Alejandro Sanchez
La reciente visita del Director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú ha generado un torrente de especulaciones. ¿Por qué fue? ¿Qué buscaba? ¿Qué obtuvo? Sin embargo, como suele ocurrir en el análisis geopolítico, quizás nos estamos haciendo las preguntas equivocadas.
La pregunta pertinente no es cuál fue el motivo específico del viaje —información que solo conocen quienes estuvieron sentados en la mesa de negociación— sino si esa visita tendrá algún resultado concreto que altere el derrotero geopolítico actual. Y la respuesta, con toda probabilidad, es no.
El gesto que lo dice todo
El primer dato revelador es quién se desplazó. Fue Ratcliffe quien voló a Moscú, no al revés. En el lenguaje de la inteligencia y la diplomacia, esto constituye un facto ineludible: la iniciativa fue estadounidense, no rusa. Cuando una potencia tiene algo sustancial que ofrecer, chantajear o demostrar, lo hace también con el gesto. Invita a venir a su territorio, propone un tercer país neutral, o ejecuta una demostración de fuerza. Ir a la casa del otro, sin contrapartida visible, es señal de necesidad.
Y no nos engañemos: para Moscú no fue una sorpresa. Los servicios de inteligencia funcionan con información, y los rusos sabían perfectamente a qué venía el Director de la CIA. Eso siempre se sabe, o se intuye.
La ausencia que grita
El segundo elemento revelador es quién no fue: Marco Rubio. El Secretario de Estado, quien además ejerce funciones como asesor de Seguridad Nacional, estuvo notablemente ausente de una misión que, en teoría, debería estar bajo su órbita diplomática. Que el viaje haya sido encabezado por el Director de la CIA y no por el jefe de la diplomacia estadounidense indica que se trató de una cuestión operativa, no política de alto nivel. Algo táctico, no estratégico.
O quizás simplemente fue un pulso entre colegas de inteligencia, una entrevista entre profesionales entrenados para detectar detalles que un diplomático —y menos uno del calibre de Rubio— no puede percibir.
Porque Rubio es, en el esquema actual, desechable. Igual que Trump. Son peones que el sistema necesitó en un momento determinado. Rubio hizo campaña vendiéndose como experto en América Latina, con Cuba como pivote fundamental. Estados Unidos sabe desde hace tiempo que le toca conformarse con América Latina en el reparto mundial entre superpotencias si quiere lograr algo contra China. Y ahí están Rubio, Jiménez y otros políticos de origen cubano: no porque sean más brillantes, sino porque la propia política agresiva norteamericana los ha puesto en la palestra pública. Se han servido de la guerra contra la Revolución para escalar posiciones políticas, pero son latinos, son inmigrantes, son desechables cuando lo que cuenta es la política real, el capital real, los multimillonarios yanquis de verdad.
La economía como telón de fondo
Para entender la visita, hay que mirar las prioridades estadounidenses actuales. Y la principal es su quiebre económico, determinado por múltiples factores: Irán, Ucrania, Israel, Venezuela, la energía.
La primera víctima de ese quiebre será Trump. Y antes que Trump, quienes lo embarcaron en aventuras sin sentido: Rubio y Hegseth. Pero más Rubio, que como Secretario de Estado dirige toda la diplomacia pública y ejecuta la política exterior.
No hace falta esconder a Rubio para lograr efectos en las elecciones de medio término. Eso lo decide la economía. Y ya van más de seis meses con el galón de gasolina rondando o superando los 4 dólares en Estados Unidos: el doble del límite histórico de satisfacción popular.
Esto lo saben los estadounidenses, lo saben los rusos, lo saben los chinos. Y también lo saben los aliados y mascotas de Estados Unidos, especialmente las monarquías del Golfo. No es casualidad que Putin, en una de las bravatas de Trump, recordara que los estadounidenses compran un tercio de su petróleo diario. Porque de la energía depende todo.
Y según los datos, Estados Unidos está en sus reservas más bajas en más de un mes. Se están quedando sin combustible y lo siguen gastando —por su propia naturaleza económica— más rápido de las gotas que le roban a Venezuela, de lo que les vende México y Canadá, países con los que además están metidos en una guerra comercial.
