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Geopolítica de los estrechos

Administrator | Martes 18 de agosto de 2026
Nicolas Wieczorko*
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una guerra aérea contra Irán y asesinaron a su líder supremo, Alí Jamenei.
Fue el inicio de una guerra abierta que, cinco meses después, sigue sin apagarse. Irán respondió con misiles y drones contra Israel, contra bases estadounidenses en la región y contra los aliados del Golfo de Washington, y su Guardia Revolucionaria prohibió el paso por el estrecho de Ormuz, abordó buques mercantes y sembró minas en sus aguas.
Por Ormuz pasaba, antes de la guerra, uno de cada cuatro barriles de petróleo que se comercian en el planeta. Hoy pasan apenas un puñado de barcos por día, contra el centenar que cruzaba en una jornada normal. Hubo un memorándum de entendimiento entre Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian en junio para terminar la guerra y destrabar el estrecho.
Duró poco: Israel siguió atacando, Estados Unidos volvió a bloquear puertos iraníes, y a fines de julio un ataque estadounidense mató a una familia entera —incluido un nene de dos años— en la isla iraní de Qeshm, cerca del propio estrecho. Teherán fue clara: Ormuz sigue cerrado mientras continúen las que llama “amenazas” e “interferencias” de Washington.
La consecuencia inmediata fue previsible: si no podés sacar petróleo por el golfo Pérsico, buscás otra puerta. Arabia Saudita reorientó buena parte de sus exportaciones hacia el mar Rojo, a través de un oleoducto hasta la costa occidental. El problema es que esa puerta también se cerró. El 20 de julio, los hutíes de Yemen declararon un bloqueo marítimo formal contra Arabia Saudita —represalia por el propio bloqueo saudí sobre Yemen y por un ataque contra el aeropuerto de Saná— y para el 1° de agosto ya habían desviado a la fuerza ocho petroleros sauditas que intentaban cruzar Bab el-Mandeb, el estrecho por el que pasa más de un décimo del comercio marítimo mundial. El petróleo perforó los 90 dólares el barril apenas se conoció el anuncio. Por primera vez en años, dos de las arterias petroleras más importantes del planeta están cortadas al mismo tiempo, y las dos por la misma guerra.
Y ahí entra la tercera pata, la más inesperada: Gibraltar. En febrero, España, el Reino Unido y la Unión Europea firmaron un tratado que eliminó los controles fronterizos físicos entre España y el Peñón. Cinco meses después, el 30 de julio, estalló una crisis migratoria brutal en Ceuta**: más de 72.000 personas cruzaron desde Marruecos en 24 horas —la mitad de la población de la ciudad, en un solo día— y al menos 141 murieron, muchas ahogadas o aplastadas en la estampida hacia el rompeolas de El Tarajal.
El detonante formal fue un fallo del Tribunal Supremo español que impide las devoluciones en caliente de quienes son interceptados en el mar, a diferencia de quienes cruzan por tierra; el fallo se viralizó y empujó a miles al agua. Marruecos negó haber facilitado nada y culpó a redes de tráfico de personas.
Varios analistas (el francés Laurent Ozon y el historiador Édouard Husson entre ellos) vienen leyendo la crisis de Ceuta como algo que excede la migración. Su tesis es que, con Ormuz cerrado y el mar Rojo bajo presión, el estrecho de Gibraltar —cuyas aguas territoriales son íntegramente españolas, porque nunca se cedieron en el Tratado de Utrecht— se volvió la única vía mediterránea segura para el tráfico internacional, y que Estados Unidos e Israel estarían buscando asegurarse un corredor alternativo vía Marruecos que no dependa de España ni de la arquitectura de alianzas europea.
Sea o no cierta esa lectura, hay algo que no es interpretación sino contradicción de manual: España sostiene desde el siglo XVII dos enclaves coloniales en suelo africano —Ceuta y Melilla, que Marruecos reclama abiertamente como territorio ocupado— y hoy administra una crisis fronteriza en uno de ellos mientras negocia, puertas adentro, si ese mismo enclave le sigue siendo útil a sus propios socios occidentales o si lo van a esquivar.
Los estrechos que se están jugando en silencio
