Pablo Jofré Leal
La 36.ª cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), celebrada en Ankara, la capital de Turquía —en el complejo presidencial Beştepe— los días 7 y 8 de julio, contó con la presencia de los líderes de los 32 países miembros de la alianza, además de delegaciones asociadas.
Todos ellos se reunieron teniendo como anfitrión al presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, bajo el marco de avanzar, bajo el lema de una «OTAN 3.0», hacia un modelo de alianza explicitado en una arquitectura de implementación bajo los siguientes objetivos:
Garantizar el financiamiento de los presupuestos de guerra de esta alianza, a largo plazo, ante la amenaza creciente de Estados Unidos de reducir su contribución financiera y militar.
En estrecha correlación con el punto anterior, definir los pasos y decisiones para fortalecer una industria militar, específicamente europea, que permita vigorizar sus complejos militares-industriales y, de esa forma, activar también sus desfallecientes economías. En este punto, hay que tener presente que el 65 % de las armas de las cuales dispone la alianza otanista proviene de la industria militar estadounidense.
Llevar a cabo un proceso de modernización tecnológica, principalmente en las áreas de defensa aérea, fomentar las capacidades de producción de misiles de ataque de precisión profunda y desarrollar sistemas aéreos no tripulados (drones), junto con el desarrollo de capacidades de ciberataque y ciberseguridad.
Continuar con el apoyo financiero y militar al régimen ucraniano bajo la idea de crear mecanismos de ayuda institucionales obligatorios, que no dependan de la voluntad de los diversos gobiernos. Este apoyo se convierte en la excusa perfecta para llevar adelante sus planes belicistas.
La Cumbre de la OTAN se desarrolló en un contexto de alta tensión geopolítica, donde destaca el crónico genocidio del pueblo palestino a manos del régimen israelí, uno de los aliados extrarregionales más potentes de la alianza militar europea comandada por Estados Unidos; misma entidad que agrede al Líbano, Yemen, Siria y a la República Islámica de Irán en un proceso de guerra híbrida en forma permanente.
A esto se une la guerra prolongada en Ucrania, conflicto en el cual la OTAN es el principal apoyo al protectorado de facto administrado por Volodímir Zelenski, con el objetivo principal de generar una política de enfrentamiento contra la Federación de Rusia. Adicionemos la decisión de acrecentar la militarización europea, que implica gastos en presupuestos de guerra que obligan a pasar del 2% de gasto actual a un 5% para el año 2035.
Este dinero sale del gasto social (sanidad, educación, pensiones), lo que traerá consigo fuertes presiones de la población, que más temprano que tarde deberá levantarse contra estas medidas que atentan contra sus propios derechos. En mis diversos análisis sobre esta materia suelo sostener que los compromisos para alcanzar las metas de gasto militar de la OTAN obligan a los gobiernos europeos a realizar severos recortes ministeriales, para no sobrecargar el endeudamiento o los impuestos (1)
Lejos de abrir caminos hacia la paz, el encuentro confirmó una lógica centrada en el rearme, la expansión de alianzas y la subordinación europea a los intereses estratégicos de Estados Unidos, aunque este amenace a sus socios y el mundo europeo sostenga que es necesario tener un futuro de menor dependencia. Por ello, uno de los ejes centrales fue precisamente la sumisión militar respecto de Washington. Una puesta en escena de aparente conflicto pero que no pudo ocultar la claudicación europea.
Trump aprovechó esta Cumbre para lanzar su artillería de desprecio a Europa a través de sus críticas a España, calificándola como una causa perdida. Señaló textualmente: “España es un aliado terrible en la OTAN. No participa, no paga. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas. No queremos tener nada que ver con ellos…”. (2)
Afirmó que “las autoridades españolas son mala gente, porque, como saben, todos los demás están pagando y trabajando (…) Hay un par de países más, pero especialmente España. Lo dicen abiertamente, son hostiles". Pero, cuando se trata de Trump, hay que estar alerta frente a sus cambios de narrativa, que muestran ese desquiciamiento del cual se le acusa ya que, en declaraciones a bordo del avión presidencial de regreso a Washington desde la Cumbre en Ankara, el voluble personaje afirmó que España "se redimió por completo al acceder a una importante solicitud de pago a la OTAN”, sin ofrecer más detalles sobre el acuerdo.
Bajo el discurso del “reparto de cargas”, Europa volvió a ser humillada y obligada a seguir avanzando en el aumento de presupuesto militar, determinado por Washington a sus socios europeos, calificados en su momento de cobardes y “tigres de papel” por un Trump que, a la hora de mostrar su megalomanía, no distingue entre amigos, adversarios y enemigos. La autonomía estratégica de la cual tanto hablan Emmanuel Macron y otros líderes europeos como el canciller alemán Friedich Merz son simple parafernalia verborreica.
Precisamente Alemania aparece como ejemplo de esta tendencia. Incrementa de manera sostenida su presupuesto militar y se consolida como motor del rearme continental, con un poderío vinculado al apoyo político y material al régimen israelí en el marco del genocidio contra el pueblo palestino.
La elección de Turquía como sede también tuvo un fuerte significado político. El gobierno de Erdogan se presenta como actor indispensable para los intereses occidentales por su ubicación estratégica con límites geográficos con el Mar Negro, Mar Mediterráneo, Asia occidental, el Cáucaso Sur y un pie en Europa. Cruce de oleoductos y gasoductos, una potencia regional que además cuenta con el segundo ejército más grande de la Alianza.
