no constituye un bien común internacional administrado por potencias externas, sino aguas territoriales iraníes sometidas a la autoridad de Irán.
Ello representa una inversión fundamental de la dinámica estratégica que había prevalecido durante décadas. En el pasado, Estados Unidos podía amenazar con cerrar el estrecho a Irán. Hoy es Irán quien posee la capacidad de abrirlo o cerrarlo, mientras que Estados Unidos debe negociar para garantizar su acceso continuo. El cambio no es meramente táctico, sino estructural. El estrecho de Ormuz se ha convertido en una fuente de poder iraní, en lugar de una vulnerabilidad susceptible de ser explotada por sus adversarios.
Una carta para consolidar los logros del campo de batalla
El estrecho de Ormuz nunca fue una simple herramienta de negociación, sino el mecanismo mediante el cual Irán consolidó sus logros militares. Durante toda la guerra, las fuerzas iraníes demostraron su capacidad para atacar con precisión las bases estadounidenses, repeler la agresión y defender el territorio iraní frente a una superioridad aparentemente abrumadora. Sin embargo, por notables que sean los éxitos militares, estos deben traducirse en resultados políticos para poder sostenerse. El estrecho proporcionó precisamente ese vínculo.
Al vincular la reapertura de la ruta energética a los términos generales del acuerdo, Irán se aseguró de que las ventajas estratégicas obtenidas en el campo de batalla no se perdieran en la mesa de negociaciones. Las condiciones del entendimiento, incluido el reconocimiento de los derechos nucleares de Irán, la preservación de sus capacidades en materia de misiles y drones, y el compromiso de poner fin a las hostilidades en todos los frentes, quedaron reforzadas por el control iraní sobre el estrecho.
El mensaje era inequívoco: Estados Unidos no podía esperar el libre tránsito del petróleo por el estrecho mientras, al mismo tiempo, negara a Irán sus derechos fundamentales.
Esta integración de la capacidad militar con la influencia diplomática constituye uno de los logros estratégicos más sofisticados de la historia moderna de Irán. Así, el estrecho de Ormuz actúa como un multiplicador de fuerza que potencia todos los aspectos de la postura estratégica iraní. Proporciona a Teherán un medio sostenible para garantizar su seguridad, obtener compensaciones por los daños ocasionados por la guerra y asegurar la prosperidad económica del país.
Asimismo, transforma a Irán de una potencia reactiva en una superpotencia regional con capacidad para determinar el rumbo político y económico de la región.
Las implicaciones para la seguridad regional
La época en la que las potencias externas podían imponer su voluntad en la región sin tener en cuenta los intereses iraníes ha llegado, en la práctica, a su fin. El estrecho de Ormuz sirve ahora tanto de símbolo como de instrumento de esta nueva realidad.
Todo país que dependa de las exportaciones energéticas del golfo Pérsico debe reconocer que la cooperación de Irán resulta indispensable para garantizar un acceso estable a los mercados mundiales. Toda potencia que aspire a proyectar fuerza militar en la región debe aceptar que la soberanía iraní sobre el estrecho constituye una línea roja cuyo traspaso tiene un coste.
El entendimiento entre Irán y Estados Unidos ha formalizado este nuevo marco. Sin embargo, la verdadera importancia del estrecho de Ormuz no reside en ningún documento diplomático, sino en la realidad estratégica que representa.
Irán ha demostrado que posee la capacidad, la voluntad y la sofisticación estratégica necesarias para convertir su posición geográfica en una fuente duradera de poder. Estados Unidos, por el contrario, ha demostrado que su capacidad para proyectar fuerza en la región no se traduce en el control de los activos estratégicos más importantes de esta.
Una victoria consolidada
El estrecho de Ormuz constituye ahora una baza estratégica que ha transformado la resiliencia militar iraní en influencia diplomática. Su cierre y posterior reapertura desde una posición de autoridad iraní han establecido una nueva realidad estratégica: la soberanía de Irán sobre el estrecho no es negociable; su control sobre esta ruta energética es absoluto, y su disposición a utilizar ese instrumento de presión está fuera de toda duda.
