
Un estudio asegura que el número de manifestantes de la Diada se ha reducido a una cuarta parte desde 2013 y rebate la cifra de un millón que dio la Guardia Urbana y la ANC el pasado lunes. Un millón de personas, según la Guardia Urbana, asistieron a la Diada celebrada el pasado lunes. ¿De dónde sale este dato? De momento, se desconoce.
Quienes sí han hecho los deberes en este sentido es Sociedad Civil Catalana (SCC), que redujo esa cifra a 220.400, mientras que la Delegación del Gobierno en Cataluña la fijó en 350.000. SCC ha elaborado un informe de 29 páginas al que ha tenido acceso Crónica Global, en el que demuestra muy detalladamente de dónde sale esa cifra y por qué es imposible ese millón de personas citado por la policía municipal de Barcelona.
Asimismo, esta asociación contraria a la independencia demuestra cómo las movilizaciones organizadas por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural han ido perdiendo fuelle, así como espectacularidad, desde 2013. En este sentido, el número de asistentes a la concentración independentista del 11 de septiembre se ha reducido a una cuarta parte, al pasar de las 800.000 personas registradas en 2013 a las 220.000 de este año.

Asistentes Diada 2013 - 2017
Los expertos que han elaborado ese informe se basan en el Método de Jacobs, según el cual el número de asistentes es igual a la superficie por densidad. Utilizan la herramienta Vissir de medición de áreas del Institut Cartogràfic de Catalunya y se centran en los tramos programados por la ANC, las imágenes aéreas de TV3 y el trabajo de campo efectuado por colaboradores de SCC.
Descontando fuentes y mobiliario urbano
Este año, la movilización consistió en una cruz dividida en 49 tramos (12 tramos por brazo más una Fila 0 de autoridades), cuyo centro se situaba en la confluencia del paseo de Gràcia y la calle Aragó. Los autores del estudio parten de la premisa de que la superficie máxima ocupable de los tramos medidos, es decir, descontando fuentes, estructuras y mobiliario urbano no pisable, alcanzaría los 149.079 metros cuadrados.

Cruce de Passeig de Gràcia con la calle Aragó
Según los estándares internacionales para concentraciones seguras, la densidad media estimada es de 1,8 personas por metro cuadrado. Sin embargo, el informe de SCC asegura que, durante la Diada demostró zonas que oscilaban en una densidad baja (0,5 personas) y alta (3,5). De ser cierta la cifra de la Guardia Urbana, coincidente con la de la ANC, de un millón de personas, supondría una densidad de 8,2 personas por metro cuadrado. "Es como si dieran las cifras a bulto. En 2016, intentamos contactar con la Guardia Urbana para ver cómo hacían sus cálculos, pero nunca obtuvimos respuesta", explica a este diario el coordinador del Observatorio Electoral de Cataluña, Felipe Moreno, que ha dirigido este estudio.
En el informe se explica que, el pasado lunes, tanto las aceras, como la plaza de Catalunya, registraron una densidad media o baja, pues en algunos puntos se evidenciaron muchos huecos y la circulación libre no estaba dificultaba. Concluyen que, con un error estimado de +/- 21.578 personas, la Diada concentró a 220.418 personas repartidas en el cruce de Passeig de Gràcia/ Aragó (9.677), lado montaña (66.139), Besós (27.272), lado mar exceptuando plaza Catalunya (55.670), lado mar de plaza Catalunya (24.558) y el lado Llobregat (37.100).

Felipe Moreno es ingeniero y forma parte de un equipo integrado por catedráticos de estadística y de ciencias políticas, así como expertos en informática y tecnologías de la información. Explica que, tanto en 2015 como en 2016, los miembros de este Observatorio cotejaron sus datos sobre las movilizaciones de la Diada con los análisis de los doctores Haroon Idrees y Mubarak Shah, del Center for Research in Computer Vision (CRCV) de la Universidad de Florida. Las cifras fueron casi idénticas.
