Geoestrategia

Rusia tiene que restablecer la unidad de todos los pueblos rusos para sobrevivir a la agresión atlantista

Elespiadigital | Domingo 23 de marzo de 2014

Los últimos acontecimientos, que hace tiempo venían madurándose y algunos analistas pronosticaban, han caído sobre la mayoría de la opinión pública como una avalancha de nieve. La cuestión de Crimea y de Ucrania ha planteado al mundo ruso la necesidad de la unidad. Al mismo tiempo se ha dejado ver clara la amenaza por parte de Occidente. La aparente corrección política y la tolerancia de la sociedad occidental no pueden esconder una multisecular  rusofobia, fundada en la incomprensión de las características del carácter ruso, como la generosidad ante el adversario y la Justicia.

Por Juan Aguilar*



Por Juan Aguilar*

Los últimos acontecimientos, que hace tiempo venían madurándose y algunos analistas pronosticaban, han caído sobre la mayoría de la opinión pública como una avalancha de nieve. La cuestión de Crimea y de Ucrania ha planteado al mundo ruso la necesidad de la unidad.

Al mismo tiempo se ha dejado ver clara la amenaza por parte de Occidente. La aparente corrección política y la tolerancia de la sociedad occidental no pueden esconder una multisecular  rusofobia, fundada en la incomprensión de las características del carácter ruso, como la generosidad ante el adversario y la Justicia.

Por eso debemos reconocer una verdad simple. Occidente siempre arremetió contra las tierras eslavas. En el siglo XX, Occidente pudo disfrutar de dos victorias sobre la civilización rusa, en 1917 y 1991, cuando fueron destruidos los imperios Ruso y Rojo. Desde 1991 parecía que la situación estaba bajo control. Rusia no era nada. La economía rusa y las finanzas eran controladas por los liberales (en realidad, por "la quinta columna” del Occidente en Rusia), la formación y la ciencia se degradaban, las fuerzas armadas se "reformaban" (destruían) rápidamente, etc. Sin embargo, en los últimos años se ha dibujado la tendencia al renacimiento de Rusia como una fuerza independiente sobre el planeta.

El regreso de Crimea a Rusia debería ser el primer paso para la reconstrucción de la unidad de los pueblos rusos. Es evidente que dadas las condiciones de crisis mundial del capitalismo, crisis sistémica, una serie de regiones del planeta recela, y mucho, del renacimiento euroasiático, saboteándolo militarmente. Por lo que, solamente la unidad permitirá a una Gran Rusia (la Federación Rusa), una Rusia Pequeña (Ucrania) y una Rusia Blanca (Bielorusia) sobrevivir y crear un nuevo “proyecto imperial”. La unión de las tres partes de la civilización rusa permitirá crear el potencial mínimo económico, demográfico y científico para acometer el futuro. Sobre este espacio “ruso” se puede formar el baluarte de la estabilidad y el salvamento de todo el continente; solo entonces, la humanidad podrá salir del caos que absorbe a la Civilización. En la lucha contra el caos y la decadencia, el mundo ruso puede recibir el apoyo de Siria, Irán, India y China, que se encuentran en la misma "trinchera". Todos ellos están condenados por los amos de Occidente a la desaparición.

En el Oeste, y sobre el espacio postsoviético, quieren convencernos de que Rusia viola el orden mundial, abriendo “la caja de Pandora”. Sin embargo, la mentira es evidente. Los medios masivos de comunicación cierran los ojos ante el hecho de que la caja de Pandora hace mucho tiempo que fue abierta por el mundo occidental. Y no sólo sobre el espacio postsoviético, sino también a nivel mundial. Occidente ha pisoteado la mayoría de los acuerdos de las conferencias de Yalta y Potsdam, así como el acuerdo de Helsinki de 1975.

Occidente apoyó la disolución de la Unión Soviética, Checoslovaquia y la RDA. Las potencias occidentales liquidaron a los gobiernos legítimos en la mayoría de los países del bloque socialista. Occidente fue el actor principal en la destrucción de Yugoslavia, cuando era un país próspero y en paz, roto en pedazos pequeños enemistados entre ellos. Occidente, manu militari, le robó a Serbia su "corazón", Kósovo, convertido ahora en campo de operaciones del narcotráfico internacional.

Sobre una serie de países de África y América Latina es mejor no hablar. Las potencias occidentales los controlan por completo. El sistema neocolonial se funda en el dominio absoluto sobre las esferas de la Información, las Finanzas y la Economía. Además, Occidente controla la Ciencia, las Tecnologías punteras y la Formación. Las élites” de los países africanos y latinoamericanos se forman conforme a los estándares occidentales. De ahí su subordinación mental y el reclutamiento directo o indirecto, incluida su participación en los distintos clubs, organizaciones, órdenes, etc. Cuando llega al poder una nueva "élite", se encuentra bajo el dominio de la red de los servicios especiales occidentales, los bancos, las corporaciones, las organizaciones no gubernamentales e incluso alguna que otra “ONG” y otras estructuras.

Así, Occidente realizaba con éxito su operación de "modernización" del Próximo y el Oriente Medio y África del Norte. En realidad, Occidente ha creado la mayor parte de los estados de esta región, estableciendo fronteras artificiales. Ahora la región está destrozada. Pero por lo visto, quieren llevarlo hasta el límite. Por ello, Sudán está dividido en dos partes y al parecer, no se ha llegado todavía al límite. En Malí el sistema estatal es apoyado solamente por los militares franceses. Existe una situación semejante en la República Centroafricana. Libia continúa degradándose; el débil Estado títere no puede frenar las formaciones criminales, territoriales y étnicas. Túnez no se ha recobrado de la “revolución”. Egipto en crisis permanente y en la actualidad se sostiene solamente a expensas de las inyecciones financieras de las monarquías árabes.

Irak en la vorágine terrorista. En Siria, la guerra. En Palestina y El Líbano la inestabilidad permanente, que en cualquier momento puede llevar a una explosión. Yemen, con dos estados, no existe en realidad. El territorio yemenita es un infierno del que no es capaz de salir de forma independiente. Además se deshace en el Sur y en el Norte.

En lugar de apoyar la estabilidad y el orden en la región, las monarquías árabes lo "balancean" de forma activa, usando potentes medios de información y recursos financieros. Sueñan con construir "el Califato", pero con sus acciones refuerzan únicamente el caos. Turquía está agitada. La sociedad turca teme que el país puede ir por el camino de Ucrania. Toda la región se sume profundamente en el caos que traerá cambios serios muy negativos en Transcaucasia y el Asia Central.

Por eso, acusar a Rusia de que abre las puertas del infierno, es una mentira o una tontería. Es más, Moscú, en contra de sus intereses nacionales, lleva mucho tiempo cerrando los ojos al recorte de derechos de los rusos en los países bálticos y Asia Central, y al crecimiento de los sentimientos racistas en Ucrania. Moscú se ha negado a reconocer el derecho a la autodeterminación de los habitantes de Karabaha, de los habitantes de Transnistria, de los abajasios, de los osetios. Se ha negado a aceptar, hasta ahora, en la composición de Rusia, a Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur.

En realidad, sus promotores han perdido en la revuelta ucraniana. Occidente, por medio de los servicios especiales ucranianos, organizaciones clandestinas (que no se escondían mucho), oligarcas y las capas marginales de la población, ha organizado un golpe de Estado. Y el proceso de su preparación ha sido muy largo. “La carta ucraniana” se preparaba desde hace mucho tiempo y la tenían guardada. Por lo visto, la revolución ucraniana debía ocurrir un poco más tarde. Sin embargo, la crisis profunda del capitalismo que arrasa Occidente y las últimas acciones de Rusia han obligado a usar ”la apuesta ucraniana” antes de lo que estaba planeado.

Todo lo que pasa en Ucrania está dirigido contra Rusia y la civilización rusa en general. El objetivo principal es Rusia. El falso mantra de que todo cambiará de repente, de manera milagrosa, de que todo irá bien para los ucranianos, no es creíble. En el mejor de los casos, en Ucrania habrá un régimen prooccidental, que tratará de asentarse de nuevo en dos sillas. En el peor, podemos ver la repetición del guión polaco de 1939, y Ucrania podría quedar dividida en dos partes. Occidente prepara activamente contra Rusia su “muro oriental” con Finlandia, los países bálticos, Polonia, Rumanía y Ucrania.

La creación de la “Guardia Nacional” en Ucrania es un indicador de que llevan adelante este guión. Las fuerzas armadas, a pesar del “optimismo” del Ministerio de Interior, no se enceuntran preparadas para la ejecución de las tareas que pretenden los golpistas de Kiev. Por eso, a marchas forzadas, crean un nuevo ejército. El 13 de marzo, la Rada Suprema sancionaba la creación de la Guardia Nacional. Y el mismo día, el primer viceprimer ministro, Vitaly Yarema, declaraba que la Guardia Nacional sería llevada obligatoriamente a la frontera ucranio-rusa. «Es necesario controlar a los militares que entran en la Guardia Nacional en el Este y el Sur», -ha dicho Yarema-. «En la Guardia Nacional invitaremos a los representantes del Maidán y a los centenares que tomaron parte en su defensa», señalaba. Antes, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional y la Defensa de Ucrania, Andrei Paruby había informado de que ya formaban parte de la Guardia Nacional 32.000 bayonetas, y en las siguientes dos semanas se movilizarán todavía a 20.000 personas más.

Buscarán crear el caos en la frontera con Rusia. Es necesario decir que, además, los occidentales usan los problemas internos de aquellos estados que rompen. Es absurdo negar el carácter extremadamente corrompido del “nuevo régimen” y la debilidad económica de Ucrania, lo saben en Moscú y en Minsk. Lo que intentan es trasladar el caos desde las fronteras rusas hasta el interior de la nación. En 2013, los expertos anotaban que 2014 debería ser el año de Asia Central y Transcaucasia. Los puntos críticos son Karabah, Tayikistán, Uzbekistán y Kirguizia. Tras los acontecimientos ucranianos muchos de estos planes se han desbaratado, pero no han desaparecido. Se espera una “primavera del Asia Central”. Las repúblicas del Asia Central, al igual que Ucrania, han sido llevadas al límite en los últimos 23 años y pueden fracturarse.

Rusia tiene tres áreas peligrosas, Ucrania, el Cáucaso y Asia Central. Por lo visto, tiene que esperar a que la situación se agudice en el Extremo Oriente. La península coreana está constantemente en estado de "preguerra". Lo que obliga a Rusia y China a atraer fuerzas considerables a esa región. Probablemente, tendrán que actuar en esa zona del mundo. Además, sobre el teatro del Océano Pacífico, es posible un conflicto entre Japón y China, algo que ya hace mucho que se viene hablando. Hay además un "frente" en el Ártico. Es necesario notar el hecho de la creación de “una OTAN del norte”. En Moscú lo han comprendido.

La OTAN trata de eliminar la tranquilidad en todo el perímetro de las fronteras de Rusia. Ellos cuentan con llevar el caos al territorio de la Federación Rusa y activar a la "oposición" interior. Los atlantistas piensan que esto debe anonadar a su enemigo milenario geopolítico y decidir “la cuestión rusa”. Rusia es su objetivo principal y el premio de la guerra global.

En tales condiciones no es posible para Rusia jugar con las reglas del enemigo y respetar “los acuerdos internacionales” y las así llamadas “normas de la decencia”, porque sería del género estúpido y, además, erróneo. Occidente hace mucho que ha violado todos los viejos parámetros e incumple constantemente “los acuerdos internacionales” en provecho propio, manejando a sus anchas el Gran Tablero. Los americanos hacen solamente lo que creen necesario para sus intereses. Instalan en toda Europa su “escudo antimisiles” pero afirman insolentemente que no es contra Rusia. Habría que recordar el acuerdo histórico, relativamente recientemente, con Washington y Bruselas, asegurando que no habría ampliación de la OTAN al Este. Hoy la OTAN ha absorbido a los antiguos países del Pacto de Varsovia y asimila los territorios postsoviéticos. Así, dentro de unos días, podría cerrarse el acuerdo para que Georgia realice su gran sueño. Su ingreso en la OTAN en otoño de 2014.

Los cazas de la OTAN se emplazan en los países bálticos, que la URSS y el Imperio Ruso tenían como un territorio de importancia estratégica. Hoy es el campo de operaciones para dar un golpe a Rusia. Fanáticamente rusófobos, los regímenes de Estonia y Letonia llaman a Washington y Bruselas a extender la presencia militar de la OTAN en los países bálticos. Y mañana, el régimen golpista de Kiev puede aceptar la presencia de los ejércitos de la OTAN en Ucrania. Y Ucrania, la Pequeña Rusia, es para Moscú una tierra aún más importante que los países bálticos. No es sólo un territorio estratégico y campo de operaciones desde donde golpear en el corazón de Rusia, sino también la tierra sagrada rusa, regada por la sangre de multitud de generaciones de rusos. Es una de las cunas de la etnia rusa. Y ahora es ocupada por unos supuestos herederos ideológicos de Hítler, detrás de los que están los enemigos históricos del pueblo ruso: los Estados Unidos. La aparición de los soldados de la OTAN en Ucrania será un paso. Está claro que la presencia de los norteamericanos será simbólica. El papel de "ariete" será jugado por “socios menores”: los polacos, los rumanos, los bálticos, los albaneses etc.

Es evidente que en tales condiciones no vale la pena conservar estructuras como la CEI. Esta formación existe, en realidad, solamente sobre el papel y carece de sentido. Hay una civilización rusa y también un territorio de influencia cultural, lingüística, histórica y económica rusa en la que Moscú no debe permitir la aparición de bases del enemigo. No se puede retroceder. En caso contrario, la quiebra de la Federación Rusa será el próximo accidente en la civilización. Si Rusia sabrá salir de este asedio, es la gran pregunta. No se puede retroceder cuando el enemigo pisotea tierras rusas, cuando se la rodea con una cadena de estados hostiles (incluso de formaciones estatales artificiales, todos ellos proyectos antirusos), de bases militares… el peligro es acuciante. También es necesario tomar en consideración el factor islámico, en el que Occidente se obstina con sus tejemanejes. El islamismo fanático ha sido llevado a las fronteras de Rusia y busca llevar sus operaciones dentro de Rusia.

Rusia no puede retroceder más. Crimea y Sebastopol deben ser el punto de apoyo para comenzar la contraofensiva y restablecer el mundo ruso como superpotencia. Es hora de comenzar la realización del “proyecto ruso”, habiendo fracasado las tentativas de participar en un Nuevo Orden Mundial creado por los amos de Occidente. En el mundo neoesclavista que construye Occidente no hay lugar para Rusia. A no ser como colonia…

Por eso es importante la propuesta del Comité Regional de Odessa, a iniciativa del Partido Socialista de Ucrania (????) de Natalia Vitrenko, de iniciar el proceso de Unión Rusa. El Comité Regional de Odessa ha invitado a denunciar los acuerdos Belovezhsky en virtud de los cuales se disolvió la URSS y se creó la CEI en 1991, firmados el 8 de diciembre por los presidentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Los socialistas cuentan que nadie puede anular la opinión del pueblo y los resultados del referéndum de 1991 siguen siendo válidos. Los jefes de los Estados firmantes deberían cumplir la voluntad de sus pueblos. Suena a utópico, pero empieza a ser un síntoma que sienten muchos habitantes del mundo ruso ante la agresión occidental.

Los acuerdos Belovezhsky, en realidad, el acuerdo Belovezhsky, daría para juzgar a sus organizadores por traidores ya que fueron firmados a espaldas de sus respectivos pueblos. No hubo referéndums, no hubo decisiones de los Consejos Superiores de las repúblicas eslavas. Además, el 17 de marzo 1991, cuando se realizó el referéndum en toda la Unión Soviética, los resultados mostraron que los pueblos de la URSS querían seguir viviendo juntos.

El 1 de diciembre 1991, los ucranianos fueron llamados a un segundo referéndum. El acta de la presidencia del Consejo Superior de Ucrania sobre la proclamación de la independencia salió a consultas. En la declaración, lo más importante se redactaba en sus artículos finales. Allí quedaba escrito que aquello era la base para la firma de una nueva alianza. Jurídicamente, el pueblo de la república había confirmado que quería seguir unido a Rusia y Bielorrusia. Kravchuk, Yeltsin y Shushkevich, no tenían derecho a firmar este documento. Sin embargo, ellos no trabajaban para los intereses de sus pueblos, sino para sus intereses personales y los de sus amos en Occidente.

«El acuerdo Belovezhsky» ha hecho un daño enorme a Rusia y Ucrania. Basta acordarse de la reducción de la población. Así, la población de Ucrania se ha reducido de 52 millones a 45 millones de personas. Millones de ucranianos tuvieron que salir en busca de trabajo al extranjero. En realidad, ha sido un genocidio contra los rusos.

Por ello, la denuncia del acuerdo de Belovezhsky y el reconocimiento de que la división de los pueblos rusos es artificial, debe ser un paso esencial en el camino a la unidad de toda la Civilización Rusa. Y la esperanza para muchos pueblos del mundo.

*Director de Elespiadigital.com