La guerra de cuarenta días pudo haber sido impuesta a Irán, pero lo que ocurrió después fue dictado por Irán. Mediante el ejercicio inteligente y firme de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, el país ha asegurado una posición de fortaleza duradera que ninguna presión militar estadounidense podrá revertir.
A partir de ahora, la ruta energética funcionará en los términos establecidos por Irán. Incluso aliados como Omán no podrán eludir esas condiciones ni designar un corredor a través del estrecho sin contar previamente con la anuencia de Irán. Y ese es, en última instancia, el mensaje más poderoso de todos: en el nuevo orden regional, el poder fluye a través del estrecho de Ormuz, e Irán posee las llaves de esa puerta.
El estrecho de Ormuz permanece abierto para quienes cumplen con los protocolos de la PGSA, pero la economía global enfrenta una crisis inflacionaria.
Larry C. Johnson
Tras un intercambio de misiles y drones el sábado, Estados Unidos dio marcha atrás y declinó continuar atacando a Irán. Según informes, Qatar intervino para negociar un nuevo alto el fuego. En respuesta a la intervención de Qatar, Estados Unidos e Irán acordaron cesar los ataques mutuos y planean reunirse en Doha el martes para mantener conversaciones técnicas con el objetivo de resolver su disputa sobre el estrecho de Ormuz, según Axios.
La reunión entre Estados Unidos e Irán estaba prevista inicialmente para el lunes en Suiza y se centraría en el programa nuclear iraní. Ahora las conversaciones tendrán lugar en Doha el martes. La postura de Irán es firme… El tráfico a través del estrecho debe realizarse de conformidad con los protocolos del PGSA. Estados Unidos se acorraló a sí mismo con el lenguaje del memorando de entendimiento:
Tras la firma de este Memorando de Entendimiento, la República Islámica de Irán hará todo lo posible para garantizar el paso seguro de buques comerciales, sin costo alguno durante 60 días, desde el Golfo Pérsico hasta el Mar de Omán y viceversa. El tráfico de buques comerciales comenzará de inmediato y, considerando la necesidad de eliminar los obstáculos técnicos y militares, así como el desminado por parte de la República Islámica de Irán, se implementará en un plazo de 30 días. La República Islámica de Irán dialogará con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el Estrecho de Ormuz, en conversaciones con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados ribereños del Estrecho de Ormuz.
El memorando de entendimiento otorga a Irán la responsabilidad exclusiva de garantizar el paso seguro de los buques mercantes por el estrecho de Ormuz. Si Estados Unidos hubiera insistido en incluir a Omán y a las demás naciones del Golfo en el memorando, Irán estaría obligado a consultarles. Sin embargo, Estados Unidos aceptó la propuesta iraní, y Irán insistirá en que no se cederá en su derecho soberano a gestionar el tráfico marítimo a través del estrecho.
Mientras los mercados mundiales siguen centrados en el petróleo que transita por el estrecho, ignoran el profundo impacto de la interrupción del envío de helio, azufre y urea. La economía global ya está sufriendo las consecuencias de la reducción en el suministro de estas materias primas y el mundo experimentará una crisis inflacionaria global. Analicemos cada una de ellas.
Helio
El problema estructural: Aproximadamente un tercio de la producción mundial de helio se ve afectada por la crisis, debido tanto a la interrupción de la producción de GNL en Qatar como a la naturaleza extremadamente sensible al tiempo del transporte de helio.
El mecanismo fue doble. El 2 de marzo, la empresa estatal QatarEnergy detuvo toda la producción de GNL y productos asociados en la Ciudad Industrial de Ras Laffan tras los ataques iraníes con drones y misiles. El 4 de marzo, QatarEnergy declaró fuerza mayor en los contratos afectados. El director ejecutivo de la compañía afirmó que la producción no se reanudaría hasta que terminara el conflicto y que, incluso entonces, la normalización de los suministros requeriría de semanas a meses. Irán volvió a atacar Ras Laffan entre el 18 y el 19 de marzo.