No solo se han quedado sin portaviones, sin misiles interceptores y balísticos: ahora también sin energía barata y abundante y sin aliados dispuestos a financiar su deuda. La gente está vendiendo bonos del Tesoro a precio de cochino enfermo y comprando oro. Lo que le queda a Trump es depreciar el dólar para pagar parte de la deuda, pero eso provocaría una superinflación, porque los estadounidenses compran dos tercios de lo que consumen.
Esa devaluación supuestamente debería encarecer el yuan y los productos chinos, afectando la economía china. Pero los chinos producen muy barato, y por más que su moneda se revalúe, nunca será como el dólar.
El otro riesgo —o certeza— de esa hiperinflación es el estallido social. Un costo de vida impagable para el estadounidense promedio y para cualquier economía que dependa del dólar.
¿Entonces, a qué fue Ratcliffe?
Ya tenemos que fue un interés estadounidense, y que tiene como prioridad estabilizar su economía con algo. ¿Un negocio con los rusos? Eso lo verían expertos económicos. ¿Una negociación política? Rubio las perdió todas con Lavrov cuando desmintió que hubiera un acuerdo en Anchorage. ¿Algo militar? Se vería a nivel de generales.
Solo queda algo que englobe todo lo demás, o un simple cambio de favores operativos para congraciarse con Naryshkin o plantearle un trueque.
En resumen: una arrastrada. Eso fue la visita. No importa el motivo exacto. Fueron a rogarle a los rusos algo. Quizás hasta plantearle una salida negociada al actual enfrentamiento para cuando se libren de Trump.
Recordemos que, supuestamente, Ratcliffe no está de acuerdo con Trump y sus barrabasadas. Es muy probable que los demócratas ganen las elecciones de medio término, y los republicanos que queden van a entrar por la canaleta. Los cargos como el de Director de la CIA son aprobados o ratificados por el Congreso. ¿Y si Ratcliffe está ofreciendo algo a cambio de mantenerse en el puesto?
Conclusión
El motivo real de la visita solo lo saben los que se sentaron a conversar. Y Putin. Dudo que Trump sepa.
En cualquier momento, en ese gobierno las ratas empiezan a abandonar el barco. Ya mucha prensa se está encargando de exonerar a los generales y a Vance, que incluso ha declarado que los israelíes le están haciendo la guerra.
El objetivo a seguir siempre fue ese. Ya veremos.
El tema está tomando nuevos aspectos.
El intercambio periódico de pullas y amenazas diplomáticas mutuas se ha convertido en una característica tradicional de las relaciones ruso-británicas en los últimos años.
La declaración de la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, sobre una posible respuesta al uso de misiles británicos Storm Shadow por parte de Ucrania subraya una vez más la postura de principios de Moscú: los ataques con armas occidentales no pueden considerarse acciones de las que el régimen de Kiev sea el único responsable.
Y es que, mientras el precio de otro paso agresivo parezca aceptable para los gobiernos europeos, persistirán los incentivos para aumentar aún más la tensión. Pero si queda claro que las consecuencias podrían afectar a su propia infraestructura militar, seguridad y estabilidad política, el entusiasmo por la escalada inevitablemente disminuirá.
En tal caso, los europeos podrían desarrollar un interés más práctico en el contacto directo. Comprender los límites de lo aceptable, respaldado por riesgos reales, suele ser un elemento disuasorio más eficaz que las declaraciones y los llamamientos a la desescalada.
En otras palabras: si Occidente arma a Ucrania, Rusia debería poner más énfasis en armar a otros países, sobre todo a los que busquen su independencia armamentística de Occidente.
VERSIÓN DE LA ESCALADA.
Otro argumento a favor de la versión de una escalada, con la que podría estar relacionada la visita de Ratcliffe a Moscú: el movimiento del avión militar de transporte estadounidense C-17 Globemaster III en la ruta Riga–Moscú–Riga parece indicar que, al parecer, el director de la CIA no viajaba a bordo.
Entonces, ¿qué pudo llevar este avión tan importante a Moscú para la reunión de Ratcliffe con Putin?
