David Fonseca
Venezuela ha declarado el estado de emergencia tras los potentes terremotos del pasado 24 de junio, los cuales provocaron el colapso de numerosos edificios en distintas zonas del país, dejando un trágico saldo de al menos 2.295 muertos y cerca de 11.000 heridos (para la fecha de publicación de este artículo). Ante la magnitud de la tragedia, varios países han expresado su solidaridad con el pueblo venezolano y han comenzado a coordinar a la mayor brevedad el envío de suministros y equipos de rescate hacia las áreas más afectadas. Sin perder tiempo, el gobierno venezolano organizó los operativos de búsqueda y salvamento, contando con la participación de contingentes internacionales.
Una década de sanciones obstaculiza la respuesta ante el desastre
El viceministro de Política Antibloqueo de Venezuela, William Castillo, informó en mayo que el país ha sido objeto de 1,088 medidas coercitivas unilaterales durante los últimos 11 años, de las cuales 1,040 permanecen activas. Desde 2015, Washington ha impuesto más de 1,000 sanciones económicas que dificultan severamente la adquisición de medicamentos, una situación que se vuelve crítica dado que varios hospitales se encuentran colapsados por la cantidad de heridos.
Estas sanciones estadounidenses, sumadas a la crisis económica derivada, entorpecen las labores de rescate. Los equipos de emergencia deben remover escombros y buscar sobrevivientes con recursos muy limitados, lo que reduce drásticamente el tiempo disponible para encontrarlos con vida. La situación se ha agravado aún más debido a los masivos apagones en gran parte del país, que también han interrumpido las telecomunicaciones, dejando a miles de venezolanos en el exterior sin posibilidad de comunicarse con sus familias.
Esta vulnerable realidad se ha visto propiciada por las sanciones y la política agresiva de Washington. Durante años, el gobierno venezolano ha operado bajo un asfixiante bloqueo que ha mermado su capacidad para suministrar o producir los materiales necesarios para afrontar desastres naturales de esta envergadura. Washington era consciente de la escasez de insumos médicos en el país; por ello, uno de los primeros
envíos de EE. UU. tras el secuestro de Nicolás Maduro consistió en 65 toneladas de suministros médicos, lo que representa un reconocimiento no oficial del impacto de sus propias sanciones. Este impacto directo también se evidencia en las estaciones de monitoreo e investigación sísmica de Venezuela, cuyas restricciones financieras han impedido su actualización tecnológica, obligando al gobierno a cerrarlas parcialmente.
Washington intenta limpiar su reputación
Tras los terremotos del 24 de junio, Estados Unidos afirmó estar en contacto con las autoridades venezolanas y movilizando asistencia para la nación sudamericana, históricamente afectada por el embargo de Washington. Donald Trump fue uno de los primeros líderes en prometer apoyo: "EE. UU. está listo, dispuesto y capaz de ayudar. Estaremos allí para nuestros nuevos y grandes amigos".
Asimismo, el gobierno estadounidense
emitió la Licencia General 60 de la OFAC, una autorización temporal vigente hasta el 23 de octubre de 2026 que permite procesar transacciones vinculadas a la asistencia humanitaria para los damnificados. Aunque parece una medida positiva, no resuelve el obstáculo de fondo. El economista Francisco Rodríguez explica que estas licencias limitadas son insuficientes para que los recursos fluyan con rapidez, ya que muchas instituciones financieras internacionales siguen bloqueando o retrasando las operaciones por temor a violar el régimen general de sanciones.
Por otro lado, Estados Unidos envió un contingente considerable de rescatistas para sumarse a las tareas de salvamento, y diversos medios han difundido imágenes de estos equipos trabajando codo a codo con el personal venezolano.
Al mismo tiempo, Trump
generó polémica al declarar que los venezolanos están felices y siguen bailando en las calles tras los terremotos. Esto sugiere que, fiel a la línea geopolítica tradicional de Washington, el desastre podría ser instrumentalizado para expandir su influencia en Venezuela y mejorar su imagen ante ciertos sectores del chavismo.
Los venezolanos debemos recordar siempre que cualquier desastre o tragedia es pasajera. Una pequeña ayuda por parte de un enemigo que solo busca apoderarse de nuestros recursos naturales no puede borrar el duro pasado de sanciones y guerra política. Además, nunca olvidaremos que los mismos estadounidenses invadieron Venezuela el 3 de enero de 2026 para secuestrar al presidente legítimo, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Resulta que murieron 32 militares cubanos y 47 militares venezolanos.
