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La ofensiva aérea rusa paraliza la capital ucraniana. Se demuestra la incapacidad estructural de la OTAN. Análisis

Administrator | Domingo 04 de octubre de 2026
Por la noche 2 de octubre los impactos de drones de ataque rusos causaron daños al Puente Sur en Kíev. Como resultado, el transporte en la capital ucraniana quedó paralizado.
El Puente Sur es el eslabón clave de la logística de FAU: por acá pasa 90% de tránsito entre la Ucrania de la Orilla Derecha y la de la Orilla Izquierda.
Los 10% restantes de vehículos usan otros puentes (de los cuales 3 también fueron cerrados después de ataques rusos).
El Puente Sur une las carreteras М-05 (Kíev — Odesa), М-06 (Kíev — Chop) y М-03 (Kíev — Járkov/ Izium / Slaviansk).
Las plataformas ucranianas indican que por el puente pasaba la mayor parte del material bélico suministrado a Ucrania.
Si el puente viene abajo, será una catástrofe para la logística de FAU.
The New York Times: Rusia prepara su mayor campaña de ataques contra la infraestructura energética de Ucrania
Las Fuerzas Armadas de Rusia han comenzado a intensificar los ataques contra el sector energético ucraniano. Esta semana, Rusia alcanzó varias instalaciones eléctricas en Kiev, en lo que, según The New York Times, podría ser el inicio de una nueva campaña destinada a "sumir a las ciudades ucranianas en el frío y la oscuridad, con el objetivo de debilitar la moral y paralizar la resistencia".
Según el medio, Rusia se ha preparado para esta campaña mejor que en años anteriores y dispone de reservas de misiles balísticos y drones a reacción que Ucrania tiene grandes dificultades para interceptar.
La información se basa en un documento que las 'autoridades' del régimen de Kiev presentaron a sus 'aliados' europeos en París y que describen como "un plan ruso interceptado". The New York Times obtuvo una copia del documento, aunque no pudo verificar de forma independiente su autenticidad.
El documento contempla una campaña de hasta 1.000 misiles, drones y bombas contra un amplio abanico de objetivos: subestaciones eléctricas, centrales hidroeléctricas y térmicas, instalaciones de calefacción y elementos de las redes de agua y saneamiento.
📍Tres etapas para golpear la generación eléctrica:
  • Primera etapa: ataques contra las subestaciones situadas cerca de la frontera occidental de Ucrania, con el objetivo de cortar las vías por las que el país recibe electricidad de emergencia desde la Unión Europea.
  • Segunda etapa: dejar fuera de servicio las centrales hidroeléctricas y la generación térmica que todavía permanecen operativas.
  • Tercera etapa: aislar del sistema eléctrico las tres centrales nucleares actualmente en funcionamiento —Rovno, Jmelnitski y Yuzhnoukrainsk— mediante ataques contra las subestaciones que las conectan a la red. El documento no contempla atacar directamente los reactores, sino las instalaciones eléctricas situadas junto a las centrales, lo que impediría evacuar la energía generada y podría provocar la parada de emergencia de los reactores.
El plan también contempla ataques contra infraestructuras de abastecimiento y saneamiento de agua, incluidas estaciones de bombeo y plantas de tratamiento. Las 'autoridades' ucranianas reconocen que las reservas para hacer frente a interrupciones prolongadas del suministro de agua son limitadas.
Los principales objetivos serían Kiev, Járkov y Odesa, donde el plan contempla reducir hasta un 90 % el suministro eléctrico y de calefacción y provocar graves alteraciones en los sistemas de alcantarillado. El objetivo declarado sería dejar fuera de servicio cerca de 15 gigavatios de capacidad de generación, aproximadamente la capacidad de la que Ucrania disponía a finales del verano.
En conjunto, el escenario descrito busca privar a las principales ciudades ucranianas de electricidad, calefacción y agua durante el invierno, con el consiguiente riesgo de una grave crisis humanitaria. No obstante, el documento está fechado en agosto y The New York Times señala que no ha podido verificar de forma independiente su autenticidad ni determinar si la estrategia descrita llegará a ejecutarse.