Mientras el Hemisferio Norte pelea por sus pasillos en guerra, en el sur del mundo se libra una batalla más callada pero igual de vieja. En octubre de 2022, el entonces gobernador de Tierra del Fuego autorizó por decreto la construcción de un puerto multipropósito frente al estrecho de Magallanes a manos de una empresa estatal china, con una inversión de 1.250 millones de dólares que incluía además una central eléctrica y una planta química. Washington encendió las alarmas casi de inmediato. El gobierno nacional argentino terminó frenando el proyecto, calificándolo de “no factible”.
Lo que vino después es la parte que conviene subrayar: caído el proyecto chino, una empresa privada, Mirgor, levantó su propio puerto en la misma zona con el aval explícito de Estados Unidos, y Milei viajó a Ushuaia a anunciar una “base naval integrada” entre la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército —hoy paralizada—. La lectura no es sutil: la inversión china fue tratada como amenaza a la soberanía; la inversión alineada con Washington, como garantía de ella.
Todo esto ocurre, además, bajo la sombra de otra soberanía que Argentina no controla: a menos de mil kilómetros de Ushuaia, el Reino Unido mantiene una base militar en las islas Malvinas ocupadas ilegalmente desde 1833. Con Ormuz cerrado, hay análisis recientes que empiezan a mirar el corredor magallánico como alternativa real para la flota granelera más grande del planeta.
El quinto estrecho no es un estrecho todavía, pero se le parece cada vez más: el Ártico. El deshielo acelerado abrió, por primera vez, una ruta comercial regular entre China y Europa por el norte de Rusia. El año pasado un portacontenedores chino completó el trayecto en poco más de veinte días, menos de la mitad de lo que insume el canal de Suez, como primer viaje de lo que Beijing promociona como su Ruta Polar de la Seda. Rusia acompaña con una inversión proyectada de unos 22.000 millones de dólares hasta 2035 para sostener tránsito de rompehielos todo el año por su Ruta Marítima del Norte.
La respuesta occidental no se hizo esperar: la OTAN lanzó en febrero de este año la misión Arctic Sentry, con despliegue en el Polo Norte, y Groenlandia —con la octava reserva de tierras raras del planeta— se convirtió en la nueva ficha de disputa, al punto de que Trump la usó como argumento para plantear una eventual toma de control estadounidense de la isla.
Quién tiene la llave ahora
Durante casi todo el siglo XX, las llaves de estos cinco pasillos las tuvo, casi sin excepción, la misma mano: Washington y sus aliados controlaban Suez, Panamá, y por partida doble el propio Ormuz a través de las monarquías del Golfo. Esa mano decidía quién pasaba, a qué precio y bajo qué condiciones —y decidía también, con la misma lógica, a quién le tocaba ser bloqueado, sancionado o invadido si no obedecía—. La novedad de 2026 no es que haya conflicto en los estrechos: siempre lo hubo. Es que, por primera vez en mucho tiempo, esa misma mano se está encontrando con que los países que supo castigar durante décadas son, hoy, los que le cierran la puerta.
Irán lleva más de cuarenta años bajo sanciones económicas impuestas por Washington. Hoy tiene la capacidad de frenar uno de cada cuatro barriles de petróleo que se comercian en el planeta. Yemen es uno de los países más pobres del mundo árabe, devastado por una guerra civil sostenida durante una década por una coalición saudí armada por Estados Unidos y el Reino Unido. Hoy fuerza a desviarse a petroleros sauditas en cuestión de días. China y Rusia directamente dejaron de pedir permiso: se construyeron una ruta propia por el Ártico para no depender nunca más de un canal que no controlan.
Argentina tiene, sin saberlo del todo, una silla en esa misma mesa, y todavía no se sentó. El día en que el estrecho de Magallanes vuelva a mirarse en serio como alternativa a un Ormuz cerrado —y hay señales de que ese día ya empezó— la pregunta de quién controla ese puerto va a volver a la primera plana. Y ese día conviene no olvidar que a menos de mil kilómetros de ese mismo estrecho el Reino Unido ocupa militarmente un archipiélago argentino desde 1833. La soberanía, para las mismas potencias que hoy pierden el control de los pasillos del mundo, siempre fue una palabra de doble uso: motivo de veto cuando el que invierte es China, y detalle menor cuando el que ocupa territorio ajeno es un socio occidental.
*Nicolas Wieczorko es Geografo UBA y maestrando en Ambiente y Desarrollo Sustentable en la UNQ
**A medida de que avanzaron los hechos se fueron constatando que el numero de victimas en Ceuta han ido creciendo

Cierre del estrecho de Ormuz expone la dependencia de la IA del helio y amenaza los chips mundiales

Yousef Ramazani

Los sistemas de inteligencia artificial más avanzados del mundo, cuyas capacidades parecen existir más allá de las limitaciones físicas, dependen en última instancia de un estrecho paso marítimo en el Golfo Pérsico —el estrecho de Ormuz— por el que se transporta gran parte del helio utilizado para refrigerar las máquinas de litografía que graban los chips que hacen funcionar los modelos de IA.

El cierre prolongado de esta vía marítima estratégica tras los actos de piratería marítima estadounidense ha puesto de manifiesto con qué facilidad la revolución digital puede quedar desvinculada de sus fundamentos físicos, así como la vulnerabilidad, en gran medida invisible, que se encuentra en el corazón de la industria mundial de la inteligencia artificial.

Mientras la atención del mundo se ha centrado en los mercados petroleros y los precios de la energía, la interrupción del transporte marítimo por esta estrecha vía ha dejado al descubierto una compleja red de dependencias que vincula el mundo aparentemente etéreo de los algoritmos y el aprendizaje automático con el movimiento físico de materiales industriales esenciales.

En el centro de esta vulnerabilidad se encuentra el helio, un elemento insustituible en la fabricación de semiconductores que se produce principalmente como subproducto del procesamiento de gas natural en las instalaciones de Ras Laffan, en Catar.

Cuando la maquinaria de guerra estadounidense e israelí lanzó una agresión no provocada e ilegal contra la República Islámica y el estrecho de Ormuz quedó intransitable, se vio afectado aproximadamente un tercio de la producción mundial de helio, mientras cientos de contenedores criogénicos especializados quedaron varados, con su valiosa carga calentándose y evaporándose gradualmente.

La coincidencia de una grave interrupción de la producción con un bloqueo marítimo ha amenazado con limitar la fabricación de semiconductores en Taiwán y Corea del Sur, donde se producen algunos de los chips más avanzados del mundo.

El consiguiente shock de oferta podría ralentizar la expansión de la infraestructura de IA y poner de manifiesto hasta qué punto la revolución digital sigue dependiendo de frágiles cadenas de suministro físicas.

Un vínculo insospechado entre un estrecho y los algoritmos avanzados

El estrecho de Ormuz, un paso marítimo de aproximadamente 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, ha sido reconocido durante mucho tiempo como uno de los cuellos de botella energéticos más importantes del mundo.

Antes de la agresión estadounidense-israelí contra Irán, por él transitaban diariamente unos 20 millones de barriles de crudo y productos refinados, equivalentes aproximadamente a una cuarta parte de todo el comercio marítimo mundial de petróleo.

Sin embargo, la importancia estratégica de esta vía marítima va mucho más allá de los mercados energéticos y se extiende hasta las sofisticadas cadenas de suministro que sustentan la industria tecnológica mundial.

La interrupción del transporte marítimo por el estrecho ha puesto de manifiesto una dependencia que pocos habían previsto: la dependencia del helio de la fabricación avanzada de semiconductores. Este gas no puede producirse cuando se necesita ni almacenarse indefinidamente.

El helio se extrae como subproducto de la producción de gas natural licuado mediante destilación criogénica, y Catar se asienta sobre el mayor yacimiento individual de gas natural del mundo, que representa aproximadamente un tercio del suministro mundial de helio.

La Ciudad Industrial de Ras Laffan, en un país árabe y sede de la mayor planta de GNL del mundo, ha sido durante años la piedra angular de la producción mundial de helio.