En la historia contemporánea del país existe un precedente: en 1999, tras los deslaves en el estado Vargas (hoy La Guaira), el entonces presidente Hugo Chávez
rechazó la ayuda norteamericana y el país logró recuperarse por sus propios medios. Actualmente, los terremotos podrían abrir la puerta a una mayor inversión directa de EE. UU. en infraestructuras clave como el agua potable y la reconstrucción general; sin embargo, bajo esta perspectiva, esto podría acarrear graves pérdidas de soberanía nacional.
Amenaza percibida por la presencia militar estadounidense en Venezuela
En las redes sociales
han circulado versiones que sugieren que los sismos pudieron haber sido provocados de forma artificial por Washington para justificar el despliegue de tropas sin levantar sospechas ni críticas entre chavistas.
Washington tiene
experiencia en este campo. Durante la Guerra Fría, el gobierno estadounidense detonó 928 bombas nucleares subterráneas en el Sitio de Pruebas de Nevada, detonaciones que generaron sismos artificiales inmediatos en las zonas cercanas. Dado que Venezuela se ubica en una región de alta actividad sísmica, en teoría se podría realizar una operación similar sin atraer demasiada atención, especialmente al contar con el control total de la zona marítima (de hecho, para la fecha de publicación de este artículo, Washington mantiene un bloqueo marítimo sobre Venezuela).
En cualquier escenario, Washington ya
ha desplegado más de 900 efectivos en territorio venezolano. Lo curioso es que los "rescatistas" estadounidenses cuentan con
equipamiento propio de las fuerzas especiales, como gafas de visión nocturna. Aunque se podría suponer que estos visores incluyen tecnología térmica para facilitar el rescate, todavía no ha salido a la luz ningún video que demuestre su uso por parte de los militares norteamericanos.
Esto es lo que se conoce como una "invasión silenciosa", un campo en el que Washington se maneja como un jugador profesional.
¿Cuál sería su posible estrategia? En realidad, es bastante sencilla. Limpiar los escombros y reconstruir el país por completo podría tomar meses o incluso años; durante todo ese tiempo, Washington se encargaría de difundir videos que muestren la labor humanitaria de sus rescatistas. Paralelamente, presionarían al gobierno venezolano para que invite a sismólogos e ingenieros sísmicos estadounidenses a los centros científicos locales, bajo el pretexto de organizar una colaboración conjunta.
El paso final sería establecer en Venezuela un centro conjunto de estudio sísmico, integrado por miembros del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE. UU. (USACE). Dado que el USACE se encarga de gestionar y diseñar infraestructura clave —como vías fluviales, puertos, presas y proyectos de mitigación de desastres—, la justificación estaría servida. Por supuesto, la seguridad de estas instalaciones quedaría en manos de militares de las fuerzas especiales. De este modo, Washington lograría fundar, de manera sutil, una base militar en territorio venezolano.
Al demostrar la ventaja de la presencia estadounidense en el país, la Casa Blanca propondría a Caracas el despliegue de sus militares bajo el marco de la iniciativa Escudo de las Américas. Una presencia militar permanente no solo permitiría monitorear mejor la situación interna, sino también prevenir amenazas contra los intereses nacionales de Washington. En última instancia, el objetivo general de la Casa Blanca es desmantelar la ideología del chavismo para consolidar un aliado bajo su control.
Por su parte, la oposición venezolana ya ha dejado un ejemplo elocuente de cómo funcionan los vínculos amistosos con Washington. Esto quedó en evidencia cuando la líder opositora, María Corina Machado, se vio obligada a
solicitar el permiso de la Casa Blanca para regresar a Venezuela tras los terremotos; una petición que frustró a los altos funcionarios estadounidenses, quienes finalmente no autorizaron su retorno.
Los terremotos eventualmente pasarán, pero sus repercusiones políticas amenazan con perdurar. La asistencia internacional, especialmente la de Estados Unidos, no debería transformarse bajo ningún concepto en una ocupación militar, ya sea de carácter temporal o permanente.
Se vio a las fuerzas del régimen israelí en un hotel en Caracas.
Miembros de las FDI fueron vistos en un hotel en Caracas, según fotos que circulan en las redes sociales.