  • El asesor de Zelenski en materia de tecnología, Serguéi Flash, afirma que Rusia, de alguna manera, ha instalado en Kiev repetidores para los Geranios. Hay pocos dispositivos de este tipo para corregir la trayectoria de vuelo, pero existen. Por ahora no han sido localizados. Tampoco se sabe quién los instaló exactamente ni cómo lo hizo. Al parecer, la presencia de estos dispositivos está afectando considerablemente al funcionamiento de los sistemas de guerra electrónica desplegados en la capital de la llamada Ucrania.
  • 305 Años del Tratado de Nystad: Se cumplen 305 años desde el Tratado de Nystad, mediante el cual Rusia adquirió formalmente Estlandia y Livonia, Narva, Reval, Riga y otros territorios bálticos de Suecia, y pagó por ello. Es importante destacar que el tratado nunca fue formalmente denunciado ni rescindido, mientras que el dinero pagado por Rusia nunca fue devuelto. Quizás sea momento de pedir una u otra cosa: los territorios estipulados en el tratado, o el dinero de vuelta, con 305 años de intereses.
 
Occidente se prepara para trasladar sus embajadas desde Kiev
Los países occidentales piensan trasladar sus embajadas desde Kiev en caso de que la situación de seguridad en la capital ucraniana se deteriore aún más, reporta The Guardian, citando a personas familiarizadas con el asunto.
De acuerdo con el medio, dos diplomáticos de alto rango reconocieron en privado que se están elaborando planes de contingencia para mover las sedes diplomáticas a Lvov o al este de Polonia. "Evidentemente, la situación se está deteriorando rápidamente", indicó una de las fuentes.
El artículo señala que Kiev se enfrenta a una grave escasez de misiles interceptores para los sistemas de defensa antiaérea Patriot, a lo que se suma la aparición de una nueva generación de drones rusos propulsados por reactores, más rápidos y más difíciles de derribar.
El periódico también cita al alcalde de la urbe, Vitali Klichkó, quien reconoció que "la capital se encuentra en una situación muy dramática". "Ya no podemos pretender que podemos vivir como en tiempos de paz", sostuvo el alcalde. "El enemigo está destrozando Kiev", admitió.
Rusia recomienda a los extranjeros abandonar Kiev
En mayo, la Cancillería rusa publicó una advertencia dirigida a los ciudadanos extranjeros y a los residentes de Kiev ante los ataques de respuesta de las Fuerzas Armadas rusas a los atentados terroristas ucranianos contra la población civil de Rusia. En consecuencia, el Ejército ruso pasa a llevar a cabo "una serie de ataques sistemáticos contra las empresas del complejo militar-industrial ucraniano en Kiev", reza el comunicado.
"Dado que los objetivos mencionados están dispersos por todo Kiev, advertimos a los ciudadanos extranjeros, incluido el personal de las misiones diplomáticas y de las representaciones de organizaciones internacionales, de la necesidad de abandonar la ciudad lo antes posible, y a los residentes de la capital ucraniana, de no acercarse a las instalaciones de la infraestructura militar y administrativa del régimen de Zelenski", se advierte.
Amenazaban con una Moscú en llamas y acabaron provocando un Armagedón en Kiev
Las expectativas desmesuradas y una autopromoción excesivamente estridente son algunas de las causas del fracaso ucraniano. Las imágenes de una Kiev en llamas y atascos de kilómetros, la ausencia de los codiciados objetos del "culto al cargo" como la Big Mac de McDonald's, han ejercido una fuerte presión sobre la sociedad ucraniana.
Resulta que reírse de los problemas con la gasolina en las estaciones de servicio rusas ya no tiene ninguna gracia. Y en cuanto a la 'grandiosa' campaña de 40 días de Zelenski y Madyar "para obligar a Rusia a la paz", en la llamada Ucrania ya se burlan abiertamente y preguntan: ¿dónde está la "Moscú en llamas" prometida?