"Nadie niega que en esas concentraciones acuda mucha gente. Pero creo que las cifras que dan los organizadores y la Guardia Urbana son inventadas y eso supone politizar una medición científica", afirma Moreno.
Casi un millar de personas de la izquierda española firman un manifiesto contra el 1-O

Casi un millar de personas de la izquierda que se definen contrarias a las políticas de Mariano Rajoy han firmado un manifiesto contra la celebración del referéndum de independencia de Catalunya suspendido por el Tribunal Constitucional. “Rechazamos el 1 de octubre como una trampa antidemocrática. Y llamamos a no participar en esta convocatoria, que es lo opuesto a un ejercicio de libre decisión del pueblo de Catalunya”, reza el manifiesto “1-O Estafa Antidemocrática. No participes. No votes”, que aparece este domingo en las páginas de política de el diario El País en catalán y en castellano. Aparece como publicidad y ha sido financiado por los firmantes, revela el diario en una nota al pie de página.
“Cualquier demócrata, sea cual sea su posición ante la independencia, debe rechazar esta convocatoria, impropia de una democracia y tramposa”, reza el texto que tilda de “trampa antidemocrática” el referéndum del 1-O. Reprochan que la convocatoria no es transparente, porque no establece un mínimo de participación, porque se ha hecho relegando y marginado a las fuerzas políticas de la oposición, porque se sustenta en dos leyes que se han aprobado de forma exprés, en un solo día, tanto la ley de referéndum como las llamadas leyes de desconexión y porque se trata de una convocatoria unilateral.
De los firmantes destacan la directora de cine Isabel Coixet; Javier Mariscal; las actrices Mónica Randall, Julieta Serrano y Rosa María Sardá; el escritor Félix Ovejero o la catedrática Victoria Camps; los escritores Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Rosa Montero, Juan José Millás y Manuel Rico; el director de cine Fernando Colomo; el economista Juan Torres; el músico Miguel Ríos, y quien fue fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, que estuvo vinculado a Podemos y fue eurodiputado de la formación morada en 2014, cuando irrumpió el partido en las elecciones europeas.
El manifiesto ha sido impulsado por Recortes Cero, una asociación que se presentó a las elecciones por primera vez en 2014 y se manifestaron ante el Parlament de Catalunya el miércoles 6 de septiembre, cuando se aprobó la proposición de ley del referéndum de autodeterminación.
Fuente: Crónica Global
¿Por qué (casi) nadie se moviliza contra la independencia de Cataluña?
Contar banderas por la calle es un ejercicio incómodo. En un paseo de diez minutos por el Eixample de Barcelona sumamos 31 esteladas -una adornada con el arcoíris-, 12 'senyeras' y una con los colores de España, descolorida por el sol y la lluvia. Repetimos en el Poble Sec y en Sarriá. La proporción varía según la calle y el edificio, pero la aritmética de los símbolos deja un saldo apabullantemente partidario a la independencia.
El ratio no parece ser un reflejo de los ánimos de la población si nos atenemos a las encuestas, que siguen retratando una mayoría partidaria de permanecer dentro de España. Y la desproporción se repite a la hora de contar manifestantes: frente a los cientos de miles de personas que participan el 11 de septiembre en los actos de la Diada -planteados abiertamente como una reivindicación secesionista-, sus rivales nunca han conseguido congregar a más de 20.000 personas.
Jorge (nombre ficticio) vive en la Villa Olímpica y guarda en casa una rojigualda. La tiene doblada en un armario y solo la saca a la ventana en situaciones especiales. “No me gustan mucho las banderas y nunca pensé que pondría una. Lo hice en 2012 y la empecé a utilizar para celebrar logros deportivos. Lo hice por reacción ante lo que empezaba a pasar, como un acto de libertad, de reivindicar mi libertad. Si ellos pueden sacar unas banderas, yo tengo derecho a sacar la mía”, comenta.
Las primeras veces que la desplegó en su ventana, algunos vecinos le mostraron su apoyo en el ascensor. “Lo hicieron discretamente. En el pasillo también hay varios independentistas y ellos no comentaron nada”.