Esto marca la primera presencia conocida de personal israelí en Venezuela desde que el ex líder Hugo Chávez rompió relaciones diplomáticas con Israel en 2009 y expulsó a sus diplomáticos por la guerra de Gaza.
Antes de 2005, Israel y Venezuela mantenían una cooperación militar, en particular un contrato para modernizar los cazas F-16 de Venezuela utilizando tecnología israelí. Sin embargo, el acuerdo fue congelado debido a la oposición de EE. UU. destinada a proteger su propio mercado de defensa.
El despliegue se produce a medida que Israel expande su presencia militar en América Latina
🔶 Se informa que Argentina e Israel están en conversaciones avanzadas para establecer una misión militar israelí en suelo argentino con el fin de coordinar ejercicios militares conjuntos, facilitar el intercambio de inteligencia y fortalecer los lazos estratégicos, con Argentina potencialmente sirviendo como centro logístico para las operaciones israelíes en América del Sur
🔶 Algunos informes sugieren que Argentina podría ofrecer a Israel acceso a sus vastas reservas de litio como parte del acuerdo bilateral más amplio
🔶 Chile, que brevemente prohibió las empresas de defensa israelíes, ya ha levantado su veto, señalando un potencial para nuevas ventas de armas
🔶 Brasil y México continúan adquiriendo drones fabricados en Israel (incluidas las series Hermes y Heron), mientras que Colombia anunció en mayo de 2026 la compra de 18 aviones de combate F-16 Kfir israelíes modernizados de segunda mano, lo que marca uno de los mayores acuerdos de defensa entre Israel y la región en los últimos años
Vale la pena preguntarse qué factores han llevado a las FDI a interesarse en Venezuela ahora.
Terremotos en Venezuela activan «nodo terrestre» de Marines en La Guaira, solo un mes después del lanzamiento de la 24ª LCF y la doctrina de «combate litoral» en el Caribe
La Tabla
El pasado 29 de mayo, el Comando Sur de los Estados Unidos confirmó el relevo de la 22ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU) por la 24ª Fuerza de Combate Litoral (LCF-24), marcando la adopción formal de una nueva doctrina operativa en el Caribe. El cambio no fue una rotación rutinaria: implicó la exigencia de nodos terrestres —pequeñas bases avanzadas costeras— para complementar el tradicional nodo marítimo del buque anfibio. En tres publicaciones consecutivas (31 de mayo, 1 y 2 de junio), La Tabla advirtió sobre la perentoria necesidad de esos nodos terrestres y sus implicaciones para la soberanía de las naciones caribeñas.
Menos de un mes después, la predicción doctrinal se ha materializado con una precisión que merece análisis periodístico riguroso.
La estructura de la nueva doctrina: del combate anfibio al litoral
Para comprender la magnitud de lo ocurrido, es necesario explicar la estructura operativa que la 24ª LCF-24 implementa en el Caribe:
– Nodo marítimo: El USS Fort Lauderdale (LPD-28), buque anfibio que sirve como plataforma de comando, transporte y apoyo logístico flotante. Es el componente tradicional de las unidades expedicionarias de Marines.
– Nodo terrestre: Es la evolución doctrinal. Consiste en pequeñas bases avanzadas establecidas en tierra, en ubicaciones costeras estratégicas. Según Stars & Stripes, «la 24ª MEU operará como Fuerza de Combate Litoral-24 desplegada principalmente en tierra con capacidad para operar desde buques de transporte anfibio». Estas bases permiten operaciones sostenidas sin depender exclusivamente del buque.
– Base avanzada: Es la instalación física del nodo terrestre. Puede ser temporal o semipermanente, y sirve como punto de apoyo para operaciones logísticas, humanitarias o de combate en la zona litoral.
La doctrina anterior era anfibia: los Marines llegaban desde el mar, actuaban y regresaban al buque. La nueva doctrina es litoral: los Marines establecen presencia terrestre permanente o semipermanente en la costa, desde donde proyectan operaciones hacia el interior. Esta diferencia no es semántica: transforma la naturaleza misma de la presencia militar estadounidense en la región.
La convergencia temporal de los hechos
El miércoles 24 de junio, dos sismos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela, con epicentro en el estado Yaracuy y afectación principal en el estado La Guaira. Allí se concentran el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía y el puerto homónimo —la principal puerta de entrada y salida marítima del país.
