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Antes de Trump, el Brexit: cómo fue Cambridge Analytica y no Rusia quien interfirió en el referéndum del Reino Unido

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
sábado 24 de marzo de 2018, 13:36h

“Esto no es una consultora política. No es una empresa normal, de ninguna manera. Es el producto de un multimillonario que invierte grandes sumas de dinero para construir su propio laboratorio de ciencias experimentales, para probar lo que funciona, para encontrar pequeñas astillas de influencia que puedan cambiar unas elecciones. Robert Mercer es uno de los hombres más inteligentes del mundo. No va a invertir 15 millones de dólares en tonterías”. Estas declaraciones son de un extrabajador de Cambridge Analytica que ya el año pasado advertía a Carole Cadwalladr sobre la empresa que acapara ahora la atención a ambos lados del Atlántico.

Redacción

“Esto no es una consultora política. No es una empresa normal, de ninguna manera. Es el producto de un multimillonario que invierte grandes sumas de dinero para construir su propio laboratorio de ciencias experimentales, para probar lo que funciona, para encontrar pequeñas astillas de influencia que puedan cambiar unas elecciones. Robert Mercer es uno de los hombres más inteligentes del mundo. No va a invertir 15 millones de dólares en tonterías”. Estas declaraciones son de un extrabajador de Cambridge Analytica que ya el año pasado advertía a Carole Cadwalladr sobre la empresa que acapara ahora la atención a ambos lados del Atlántico.

La prestigiosa periodista de 'The Guardian' y su dominical, 'The Observer', comenzó a finales de 2016 una investigación que ha acabado desenmascarando la mayor filtración de datos personales de Facebook, utilizados para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump.

Los expertos aseguran que analizando todos los 'Likes' que dejamos en redes sociales, determinados programas informáticos pueden conocer a un individuo mejor que su propia pareja. Por lo que, de la misma manera que nos llega legalmente publicidad “personalizada”, nos pueden llegar mensajes o imágenes que determinen nuestro voto.

Mark Zuckerberg ha sido ahora citado en Westminster y en el Parlamento Europeo para que explique el “fallo catastrófico” en la protección de datos. Mientras, Alexander Nix ha sido cesado de su puesto como consejero delegado de Cambridge Analytica.

Pero Robert Mercer, el hombre que, según uno de sus exempleados, “invierte grandes sumas de dinero para construir su propio laboratorio de ciencias experimentales” no ha sufrido, de momento, ninguna repercusión. Y esta es la clave, porque todo el escándalo plantea cada vez más preguntas sobre cómo, supuestamente, millonarios poderosos están utilizando a su antojo la democracia no sólo de la primera potencia mundial, sino también la del Reino Unido. Antes del triunfo de Trump, Cambridge Analytica ya logró otro éxito sin precedentes: el triunfo del Brexit. Una cosa está clara: quien tiene ahora los datos, tiene el poder.

Queridos lectores, este artículo es extenso y cargado de nombres. Pero cada palabra era necesaria para explicar hasta qué punto estamos siendo manipulados. Todos. Les invito a que se queden hasta el final.

Quién es quién en la trama

Robert Mercer: millonario americano, dueño de Breitbart, Cambridge Analytica.

Steve Bannon: ex asesor de Trump, director Breirbart, ex vicepresidente de Cambridge Analytica.

Alexander Nix: director ejecutivo SCL Group y hasta esta semana ex director ejecutivo de Cambridge Analytica.

NigelFarage: antiguo líder del UKIP.

Boris Johnson: actual ministro de Exteriores y figura clave en Vote Leave.

Vote Leave: campaña oficial por la salida de la UE.

AaronBanks:co fundador de Leave EU.

Leave EU: campaña no oficial por la salida de la UE.

VeteransforBritain: campaña no oficial por la salida de la UE.

BeLeave: campaña no oficial por la salida de la UE.

DUP: Partido Unionista Democrático.

Comencemos hablando de Mercer. Sus apariciones públicas son casi inexistentes. Pero hace tiempo, este millonario comenzó a interesase por los medios de comunicación. En 2007, invirtió 10 millones de dólares para la creación de Breitbart, un portal cuyo objetivo era convertirse en el “Huffington Post de la derecha”. Puso como director a su socio Steve Bannon, el mismo que acabó convirtiéndose en asesor de Trump y luego saliendo por la puerta de atrás de la Casa Blanca. En poco tiempo, se convirtió en el 29º portal más popular de América con 2.000 millones de páginas vistas por año, en el más grande de Facebook y el más influyente de Twitter.

Fue tal el éxito que, en 2014, Bannon decidió abrir 'Breitbart London', desde donde se empezó a apoyar a Nigel Farage, por aquel entonces líder del UKIP, y, coincidencias de la vida, gran amigo de Mercer y Bannon.

El líder euroescéptico -alma del triunfo del Brexit- se presentaba por aquel entonces como político “antiestablishment”, amigo del pueblo, cercano, charlatán y siempre dispuesto a tomar una cerveza en el pub, donde le agradaba posar ante los fotógrafos. Pero en el fondo, Farage siempre ha pertenecido a una exclusiva élite donde se mueven al mismo ritmo dinero y poder.

El Brexit: la obsesión de Bannon

La cuestión es que el Reino Unido siempre fue una obsesión para Bannon, un escenario clave como parte de su estrategia para cambiar el mundo. Otro exempleado de Cambridge Analytica contó a la periodista británica, en condición de anonimato, que “Bannon creía que, para cambiar la política, primero debes cambiar la cultura. Y el Reino Unido fue clave para eso. Pensaba que, cualquier paso que diera el Reino Unido, se seguiría en Estados Unidos. La idea del Brexit fue enormemente importante para él”.

Pero, antes de que se abriera' Breibart London', Mercer había puesto ya su atención en una empresa británica llamada SCL Group, cuyo director era Alexander Nix, educado en el elitista colegio de Eton, donde están internos príncipes e hijos de millonarios de todo el mundo.

Tras unos exitosos inicios en publicidad, SCL Group acabó centrándose en proporcionar datos, análisis y estrategias a gobiernos y organizaciones militares de todo el mundo. Según su propia web, en los últimos 25 años, han trabajado en más de 60 países.

Lo que no especifican es su punto fuerte: el llamado “Psyops”, en otras palabras, “guerra psicológica”. Tal y como explicó a 'The Guardian' uno de sus extrabajadores, “se trata de utilizar los mismos métodos que emplean los militares para cambiar el sentimiento de las masas y aplicarlo en procesos electorales”.

Pero, ¿cómo se consigue esto? Obteniendo primero datos y proporcionando luego mensajes individualizados creados a partir de los gustos y fobias de cada individuo. Los psicólogos de la Universidad de Cambridge habían recopilado antes legalmente datos de Facebook para investigaciones académicas y publicaron trabajos pioneros que determinaban los rasgos de personalidad, preferencias políticas, sexuales y muchos más aspectos analizando las temáticas y personajes que el individuo daba 'Like' (me gusta).

Facebook se convirtió, por tanto, en la principal fuente de datos para SCL Group. Aunque la compañía también compraba legalmente bases de datos de consumidores de todo tipo, desde suscripciones a revistas, hasta viajes en avión… El objetivo era capturar cada aspecto del entorno de cada votante.

Encontrar a los votantes “persuasivos” es clave para cualquier campaña y con su gran base de datos, por ejemplo, en el caso del Brexit, determinadas fotos de inmigrantes presentadas de determinada manera podían conseguir efectos decisivos. La clave es encontrar factores desencadenantes emocionales para cada votante de manera individual. El gran problema es que, en cualquier cita con las urnas, si el votante no sabe con claridad de dónde viene cada información, no se puede hablar de democracia.

En 2013, fue la primera vez que SCL Group llevó a cabo un proyecto en Trinidad utilizando este complejo sistema informático de recopilación de datos. Por cierto, que en este proyecto ya estaba involucrado el psicólogo de Cambridge Aleksandr Kogan, quien asegura ahora no tener constancia de que los datos que recopiló de Facebook para un programa académico fueron luego utilizados para la campaña de Trump.

La universidad de Cambridge (que a pesar de su nombre no tiene ningún vínculo con la consultora de datos) fue ya advertida en 2015 del comportamiento de Kogan. Asegura que está investigando todo pero, de momento, no ha suspendido al académico.

Cuando Mercer descubre todo aquello crea en 2013 Cambridge Analytica, una especie de filial americana de SCL Group, para poder trabajar en la política de EEUU. Pone como vicepresidente a Bannon (quien abandona el cargo en 2016). Las dos compañías están completamente conectadas. Con el escándalo, Alexander Nix ha sido cesado como consejero delegado de Cambridge Analytica, pero nadie sabe cómo afecta esto a su puesto como consejero delegado de SCL Group.

Cuando llega la campaña del referéndum del Brexit en junio de 2016, “Vote Leave” (la campaña oficial para salir de la UE capitaneada por el actual ministro de Exteriores, Boris Johnson) se gasta 3,9 millones de libras -más de la mitad de su presupuesto oficial de 7 millones de libras- en los servicios de una empresa llamada AggregateIQ.

