Ivan Kesic
Cuando la agresión conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó el 28 de febrero de 2026, los arsenales de misiles y drones de la República Islámica —desarrollados durante cuatro décadas bajo la dirección estratégica del Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei— transformaron lo que podría haber sido una derrota catastrófica en una demostración de poder y capacidad de disuasión que obligó al enemigo a solicitar un alto el fuego.
El programa de misiles de la República Islámica de Irán no surgió de la nada. Fue el resultado de un esfuerzo sostenido y estratégicamente dirigido que comenzó en los días más oscuros de la Guerra Impuesta, en la década de 1980, cuando los misiles iraquíes caían sobre Teherán y otras ciudades iraníes mientras los defensores iraníes apenas disponían de medios para responder a la agresión.
El arquitecto de esta transformación fue el Imam Jamenei, quien, desde los primeros años de su presidencia durante la guerra, comprendió que la supervivencia de Irán dependía de romper la dependencia del exterior y construir una capacidad de defensa autóctona.
A lo largo de cuatro décadas de respaldo inquebrantable, intervenciones estratégicas e insistencia en la autosuficiencia, el Líder de la Revolución Islámica dio forma a lo que hoy los analistas militares extranjeros consideran uno de los arsenales de misiles más formidables del mundo.
Su papel no fue meramente administrativo, sino profundamente técnico y directo, exigiendo precisión, exactitud y producción a gran escala en cada etapa del proceso.
Los resultados de esta visión quedaron demostrados durante la agresión estadounidense-israelí, cuando los misiles iraníes alcanzaron bases estadounidenses, destruyeron avanzados sistemas de radar y demostraron que la era de las agresiones impunes contra Irán había llegado a su fin.
De la vulnerabilidad a la autosuficiencia: los cimientos del programa de misiles
En los primeros años de la Revolución Islámica y de la Guerra Impuesta, en la que el dictador iraquí Sadam Husein contaba con el respaldo de Estados Unidos y otras potencias occidentales, la posición militar de Irán era extremadamente precaria.
Las Fuerzas Armadas heredadas del período prerrevolucionario dependían por completo de las importaciones occidentales y, cuando comenzó la guerra, las sanciones y los embargos cortaron el acceso a repuestos y municiones.
Como recordó posteriormente el Imam Jamenei, durante los años de la guerra “la propia ciudad de Teherán ardía bajo el incesante bombardeo de misiles del enemigo. Las casas eran destruidas, la gente moría. No teníamos misiles, no teníamos medios de defensa; solo podíamos cruzarnos de brazos y observar”.
Los aviones MiG-25 del enemigo sobrevolaban los cielos de Teherán a gran altitud y bombardeaban con total impunidad, mientras los misiles iraquíes alcanzaban incluso ciudades alejadas, causando una destrucción masiva y un elevado número de víctimas.
Fue en ese contexto cuando se dieron los primeros pasos hacia la autosuficiencia misilística. En 1984, durante la presidencia del Imam Jamenei, el Gobierno adoptó la decisión crucial de desarrollar una industria nacional de misiles.
Según el mártir comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), el general Amir Ali Hayizade, Irán había obtenido un número limitado de misiles de Libia y se decidió destinar dos de ellos a ingeniería inversa.
“Fue una decisión extremadamente difícil”, recordó Hayizade, quien fue martirizado durante la guerra de los 12 días del año pasado. “En ningún momento llegamos a tener más de siete u ocho misiles. ¡Imaginen apartar dos de un arsenal de apenas siete u ocho para desmontarlos y reproducirlos mediante ingeniería inversa!”
El Imam Jamenei visitó personalmente al equipo de investigación y los instó a continuar sin vacilaciones.
Aquel momento marcó el nacimiento de la industria misilística iraní. El primer producto nacional era rudimentario desde cualquier punto de vista: un dispositivo similar a una rampa capaz de lanzar un proyectil RPG a una distancia de entre 15 y 20 kilómetros.
Pero fue el comienzo. Como señaló Hayizade, “la visión del Líder sentó las bases de nuestra industria de misiles”.
La elección del camino correcto: misiles antes que aviones de combate
Una de las decisiones estratégicas más trascendentales en el desarrollo militar de Irán fue la de otorgar prioridad a los misiles balísticos por encima de los aviones de combate. Esta decisión, impulsada por la visión estratégica del Imam Jamenei, ha sido plenamente validada por los resultados.
Según Hayizade, “si hubiéramos seguido el camino recorrido por el resto del mundo, donde tanto Oriente como Occidente apostaron principalmente por el desarrollo de armas ofensivas a través de la aviación, hasta llegar hoy a los cazas de quinta generación, probablemente seguiríamos luchando por alcanzar la tecnología de tercera generación. Hiciéramos lo que hiciéramos, siempre estaríamos detrás de ellos, con un desfase de cincuenta años”.
En lugar de embarcarse en una carrera tecnológica en la que Irán permanecería permanentemente rezagado, el Imam Jamenei orientó al país hacia una estrategia de inversión asimétrica.
Irán desarrollaría capacidades capaces de neutralizar eficazmente las amenazas sin intentar igualar la superioridad aérea del enemigo.
Al CGRI de Irán se le encomendó concentrarse en el desarrollo de misiles, mientras que el desarrollo de aeronaves quedó en manos del Ejército. Esta división de funciones permitió concentrar los recursos en un ámbito en el que Irán podía alcanzar una auténtica paridad.
Los resultados hablan por sí solos. En 1991, tras el colapso de la Unión Soviética, a Irán se le ofrecieron avanzados misiles rusos a precios muy reducidos. Las autoridades militares defendieron su compra, pero el Imam Jamenei prohibió la adquisición, insistiendo en el desarrollo de tecnología nacional.
Como reconocería posteriormente Hayizade: “Si los hubiéramos comprado, nuestro progreso se habría estancado”.
Hoy, Irán figura entre los principales fabricantes de misiles y drones del mundo, con capacidades de ataque de alta precisión que han quedado demostradas en operaciones contra el grupo terrorista Daesh y durante la reciente guerra de agresión estadounidense-israelí contra el país.
Como afirmó el Imam Jamenei: “Nuestro poder defensivo debe ser de tal magnitud que el enemigo no se vea alentado a actuar ni a cometer errores”.
Precisión y producción en masa: las directrices técnicas del Líder
La participación del Imam Jamenei en el programa de misiles no se limitó a decisiones estratégicas de alto nivel. Exigió una mejora constante del desempeño técnico e insistió en el desarrollo de capacidades específicas que transformaran la fuerza misilística iraní de un instrumento de disuasión en un arma capaz de decidir el resultado de una guerra.
Una de sus directrices más importantes estuvo relacionada con la precisión. En las primeras etapas del desarrollo del programa, los misiles iraníes poseían una precisión limitada y solo eran adecuados para atacar grandes bases enemigas.
Durante una reunión con Hayizade en 2009, el Imam Jamenei dejó clara cuál era su prioridad: “Mi prioridad es la precisión. Vayan y concéntrense en la precisión”.
Cuando concluyeron los primeros trabajos y el margen de error se redujo a treinta metros, el equipo quedó satisfecho con el resultado. Al informarle de este logro, el Líder respondió que el trabajo era excelente, pero añadió: “Puesto que han sido capaces de lograr esto, sin duda podrán reducir el margen de error a menos de diez o quince metros”.
El equipo comprendió que se trataba de un desafío extremadamente difícil, pero Hayizade recordaba: “Mi argumento se resumía en una sola frase: es una orden, así que debemos cumplirla”.
Con la ayuda divina, el objetivo fue alcanzado. En la actualidad, los misiles balísticos iraníes con un alcance de dos mil kilómetros pueden impactar sus objetivos con un margen de error de uno, dos o cinco metros, una capacidad que el Imam Jamenei calificó como “algo muy grande, algo muy importante”.
De igual manera, en 2014, tras visitar una exposición de los logros de la Fuerza Aeroespacial del CGRI en la que se exhibían avanzados sistemas de defensa antiaérea, el Imam Jamenei impartió una nueva directriz: “Su trabajo ha sido excelente. Ahora concéntrense en la cantidad. Queremos producción en masa”.
La producción masiva no tardó en materializarse y, en la actualidad, Irán dispone de un vasto arsenal de misiles y sistemas de defensa antiaérea desplegados por todo el país, lo que garantiza que, incluso si parte de ellos fueran destruidos, la capacidad de disuasión permanecería intacta.
Esta combinación de precisión y cantidad ha dado lugar a una fuerza misilística que los analistas militares extranjeros sitúan entre las más formidables y avanzadas del mundo.
Fuente de seguridad: los misiles como garantía de la protección nacional
Para el Imam Jamenei, los misiles no eran armas de agresión, sino instrumentos para garantizar la seguridad del país. Sostuvo de manera constante que los enemigos de Irán se oponen a su programa de misiles precisamente porque este protege al pueblo y disuade cualquier agresión.
“La fabricación de distintos tipos de misiles y el fortalecimiento del poder misilístico crean seguridad para el país”, recalcó en una ocasión. “El enemigo sabe que, si lanza un ataque, recibirá diez de vuelta. Por eso los misiles son una fuente de seguridad y un factor de fortaleza”.
Esta lección fue aprendida a través de una amarga experiencia. Durante la Guerra Impuesta, Irán carecía de medios para responder a los ataques con misiles lanzados por Irak. Hoy, la situación ha cambiado por completo.
“Hoy nuestro poder defensivo es tal que nuestros enemigos se ven obligados a tener en cuenta las capacidades de Irán en todos sus cálculos”, remarcó el Imam Jamenei en uno de sus discursos.
“Cuando un misil de la República Islámica puede derribar a un agresor estadounidense que ha penetrado en los cielos de Irán, o cuando los misiles iraníes pueden destruir la base de Ain Al-Asad, el enemigo se ve obligado a incorporar el poder de este país en sus cálculos”.
El Imam Jamenei rechazó explícitamente la idea de que Irán debiera comprometer su programa de misiles en el marco de las negociaciones. “Europa debe comprometerse a no plantear la cuestión de los misiles”, declaró durante el período de negociaciones del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA o PIAC, por sus siglas en inglés.
“No es en absoluto aceptable que, en cada etapa, se vuelva a plantear el mismo asunto y se saque a relucir la cuestión de los misiles de distintas maneras”, anotó, calificando de “insensata y estúpida” la pretensión de que Irán limitara su programa misilístico mientras seguía siendo objeto de constantes amenazas militares.
Cuando algunas voces dentro de Irán comenzaron a reproducir el discurso del enemigo, cuestionando la utilidad de los misiles, respondió con severidad.
“Que algunos vengan a decir: El mañana del mundo es el mañana de las negociaciones, no el mañana de los misiles, si esa afirmación nace de la ignorancia, es ignorancia; y si se hace con conocimiento, entonces es traición. ¿Cómo puede decirse algo así?”
Responder a la propaganda del enemigo
Como Líder de la Revolución Islámica, el Imam Jamenei consideró reiteradamente que la oposición de los enemigos al programa de misiles de Irán constituía, en sí misma, una prueba de su importancia.
Recordó que, cuando los drones y misiles iraníes fueron presentados por primera vez, los enemigos los calificaron de “Photoshop”. Cuando se publicaron las fotografías, alegaron que eran montajes.
Ahora, reconocen que los drones iraníes representan una amenaza muy seria y se quejan de su proliferación. “Estos son logros alcanzados por la élite iraní; constituyen un motivo de orgullo para el país”, precisó.
También puso de relieve la hipocresía de la oposición europea al programa de misiles iraní. Mientras los países europeos poseen misiles nucleares de enorme poder destructivo, se oponen a que Irán disponga incluso de misiles convencionales.
“En lo que respecta a los misiles, ellos mismos almacenan y poseen misiles nucleares destructivos que la razón, la tradición, la religión y el mundo rechazan”, señaló.
“Y nos dicen a nosotros que ni siquiera debemos tener misiles convencionales. ¿Qué tiene eso que ver con ustedes? Primero corríjanse ustedes mismos y luego opinen sobre estos asuntos”.
Durante un encuentro con mandos militares celebrado en 2020, observó que la propaganda enemiga contra las instalaciones misilísticas y las estructuras militares iraníes era, en realidad, una muestra de temor.
“Estos bocazas estadounidenses son realmente unos bocazas; dicen cualquier cosa que les viene a la boca, sin escrúpulos y sin ningún cálculo”, apuntó.
“Eso ocurre porque estas infraestructuras fundamentales nuestras fueron creadas con un cálculo preciso y, si Dios quiere, seguirán avanzando. Toda esta propaganda enemiga es consecuencia de su atraso en este ámbito y del miedo que les provoca”.
Profundidad estratégica y disuasión regional
La visión del Imam Jamenei trascendía las fronteras de Irán. Consideraba que la capacidad defensiva del país no se limitaba a su territorio nacional, sino que estaba estrechamente vinculada al amplio frente de la Resistencia.
Esta concepción quedó reflejada en las operaciones con misiles del CGRI contra los centros de concentración del grupo terrorista Daesh en Deir Ezzor, Siria, una acción que el Imam Jamenei calificó como “la adoración del mes de Ramadán”.
Asimismo, reconocía la profundidad estratégica que proporcionaba la presencia regional de Irán. “Tenemos una profundidad estratégica en la región; muchas naciones y gobiernos de la región nos apoyan, sienten afinidad por nosotros y están dispuestos a trabajar para servir a nuestros objetivos”, subrayó.
El enemigo buscaba privar a Irán de esa profundidad estratégica del mismo modo que intentaba despojarlo de sus capacidades misilísticas. Sin embargo, el Imam Jamenei insistió en que ambos constituían elementos irrenunciables del poder nacional.
La eficacia de esta estrategia quedó demostrada durante la reciente agresión conjunta de Estados Unidos e Israel.
Los misiles y drones iraníes, desarrollados bajo la dirección del Imam Jamenei, infligieron daños significativos e irreversibles a bases de ocupación estadounidenses y a activos israelíes en toda la región, destruyeron avanzados sistemas de radar y obligaron al enemigo a replantear sus cálculos imprudentes.
Tal como él había anticipado, los intentos del enemigo por debilitar las capacidades defensivas de Irán fracasaron, mientras que el poder disuasorio del país demostró ser un factor decisivo.
El Líder de la Revolución Islámica había fortalecido el puño del Comandante de los Creyentes, garantizando que Irán pudiera defenderse y responder a cualquier agresión con un efecto devastador.
Histórica fatwa del Líder mártir de Irán contra las armas nucleares
Maryam Shakiba*
Sesenta años después, ese mismo hombre se sentó detrás de un sencillo escritorio y, en medio del punto más álgido de las amenazas nucleares mundiales, habló con serenidad y aplomo sobre la necesidad de la benevolencia y la visión de largo plazo en la política.
Esta asombrosa continuidad de un mismo espíritu a través de dos escenarios radicalmente distintos es la clave para comprender el fenómeno que buscamos desvelar: una racionalidad jurisprudencial que no viaja hacia el pasado, sino hacia el horizonte del mañana.
Imagine a un muchacho de catorce años en Mashad, con la mirada fija en el libro Ma’alim al-Usul, una obra que, para los seminaristas chiíes, no es simplemente un texto de estudio, sino una puerta de acceso a la lógica de la derivación de las normas divinas. Estudia el libro no con la intención de memorizarlo, sino con el entusiasmo de quien descubre los secretos de un mapa del tesoro.
Cada principio de la jurisprudencia se convierte para él en una nueva herramienta intelectual, una llave para desentrañar los complejos desafíos de su tiempo. Aquel joven, Seyed Ali Jamenei, estaba construyendo un marco intelectual que, años más tarde, influiría no solo en la vida de millones de personas, sino también en las ecuaciones del poder mundial.
Desde el principio, el imam Seyed Ali Jamenei entendió la jurisprudencia no como un conjunto de conocimientos destinados a un museo, sino como la “ingeniería de la civilización del futuro”.
Para comprender la magnitud de su logro intelectual, es necesario remontarse a la década de 1960 en el seminario de Qom, una época en la que muchos eruditos religiosos seguían limitando la jurisprudencia al ámbito de las normas individuales y los actos de culto.
En ese entorno relativamente estático, este joven seminarista, bajo la influencia de su maestro, el Imam Jomeini, experimentó un destello de inspiración que pronto se convirtió en un fuego abrasador.