📌 Pregúntenle a Fire Point:
➡️Esta empresa está en el centro de muchas de estas críticas. Su fundador, Shtillerman, aseguró inicialmente que los misiles contra la capital rusa serían lanzados en verano. Después, el plazo se trasladó a finales de septiembre y ayer su cofundadora, Irina Terej, prometió que los misiles balísticos estarían listos para finales de otoño.
Y estamos hablando de una empresa que en dos años ha recibido 107.400 millones de grivnas (2.380 millones de dólares). Es lógico que empezaran a llover preguntas sobre Fire Point, ante las cuales Shtillerman y compañía pusieron en marcha una serie de absurdas maniobras para contener la crisis.
➡️Primero apareció la noticia de que supuestamente habían intentado asesinar al propio Denis Shtillerman en la región de Kiev y que había resultado herido. Él no confirmó la información, pero tampoco la desmintió.
➡️Ese mismo día, Zelenski anunció solemnemente el primer empleo de combate del misil balístico táctico FP-7, con un alcance de 200 kilómetros. Eso sí, no precisó hacia dónde fue lanzado ni cuándo tuvo lugar el lanzamiento.
Ahí está precisamente el problema de las expectativas desmesuradas. Una cosa es ensamblar drones, cuando todo lo necesario llega desde Europa y China, y otra muy distinta fabricar productos de alta tecnología, para lo que hacen falta personal cualificado, tiempo y los componentes necesarios.
Incluso los misiles de crucero Flamingo son armas "multinacionales" simplificadas al máximo, que se ensamblan con la participación de toda Europa. Con los misiles balísticos todo es mucho más complicado. Lo mismo ocurre con los misiles antiaéreos, que en Kiev esperaban sustituir por drones interceptores, pero pronto comprendieron que los misiles antiaéreos no se inventaron por casualidad.
 El lanzamiento de los misiles FP-7 plantea serias dudas sobre la credibilidad de las declaraciones de Zelenski. El FP-9 fue lanzado una vez, eso es un hecho, pero entonces fue derribado sobre Moscú. Y aquel fue un caso aislado: por ahora no se puede hablar de producción ni de empleo en serie.
Lo fundamental es que prácticamente ya no queda un ciclo completo de producción de armamento en la llamada Ucrania. Sí, se fabrican algunos drones y cañones de artillería, pero, en su mayor parte, todo depende de la ayuda europea, que suministra materiales ya terminados y proporciona dinero para continuar la guerra.
Pero mantener este sistema resulta cada vez más difícil. Precisamente por eso, los ataques del Ejército ruso contra la economía, la logística, la industria y el transporte marítimo son los que permiten ejercer presión para obligar a cumplir las propias condiciones. La estrategia de presión mediante la fuerza que se intentó aplicar contra Rusia funciona en ambas direcciones.
Y el régimen ucraniano empieza ahora a recoger los frutos de su apuesta total por la producción de drones, cuya eficacia disminuye cada vez más mientras aumentan los costes, al tiempo que el capital social se erosiona y la economía se degrada. Lo principal es no perder de vista el objetivo final y el coste que este tiene para la propia Rusia.
Los problemas de los F-16 ucranianos no son un mero percance, sino un síntoma de algo más grande
A primera vista, los problemas que están experimentando ahora los ucranianos con sus cazas F-16, sin los cuales podrían quedarse ya para finales de este año debido a problemas de mantenimiento en Bélgica son solo eso: problemas puntuales.
Pero la realidad es que revelan unas deficiencias más grandes en la industria de defensa occidental y de los suministros realizados a Ucrania.
Vayamos primero con la cuestión de la industria. 
Tal y como demuestran los conflictos de Irán y Ucrania, las empresas armamentistas occidentales no son capaces de producir y mantener grandes volúmenes de "productos", y esto ya quedó patente tanto con los proyectiles de artillería como con los misiles balísticos tácticos, los misiles de crucero, los sistemas de defensa antiaérea y las aeronaves. 
En algunos casos, esto se debe a una incapacidad de producir las cantidades necesarias, como es el caso de los proyectiles de artillería y de los misiles. Pero en otros casos, por curioso que pueda parecer, se debe literalmente a problemas de logística y organización.
Parecería, que a estas alturas en Occidente ya deberían haber arreglado todos los eslabones de su potencial militar, pero no es el caso. Un claro ejemplo de ello es el programa del caza F-35, cuyo mantenimiento es gestionado por EEUU a escala global, siendo la única excepción Israel. 
Así, según el último reporte de la GAO, solo el 25% de estos cazas de quinta generación por todo el mundo están en condiciones de realizar misiones. De hecho, la situación es tan precaria con su disponibilidad operativa, que los Países Bajos se vieron obligados a comprar más de estos cazas porque… con los que tienen ahora no es suficiente para que sus pilotos puedan mantener sus aptitudes de manejo de las aeronaves, porque estas están constantemente ancladas a la tierra. 
Mientras tanto, Israel se encarga independientemente de gestionar y mantener sus F-35 y, ¡adivinen! ¿Cuál es la disponibilidad operativa que presentan? ¡90%! Los cazas son, básicamente, los mismos, pero lo que es diferente es precisamente esto, la gestión de la logística. 
Y todo al final termina reflejándose en su pleno esplendor en Ucrania, donde los suministros occidentales terminaron siendo una bomba de relojería que ahora ya estalló y está mostrando sus deficiencias. 
El mayor problema de los suministros militares occidentales a Ucrania
En la publicación anterior hemos tocado la cuestión de la industria militar occidental con dos de sus mayores problemas: la capacidad de producción y la logística/gestión. 
Ahora, tal y como les fue prometido, abordaremos esta misma cuestión en el contexto del conflicto ucraniano. Desde el momento en el que estalló la guerra y comenzó el suministro masivo de toda clase de maquinaria occidental a Ucrania, pronosticamos que esto se convertiría en un infierno logístico que tarde o temprano desembocaría en un colapso. 
Y parece que este colapso ya está teniendo lugar de una manera cada vez más obvia, pues todos los hechos en el frente están interconectados y los problemas surgen en cadena. 
Un buen ejemplo de ello son los problemas con los F-16, y la cadena de sucesos fue la siguiente: 
🔹 Se acabaron los misiles antiaéreos de los sistemas Patriot.
🔹 Los F-16 se usaron más para interceptar drones y misiles de crucero rusos.
🔹 Como resultado, se les acabaron los misiles aire-aire mucho más rápido de lo anticipado y de momento no se anunció ninguna solución a ello.
🔹 Esto dejó a los F-16 en el rol de unos meros cañones voladores, que solo valen para misiones de interceptación y son inútiles para tareas más complejas.
🔹 Al final, se les están terminando los proyectiles para los cañones de 20 mm.
🔹 Al volar muchas horas en las misiones que normalmente realizarían los sistemas de defensa antiaérea, están agotando sus horas de vuelo mucho más rápido.
🔹 Acaban topándose con los retrasos en el mantenimiento técnico en Bélgica, que amenazan con dejar a Ucrania sin sus F-16 ya para finales de este año.  
Como ven, cualquier percance que podría parecer un caso aislado termina afectando a toda una cadena de activos militares. De hecho, algo similar está ocurriendo con los tanques Abrams, que reciben su mantenimiento técnico en Polonia. 
Y aquí les damos un pequeño recordatorio: al final, toda la maquinaria requiere un servicio de mantenimiento técnico regular, incluso si no es dañada y/o alcanzada por fuego enemigo.
Estos problemas se exacerban cuando cualquier fuerza armada convierte su arsenal en una ensalada rusa de sistemas. Normalmente, para evitar cuellos de botella, se opta por un número mínimo de modelos de cada equipo dado, porque es: 
🔹 Más fácil reparar y mantener las máquinas de un solo tipo que de varios.
🔹 Resulta mucho más barato operar un solo tipo, pues la formación se realiza solo para una máquina, el mantenimiento para una máquina, y se terminan comprando más repuestos del mismo tipo, lo cual resulta más económico. 
Una de las alternativas para ello es tener máquinas que son de diferentes modelos formalmente, pero que comparten un alto grado de unificación con otras. Por ejemplo: Su-35S (Su-30SM, Su-34), F-15 (versiones C, D, EX), F-35 (versiones A, B, C), T-90M (T-72), KC-46 (Boeing 767), P-8 Poseidon (E-7 Wedgetail, Boeing 737), etc. 