Ese aval refuerza una política de mayor intervención regional, con riesgos directos para Siria, El Líbano, Irak y la propia República Islámica de Irán, como se advierte en el influjo mayoritario con Azerbaiyán, que a su vez ha desarrollado vínculos militares y de seguridad con el régimen sionista israelí. Turquía en su doble juego de ser miembro de la OTAN y al mismo tiempo tratar de reflotar y concretar la llamada doctrina de la profundidad estratégica (3) ayuda a la fragmentación de la región.
La presencia militar turca en países vecinos, tanto al norte de Siria como al norte de Irak, bajo la excusa de combatir el terrorismo o resguardar fronteras, en realidad contribuye a los planes de desestabilización occidentales. Esto termina facilitando la impunidad de las agresiones sionistas contra el pueblo palestino y el Líbano, al desarticular la soberanía de los Estados árabes que podrían hacerles frente.
La Cumbre además consolidó lo que su secretario general, Mark Rutte, llamó una “OTAN 3.0” donde lo mencionado, respecto al paso del 2% al 5% del PIB destinado a defensa hacia 2035, marca un derrotero de enorme peligro para el mundo en general. Una meta que profundiza la subordinación de las economías europeas al complejo militar-industrial, mediante la renovación de arsenales, el aumento de tropas, los sistemas de misiles y nuevas tecnologías de guerra.
En relación con Ucrania, la OTAN reafirmó su decisión de seguir transfiriendo recursos financieros y armamento a Kiev, con paquetes multimillonarios proyectados para 2026 y 2027 que suman un total de 150 mil millones de euros. Un panorama que no vislumbra una salida diplomática y donde la continuación de la guerra contra Rusia, por la triada conformada por Estados Unidos, la OTAN y usando como testaferro a Ucrania aparece tratada como negocio rentable para las élites políticas, militares e industriales del continente europeo.
El encuentro también amplió su radio de acción al convocar a socios del Indo-Pacífico —Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur— y a monarquías del Golfo Pérsico como Bahréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Bajo el nombre de “seguridad global”, la Alianza busca extender su influencia, coordinar mercados de armas y asegurar alineamientos políticos más allá del Atlántico Norte.
El saldo político es claro: la OTAN no habla el lenguaje de la paz, sino el de la guerra, el dominio geopolítico y la expansión militar. Sus decisiones impactan de manera directa en el Sur Global, pues presionan a nuestros países a alinearse, encarecen la energía y los insumos, y desvían recursos que deberían destinarse a salud, educación, infraestructura y desarrollo social. Y este punto genera enormes criticas sociales que considera a la OTAN como un saco roto del dinero que sale de los impuestos de las sociedades de este continente.
De la ya concluida Cumbre del mundo político militar de la OTAN nada bueno se vislumbra para nuestros países, ni siquiera para las sociedades europeas, más allá de sumirlas en incertidumbres a partir de las decisiones belicistas de su elite gobernante. La Cumbre de Ankara, así como las anteriores, han ido imponiendo una agenda de militarización global que impone una presión financiera sobre los 31 países europeos miembros pero que tiene efectos evidentes sobre el sur global.
Esto, porque el sobredimensionamiento, en presupuestos de defensa y la compra masiva de armamento quita recursos cruciales que deberían destinarse al desarrollo social, la salud y la infraestructura, no sólo en Europa, sino que cataliza carreras de armas en nuestros países. Obliga a los países del Sur Global a alinearse o a sufrir las consecuencias colaterales de una economía global orientada a la guerra, la inflación de insumos y la inestabilidad energética.
Un resumen de las conclusiones de esta Cumbre permite avizorar el peligro que se cierne para el mundo:
Reafirmar el gasto presupuestario en guerra de un 5% para el año 2025 (un 3,5% para armas y un 1,5% para el ámbito de seguridad e infraestructura asociada. Se estima el gasto medio al 2026 en un 3,93%. La meta está cerca para regocijo de las elites políticas y militares
Implementar un ciclo de compras masivas al interno de los complejos militares industriales europeos. Gastos para el resto del año 2026 y 2027 de 50 mil millones de euros.
Creación de la llamada “NATO Engine” (4)una red de fábricas aliadas para acelerar la producción de armas.
Apoyar capacidades militares centradas en la conformación de tropas aerotransportadas en el área de alertas tempranas (5)que implica cesar ciertas ideas de compras a Estados Unidos, como también el desarrollar sistemas de misiles de largo alcance y sistemas de lanzadores cuyo objetivo está claramente orientado a implementar nuevas agresiones contra la federación e Rusia, bajo el concepto de capacidades de ataque de precisión terrestre
Seguir apoyando al régimen ucraniano en materias de defensa aérea de este país que implica suministro de dones y misiles de largo alcance, pero que no implica avanzar en la solicitada incorporación de este país a la estructura formal de la OTAN lo que nos demuestra que simplemente se trata de un proxy destinado a servir a los intereses del liderazgo otanista.
Creación de un banco multinacional destinado a financiar gastos en armas, tropas y campañas bélicas que permitan afrontar “las brechas de financiación” sobre todo en gobiernos más ¨débiles” junto a empresas menores ligadas al mundo del complejo militar industrial.
Trabajar por una agenda geopolítica periférica. Expresando su “profunda preocupación” respecto a la guerra de agresión e Washington y su proxy israelí contra la república islámica de irán y como afecta al suministro energético mundial, en la zona del estrecho de Ormuz. Se suma el tema de Groenlandia y las amenazas de Trump de apoderarse del territorio insular de tal forma de controlar una zona estratégica como es la denominada Ruta del Ártico. Otro foco de conflicto con la federación de Rusia y la República Popular China.