Cuando la agresión estadounidense y la represalia iraní obligaron al cierre de esta instalación a comienzos de marzo de 2026, y QatarEnergy declaró posteriormente la fuerza mayor sobre los contratos afectados, se retiraron de los mercados mundiales aproximadamente 5,2 millones de metros cúbicos de capacidad anual de producción de helio.

Los daños sufridos por las instalaciones fueron tan extensos que funcionarios cataríes estimaron que las reparaciones completas tardarían entre tres y cinco años.

El cierre simultáneo del estrecho de Ormuz significó que ni siquiera el helio que ya había sido producido y cargado en contenedores especializados podía llegar a sus clientes, generando una interrupción de la producción y la logística sin precedentes en la historia de la industria del helio.

Crisis del helio: una cadena de suministro precaria

La vulnerabilidad de la cadena de suministro de helio se hizo inmediatamente evidente para los expertos del sector cuando estalló la crisis. Consultores de la industria del helio describieron la situación en términos contundentes.

Unos 200 contenedores criogénicos especializados utilizados para transportar helio líquido quedaron varados en Asia Occidental, con un valor aproximado de un millón de dólares cada uno.

Estos contenedores no son simples recipientes de carga, sino sofisticados equipos diseñados para mantener el helio a temperaturas cercanas al cero absoluto.

El helio líquido tiene un punto de ebullición extremadamente bajo, de aproximadamente 4,2 kelvin a presión atmosférica, y sus contenedores de almacenamiento experimentan inevitablemente pérdidas por evaporación. Cuanto más tiempo permanece un cargamento en tránsito, más difícil resulta conservar el volumen original de la carga.

Los contenedores pueden almacenar helio durante aproximadamente 35-40 días antes de que el calentamiento se convierta en un problema crítico, tras lo cual el helio se transforma en gas y escapa a través de las válvulas de alivio de presión.

El momento de la interrupción difícilmente podría haber sido peor para la industria de los semiconductores, que ya operaba a plena capacidad para satisfacer la creciente demanda de chips destinados a la IA.

La fabricación de semiconductores y la producción de microchips son los mayores consumidores de helio del mundo, y este gas es insustituible para estos usos.

La combinación de propiedades del helio, entre ellas su extraordinaria conductividad térmica, su inercia química y su bajo punto de ebullición, lo hace especialmente adecuado para controlar la temperatura de las obleas, refrigerar durante la litografía ultravioleta extrema y detectar fugas mediante espectrometría de masas.

No existe ninguna alternativa viable para estas aplicaciones. Cuando escasea el helio, las empresas de semiconductores tienden a superar las ofertas de cualquier otra industria para asegurarse el suministro disponible, porque el coste de mantener inactiva una planta de fabricación supera con creces cualquier sobreprecio del propio gas.

Esto ha provocado aumentos de precios que se han propagado por toda la cadena de suministro tecnológico.

Corea del Sur y Taiwán: la vulnerabilidad de la concentración

La exposición estratégica a la crisis del helio es especialmente aguda en Asia Oriental, donde se concentra principalmente la industria de los semiconductores.

Corea del Sur, sede de Samsung Electronics y SK Hynix, que juntas controlan casi el 80 % del mercado de memorias de alto ancho de banda, esenciales para los modernos clústeres de IA, importó aproximadamente el 64 % de su helio desde Catar en 2025.

La dependencia del país del helio catarí lo convirtió en una de las economías más vulnerables a la interrupción, y funcionarios gubernamentales y analistas del sector advirtieron que una escasez prolongada podría limitar el principal motor de crecimiento del país.

The Asia Group, una consultora con sede en Estados Unidos, destacó esta vulnerabilidad en un informe en el que señaló que la continuidad de las interrupciones en el estrecho de Ormuz afectaría a los fabricantes surcoreanos de chips, que son los mayores consumidores de helio del mundo.

Taiwán, que representa más del 60 % de los ingresos mundiales de las fundiciones de semiconductores y más del 90 % de la fabricación de chips de vanguardia, también quedó significativamente expuesto a la crisis del helio.

Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, el fabricante de semiconductores más avanzado del mundo, consume aproximadamente el 10 % de la demanda eléctrica de Taiwán y depende en gran medida del helio importado para sus procesos de fabricación.

Aunque las empresas taiwanesas han invertido considerablemente en sistemas de reciclaje de helio capaces de recuperar entre el 90 % y el 95 % del gas utilizado en determinados procesos, el helio empleado para la detección de fugas es, en esencia, irrecuperable, y hasta una pérdida del 5 % en volúmenes de consumo elevados se acumula rápidamente.

Según informes, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company disponía de reservas para entre cuatro y seis meses y había asegurado contratos plurianuales de suministro de helio como parte de su planificación para su planta de Arizona, pero la prolongación de la interrupción generó preocupación sobre la sostenibilidad de estas reservas.

El desmoronamiento de los cimientos de la infraestructura de IA

La crisis del helio es solo uno de los elementos de una vulnerabilidad más amplia que atraviesa prácticamente todos los niveles de la expansión de la infraestructura de IA.

La Agencia Internacional de la Energía ha documentado que los centros de datos consumieron aproximadamente 415 teravatios-hora de electricidad en 2024, y las proyecciones apuntan a que esta cifra podría duplicarse aproximadamente para 2030.

Está previsto que los servidores acelerados que impulsan las cargas de trabajo de IA aumenten su consumo eléctrico a un ritmo muy superior al de los servidores convencionales, generando una enorme carga industrial que depende de un suministro eléctrico estable.

El estrecho de Ormuz es importante para la IA porque esta se está convirtiendo en un consumidor industrial masivo de electricidad, mientras que el estrecho sigue condicionando la disponibilidad y el precio de los combustibles para varias de las economías asiáticas que alimentan y fabrican la infraestructura tecnológica de la IA.

La relación entre el estrecho de Ormuz y la IA no es directa, sino que opera a través de múltiples niveles de dependencia. Taiwán y Corea del Sur, las dos economías más importantes para la producción de hardware de IA, dependen en gran medida de la energía importada que transita por el estrecho.

Taiwán, que importa más del 95 % de sus necesidades energéticas, dependía de Catar antes de la guerra para aproximadamente un tercio de su GNL. Corea del Sur depende del estrecho para el 61 % de sus importaciones de crudo y el 54 % de sus importaciones de nafta.

Cuando el suministro energético se ve amenazado, todo el ecosistema de fabricación de semiconductores afronta interrupciones, incluida la producción de los avanzados chips lógicos y de las memorias de alto ancho de banda que hacen funcionar los sistemas de IA.

La Reserva Federal de Nueva York ha advertido que las crecientes tensiones en las cadenas de suministro mundiales vinculadas a las recientes guerras de agresión estadounidenses en Asia Occidental podrían frenar el auge de la inversión en IA.

Cuello de botella de los contenedores y límites de la diversificación

Los esfuerzos por diversificar el suministro de helio se han visto complicados por las limitaciones físicas de la industria. Los nuevos proyectos de helio en desarrollo en Canadá, Tanzania y Minnesota están todavía a años de alcanzar una producción significativa.

Los contenedores criogénicos especializados utilizados para transportar helio son escasos, y los contenedores varados en Asia Occidental representan una parte significativa de la flota mundial.

Incluso si la producción se reanudara de inmediato, reposicionar estos contenedores requeriría un mínimo de tres meses, generando una brecha de suministro que se prolongaría más allá de la propia guerra.

Expertos del sector han descrito este cuello de botella logístico como posiblemente el peor aspecto de la escasez, ya que la interrupción afecta no solo a la producción de helio, sino también a la capacidad de transportarlo hasta los clientes.

La crisis ha acelerado los esfuerzos para desarrollar alternativas y mejorar la eficiencia. ASML y Applied Materials están diseñando herramientas de nueva generación que utilizan menos helio en determinados procesos, sustituyéndolo por nitrógeno para las tareas de refrigeración no críticas.