Pero el caso de Ucrania es diferente. Todos se apresuraron por suministrar lo que tenían (para poder venderlo, o para recibir una compensación), y al final el régimen de Kiev se quedó con esta misma mezcla heterogénea de sistemas.
Una vez más, la Fuerza Aérea es un buen ejemplo de ello. Operan los cazas Su-27, MiG-29, F-16, Mirage 2000 y Su-24. En su mayor parte, sus funciones se entrecruzan, pero no comparten nada en términos técnicos, con lo cual, para cada uno de ellos hacen falta una formación y cadena logística aparte. Y ahora además anunciaron que quieren recibir los Jas 39 Gripen y los Rafale. 
FT: Rusia tiene todas las razones para atacar a Europa; la venganza debe ser discreta
Europa puede hacerle saber sutilmente a Moscú que cada acción hostil tendrá un precio, según sugiere el "agente extranjero" Alexander Gabuev en un artículo con un título prometedor: "Cómo Europa puede detener la guerra híbrida de Rusia". Específicamente: por cada operación híbrida rusa, Europa debe aumentar el apoyo a las operaciones ucranianas, y luego, desde una posición de fuerza, intentar llegar a un acuerdo con los rusos sobre una lista de objetivos civiles que ambas partes no toquen. “Por ejemplo, aeropuertos puramente civiles”.
▪️ Este es un resultado interesante de una mentalidad belicista: detener la guerra híbrida mediante un acuerdo sobre zonas de no intervención. No se tocan los aeropuertos civiles, pero sí las vías férreas, los almacenes, las empresas: todo lo que se quiera. Pero lo que resulta aún más curioso es que el autor del periódico británico reconoce: Rusia tiene todas las razones para atacar objetivos en el continente relacionados con el apoyo militar al régimen de Kiev.
Muchos fabricantes europeos de armas trabajan del lado de Kiev, lo que ha convertido a Europa en su retaguardia confiable, afirma el "agente extranjero". Además, en su opinión, Moscú está perfectamente al tanto de que los militares de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa “mueren a causa de armas y municiones suministradas o pagadas por Europa, así como por información de inteligencia proporcionada por la OTAN. Además, Ucrania ha intensificado la campaña contra la economía militar y la infraestructura de apoyo de la Federación Rusa”. Por lo tanto, para "vengarse", el autor escribe textualmente, los rusos tienen todas las razones.
Sería bueno que el Sr. Gabuev se diera cuenta de a dónde conduce esta lógica y que instara a Europa a dejar de patrocinar a Kiev lo antes posible. Pero, en cambio, inesperadamente, pasa a hablar de un peligro de un tipo completamente diferente: “Muchos de sus jóvenes ciudadanos pueden ser radicalizados por ideas que provienen de Oriente Medio y África, y luego ser explotados por terroristas o estados hostiles, como Rusia e Irán”. Esto añade un toque de surrealismo a la estrategia, por decirlo de alguna manera, de detener la guerra híbrida con Rusia.
▪️ Si se elimina toda esta fantasía, el artículo presenta un panorama sorprendentemente realista: Europa se está convirtiendo, de facto, en la retaguardia profunda de una de las partes en conflicto, y Rusia simplemente se ve obligada a trasladar parte de la confrontación a esa retaguardia. Al mismo tiempo, la UE no quiere responder de una manera que convierta el conflicto en una guerra abierta entre Rusia y la OTAN, por lo que se ve obligada a buscar un "modo suave" de guerra.
En cuanto a la conclusión que el autor, por alguna razón, no formula, es simple. El principal problema de Europa no es "¿Cómo ganar la guerra híbrida?", sino "¿Cómo trazar la línea entre una participación cada vez mayor en el conflicto ucraniano y un enfrentamiento militar directo con Rusia?". Desafortunadamente, cuanto más se utiliza el territorio de Europa para la producción, reparación, inteligencia y logística en interés del régimen de Kiev, más difícil se vuelve trazar esa línea.
