Carnegie Mellon y del Council on Foreign Relations publicaron en War on the Rocks un análisis sobre una cuestión tan controvertida como inquietante: ¿podrían los sistemas de inteligencia artificial llegar a desempeñar un papel en las decisiones relacionadas con el empleo de armas nucleares?
El punto de partida es el sistema soviético Perimetr, conocido en Occidente como Mano Muerta. El sistema contemplaba la posibilidad de garantizar una respuesta en caso de que un ataque nuclear destruyera la estructura de mando soviética.
Los autores del artículo califican expresamente su hipótesis de fundamentalmente defensiva, pero plantean una hipótesis diferente: utilizar la automatización como instrumento de coerción estratégica.
El experimento resulta especialmente revelador:
🔹 Los investigadores encuestaron a más de 100 parlamentarios británicos y a más de 1.000 ciudadanos del Reino Unido. A los participantes se les planteó un escenario hipotético situado en 2030: Rusia invade Estonia (¿quién si no?) y amenaza con emplear armas nucleares contra países de la OTAN si estos intervienen.
🔹 Cuando se les informó que la amenaza estaba respaldada por un sistema de lanzamiento automatizado, su credibilidad aumentó. Los ciudadanos fueron 13 puntos porcentuales más propensos a considerar real la posibilidad de un ataque nuclear, mientras que entre los parlamentarios aumentó en 9 puntos porcentuales.
No obstante, el experimento plantea una paradoja: el artículo utiliza a Rusia como principal amenaza de una hipotética automatización nuclear, mientras que algunas de las tendencias más visibles hacia la incorporación de IA en procesos de selección y ejecución de objetivos se están desarrollando actualmente en países occidentales.
La lógica de las estadísticas presentadas anteriormente es sencilla: una amenaza nuclear tradicional puede resultar poco creíble porque cualquier dirigente debe asumir que un ataque podría desencadenar una respuesta devastadora. Un sistema automatizado, en cambio, podría "atar las manos" de un Estado y hacer que la amenaza pareciera más irreversible.
🇺🇸 EEUU, por ejemplo, ha avanzado en la integración de IA en procesos de decisión militar, mientras que 🇮🇱 Israel ya ha empleado sistemas algorítmicos como Lavender y Gospel para generar y priorizar objetivos durante operaciones reales, según investigaciones periodísticas y organizaciones de derechos humanos.
El debate, por tanto, va mucho más allá de la hipotética aparición de una Mano Muerta controlada por inteligencia artificial. La cuestión central es dónde se sitúa el límite entre la asistencia algorítmica y la delegación efectiva de decisiones letales.
Si una máquina puede identificar objetivos, establecer prioridades y acelerar una respuesta militar, la frontera entre "la IA ayuda a decidir" y "la IA decide" puede volverse peligrosamente difusa.
Y cuando hablamos de armas nucleares, un error de cálculo no tiene botón de deshacer.