Otros grupos que también piden el voto por la salida del bloque - “BeLeave”, “Veteransfor Britain” y el partido político de los unionistas norilandeses DUP- también destinan a la misma empresa 757.750 libras. Por cierto, utilizan dinero que les ha donado previamente “Vote Leave”. La “coordinación” entre campañas está prohibida por la ley electoral del Reino Unido, a menos que se declare conjuntamente el gasto. Pero no fue así. Esta es una cuestión que actualmente se está investigando.

La gran pregunta: ¿De dónde sale AggregateIQ? y, ante todo, ¿por qué nadie escucha hablar de la empresa en la que confían todas las campañas euroescépticas? AggregateIQ es una pequeña empresa canadiense con una oficina en Victoria, la capital de la provincia canadiense de Columbia Británica.

Su dirección y su teléfono corresponden a SCL Canadá, la filial canadiense de SCL Group. Curiosamente, esta referencia ha desaparecido de Internet. Pero, según 'TheGuardian', AggregateIQ trabaja para SCL Group y ya en 2013 fue la responsable de desarrollar el software en su misión en Trinidad.

Cuando la periodista Carole Cadwalladr preguntó a David Banks, responsable de comunicación de “Veteransfor Britain” por qué contrataron a AggregateIQ, éste respondió: “Ellos fueron los que se acercaron a nosotros. Estaban haciendo cosas que ninguna de las compañías del Reino Unido podía ofrecer. Tenían unas tecnologías que aún no habían llegado al Reino Unido. Habían encontrado una forma de acercarse a las personas en función de los puntos de vista del comportamiento. Ellos fueron los que se acercaron a nosotros”.

Tras el triunfo del Brexit, cuando empezaron a salir a la luz algunos comportamientos sospechosos, la Comisión Electoral se puso en contacto con AggregateIQ. Pero la compañía canadiense respondió diciendo que había firmado un acuerdo de confidencialidad y, como estaba fuera de la jurisdicción británica, la investigación terminó ahí.

Pero aún hay más, Mark Gettleson y Thomas Borwick, que trabajaron como consultores para SCL Group y Cambridge Analytica, fueron miembros de “Vote Leave”, la campaña oficial que pedía la salida de la UE. En el caso de Borwick no era un miembro cualquiera, era el responsable de tecnología.

Y ahora centrémonos en Leave.EU. Durante el referéndum, no fue la campaña oficial, pero sí tuvo gran protagonismo debido a que estaba vinculada a Nigel Farage, ¿le recuerdan? El alma mater del Brexit, el amigo íntimo de Mercer.

El que fuera líder del UKIP aseguraba este miércoles que Cambridge Analytica no llegó a trabajar para Leave.EU: “Tuvimos contactos en el arranque de la campaña y comparecimos en un panel juntos. Mi ambición era que todas las facciones pro-Brexit fuéramos bajo un mismo paraguas. Pero entonces se presentó Vote Leave y fue finalmente elegida como la campaña oficial, con derecho a financiación pública”. Según Farage, Leave.EU no llegó a contratar al final los servicios de Cambridge Analytica, a pesar de su estrecha relación con el multimillonario y fundador.

Pero tiremos de hemeroteca. Arron Banks, cofundador de Leave.EU, aseguró en un libro que, en octubre de 2015, su grupo contrató a Cambridge Analytica, descrita entonces como “una compañía que usa big data y psicografía avanzada” para influir en las personas. En noviembre de 2015, Leave.EU asegura en su web que Cambridge Analytica “nos ayudará a mapear al electorado británico, saber en qué creen para permitirnos relacionarnos mejor con los votantes”.

En el mismo mes, la directora de Cambridge Analytica, Brittany Kaiser, participó en una conferencia de prensa de Leave.EU. Aseguró que su organización estaría “llevando a cabo una investigación a gran escala de la nación para comprender realmente por qué las personas están interesadas en permanecer dentro o fuera de la UE”.

En febrero de 2016, el entonces director ejecutivo de Cambridge Analytica, Alexander Nix, escribió en la revista 'Campaign' que su compañía estaba trabajando para Leave.EU. “Ya hemos ayudado a sobrealimentar la campaña de medios sociales de Leave.EU asegurando que los mensajes correctos lleguen a los votantes correctos”, matizó.

El director de comunicaciones de Leave.EU, Andy Wigmore, también aseguró en Twitter el año pasado que su grupo había usado la compañía. “Deberías usar Cambridge Analytics. Os lo recomiendo mucho”, escribió.

Pero ahora los discursos han cambiado. Banks, co fundador de Leave.EU, asegura ahora que Cambridge Analytica intentó trabajar con ellos, pero que, en última instancia, nunca se hizo ni hubo ningún pago, porque Leave.EU no ganó la designación como la campaña oficial.