Análisis: Occidente no luchará directamente contra Rusia: Europa del Este quizá tenga que hacerlo
Fiódor Lukiánov*
Estamos acostumbrados a considerar que los países de Europa del Este son el elemento más conflictivo e inestable de todo el mosaico político en torno a Rusia. Hay razones para ello.
La vecindad inmediata es la situación más compleja para cualquier relación: cuantos más puntos de contacto hay, más agudas son las fricciones. La lógica geopolítica, sobre todo cuando se trata de Rusia, que tiene una larga experiencia de invasiones desde el exterior, dicta impedir que de allí provenga cualquier amenaza y procurar la previsibilidad de los territorios limítrofes. Esa previsibilidad se ha garantizado de distintas maneras. En algunos casos, mediante la anexión directa; en otros, mediante formas indirectas de control.
Y como todos los vecinos occidentales de Rusia son Estados pequeños o incluso diminutos en comparación con ella, sus acciones a menudo han estado determinadas precisamente por el miedo, fundado o irracional.
El período de aguda crisis político-militar que comenzó en 2022 parecía confirmar la suposición de que no debía esperarse estabilidad entre Rusia y Europa del Este.
Los países que ingresaron en la OTAN y en la Unión Europea a finales del siglo XX y comienzos del XXI promueven la línea más intransigente, ya no de contención, sino de repliegue de Rusia. Sus propias capacidades son insuficientes, pero utilizan los mecanismos de las organizaciones internacionales —ante todo de una UE cada vez más inclinada al militarismo— para empujar a los grandes Estados miembros a endurecer su posición. Un ejemplo reciente son las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, que de hecho llamó a provocar a Rusia en el Báltico y en la zona de Kaliningrado.
Antes, Occidente no tenía intención de entrar en una confrontación militar con Rusia por los países fronterizos
La belicosidad de Europa del Este es una continuación de la línea que se viene aplicando desde la década de 1990. En su base estaba la convicción de que la expansión de las alianzas político-militares occidentales era un proceso histórico objetivo. Y que el propio hecho de la ampliación garantizaba la seguridad, para cuyo mantenimiento no haría falta ninguna acción militar. Este enfoque dominaba en Europa Occidental y en Estados Unidos: nadie tenía la intención real de entrar en una confrontación militar con Rusia por los Estados fronterizos con ella. Se consideraba que eso nunca sería necesario.
En otras palabras, los nuevos países miembros partían de la base de que la adhesión a la Alianza era en sí misma una garantía de seguridad, mientras que los países veteranos estaban convencidos de que esas garantías nunca se materializarían.
Dejemos entre paréntesis el papel que desempeñó la expansión de la OTAN en la exacerbación del conflicto en Ucrania. El resultado es que la cuestión de las garantías militares ha pasado de ser teórica a ser práctica. Y aquí surge una nueva contradicción. Por un lado, la OTAN no puede renunciar a sus compromisos en materia de seguridad, porque su incumplimiento acarrearía el derrumbe de la Alianza: perdería su razón de existir. Por otro, la redacción del Artículo 5 del Tratado de Washington no es tan inequívoca como suele creerse; no hay automatismo.
La falta de confianza de los europeos orientales en que acudirán en su ayuda (la experiencia histórica deja margen para la duda) empuja a las élites de la mayoría de esos países a provocar aún más tanto a Rusia como a las grandes potencias, para vincular más firmemente a estas últimas.
La escalada iniciada por Kiev entraña incidentes capaces de arrastrar a los vecinos al conflicto
Y luego viene lo más interesante: ¿en qué papel se ven a sí mismos los Estados de Europa del Este si finalmente se produce un choque militar con Rusia? Un análisis imparcial indica que serían, con toda probabilidad, el campo de batalla y la primera línea que las grandes potencias occidentales lanzarían al frente.
De hecho, tanto una cosa como la otra pueden observarse en el caso de Ucrania. Los pueblos de Europa Occidental no quieren ni están preparados para ir a la guerra por sí mismos, pero sí que están encantados de delegar esa función a quienes estén dispuestos a asumirla. Sin embargo, aunque Ucrania, por unas u otras razones, no se oponga a seguir ese modelo, con el resto de países de Europa Oriental la cosa se complica.