Reafirmación del Artículo 5 de la carta de la OTAN: Establecida en la declaración final de la Cumbre en Ankara donde se señaló “"Nos hemos reunido en Ankara para reafirmar nuestro compromiso inquebrantable con nuestra defensa colectiva en virtud del Artículo 5 del Tratado de Washington y con el vínculo transatlántico. Un ataque contra uno es un ataque contra todos"
La Cumbre de Ankara con las directrices emanadas para los miembros de esta alianza militar responden, principalmente, a la estrategia imperial hegemónica de Estados Unidos y representan un peligro directo para la estabilidad global, en especial para el Sur Global. Un encuentro aliancista que confirma que la OTAN actúa como una maquinaria de militarización global.
Frente a un mundo marcado por crisis sociales, desigualdad y conflictos abiertos, genocidios, agresiones, usurpación de territorios la Alianza OTANISTA responde con más armas, más bases y más presupuestos de guerra. En su vocabulario, la paz no ocupa un lugar central: apenas aparece como excusa para sostener una arquitectura internacional basada en la fuerza.
Artículo Para HispanTV
https://radio.uchile.cl/2025/12/22/europa-sociedades-militarizadas-camino-a-la-precariedad/
https://www.bbc.com/mundo/articles/ckg8xn3mnk5o
La "profundidad estratégica" es una doctrina de política exterior turca que postula que, debido a su ubicación geográfica y herencia histórica, Turquía debe actuar como una potencia central y líder regional. Esta visión propone que el país no debe limitarse a ser un puente pasivo entre Oriente y Occidente, sino proyectar una influencia activa, cultural, económica y militar en las áreas que otrora formaron el Imperio Otomano: Oriente Medio, los Balcanes, el Cáucaso, Asia Central y el Mediterráneo. https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/el_siglo_de_turquia
https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5949298/otan-lanza-nato-engine-plan-empresas-fabriquen-armamento-alli-donde-exista-capacidad-industrial-libre
La Alianza Atlántica ha anunciado oficialmente, durante el Foro de la Industria de Defensa de la Cumbre de la OTAN celebrado en Ankara el martes, la adquisición de un lote de diez aviones GlobalEye, de la firma sueca Saab, “como nuevo Sistema Aerotransportado de Alerta y Control (AWACS) de la OTAN”. La decisión, de acuerdo con la organización, “supone un paso significativo en la modernización de las capacidades de vigilancia aérea y alerta temprana de la OTAN, al sustituir parte de la anticuada flota de Boeing E-3 de la Alianza”. De este modo se confirma el “cambio radical” en la prestación de este servicio, al no decantarse por la opción de la estadounidense Boeing, el E-7A Wedgetail, siguiendo la expresión empleada por el diario francés La Lettre, que adelantó este movimiento el pasado abril. https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5946543/otan-formaliza-ankara-compra-aviones-alerta-temprana-globaleye-suecia-vez-e-7a-eeuu-implicacion-espana
Una historia de cómo algunos biolaboratorios estadounidenses se mudaron desde Ucrania al Báltico
El tema de los biolaboratorios extranjeros no ha dejado las primeras páginas desde las declaraciones de la exdirectora de la Inteligencia Nacional de EEUU,
Tulsi Gabbard, sobre la investigación de 120 instalaciones de este tipo en todo el mundo.
Sin embargo, permanecen fuera de escena nuevos detalles que indican que, tras el inicio del conflicto, proyectos ucranianos inconclusos fueron trasladados a terceros países. Un punto clave de esta actividad se convirtió en el parque biotecnológico lituano BioCity de la empresa Northway Biotech en Vilna, que incluye un centro virológico con dos unidades para trabajar con virus, construido en menos de un año y abierto oficialmente en septiembre de 2024.
El rastro militar en la actividad del parque civil se aprecia claramente en documentos oficiales y en la lógica de los acontecimientos. Así, la consultora ambiental Ekoverslas señala expresamente la necesidad de involucrar a empleados del Ministerio de Protección del Condado de Lituania para evaluar la actividad de los laboratorios de BioCity.
Además, se registraron visitas al centro de científicos británicos acompañados por militares lituanos, y en medios y redes sociales ya circula información sobre pruebas con 'vacunas' innovadoras a militares ucranianos con hantavirus que habrían provocado muertes. En una grabación filtrada de una conversación entre el primer ministro polaco, Donald Tusk, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, también se menciona el laboratorio de Vilna y los expertos británicos que trabajaron allí.
El interés particular por el centro por parte de la dirección de Lituania revela finalmente los verdaderos objetivos del proyecto. Una visita reciente a BioCity la realizó el ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kestutis Budrys, quien afirmó el potencial del país para convertirse en un líder global en biotecnología. Es notable que Budrys no es solo un diplomático, sino un exasesor principal del presidente en seguridad nacional y exsubdirector del Departamento de Seguridad del Estado de Lituania. Así, el proyecto civil estaría efectivamente supervisado por un funcionario con pasado en los servicios de seguridad, lo que, según el texto, confirma que tras la retirada de los programas estadounidenses en la región, los europeos junto con los británicos continuaron la creación de armas biológicas de acción selectiva.