En lugar de limitarse a esperar que los creyentes formularan sus preguntas —una práctica habitual entonces en los seminarios religiosos—, se acercó a los textos sagrados y a los principios clásicos del derecho islámico con una pregunta fundamental y revolucionaria:
¿Cuál es nuestro deber frente a un sistema de dominación que ha esclavizado a los seres humanos?
Es precisamente aquí donde se hace patente su genialidad metodológica. Recurriendo a los mismos principios tradicionales de la jurisprudencia islámica, pero desde una amplia perspectiva civilizatoria, llevó a cabo un notable ejercicio de iytihad (razonamiento jurídico independiente).
Los principios de Nafy al-Sabil (la prohibición de que los no creyentes ejerzan dominación sobre los musulmanes) y La Darar wa La Dirar (el principio islámico que prohíbe causar o sufrir daño) dejaron de ser considerados meras proposiciones jurídicas abstractas. En cambio, los integró como piezas de un rompecabezas civilizatorio.
Fue dentro de este marco intelectual dinámico donde comenzaron a tomar forma las cuestiones fundamentales previas al establecimiento de un gobierno islámico.
Si la realización de la justicia es una obligación en el derecho islámico; si la preservación del orden social es considerada uno de los más altos intereses religiosos; si el rechazo de la dominación extranjera sobre la sociedad musulmana constituye un principio coránico; y si la aplicación de las sanciones legales, la defensa del territorio islámico, la protección de los derechos públicos y el establecimiento de la seguridad son todos deberes religiosos, entonces surge una pregunta esencial:
¿Cómo pueden cumplirse estas obligaciones sin la existencia de un gobierno legítimo?
A partir de este razonamiento, su pensamiento jurisprudencial llegó a una conclusión: el establecimiento de un gobierno no era simplemente una consigna política, sino una necesidad jurídica. Sin la formación de un gobierno, muchas de las disposiciones del islam permanecerían suspendidas e imposibles de aplicar.
Los principios de la jurisprudencia en la tradición chií no constituyen únicamente un conjunto de normas abstractas, sino un método de pensamiento. Antes de llegar a una respuesta, el jurista aprende a formular la pregunta correcta, a establecer una relación entre los textos revelados, la razón, el interés público y la realidad externa, y a derivar normas para los ilimitados desafíos de la humanidad a partir de un corpus finito de textos sagrados.
Esa fue precisamente la capacidad intelectual que se forjó en la mente del Líder mártir de Irán desde su juventud.
Años más tarde, en pleno siglo XXI, esa misma mente jurisprudencial que había recitado conmovedores versos en las oscuras celdas de la SAVAK se enfrentó a un desafío mucho más complejo y de alcance mundial: el programa nuclear pacífico de Irán y la campaña de presiones internacionales impulsada por motivos políticos en su contra.
Mientras los analistas políticos de todo el mundo interpretaban el equilibrio de poder desde la óptica de la geopolítica y los cálculos materiales, él volvió a abrir una nueva ventana hacia la verdad: la fatwa inequívoca que prohíbe las armas nucleares.
Esta fatwa no fue simplemente una declaración política. Representó la culminación de su razonamiento jurisprudencial orientado hacia el futuro. Emitida en 2003 y presentada posteriormente, en 2010, como un documento oficial en seis idiomas vivos durante la Conferencia Internacional sobre el Desarme Nuclear, reflejó la expresión más madura de su pensamiento jurídico.
El texto de la fatwa, registrado ante las Naciones Unidas, establece:
“Desde nuestro punto de vista, además de las armas nucleares, otros tipos de armas de destrucción masiva, como las químicas y las biológicas, también constituyen una grave amenaza para la humanidad. Consideramos que el uso de tales armas está prohibido (haram) y creemos que esforzarse por proteger a la humanidad de esta gran calamidad es deber de todos”.
Pero ¿qué razonamiento jurisprudencial sustenta esta fatwa, convirtiéndola en un ejemplo tan notable de iytihad?
Para un público internacional que quizá no comprenda plenamente la lógica de un decreto religioso, su razonamiento jurídico resulta tan sutil, racional y profundamente humano que puede conmover a cualquier conciencia despierta.
