Inteligencia

El director general de la Guardia Civil en situación ‘missing’: ¿Dónde se esconde…?

Elespiadigital | Domingo 23 de marzo de 2014

Dado el reconocido afán de protagonismo del director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, familiarmente conocido como ‘Cuco’, sorprende que tras los dramáticos sucesos de Ceuta del pasado 6 de febrero, en los que murieron ahogados 15 inmigrantes subsaharianos al intentar llegar a territorio español nadando desde la zona adyacente de Marruecos y sin suficiente asistencia de rescate, haya salido totalmente del plano informativo, cuando sus mentirosas declaraciones iniciales negando la realidad de los hechos fueron las que más realimentaron su proyección mediática. Y aún sorprende más que continúe al frente de la Benemérita, institución que aguanta el chaparrón del caso con su máximo responsable político encerrado a cal y canto en su despacho oficial o acaso escondido en un armario o debajo de la cama…



Dado el reconocido afán de protagonismo del director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, familiarmente conocido como ‘Cuco’, sorprende que tras los dramáticos sucesos de Ceuta del pasado 6 de febrero, en los que murieron ahogados 15 inmigrantes subsaharianos al intentar llegar a territorio español nadando desde la zona adyacente de Marruecos y sin suficiente asistencia de rescate, haya salido totalmente del plano informativo, cuando sus mentirosas declaraciones iniciales negando la realidad de los hechos fueron las que más realimentaron su proyección mediática. Y aún sorprende más que continúe al frente de la Benemérita, institución que aguanta el chaparrón del caso con su máximo responsable político encerrado a cal y canto en su despacho oficial o acaso escondido en un armario o debajo de la cama…

A partir de aquel trágico acontecimiento, y actuando como un auténtico Cuco, Fernández de Mesa pasó a situación ‘missing’ (desaparecido), sin siquiera dignarse acompañar al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en su visita de inspección oficial sobre el terreno, ostensiblemente flanqueado por el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús Vivas, el delegado del Gobierno, Francisco Antonio González, el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, e incluso por el teniente coronel jefe de la Guardia Civil, Andrés López García. Tampoco acompañó al ministro ni al secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez Vázquez, en sus comparecencias en sede parlamentaria. Y es que, cuando hay problemas y la fotografía no es agraciada, el cuco siempre ahueca el ala…

Otra circunstancia llamativa del caso es que nadie responsabilice a Fernández de Mesa de que Instituto Armado bajo su mando no disponga de un protocolo de actuación razonable ante las avalanchas de inmigrantes ilegales que violentan las fronteras de Ceuta y Melilla continuamente, según ha denunciado en reiteradas ocasiones la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Una petición formal de directrices, frívolamente desoída por el director general del Cuerpo.

Pero lo más curioso del caso es que, habiendo reconocido el Secretario de Estado de Seguridad el pasado 19 de marzo, en una densa comparecencia ante la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados, que en los sucesos de Ceuta se dispararon efectivamente 145 balas de goma y 6 botes de humo contra los inmigrantes ilegales (admitiéndolo en todo caso como un error en el que ya no se volverá a incurrir), y sin que se sepa de dónde partió aquella orden, Fernández de Mesa no haya cesado a ningún mando local. Ni que, en su defecto, él mismo no haya sido relevado del cargo, que mantiene contra viento y marea como si fuera una canonjía en propiedad y no un destino político de libre designación y relevo; máxime cuando dicho cese ha sido demandado por la oposición de forma clamorosa en base a sus declaraciones mentirosas y a su evidente incapacidad para gestionar la difícil situación establecida en las fronteras marroquíes de Ceuta y Melilla.

A todo ello hay que añadir lo trascendido a los medios informativos sobre la comida celebrada el pasado 18 de febrero en el acuartelamiento de la Guardia Civil de Valdemoro, en la que, de forma más o menos encubierta, se conmemoró el 33 aniversario del fallido golpe de Estado del 23-F. Una celebración sin duda impresentable, y más aún si se produce dentro de un emblemático acuartelamiento del Cuerpo, de la que Fernández de Mesa ni se enteró, sin haberla podido impedir ni tomar personalmente al respecto ninguna medida disciplinaria posterior.

La comida de marras fue organizada por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Díaz (hijo del ex militar golpista Antonio Tejero Molina), quien entonces se encontraba destinado al mando del Grupo de Reserva y Seguridad número 1 con sede en las instalaciones de Valdemoro, cuyo comedor acogió la celebración. A ella asistieron también el excapitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas Aguilar, condenado a cinco años de prisión por el fallido golpe de Estado del 23-F, y otros oficiales del Cuerpo ya retirados y en su momento también relacionados con aquel lamentable suceso.

Si el director de la Guardia Civil no se enteró de lo sucedido, malo; y si se enteró y consintió o se hizo el loco, peor: otra razón más para su cese. Y todo ello al margen de los muchos problemas que ha creado al PP a lo largo de su controvertida carrera política (ver biografía disponible en esta Web).

Como ya hemos comentado en otro Confidencial, y con independencia del fondo político de ambos sucesos, que al parecer ni le preocupan, Fernández de Mesa se ha revelado como un director general de la Guardia Civil agarrado a la mentira, a la manipulación informativa de los hechos y, sólo cuando le conviene, al protagonismo personal, además de como un político inepto y desconocedor de su función y responsabilidades en el cargo. Sin embargo, nada de ello parece suficiente para cesarle de forma inmediata: es uno de los políticos de cuchara directamente protegido por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y -atentos al dato- uno de sus ‘amiguetes’ más íntimos.