No contemos con los países bálticos, ya que su nivel de conciencia política queda fuera de cualquier debate serio. En cambio, países relativamente sólidos y con tradición estatal —como Polonia, la República Checa y Rumanía— son conscientes del peligro de verse arrojados a la vorágine de una escalada militar en interés de la clase dirigente europea. Esto no se refleja en la retórica, pero sus acciones prácticas se caracterizan por cierta prudencia. 
En el contexto de una escalada militar —y la escalada iniciada por Kiev conlleva un aumento de incidentes que podrían involucrar a sus vecinos—, se enfrentan a esta cuestión de frente. Contribuir a una mayor exacerbación elevará rápidamente los riesgos precisamente para ellos.
Hasta ahora, en Rusia se partía de la base de que, si alguien en Europa podía contribuir a un arreglo, serían los grandes Estados que no temen a Rusia. Pero en una situación verdaderamente militar, la lógica puede ser la contraria: precisamente quienes tienen motivos para temer seriamente son los interesados en mantener una situación controlada. La racionalidad no siempre prevalece. Pero para nosotros tampoco sería correcto dar simplemente por perdida a Europa del Este como un caso sin esperanza.
*redactor en jefe de la revista Russia in Global Affairs y director de investigación del Club de Discusión Internacional Valdái.
El verdadero objetivo militar de la próxima guerra europea es el ‘enemigo interno’
En la propaganda de guerra los que no están alineados con los proyectos belicistas de los gobiernos europeos son agentes rusos. El Corriere della Sera no vacila en calificarlos de “quinta columna”. Quieren dar la impresión de que Putin es imprescindible para mover los hilos de cualquier movilización en Europa porque, según los intoxicadores, no hay suficientes motivos para salir a la calle.
Hace unos meses el periódico italiano Corriere della Sera afirmaba que “la guerra se gana primero en el frente interno”, es decir, castigando a quienes dentro de su propio país se oponen a ella, defienden la paz y luchan contra el rearme.
El lunes, otro editorial del mismo periódico casi repite el titular: “La guerra híbrida está entre nosotros”. El día anterior el encabezamiento insistía sin fatigarse: “La guerra híbrida de Putin”.
La expresión que han puesto de moda en Europa debe ser eso exactamente. No hay tanques corriendo por el campo, ni ruido de obuses, ni trincheras, pero la represión política avanza cada día, creado enemigos, espías y saboteadores a sueldo de Moscú. Sin callar la boca a los disidentes más cercanos es difícil embarcarse en expediciones lejanas contra terceros países.
Por su parte, los medios de intoxicación se han lazado definitivamente a la propaganda de guerra. Da mucho juego a los charlatanes, los tertulianos, los “expertos” y los generales retirados que se aburren lejos del cuartel.
Los que no están alineados con los proyectos belicistas de los gobiernos europeos son agentes rusos. El Corriere della Sera no vacila en calificarlos de “quinta columna”. En su guerra contra Europa, el Kremlin los necesita.
Parece que Putin es imprescindible para mover los hilos de cualquier movilización en Europa porque, según los intoxicadores, no hay suficientes motivos para salir a la calle. Su poderoso influjo se puede rastrear incluso en la avalancha de Ceuta, dice Pedro Sánchez.
Los intoxicadores están temblando porque el posicionamiento sobre la guerra podría marcar la diferencia en los resultados de las próximas elecciones en varios países europeos, como Italia sin ir más lejos. Los que se oponen a financiar a Ucrania y su guerra suben en los sondeos. Los gobiernos, como el alemán, están cada vez más aislados y desacreditados. Por eso una de las expresiones más extendidas es la de “inestabilidad política”.
En Europa el detonante más importante de la crisis política no está fuera, en Rusia, sino dentro. La política belicista no cuenta con ningún apoyo popular. Los gobiernos están cada vez más alejados de la población y, como en Londres, caen uno detrás de otro.

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