Seguridad

De Minab a Kuhestak: maquinaria bélica de EEUU y sus crímenes contra el pueblo iraní

Administrator | Martes 08 de septiembre de 2026
Mohammad Lotfi
La guerra suele describirse con el lenguaje de los objetivos militares, los blancos estratégicos y las armas de precisión. Pero, para los civiles, la experiencia de la guerra es muy diferente.
En Irán, ese contraste se ha vuelto dolorosamente evidente durante los últimos seis meses, desde que la alianza bélico-militar entre Estados Unidos e Israel lanzó una agresión militar total y completamente ilegal contra el pueblo iraní.
El 28 de febrero, una escuela primaria de Minab, una pequeña y apacible ciudad de la provincia meridional iraní de Hormozgán, se convirtió en escenario de una de las tragedias más devastadoras de los 40 días de guerra.
Meses después, en la noche del 1 de septiembre, una reunión nupcial en Kuhestak, en el condado de Sirik, también en Hormozgán, fue atacada en medio de los continuos bombardeos estadounidenses contra objetivos civiles en el sur de Irán.
Uno era un lugar donde los niños se habían reunido para aprender; el otro, un espacio donde las familias se habían congregado para celebrar un matrimonio. Ninguno de los dos debía convertirse en un campo de batalla, pero el desquiciado enemigo no conoce reglas ni muestra respeto alguno por el derecho y las convenciones internacionales.
La masacre de Minab y la carnicería de Kuhestak están separadas por varios meses y ocurrieron en circunstancias muy diferentes, pero ambas fueron resultado de ataques deliberados. Las dos plantean una pregunta común y profundamente inquietante: ¿qué ocurre cuando la agresión militar alcanza repetidamente espacios ocupados por civiles y cómo se puede exigir responsabilidades a los perpetradores?
El 28 de febrero, la escuela Shayare Tayebe de Minab fue atacada el primer día de la guerra impuesta al pueblo iraní. Más de 160 niños murieron, la mayoría de ellos pequeños niños y niñas, y los informes internacionales documentaron la enorme magnitud de la destrucción.
La imagen que permanece grabada en la memoria es difícil de borrar: niños que habían ido a la escuela se convirtieron en víctimas de una guerra impuesta contra ellos y sus compatriotas.
Luego llegó Kuhestak. Las familias se habían reunido para una ceremonia de boda cuando se desató el infierno. En el dialecto local del sur, la ceremonia se conoce como “Heysh”. Era una reunión que no tenía absolutamente nada que ver con la guerra. Las mujeres habían acudido a la celebración, los familiares se habían congregado, había niños presentes y una joven pareja comenzaba un nuevo capítulo de su vida.
Había ropa nueva, fotografías, comida, risas y la emoción cotidiana que rodea cualquier boda en cualquier parte del mundo.
Un ataque con misiles estadounidenses lanzó metralla contra el edificio residencial donde se celebraba la boda, dejando al menos cinco muertos y cerca de 70 heridos. Entre las víctimas mortales había un niño cuya fotografía, compartida en internet, conmovió y rompió el corazón de muchos. Estados Unidos afirmó que sus ataques estaban dirigidos contra objetivos militares y se negó a reconocer el costo civil de su aventura.
En tiempos de guerra existe una tendencia a reducir las muertes de civiles a cifras que pueden absorberse dentro de las estadísticas generales del conflicto. Cinco personas murieron y casi setenta resultaron heridas.
Estas estadísticas pueden ocultar la realidad humana que se esconde detrás de ellas. Cinco personas significan cinco familias cuyas vidas cambiaron en cuestión de segundos, mientras que otras cargarán con las consecuencias físicas y psicológicas durante el resto de sus vidas, mucho después de que los titulares desaparezcan.
Las fotografías de la escena muestran sandalias pertenecientes a personas que habían acudido a la celebración. Eran civiles comunes, con familias y sueños. Según algunos informes, varios se vieron obligados a huir descalzos tras el ataque. Ese detalle, por pequeño que pueda parecer, refleja la súbita transformación de una velada ordinaria en un caos inimaginable.
Por eso, la historia de Kuhestak no puede separarse por completo de la historia de Minab. Una escuela y una boda figuran entre los espacios civiles más comunes que se puedan imaginar. Son lugares donde la sociedad se reproduce, donde los niños aprenden, donde las familias se reúnen, donde las comunidades mantienen sus tradiciones y donde las personas intentan preservar cierta sensación de normalidad, incluso mientras una guerra impuesta contra su tierra se libra a su alrededor.