Cuando la agencia 'Reuters' le preguntó si Leave.EU pagó o aceptó servicios de Cambridge Analytica, Banks contestó: “Sin beneficios en especie, sin datos, sin nada”. Y respecto a la referencia en su libro de que la consultora había sido “contratada”, señala ahora que se refería a la “intención” de trabajar con ellos.

Por su parte, Nix, que esta semana ha sido destituido de su cargo como director ejecutivo de Cambridge Analytica, compareció el pasado 27 de febrero ante el Comité Parlamentario de Medios digitales, Cultura y Deportes, que actualmente investiga hasta qué punto la propagación de noticias falsas ha podido interferir en procesos electorales.

Nix aseguró que su artículo en la revista 'Campaign' fue un error “redactado por un consultor de relaciones públicas demasiado entusiasta”. Negó en todo momento que se proporcionaran servicios a Leave.EU. “No realizamos ningún trabajo remunerado o no remunerado, no tuvimos una relación formal con Leave.EU, no trabajamos en el referéndum de la UE con esa organización o cualquier otra organización”, añadió.

Pero, mientras comparecía, sus argumentos eran cuestionados por el propio Banks en Twitter, donde aseguró que Cambridge Analytica apareció como “socio estratégico” en el documento que Leave.EU presentó cuando intentaba convertirse en la campaña oficial: “Nix y Cambridge Analytica son mentirosos compulsivos”.

¿A qué están jugando? ¿Por qué existe tanto interés por parte de Farage para desvincular a su amigo Mercer de la campaña Leave.EU?

Nigel Farage durante su intervención en la Conservative Political Action Conference (CPAC), en National Harbor, Maryland, el 23 de febrero de 2018. (EFE)

El presidente del Comité Parlamentario de Medios digitales, Cultura y Deportes, el conservador Damian Collins, ha enviado una carta al fundador de Facebook para que de cuenta del “fallo catastrófico” en la protección de datos.

En paralelo a esas investigaciones, el organismo que supervisa la protección de datos en el Reino Unido, la Oficina del Comisionado de Información ha iniciado sus propias averiguaciones sobre Cambridge Analytica. La responsable de este organismo, Elizabeth Denham, no tiene capacidad para imponer sanciones o para obligar a los investigados a responder a sus requerimientos, por lo que ha avanzado que pedirá una orden judicial para registrar los ordenadores de la compañía que, dicho sea de paso, tiene entre sus accionistas a importantes donantes del Partido Conservador y también a Lord Marland, que acabó siendo en 2010 secretario de Estado con el anterior gobierno de David Cameron.

Downing Street señaló este miércoles que Cambridge Analytica se había acercado al Partido Conservador con el anterior Ejecutivo para ofrecerse a trabajar con ellos, pero la oferta había sido rechazada.

En definitiva, muchas cuestiones abiertas y, de momento, ninguna investigación a Mercer. Y mientras tanto, millones de personas cada día dejando datos y datos en sus redes sociales.

El 'arma psicológica' de Cambridge Analytica: así convertía los 'likes' de Facebook en votos

Se acabó la edad de la inocencia en Facebook. Hubo un tiempo en el que compartíamos con candidez nuestras fotos, comentarios, cabreos o puntuaciones en FarmVille o Candy Crush sin sospechar que, bajo esa alfombra de felicidad, se escondía una potente plataforma de minado de datos que pronto acabaría generando un perfil de nosotros idóneo para las empresas de publicidad 'online'.

Ahora, no sólo Facebook maneja esos datos y no sólo se están usando para colocarnos lo que en inglés se conoce como 'targetedadvertising', anuncios dirigidos a su comprador más probable. El último escándalo de la compañía de Zuckerberg, revelado este pasado fin de semana por The New York TimesThe Guardian, tiene que ver con los perfiles de votante —conocidos como psicográficos— creados por una empresa externa, Cambridge Analytica (CA), a partir de los datos de 270.000 usuarios de Facebook, recabados mediante una 'app' y que ayudaron a construir perfiles para unos 50 millones de personas.

La empresa de Menlo Park ha reaccionado, en primer lugar, cerrando sus cuentas de Facebook e Instagram a Christopher Wylie, programador canadiense y antiguo empleado de CA, que ha filtrado a la prensa anglosajona las turbias maniobras de esta consultora de redes sociales.

Por lo demás, Facebook se anticipó el viernes por la tarde a la tormenta emitiendo un comunicado de Paul Grewal, uno de sus vicepresidentes, donde avanzaba la cancelación de las cuentas tanto de Cambridge Analytica como de Strategic Communication Laboratories, su empresa matriz.