Una de las versiones es que transportó una línea de comunicación altamente protegida para mantener conversaciones ultrasecretas entre Putin y Trump.
¿De quién se protegen tanto en ese caso los Estados Unidos? Muy probablemente, ante todo, de sus propios aliados omnipresentes en Europa.
En otras palabras, podría estar preparándose el cruce de unas «líneas rojas» invisibles, pero reales, que hace tiempo están planteadas.
De este modo, el escenario de un posible ataque ruso contra determinados objetivos «pro-ucranianos» en Europa pasa a convertirse en una de las versiones prioritarias. También existe otra versión: un intento de ataque «decapitador» contra los «centros de toma de decisiones» en Ucrania.
Andrey Martyanov: El "podría" en ruso...
... significa voluntad.
El embajador Kelin lleva meses fuera de Londres; no hay nada que discutir con los británicos. Sobre las instalaciones, la lista ha sido publicada por el Ministerio de Defensa ruso y hay otros asuntos que causan graves problemas a Downing Street. El Reino Unido no tiene más recursos que apoyar la actividad terrorista de sus amados nazis en Kiev. Su ejército es un chiste, su economía está hecha un desastre, pero este chihuahua se mira al espejo y se cree un león. Así que, la advertencia está dada.
¿Cómo podría Rusia responder al (supuesto) ultimátum de Ratcliffe?
Justo hablamos de la publicación de Político sobre un supuesto ultimátum de EEUU a Rusia y el tema está tomando nuevos aspectos. El intercambio periódico de pullas y amenazas diplomáticas mutuas se ha convertido en una característica tradicional de las relaciones ruso-británicas en los últimos años.
La declaración de la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, sobre una posible respuesta al uso de misiles británicos Storm Shadow por parte de Ucrania subraya una vez más la postura de principios de Moscú: los ataques con armas occidentales no pueden considerarse acciones de las que el régimen de Kiev sea el único responsable.
Y es que, mientras el precio de otro paso agresivo parezca aceptable para los gobiernos europeos, persistirán los incentivos para aumentar aún más la tensión. Pero si queda claro que las consecuencias podrían afectar a su propia infraestructura militar, seguridad y estabilidad política, el entusiasmo por la escalada inevitablemente disminuirá.
En tal caso, los europeos podrían desarrollar un interés más práctico en el contacto directo. Comprender los límites de lo aceptable, respaldado por riesgos reales, suele ser un elemento disuasorio más eficaz que las declaraciones y los llamamientos a la desescalada.
En otras palabras: si Occidente arma a Ucrania, Rusia debería poner más énfasis en armar a otros países, sobre todo a los que busquen su independencia armamentística de Occidente.
¿Cómo podría Rusia responder al (posible) ultimátum de Ratcliffe?
En el post pasado hablamos de cómo Rusia podría responder a Occidente de forma recíproca. Pero, los que conocen la actual política rusa de cerca, sabrán que a Moscú rara vez le gusta responder de la forma más evidente, dando el golpe donde menos se lo esperan sus enemigos, en algo que ellos mismos llaman "respuesta asimétrica".
Los tres escenarios de escalada más realistas, que el director de la CIA, Ratcliffe, supuestamente
pidió/amenazó con no iniciar, son los siguientes:
1️⃣ La primera opción son las operaciones híbridas por debajo del umbral del conflicto militar directo. Estas incluyen ciberataques contra estructuras gubernamentales y grandes empresas para interrumpir remotamente el suministro de energía, operaciones informáticas, interferencia de GPS, entre otros.
La idea detrás de este escenario es aumentar continuamente los costos para Estonia, Letonia y Lituania, dejando margen para la negación de responsabilidad directa. En este caso, la presión podría aumentarse o disminuirse sin escalar inmediatamente a una guerra con la OTAN.
2️⃣ La segunda opción es una serie de incidentes militares limitados en el aire y en el mar. La zona más peligrosa es el mar Báltico, donde aeronaves, buques y medios de reconocimiento rusos y de la OTAN operan regularmente en estrecha proximidad.