Cuando esos espacios son atacados, el daño va mucho más allá de la destrucción física de un edificio. Se destruye la certeza de que existen lugares donde la vida civil puede continuar sin sufrir daño. Un enemigo tan perverso como Estados Unidos no conoce líneas rojas.
Estados Unidos ha pasado décadas librando guerras devastadoras en las que las víctimas civiles han planteado repetidamente interrogantes sobre la selección de objetivos, la inteligencia, la proporcionalidad y la rendición de cuentas. Afganistán ofrece algunos de los ejemplos más claros y dolorosos.
En julio de 2002, un ataque aéreo estadounidense en Uruzgan alcanzó una zona donde se celebraba una boda. Al menos 48 civiles murieron y otros 117 resultaron heridos. Seis años después, en julio de 2008, un ataque aéreo estadounidense en Haska Meyna, Nangarhar, mató a 47 civiles. Treinta y nueve de los fallecidos eran mujeres y niños, y la novia se encontraba entre las víctimas mortales. En mayo de 2004, un ataque estadounidense contra una reunión nupcial en Mukaradeeb, cerca de la frontera siria, dejó más de 40 muertos.
Algo puede ocurrir accidentalmente una vez, pero no de forma repetida. Hay un método en esta locura al que los estadounidenses se han acostumbrado y por el que siempre salen impunes.
Según los informes, los restos recuperados tras el ataque contra Kuhestak fueron identificados como componentes asociados con el misil SLAM-ER. Boeing, fabricante de esta arma, describe el SLAM-ER como el misil guiado de precisión más exacto del arsenal estadounidense. Si este armamento es tan avanzado y preciso, ¿cómo terminó atacando un salón de bodas? ¿Qué precauciones se tomaron? ¿Se detectó la presencia de civiles?
Son preguntas relacionadas con la responsabilidad militar y el derecho internacional. La tecnología de precisión no elimina la responsabilidad humana. De hecho, cuanto más sofisticadas sean las armas y las capacidades de vigilancia de un ejército, mayor debería ser la expectativa de que sus comandantes sean capaces de distinguir entre objetivos militares y objetivos civiles.
En Minab, los niños fueron a la escuela. En Kuhestak, las familias acudieron a una boda. Ambos lugares fueron bombardeados con las armas militares estadounidenses más sofisticadas. El mundo ha escuchado durante años numerosas explicaciones y justificaciones de la maquinaria bélica estadounidense por la muerte de civiles.
No se debe permitir que los asesinos se alejen impunemente de este horrendo crimen contra la humanidad.
Y si hay una lección que la larga historia de las guerras estadounidenses en Afganistán, Irak y ahora Irán debería habernos enseñado, es que la vida civil no puede ser tratada como un margen de error aceptable. Las leyes de la guerra existen precisamente porque la guerra es destructiva, porque la información de inteligencia es imperfecta y porque las armas poderosas pueden causar daños irreversibles en cuestión de segundos.
La casa que había estado llena de personas celebrando el nuevo comienzo de una joven pareja se convirtió en una escena de muerte y destrucción. Y por eso la dolorosa historia de Kuhestak no debe permitirse desaparecer en otro informe sobre víctimas. El asesino debe pagar por ello.
* Mohammad Lotfi es escritor e investigador residente en Teherán.
  • Ebrahim Azizi, jefe de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní: Atacar una boda y masacrar a civiles inocentes en Kuhestak, Irán, es la prueba definitiva de la desesperación absoluta de los falsos defensores de los derechos humanos, una repetición de sus atrocidades en Minab y Lamerd. No se equivoquen: estos crímenes no quedarán impunes. Nada los protegerá de la determinación implacable de las Fuerzas Armadas de Irán.
  • El Presidente del Parlamento iraní, Ghalibaf, contra la Coalición Epstein: "Escuela de Minab: niños masacrados. Gimnasio deportivo de Lamerd: niños asesinados. Boda en Kouhestak: niños asesinados junto con sus familias. Si un poder actúa como Satán, elige objetivos como Satán y mata como Satán, entonces es Satán. ¿Protege a un pequeño Satán que hace lo mismo? Entonces es el Gran Satán".

73 muertos y heridos en una boda en Irán, EEUU como siempre esconde la mano

MOHAMMAD REZA GILANI

Lo que debía ser una celebración de alegría terminó bajo una lluvia de misiles. Cinco personas fueron asesinadas, entre ellos al menos un menor, y otras 68 resultaron heridas

Las imágenes de las cámaras de seguridad y el análisis de los restos del armamento usado han puesto el foco sobre misiles utilizados por las fuerzas armadas de Estados Unidos, mientras Washington sostiene que “nunca ataca deliberadamente a civiles”.

El portavoz del Comando Central de EE.UU. (Centcom, el capitán de navío Tim Hawkins, declaró estar al tanto de los reportes sobre el incidente, pero no confirmó que Estados Unidos hubiera atacado la celebración. Su posición fue categórica: “el ejército estadounidense nunca ataca deliberadamente a civiles”.

Esto, mientras una investigación de la BBC determinó que no había instalaciones militares en las inmediaciones del lugar de ataque. Además, según un análisis visual realizado por The New York Times, la bomba que impactó en la zona residencial era estadounidense.

Lo ocurrido en Kuhestak, una localidad del condado de Sirik (en el sur de Irán) no es el primer episodio de una serie de crímenes en la que la naturaleza del objetivo alcanzado ha quedado bajo escrutinio.

El 28 de febrero de 2026, durante el primer día de la agresión estadounidense-israelí contra Irán, un ataque alcanzó la zona de la escuela primaria Shayare Tayebe, en la ciudad de Minab, también en la misma provincia sureña de Hormozgán. El ataque dejó 168 asesinados, todos ellos fueron niños y personal escolar.

En las primeras declaraciones posteriores al ataque, el presidente estadounidense, Donald Trump, responsabilizó a Irán, asegurando que, en su opinión, el impacto había sido causado por un misil iraní. Sin embargo, no presentó evidencias que respaldaran esa afirmación.

Trump, varios meses después, puso en duda las imágenes que comenzaron a circular sobre el uso de armamento estadounidense. Llegó a sugerir que esos videos podían ser falsos o incluso estar generados mediante inteligencia artificial.

Pero las imágenes no fueron la única evidencia examinada.

Una investigación de The New York Times analizó imágenes satelitales y material audiovisual geolocalizado y concluyó que los ataques de precisión habían alcanzado la escuela y zonas adyacentes, donde no existía instalaciones pertenecientes al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Un video verificado por el periódico muestra lo que expertos en armamento identificaron como un misil de crucero Tomahawk impactando en las inmediaciones de la escuela.

El análisis de expertos en armamento citado por The Washington Post también señaló que las características del misil observado en las imágenes eran compatibles con un Tomahawk, un arma utilizada por las fuerzas estadounidenses.

Posteriormente, una investigación de Reuters encontró evidencia adicional sobre el carácter civil de la escuela: imágenes satelitales y registros públicos mostraban que el centro educativo llevaba años funcionando en el lugar y que su condición de escuela era visible mucho antes del ataque. Reuters también informó que el ataque contra la zona se produjo durante una operación estadounidense contra objetivos militares situados junto al centro educativo.

La cuestión adquirió todavía mayor relevancia porque el argumento de que Irán habría utilizado un Tomahawk como el responsable del impacto fue cuestionado por especialistas: no existe evidencia pública de que Irán disponga de misiles Tomahawk, mientras que Estados Unidos es el único participante del conflicto conocido por emplear este sistema.

Meses después, Trump modificó su postura. En junio afirmó que quizá nunca pudiera determinarse con certeza quién fue responsable del ataque contra la escuela y sostuvo que no había visto pruebas definitivas que demostraran la responsabilidad estadounidense.

Así, la historia de Minab quedó atrapada entre dos versiones: una acusación inicial contra Irán sin evidencias presentadas públicamente y una creciente cantidad de imágenes, análisis de armamento y estudios satelitales que apuntaban hacia la participación estadounidense.

Y ahora, apenas unos meses después, otra tragedia vuelve a ocurrir en la misma provincia. Esta vez, no en una escuela… en una boda que debía ser una celebración de alegría y como siempre el que lanza piedra esconde la mano.

AP muestra destrucción y dolor tras ataque de EEUU a boda en Irán

La agencia de noticias Associated Press ha difundido imágenes que muestran la destrucción y el dolor tras el ataque de EE.UU. contra una ceremonia de boda en el sur de Irán.

Tras el ataque perpetrado por Estados Unidos contra una ceremonia de boda en el puerto de Kuhestak, en el condado de Sirik, la noche del martes 1 de septiembre, cinco personas, entre ellas un niño, fueron asesinadas y otras 50 resultaron heridas.

Soldados de EEUU admiten órdenes para atacar objetivos civiles en Irán

Soldados estadounidenses admitieron haber recibido órdenes del Pentágono para bombardear infraestructuras civiles en Irán, según la cadena MS NOW.

La cadena MS NOW habló recientemente con cinco soldados estadounidenses que quieren abandonar el ejército porque lo que vieron en los últimos meses tras la guerra contra Irán puso en tela de juicio sus creencias morales, indicando que “se les está pidiendo que violen el derecho internacional”.

Uno de los militares entrevistados indicó que el ejército estadounidense atacó infraestructura civil, incluidos puentes, expresando que está preocupado porque los puentes en Irán “no eran objetivos militares que el ejército hubiera destruido”.

Señaló que estas ofensivas “violan el derecho internacional humanitario tal como se define en los Convenios de Ginebra”.

“Me di cuenta de que no hay manera de interpretar las leyes internacionales como que está permitido atacar puentes civiles, pero en realidad, si el presidente quiere volar puentes, los abogados encontrarán la forma de decir que está bien hacerlo, y nadie, en ningún nivel de la cadena de mando, se detiene a decir que no”, dijo el militar.

Otro militar aseveró que los líderes del Pentágono no hicieron lo suficiente para evitar bajas civiles en los ataques aéreos dentro de Irán.

La cadena indicó que, seis meses después del inicio de la guerra, aumentó el número de soldados que abandonaron el ejército por remordimiento, debido al incremento de víctimas civiles.

Un militar señaló que sentía que “nada de lo que haga en el ejército contribuirá a ningún bien real para el mundo”.

Muchos de los miembros del servicio militar con los que habló MS NOW también dijeron sentirse marginados y frustrados por las cambiantes justificaciones públicas de la acción militar. Un militar reiteró que “el liderazgo actual es muy impredecible”.

Masacre en la escuela de Minab

Según la cadena, el bombardeo de la escuela en Minab en febrero, y la muerte de civiles en ese ataque, influyeron en un profundo cambio de postura de varios soldados respecto a la guerra.

Uno de ellos declaró que la guerra “fue una conmoción total para la mayoría de la gente del país y para los militares”.

“La continuación de esta guerra, aparentemente sin una razón lógica, sin una salida real, sin un objetivo final claro y casi con la imposibilidad de un final, obviamente, creo, pesa mucho sobre las personas que se ven obligadas a participar en ella”, expresó un militar.

Mike Prysner, quien dirige una línea telefónica de ayuda para que los militares se declaren objetores de conciencia en el Centro para la Conciencia y la Guerra, afirmó que su grupo ha visto un aumento de seis veces en las solicitudes desde el inicio de la guerra contra Irán el 28 de febrero, y agregó que la tasa actual es la más alta de los últimos 25 años. En un año normal, Prysner indicó que el Centro trabaja con alrededor de 50 objetores de conciencia, pero la organización ya ha recibido cerca de 140 solicitantes desde el comienzo de la guerra con Irán.

“La guerra de Irán fue realmente el punto de inflexión para ellos, cuando se dieron cuenta de que tenían que tomar medidas para asegurarse de no participar en algo de lo que se arrepentirían el resto de sus vidas”, dijo Prysner.

El martes por la noche, EE.UU. bombardeó un edificio residencial donde se celebraba una boda en Kuhestak, matando al menos a cinco personas, incluido un niño, además de dejar otros 68 heridos.

El ataque ha reavivado los dolorosos recuerdos de la brutalidad perpetrada contra objetivos civiles durante la última ronda de agresiones estadounidense-israelíes contra Irán, desarrollada entre el 28 de febrero y el 7 de abril.

El 28 de febrero, el primer día de la guerra de agresión conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, un ataque impactó contra una escuela primaria de niñas en Minab, sur de Irán, dejando 168 estudiantes y profesores muertos. Evidencia de investigaciones subsecuentes señala a un misil Tomahawk estadounidense como el arma usada durante el ataque.

De Minab a Kuhestak: maquinaria bélica de EEUU y sus crímenes contra el pueblo iraní

Mohammad Lotfi

La guerra suele describirse con el lenguaje de los objetivos militares, los blancos estratégicos y las armas de precisión. Pero, para los civiles, la experiencia de la guerra es muy diferente.

En Irán, ese contraste se ha vuelto dolorosamente evidente durante los últimos seis meses, desde que la alianza bélico-militar entre Estados Unidos e Israel lanzó una agresión militar total y completamente ilegal contra el pueblo iraní.

El 28 de febrero, una escuela primaria de Minab, una pequeña y apacible ciudad de la provincia meridional iraní de Hormozgán, se convirtió en escenario de una de las tragedias más devastadoras de los 40 días de guerra.

Meses después, en la noche del 1 de septiembre, una reunión nupcial en Kuhestak, en el condado de Sirik, también en Hormozgán, fue atacada en medio de los continuos bombardeos estadounidenses contra objetivos civiles en el sur de Irán.

Uno era un lugar donde los niños se habían reunido para aprender; el otro, un espacio donde las familias se habían congregado para celebrar un matrimonio. Ninguno de los dos debía convertirse en un campo de batalla, pero el desquiciado enemigo no conoce reglas ni muestra respeto alguno por el derecho y las convenciones internacionales.

La masacre de Minab y la carnicería de Kuhestak están separadas por varios meses y ocurrieron en circunstancias muy diferentes, pero ambas fueron resultado de ataques deliberados. Las dos plantean una pregunta común y profundamente inquietante: ¿qué ocurre cuando la agresión militar alcanza repetidamente espacios ocupados por civiles y cómo se puede exigir responsabilidades a los perpetradores?

El 28 de febrero, la escuela Shayare Tayebe de Minab fue atacada el primer día de la guerra impuesta al pueblo iraní. Más de 160 niños murieron, la mayoría de ellos pequeños niños y niñas, y los informes internacionales documentaron la enorme magnitud de la destrucción.

La imagen que permanece grabada en la memoria es difícil de borrar: niños que habían ido a la escuela se convirtieron en víctimas de una guerra impuesta contra ellos y sus compatriotas.

Luego llegó Kuhestak. Las familias se habían reunido para una ceremonia de boda cuando se desató el infierno. En el dialecto local del sur, la ceremonia se conoce como “Heysh”. Era una reunión que no tenía absolutamente nada que ver con la guerra. Las mujeres habían acudido a la celebración, los familiares se habían congregado, había niños presentes y una joven pareja comenzaba un nuevo capítulo de su vida.

Había ropa nueva, fotografías, comida, risas y la emoción cotidiana que rodea cualquier boda en cualquier parte del mundo.

Un ataque con misiles estadounidenses lanzó metralla contra el edificio residencial donde se celebraba la boda, dejando al menos cinco muertos y cerca de 70 heridos. Entre las víctimas mortales había un niño cuya fotografía, compartida en internet, conmovió y rompió el corazón de muchos. Estados Unidos afirmó que sus ataques estaban dirigidos contra objetivos militares y se negó a reconocer el costo civil de su aventura.

En tiempos de guerra existe una tendencia a reducir las muertes de civiles a cifras que pueden absorberse dentro de las estadísticas generales del conflicto. Cinco personas murieron y casi setenta resultaron heridas.

Estas estadísticas pueden ocultar la realidad humana que se esconde detrás de ellas. Cinco personas significan cinco familias cuyas vidas cambiaron en cuestión de segundos, mientras que otras cargarán con las consecuencias físicas y psicológicas durante el resto de sus vidas, mucho después de que los titulares desaparezcan.

Las fotografías de la escena muestran sandalias pertenecientes a personas que habían acudido a la celebración. Eran civiles comunes, con familias y sueños. Según algunos informes, varios se vieron obligados a huir descalzos tras el ataque. Ese detalle, por pequeño que pueda parecer, refleja la súbita transformación de una velada ordinaria en un caos inimaginable.

Por eso, la historia de Kuhestak no puede separarse por completo de la historia de Minab. Una escuela y una boda figuran entre los espacios civiles más comunes que se puedan imaginar. Son lugares donde la sociedad se reproduce, donde los niños aprenden, donde las familias se reúnen, donde las comunidades mantienen sus tradiciones y donde las personas intentan preservar cierta sensación de normalidad, incluso mientras una guerra impuesta contra su tierra se libra a su alrededor.

Cuando esos espacios son atacados, el daño va mucho más allá de la destrucción física de un edificio. Se destruye la certeza de que existen lugares donde la vida civil puede continuar sin sufrir daño. Un enemigo tan perverso como Estados Unidos no conoce líneas rojas.

Estados Unidos ha pasado décadas librando guerras devastadoras en las que las víctimas civiles han planteado repetidamente interrogantes sobre la selección de objetivos, la inteligencia, la proporcionalidad y la rendición de cuentas. Afganistán ofrece algunos de los ejemplos más claros y dolorosos.

En julio de 2002, un ataque aéreo estadounidense en Uruzgan alcanzó una zona donde se celebraba una boda. Al menos 48 civiles murieron y otros 117 resultaron heridos. Seis años después, en julio de 2008, un ataque aéreo estadounidense en Haska Meyna, Nangarhar, mató a 47 civiles. Treinta y nueve de los fallecidos eran mujeres y niños, y la novia se encontraba entre las víctimas mortales. En mayo de 2004, un ataque estadounidense contra una reunión nupcial en Mukaradeeb, cerca de la frontera siria, dejó más de 40 muertos.

Algo puede ocurrir accidentalmente una vez, pero no de forma repetida. Hay un método en esta locura al que los estadounidenses se han acostumbrado y por el que siempre salen impunes.

Según los informes, los restos recuperados tras el ataque contra Kuhestak fueron identificados como componentes asociados con el misil SLAM-ER. Boeing, fabricante de esta arma, describe el SLAM-ER como el misil guiado de precisión más exacto del arsenal estadounidense. Si este armamento es tan avanzado y preciso, ¿cómo terminó atacando un salón de bodas? ¿Qué precauciones se tomaron? ¿Se detectó la presencia de civiles?

Son preguntas relacionadas con la responsabilidad militar y el derecho internacional. La tecnología de precisión no elimina la responsabilidad humana. De hecho, cuanto más sofisticadas sean las armas y las capacidades de vigilancia de un ejército, mayor debería ser la expectativa de que sus comandantes sean capaces de distinguir entre objetivos militares y objetivos civiles.

En Minab, los niños fueron a la escuela. En Kuhestak, las familias acudieron a una boda. Ambos lugares fueron bombardeados con las armas militares estadounidenses más sofisticadas. El mundo ha escuchado durante años numerosas explicaciones y justificaciones de la maquinaria bélica estadounidense por la muerte de civiles.

No se debe permitir que los asesinos se alejen impunemente de este horrendo crimen contra la humanidad.

Y si hay una lección que la larga historia de las guerras estadounidenses en Afganistán, Irak y ahora Irán debería habernos enseñado, es que la vida civil no puede ser tratada como un margen de error aceptable. Las leyes de la guerra existen precisamente porque la guerra es destructiva, porque la información de inteligencia es imperfecta y porque las armas poderosas pueden causar daños irreversibles en cuestión de segundos.

