Defensa

La peligrosa lógica de la OTAN 3.0. Análisis de Dmitri Trenin, Manolo Monereo y Fabrizio Poggi

Administrator | Lunes 13 de julio de 2026
Dmitry Trenin*
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está entrando en su tercera etapa. Cuando se fundó hace tres cuartos de siglo, su objetivo era contener la expansión del comunismo y hacer frente al poderío militar de la Unión Soviética. En otras palabras, mantener a Europa Occidental capitalista y bajo el control estadounidense. A pesar de las acusaciones de la propaganda soviética de la época, la OTAN era una alianza defensiva, no agresiva. Durante todas las crisis de la Guerra Fría, se mantuvo inmutable.
Cuando terminó la Guerra Fría y la Unión Soviética se desintegró, la OTAN obtuvo una victoria que no había ganado. El bloque militar liderado por Estados Unidos se negó a disolverse tras completar su misión original. En cambio, buscó convertirse en el único regulador de la seguridad en Europa. Lanzó una ofensiva y declaró la guerra a Serbia. Se extendió fuera de su territorio para combatir en Afganistán. Emprendió una expansión que incluyó a los antiguos países satélite soviéticos de Europa del Este y a algunas ex repúblicas de la propia URSS.
Sin embargo, fracasó estrepitosamente en su gestión de las relaciones con su antiguo adversario, Rusia. Rechazó la solicitud de adhesión de Moscú y propuso, en cambio, una alianza que resultó ser esencialmente vacía. Ignoró los intereses de seguridad de Rusia al negarse a detener su expansión hasta la frontera rusa y al rechazar las propuestas de Moscú para un orden de seguridad paneuropeo. La cuestión de la adhesión de Ucrania a la OTAN, que el Kremlin percibía como una amenaza intolerable para su seguridad nacional, se convirtió en la principal causa de la guerra de Ucrania, que ya lleva cinco años.
Esta guerra en curso le ha dado a la OTAN un nuevo impulso. Rusia se convirtió una vez más en el enemigo, y la alianza occidental está mucho más fuerte y mejor posicionada para enfrentarla. Con Ucrania de su lado, la OTAN puede usar su ejército para atacar físicamente a Rusia. El objetivo de Estados Unidos y Europa en esta guerra, como se proclamó públicamente desde el principio, ha sido infligir una "derrota estratégica a Rusia". Lo que se consideraba imposible durante la Guerra Fría se ha convertido en algo posible en la guerra indirecta de Occidente contra Rusia.
Desde 2025, las políticas del presidente estadounidense Donald Trump han impulsado un proceso de transformación interna de la OTAN. La Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU. responsabiliza claramente a Europa de la gestión de Rusia. Así, con la revisión de las prioridades estratégicas globales de Washington, se exige a los miembros europeos de la alianza que asuman una mayor carga financiera y militar. En el contexto de la guerra en curso, esto implica una mayor implicación en el conflicto. Las élites europeas, reacias durante mucho tiempo a aumentar el gasto en defensa y temerosas de verse involucradas en guerras, han cambiado de opinión y han asumido con entusiasmo las nuevas responsabilidades y riesgos como una oportunidad.
Existen razones para este cambio. Se considera que la militarización impulsa el relanzamiento de las economías debilitadas de la UE. Una Europa militarmente más fuerte gozaría de mayor autonomía estratégica en un mundo donde Estados Unidos reduce sus compromisos con sus aliados. Añadir una dimensión militar a la UE podría consolidar la unión frente a los numerosos desafíos que se avecinan. Políticamente, el rearme y la movilización ante la amenaza del enemigo facilitan que las élites gobernantes tachen a sus oponentes de títeres del Kremlin y, por lo tanto, protejan su poder. En términos ideológicos, la lucha contra Rusia (por ahora, a través de Ucrania) se ha convertido en una nueva idea unificadora para Europa.
Para Rusia, esta OTAN 3.0 significa, sobre todo, que por primera vez desde la derrota de la Alemania nazi y sus aliados en 1945, Europa vuelve a ser un enemigo claro e inmediato de Rusia. En Moscú no se hacen ilusiones sobre la actitud hostil de Estados Unidos hacia Rusia, pero Washington ahora se mantiene al margen del conflicto ruso. Mientras que en la Guerra Fría la OTAN se presentaba ante los rusos como «Estados Unidos en Europa», ahora, cuando la ven, perciben a Europa respaldada por Estados Unidos.
Lo que es aún más importante es que la OTAN 3.0 está claramente a la ofensiva, con objetivos sumamente decisivos. La estrategia de las élites europeas hacia Rusia ya no se basa en la disuasión, como en los tiempos de la Guerra Fría; el objetivo es la destrucción de Rusia como gran potencia. En esto consiste la "derrota estratégica" . Los europeos sueñan con eliminar a Rusia como factor relevante en la geopolítica de Eurasia: para ellos, esto significaría la "solución definitiva" al tan temido "problema ruso".
Tras un largo periodo de resentimiento por los avances rusos en Ucrania, los políticos y medios de comunicación europeos se muestran ahora triunfantes, con la esperanza de que los drones de largo alcance que ayudaron a Ucrania a producir y enviar a sus objetivos en toda Rusia sean el arma definitiva de esta guerra. Buscan reforzar su poderío proporcionando a Kiev misiles de crucero de largo alcance y, posteriormente, misiles balísticos. Se espera que estas armas sellen el destino de Rusia de una vez por todas.
Sin embargo, esto no sucederá. El error fundamental del pensamiento europeo radica en creer que Rusia preferiría aceptar la derrota, la degradación y la desintegración antes que utilizar el arsenal que posee actualmente. Este arsenal no se limita a armas nucleares, aunque podría llegar un punto en que sea necesario utilizarlas. Hasta ahora, el Kremlin se ha mostrado sumamente comedido en el uso de sus capacidades convencionales más poderosas y en el ataque a objetivos de alto valor y gran visibilidad. Existen muchas explicaciones para esta moderación, pero es una insensatez —de hecho, un error fatal— creer que el liderazgo o el pueblo ruso se rendirían alguna vez ante la OTAN.
El enorme déficit de cultura estratégica moderna de los líderes europeos de la OTAN —algo comprensible tras ocho décadas delegando su seguridad en Estados Unidos— y su ciega rusofobia, fruto de un arraigado racismo europeo y de los resentimientos, reales o percibidos, contra Rusia acumulados durante los últimos cinco siglos, han puesto a Europa en rumbo de colisión directa con Rusia. La OTAN 3.0 significa guerra. Si llegara a producirse, la OTAN dejaría de existir.
La OTAN 3.0: adiós a la autonomía estratégica de la UE
Manolo Monereo
Fue una reunión de mercaderes en busca beneficios extraordinarios. La reunión de la OTAN en Ankara ha sido, sobre todo, una señal para que los empresarios, los grandes fondos de inversión y de pensiones, los fondos soberanos, los funcionarios estatales y militares de diversas especialidades entiendan, tomen conciencia de que hay un negocio garantizado por los Estados que prometen grandes retornos y que, por momentos, no tiene límites. Se trata de reconstruir potentes dispositivos tecno-industriales, complejos científico-militares para una guerra que tiene plazo fijo: 2029/2030. Negocio seguro, en expansión y con una demanda creciente. Eso solo lo puede ofrecer, como siempre, el maldito y corrupto poder político: abundante financiación pública para grandes beneficios privados.
Organizaciones multilaterales
Hay tres datos que ayudan a entender la cumbre de Ankara del 7 y 8 de este caluroso mes de julio del 2026, tres años antes del supuesto ataque de Rusia a determinados países de la OTAN: a) La presencia de un Donald Trump agotado, sobrepasado, con señales evidentes de senilidad; b) El triunfo de la doctrina Colby y el fin de la hipótesis de una Unión Europea autónoma desde el punto de vista estratégico y político-militar; c) El fiasco de los acuerdos Trump/Putin en Anchorage, Alaska. La tres definen una nueva etapa en el conflicto global, con ganadores y perdedores. Vayamos por partes.