Evolución de los precios: El impacto fue inmediato. «El precio al contado del helio ha subido drásticamente. Diría que entre un 70 y un 100 por ciento en una semana», afirmó Phil Kornbluth, presidente de Kornbluth Helium Consulting y veterano del sector con 30 años de experiencia. Bank of America estimó el aumento inicial en un 40%, mientras que otras fuentes sitúan los precios entre un 70% y un 100% más altos en algunos casos en poco más de una semana.
La situación presentaba una complicación física adicional que no afecta a otras mercancías. Aproximadamente un tercio de los contenedores ISO de helio criogénico del mundo quedaron varados en Qatar o sus alrededores. Reposicionar este equipo tras el conflicto requeriría un mínimo de tres meses, lo que generaría una escasez de suministro que se prolongaría más allá del conflicto mismo. El helio líquido se evapora en aproximadamente 45 días, lo que significa que el inventario varado no puede almacenarse para su posterior entrega. Los barcos que desvían su ruta a través del Cabo de Buena Esperanza deben recorrer 3500 millas náuticas adicionales, lo que prolonga los tiempos de tránsito entre 10 y 14 días, durante los cuales el helio líquido sufre pérdidas por evaporación de entre el 15 % y el 20 % del volumen de la carga.
Para el 20 de junio, los precios seguían estando muy elevados, sin una clara recuperación, ya que el daño a Ras Laffan es físico, no meramente logístico. Incluso después de que Irán y Estados Unidos anunciaran un alto el fuego, el estrecho de Ormuz permaneció prácticamente cerrado debido a los bloqueos superpuestos, lo que significaba que, aunque se reanudara la producción, el helio catarí no tendría una ruta marítima viable hacia el mercado. El problema estructural persiste durante el período del memorando de entendimiento.
Dado el papel fundamental del helio en la producción de chips informáticos, el precio de los ordenadores y los teléfonos inteligentes se está disparando. Apple, por ejemplo, anunció recientemente importantes aumentos de precio para el iPhone 17 Pro Max (+$200) y el MacBook Pro de 16 pulgadas (+$300).
Azufre
Preliminares — ya bajo presión: el precio del azufre para Indonesia subió de 101 dólares por tonelada métrica en julio de 2024 a 554 dólares por tonelada métrica en enero de 2026, debido a la expansión de la lixiviación ácida a alta presión (HPAL), que impulsó la demanda; un aumento del 440 % antes de que el conflicto con Irán añadiera más presión. El mercado ya se encontraba en máximos de varios años antes del 28 de febrero.
Exposición geográfica: Los barcos que transitan por el estrecho transportan el 24 % del azufre mundial, materia prima para el ácido sulfúrico utilizado en la fabricación de metales como el níquel y el cobre, así como fertilizantes y productos de limpieza para el hogar. Oriente Medio representa aproximadamente el 24 % de la producción mundial de azufre y cerca del 50 % del comercio marítimo mundial de azufre, todo lo cual transita por el estrecho de Ormuz.
Evolución de los precios : Desde el inicio de la Operación Furia Épica, el precio del azufre casi se ha duplicado. Los estados del Golfo suelen suministrar el 45 % del comercio marítimo de azufre a través del Estrecho de Ormuz, y el bloqueo iraní provocó un aumento del 30 % en los precios al interrumpir la mitad del suministro mundial, creando cuellos de botella en la extracción del mineral. La escasez de azufre ya estaba provocando reducciones de producción de entre el 20 % y el 30 % para las empresas mineras de minerales críticos.
El efecto dominó fue severo. El Banco Mundial señaló que los precios del azufre se habían duplicado desde enero para abril de 2026, y que la decisión de China de restringir las exportaciones —en respuesta a su propia escasez interna debido a la disminución de las importaciones del Golfo Pérsico— ejerció presión al alza sobre los precios del DAP (fosfato diamónico). China prohibió las exportaciones de ácido sulfúrico, lo que afectó, entre otras cosas, la producción de cobre en Chile, país que importaba ácido sulfúrico como materia prima.
