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La pudiente oligarquía opositora venezolana se queja de la "crisis" con la despensa llena

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
jueves 07 de julio de 2016, 22:00h

El contraste es grosero: mientras miles de venezolanos hacen largas colas para comprar alimentos a precios regulados, las clases más pudientes se ahorran el esfuerzo con sus ingentes cantidades de dinero para que la comida llegue a sus despensas hasta por delivery.

No saben lo que significa pasar todo el día en una cola para conseguir alimentos a precios regulados, compran por pacas todo lo que necesitan y hasta se dan el lujo de viajar en avioneta privada para surtir sus despensas en el Caribe. Es la clase alta venezolana, que padece la crisis sólo por redes sociales.

Un reportaje de la BBC publicado este miércoles habla de ese otro país "donde los cumpleaños se siguen festejando con whisky 18 años, donde una quinceañera le traen a los músicos J. Balvin y Farruko para su fiesta y donde una señora celebra con amigas con un concierto privado de Luis Miguel".

Mientras la mayoría de los venezolanos hace largas filas para obtener los alimentos de primera necesidad a precios regulados, la clase alta puede gastar ingentes cantidades de dinero a los 'bachaqueros', es decir, a quienes contrabandean esos rubros para revenderlos hasta con mil por ciento de ganancia.

Las modalidades de expendio de los bachaqueros 'high profile' van desde ofertas en redes sociales y grupos de whatsapp, hasta portales en internet como Mercadobook, donde se pueden adquirir sin problema los productos de la cesta básica con entrega a domicilio, destaca una nota de diario 'El Impulso'.

Muchos rostros de la farándula nacional, que en el exterior apoyan campañas para decir que en el país hay una "crisis humanitaria", exhiben sus mensajes de satisfacción en redes sociales por hacer sus compras sin pasar ni minuto de calor en las colas pantagruélicas para adquirir leche, harina de maíz, azúcar, aceite, mantequilla o el resto de rubros básicos. Sí, básicos, porque los otros no escasean.

No obstante, quienes pueden comprar productos bajo la modalidad 'delivery' los pagan hasta 3200% más costoso que el precio oficial. Un reportaje publicado por el portal web Mensaje Directo refiere que, por ejemplo, la carne de primera se expende entre 7.000 y 7.300 bolívares cuando está regulada en 250 bolívares por kilogramo.

En semanas recientes, unas fotografías conmocionaron a los sectores más pudientes del país y fueron censuradas en la gran prensa en España. El empresario vasco Agustín Otxotorena dejó en evidencia que los más ricos no padecen la crisis al publicar varias gráficas de los abastecidos anaqueles de automercados de alta gama, rebosantes de jamones ibéricos, delicateses y whisky mayor de edad.

"Hay más escasez de productos regulados, eso es lo que yo he estado diciendo. La gente rica tiene de todo. No tiene que ir al supermercado, llama y se lo llevan a casa (…) ¿quién está padeciendo más? la clase media y media-baja, porque hasta ahora no tenían que recurrir a las ayudas sociales", dijo recientemente en entrevista a RT.

Otxotorena pagó caro su "atrevimiento". Además de la censura del diario ABC, caracterizado por sus críticas furibundas a Venezuela por supuestamente "limitar" la libertad de expresión, el empresario recibió amenazas porTwitter, Facebook y hasta en su entorno familiar.

La reacción era de esperarse. Los sectores más acaudalados del país son los mismos que siempre se opusieron al gobierno socialista de Hugo Chávez y ahora adversan al Presidente Nicolás Maduro.

Las figuras prominentes de esa burguesía, que por un lado hacen "activismo político" con la bandera de una supuesta "crisis humanitaria" y recolectan alimentos y medicinas en sus frecuentes viajes al exterior, por el otro engalanan las portadas de las revistas de sociedad para exhibir su ostentoso modo de vida, como ocurre con la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, o Dora D'Agostino, la esposa del presidente de la Asamblea Nacional (AN), Henry Ramos Allup.

Así, mientras las mayorías padecen los embates de una crisis económica, generada por la caída de los precios del petróleo en un país rentista, los privilegiados de siempre mantienen su estatus y pasan del largo, aunque, como de costumbre, son los primeros en indignarse.

Análisis: Derecha venezolana trata de sacar partido del acercamiento entre Colombia y Venezuela

Nazareth Balbás

¿En Venezuela hay escasez de alimentos? Sí. ¿En Colombia hay mayor oferta? También. Pero en esas afirmaciones hay medias verdades que los gobiernos de ambos países intentan resolver, mientras la derecha venezolana trata de sacar partido de una iniciativa que no emprendió.

A poco menos de una semana de que Colombia y Venezuela retomaran las conversaciones de alto nivel para reabrir la frontera, factores de la oposición venezolana protagonizan acciones para azuzar las tensiones en la costura invisible de 2.219 kilómetros que une a ambas naciones.

El martes, varios centenares de mujeres vestidas de blanco cruzaron la frontera desde el estado Táchira (Venezuela) hasta Cúcuta (Colombia) para "comprar alimentos". La movilización fue de inmediato usada como bandera política por la oposición venezolana para acusar al gobierno del presidente Nicolás Maduro de que en el país hay una supuesta "crisis humanitaria".