Trump, en su segunda presidencia, ha bombardeado a Irán, Yemen, Siria, Somalia, Nigeria y Venezuela, 7 países en tres continentes. Secuestró, después de masacrar a decenas de militares, a un presidente legitimo de un país soberano (Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores) y asesinó a la dirección política y político-militar de Irán en plenas negociaciones. El balance es claro, nítido: cuando los EE. UU se enfrentan a una potencia militar de nivel -y, no se debe olvidar nunca, con una coraza político-moral dura, firme, convencida- aparecen debilidades tácticas y operativas, de logística, de administración de recursos y de fondos de reposición especialmente significativas, a pesar de tener a Netanyahu al lado y por delante o, quizás, precisamente por ello. Trump llegó perdido a Ankara y, en muchos sentidos, derrotado. La estrategia, el eje, Merz/ Zelenski funcionó: se aceptó el modelo norteamericano OTAN 3.0 a cambio de continuar la guerra contra Rusia, es decir, a cambio de seguir escalando en un enfrentamiento que ya no tiene líneas rojas.
Política
Modelo OTAN 3.0. En febrero de este año Elbridge Colby, subsecretario de guerra para políticas de los EE. UU, pronunció un importante discurso en una reunión a puerta cerrada de los ministros de defensa de la Alianza Atlántica. El dirigente de la administración norteamericana, uno de los redactores de la Estrategia de Seguridad Nacional y de la Estrategia de Defensa Nacional, expuso con mucha claridad el tipo de OTAN que Trump quería. Distinguió varias fases: OTAN 1.0; 0TAN 2.O. La primera, la de la Guerra Fría, se caracterizaba, en sus palabras, “por un enfoque intransigente, realista y lúcido de la disuasión y la defensa” donde EE.UU. y sus aliados, no sin discusiones, aceptaban su parte y las cargas que el esfuerzo colectivo exigía. Este modelo tuvo un enorme éxito. La segunda, después de la desintegración de la URSS y de la disolución del Pacto de Varsovia, la OTAN 2.0, fue mucho más problemática. “Esta versión de la Alianza se caracterizó por un reenfoque de los esfuerzos y prioridades, que se alejaron de la defensa de Europa para centrarse en operaciones “fuera de zona” y un desarme sustancial en el continente, así como por un cambio de marco, pasando del realismo intransigente y flexible de la OTAN 1.0 de la Guerra Fría a una mentalidad mucho más liberal e internacionalista, basada en un orden internacional basado en normas.
Ahora es necesaria, los cambios geopolíticos así lo exigen, una nueva OTAN 3.0, cuyo objetivo central debe ser que Europa asuma la responsabilidad principal de su defensa convencional; dicho de otra forma, se trata de que los aliados europeos se responsabilicen de los costes de su seguridad que ahora soportan los norteamericanos y que organicen unas fuerzas armadas capaces de hacer frente a cualquier eventualidad que implique riesgos existenciales para la península. Trump, por mucho que amenace y vocifere, no abandonará la OTAN, la necesita más que nunca como proyección de poder, como alianza estratégica institucionalizada y como instrumento de control económico, comercial y tecnológico. Lo que pretenden hoy los EE.UU. es que los aliados paguen su reindustrialización, reequilibren sus enormes déficits, reestructuren su complejo militar, científico y tecno-industrial y, sobre todo, que le acompañen en sus grandes opciones estratégicas, destacadamente el enfrentamiento global contra China.
Historia
El subsecretario de guerra Colby no se cansa de repetir dos palabras clave: priorizar y traslado de cargas. Priorizar, definiendo las tareas para Norteamérica y para sus aliados en esta fase determinada por una larga, compleja y dramática transición hegemónica. Traslado de cargas, que los aliados cumplan las tareas asignadas, modernizando sus fuerzas armadas, incrementando sustancialmente el gasto militar y comprando armamento del país indispensable. Recientemente Rutte, el otro jardinero infiel, lo ha dicho para que no hubiera dudas: los países europeos tienen pedidos a los EE. UU de armamento por un valor de más de 300.000 millones de dólares, que generarán alrededor de 195.000 puestos de trabajo.
Al final, la guerra entre la OTAN y Rusia por intermedio de Ucrania, lo determina todo y más. A estas alturas no sabemos si Trump estaba dispuesto realmente a llegar a un acuerdo con Putin o se trató, desde el principio o de forma sobrevenida, de una finta para ganar tiempo y mejorar la posición negociadora de Zelenski. Se sabrá pronto, creo. Desde siempre ha habido una durísima oposición de los gobiernos europeos a cualquier tipo de pacto con Rusia que pudiera significar un cambio en la relación de fuerzas y, sobre todo, una nueva arquitectura de seguridad en el conjunto de Europa. La contradicción era especialmente aguda: la Unión Europea solo puede derrotar a Rusia con el apoyo de los EE. UU, pero estos han cambiado de política, el frente europeo ya no es una prioridad. Además, Trump siempre ha afirmado que el conflicto ucraniano fue un error y que tendría que haberse evitado.
Guerra y conflicto
La estrategia europea ha sido muy precisa: ganar tiempo, neutralizar los acuerdos Trump/Putin, armar metódicamente a Ucrania y escalar contra una Rusia entretenida con unos pactos de muy difícil cumplimiento. Eso sí, partiendo siempre del supuesto de que Putin no se atreverá a ir más allá del armamento convencional. La clave ha estado desde el principio en las divisiones del equipo del presidente Trump y en el consenso bipartidista norteamericano (el Estado profundo) firmemente opuesto a una Rusia fuerte y determinante en las relaciones internacionales.
Esto terminó definitivamente en Ankara.
¿Qué viene ahora? El paso de una “guerra limitada” a una “guerra generalizada”. En el gran país euroasiático ya no se habla de operación especial; ahora se habla de la guerra de la OTAN contra Rusia.
De Moscú a Kiev, la respuesta de Rusia a la cumbre de la OTAN en Ankara.
Fabrizio Poggi
Se dice que, desconsolado por la caída de Konstantinovka y los masivos ataques con drones y misiles rusos contra Kiev en los últimos días, Vladimir Zelensky perdió el control. El principal artífice del golpe de Estado nazi no estaba tan angustiado por las víctimas de los bombardeos, sino por el repentino cambio en el panorama estratégico que rodeaba a Ucrania antes de la cumbre de la OTAN del 7 y 8 de julio. No sorprende que los rumores sobre el arrebato histérico de Zelensky provengan del entorno del alcalde de Kiev, Vitaly Klichko, conocido por sus arrebatos, casi siempre oportunos y justificados, contra el jefe de la junta militar. Fue el propio Klichko quien informó que Zelensky había perdido los estribos hasta el punto de quedarse más ronco de lo normal, maldiciendo al comandante en jefe Alexander Syrsky y al ministro de Guerra Mikhail Fyodorov. La histeria, al parecer, escaló hasta tal punto que hubo que alertar a los médicos, ya que Zelensky se ahogaba de rabia. Esto no le impidió reiterar que los países de la UE y la OTAN deberían compartir tecnologías de producción de misiles con Ucrania: «Europa debe dejar de ser negligente en este sentido», declaró al Financial Times. «Debe compartir tecnología y capacidades industriales con otros países, porque nunca habrá suficientes misiles Patriot para todos». Sí, señor, la respuesta de Bruselas fue inmediata.
Los rumores de Klichkò, sin duda; no son muy diferentes, sin embargo, de los opuestos difundidos por los ensalzadores italianos del golpe nazi de Kiev, en particular el euroatlantista Sanfedisti de Linkiesta, que llegó incluso a ensalzar una supuesta "lección de Zelensky a Europa sobre cómo tratar con Trump", basada en el "contraste entre la firmeza del presidente ucraniano y las vacilaciones de la UE". ¿En qué consistiría esta "firmeza"? Sencillo: en vísperas de "la delicada cumbre de la OTAN de esta noche en Ankara", escribió Francesco Cundari el 7 de julio, "con todas las incógnitas y preocupaciones relacionadas con la imprevisibilidad de Donald Trump y, diría incluso, su inestabilidad, hay al menos un punto fijo que no se puede ignorar: Ucrania ha ganado la iniciativa y una ventaja creciente sobre Rusia". Más adelante veremos en qué consiste esta "ventaja" que, según los Torquemadistas acostumbrados a alabar a los golpistas nazis, habría "permitido a Ucrania resistir el cambio de rumbo estadounidense y las vacilaciones europeas, inventando y produciendo casi todo lo necesario para defenderse y contraatacar (y también explica por qué al régimen esclerótico de Putin le costará seguirle el ritmo)". En resumen, al guardar silencio sobre la producción de armas para Ucrania dispersas en diversas industrias europeas, el panegírico debería servir para ensalzar otro sermón que Zelensky se prepara para declamar en Ankara, reprendiendo a los "aliados" por cierta "indiferencia" con la que actúan ante la cuestión ucraniana y reiterando dos puntos fijos: Rusia está muriendo, dado que ya no tiene misiles, y demos más miles de millones a la junta de Kiev. En otras palabras, Zelensky incluso podría ahorrarse la gira de mendicidad por Turquía: los belicistas sinvergüenzas de Linkiesta ya le han mendigado.
Lamentablemente, desde Kiev, el coronel Roman Kostenko, secretario del Comité de Defensa de la Rada, señala que las fuerzas ucranianas siguen perdiendo territorio bajo su control, contradiciendo la narrativa promovida por la televisión ucraniana sobre un "avance en el frente". Lo máximo que se puede decir, afirma Kostenko, es una "mejora en nuestra posición y nuestras tácticas de combate". Las fuerzas rusas, dice, comenzaron a tomar el control de menos territorios en mayo que en períodos anteriores; pero "el enemigo continúa apoderándose de nuestro territorio... debemos ser realistas y comprender que el enemigo no ha perdido la iniciativa; está avanzando y continúa conquistando más territorio del que estamos liberando".
Este sentimiento es indirectamente secundado desde Estados Unidos por la asesora de asuntos exteriores y ex subsecretaria de defensa Celeste Wallander, quien asegura que, como antes, los rusos todavía tienen suficiente dinero para misiles: los últimos ataques a Kiev demuestran que Rusia ha aprendido a eludir las sanciones occidentales y conserva la capacidad de producir misiles en masa. Lamentablemente, dice Celeste, "en las últimas dos semanas hemos visto cómo esta maquinaria militar ha seguido produciendo misiles balísticos y de crucero de alta gama, así como numerosos drones", y la única manera de obligar al Kremlin a reducir la operación especial es presionar a la economía rusa, ya que Putin "necesita dinero para mantener la maquinaria militar".
Mientras tanto, el corresponsal de guerra Alexander Kots informa en Komsomolskaya Pravda lo que los sitios web ucranianos más populares han observado sobre el último ataque ruso a Kiev: "Uno de los peores ataques de la historia reciente... Ni un solo misil balístico o 'Tsirkon' fue derribado. De hecho, el Ministerio de Defensa ruso ha revelado los objetivos alcanzados en Kiev la noche del 6 de julio, y las imágenes de las repetidas detonaciones confirman que los objetivos eran objetivos militares, con depósitos de explosivos, y no 'garajes vacíos' o edificios residenciales, dado que los depósitos de armas y las fábricas estaban ubicados deliberadamente en las zonas urbanas. Se atacaron fábricas que producían drones y radares de largo y medio alcance, vehículos blindados, ojivas para drones e institutos de investigación de sistemas de control de tiro, contramedidas optoelectrónicas y sistemas de navegación. Por lo tanto, es evidente, escribe Kots, que la inteligencia rusa operó extensamente para identificar los puntos exactos a atacar. Además, según datos oficiales ucranianos, la noche del 2 de julio, la defensa aérea derribó solo cuatro de los 24 Los misiles balísticos Iskander-M/S-400 y ninguno de los cuatro misiles Tsirkon fueron alcanzados, y la situación no mejoró el 6 de julio. Sobre todo, las masivas y repetidas detonaciones secundarias indican que los almacenes de productos terminados, entre los edificios residenciales, fueron alcanzados. Basta recordar el ataque a los estudios de cine Dovzhenko en Kiev, tras el cual periodistas ucranianos descubrieron accidentalmente un montón de alas de drones FP-2 entre los escombros de un probador. Hoy en día, es difícil concentrar la producción de armas en un solo lugar, y Kiev está intentando fragmentar las fábricas y distribuirlas por diferentes zonas de la ciudad.
En resumen, un duro golpe para Kiev. Zelensky ciertamente no pretendía proyectar una imagen similar en la cumbre de la OTAN: la noche anterior, se habían lanzado 625 drones sobre territorio ruso, y el golpista nazi aparentemente había mostrado una mano tendida con un as bajo la manga: "Miren, señores, a cambio de sus libras y euros, atacaré los yacimientos petrolíferos rusos. Denme más dinero". Pero de los 625 drones, 613 no alcanzaron su objetivo. ¡Una verdadera lástima! Especialmente ahora, después de que la guerra de información hubiera resultado excepcionalmente exitosa para Kiev durante los últimos tres meses, según el experto militar Vladislav Shurygin: los ataques de precisión contra Rusia y sus refinerías habían sido recibidos con tal entusiasmo en la UE que Kiev y el bando belicista en Europa habían logrado crear la imagen de un giro victorioso en el conflicto. Todo estaba preparado para que Ankara presentara a Trump "pruebas irrefutables" del inminente colapso de Rusia, y que, por lo tanto, había llegado el momento de cambiar la posición aparentemente casi "neutral" de Estados Unidos, aunque, según Shurygin, todo el mundo sabe que los estadounidenses apoyan plenamente a Ucrania, con servicios de inteligencia, comunicaciones y venta de armas financiadas por la UE.