Para el 20 de junio, con el memorando de entendimiento en vigor, pero con la situación en Hormuz normalizándose solo parcialmente y QatarEnergy sin reanudar completamente sus operaciones, los precios del azufre se mantenían sustancialmente por encima de los niveles previos a la crisis. En mayo de 2026, los precios seguían elevados, y se proyectaba que el índice mundial de fertilizantes aumentaría más del 30 % ese año debido a los persistentes riesgos de suministro y las dificultades para reorientar las rutas.
Urea
Situación previa a la guerra : Antes de la guerra, el precio de la urea granular FOB en Egipto —un indicador clave de los fertilizantes nitrogenados— oscilaba entre 400 y 490 dólares por tonelada métrica. Los precios minoristas en Estados Unidos se mantuvieron en un rango similar hasta mediados de febrero.
Exposición geográfica : El Golfo Pérsico es el centro neurálgico de la agricultura mundial, representando al menos el 20 % de todas las exportaciones marítimas de fertilizantes. La dependencia es aún más acuciante en el caso de la urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado en el mundo, ya que el 46 % del comercio mundial proviene de esta región.
Fase 1: impacto inicial (finales de febrero a marzo) : Alpine Macro, de Oxford Economics, informó que los precios de la urea y el amoníaco se habían disparado en torno a un 50 % y un 20 %, respectivamente, desde el inicio de la guerra. El 3 de marzo se firmó un contrato para el suministro de urea procedente de Argelia a 618 dólares por tonelada en condiciones FOB, la cifra más alta desde 2022.
Fase 2 — pico (abril de 2026) : Los precios del nitrógeno (urea) superaron los 850 dólares por tonelada métrica en abril, un 80 % más que en febrero y el nivel más alto desde el repunte de las materias primas de 2022. Venta minorista en EE. UU.: La urea alcanzó un promedio nacional de hasta 826 dólares por tonelada a principios de abril, con aumentos del 34 % al 35 % intermensual en algunos periodos, y los precios de la urea FOB Oriente Medio llegaron a rondar los 795 dólares por tonelada debido a las perturbaciones regionales.
Fase 3 — retirada parcial (mayo-junio de 2026): El mercado de la urea fue el que más rápidamente respondió al Memorando de Entendimiento y a la normalización parcial del estrecho de Ormuz, en parte porque es más fungible que el helio y en parte porque el alto el fuego permitió cierta redistribución a través de corredores terrestres. La FAO pronosticó que los precios internacionales de la urea se moderarían a partir de junio, a medida que se reanudaran los envíos de fertilizantes desde el Golfo Pérsico y China volviera a los mercados de exportación tras la emisión de nuevas cuotas de exportación. Tras la reducción de las tensiones y las declaraciones sobre un alto el fuego, el mercado experimentó un exceso de oferta, lo que provocó una caída significativa de los precios.
Sin embargo, a la luz de los acontecimientos de los últimos tres días, las expectativas de que los buques que transportan urea salgan del Golfo Pérsico son demasiado optimistas y es probable que el precio suba hasta que haya una señal clara de que los buques cruzarán el estrecho de acuerdo con los protocolos de la PGSA.
Posguerra de Irán: paisaje geoestratégico y papel relevante de Pakistán
Alfredo Jalife-Rahme
La académica rusa Roxolana Zigon estima que Pakistán es uno de los ganadores de la guerra que se ha librado alrededor de Irán. Supo desempeñar un eficaz papel de mediador, mostrando una sutileza singular y una particular fluidez. De esa manera, y aunque nadie lo esperaba, Pakistán también está participando en la reorganización del mundo. Y probablemente va a utilizar la experiencia adquirida para negociar los dos conflictos que más directamente le conciernen: el estatus de Jammu y Cachemira y el tratado sobre las aguas del río Indo.