La diputada opositora de Acción Democrática (AD), Laidy Gómez, señalada de organizar la manifestación, escribió en su cuenta de Twitter: "hoy la Frontera Táchira #Capachos #Ureña salieron sin miedo por #Comida".

Aunque el paso peatonal está permitido, es la primera vez que se hace una protesta de esta naturaleza en los más de diez meses del cierre, lo que hace presumir que la motivación es política porque antecedió la visita que este jueves realiza la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, a los departamentos fronterizos, cuyos alcaldes se han manifestado dispuestos a colaborar para que se reabra la zona limítrofe.

Mucho ruido y pocas bolsas

"En Cúcuta encontramos de todo", dijo una de las mujeres que no fue identificadas, en un video publicado en el portal web del diario 'La Opinión'.

Sin embargo, las féminas que cruzaron a pie hasta los comercios de Cúcuta regresaron a Táchira con una "compra pequeña", reseña el mismo diario. La razón principal es que, a pesar de la nutrida oferta en el vecino país, los productos de primera necesidad no están subsidiados como en Venezuela.

Por otra parte, el diferencial cambiario no favorece a los venezolanos. En Cúcuta, un peso se cotiza en casi 300 bolívares. En los últimos años, la capital del Norte de Santander ha levantado su economía con el contrabando de productos extraídos de Venezuela a precios subsidiados y revendidos en Colombia, así como con negocios que -al margen de la legalidad- depreciaron la moneda nacional frente al dólar y generaron un indicador artificial denominado 'dólar-Cúcuta'.

Contrabando continúa

Según refiere La Opinión, algunas de las mujeres que cruzaron hacia Colombia "llegaron a comprar los mismos productos que se fabrican en Venezuela y se comercializan de manera ilegal en la ciudad (Cúcuta)". Porque el contrabando, aunque ha mermado con la restricción del paso fronterizo, continúa.

Antes del cierre de la frontera, cifras del ministerio de Petróleo y Minería referían que de los 350.000 barriles diarios de combustible que produce Venezuela, unos 100.000 iban a parar a la frontera. Es decir, 35% de la producción nacional que, en medio de la crisis del mercado petrolero, se traducían en la fuga de 1,4 millones de dólares anuales.

La situación era similar en el sector alimentos y medicinas, tal como se evidencia en una crónica del diario Panorama. Uno de los fenómenos más reveladores de ese fenómenos fue que, tras el cierre fronterizo, disminuyó a 92% la compra de medicamentos en el estado Táchira, refiere AVN.

Un reportaje publicado en la revista 'Semana' sobre el contrabando de medicamentos destaca que mientras Venezuela emprendió un camino para regular el costo de algunos fármacos, en Colombia ocurrió un proceso inverso: se fueron desmontando los controles.

La falta de regulación y control del Estado, refiere 'Semana', hizo que el sistema de salud en Colombia no solo "llegara al borde de la quiebra, sino que hasta el año pasado, los colombianos pagaban más caro por la mayoría de medicamentos que otros latinoamericanos". La diferencia entre un país y otro, es ideal para que persista el contrabando de extracción.

Superar la dependencia

La complicada situación ha sido reconocida por las autoridades de ambos países como un problema a superar en la cooperación binacional. Sin embargo, el cierre de la frontera en agosto del año pasado evidenció aún más la dependencia de Venezuela que tienen los municipios fronterizos de Colombia, y obligó al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos a tomar medidas para integrar esos territorios a su propio país.

En una comparecencia en el Congreso, el año pasado después del 'impasse', la canciller neogranadina fue tajante: "Hay que tomar esas medidas que necesitamos de una vez por todas para que los colombianos vivamos en Colombia, integrados a Colombia y no sigamos dependiendo de Venezuela", citada por 'El Universal'.

Por otro lado, la crisis económica venezolana, agravada por la caída sostenida de los precios del petróleo y el silencioso bloqueo financiero internacional, es azuzada por la derecha nacional y se convierte en su principal argumento para presionar la salida del Presidente Nicolás Maduro, quien ha optado por ejercer medidas para normalizar el aparato productivo y restablecer el orden en las fronteras.

El reto de Venezuela

Aunque uno de los argumentos para el cierre de la frontera con Colombia fue el freno al contrabando de extracción para mitigar la escasez, en Venezuela ha aumentado el comercio ilegal de productos de primera necesidad, lo que se traduce en una inflación galopante que lesiona ostensiblemente la economía familiar.

El gobernador del Táchira, José Vielma Mora, ha insistido en que se reabra el paso entre ambos países para establecer una nueva zona comercial, siempre que se fijen normas de juego claras que permitan un intercambio transparente y beneficioso para ambas partes.

El acercamiento entre Caracas y Bogotá ha sido sigiloso pero apunta al restablecimiento de la cooperación fronteriza para frenar flagelos como el contrabando de extracción, el narcotráfico y el paramilitarismo, e intentar saldar la histórica deuda pendiente de un área limítrofe más segura.