En cambio, el ataque a Kiev, que rompe con el ritmo habitual de los ataques rusos, tiene como objetivo "perturbar el contexto de la reunión entre Zelensky y Trump" en Turquía, según el politólogo ucraniano Ruslan Bortnik. Se trata de un ataque sin precedentes en cuanto a su tipo y momento, ya que se produjo dos o tres días después del anterior; no una semana, dos semanas o diez días después, como era habitual en los ataques rusos. El ataque actual, afirma Bortnik, es "claramente un intento de influir en la cumbre de la OTAN en Turquía... Rusia ha presentado su plan para poner fin a la guerra... demostrando su fuerza y ​​afirmando: 'Tenemos el control de la guerra'".
De hecho, Moscú está cambiando su enfoque respecto a los ataques contra Kiev y otras ciudades ucranianas, señala el general ruso retirado Leonid Reshetnikov. Al parecer, se ha decidido atacar de forma más sistemática: "Es una especie de demostración de fuerza para la OTAN, y deberían sacar algunas conclusiones de esto: un cambio en las tácticas militares". No es casualidad que la semana pasada el portavoz presidencial Dmitry Peskov dijera: "Se está librando una guerra real... todo comenzó como una operación militar especial. Continúa como una guerra porque a espaldas de Kiev están Berlín, París, La Haya, Oslo y, lamentablemente, Washington".
Casualmente, hace apenas unos días, el ministro de Defensa polaco, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, publicó algunos datos sobre las armas transferidas a Ucrania desde 2022. Solo para el período 2022-2023, el valor estimado es de aproximadamente 15 mil millones de zlotys. Los suministros incluyen tanques T-72, PT-91 y Leopard; vehículos blindados de transporte de personal; lanzamisiles, MANPADS, cañones autopropulsados ​​y morteros; drones; aviones MiG-29 y helicópteros Mi-24; sistemas de defensa aérea; munición para artillería y tanques; y armas ligeras. Entre 2024 y 2026, se suministraron misiles Patriot, sistemas de misiles, bombas guiadas, munición para lanzagranadas, equipos y repuestos para aeronaves, radares de defensa aérea, munición para artillería y tanques, por un total de 412 millones de dólares. «Seguimos prestando ayuda, aunque, naturalmente, en menor medida. Porque todo lo que se podía donar ya se ha donado», declaró Kosinyak-Kamysh. Según el vicepresidente del Parlamento, Krzysztof Bosak, Varsovia había suministrado en secreto misiles Patriot a Kiev, a pesar de que estaban destinados a uso interno.
Moscú, según informa RIA Novosti, cree que el envío de armas a Kiev implica directamente a los países de la OTAN en el conflicto, y el Kremlin ha declarado repetidamente que cualquier suministro constituiría un objetivo militar legítimo para Rusia.
De hecho, el presidente finlandés, Alexander Stubb, declaró sin rodeos al Financial Times que todos los líderes de la OTAN aprueban los ataques aéreos ucranianos en territorio ruso y que "todos creen que es necesario seguir aumentando la presión". Stubb advirtió que una escalada del conflicto sigue siendo probable y que la OTAN está evaluando diversos escenarios.
En este sentido, a finales de junio, el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Alexander Grushko, afirmó que Occidente se está preparando para un enfrentamiento con Moscú alrededor de 2030 y que el objetivo de la UE y la OTAN es la derrota estratégica de Rusia. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, señaló que Europa está intentando ganar tiempo para alcanzar su "preparación para la guerra" para 2030; mientras tanto, como afirmó cínicamente el jefe del Estado Mayor belga, los europeos tienen "unos años más gracias a la sangre de los ucranianos, que nos están dando este tiempo".
Como soldado, el belga ha dejado claro el verdadero significado del euroatlantista "Slava Ukraini".

TEMAS RELACIONADOS: