Política

¿Drones rusos atacarán España? Anatomía de un bulo

Administrator | Lunes 28 de septiembre de 2026
Jasiel Paris*
Xavier Colás ha dado la voz de alarma en el periódico El Mundo: Rusia estaría preparando un ataque contra España, Francia e Italia lanzando drones desde barcos rusos en el Mediterráneo. La advertencia provendría de un informe atribuido a la CIA -del que no existe ninguna prueba- y de una única fuente anónima de los servicios de seguridad de Lituania -país báltico siempre en grado máximo de histeria contra Rusia y siempre interesado en transmitir ese estado de ánimo al resto de Europa-. Los países supuestamente advertidos por la CIA han salido a desmentir esta información: Macron afirma que “la CIA no ha informado a los servicios franceses de ningún ataque” y el ministro de Defensa italiano Guido Crosetto añade que “la alarma generada por un periódico español ni está confirmada ni es de ninguna ayuda; ya vivimos tiempos difíciles y de nerviosismo y no necesitamos que añadan más combustible al fuego”.
La inquietante “noticia” de El Mundo también recicla como nueva una conjetura que ya publicó la consultoría ucraniana “Defense Express” hace un año (en septiembre de 2025): Rusia podría ocultar drones “Gerbera” en contenedores comerciales de barcos mercantes y desplegarlos a 200 kilómetros de las costas de Europa. El tono es sensacionalista (describe como “temibles” los drones “Gerbera” que están entre los de menor capacidad destructiva) y marcadamente especulativo (como los “Gerbera” no caben en un contenedor estándar “quizás” el dron “podría” ir desmontado sin las alas). Quizás toda la pieza periodística sea reciclada y la “fuente lituana” sea el comisionado para la defensa espacial Andrius Kubilius, que ya en noviembre de 2025 declaró para El Mundo que “España también es un objetivo de Putin y los drones rusos podrían llegar con facilidad a aeropuertos españoles”. Pedro y el lobo.
No puede faltar la obligada referencia a un “experto”. En este caso es un tal Keir Giles, que confirma que España está en peligro. Da la casualidad de que Giles pertenece al entorno de defensa anglo-americano y estuvo vinculado a la “Integrity Initiative” del “Institute for Statecraft” (financiado por la OTAN, el “Foreign Office” británico y el “State Department” estadounidense), que ya en 2018 publicó un informe de título revelador: “¿Por qué es tan difícil tratar la cuestión rusa en España?”. El texto se lamentaba de que los españoles no consideramos a Rusia una amenaza para nuestra seguridad nacional y no compartimos la visión euro-atlantista de los rusos como enemigo, bien sea por nuestra ausencia de conflictos históricos o por nuestra distancia geográfica. Los objetivos propuestos eran «expandir y fortalecer una red pública de individuos con un mismo pensamiento» (anti-ruso) y «confeccionar mensajes hechos a medida de las audiencias» españolas. Parece que esto se ha llevado a cabo desde 2018 y aquí está Keir Giles para acercarnos a casa el sentimiento de “peligro ruso”.
Afirma Giles en el texto de Colás: «los objetivos de Rusia no serán necesariamente los países de primera línea; el objetivo estará donde se encuentre el punto más débil de Europa». ¿Y a qué se refiere con débil? A aquellos «países que no han invertido en sistemas integrados de defensa aérea y anti-misiles adecuados para la amenaza rusa». ¡Vaya! Cualquier malpensado podría considerar una especie de chantaje o extorsión que un agente del complejo militar-industrial esté diciendo que estamos en peligro si no compramos los productos de su complejo militar-industrial.
En el mundo empresarial se le llama estrategia FUD (del inglés “Fear, Uncertainty and Doubt”: “miedo, incertidumbre y duda”): atemorizas con una visión deformada del competidor al potencial cliente para que adquiera tu mercancía. En este caso, se generan “noticias periodísticas” que induzcan al contribuyente europeo a un estado de “nerviosismo” (como decía el ministro italiano) que le predisponga favorablemente a destinar 150.000 millones de euros de sus impuestos a los programas del “rearme europeo” como la «European Drone Defence Initiative», «Eastern Flank Watch», «European Air Shield» o «European Space Shield».
Todo para mayor gloria de multinacionales como la anglo-franco-germana MBDA (que vende su nuevo sistema interceptor contra ataques masivos), la francesa Thales (radares y sensores detectores de drones) o la germana Rheinmetall (cañones y municiones para derribo de drones). Pero la cosa no queda en Europa y su supuesta “autonomía estratégica”, sino que aprovecha también a EEUU (las empresas Raytheon y Lockheed Martin ya han recibido cientos de millones de euros de Alemania, Polonia, Dinamarca o Rumanía en concepto de defensas antiaéreas Patriot, AMRAAM y sistemas IBCS) e incluso a Israel (desde el “escudo celeste” Arrow 3 comprado por Alemania hasta el sistema “honda de David” de la empresa “Rafael” comprado por Finlandia).
Estos círculos empresariales y burocráticos se han apresurado a dar por buena la noticia de El Mundo, que llega justo a tiempo para que sus presupuestos -que en algunos casos llevan años confeccionados- puedan presentarse como la respuesta automática ante el inminente ataque putinista. No hay exclusiva más verdadera que aquella que confirma una buena operación comercial. La española Indra tiene también nuevos proyectos anti-dron y agradece que nuestra opinión pública se movilice para no llegar tarde a la burbuja anti-rusa.
Pero hay otro motivo para la pertinencia de la pieza de Colás. El mismo periodista lo menciona: el próximo curso habrá elecciones en Francia, Italia y España, con abundantes candidatos acusados de ser prorrusos (o más bien insuficientemente proucranianos): Le Pen y Melénchon, la Lega de Salvini y el Movimiento 5 Estrellas, en España tenemos a un bloque de izquierdas (desde Podemos al PSOE) poco partidario de aumentar los gastos de la OTAN y a un Vox que (desde el regreso de Trump) parece distanciarse de su fervor proucraniano inicial. Pero el fallo lógico de Colás es que ¡precisamente por ese motivo no atacaría jamás Rusia a los países mediterráneos! Somos poco hostiles a Rusia y atacarnos sólo podría perjudicarla a ella, empeorando su percepción y reputación y ganando enemigos innecesarios. En todo caso, son noticias como las de Colás las que pretenden influir electoralmente para favorecer a candidatos más “otanistas”.
El planteamiento de la operación descrita por El Mundo también es poco convincente: cada vez que un dron ruso ha entrado en espacio OTAN lo ha hecho desde zonas de operaciones de Rusia (desde Kaliningrado al mar Báltico y de allí a Alemania, los países nórdicos y los países bálticos; desde el Mar del Norte a Dinamarca, Países Bajos y Bélgica; desde el Mar Negro a Moldavia y Rumanía; desde Ucrania a Polonia). Esto significa que Rusia siempre puede negar su responsabilidad y alegar de forma creíble que esos drones se han perdido accidentalmente. Es lo que se llama “negación plausible”. Sin embargo, desplegar una flota de drones en pleno Mediterráneo sería completamente inexplicable e injustificable. La narrativa anti-rusa siempre es contradictoria (por ejemplo “Rusia es débil porque está siendo derrotada por Ucrania” pero a la vez “Rusia es una poderosa amenaza que puede invadir otros países europeos”) y aquí tenemos una nueva contradicción: “Rusia está librando una guerra híbrida por toda Europa (es decir, discreta y difícilmente detectable)” pero a la vez “Rusia va a lanzar un ataque explícito y difícilmente encubrible”.
Para cuadrar el círculo, Colás ofrece una imagen del portal prorruso Rybar, que fantasea con vender drones a Argelia para incordiar a Francia. Y ya está la pieza que faltaba (un mapa imaginario con drones rusos en el Mediterráneo) para fusionar las fantasías belicistas rusas con las fantasías belicistas otánicas. Ambas fantasías de sendos bloques buscan en el fondo lo mismo: escalar la guerra en alcance e intensidad; en Rusia es Putin quien frena estas ideas pero ¿quién las frenará en Occidente?
Esta “noticia” de Colás es el último ejemplo del lamentable papel de los medios de comunicación españoles en la difusión de propaganda de guerra antirrusa, que ha ido desde culpar a Putin del “gran apagón” hasta culparle de la crisis migratoria en Ceuta, pasando por aquel incidente de un jubilado de Burgos que enviaba sobres incendiarios mientras nuestra prensa decía que se trataba del “Movimiento Imperial Ruso” vinculado al Kremlin. El peligro especial de estas “informaciones” internacionales es que, a diferencia de otras “fake news” en clave nacional, se contagian trasversalmente de medios “de derecha” como El Mundo a medios “de izquierda” como La Sexta. La desinformación -y no los drones- son el gran peligro que tenemos encima.
* politólogo y máster en Seguridad. Ha sido militar profesional y trabaja como analista en medios de comunicación

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