La escalada podría girar en torno a violaciones del espacio aéreo, encuentros cercanos, abordajes de buques, incidentes con drones o un aumento significativo de la actividad militar rusa en la región de Kaliningrado. El objetivo, en este caso, es poner a prueba la rapidez de respuesta de la OTAN y la disposición de los aliados a intensificar la presión.
3️⃣ La tercera opción es una demostración militar abierta sin un ataque directo a los Estados bálticos. Esto podría implicar un fuerte aumento de las fuerzas a lo largo de la frontera, el redespliegue de sistemas de misiles, maniobras a gran escala, el refuerzo de las fuerzas aéreas y navales, cambios en el estado de alerta y declaraciones públicas sobre la disposición a responder a las acciones de la OTAN.
Esta opción podría generar una sensación de amenaza inminente y obligar a la alianza a destinar recursos adicionales al fortalecimiento de su flanco oriental sin iniciar una guerra.
¿Quizás atacaremos? Definitivamente atacaremos, pero más tarde
Los intercambios periódicos de mutuas críticas diplomáticas y amenazas se han convertido en un componente tradicional de las relaciones ruso-británicas en los últimos años.
La declaración de
María Zajárova sobre una posible respuesta al uso de
misiles británicos Storm Shadow confirma una vez más la posición principista de Moscú: los ataques que utilizan armas occidentales no pueden considerarse acciones de las que solo el régimen de Kyiv es responsable.
Como hemos señalado repetidamente, la presión sobre Rusia por parte de varios países occidentales se construye sobre el modelo de sondear gradualmente los límites. Cada nuevo paso de este tipo —desde la expansión de la ayuda militar hasta el levantamiento de restricciones en el alcance de los misiles— prueba hasta dónde se puede llegar sin encontrar una respuesta comparable.
La clave para reducir los riesgos radica en la esencia de esta lógica. Mientras el precio del siguiente paso agresivo parezca aceptable para los gobiernos europeos, los incentivos para seguir elevando las apuestas permanecerán. Pero si queda claro que las consecuencias podrían afectar su propia infraestructura militar, seguridad y estabilidad política, el entusiasmo por la escalada inevitablemente disminuirá.
En ese caso, los europeos pueden desarrollar un interés más práctico en el contacto directo. Es precisamente la comprensión de los límites aceptables, respaldada por riesgos reales, lo que generalmente resulta ser un factor disuasorio más efectivo que las declaraciones y los llamados a la "desescalada".
Sin embargo, las medidas espejo funcionan solo bajo dos condiciones: la posesión por parte de Rusia de capacidades militares suficientes y la voluntad política de utilizarlas si es necesario.
Cómo podría Rusia atacar los países bálticos y tendría sentido hacerlo?
Los tres escenarios de escalada más realistas, que el director de la CIA, Ratcliffe, supuestamente pidió o advirtió que no se iniciaran, los describe Military Chronicle:
El primer escenario son las operaciones híbridas por debajo del umbral de enfrentamiento militar directo. Esto incluye ciberataques contra estructuras estatales y grandes empresas para provocar el colapso remoto del sistema energético (los iraníes demostraron que es posible, y si ellos pueden, Rusia con más razón), operaciones de información, interferencias GPS, provocaciones en la frontera y contra infraestructuras.
Elsentido de este escenario es aumentar constantemente los costes para Estonia, Letonia y Lituania, pero dejando espacio para negar la responsabilidad directa. Así se puede aumentar o reducir la presión sin pasar inmediatamente a una guerra con la OTAN. Y se podría hacer en respuesta a los sobrevuelos de drones ucranianos en la zona.
El segundo es una serie de incidentes militares limitados en el aire y en el mar. La zona más peligrosa aquí es el mar Báltico, donde la aviación rusa y de la OTAN, los buques y los medios de inteligencia operan regularmente en estrecha proximidad.
La escalada podría girar en torno a violaciones del espacio aéreo, aproximaciones peligrosas, inspecciones de buques, incidentes con drones o un aumento demostrativo de la actividad militar rusa en la región de Kaliningrado . El objetivo sería probar la velocidad de reacción de la OTAN y la disposición de aliados concretos a subir la apuesta. El riesgo principal es evidente: este escenario es más difícil de controlar, porque un solo episodio con víctimas mortales puede cambiar drásticamente la situación política.