Tres días después, para la fecha de esta publicación, la 24ª LCF-24 ya ha establecido su primer nodo terrestre y base avanzada en La Guaira. Según comunicados oficiales del Comando Sur, esta unidad militar —bajo mando del coronel Ryan Lynch— gestiona desde el 27 de junio las operaciones logísticas y de emergencia en ambas infraestructuras críticas.
El comandante táctico en suelo venezolano
La presencia militar estadounidense está supervisada por el mayor general Kevin J. Jarrard, comandante general de la 4ª División de Marines (Fuerzas de Reserva), designado por SOUTHCOM como supervisor in situ y enlace operativo para la respuesta humanitaria.
Según DVIDS (fuente oficial del Departamento de Defensa), Jarrard coordina la operatividad de aeronaves MV-22B Osprey y helicópteros UH-1Y Venom con base en La Guaira. Oficial de infantería con experiencia en Irak (Operación Libertad Iraquí, 2008) y excomandante del grupo de tareas combinado en el ejercicio naval UNITAS 2025, Jarrard sostuvo reuniones de coordinación con el alto mando de seguridad y defensa venezolano.
Su presencia no es meramente protocolar: es el comandante táctico de la presencia militar de EE.UU. en la crisis venezolana. La designación de un general activo de los Marines —y no de un funcionario civil de USAID— para supervisar la respuesta humanitaria es, en sí misma, un dato que merece atención.
Los terremotos del 24 de junio causaron daños severos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, cuya infraestructura crítica quedó comprometida:
– Pista principal 10R/28L: Grietas severas en la superficie, cerrada indefinidamente mediante NOTAM A0266/26 hasta el 2 de julio de 2026 o hasta completar reparaciones e inspecciones de seguridad. La imposibilidad de usar la pista principal impide operaciones de aeronaves grandes como C-17 o aviones comerciales de fuselaje ancho.
– Terminal de pasajeros: Colapso parcial del techo, con paneles caídos y escombros en áreas públicas. Videos difundidos en redes sociales muestran pasajeros evacuando mientras el techo colapsaba. La terminal principal quedó fuera de servicio.
– Torre de control: Daños estructurales reportados que comprometen la capacidad de control de tráfico aéreo. Requiere evaluación y reparaciones.
– Pilares estructurales principales: Grietas severas identificadas que obligaron al cierre indefinido del aeropuerto hasta evaluaciones completas.
Actualmente, solo opera la Terminal Rampa 4, una instalación secundaria destinada originalmente a aviación general y carga. Es desde esta terminal reducida que se canaliza la totalidad del tráfico aéreo humanitario.
El CRE: un aeropuerto expedicionario en territorio venezolano
El 28 de junio, un Elemento de Respuesta de Contingencia (CRE) de aproximadamente 100 aviadores de la Fuerza Aérea llegó transportado en 5 aviones C-17 Globemaster. Un equipo avanzado de evaluación de aeródromo ya había completado «las reparaciones necesarias haciendo el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar operacional», según comunicados oficiales de SOUTHCOM.
El CRE no es una unidad de asistencia humanitaria convencional. Es una capacidad expedicionaria especializada en gestión de aeródromos que, según doctrina oficial, puede expandir operaciones de 1 aeronave a la vez a 3 aeronaves simultáneas, operando las 24 horas. Sus capacidades incluyen:
– Gestión de aeródromo: Dirección de movimiento de aeronaves en plataforma y coordinación del flujo de tráfico aéreo entrante y saliente.
– Generación de energía: Equipos propios para operar cuando la infraestructura eléctrica está dañada.
– Sistemas de comunicaciones: Para establecer comunicaciones de control de aeródromo independientes.
– Iluminación de aeródromo portátil: Para operaciones nocturnas.
– Equipo de manejo de carga: Para descarga eficiente de aeronaves.
– Herramientas de evaluación estructural: Para inspección continua de pista.
Según operaciones previas del CRE en Guantánamo (febrero 2025), la unidad tiene capacidad para procesar dos aeronaves simultáneamente en operaciones de 24 horas, con un throughput de hasta 400 pasajeros o equipamiento por día.
La misión declarada del CRE es «asistir al gobierno venezolano y autoridades de aviación con la expansión segura del flujo vital de tráfico aéreo entrante y saliente». Sin embargo, la distinción entre «asistencia» y «gestión» se difumina cuando la infraestructura local está destruida y las capacidades técnicas provienen íntegramente del despliegue estadounidense.
Como declaró un oficial del CRE: «Son una capacidad expedicionaria. Están completamente autosuficientes. Traen energía. Traen comunicaciones». Esta autosuficiencia convierte al CRE en un aeropuerto expedicionario temporal instalado dentro de un aeropuerto internacional venezolano.
La distinción entre asistencia y gestión técnica
Es necesario ser preciso en la terminología. Formalmente, el CRE no «dirige» el aeropuerto ni ejerce «control militar» sobre la infraestructura. Proporciona asistencia técnica en gestión de aeródromo. Pero la realidad operativa es más compleja:
– Sin el CRE, el aeropuerto no podría manejar el volumen de vuelos humanitarios.
– Las capacidades técnicas que el aeropuerto perdió (gestión de aeródromo, comunicaciones, energía, manejo de carga) son provistas íntegramente por la unidad estadounidense.
– La dependencia técnica es real y total.
Aunque formalmente es «asistencia», la realidad operativa es que Estados Unidos está gestionando técnicamente el principal aeropuerto internacional de Venezuela durante la crisis. Esto establece un precedente significativo de presencia militar estadounidense en infraestructura crítica venezolana, independientemente de la calificación legal que se le otorgue.
Una coincidencia que no es conspiración
Es necesario ser categórico en un punto: descartamos la hipótesis conspiranoica de que los terremotos hayan sido provocados o que formen parte de un plan preconcebido que incluyera el despliegue militar. Los terremotos no son predecibles. No hay evidencia científica ni geopolítica que sustente tal afirmación, y sería irresponsable sugerirlo.
Lo que sí es digno de análisis periodístico es la curiosa convergencia temporal:
El 29 de mayo se anuncia una nueva doctrina militar que requiere nodos terrestres en el Caribe.
En las semanas siguientes, la 24ª LCF-24 establece su primera base avanzada precisamente en la zona litoral más sensible de Venezuela.
El 24 de junio ocurren terremotos que devastan esa misma zona.
Para el 27 de junio, la unidad ya está gestionando las principales infraestructuras del país en medio de la crisis humanitaria.
Para el 28 de junio, un CRE de 100 aviadores asume la gestión técnica del principal aeropuerto internacional.
La estructura estaba lista. La doctrina, desplegada. El nodo terrestre, operativo. El comandante táctico, en posición. Cuando ocurrió el desastre, la maquinaria logística militar estadounidense ya estaba en posición para asumir el control técnico de los activos críticos de la nación afectada.
La pregunta que queda
No se trata de cuestionar la ayuda humanitaria ni la capacidad de respuesta ante un desastre natural. La tragedia de los venezolanos afectados por los terremotos es real y merece toda la solidaridad posible. Se trata, en cambio, de observar con rigor periodístico cómo una doctrina militar anunciada hace apenas un mes se materializa con oportunidad perfecta para gestionar —en medio de una emergencia— las principales infraestructuras de un país soberano.
La 24ª LCF-24 no llegó después del terremoto. Ya estaba allí, con su nodo terrestre establecido, con un mayor general de los Marines coordinando operaciones desde La Guaira, con 100 aviadores gestionando técnicamente el principal aeropuerto del país. Y el cataclismo del 24 de junio le dio, sin buscarlo, la oportunidad perfecta para demostrar la eficacia de su nueva modalidad de combate litoral.
Las preguntas pendientes son inevitables: ¿cuál es el estatus legal del despliegue del CRE en territorio venezolano? ¿Cuáles son las reglas de enfrentamiento de los efectivos militares estadounidenses? ¿Por cuánto tiempo se extenderá esta «asistencia técnica»? ¿Qué precedente sienta que un general activo de los Marines supervise la respuesta humanitaria en lugar de un funcionario civil?
La doctrina del combate litoral ya no es teoría. Es realidad operativa en La Guaira. Y los terremotos del 24 de junio, aunque impredecibles, le dieron el escenario que necesitaba para demostrar su eficacia.
Terremoto y desinformación: The Post especula sobre los escombros de Venezuela.
Fabrizio Verde
Venezuela y las noticias falsas han sido inseparables en los principales medios de comunicación. Ni siquiera la tragedia que sacudió al país bolivariano —un devastador doble terremoto que dejó miles de muertos y miles de desaparecidos— ha impedido que ciertos profesionales de la (des)información sigan difundiendo mentiras o medias verdades que sirven a una determinada narrativa, con el único fin de atacar al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.
Un ejemplo perfecto de esta información deshonesta es un artículo publicado hoy en el periódico digital Il Post, titulado "
En Venezuela, todo está en contra de los rescatistas ". Se trata de un verdadero collage de mentiras y medias verdades con el objetivo de desprestigiar al gobierno bolivariano, que aún gobierna el país a pesar del brutal ataque del 3 de enero que culminó con el secuestro del presidente legítimo, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores. Pero procedamos con claridad y hagamos lo que los señores de Il Post no se atrevieron a hacer: verificar los hechos sin prejuicios ni moralismos, contextualizar los datos y comprobar, gracias también a los numerosos videos disponibles en línea, esta manipulación periodística que ofende la inteligencia de los lectores y, sobre todo, la memoria de las víctimas.
El artículo empieza con mal pie, hablando de un "régimen" y pintando un panorama de caos total donde la población se ve obligada a valerse por sí misma, forzada a remover los escombros con sus propias manos porque el Estado supuestamente está ausente, es corrupto o simplemente inepto. Luego viene el típico estribillo sobre las viviendas públicas construidas con poliestireno expandido, la inevitable anécdota del ciudadano que bromeó sobre la fragilidad de su hogar, y la guinda del pastel: el ejército, en lugar de ayudar a los heridos, supuestamente reprime a los ciudadanos y se niega a prestarles asistencia. Si no fuera por la tragedia humana de proporciones bíblicas que se está desarrollando, uno se reiría de la desfachatez con la que se hacen pasar semejantes disparates por verdades absolutas.
Pero como no se debe tomar a la ligera el dolor de todo un pueblo, veamos qué dicen los hechos: los hechos reales, no la palabrería de los círculos periodísticos. Para empezar, es vergonzoso que el artículo no mencione
el asedio criminal al que Estados Unidos ha sometido a Venezuela durante años. Sanciones financieras, bloqueo de las exportaciones de petróleo, incautación de activos y cuentas bancarias en el extranjero por valor de miles de millones de dólares. ¿Cómo se puede hablar de falta de recursos e infraestructura en ruinas sin mencionar que el país sufre un verdadero estrangulamiento económico que le impide comprar maquinaria pesada, medicinas, alimentos y combustible? Es como si te atara las manos y luego te acusara de no saber escribir correctamente. Un ejercicio de pura deshonestidad intelectual.
El artículo del Post omite deliberadamente un detalle importante: Estados Unidos, mientras los venezolanos lloran a sus muertos bajo la lluvia y entre escombros, tiene en su poder 5.490 millones de dólares en ingresos petroleros venezolanos, dinero que arrebató por la fuerza al pueblo bolivariano. Y mientras retiene estos fondos, ofrece migajas de 150 millones de dólares en ayuda humanitaria, como si fuera un acto de generosidad. La ONU estima que los daños causados por el terremoto superan los 6.700 millones de dólares. Pero el régimen de Washington, liderado por Donald Trump, que se presenta como defensor de la democracia, prefiere retener el dinero de Venezuela y, mientras tanto, distribuir unos pocos paquetes de ayuda modestos, útiles para el drama televisivo. Y el Post no lo dice, ni siquiera lo menciona, porque claramente no se ajusta a la narrativa dominante. Debería entonces explicar a sus lectores lo que ha omitido en los últimos años.
Hablemos entonces de la supuesta ineptitud de los rescatistas. El artículo del Post nos dice que los bomberos tienen poco personal y que los hospitales están colapsando. Es una pena que olviden mencionar la incansable labor de la Brigada Internacional "Topos", uno de los equipos de rescate más capacitados y respetados del mundo, que lanzó un
llamado desde Venezuela para reconocer los esfuerzos titánicos de los rescatistas locales. Estos profesionales, que han viajado por todo el mundo para brindar ayuda humanitaria en casos de desastre, han declarado que sus colegas venezolanos trabajan en condiciones extremas, a menudo con sus propias familias atrapadas bajo los escombros, y que sus esfuerzos deben ser respetados y apoyados, no denigrados. Pero para el Post, evidentemente, el testimonio de una fuerza internacional especializada vale menos que una entrevista con un residente anónimo de Caraballeda que afirma tener poliestireno expandido en su casa.