Se trata de mejoras incrementales, medidas en puntos porcentuales, y no de una solución estructural. Los sistemas de reciclaje de helio se han extendido, y la mayoría de las empresas de fabricación más avanzadas ya operan con sistemas de recuperación de helio en sus propias instalaciones, capaces de recuperar un elevado porcentaje del gas utilizado en determinados procesos.

Sin embargo, la dependencia fundamental del helio en la litografía EUV (ultravioleta extrema) y otros procesos críticos significa que no existe una solución rápida.

La nueva geografía de la industria de la IA

La interrupción en el estrecho de Ormuz ha obligado a reconsiderar la geografía física de la industria de la IA.

Las empresas tecnológicas representaron alrededor del 40 % de los acuerdos corporativos de compra de energía renovable firmados en 2025, y el impulso de la IA está contribuyendo a aumentar el interés por la energía nuclear, la geotérmica, las baterías y diseños más flexibles para los centros de datos.

El recurso a fuentes de energía nacionales reduce la dependencia de los combustibles fósiles importados y disminuye la vulnerabilidad frente a los cuellos de botella marítimos.

Sin embargo, la concentración de la fabricación avanzada de semiconductores en Taiwán y Corea del Sur significa que incluso las empresas estadounidenses siguen expuestas a la cadena de suministro de helio debido a su dependencia de las plantas de fabricación de estas regiones.

Las consecuencias económicas de la interrupción van más allá del coste inmediato del helio. Los precios de los chips de memoria ya han aumentado considerablemente en medio del auge de la demanda de IA, y cualquier restricción adicional del suministro de helio podría obligar a los fabricantes de chips a priorizar el silicio para IA de mayor margen frente a los productos destinados al consumo.

Cuando escasea el helio, las empresas de semiconductores tienden a superar las ofertas de cualquier otra industria para asegurarse el suministro disponible, porque el coste de mantener inactiva una planta de fabricación supera con creces cualquier sobreprecio del propio gas.

Esto deja sin suficiente suministro a otros sectores dependientes del helio, entre ellos la obtención de imágenes médicas y la industria farmacéutica, generando una cascada de efectos económicos que va mucho más allá de la industria tecnológica.

La interrupción ha demostrado que la revolución mundial de la IA depende, en última instancia, no solo de las GPU, la litografía avanzada y los enormes centros de datos, sino también de materias primas físicas poco conocidas cuyas cadenas de suministro pueden verse interrumpidas a miles de kilómetros de Silicon Valley.

Implicaciones a largo plazo para la tecnología mundial

La crisis en curso, desencadenada por los actos de piratería marítima y la agresión militar estadounidenses contra Irán, ha servido como una prueba de resistencia para el ecosistema tecnológico mundial y ha puesto al descubierto vulnerabilidades que condicionarán las decisiones de inversión y política durante años.

La dependencia de una única vía marítima para un tercio del suministro mundial de helio ha sido identificada como una debilidad estratégica que requiere atención inmediata.

El Gobierno de Corea del Sur ha iniciado una revisión de más de una docena de materiales y tipos de equipos para semiconductores con un alto grado de dependencia de fuentes de Asia Occidental.

Según los expertos, la respuesta a largo plazo a la crisis probablemente combinará la diversificación, el reciclaje y el rediseño. Hay nuevas instalaciones de producción de helio en desarrollo fuera de Catar, aunque tardarán años en alcanzar una producción significativa.

Los sistemas de reciclaje de helio son cada vez más sofisticados y generalizados, lo que reduce la cantidad de helio nuevo necesaria para la fabricación de semiconductores.

Los fabricantes de equipos están rediseñando sus herramientas para reducir el consumo de helio, aunque el ritmo de estos cambios está limitado por la complejidad de los procesos de fabricación de semiconductores.

Sin embargo, el desafío fundamental persiste: el helio es insustituible para determinadas aplicaciones críticas de la fabricación de semiconductores y su suministro seguirá estando concentrado en el futuro previsible.

El estrecho de Ormuz no determina literalmente si la inteligencia artificial puede seguir desarrollándose. La industria mundial de la IA cuenta con múltiples capas de redundancia, reservas de semiconductores, proveedores alternativos de helio, sistemas de reciclaje y diversificación geográfica.