Un año después, en 2013, se afilió a Ciudadanos y ahora ocupa un cargo como conseller del distrito. Nos permite fotografiar su fachada pero él prefiere permanecer en el anonimato. “Podría perder clientes y perjudicar mi trabajo, que a nivel profesional es más importante que mi actividad política”, se disculpa.
Fuera de los partidos políticos, la desmovilización del bloque contrario a la independencia es palmaria. Sociedad Civil Catalana es una de las principales asociaciones civiles creada con este propósito, pero su capacidad de convocatoria palidece ante la de Ómnium Cultural o la propia Asamblea Nacional Catalana (ANC). Su vicepresidente, el médico Álex Ramos, nos recibe en su modesta sede -un piso al lado de la Diagonal-. Asegura que hay entre 18.000 y 20.000 personas “adheridas a su manifiesto fundacional”. En el otro bando, la ANC decía haber superado los 80.000 afiliados a principios de 2015, de los cuales la mitad estaban pagando cuotas. Omnium Cultural, por su parte, tiene registrados unos 65.000 socios.
El flanco empresarial
“Empresarios de Cataluña” intenta cubrir el flanco económico con una organización que también se ha posicionado abiertamente contra la secesión alertando de “la ruina económica” que generaría en el tejido económico. Su presidente, José Bou Vila, dueño de una fábrica de pan y de una pequeña constructora, nos atiende por teléfono tras una jornada maratoniana. “Llevo todo el día con esto. He hablado en Televisión Española y dos veces con la COPE”, comenta.
Su exposición mediática contrasta con los recursos de una organización que funciona gracias al voluntariado. Bou Vila reivindica cerca de 480 asociados, “la mayoría pymes, pero también grandes empresas, directivos y ejecutivos”. Más de la mitad se mantienen en el anonimato porque no quieren exponerse en público. “Enseñé una vez en televisión la lista de afiliados, desde lejos, para demostrarlo. Eran diez hojas, a cuarenta o cincuenta personas por folio. Algunos pagan la cuota y otros solo son simpatizantes. Tenemos incluso algún presidente de banco, pero la mayoría no quieren salir porque el poder en Cataluña es total y tiene tentáculos por todos lados. Es muy incómodo estar en contra”.
No existe explicación sencilla sobre la desmovilización del bando opositor. Fuera del activismo, se suele hacer mención a la división. Lo hace por ejemplo Pedro, un ingeniero de Lleida que militó durante años en el PSC y que recuerda que solo una parte de quienes están en contra de la independencia lo están también en contra de la celebración del referéndum. “Eso nos impide ir juntos a ningún sitio. Muchos queremos seguir en España pero creemos que es necesario votar. No vamos a desfilar junto al PP con una bandera de España, por ejemplo. Desde fuera se ve blanco o negro, pero aquí hay relaciones familiares, amigos... y muchos matices. Hay que entender que el que quiere ir a votar y votar 'no' está más cerca de un independentista que de un españolista anti-referéndum".
Ramos subraya que es un problema de recursos, de que no compiten en igualdad. “Estamos convencidos de que somos más que ellos, pero nos falta de todo. La ANC empezó en 2011 con mucha fuerza y un presupuesto de varios millones. Ellos están desacomplejados y tienen un mensaje emocional, muy sencillo. El nuestro es más complicado, más racional. Además, siempre es más difícil movilizar a la gente en la defensa del status quo La animadversión que están generando hace que muchas personas no se atrevan a posicionarse en contra. Es un silencio impuesto”.
Jorge, el conseller de distrito que guarda una rojigualda en casa, cree que muchos catalanes contrarios a la independencia “no sienten que tengan que demostrar nada”. “Hay gente que lo hace por no meterse en líos, pero la mayoría simplemente no sienten que haga falta. El silencio duele a los oídos, la cosa se ha enrarecido y la omertá es espectacular. Es una situación muy peligrosa porque está todo escondido y antes o después explotará”, pronostica.