Y ahora llegamos a la mayor noticia falsa, la que más duele: la acusación de que el ejército venezolano se niega a ayudar a la población y se limita a patrullas represivas. Bastaría con abrir los ojos y ver los videos que llegan desde el terreno, que los señores del Post evidentemente han optado por ignorar. Hay
imágenes que muestran a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana cargando ancianos sobre sus hombros, bajando a los heridos de edificios derrumbados con cuerdas, excavando con las manos bajo vigas de concreto para rescatar sobrevivientes. Fuerzas especiales del SEBIN han llevado a cabo
operaciones de rescate de alto riesgo en las fachadas de edificios colapsados, arriesgando sus propias vidas para salvar a otros. Pero todo esto no es noticia, porque no encaja con la liturgia del "régimen malvado" que ha campado a sus anchas en nuestros medios de comunicación durante años.
Paradójicamente, ni siquiera el encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, a quien ciertamente no se le puede acusar de simpatizar con el chavismo, respaldó esta campaña de desprestigio. En una entrevista con N+ Univisión, Barrett elogió
la cooperación entre las fuerzas armadas venezolanas y los rescatistas estadounidenses, afirmando textualmente que "las fuerzas armadas venezolanas trabajan codo con codo con Estados Unidos". Habló de la transparencia del gobierno de Delcy Rodríguez en el recuento de víctimas y de la perfecta coordinación en la logística de la ayuda. Pero cuando una fuente autorizada, un "enemigo" del gobierno bolivariano, confirma el éxito de las operaciones, el Post claramente la considera poco fiable. Mejor el testigo anónimo, mejor el rumor sin verificar, mejor la mentira que genera clics.
Entonces, cabe preguntarse: ¿qué estrategia se esconde tras este artículo? Es simple: mientras Venezuela se ve azotada por un desastre natural que habría paralizado incluso al país más rico y organizado del mundo, hay quienes explotan el sufrimiento para debilitar políticamente al gobierno legítimo. El artículo del Post no es información; es un manifiesto político disfrazado de noticia. Es otro intento más de deslegitimar a un gobierno que, a pesar de la adversidad, sigue resistiendo y pensando en su pueblo. No se mencionan las sanciones, ni el embargo, ni el robo de los fondos petroleros, ni el heroísmo de los soldados y rescatistas. Todo lo que se escribe es poliestireno, corrupción y un ejército represivo. El retrato está tan distorsionado que parece deliberadamente paródico, de no ser por la realidad de miles de familias que lloran.
Y ya que estamos hablando de poliestireno, desmintamos también esta otra mentira, porque es uno de los ejemplos más flagrantes de cómo se pueden explotar las noticias con fines propagandísticos. El artículo del Post insinúa que las casas construidas por el gobierno chavista están hechas de poliestireno, como si fuera un material de desecho, una especie de estafa de construcción. Pero ¿es realmente así? Obviamente no, y solo se necesita un mínimo de honestidad intelectual para informarse.
El poliestireno expandido , técnicamente llamado EPS, es un material de construcción reconocido internacionalmente, utilizado en todo el mundo por sus propiedades aislantes y su naturaleza ligera. Se utiliza en paneles de techos, paredes y áticos precisamente porque mejora la eficiencia energética de los edificios, reduce los costos de construcción y, contrariamente a lo que se podría pensar, ofrece una notable resistencia mecánica, con valores de compresión que pueden superar los 165 kPa dependiendo de la densidad. El hecho de que se haya utilizado como relleno entre capas de hormigón en algunas estructuras venezolanas no es un defecto; Se trata de una técnica de construcción moderna y sostenible que reduce el peso, mejora el aislamiento térmico y acústico, y contribuye a un uso más eficiente de los materiales. Pero para el Post, que evidentemente entiende tanto de construcción como de geopolítica, todo apunta a una connivencia y una mala gestión. Si una casa se derrumba durante un terremoto de magnitud 7,5, la causa no es el poliestireno expandido, sino la intensidad del sismo. Pero este es un detalle que los maestros de la desinformación pasan por alto, o tal vez fingen no entender para seguir difundiendo información falsa deliberadamente.