¿Cómo lo hicieron?

La empresa, fundada en 2013, logró atraer la atención de Steve Bannon, parte del círculo más cercano de Trump, y una inversión de 15 millones de dólares de Robert Mercer, mecenas del Partido Republicano, que colocó a su hija en la junta directiva. Wylie había desarrollado la forma de crear perfiles completos de los usuarios a partir de información somera como su ciudad de residencia, sus 'me gusta' o los amigos que tiene. El único problema es que necesitaban los datos.

Aquí entra en juego Aleksandr Kogan, un profesor de psicología en la Universidad de Cambridge que creó una aplicación llamada 'thisisyourdigitallife' (estaestuvidadigital) que 270.000 personas se descargaron. Con la excusa de que era un experimento científico (se vendía en Facebook como una app de investigación empleada por psicólogos y se recompensaba moderadamente a los participantes) Kogan accedió a datos como el nombre o los 'likes' de los usuarios, pero también a otros para los que no habían dado permiso, como información sobre sus amigos.

Kogan no hizo esto gratis, obviamente, sino que fue financiado, al igual que otros profesores ingleses, por CA. Ya a finales de 2015, un año antes de las elecciones, la empresa fundada por Alexander Nix se empotró en la campaña de Ted Cruz como candidato republicano a las primarias presidenciales a cambio de 750.000 dólares. Poco más tarde, ya en año electoral, cambiaron de caballo para maximizar las opciones de victoria de Donald Trump a cambio de unos seis millones de dólares.

¿Cómo se fabrican estos perfiles?

La información de Facebook recopilada por la aplicación de Kogan crea un perfil de cada usuario que luego se completa cruzando cualquier otra información sobre nosotros. Por ejemplo, el año pasado se desveló que la campaña de Trump completó los datos de CA con otros de la web de noticias Politico. Esto permite adecuar el tono del mensaje político para crear material propagandístico individualizado durante la campaña electoral.

Las llamadas aplicaciones de terceros o 'thirdparty apps' son una de las claves del espectacular crecimiento de Facebook, que comenzó relajando mucho las barreras de entrada para atraer a desarrolladores de las mismas. Aunque los académicos llevan al menos una década advirtiendo de los peligros para nuestra privacidad de estas aplicaciones, a veces disfrazadas de juegos o test para conocer nuestra inteligencia o personalidad, Facebook siempre ha desdeñado estas acusaciones.

 

La clave para convertir la información de 270.000 personas en 50 millones de perfiles psicográficos está en la posibilidad de "acceder a la información de tus amigos", un salvoconducto que contienen más de una de cada diez aplicaciones. Así, aunque usted tenga cuidado y no se descargue nunca nada sospechoso, si uno de sus docenas de contactos en Facebook lo hace, sus datos ya están dentro de los perfiles de empresas como Cambridge Analytica.

En los últimos años, la red social ha hecho esfuerzos por establecer patrones más estrictos a la hora de acceder a este tipo de información, pero según reveló Wylie a la periodista del Guardian, Carole Cadwalladr, cuando en 2015 Facebook le pidió por carta que borrara los datos que recabó, "esperaron dos años y no hicieron absolutamente nada para comprobar que los datos fueron borrados", explica el filtrador, "todo lo que me pidieron hacer fue rellenar un formulario y enviarlo de vuelta".

Digamos que Cambridge Analytica tenía un sistema capaz de clasificar a un usuario dentro de varios perfiles de voto —los que prestan más atención a la economía, los que nunca han votado republicano, los que están tentados de votar por Bernie Sanders, los desempleados furiosos con el sistema, etcétera— pero necesitaban rellenar esa máquina con la gasolina de los datos para que funcionara. Lo que hizo Kogan fue suministrarles ese combustible.

¿Cómo lograban manipular a los votantes?

La teoría dice que adaptando los mensajes que cada uno recibe. No es un sistema individual sino que, como explicamos arriba, asignan usuarios a su perfil psicográfico más probable en base a sus 'likes', preferencias e incluso a los amigos que ha etiquetado en una fotografía.

Pese a que Cambridge Analytica usara el lema "cambiamos el comportamiento de la audiencia", que su trabajo llevara a Trump a ganar las elecciones es, a día de hoy, una teoría muy disputada. El llamado 'micro-targeting' lleva funcionando en Estados Unidos desde al menos 2004, cuando Karl Rove lo utilizó para que la campaña de reelección de George W. Bush llegara una base de datos de votantes potenciales a los que no habría accedido de otra forma El WSJ publicó que en Iowa su campaña alcanzó al 92% de sus potenciales votantes frente al 50% de cuatro años antes.