El primer argumento: la prohibición del exterminio masivo y de la ‘corrupción en la Tierra’
En el razonamiento jurisprudencial del Imam Jamenei, las armas nucleares no son instrumentos militares ordinarios; son herramientas de genocidio y devastación. Basándose en el noble versículo coránico:
“Y no sembréis la corrupción en la Tierra después de que haya sido puesta en orden”. (Corán 7:56)
concluye que cualquier arma capaz de matar instantáneamente a miles de personas inocentes constituye un claro ejemplo de ‘corrupción en la Tierra’ (ifsad fi al-ard).
El segundo argumento: la violación del principio de la ‘defensa legítima’
El islam permite la defensa legítima frente a los agresores, pero dicha defensa debe mantenerse dentro de los límites de la necesidad y guardar proporción con la amenaza.
Las armas nucleares, sin embargo, no son instrumentos de defensa legítima; representan una amenaza para toda la humanidad. Su utilización constituye un acto de opresión y agresión (zulm wa 'udwan), algo que el Corán prohíbe de forma explícita.
El tercer argumento: ‘destruir los cultivos y la descendencia’
En sus discursos, el Líder mártir subrayó reiteradamente que las armas nucleares constituyen una manifestación evidente de la destrucción de los cultivos y de la descendencia —es decir, de las generaciones futuras—, una conducta que el Corán condena enérgicamente.
En el islam, la guerra nunca ha significado el exterminio total del enemigo ni el asesinato indiscriminado de la población civil.
El cuarto argumento: la prohibición de causar daño a los demás
Uno de los principios consolidados de la jurisprudencia islámica es la regla de ‘La Darar wa La Dirar’, que prohíbe causar daño a uno mismo o a los demás.
Debido a sus consecuencias ambientales, médicas y genéticas a largo plazo, las armas nucleares perjudican no solo a la generación presente, sino también a las futuras.
En consecuencia, su producción, almacenamiento y uso constituyen una clara violación de este principio jurisprudencial.
La fatwa del Imam Jamenei poseía tal solidez y coherencia jurídica que suscitó reacciones favorables incluso entre los adversarios políticos de Irán.
En conjunto, esta fatwa constituye, según la autora, la respuesta más contundente a las acusaciones infundadas de Occidente sobre el programa nuclear pacífico de Irán. De acuerdo con los fundamentos ideológicos y jurisprudenciales de la República Islámica, las armas nucleares están categóricamente prohibidas (haram) y, por tanto, Irán no las desarrollará.
El Líder mártir demostró al mundo que un gobierno islámico busca su seguridad no en arsenales de bombas nucleares, sino en la autoridad moral y la dignidad humana.
Esta fatwa proclama que una civilización que aspira a construir una civilización considera absolutamente prohibida incluso la producción y el almacenamiento de armas capaces de reducir la civilización humana a cenizas.
Esto representa el punto culminante del poder blando del pensamiento jurisprudencial del Imam Jamenei. Mediante un único dictamen religioso, transmitió a sus adversarios que, incluso en tiempos de guerra, tanto su pensamiento como sus actos estaban fundamentados en la defensa de la paz y de la humanidad.
En esencia, estaba diciendo:
“Júzguennos por nuestras intenciones si así lo desean, pero nosotros hemos prohibido incluso la idea de producir un instrumento tan satánico”.
El hombre que en otro tiempo transformó su sufrimiento físico en prisión en un puente hacia la elevación de su alma, y que dedujo de los principios de la jurisprudencia islámica la necesidad de establecer un gobierno islámico, construyó ahora otro puente: esta vez, desde los fundamentos más profundos de la jurisprudencia hacia la paz mundial y la seguridad de la humanidad.
Mediante esta fatwa, demostró que “la jurisprudencia existe para la vida y la elevación del ser humano”. No se trata de un eslogan vacío, sino de una hoja de ruta práctica para guiar a la humanidad a través de los pasajes más oscuros de la historia.
Esta es la historia de un seminarista reflexivo que abrió las puertas del futuro con las antiguas llaves de los principios de la jurisprudencia (usul al-fiqh) y del derecho islámico (fiqh).
Mostró al mundo cómo la fe y la racionalidad moderna pueden convivir en una gran alma y entonar juntas el canto de la paz y la dignidad humana.
* Maryam Shakiba es investigadora universitaria y escritora radicada en Teherán.