La casa que había estado llena de personas celebrando el nuevo comienzo de una joven pareja se convirtió en una escena de muerte y destrucción. Y por eso la dolorosa historia de Kuhestak no debe permitirse desaparecer en otro informe sobre víctimas. El asesino debe pagar por ello.

* Mohammad Lotfi es escritor e investigador residente en Teherán.

EEUU y su negro historial de ataques a bodas: el último, en Irán
Estados Unidos convirtió en tragedia una celebración de boda en el sur de Irán, sumando otro caso a su negro historial de este tipo de ataques.
La Media Luna Roja iraní informó que cinco personas, entre ellas un niño, perdieron la vida y otras 68 resultaron heridas cuando la metralla de un ataque con misiles estadounidenses impactó en una casa donde se celebraba una boda en la ciudad de Kuhestak, distrito de Sirik, provincia de Hormozgán, en el sur de Irán.
El ataque contra una boda en el sur de Irán no constituye un episodio aislado en la historia de las operaciones militares estadounidenses en Asia Occidental. En las últimas décadas, otras celebraciones nupciales han quedado en medio de ataques estadounidenses, dejando decenas de civiles muertos.
Uno de los casos más recordados ocurrió en Afganistán el 1 de julio de 2002 en la provincia de Uruzgan, cuando un avión estadounidense atacó una vivienda en la que se celebraba una boda. El propio Ejército estadounidense reconoció posteriormente que se había producido el ataque, aunque alegó que fue erróneo. Una investigación militar estadounidense contabilizó 34 muertos y 50 heridos, aunque las autoridades afganas y los habitantes de la zona ofrecieron cifras superiores.
En mayo de 2002, un avión estadounidense atacó una boda en la provincia afgana de Paktia, al confundir los disparos tradicionales con fuego enemigo. La agencia Afghan Islamic Press reportó al menos 100 muertos, aunque el Pentágono negó inicialmente el ataque a una boda y lo calificó de “erróneo”. El incidente se convirtió en uno de los primeros grandes escándalos por ataques a civiles en Afganistán.
Dos años después, el 19 de mayo de 2004, una celebración nupcial en Mukaradeeb, Irak, terminó también bajo fuego estadounidense. El ataque dejó alrededor de 42 civiles muertos, entre ellos mujeres y niños. Las autoridades militares estadounidenses negaron inicialmente que se tratara de una boda y sostuvieron que habían atacado un objetivo relacionado con insurgentes.
En Afganistán, otro de los episodios más graves ocurrió el 6 de julio de 2008, cuando un ataque aéreo estadounidense alcanzó a un grupo que acompañaba a una novia hacia su boda en la provincia de Nangarhar. Una investigación oficial afgana concluyó que 47 civiles murieron, entre ellos la novia y 39 mujeres y niños.
Meses después, el 3 de noviembre de 2008, otro ataque aéreo estadounidense en Wech Baghtu, provincia afgana de Kandahar, alcanzó una celebración de boda. Los informes cifraron en alrededor de 37 los civiles muertos, en su mayoría mujeres y niños, además de unos 27 heridos.
El 6 de junio de 2012, una operación de la OTAN en la provincia de Logar causó la muerte de 18 civiles que celebraban una boda. El general estadounidense John Allen viajó a la zona para disculparse y admitió que “nuestras armas mataron a esta gente”.
La lista llegó también a Yemen. El 12 de diciembre de 2013, un dron estadounidense lanzó cuatro misiles Hellfire contra un convoy que se dirigía a una boda cerca de Rada, en la provincia de Al Bayda. La investigación de Human Rights Watch (HRW) documentó el ataque y señaló que la operación causó la muerte de civiles que formaban parte del cortejo nupcial.
Estos episodios han generado durante años cuestionamientos sobre las operaciones estadounidenses y el riesgo que representan para la población civil.
Aunque Washington ha presentado en distintos casos los ataques como operaciones contra objetivos militares o grupos armados, investigaciones posteriores han establecido que entre las víctimas se encontraban personas que participaban en celebraciones de boda.