Bou Vila y Ramos coinciden en que la diferencia está en el apoyo político. “Ellos cuentan con la estructura del poder. Si nosotros tuviésemos su maquinaria, su altavoz, las retransmisiones en directo, reuniriamos a más gente", dice Ramos. "El próximo 12 de octubre habrá una manifestación grande, yo creo que ahora sí que vamos a reunir a mucha más gente”.
Fuente: El Confidencial
Oriol Soler, el cerebro del independentismo que nunca será inhabilitado

La apuesta definitiva del secesionismo catalán por lograr su objetivo final al margen de la ley cuenta, entre sus impulsores, con un nombre propio desconocido para el gran público pero con un peso específico superlativo entre las élites independentistas: Oriol Soler Castanys (Ripollet, 1969).
Soler es uno de los principales cerebros en la sombra que han trazado --y siguen haciéndolo-- la hoja de ruta de la ruptura. Un camino hacia lo desconocido que ejecuta sin titubeos el Gobierno de la Generalitat, con Carles Puigdemont y Oriol Junqueras como cabezas más visibles.
Oriol Soler es un empresario de largo recorrido en el ámbito de los medios de comunicación. Presidente de la cooperativa editorial SOM --antes Grup Cultura 03--, fue uno de los fundadores del diario nacionalista Ara, aventura que abandonó en 2012, meses después de su lanzamiento. Cercano a ERC --condición que él niega rotundamente--, sus numerosos proyectos empresariales han recibido generosas subvenciones, publicidad institucional y adjudicaciones de la Generalitat.
Gran estratega y negociador
Los que le conocen califican a Soler de gran estratega y negociador --capaz de construir consensos entre los sectores más dispares del independentismo--, y le consideran un personaje fundamental en la radicalización experimentada por los dos grandes partidos nacionalistas --PDeCAT (antes CDC) y ERC-- en los últimos años. "Es un conspirador nato, pero siempre se protege ante los problemas que pudieran aparecer", dice un antiguo colaborador suyo.
De hecho, en 2014 Soler lideró la campaña Ara és l’hora (Ahora es la hora) --con la que la ANC y Òmnium Cultural promovieron la consulta independentista del 9N--. Después dirigió la campaña de Junts pel Sí para las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015. Y fuentes conocedoras de las negociaciones le atribuyen un papel fundamental en el acuerdo in extremis que en enero de 2016 alcanzaron JxSí y la CUP --una expareja de Soler fue diputada de la formación antisistema-- para evitar unas nuevas elecciones; un pacto que situó a Puigdemont al frente de la Generalitat y a Mas en “la papelera de la historia”.
Pieza clave del sanedrín del ‘procés’
Además, Soler forma parte del denominado sanedrín que pilota el procés. Una suerte de consejo asesor no oficial del Govern compuesto por pesos pesados de la política --presente y pasada-- y del activismo, que se encarga de trazar y coordinar las líneas de actuación para organizar el referéndum secesionista ilegal del 1-O.
Ese alto mando estratégico no tiene una composición fija, pero los más habituales en las reuniones son, además de Puigdemont y Junqueras --y del propio Soler--, el ex presidente de la Generalitat Artur Mas; su ex mano derecha y ahora consultor empresarial David Madí; el portavoz del Govern, Jordi Turull; el ex consejero de la Presidencia Francesc Homs, Marta Pascal y David Bonvehí --por parte del PDeCAT--; Marta Rovira, Joan Puigcercós y Xavier Vendrell (ex miembro de Terra Lliure) --por parte de ERC--, y los presidentes de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, respectivamente.
Lo cierto es que algunos miembros del Gobierno autonómico y altos cargos de la Generalitat lamentaban abiertamente la excesiva influencia de este contrapoder o, más bien, Gobierno paralelo de notables. Pero la purga de tibios ejecutada por Puigdemont de julio pasado --que se llevó por delante a Jordi Baiget, Jordi Jané, Neus Munté, Meritxell Ruiz, Meritxell Borràs, Albert Batlle, Maria Jesús Mier y Joan Vidal de Ciurana, entre otros-- acabó de raíz con los conatos de disidencia y le permitió acelerar el tren hacia la previsible colisión del 1-O, tal y como exigía el sanedrín.
Toque de atención a 'El Periódico'
En todo caso, el papel de Soler ha ido más allá del de mero coordinador estratégico para el referéndum ilegal. El pasado 17 de agosto, día del atentado terrorista de Las Ramblas, poco después de que El Periódico de Catalunya publicara que los servicios secretos estadounidenses habían alertado a los Mossos dos meses antes del riesgo de un ataque yihadista en esa céntrica vía barcelonesa, Soler llamó a un alto cargo del staff empresarial de Grupo Zeta (sociedad editora de El Periódico), al que presionó por haber difundido esa información. El señalado era el director del diario, Enric Hernàndez, a quien en otras ocasiones ha criticado públicamente por oponerse al procés.
Soler ha reconocido a Crónica Global que realizó esa llamada pero ha asegurado que no hubo ninguna actitud amenazadora en sus palabras, que fue una conversación amistosa con su interlocutor --con quien mantiene una “relación personal” desde hace años-- y que se limitó a trasladarle su malestar y su disconformidad con la información publicada.
"Organizador" de la cena Iglesias-Junqueras
Que Soler es un personaje fundamental del procés también lo demuestra su presencia en la cena secreta que el pasado 26 de agosto compartieron Pablo Iglesias y Oriol Junqueras --junto a otros dirigentes de los comunes y de ERC-- en casa del empresario Jaume Roures para acercar posiciones políticas.
El propio Soler ha reconocido a Crónica Global que, no solo asistió al encuentro, sino que fue el “organizador” del mismo, y se ha definido como “amigo” de Roures.
¿Recuperar el ‘Ara’?
Otras fuentes consultadas por este medio aseguran que Soler, bien a título personal o a través del SOM, ha mostrado interés en volver a formar parte del accionariado del grupo editor del diario Ara, del que salió en 2012. Una operación que tendría por objetivo reconducir la línea editorial del mismo desde las actuales posiciones cercanas al PDeCAT (con Esther Vera --ex jefa de comunicación del exconsejero de Economía de Mas, Andreu Mas-Colell-- como directora, y con Ferran Rodés, la Fundación Carulla y Víctor Font como principales accionistas) hacia otras más afines a ERC.
Hace una semana, Soler fue especialmente crítico con la decisión del Ara de cumplir con las órdenes de los tribunales y no aceptar publicidad institucional del referéndum independentista ilegal del 1-O. En una serie de tuits, Soler mostró su “decepción” por dicha decisión y advirtió de que “si el diario Ara no quiere traicionar las razones por las que nació y que han merecido el apoyo de sus lectores, debería rectificar”. El medio sufrió un boicot por parte del independentismo, que inició una campaña de retirada de suscripciones.
En cualquier caso, Soler también ha desmentido cualquier predisposición a retomar posiciones en el capital del Ara. Y ha defendido sus tuits como “una crítica constructiva”. “Siempre he tenido buena relación con el Ara y la sigo teniendo. Ara sigue siendo un proyecto completamente válido y útil”, ha declarado a Crónica Global.
Sea como fuere, la figura de Soler es una de las más influyentes en la deriva radical que los líderes del nacionalismo político catalán han adoptado en los últimos años y que les ha llevado a intentar la ruptura unilateral con el resto de España. Una deriva cuyas consecuencias --en forma de inhabilitaciones o de otras responsabilidades penales-- en ningún caso le alcanzarán.