Si se pone en tela de juicio la influencia del 'micro-targeting' en la elección de Trump es, principalmente, porque es un arma usada tanto por demócratas como por republicanos, dado que ambos disponen de una base de datos dedicada a ello: Voter Vault para los republicanos y Vote Builder para los demócratas. Otra evidencia de la limitada utilidad de Cambridge Analytics es que Ben Carson, candidato a las primarias, también empleó sus servicios pero fracasó, igual que Cruz.

En resumen, lo grave no es realmente su influencia sobre las elecciones sino el robo a Facebook de información clave de millones de personas.

¿Hizo Obama lo mismo en 2012?

Desde las filas conservadoras, muchas voces, y Cambridge Analytics los primeros, se han apresurado a comparar este caso con las dos victorias de Obama, donde la micro-segmentación en Facebook también tuvo cierto peso: "La campaña de Obama en 2008 estuvo famosamente dirigida por los datos, fueron pioneros en el 'micro-targetting' en 2012, hablándole a la gente basados específicamente en los temas que les preocupaban", tuitearon el sábado desde la empresa británica.

Michael Simon, jefe de analíticas de Obama en esas victorias, respondió a Cambridge Analytica subrayando que ellos no robaron datos privados de los perfiles de Facebook bajo falsas pretensiones de investigación científica.

¿Qué piensa hacer Facebook?

La empresa trató de anticiparse a la publicación de estas historias emitiendo un comunicado el viernes en el que negaban que se tratase de una "filtración de datos" sino que la información fue proporcionada por los usuarios a Kogan de forma consensuada. Sin embargo, a la luz de las noticias que han aparecido desde entonces el comunicado luce claramente insuficiente.

Por ejemplo, uno de los colaboradores de Kogan involucrado en este episodio, Joseph Chancellor, trabaja actualmente para Facebook. Las autoridades británicas están considerando llamar a Mark Zuckerberg y otros empleados clave de Facebook a testificar ante el comité del Parlamento que investiga la influencia de este caso sobre el Brexit, después de que Alexander Nix compareciera hace unos días y fuera acusado de "confundir deliberadamente" a sus señorías. "Es hora de que Zuckerberg deje de esconderse tras su página de Facebook", ha insistido el director del comité, el conservador Damian Collins. El canal de televisión británico Channel 4 emitirá este lunes un reportaje de investigación donde dos de sus periodistas se reunieron de incógnito con ejecutivos de Cambridge Analytica durante meses.

Desde Menlo Park insisten en que los cambios que llevan realizados desde hace cuatro años ponen aún más difícil para empresas como Cambridge Analytica expoliar datos de los usuarios: ahora los desarrolladores tienen, por ejemplo, que justificar para qué solicitan determinados datos. También habilitaron que cada persona pueda decidir qué tipo de información es accesible para estas aplicaciones.

Cambridge Analytica dijo también que los datos capturados de la red social fueron destruidos en 2015, pero Wylie dice que en absoluto, y que de hecho jugaron un papel en las presidenciales de 2016. En cuanto a Facebook, dice estar trabajando para "comprobar la veracidad de las acusaciones de que esos datos de Facebook aún existen".

La únicas reacciones de la red social han venido de cargos intermedios como el jefe de seguridad Alex Stamos, que publicó un hilo en Twitter (que más tarde borró) reiterando que la historia era importante aunque los términos "brecha de seguridad" o "filtración" fueran inadecuados.

Here are alexstamos nowdeleted tweets onthe app Cambridge Analyticaused to harvestmillions of Facebook users' data. pic.twitter.com/jPwRHUyW1w

— aprilglaser (aprilaser) 17 de marzo de 2018

En cuanto a Zuckerberg, tras manifestar en Navidad que su plan para 2018 era "arreglar Facebook", su último post en la plataforma es de hace casi tres semanas. Aparecía junto a su esposa Priscilla Chan preparando 'hamantash', un dulce típico de la gastronomía judía asquenazí. A mediodía de este lunes, las acciones de Facebook valían un 5% menos que a primera hora.

Actualización: a última hora del lunes, Facebook ha informado en un comunicado que encomendará a la firma de forenses digitales Stroz Friedberg una auditoría sobre el caso de los datos robados. Además ha invitado a las dos partes implicadas, Kogan y Wylie, a participar en la misma. El primero ha dado su acuerdo verbal mientras que el segundo ha rechazado su participación.