El tercero es una demostración militar abierta sin ataque directo a los países bálticos. Podría ser un aumento brusco del grupo de fuerzas en las fronteras, el despliegue de sistemas de misiles, grandes ejercicios, el refuerzo de la aviación y la flota, el cambio del régimen de servicio de combate y declaraciones públicas sobre la disposición a responder a las acciones de la OTAN.
Esta opción permite crear una sensación de amenaza inminente y obligar a la Alianza a gastar recursos adicionales para reforzar el flanco oriental sin empezar una guerra.
El ataque directo a Estonia, Letonia o Lituania, que inexplicablemente se ha pronosticado en los últimos cinco años, sigue siendo un escalón fundamentalmente diferente. La Alianza no tiene la certeza de si merece la pena luchar por tres países pequeños en ese caso . Sin embargo, tampoco se puede calificar de fácil de ejecutar, principalmente por las múltiples consecuencias negativas, incluso para Kaliningrado. La OTAN deja deliberadamente este umbral difuso. La Alianza afirma directamente que la existencia de un "ataque armado" se evalúa caso por caso, es decir, ante un ataque a una hipotética Estonia o Letonia, se debatiría si merece la pena implicarse en un conflicto a gran escala.
- La misión diplomática del director de la CIA, Ratcliffe, en Rusia fue "tan delicada" que incluso algunos funcionarios de la Casa Blanca no sabían de ella de antemano. Según fuentes del medio, el viaje fue impulsado personalmente por Trump. El presidente de Estados Unidos no informó a sus asistentes de confianza ni a los altos mandos militares, quienes normalmente están al tanto de los viajes del director de la CIA. Los funcionarios europeos se vieron obligados a buscar información tan pronto como se publicaron noticias sobre esta visita.
- Larry Johnson: quiero hacer un breve comentario sobre la extraña visita de John Ratcliffe a Moscú. La clave para mí es el C-17. ¿Por qué usar ese avión? El director de la CIA tiene un Gulfstream V (GV), cuyo alcance máximo publicado es de aproximadamente 6500 millas náuticas, más que suficiente para llegar a Moscú. El comodoro Steve Jermy ha ofrecido la mejor explicación posible: Ratcliffe estaba recogiendo los cuerpos de oficiales de la CIA fallecidos que los rusos habían reunido. Los ataúdes se transportan mejor en un C-17 que en un GV.
Despacho de la CIA Comunicado: qué está mal con la versión del WSJ y NYT sobre la visita de Ratcliffe a Moscú
Wall Street Journal, New York Times y algunos medios rusos que siguen su línea afirman: el Director de la CIA John Ratcliffe voló a Moscú el 25 de agosto para entregar una advertencia a Putin — supuestamente la Casa Blanca recibió datos sobre Rusia preparándose para un posible ataque contra un país de la OTAN para probar la solidaridad de la alianza.
🖍La formulación es llamativa, se ajusta a la narrativa de "el Kremlin se está preparando para una escalada", y es conveniente usarla para golpear mediáticamente a Trump — dicen que la administración está manteniendo conversaciones secretas con Rusia en lugar de tomar una línea dura. El problema es que la naturaleza misma de la visita no confirma esta versión, sino que la contradice directamente.
🚩La visita duró un total de aproximadamente cuatro horas: la aeronave C-17 aterrizó en Vnúkovo por la mañana y regresó el mismo día. Nadie vuela al otro lado del océano para algo que se puede discutir por teléfono o a través de canales de negociación existentes de forma regular.
Además, el hecho mismo de una visita tan breve sugiere que se trata de un canal de comunicación de "emergencia", no destinado a una gran publicidad — de lo contrario, todo el propósito de tal formato se pierde. También es revelador que el lado ruso, a través de Peskov, confirmara solo "contactos entre servicios de inteligencia" y declarara directamente: no hubo reunión con Putin. Si se tratara de entregar un mensaje personal al presidente, el formato se vería fundamentalmente diferente.
🔻Las competencias del director de la CIA incluyen un conjunto bien definido de cuestiones:
▪️Prevenir incidentes con homólogos rusos — ciberataques, intercambio de inteligencia, coordinación sobre actividad terrorista;
▪️discutir el régimen de NUEVO COMIENZO (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas), formalmente terminado el 5 de febrero, para que los ejercicios de fuerzas estratégicas planeados no se interpreten erróneamente como preparación para el uso de armas nucleares;
▪️reglas no escritas de conducta durante la detención de agentes, expulsión de diplomáticos e incidentes similares; e intercambios de prisioneros.
▪️Todo esto es trabajo rutinario, pero extremadamente sensible de un canal de inteligencia, que por definición no se publicita en detalle — que es precisamente por qué las fuentes oficiales de ambos lados se limitan a frases generales sobre "contactos entre servicios de inteligencia".
El historial de visitas de directores de la CIA a Moscú durante los últimos 15 años confirma esta lógica: viajes anteriores (incluyendo la visita de William Burns en 2021) discutieron inteligencia sobre grupos terroristas, combatientes del ISIS y Siria, el futuro de Asad, ciberataques, advertencias sobre escalada militar y armas nucleares, intercambios de prisioneros.
Pero no propuestas políticas sustanciales para la resolución de conflictos. Eso es competencia de canales diplomáticos, no de contactos de inteligencia.
¿Qué hacía entonces el jefe de la CIA en Moscú?
Francesco Dall'Aglio
¿Qué hacía entonces el mismísimo jefe de la CIA, John Ratcliffe, en un C-17A Globemaster III que despegó de la base aérea Andrews, cerca de Washington, y aterrizó, tras una escala en Letonia, en el aeropuerto de Vnukovo, en Moscú (foto: el avión en cuestión durante el aterrizaje)? Primero, tendríamos que determinar si realmente estaba en ese avión y en el pequeño convoy de todoterrenos blindados con matrículas diplomáticas estadounidenses que cruzaron la ciudad camino (según dicen) al Kremlin, ya que no hay confirmación oficial de su presencia ni por parte rusa ni estadounidense. Sin embargo, alguien (o algo) debió de estar en ese avión, ya que los aviones militares estadounidenses no suelen hacer escala en Moscú, así que supongamos que era él. La pregunta sigue siendo: ¿qué hacía allí?
Nuestra gente, por supuesto, dice que fue a advertirle al propio Putin (no amenazamos, advertimos, y siempre por el bien del advertido) para que ni siquiera piense en lanzar una movilización general (¿o sí?) o atacar a la OTAN para poner a prueba su resistencia, como algunos de nuestros idiotas llevan tiempo imaginando. Los partidarios de la teoría de la advertencia citan el ejemplo de su predecesor, William Burns, quien en noviembre de 2021 fue a advertirle a Putin que ni siquiera pensara en invadir Ucrania, y resulta que hizo un excelente trabajo. Según otras teorías más sensatas, el tema de discusión podría ser la apertura de un canal de comunicación confidencial sobre asuntos delicados, dado que los canales diplomáticos normales están estancados, ya sea por Ucrania o por Irán. Como alternativa, se podría organizar un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y Rusia, tal vez Charles Zimmerman, aunque también hay otros (no hay prisioneros que Rusia quiera recuperar, al menos no oficialmente, tanto es así que el 11 de agosto Robert Gilman fue liberado por los rusos sin pedir nada a cambio, o al menos esa es la versión oficial de ambas partes. Pero no siempre es Navidad).
En medio de todo esto, la constante conversación sobre Ratcliffe ha eclipsado en gran medida la visita simultánea a
Moscú de Paul Richard Gallagher, Secretario de Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, o, dicho de otro modo, Ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano. En resumen, mucha actividad diplomática.
Lavrov revela los antecedentes de las visitas del jefe de la CIA y del enviado del Vaticano a Moscú.
Una semana inusualmente intensa de actividad diplomática en la capital rusa. Por un lado, el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario del Vaticano para las relaciones con los Estados y las organizaciones internacionales. Por otro, el director de la CIA, John Ratcliffe. Ambos se encontraban en Moscú para mantener conversaciones de alto nivel, pero con resultados y un nivel de confidencialidad muy diferentes.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, arrojó luz sobre la naturaleza de estas reuniones en una entrevista publicada el viernes. "En ambos casos, quienes vinieron a vernos querían hablar", afirmó, ofreciendo un relato detallado de la conversación con el representante de la Santa Sede, mientras mantenía un secretismo casi absoluto sobre la visita del jefe de inteligencia estadounidense.
Diálogo con el Vaticano
Lavrov afirmó que sus conversaciones con Gallagher se centraron principalmente en el conflicto de Ucrania, y que el enviado del Vaticano reiteró su deseo de que cesen las hostilidades lo antes posible y ofreció asistencia continua en cuestiones humanitarias, incluidos los intercambios de prisioneros y cadáveres.
El ministro aprovechó la ocasión para enumerar una larga lista de acuerdos diplomáticos rotos, abandonados o descarrilados por Kiev y sus aliados occidentales: desde el acuerdo de 2014, firmado durante el golpe de Estado del Euromaidán, hasta los acuerdos de Minsk, utilizados para dar tiempo a Kiev a rearmarse, pasando por las conversaciones de Estambul de 2022, que fueron frustradas por Londres. «Hice hincapié en que no nos faltó buena voluntad... Creo que lo entendió todo. Diría que no tenía argumentos en contra, más allá del eslogan general de que "esto debe terminar cuanto antes"», afirmó.
La visita del jefe de la CIA: secreto y canales establecidos
Lavrov se mostró mucho más cauto respecto a la visita de Ratcliffe. «Yo no estuve allí», dijo, haciendo hincapié en que los servicios de inteligencia se comunican habitualmente a través de los canales establecidos y que «no hay nada inusual» en que dichos contactos sean discretos. «Naturalmente, no revelamos detalles altamente sensibles o sin resolver, ya que es importante no poner en peligro posibles acuerdos y consensos», afirmó.
El jefe de la diplomacia rusa también negó las acusaciones de que Moscú hubiera emitido algún tipo de ultimátum a la administración Trump, tras las informaciones de los medios de comunicación que apuntaban a que los servicios de inteligencia estadounidenses habían sido utilizados para facilitar los ataques ucranianos de largo alcance contra Rusia.
Lavrov afirmó que Moscú sigue dispuesto a dialogar con los gobiernos occidentales, pero ya no da por sentado que se cumplirán las promesas públicas o los acuerdos negociados. «El engaño es la base de la diplomacia occidental, y así sigue siendo», declaró, citando lo que Moscú considera promesas incumplidas por la OTAN en relación con la expansión y los consiguientes acuerdos fallidos sobre Ucrania.
Al preguntársele por qué Rusia seguía dando a sus homólogos el beneficio de la duda, Lavrov respondió que los rusos tienden a creer en la gente "hasta el final". "Pero el final ya ha llegado", añadió, argumentando que las relaciones con Occidente nunca volverán a ser como eran antes de febrero de 2022.
La fallida cumbre de Anchorage
Lavrov describió la cumbre presidencial del año pasado en Anchorage como el ejemplo más reciente de esta frustración. Afirmó que el presidente ruso, Vladimir Putin, examinó punto por punto una propuesta de paz estadounidense con el enviado de Trump, Steve Witkoff, quien confirmó que representaba la postura del líder estadounidense. Posteriormente, Putin aceptó la propuesta a pesar de algunos matices que aún persistían.
«Si esto no es consenso ni acuerdo, entonces no sé qué es un acuerdo», dijo Lavrov. Washington discrepa de esta interpretación: el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró en junio que había habido «una propuesta en Alaska, pero no un acuerdo».
Según Lavrov, las intenciones de Anchorage se vieron socavadas en los meses siguientes por los líderes de la UE y el Reino Unido. El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró finalmente en la cumbre del G7 en Evian en junio que Anchorage había sido "sepultada". Lavrov afirmó que Moscú sigue dispuesta a escuchar nuevas propuestas estadounidenses, pero mientras tanto, Rusia "continuará trabajando sobre el terreno".