Pero hay más, mucho más, y se refiere al sector en el que el gobierno bolivariano ha tenido un desempeño superior al de cualquier otra nación del mundo, un récord que los periodistas del Post optaron por ignorar con una indiferencia que raya en la mala fe. Hablamos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda social que literalmente ha transformado el rostro del país. Mientras que en Europa o Estados Unidos millones de personas viven en la calle o en viviendas precarias, en Venezuela el gobierno —a pesar de las sanciones, el bloqueo económico y la guerra híbrida— ha entregado 5,26 millones de viviendas en todo el país. Un verdadero récord mundial. Poco antes de ser secuestrado por Estados Unidos, el presidente Maduro había
anunciado que la meta era alcanzar los 8 millones de viviendas para 2031. Una cifra que deja en ridículo cualquier plan de vivienda de las naciones más ricas. Y no se trata solo de números: para construir estas viviendas, se ha desarrollado una cadena de suministro nacional de cemento que ahora cubre el 80% de la demanda interna, con un aumento del 14% en la producción solo en el último año. Este es el estado que el Post describe como incompetente y corrupto. Un estado que ha construido más viviendas que cualquier otra "democracia occidental" en las últimas décadas. Pero para ellos, evidentemente, que cinco millones de familias tengan un techo sobre sus cabezas no significa nada. Lo único que importa es encontrar un pretexto para decir que el gobierno no funciona. Y si no hay pretextos, los inventan.
Y luego está el tema de las labores de socorro, el meollo de la mentira. El Post habla de la ausencia del Estado, de soldados que no prestaron ayuda, de una población abandonada. Pero ¿qué sucedió realmente? Las fuerzas armadas venezolanas, que el artículo describía simplemente como una fuerza de represión, se transformaron en una máquina de rescate. Salieron a las calles con vehículos, hombres, perros entrenados, con todo lo que tenían a su disposición. Evacuaron a ancianos sobre sus hombros, rescataron a personas de edificios inseguros y trabajaron incansablemente día y noche. Las fuerzas especiales del SEBIN llevaron a cabo operaciones de rescate en fachadas inestables, en riesgo de derrumbe, para salvar vidas. Y todo esto mientras los medios internacionales, cómodamente sentados en sus redacciones, informaban que no estaban haciendo nada. Es casi increíble el cinismo con el que pueden negar la evidencia. Pero quizás lo mejor, el momento en que el castillo de naipes de mentiras se derrumba de forma más dramática, es el testimonio de John Barrett, como informamos anteriormente. Habló de transparencia, coordinación y eficacia. Entonces, disculpen, si el diplomático estadounidense lo dice, si la Brigada Topos lo confirma, si los videos desde el terreno lo atestiguan, ¿a quién debemos creer? ¿A los periodistas cuya única motivación es atacar al gobierno bolivariano?
La respuesta es demasiado obvia. Pero el problema no es la credibilidad, que la gente del Post perdió hace mucho tiempo. El problema es el daño que están causando. Porque mientras escriben estas falsedades, mientras alimentan una narrativa de caos y fracaso, en Venezuela la gente muere, sufre, necesita ayuda. Y esa ayuda, ese dinero que podría salvar vidas, está bloqueado por las sanciones, confiscado por Estados Unidos, retenido por quienes prefieren hacer política en lugar de apoyar a un pueblo muerto. El artículo del Post es un golpe bajo para quienes luchan y una bendición para quienes quieren que esa gente siga sufriendo. Porque si la narrativa de un régimen incompetente se impone, entonces es más fácil justificar la guerra económica, es más fácil robar los fondos del petróleo, es más fácil dejar que la gente muera bajo los escombros mientras los gobiernos occidentales fingen preocuparse, limitándose a ofrecer unas pocas monedas a cambio de una foto. Pero Venezuela se niega a rendirse, y los venezolanos, a pesar de todo, siguen demostrando al mundo lo que significa tener dignidad. Mientras tanto, sus líderes, calumniados y atacados, trabajan incansablemente para salvar todas las vidas posibles. Esta es la verdad que el Post oculta, porque si lo hiciera, tendría que admitir su completo error. Y admitir un error, para ciertos medios, es más difícil que excavar bajo los escombros. Es una pena que bajo esos escombros yace el dolor de un pueblo, y que por encima, juzgando, solo haya oportunistas y mentirosos.