WhatsApp e Instagram no se libran: así envían tus datos a Facebook para espiarte

 

Facebook se acaba de enfrentar a su mayor crisis con el escándalo de Cambridge Analytica. Después de generar pérdidas millonarias para la empresa y una caída en picado en bolsa, miles de personas siguen usando el 'hashtag' #DeleteFacebook, con personajes como el cofundador de WhatsApp pidiendo que nos borremos de esa red social. Pero una pregunta sigue rondando en la cabeza de muchos: ¿de qué sirve borrarse de Facebook si probablemente también usemos WhatsApp o Instagram (o los dos)? ¿Acaso no pueden también espiar nuestros datos si usamos estas dos aplicaciones de la 'familia Facebook'?

En principio, solemos pensar que al ser servicios diferentes su relación no pasa de ser meramente comercial pues, además de no haber aparecido ningún caso similar al de Cambridge Analytica en estas plataformas, funcionan como entidades separadas a pesar de ser parte del mismo conglomerado. Tienen incluso sus propias políticas de privacidad. Pero todo empieza a complicarse justo ahí, en los siempre polémicos términos y condiciones.

“Todas ofrecen unas políticas de privacidad muy misteriosas y juegan con trucos para suavizar el uso de tus datos, pero, por ejemplo, hay un término clave que comparten y es el de la ‘familia de Facebook'”, explica a Teknautas Jorge Morell, abogado especialista en internet y privacidad. Asegura que en lo que se refiere a privacidad y uso de datos no hay mucha diferencia entre los tres servicios (desde que los compró Facebook) y pone la metáfora del planeta y sus lunas. “Facebook es el planeta y el resto de la ‘familia’, en la que se encuentran Instagram, WhatsApp, Oculus, Masquerade y otras 4 empresas, son las lunas que giran a su alrededor”.

Estas 'lunas' surten a Facebook de todos los datos que tienen permitido almacenar para, en teoría, mejorar sus servicios, pero tienen un objetivo final más oscuro: la publicidad y el negocio con terceros. “La relación con terceros en las tres ‘apps’ no es nada transparente. Hablan de que hay relación clara con otras empresas fuera de su conglomerado, pero en ningún punto te explican claramente cómo es esa relación ni con cuántas empresas comparten la información personal que guardan”, explica Morell.

Instagram, cuatro años sin actualizar sus condiciones

Facebook compró Instagram en 2012 por 1.000 millones de dólares en un acuerdo que buscaba ampliar la oferta de la red social más potente de aquel momento sumando para la causa a la plataforma más prometedora. Los creadores de la ‘app’ de fotos y los filtros actualizaron sus términos y condiciones en 2013, y no lo ha vuelto a hacer. “No incluyen ni los mensajes privados, ni nada sobre los ‘Instagram Stories’. Es un gran agujero negro en el que solo nos valen las deducciones”, comenta el abogado balear.

Si echamos un ojo a esta anticuada política de privacidad podemos ver puntos tan surrealistas como el único apartado en el que mencionan su unión con Facebook y dicen sin tapujos “estamos actualizando nuestra Política de privacidad para destacar esta nueva colaboración”. Lo dijeron en 2013. Cinco años después seguimos sin saber nada de esa actualización.

En cuanto a lo que tiene que ver con terceros (empresas fuera de la ‘familia de Facebook’) explican que pueden compartir “determinada información” con “socios publicitarios de terceros”. “Esta información permitiría a redes publicitarias de terceros, entre otras cosas, ofrecer publicidad dirigida que consideren que puede resultarte de interés”.

Al estar desactualizadas estas condiciones, no sabemos exactamente a qué datos se refiere ni si las nuevas herramientas que ha ido agregando desde 2013 entran en este apartado.

WhatsApp y el cifrado

El caso de WhatsApp es algo diferente y ha generado bastante más polémica en los últimos años que el de Instagram. Facebook compró este servicio en 2014 por 21.800 millones de dólares. Pero no fue hasta 2016 cuando abrió el melón de los datos.

Fue en ese año cuando empezó la discusión sobre qué pasaba con los datos de esta plataforma, un debate que aún dura hasta nuestros días. Tanto es así, que hace solo seis días la Agencia Española de Protección de Datos multó a estas dos empresas con 600.000 euros por ceder y tratar, respectivamente, datos personales de sus usuarios sin su consentimiento.

WhatsApp siempre se había caracterizado por defender la privacidad de los usuarios a ultranza, pero, como recuerda Morell, todo empezó a cambiar a partir de 2016. “Desde que en 2016 anunciaron que comenzaban a compartir datos con Facebook todo cambió en la ‘app’. Es verdad que siguen dejando claro que los mensajes no los leen ni nada parecido por el cifrado de extremo a extremo, pero sí almacenan y comparten otro tipo de información”.

Los mensajes que te mandas con tus contactos están encriptados, es decir, nadie más que tú y la persona que lo recibe puede ver qué dicen, pero otra cosa es el resto de datos que ofreces al servicio. Tu número de teléfono, tu agenda de contactos, tu actividad en la aplicación…Toda esa información sí que queda almacenada en los archivos de la aplicación de mensajería instantánea y puede ser usada por ella.