Más allá del original currículum de la rusa Roxolana Zigon –quien desarrolló el concepto de la “geopolítica cuántica” y es directora de la Universidad Zhirinovsky de las Civilizaciones Mundiales de Moscú–, llamó la atención que el rotativo pakistaní Dawn –creación del icónico fundador del país Muhammad Ali Jinnah– haya reproducido su análisis prospectivo sobre «El paisaje regional geoestratégico en el Medio Oriente en la posguerra en Irán» [1] con el extenso subtítulo: «una frágil paz ha concluido la guerra de Estados Unidos contra Irán, sin embargo, la lucha ha reconfigurado el balance del poder en el Medio Oriente, cediéndole a Pakistán un papel pivote».
Ya que hablamos de “mediaciones”, habría que rememorar el papel primario que operó Omán hasta el 27 de febrero, cuando, un día después, Estados Unidos y su aliado Israel pisotearon su mediación y agredieron a Irán. En el lapso de más de 100 días de infructuosos bombardeos israelo-estadounidenses contra Irán pesó sustancialmente la segunda “mediación” de Pakistán, potencia mediana nuclear con 170 bombas atómicas financiadas por Arabia Saudita. Por cierto, Pakistán no reconoce a Israel.
La mediación final de Qatar se gestó para cerrar las tratativas financieras de Irán, al que le serán devueltos 12 000 millones de dólares del total de alrededor de 120 000 millones incautados por varios países debido a las sanciones sofocantes de Estados Unidos.
Roxolana Zigon sintetiza en forma perentoria la «realidad de la guerra post-Irán: un Irán empoderado, un Israel profundamente insatisfecho y un Estados Unidos atrapado en el crepúsculo de su guerra que nunca podrá ser ganada contra Irán». Sin citarlo, y quizá sin desearlo, Roxolana Zigon despliega la cartografía clásica del “Gran Medio Oriente” del general israelí Ariel Sharon, con su línea horizontal que va desde Mauritania hasta Cachemira, y su línea vertical que va desde el Cáucaso hasta el Cuerno de África, cuya geología ha sido sacudida en forma profunda y ha dado pie a un «nuevo orden geopolítico» con «dos ejes opuestos».
«El primer eje» es Israel, «cuyos belicosos anticipan una nueva ronda de bombardeos contra sus enemigos después de las elecciones legislativas de octubre de 2026». El rotativo monárquico británico The Telegraph repite lo mismo en relación con Trump, quien reanudaría la guerra después de las elecciones intermedias de noviembre de 2026 [2].
«El segundo eje» es Irán, que «ha manejado sostenerse y ganar el recurso más importante de este conflicto de múltiples capas», que es «el tiempo»: el «as de una creciente magnitud geopolítica». El eje iraní comporta un «renovado eje de resistencia» (los libaneses del Hezbollah, Ansaralá de Yemen, las facciones palestinas, etcétera), en conjunto con un «más vigoroso alineamiento con Pakistán, China y Rusia».
Roxolana Zigon pone de relieve el «nexo de Israel con la India»: su «socio crucial». Considera que el ascenso diplomático de Pakistán como exitoso mediador, que dio pie al Memorándum de Entendimiento de Islamabad –debido a su óptima relación con Trump y China–, lo han convertido en una «confiable encrucijada geopolítica». Zigon observa que mediante «su alineamiento decisivo con este nuevo código de conducta geopolítica, Pakistán puede impulsar el concepto estratégico de la dualidad onda-partícula y demostrar su liderazgo a la hora de definir una postura más pacífica para el mundo multipolar emergente».
Más allá de la complejidad inherente al concepto de la «dualidad onda-partícula», su instrumentación conceptual facilita el entendimiento de la naturaleza dual (¡megasic!) de los actores y los fenómenos geopolíticos en la nueva era del «mundo multipolar, no lineal y poshegemónico», que explaya la fluidez a la que se encamina el nuevo orden mundial.
El problema del carácter aleatorio en las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos radica en que hoy las tendencias favorecen más la prospectiva antiguerra [3] que se perfiló con el aplastante triunfo de los candidatos progresistas demócratas del eje pacifista Mamdani, Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez.