Desde que el pasado 7 de abril anticipamos en esta sección informativa que la Sociedad General de Autores de España (SGAE), presidida por Antón Reixa, seguía en entredicho, los hechos no han dejado de darnos la razón y avalar todas nuestras informaciones sucesivas.
Mientras el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz mantiene abiertas las diligencias previas en las que se encuentran imputados varios ex cargos directivos de la SGAE, no deja de sorprender que Reixa sostenga al frente de su dirección de Estrategia Corporativa, Asuntos Legales y Relaciones Internacionales a Pablo Hernández Arroyo, denunciado en la pieza separada del ‘caso Arteria’ y también responsable del departamento jurídico durante la conflictiva etapa anterior. De hecho, según han denunciado muchos asociados a la SGAE, él es quien, en el fondo, ahora maneja la institución a la sombra de Reixa y por caminos y vericuetos no menos cuestionables que los seguidos bajo la presidencia de Teddy Bautista.
Bajo la dirección conjunta de Reixa y Hernández, han surgido nuevos líos y conexiones que mantienen alerta al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte titulado por José Ignacio Wert, dispuesto a retirar la autorización recaudatoria de la SGAE, como ya consideró seriamente el anterior gobierno socialista con Ángeles González-Sinde al frente del Departamento. No en vano, cuando en la legislatura precedente Soraya Sáenz de Santamaría era portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, no se cortó un pelo a la hora de pedir la dimisión del entonces vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, porque, según ella, el asunto SGAE afectaba de forma escandalosa a tres ministerios (Cultura, Industria y Economía), ni al exigir explicaciones al Gobierno por el control que debería haber tenido sobre la SGAE.
Entre las conexiones más preocupantes de la SGAE, conocidas tras su cuestionable refundación, figura la relación con la ‘trama Gürtel’ a través de Pedro Pérez, presidente de FAPAE (Federación de Asociaciones de Productoras Audiovisuales de España), organización que agrupa a las más importantes empresas de producción audiovisual de España, y hombre que controla los intereses (y los votos) de ese sector dentro de la institución. Un ámbito del negocio recaudatorio especialmente favorecido por la gestión de Antón Reixa y Pablo Hernández, quienes, a su vez, arremetieron de forma poco comprensible contra los acuerdos establecidos con las televisiones.
También, las investigaciones sobre las SGAE abiertas por la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), que preside el magistrado Joaquín García Bernaldo de Quirós, mantienen las expectativas de una posible intervención por el Gobierno.
Ahora, y tras ser destituido como alto directivo de la SGAE, Juan Carlos Fernández Fasero acusa a Antón Reixa de mentir para seguir gobernando la organización a su antojo. En un comunicado publicado en su web con el título “¿Las mentiras de un presidente?” (11/06/2013), éste ex responsable de la entidad en la Zona Noroeste (Galicia, Asturias y Cantabria), pone en duda los motivos de su destitución.
Fernández Fasero dice que Reixa ha aumentado su poder en vez de reducirlo y que la SGAE no se ha desprendido de los edificios ‘Arteria’, uno de los problemas más graves heredados del anterior presidente, Teddy Bautista, concluyendo con una alusión a éste como ‘mal menor’ dentro de la SGAE: “alguien vendrá que bueno te hará”. Este es el contenido literal de su artículo-denuncia:
Defenderse a uno mismo es un acto realmente complicado. Por una parte, tus enemigos aprovecharán tus explicaciones para corroborar sus tesis, y por otra parte, tus amigos verán amplificada la sensación de injusticia que se ha cometido con tu caso.
Pero por otra parte, dicen que quien calla otorga. Por lo tanto, intentaré hacer un relato lo más preciso posible.
Soy un ‘chico Sgae’ desde principios de los 90. En distintas facetas, como autor, como editor y como sello discográfico y por lo tanto ‘pagador’. Además soy de los que acudía a las pre-asambleas, no a todas, pero sí a lo largo del tiempo. Antes y después del escándalo ‘Operación Saga’.
El detonante ha sido el tema de la subvención, que es fácil de explicar. La subvención es completamente lícita. No influye en la misma que el espectáculo en cuestión haya sido o no un fracaso, sino que la empresa haya facturado lo que dijo que iba a facturar. Pero para quien tenga dudas sobre la misma, le aconsejo que lea la convocatoria publicada en el DOG de fecha 19 de abril de 2012. Se trata de las “axudas á distribución. Modalidade D1”, a partir de la página 14225.
El director de Agadic no interviene en la misma. Si lo hiciera, bien para favorecer o bien para perjudicar, estaría cometiendo prevaricación, y, por lo tanto, estaríamos hablando de otra cosa.
El caso es que el tema de la subvención ha sido la gota que colmó el vaso de la paciencia de una parte de la Junta Directiva de Sgae respecto a la gestión de Antón Reixa.
Una gestión que ha sido puesta en duda en numerosas ocasiones, debido a su enfrentamiento con las televisiones, la caída en la recaudación, o la aparición de un nuevo clan, que sustituye al canario, y que ahora se llama clan gallego. Clan, por cierto, al que no pertenezco, dado el carácter de mi despido.
Que conste que si yo fuese miembro de la Junta Directiva de Sgae y viese lo publicado por El País el pasado 29 de Marzo de 2013, lo primero que pediría serían explicaciones, y desde luego, de no tener una aclaración satisfactoria, el despido del Delegado de Galicia-Asturias-Cantabria, y la dimisión de Reixa.
Entonces, si la subvención no es, ¿qué es? Pues la subvención es el detonante. El detonante mediante el cual la Junta Directiva pide unas explicaciones a Reixa, y Reixa echa balones fuera. De ahí que una parte de los consejeros intentasen forzar una moción de censura contra Reixa, que se convirtió en una moción de confianza defendida por él, con un incremento sorprendente de apoyos (de 24 pasó a 27 más una abstención -la suya). ¿Y eso a cambio de qué? Pues por lo pronto, yo me considero una víctima. Es difícil poder explicar que se refrende al presidente, y se castigue al delegado.
Obviamente, tengo pruebas de todo lo que cuento.
El caso es que Sgae me llevaba llamando desde finales del 2010. Insistentemente. Y a comienzos de 2012, acepto irme para Sgae siempre que puedan esperar por mí hasta que acabe la legislatura. Me dicen que sí, y así ocurren los hechos. El 21 de octubre son las elecciones al Parlamento Gallego, y el 25 de octubre dejo mi puesto como director de Agadic.
Dejé Agadic de motu propio, y no porque me echaran. Nada indicaba que no pudiese seguir en Agadic otra legislatura más o al menos hasta una remodelación de la misma.
Vamos a ver, cuando alguien contrata a un ex director de Agadic, ¿sabe a qué se dedicaba ese director, qué es la Agadic? Pues obviamente sí. Y sabe que Agadic se dedica a hacer política cultural y a otorgar subvenciones como las que se cuestionan, conforme a unas bases públicas (la concesión es automática si se cumplen los requisitos establecidos) donde un amplio espectro de empresas gallegas han recibido ese tipo de ayudas.
Pues bien, el actual presidente de Sgae (y administrador único de Filmanova Invest cuando se solicitó la subvención -en fecha 24 de julio de 2012) dice que él no sabía eso. No lo dice directamente así, obviamente, pero se inhibe de explicar el caso de la subvención ante la Junta Directiva y ante el Consejo de Dirección.
En consecuencia, en mi carta de despido, me acusan de haber ocultado la información de que siendo yo director de Agadic, le había dado una ayuda a la empresa del presidente de Sgae. Además, me acusan del grave daño causado a la institución por esta ocultación.
Es decir, el trabajador oculta información que compete al presidente, y el presidente no sabe, no se encuentra.
Exactamente pone que el presidente no interviene en la selección del director de Sgae Noroeste. Es decir, que cuando me proponen, parece ser que no sabe quién soy. Y no solo eso, que soy yo el que oculta que desde el puesto de director de Agadic me dedico a dar ayudas a empresas del sector (como Filmanova Invest). Cuando todo es público, se publica en la web de Agadic, y tiene publicidad suficiente a lo largo de los años.
En resumen, que el que quiera saber, puede saber cuánto ha recibido una empresa gallega en ayudas, simplemente acudiendo al DOG o a las distintas webs de las instituciones que dan ayudas.
En consecuencia, después de haberme reclamado durante 3 años, me despiden a los 6 meses, lo que me genera unos daños morales y perjuicios, derivados de mi estado de ex alto cargo, lo que me impide trabajar en 2 años (queda año y medio) con empresas con las que haya tenido algún expediente en curso (en Galicia, prácticamente la totalidad).
Pero fijaros en el calendario de esta ayuda en concreto.
Filmanova Invest presenta la ayuda el 24 de julio de 2012.
El 13 de septiembre, el Consejo de Dirección de Sgae me selecciona como director de la zona noroeste (y todavía no se ha resuelto la concesión de la Subvención). Es más, en ese preciso momento, el director de Agadic desconoce las peticiones que llegan, hasta que se estudia y completa el expediente. Generalmente el expediente llega al director de Agadic ya cerrado, finalizado, ya que se trata de una ayuda automática.
El 22 de octubre, Agadic comunica a Filmanova Invest que se le ha concedido la ayuda que habían pedido en agosto.
El 25 de octubre me voy de Agadic.
El 1 de noviembre me incorporo a Sgae.
Es decir, que el 13 de septiembre, al administrador único de Filmanova Invest, y presidente de Sgae, cuando se está discutiendo mi nombramiento, no se le ocurre decir al Consejo de Sgae que precisamente Filmanova Invest tenía pendiente la concesión o no de una ayuda de Agadic (es el señor Reixa, como administrador único de la empresa el que tiene conocimiento de la solicitud). Y no solo eso, también parece desconocer que Filmanova Invest recibió ayudas del Agadic en el 09, 10 y 11. Y, obviamente, también en los años anteriores.
Y sin embargo, meses después se me acusa de haber sido yo (el trabajador) el que ocultó esa información.
También dice la carta de despido, que el presidente no intervino en la selección del candidato. Pero lo que no dice es que hay documentación que dice lo contrario.
En fin... Cosas veredes.
En definitiva. La cuestión de la subvención se dirime de la siguiente manera. Si la subvención es ilegal, tanto yo como Reixa nos tendríamos que ir de Sgae, y Filmanova devolver el dinero. Además podría suponer la existencia de un delito de prevaricación.
Si la subvención es legal, Reixa debería dejar la presidencia de Sgae por ocultar una información que para el Consejo de Dirección era relevante, y después por mentir defendiendo su cabeza a cambio de sacrificar la de otros.
Que conste que aquí Fasero no concede una ayuda a Reixa, sino Agadic a Filmanova Invest.
Ahora, que cada uno entienda lo que quiera.
En todo caso, repetir que yo soy un ‘chico Sgae’. Soy socio desde principios de los 90, siempre he sido activo en ese sentido y habitual de las pre-asambleas (aunque no he ido a todas), y siempre he sido y sigo siendo un defensor de los derechos autorales y del papel que debe desempeñar la Sgae. El tema social no tiene que ver con el tema laboral, aunque a algunos les interese mezclarlos.
Pero lo que realmente preocupa a muchos socios, más que mi cabeza, es la sensación de mala gestión que se ha llevado a cabo este año. La poca defensa del derecho autoral, determinadas maniobras en los cambios de estatutos y de reglamento de la entidad, y la caída brutal de recaudación de Sgae.
Lo que preocupa a muchos socios, más que mi cabeza, es que Antón Reixa ha mentido en general para mantenerse en el poder, anunciando que se reducirían los poderes del presidente, cuando se han aumentado; anunciando que Sgae se desprendería de los edificios de Arteria y lo que se ha hecho es contratar a una empresa amiga a la que se le paga un dineral al mes venda o no venda propiedades. Que los ha engañado en un teórico reparto económico del fondo de las obras pendientes de identificar que no ha sido tal.
Lo que preocupa a muchos socios, más que mi cabeza, es que se ha comprometido a más de 800 socios del colegio de “pequeño derecho” al que él pertenece, para favorecer al colegio de las editoriales (el tema de las televisiones).
Que esta Sgae no está luchando por lo importante, como es la reforma de la LPI.
Que esta Sgae sería más democrática, y muchos ya dicen que si esto es la Nueva Sgae, Dios nos pille confesados.
Que se ha sumido a la Sgae en una guerra intestina que ha hecho que unos socios se enfrenten abiertamente a otros, en detrimento de lo importante, mientras las tecnológicas hacen lobby con el gobierno, consiguiendo mejoras importantes en la nueva LPI, o eliminar el mal llamado “canon digital”.
Dicen en Madrid que una persona que viaja tanto como lo hace Antón Reixa, estando tan poco en su despacho, malamente podrá hacer una buena gestión, matizando además que qué fácil es viajar con el dinero de otros.
Y que hay muchas voces que empiezan a decir aquello de “alguien vendrá que bueno te hará”, refiriéndose a Teddy Bautista.
Como advertimos anticipadamente, la SGAE sigue en entredicho y con las aguas revueltas. Sigamos, pues, atentos a la ‘Nueva SGAE’, porque todo apunta a que se desvelarán más escándalos.