Pero ello no quiere decir que por vías indirectas no se aclaren determinadas cuestiones que convenga no dejar en el limbo de las dudas. Dos de ellas son bien recientes y se refieren a la salud del propio SEDCNI, puesta en cuestión por Jesús Cacho en el digital VozPópuli (09/03/2014), aludiendo a “una enfermedad degenerativa grave” padecida al parecer por Félix Sanz “desde hace un par de años”.
Fuentes solventes próximas al CNI sostienen que su actual director goza de una salud espléndida y que el bulo difundido por Cacho puede responder al interés por crear un clima contrario a la eventual renovación de su mandato quinquenal, que, en su caso, tendría que producirse el próximo mes de julio (fue nombrado el 3 de julio de 2009). Una posibilidad que en modo alguno desagradaría a Félix Sanz.
A este respecto, se da la circunstancia de que, si bien el artículo 9.1 de la Ley 11/2002, reguladora del CNI, establece claramente que el mandato de Dirección “será de cinco años”, existe el precedente de continuidad de su anterior titular, Alberto Saiz, gracias a una reinterpretación torticera de su contenido, texto que en su omento fue consensuado entre PP y PSOE en base a la experiencia vivida con el general Alonso Manglano, cuya larga permanencia al mando del CESID durante 14 años consideraron negativa.
A pesar de que la voluntad evidente del legislador fue que el mandato sea improrrogable, el Gobierno de Rodríguez Zapatero entendió de forma interesada (y muy en línea con el proceso de manipulación institucional de los últimos años) que al Ejecutivo le estaba permitido encadenar mandatos sucesivos titulados por una misma persona. Y así, el 24 de abril de 2009 sancionó el Real Decreto 725/2009 disponiendo el cese de Alberto Saiz por expiración de mandato, pero dictando en la misma fecha otro sucesivo Real Decreto 726/2009 por el que se le volvía a nombrar en el mismo cargo.
En el entorno del CNI también se comenta que la alusión a que Félix Sanz pueda padecer un ‘alzheimer’ incipiente, quizás pueda deberse a que en los medios militares algunos de sus compañeros de armas tuvieron la idea de adjudicarle esa enfermedad por la facilidad con la que olvidaba sus lealtades y compromisos profesionales. Tratándose, claro está, de una crítica más o menos jocosa y no de una aseveración taxativa.