Primer mensaje de WhatsApp que avisaba de que empezaba a compartir datos con Facebook

Solo hay que echar un ojo a sus términos y condiciones, mucho más actualizados que los de Instagram, para ver qué información te pertenece y cuál comparten. No es tan transparente como debería, pero al menos muestra con bastante claridad que hacen con tus datos.

Por un lado dejan claro que el contenido de tus mensajes es tuyo, y de nadie más, por otro, también explican que pueden compartir el resto de tus datos con la ‘familia de Facebook’. “Facebook y las demás empresas de la familia de Facebook también pueden usar nuestra información para mejorar tus experiencias con sus servicios, así como sugerencias (por ejemplo, de amigos o conexiones, o de contenido interesante), mostrar anuncios y ofertas relevantes”.

En cuanto a los terceros, dejan una frase muy significativa. “WhatsApp puede transferir datos dentro de la familia de empresas de Facebook y a terceros, incluidos los proveedores de servicios y otros socios [...] WhatsApp es responsable del tratamiento de datos personales por parte de dicho tercero si ese tratamiento incumple los principios del Escudo de la Privacidad salvo que WhatsApp no fuera responsable del evento causante del presunto daño”.

El futuro pasa por el GDPR

Jorge Morell apunta a mayo como una fecha importante para todo lo relativo a los términos y condiciones de estos servicios, al menos en Europa. En apenas dos meses se acaba el periodo de prueba y entra en vigor en toda la UE el nuevo Reglamento General de Protección de Datos (GDPR por sus siglas en inglés) de forma definitiva. Una nueva legislación que tiene como objetivo que estos textos se aclaren y se hagan mucho más transparentes para que todo usuario sepa lo que está haciendo cuando descarga y acepta dar sus datos a una determinada aplicación.

“Un buen ejemplo de lo interesante que puede ser esta nueva normativa, son las condiciones de PayPal en las que establece las 600 empresas con las que comparte tu información y qué tipo de datos les ofrece”, explica el abogado. Morell es bastante optimista en este sentido y espera que la entrada en vigor del reglamento sea un punto de inflexión para estas políticas. “El mayor problema que hay ahora mismo es la poca transparencia que existe pues al leer uno de estos textos de términos y condiciones la mayor parte de las veces tienes que deducir lo que hacen con tus datos. Muy pocos te dicen claramente cómo ni para qué los usan”.

Es verdad que estos días el mayor golpe se lo ha llevado Facebook por el escándalo de Cambridge Analytica, pero no sabemos si en un futuro será otro servicio el que acabe hundido en bolsa por maltratar tus datos personales.

Fuente: El Confidencial

"Malditos idiotas": Así llamó Mark Zuckerberg a los primeros usuarios de Facebook

Mucho antes de que la privacidad se convirtiera en un tema delicado en Facebook, el fundador de la red social calificó a sus primeros usuarios como imbéciles por haberle entregado sus datos.

Esta semana Facebook se vio envuelto en uno de los mayores escándalos de filtración: se reveló que una compañía llamada Cambridge Analytica había recopilado datos personales de 50 millones de perfiles de la red social para manipular a los votantes e influir en el resultado de los comicios presidenciales de EE.UU. de 2016.

El propio fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, tuvo que admitir que la red social "cometió muchos errores" y se comprometió a tomar aún más medidas destinadas a proteger la información de los usuarios.

Sin embargo, el manejo rudo por parte de Facebook de los datos de los usuarios aparentemente comenzó años antes. En medio del escándalo actual, varios medios internacionales volvieron a sacar a luz una conversación de Zuckerberg con un amigo no identificado, que supuestamente tuvo lugar en 2004.

En 2010, Business Insider publicó el grosero intercambio de mensajes instantáneos del fundador de Facebook:

• Zuck: Sí, así que si alguna vez necesitas información sobre alguien en Harvard.

• Zuck: Solo pregunta.

• Zuck: Tengo más de 4.000 correos electrónicos, fotos, direcciones, redes sociales.

• [Amigo de Zuck]: ¿Qué? ¿Cómo conseguiste eso?

• Zuck: La gente simplemente lo envió.

• Zuck: No sé por qué.

• Zuck: Ellos confían en mí".

• Zuck: Malditos idiotas.

Cabe destacar que el multimillonario tenía solo 19 años en ese momento, pero su despectiva despreocupación por los usuarios de Facebook sorprende al público incluso ahora. 14 años y múltiples escándalos después, ¿ha cambiado algo?