Opinión

EEUU hace el juego a Irán

Victoria | Martes 25 de febrero de 2014

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Muy triste es la suerte de las naciones que no le caen bien a EEUU. Desde hace tiempo Washington se empeña en reemplazar regímenes “malos” por muy malos. Desde hace casi 35 años, Irán viene ocupando una de las primeras líneas en la lista negra de Washington.

Por Vadim Fersóvich




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Por Vadim Fersóvich 

Muy triste es la suerte de las naciones que no le caen bien a EEUU. Desde hace tiempo Washington se empeña en reemplazar regímenes “malos” por muy malos. Desde hace casi 35 años, Irán viene ocupando una de las primeras líneas en la lista negra de Washington.

Después de que 1980 ambos países rompieron las relaciones diplomáticas, todo el mundo cree que EEUU se desvive por causar el mayor daño posible al Irán teocrático. Ello no obstante, el 24 de septiembre de 2013, al usar de la palabra en la Asamblea General de la ONU, Barack Obama manifestó: “EEUU no está interesado en que se produzca un cambio de régimen en Irán”. Suena extraño, pero, según evidencian los hechos, EEUU no simplemente quiere, sino que hace cuanto está a su alcance para que se hagan realidad los sueños geopolíticos de Teherán.

En Afganistán, sin ir más lejos, cuando Irán ya estaba dispuesto combatir contra los taliban, enemigos acérrimos de los chiíes, e incluso decretó la movilización total, EEUU y la OTAN se apresuran a hacer este trabajo sucio por la República Islámica. Y el odio de los afganos está apuntado ahora no contra Irán, sino contra EEUU y Europa, mientras Teherán, sin un sólo disparo, tomó bajo su control las tradicionales esferas de influencia en el oeste del país.

Todo ello podría ser interpretado como un error de cálculo. Pero en Iraq, con ayuda de experimentados diplomáticos y agentes secretos, un escenario idéntico fue implementado a favor de Irán. Según opina el profesor de la Cátedra de Orientalismo en el moscovita Instituto de Relaciones Internacionales, Shah Mahmood, al derrocar el régimen de Sadamn Husein, EEUU aportó una apreciable contribución a que en Iraq se formara un régimen chií proiraní. Un criterio análogo profesa el conocido político iraquí Iyad Allawi. Contando con el apoyo de EEUU a la hora de postularse para el cargo de presidente, en el momento decisivo Allawi se dio cuenta de que la Casa Blanca dio preferencia al chií Nouri al-Maliki. Según afirma Allawi, EEUU simplemente entregó el país a los iraníes. “Iraq hoy es una colonia iraní”.

Es sugestivo que tanto en Iraq como en Afganistán, el general iraní Qassem Suleimani ayudará a EEUU a luchar contra los enemigos de Irán. Siendo el titular de Quds, servicio de inteligencia exterior del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, este militar todavía en otoño de 2001 organizó el intercambio de datos de información entre los correspondientes servicios de Irán y EEUU. Según recuerda el diplomático estadounidense Ryan Crocker, en aquella ocasió, los iraníes le facilitaron un mapa detallado de las posiciones de los taliban, y él, en respuesta, la dirección de un alto cargo de Al Qaeda en Masshad, la segunda ciudad en importancia de Irán.

Parece que todo marchaba como una seda, pero de repente, en enero de 2002, el entonces presidente estadounidense, George Bush, afirma que Irán es uno de los países del así llamado eje del mal. Según recordaría Crocker en la entrevista con New Yorker, “una sola palabra en el discurso presidencial invirtió el curso de la historia”. Pero no las relaciones entre los servicios secretos de ambos países. Existen testimonios de que Suleimani ayudaba a EEUU a seleccionar candidaturas para formar parte del primer gobierno de Iraq. Como resultado, como presidente fue elegido el político kurdo Jalal Talabani, de ánimos proiraníes. Para el cargo de primer ministro fue nombrado el chií Nouri al-Maliki.

Cuando las relaciones se deterioraron, la influencia ya era tan grande que los estadounidenses no pudieron arrestar a Suleimani durante su visita a la “zona verde” de Bagdad y más tarde liberaron al general del servicio de inteligancia iraní, Mohsen Chizari, detenido en Iraq. Probablemente, contando con el apoyo de Teherán, los dirigentes iraquíes plantearon la retirada del contingente estadounidense de su país. Según comentó uno de los ex ministros iraquíes, “los diez años de las relaciones entre EEUU e Iraq resultaron desperdiciados”.

Lo mismo se repite ahora en Afganistán. Todo parece indicar que EEUU no está absolutamente en contra de que Irán transfiera ingentes recursos financieros a los dirigentes de este país, mientras el primer vicepresidente de Afganistán sea un chií proiraní Mohammed Fahim. Y, por último, para complacer definitivamente a Teherán, EEUU insiste en que su contingente militar permanezca en Afganistán también después de 2015 para impedir que los los yihadistas locales exterminen a los chiíes.

Pero Teherán, a juzgar por todo, ya no necesita a los militares de EEUU en Afganistán. Habiendo suscrito tratados de asociación estratégica tanto con Iraq como con Afganistán, Irán secunda (como yo lo hizo en su tiempo en Iraq) el propósito de Hamid Karzai de no firmar con Washington el tratado de seguridad. Esto significa una retirada completa de las tropas de la coalición occidental según el escenario iraquí, o tal vez, el iraní.