Fuente: Crónica Global
Opinión: Javier Cercas
NO SOY PERIODISTA, nunca he trabajado en la redacción de un periódico y mi ignorancia sobre los entresijos del periodismo es total, así que me guardaré muy bien de dar lecciones de periodismo a nadie (ni de periodismo ni de nada); pero llevo 40 años leyendo periódicos y a veces siento que no prestamos suficiente atención a noticias aparentemente laterales que esconden sin embargo, a poco que uno se pare a pensar en ellas, claves de asuntos determinantes. Pongo un par de ejemplos que atañen —¡y dale!— al contencioso catalán. Por supuesto, puede que yo esté equivocado y ambas noticias hayan tenido la difusión que merecen, en cuyo caso les pido disculpas; pero puede que no esté equivocado, en cuyo caso les pido que atiendan bien.
Los votantes más ricos, con una media de 2.190 euros de ingresos familiares netos, votan a la CUP
¿Adivinan ustedes a qué partido político apoyan los votantes más ricos del espectro social catalán, según un estudio reciente del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat? ¿Y a qué partido votan los segundos votantes más ricos? ¿Y los más pobres? Los votantes más ricos, con una media de 2.190 euros de ingresos familiares netos, votan a la CUP —el partido anticapitalista e independentista que sostiene al Gobierno—; los segundos más ricos, con 2.175 euros, a Junts pel Sí —la coalición para la independencia formada por Esquerra Republicana y PdCat, la antigua Convergència—, y los más pobres, con 1.490 euros, al PP (los segundos más pobres votan al PSC-PSOE: 1682 euros).
Como todos, estos datos toleran muchas interpretaciones, pero dos de ellas me parecen inapelables.
Una: en España, igual que en casi todas partes, son los ricos los que quieren separarse de los pobres, no los pobres los que quieren separarse de los ricos: los ricos catalanes queremos separarnos de los pobres extremeños y andaluces, que no dan golpe y gastan mucho (y no queremos separarnos de los pobres catalanes porque no podemos, al menos de momento); esto es absolutamente natural, aunque sea absolutamente injusto (y si es de izquierdas yo soy arzobispo de Canterbury).
Dos: contra lo que se dice a menudo, los votantes de la CUP no son herederos de la vieja y fortísima tradición anarquista catalana: los seguidores de Durruti eran proletarios utópicos, desheredados sin remedio, esclavos en busca de emancipación, y por eso eran peligrosos para el poder; los votantes de la CUP son, con harta frecuencia, gente acomodada, coqueta y volátil, que no está dispuesta a correr ningún riesgo y no representa un peligro real para nadie.
Esa era la primera noticia casi escondida a que aludía; la segunda la recordaba hace poco el señor Antonio Sanz en una carta al director publicada por este periódico. El 25 de mayo de 2014 se convocó en 130 municipios de Cataluña un referéndum sobre diferentes cuestiones sociales, que fue prohibido por la Junta Electoral Central y el Tribunal Supremo porque se solapaba con las elecciones europeas; ese día los Mossos d’Esquadra, enviados por la Generalitat de Artur Mas, paralizaron el referéndum y requisaron urnas, hubo 500 ciudadanos identificados y 10 denunciados por desobediencia.
Para Sanz, este hecho es la demostración del cinismo del llamado derecho a decidir, “que sólo se aplica a lo que interesa a los dirigentes catalanes (…) Para que la gente exprese su opinión sobre cuestiones sociales, no se pueden poner urnas; pero, para que la clase dirigente catalana tenga un estadito donde lo controlen todo y el 3% pueda quedar impune, sí”. A ese cinismo se añade otro, quizá más sangrante, y es que los dirigentes independentistas fingen no saber que la democracia no consiste únicamente en votar, que votar es una condición necesaria pero no suficiente para la democracia, y que un referéndum no es en sí mismo un instrumento democrático: si lo fuera, Hitler y Franco serían demócratas, porque ambos convocaron y ganaron referendos; pero los dirigentes independentistas fingen muy bien esa ignorancia, y de ahí que mucha buena gente crea en Cataluña que un referéndum antidemocrático es el colmo de la democracia.
Dos noticias laterales, ya digo, pero, si de lo que se trata es de saber qué pasa en Cataluña, yo las hubiera colocado en primera página.
Fuente: El País