El expediente de Sudáfrica ante la CIJ sobre Gaza cuestiona un mundo donde el derecho internacional se doblega ante el poder y la impunidad

Iqbal Jassat

El documento, entregado formalmente el 25 de agosto de 2026, tiene como objetivo ayudar a un comité de jueces de la CIJ encargado de supervisar la aplicación de las órdenes del tribunal en Gaza.

Según el Departamento de Relaciones Internacionales y Cooperación (DIRCO), el incumplimiento por parte de Israel socava directamente las funciones protectoras de la justicia internacional.

Por lo tanto, esta presentación constituye un hito fundamental en la lucha por la rendición de cuentas a nivel mundial. Al documentar formalmente la negativa de Israel a acatar las medidas provisionales vinculantes del tribunal, Pretoria está haciendo mucho más que abogar por la supervivencia palestina.

Defiende activamente la menguante credibilidad del orden jurídico internacional. En un momento en que los Estados poderosos consideran los tratados globales como recomendaciones opcionales, este informe exige que el derecho internacional signifique lo que dice.

Cuando la Corte Internacional de Justicia emite órdenes de intervención de emergencia, estas deben tener consecuencias. La última presentación de Sudáfrica proporciona al comité de seguimiento de la CIJ datos precisos y contundentes sobre el incumplimiento.

Según todos los indicios, el coste humano es abrumador, pero más allá de las cifras, el informe expone un colapso deliberado y sistemático de la vida civil.

Las pruebas presentadas en Pretoria documentan meticulosamente la realidad artificial sobre el terreno: la hambruna provocada por factores externos, la destrucción selectiva de la infraestructura sanitaria y el desplazamiento interno masivo de millones de personas atrapadas bajo los bombardeos.

Fundamentalmente, el expediente pone de relieve el bloqueo informativo que rodea estos actos. Al impedir el acceso a periodistas extranjeros independientes y a organismos de investigación con mandato de la ONU, Israel ha intentado evitar la creación de un archivo formal y verificable de sus operaciones.

La intervención legal de Sudáfrica garantiza que este desafío no se produzca en la clandestinidad, creando un historial irrefutable para el escrutinio mundial.

Durante décadas, las naciones del Sur Global han visto cómo Occidente defendía un supuesto “orden internacional basado en normas”, aplicando sus principios con una selectividad asombrosa.

La doble moral ha erosionado la legitimidad de la gobernanza global, fomentando un profundo cinismo. La perseverancia de Sudáfrica desafía directamente esta jerarquía.

Al trabajar de forma consecuente dentro del marco de la CIJ, Pretoria plantea una cuestión fundamental en el escenario mundial: ¿Se aplican las leyes internacionales de forma universal o existen únicamente para proteger a los poderosos y castigar a los débiles?

Este caso es una prueba de fuego para la justicia global. Si se puede ignorar impunemente al tribunal supremo del mundo, toda la estructura jurídica posterior a la Segunda Guerra Mundial se derrumba y pierde toda relevancia.

Sudáfrica se niega a permitir que eso suceda sin luchar, y se vale de su propio legado histórico contra la opresión institucionalizada para exigir justicia sistémica.

La presentación de este expediente no puede considerarse el destino final; debe servir como catalizador para la aplicación inmediata y concreta de la ley.

Los jueces de la CIJ poseen una inmensa autoridad jurídica, pero no comandan ejércitos, no despliegan fuerzas de paz ni controlan el comercio internacional. Proporcionan la verdad jurídica, pero la voluntad política para hacerla cumplir debe provenir de la comunidad internacional.

Los terceros Estados ya no pueden escudarse en cómodas expresiones de “preocupación” mientras las órdenes vinculantes son sistemáticamente pisoteadas.

Este expediente proporciona al comité de jueces de la CIJ la información fáctica necesaria para actuar. Mantiene la presión sobre el sistema jurídico global para que haga cumplir sus propias sentencias.

La verdadera justicia exige un seguimiento constante, una denuncia implacable y una claridad moral inquebrantable. Sudáfrica ha demostrado ser precisamente eso.

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