La crisis ha demostrado que el ecosistema de hardware de la IA presenta vulnerabilidades muy alejadas de las fábricas donde se diseñan y fabrican los chips.

Una vía marítima estratégica asociada principalmente con el petróleo y el GNL también puede influir en la disponibilidad de un gas industrial poco común utilizado en la fabricación avanzada.

La lección no es que la IA dependa del tránsito por el estrecho de Ormuz, sino que la IA depende de una cadena extraordinariamente larga y geográficamente concentrada de energía, gases, productos químicos, maquinaria, fabricación de semiconductores y logística.

El helio es uno de los ejemplos más claros de esta dependencia oculta.

Mar Rojo: El factor hutí podría resultar decisivo para el futuro de Oriente.

Yuri Mavashev

Según informes de medios occidentales, China está cerrando acuerdos y ganando influencia en tiempos de guerra, mientras la Casa Blanca busca reabrir el estrecho de Ormuz, un punto estratégico clave para el comercio mundial. Asimismo, se informa que China está llegando a acuerdos con los rebeldes hutíes de Yemen, pertenecientes al movimiento político-militar Ansar Allah.

Mientras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán —o, más precisamente, la agresión no provocada de la «Coalición Epstein» contra Teherán— se prolonga por sexto mes, Pekín trabaja discretamente para mitigar los costos económicos y adaptarse al conflicto prolongado. Las interrupciones en los estrechos de Bab el-Mandeb y Ormuz, de importancia estratégica para el comercio y la logística mundiales, ya han causado turbulencias en los mercados petroleros internacionales.

Sin embargo, China ha mantenido el acceso al petróleo de Oriente Medio a través de dos canales diferentes: el petróleo de Arabia Saudí llega a China mediante buques cisterna vinculados a China que transitan por aguas controladas por los hutíes, y el petróleo iraní llega a China mediante transferencias de barco a barco y almacenamiento frente a las costas de Malasia.

Como resultado, China ha logrado establecer un sistema de suministro resiliente que ha contribuido a garantizar el abastecimiento esencial para sus refinerías, incluso cuando otros operadores desvían sus buques y asumen mayores costos de seguro. Las publicaciones occidentales concluyen que China parece haber tenido un éxito rotundo en su adaptación a la creciente inestabilidad internacional.

Según Reuters, los superpetroleros Xin Long Yang y Kosnew Lake, tripulados por compañías petroleras chinas, lograron eludir el bloqueo de las fuerzas de Ansar Allah, que impide que el petróleo saudí llegue a los mercados extranjeros. Como era de esperar, otros dos buques utilizaron posteriormente la misma ruta con destino a China. El petrolero New Explorer, con bandera de Hong Kong, zarpó del Mar Rojo transportando petróleo saudí y emiratí con destino a Ningbo, mientras que el New Pearl transportaba 2 millones de barriles de petróleo saudí con destino a Zhoushan, según las navieras Kpler y LSEG.

En este sentido, no debería sorprender que Reuters informe que China está en conversaciones directas con los hutíes de Yemen "para permitir que sus petroleros atraviesen el sur del Mar Rojo sin riesgo de ataque después de que las milicias respaldadas por Irán prometieran no impedir el acceso a los puertos saudíes " .

Por supuesto, esta táctica dista mucho de ser esporádica. Los hutíes ya habían establecido un sistema de solicitud para permitir selectivamente el paso de buques por el estrecho, mediante el cual las tripulaciones enviaban sus solicitudes por correo electrónico con varios días de antelación. Irán está intentando implementar un sistema formalizado similar para el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz.

Más recientemente, a finales de julio, varios petroleros que transitaban por el estrecho de Bab el-Mandeb transmitieron señales a China mediante transmisores del Sistema de Identificación Automática (AISS). Esto ocurrió poco después de que surgieran informes de que China estaba negociando directamente con los hutíes para permitir que sus petroleros transitaran por las disputadas aguas del Mar Rojo, evitando así el riesgo de un ataque.