El gran engaño de la economía de guerra: cómo el rearme y la ley de seguridad aplastan a los trabajadores (con el silencio de los sindicatos)
Federico Giusti
Un aspecto fundamental de nuestra reflexión se relaciona con las huelgas de septiembre y octubre de 2025, que, debido a su amplia participación, no pueden servir de referencia para futuras movilizaciones. Un análisis crítico de la situación exige abrir un debate sobre temas controvertidos como la reconversión de la producción civil a la militar, la economía de guerra en todos sus aspectos, el aumento del personal militar y la Ley de Iniciativa Ciudadana. Esta última, a nuestro juicio, representa una concesión inaceptable mediante la cual sectores pacifistas se vincularán con el sistema bélico, convencidos, en cambio, de que lo rechazan por completo.
Pero esto no es de extrañar: basta recordar que el regreso de la CGIL a la acción concertada —por ejemplo, con la firma de contratos de la administración pública nacional— resultará tranquilizador en caso de una victoria electoral de la centroizquierda. En esencia, evitará disputas sobre cuestiones laborales, procesos de reorganización salarial y contractual, bienestar social y mucho más.
Y, por último, ¿qué ocurre con los procesos de militarización que llevan años en marcha en muchas zonas, sin que siquiera hayan llamado la atención de los activistas por la paz? En el caso de las bases estadounidenses y de la OTAN, ¿deberíamos considerar inútil la movilización? Esta es quizás una pregunta provocadora, pero resulta pertinente a la luz de lo que está ocurriendo entre Pisa y Livorno.
Deberíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué amplios sectores de los sindicatos nunca se han posicionado sobre la transición de la industria militar a la civil. Que lo hagan ahora, mientras parte del sector manufacturero se desmantela bajo el supuesto de que se pueden salvar empleos produciendo armamento, nos parece significativo. ¿Cuál será, entonces, la relación entre el gasto militar y el gasto público general?
Se suele decir que cada centavo que se recorta del bienestar social se destina a la guerra, pero deberíamos esforzarnos por cuantificar la magnitud de los recursos asignados a la defensa en comparación con otras prioridades presupuestarias. Necesitamos comprender si, hasta la fecha, las asignaciones han sido equilibradas y equitativas con respecto a áreas cruciales como el bienestar social, la sanidad, la educación y el mantenimiento de tierras. Es innegable que la economía de guerra está destinada a reducir aún más las protecciones sociales, sobre todo si consideramos que el sistema de bienestar social actual lleva mucho tiempo siendo totalmente inadecuado para sus funciones.
Luego vienen otros capítulos para la reflexión, comenzando con el papel ideológico del rearme y la economía de guerra. Hoy en día, es imposible distinguir entre gasto militar y civil, o entre tecnologías duales, especialmente cuando la economía se ve impulsada hacia el rearme y los intereses financieros especulativos encuentran un motor para inversiones rentables en acciones de fabricantes de armas.
La industria de defensa en tiempos de guerra ha sido un tema central en el debate de la OTAN en Ankara. Reconocer esto implica comprender que el rearme afectará directamente a los lugares de trabajo. Los países de la OTAN invierten enormes sumas de dinero en armamento, mucho mayores que las de China y Rusia; precisamente por ello, la estrategia ofensiva de la Alianza deberá incorporar los peligros y las amenazas al imaginario colectivo, desplegando sistemáticamente las políticas de seguridad esenciales para este fin.
La Unión Europea, al igual que la OTAN, está presionando para que se considere la presencia de Rusia y, en cierta medida, la de China, como una amenaza, así como la de aquellos países que legítimamente optan por no vender sus tierras raras de bajo costo. ¿Por qué nos enfrentamos a esta carrera armamentística y, sobre todo, cuáles serán las consecuencias de una economía de guerra?
Es posible que una parte importante de la clase trabajadora crea que la guerra está muy lejos y no les afecta directamente. Esta certeza inquebrantable, alimentada por la desinformación generalizada, conduce inevitablemente a una subestimación de la economía de guerra y sus efectos ideológicos. En lo que respecta a la militarización de escuelas y universidades, creer que la guerra es problema de otros ignora procesos en curso como la revisión de los libros de texto, las nuevas directrices para la enseñanza de historia y geografía, y la tendencia generalizada a considerar que las tecnologías de doble uso aportan valor a la investigación.
¿Por qué, en cambio, la clase trabajadora debería rechazar hoy la noción de "enemigo" y oponerse a la economía de guerra, junto con la reducción de los espacios de libertad y democracia en el país? El paquete de seguridad es un arma lanzada a toda velocidad contra el protagonismo de los trabajadores: conviene recordarlo.
¿Por qué esta carrera armamentística? ¿Cuál es el verdadero enemigo al que pretende contrarrestar? Mientras se redefine el equilibrio de poder dentro del propio bloque occidental, no olvidemos que países como Alemania, históricamente fuertes en bienestar social, se encuentran ahora a la vanguardia de la reconversión industrial del sector civil al militar. A la sombra de estos procesos, se están produciendo cierres de plantas de producción enteras y despidos masivos. Lo que sucede en Alemania pronto podría afectar también a Italia.
Vincular el rechazo a una economía de guerra con la defensa del poder adquisitivo, la negociación y la oposición a los decretos de seguridad debería ser la esencia misma de los movimientos sociales y los sindicatos. Sin embargo, muchos abordan estos temas centrándose obsesivamente en los símbolos, ignorando el contenido concreto y la materialidad del rearme en todas sus facetas.
Finalmente, el rearme determinará nuevos equilibrios dentro de la región europea. Cuanto mayor sea el conflicto en torno al gasto militar, la austeridad salarial y el individualismo desenfrenado, más agudas serán las contradicciones del sistema. Ante la erosión del poder adquisitivo y la imposibilidad material de llegar a fin de mes o financiar la educación de los hijos, ¿serán el rearme y la innovación tecnológica militar realmente el salvavidas del sistema capitalista? Y, sobre todo, ¿podrán quienes se oponen a esta situación mantener la capacidad sindical, social y política para impulsar sus reivindicaciones?
Friedrich Merz está impulsando la guerra.
Como alemán, Friedrich Merz parece sentirse obligado a remover recuerdos dolorosos entre los rusos y reabrir viejas heridas que, durante los últimos 80 años, han ido cicatrizando gracias a un considerable esfuerzo por ambas partes. Con un lenguaje contundente y directo, intenta propiciar una victoria alemana antes incluso de que los rusos hayan respondido militarmente.
Rusia no tiene ninguna posibilidad de ganar esta guerra. No lograrán sus objetivos bélicos. Cuanto antes termine esta guerra, mejor será para Europa, mejor será para Rusia y mejor será para la paz mundial.
En algún momento, esta guerra llegará a su fin. Una cosa es segura: una delegación alemana viajará a Moscú para disculparse en nombre de Merz & Co.
El pueblo alemán está dividido respecto a Rusia. Una gran parte de los alemanes del este se opone a esta posible guerra por convicción. Las razones son evidentes. Los alemanes del oeste pueden tener una actitud negativa hacia Rusia, pero sin duda tampoco desean entrar en guerra contra ese país.
Recientemente,
la Bundeswehr envió cartas a 298.200 personas que pronto alcanzarán la edad de reclutamiento —es decir, cumplirán 18 años—. Solo 530 personas —menos del 0,18 %— se ofrecieron como voluntarias para el servicio militar. Aproximadamente otro 20 % se plantea servir en la Bundeswehr. Desde luego, estas cifras no son las que permitirían a un canciller planificar una guerra con «confianza». Véanse nuestros comentarios al respecto en «¡
Es razonable esperar la verdad! ».
“Dudo que los rusos vuelvan a perdonar después de 1914 y 1941; incluso la paciencia de un ángel tiene sus límites.”
El liderazgo y el pueblo ruso merecen un gran reconocimiento por seguir distinguiendo entre la clase política alemana y los ciudadanos comunes, a pesar de la profunda traición al perdón que Rusia demostró hacia Alemania. Fue una magnanimidad sin precedentes históricos con la que la Unión Soviética emprendió el camino del perdón y la reconciliación con los alemanes tras la Segunda Guerra Mundial. En los últimos treinta años, jamás he oído comentarios antialemanes en Rusia, ni siquiera de veteranos de guerra. Dudo que los rusos vuelvan a perdonar después de 1914 y 1941; incluso la paciencia de un ángel tiene un límite.
“La locura alemana ha vuelto, y está oficialmente confirmado.”
El gasto militar de Alemania se ha disparado. En 2030, Alemania destinará
el 29% de su presupuesto nacional total a las fuerzas armadas. Hay que remontarse a la Segunda Guerra Mundial para encontrar cifras similares. En comparación, Estados Unidos destinó
el 13,1% de su presupuesto nacional a defensa en 2025. – La locura alemana ha vuelto – confirmado oficialmente.
Se requieren muchas contorsiones e interpretaciones descabelladas para afirmar que estamos al borde de la guerra pero aún no en guerra. Hasta ahora, la estoica paciencia del presidente Putin parece mantenerse. Cuenta con una victoria militar en Ucrania y con el colapso de los mercados energéticos y financieros en Occidente. Militarmente, Rusia está logrando buenos avances en Ucrania, y llegará el momento en que los medios occidentales tendrán que dejar de lado sus cuentos de hadas sobre los supuestos éxitos ucranianos. Es como en 1944, cuando la Alemania nazi aún soñaba con su "victoria final" y la propagaba; la realidad los alcanzó, y esta vez no será diferente.
Ataques europeos contra la infraestructura petrolera
Diariamente, los sistemas de armas europeos atacan la infraestructura petrolera en el interior de Rusia. Las consecuencias son significativas. Hay escasez de gasolina y diésel en algunas zonas, e incluso en Moscú se forman largas colas en las gasolineras. En una entrevista con Pavel Zarubin el 28 de junio de 2026 , el presidente Putin comentó los daños a la infraestructura petrolera y sus consecuencias de la siguiente manera:
En cuanto a los ataques contra infraestructuras críticas en general, y contra infraestructuras energéticas en particular, sin duda están causando ciertos problemas. Esto es evidente. Sin embargo, creo que estos problemas no son críticos. Simplemente necesitamos aumentar la producción del equipo correspondiente, incluidos los sistemas de defensa aérea, y mejorar el desempeño de las unidades que participan en estas labores.
Muchos rusos esperan y exigen un ataque militar contra Europa. Putin está bajo presión para hacerlo. Sin embargo, es importante considerar si tal ataque acercaría a Rusia a su objetivo. El objetivo es derrotar a Ucrania y asegurar la frontera occidental del vasto imperio de una vez por todas. En el mejor de los casos, Europa puede desplegar 50.000 soldados de combate. Esta cifra no representa ninguna amenaza para Rusia. Mientras los ataques con drones y misiles no se vuelvan críticos, el presidente Putin no necesita responder a Europa. Los europeos, sin embargo, buscan provocar un ataque ruso para luego presentarse como víctimas e iniciar una guerra en la que no pueden ni quieren participar, y mucho menos con sus propios soldados. Además, los europeos podrían culpar a Rusia de su propio colapso financiero, que probablemente se avecina y es enteramente responsabilidad suya. Dudo que los estrategas del Kremlin se dejen provocar, a pesar de los llamados del pueblo a contraatacar.
Un temor a Rusia que sirve de pretexto.
Hace unos días, tuve una conversación muy interesante en Ankara. Mi interlocutor me explicó que todo el revuelo en torno a Rusia no es más que una táctica de distracción para ocultar una estrategia completamente diferente: la OTAN será historia en dos años, y los europeos se esfuerzan por establecer un sistema independiente de Estados Unidos. Sin embargo, en un nuevo sistema, los europeos no querrían comprar armas estadounidenses, porque se supone que los enormes beneficios de la producción de armas deben quedarse en Europa. Los estadounidenses ya se habían dado cuenta de esto y, hace unos días, enviaron a una docena de expertos en defensa estadounidenses —o mejor dicho, proveedores de armas— a Bruselas para convencer a los europeos de que siguieran comprando armas a Estados Unidos. Sin embargo, los estadounidenses no tuvieron éxito en este intento. Si esta historia es cierta, entonces el enorme gasto en defensa —como el de Alemania— tiene sentido: los países europeos necesitan sumas astronómicas para construir una industria de defensa que los haga independientes de Estados Unidos. Para que se aprueben estos presupuestos, necesitan la amenaza de guerra. Los rusos resultan útiles en este caso, porque sin la amenaza de guerra, la ciudadanía no toleraría impuestos más altos ni recortes en educación y servicios sociales.
El estado de incertidumbre podría prolongarse.
Las declaraciones de funcionarios rusos analizadas en este artículo indican que Rusia ya no cree en una solución diplomática (Lavrov) y que el cambio en la denominación del conflicto, de «operación militar especial» a «guerra», señala una postura más firme de Rusia en Ucrania. Las declaraciones del presidente Putin sugieren que, a pesar de la clara y directa implicación de Europa y Estados Unidos en la guerra, evitará (por ahora) un ataque directo contra Europa y, por lo tanto, mantendrá el conflicto en un estado de incertidumbre. Un ataque directo contra Europa no acercaría a Rusia a su objetivo de neutralizar a Ucrania como plataforma para la agresión occidental contra Rusia.
Occidente, que se esfuerza al máximo por provocar una guerra contra Rusia, probablemente se mantendrá fiel a esta estrategia e impulsará una escalada. Los rusos tendrán que encontrar formas de defenderse con mayor eficacia de los ataques occidentales contra su infraestructura. Este proceso ya está en marcha. Legalmente, Rusia tiene libertad para emprender acciones militares contra Europa. El presidente Putin mantiene abierta esta opción, pero se centra principalmente en concentrar sus fuerzas ofensivas en Ucrania y espera el momento oportuno. Puede seguir esta estrategia porque, a diferencia de Europa, Rusia ya ha completado la transición a una economía de guerra, cuenta con el apoyo del pueblo y no pesa sobre él la amenaza de un colapso financiero. La postura agresiva de Occidente sugiere que se está quedando sin opciones.
Tras la publicación de este artículo, se dio a conocer la noticia del fallecimiento de Lindsey Graham, uno de los mayores belicistas y enemigos de Rusia de nuestra época. La muerte de cualquier ser humano es motivo de duelo. Sin embargo, su regocijo ante la muerte de los rusos —y su afirmación de que esta es la mejor inversión— disminuye considerablemente nuestro dolor.
Mi amigo, el profesor Mohammad Marandi, un hombre verdaderamente amable, lo expresó de una manera un poco diferente:
“Él y todos sus amigos se pudrirán en el infierno.”
Europa se tambalea al borde del abismo
Peter Hanseler
Dos incendios que podrían convertirse en una tormenta.
La Primera Guerra Mundial comenzó el 28 de julio de 1914; 112 años después, la situación es prácticamente la misma, ya que bastaría poco para que escalara por completo. Hoy en día, existen dos focos de conflicto con el potencial de sumir al mundo entero en una guerra global.
En lo que respecta a Irán, el “pacificador” Trump está rompiendo el memorando de entendimiento, tal
como esperábamos , y ataca a Irán una vez más
—nota bene— durante el funeral más multitudinario jamás visto. Irán ha respondido militarmente, pero con moderación. Algunos lo relacionan con las ceremonias fúnebres. Sin embargo, lo más probable es que se trate de la implementación de una estrategia para doblegar económicamente a Occidente mediante el bloqueo del estrecho de Ormuz. Oriente Medio y Europa se encuentran en un estado de incertidumbre, pero ¿por cuánto tiempo más?
Occidente afirma que quiere —y es capaz de— obligar a Rusia a firmar la paz mediante la guerra. Para sorpresa de muchos observadores —incluidos algunos en Rusia—, el ejército ruso aún no ha contraatacado a Europa.
En este artículo, analizamos la situación en Europa.
Trump es más agresivo que Biden.
El presidente Biden era considerado un belicista y un títere del poder oculto. En consecuencia, Estados Unidos y Europa han estado suministrando armas a Ucrania desde el inicio de la operación militar especial de Rusia, a pesar de que el propio Joe Biden expresó inicialmente su preocupación de que este comportamiento de Occidente pudiera desencadenar la Tercera Guerra Mundial.
"La idea de que vamos a enviar equipo ofensivo y que vamos a tener aviones, tanques y trenes entrando con pilotos y tripulaciones estadounidenses... eso se llama 'Tercera Guerra Mundial'."
Esto llevó a muchos comentaristas —entre ellos nosotros— a favorecer a Donald Trump: un hombre que prometió paz y se comprometió a no iniciar nuevas guerras, y que alardeó de que pondría fin a la guerra en Ucrania en 24 horas. Sin embargo, ahora, en la cumbre de la OTAN en Ankara, Trump ha respaldado los ataques ucranianos en territorio ruso.
"Trump dijo que apoyaba que Ucrania atacara objetivos en lo profundo del territorio ruso, calificándolo de escalada que podría ayudar a poner fin a la guerra."
Europa y Estados Unidos en guerra abierta contra Rusia.
Casi todas las armas utilizadas por Ucrania en esta guerra son suministradas por Europa y Estados Unidos. Sin embargo, muchas de ellas no pueden desplegarse sin personal de la OTAN en Ucrania o en una de sus bases, y no pueden alcanzar sus objetivos en Rusia sin el apoyo satelital de Estados Unidos. Por lo tanto, es engañoso hablar de un conflicto entre Ucrania y Rusia: Europa, con el apoyo activo de Estados Unidos, está librando una guerra contra Rusia. Si bien esto se desarrolló de forma encubierta hasta hace poco, los agresores ahora hacen alarde abiertamente de su participación directa.
Hasta ahora, Rusia no había respondido militarmente a Europa y, hasta hace poco, se había basado en la diplomacia. Pero los tiempos han cambiado, aunque Rusia sigue insistiendo en que no se opone a una solución diplomática que tenga en cuenta a todas las partes. Roger Köppel, editor, redactor jefe y propietario de la revista suiza Weltwoche , lo comprobó de primera mano. Durante una entrevista con Margarita Simonyan, redactora jefe de RT, intentó en tres ocasiones obtener una declaración de la influyente periodista en el sentido de que Rusia también es responsable de la situación en Ucrania. En cada ocasión, ella rechazó la petición con firmeza, pero Köppel se negó a comprender. Finalmente, Simonyan, de forma diplomática pero inequívoca, puso en su sitio a la periodista suiza con las siguientes palabras: « Me siento como si un ciego estuviera hablando con un sordo ».
Declaraciones de gran alcance de diplomáticos rusos
Dimitry Peskov, portavoz del presidente Putin, hizo una declaración que sin duda no será comprendida por Occidente, pero que tiene implicaciones de gran alcance:
"Hay una guerra en curso, una guerra real. Todo comenzó como una operación militar especial. Continúa como una guerra, porque Berlín, París, La Haya, Oslo y, lamentablemente, Washington apoyan a Kiev. [...] Se les ayuda a apuntar mediante sus satélites, se les ayuda a apuntar armas extranjeras contra nuestros objetivos a través de toda su infraestructura."
René Zittlau analizará cómo interpretar la declaración de Peskov, quien habla en nombre del presidente Putin, en un artículo aparte que se publicará próximamente.
El 9 de julio, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, hizo la siguiente declaración:
Rusia "ya no creerá a Occidente cuando le diga que quiere soluciones negociadas" porque "esta reserva de buena voluntad y esperanza se ha agotado por completo".
Gran Bretaña, descarada… Londres apoya la adhesión de Ucrania a la UE.
Finian Cunningham
¿Qué les parece esta muestra de arrogancia británica? Gran Bretaña abandonó la Unión Europea hace 10 años, pero el gobierno londinense apoya la adhesión de Ucrania al bloque.
Esto ocurre mientras
las encuestas muestran que la mayoría de los ciudadanos polacos se oponen a la adhesión de Ucrania a la UE. Pero bueno, el Reino Unido, que no es miembro, sabe más que los ciudadanos de la UE, ¿no?
En una
entrevista con Euronews, el viceprimer ministro británico, David Lammy, aseguró que Londres continuaría apoyando militarmente a Ucrania y su candidatura para unirse a la UE. Afirmó que no habría cambios en la política bajo el mandato de Andy Burnham, quien se espera que suceda a Keir Starmer en Downing Street en las próximas semanas.
«No cabe la menor duda de que nuestra política exterior no va a cambiar», declaró Lammy. «Hemos mantenido nuestro compromiso con Ucrania a través de los sucesivos gobiernos, y así seguirá siendo», añadió. «Y hemos sido absolutamente claros: la reconexión con la comunidad internacional, un reinicio de las relaciones europeas, todo eso continúa».
Esto no sorprende, ya que Gran Bretaña ha sido uno de los partidarios más acérrimos de Ucrania en la guerra indirecta de la OTAN contra Rusia. Cabe destacar que el apoyo de Londres a Ucrania está vinculado a la consecución de un «reinicio europeo» para Gran Bretaña.
Fueron las declaraciones de Lammy a Euronews, en las que afirmaba que Londres respaldaba la solicitud de adhesión de Ucrania a la UE, las que debieron haber causado revuelo. Sin duda, la pregunta es: ¿qué derecho tiene Gran Bretaña, país no miembro, a opinar sobre los asuntos internos de la UE?
¿Por qué Gran Bretaña está asumiendo un papel tan destacado en la formulación de políticas de la UE? ¿Y por qué los supuestos líderes europeos permiten este papel ilegítimo? ¿En interés de quién?
La polémica se ha agudizado a raíz de la acalorada disputa entre Polonia y Ucrania por la reciente conmemoración en este último país de los colaboradores nazis.