Existe un precedente notable en el caso de China. En 2024, Bloomberg informó que los hutíes de Yemen comunicaron a China y Rusia que sus barcos podían transitar por el Mar Rojo y el Golfo de Adén sin obstáculos y sin riesgo de ataque, tras conversaciones con el líder de alto rango de Ansar Allah, Mohammed Abdel Salam.

El renovado bloqueo estadounidense y la amenaza de ataques desde diversos frentes están dificultando el tránsito de buques petroleros por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, esto no ha impedido que China importe petróleo iraní utilizando una reserva flotante frente a las costas de Malasia, disponible durante toda la guerra; un canal habitual para eludir las sanciones estadounidenses, según Reuters, Kpler y The Wall Street Journal .

Cabe destacar que, incluso después de la agresión no provocada de la Coalición Epstein contra Irán, China sigue siendo el principal comprador de petróleo iraní, adquiriendo también del Reino de Arabia Saudita. Según Kpler , desde la guerra, el suministro de petróleo iraní a China ha disminuido desde un máximo de 1,7 millones de barriles diarios en marzo hasta 785 000 en junio y 523 000 en julio. Sin embargo, según Vortexa, la proporción de petróleo iraní en las importaciones totales de China aumentó a más del 24 % en mayo, para luego descender al 18 % en junio.

A juzgar por indicios indirectos, Pekín se está preparando para una guerra prolongada en Oriente Medio, incluso mediante el apoyo indirecto a Irán, con el fin de garantizar la relativa seguridad de las rutas comerciales marítimas internacionales. Según la experta en asuntos internacionales Joyce Karam, la capacidad de China para mantener relaciones regionales equilibradas demuestra las ventajas de la posición que Pekín ha mantenido durante mucho tiempo como canal de financiación para Irán y cliente clave para sus rivales, como Arabia Saudí.

En cualquier caso, todas las miradas estarán puestas en si la demanda de petróleo de China se recuperará en los próximos meses y con qué rapidez. Hasta hace poco, Pekín había realizado algunos intentos exitosos para reconciliar a Irán y Arabia Saudita, por lo que considerar cualquier contacto chino con Irán como un contrapeso a los lazos de Pekín con Riad sería miope, si no directamente miope.

Sea cual sea el resultado, el factor hutí yemení podría adquirir nuevas dimensiones dado el acuerdo recientemente firmado entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán, conocido como el "Acuerdo de La Meca". Este documento, que prevé el fortalecimiento de la disuasión colectiva, la ampliación de la interacción militar y el desarrollo de la cooperación en materia de defensa entre las partes, podría enfrentarse a una seria prueba de su eficacia en un futuro próximo.

La cuestión no es si los aviones turcos podrían de alguna manera "dar la bienvenida" a los hutíes si continúan sus ataques contra el puerto de Yanbo u otros objetivos en el Mar Rojo. Es bien sabido que, hasta hace poco, muchos ciudadanos turcos veían con genuina simpatía prácticamente cualquier acción antiisraelí y antioccidental del movimiento Ansar Allah.

Es difícil negar que el surgimiento del mecanismo tripartito se produce en un contexto de fuerte aumento de las tensiones en Oriente Medio, del que Israel y Estados Unidos no dejarán de sacar provecho, alimentando el sueño de enfrentar a chiítas contra sunitas, a árabes contra turcos y persas, y así sucesivamente.

Los adversarios occidentales harán todo lo posible e imposible para enfrentar a los pueblos de Oriente entre sí en su búsqueda de estabilidad e independencia. La región necesita urgentemente un nuevo mecanismo de seguridad colectiva, ajeno a Occidente. Sin embargo, la experiencia histórica y política sugiere que encontrar un equilibrio delicado a veces requiere la intervención de un actor externo. China, interesada en mantener y ampliar sus lazos con los países de la región, bien podría ser ese actor, sobre todo porque el megaproyecto «Una Franja, Una Ruta» no puede llevarse a cabo en un contexto de inestabilidad y caos.

Para China y la región euroasiática es importante que las actividades del movimiento yemení no dividan, sino que unan a personas con ideas afines y correligionarios contra un enemigo común, que es bien conocido.

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