Varsovia advierte que bloqueará la adhesión de Ucrania a la Unión Europea tras acusar al gobierno de Kiev, liderado por Vladimir Zelensky, de glorificar a figuras militares ucranianas que participaron en el genocidio de polacos durante la Segunda Guerra Mundial.
Zelensky y otros funcionarios estatales rindieron homenaje a Andriy Melnyk en una ceremonia de reinhumación a finales de mayo. Melnyk fue el líder del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), que colaboró con la Wehrmacht y las SS nazis en la perpetración de masacres de polacos, judíos y eslavos. Hasta 100.000 polacos fueron asesinados en Volinia, Galitzia Oriental, en lo que hoy es el oeste de Ucrania, entre 1943 y 1944. Polonia ha declarado que estas matanzas constituyen un genocidio.
Para colmo de males, el régimen de Kiev bautizó el mes pasado una unidad de comandos de las Fuerzas Armadas de Ucrania con el nombre de los "héroes del UPA".
El presidente polaco, Karol Nawrocki, condenó a Ucrania por violar el "umbral de tolerancia" y despojó a Zelensky de la máxima condecoración estatal de Polonia: la Orden del Águila Blanca, que le había sido otorgada en 2023. Zelensky y otros funcionarios ucranianos provocaron aún más indignación al devolver sus condecoraciones en un gesto de desprecio.
La disputa se ha convertido en una auténtica crisis diplomática. La semana pasada, Zelensky boicoteó una importante conferencia patrocinada por la UE en Gdańsk, Polonia, sobre la reconstrucción de Ucrania tras la guerra. La situación debe ser muy grave para que Zelensky, siempre tan oportunista, se ausentara de un evento de recaudación de fondos.
Varsovia no cede. El ministro de Defensa, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, reiteró que Polonia no permitirá que Ucrania se una a la UE mientras Kiev glorifique la memoria de los colaboradores nazis.
Esto resulta sumamente embarazoso para los líderes de la UE y la OTAN. La OTAN celebrará su conferencia anual la próxima semana en Turquía, donde se espera que Estados Unidos y sus aliados europeos alcancen un nuevo compromiso para apoyar a Ucrania. Sin embargo, Bruselas se enfrenta ahora a una crisis de relaciones públicas, ya que el régimen ucraniano irrita a Polonia, miembro clave de la UE y la OTAN, con su descarada vinculación histórica con la Alemania nazi.
Fascistas ucranianos como Stepan Bandera y Andriy Melnyk desempeñaron un papel vil en la ejecución de la Solución Final del Tercer Reich. Hoy en día, estos fascistas son venerados como "héroes nacionalistas".
El escándalo está dejando al descubierto la propaganda de la UE y la OTAN, que buscaba ensalzar a Ucrania como "defensora de la democracia europea frente a la agresión rusa". La polémica sobre la colaboración nazi también confirma la narrativa rusa de que está combatiendo un régimen neonazi en Kiev, instaurado en 2014 mediante un golpe de Estado orquestado por la CIA y utilizado por la OTAN como instrumento contra Rusia.
Ucrania lleva años presionando para ingresar en la UE y la OTAN sin éxito sustancial. Obtuvo el estatus de país candidato a la UE en 2022, pero el proceso se ha visto empañado por escándalos. El hedor a corrupción entre los políticos y empresarios ucranianos es una de las principales causas de la oposición entre los ciudadanos europeos. Sin embargo, los líderes de la UE y la OTAN siguen impulsando la opción de adhesión, obsesionados con utilizarla como herramienta de presión sobre Rusia.
Durante años, Hungría se opuso a la adhesión de Ucrania, utilizando su derecho de veto para impedirla. Con el cambio de gobierno en Budapest a principios de este año, los dirigentes de Bruselas creyeron haber superado un obstáculo importante.
Sin embargo, el incorregible régimen de Kiev ha exasperado a Polonia hasta el punto de que Varsovia amenaza con ejercer su derecho de veto. El obstáculo polaco resulta aún más problemático debido a la naturaleza profundamente controvertida de la historia y el genocidio nazis.
La ironía es mayúscula. Zelensky afirma ser judío e invoca esa identidad para negar la conducta neonazi de Kiev. Sin embargo, el cambio de nombre de calles en Kiev, Lvov, Vinnytsia y otras ciudades ucranianas en honor a colaboradores nazis es innegable. Polonia ha
exigido que se revoquen estos nombres. Esto no es propaganda rusa. Es un hecho, como lo ha verificado Varsovia.
Los gobiernos polacos conocían perfectamente desde hacía años las conexiones neonazis de Kiev, pero ignoraron las procesiones con antorchas y los saludos nazis, y optaron por ser uno de los mayores aliados de Ucrania en la OTAN, todo ello debido a una obsesión compartida contra Rusia. Ahora que el monstruo de Frankenstein que han contribuido a crear se ha vuelto intolerable para Polonia, Varsovia protesta. El pueblo polaco está indignado, en parte por la rabia que siente hacia sus propios gobiernos por haber estado asociados en el pasado con el régimen de Kiev.
Otra ironía es que Gran Bretaña está tan desesperada por congraciarse con los líderes de la Unión Europea para lograr un reinicio comercial con Bruselas, tras el desastre económico del Brexit, que Londres está haciendo campaña para que Ucrania ingrese en el bloque.
Puede que los rusófobos de Bruselas agradezcan la presión ejercida por Londres. Pero los ciudadanos comunes de la UE deberían decirle a Gran Bretaña que se meta por donde le quepa su absurda arrogancia.