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Guerra sin fin: por qué comenzó la nueva ola de combates en Ucrania

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
miércoles 30 de mayo de 2018, 20:00h

Desde que las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk entablaron una tregua con las autoridades de Kiev, Ucrania no ha logrado alcanzar la paz tan deseada. Si bien ya no se realizan maniobras de gran escala, los intercambios de disparos son algo cotidiano. Pero el auge de las hostilidades de mayo de 2018 no conoce precedentes.

Redacción

 

 

Desde que las autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk entablaron una tregua con las autoridades de Kiev, Ucrania no ha logrado alcanzar la paz tan deseada. Si bien ya no se realizan maniobras de gran escala, los intercambios de disparos son algo cotidiano. Pero el auge de las hostilidades de mayo de 2018 no conoce precedentes.

Según datos de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), solo entre el 14 y el 20 de mayo sus oficiales han registrado cerca de 7.700 casos de violación del alto el fuego.

"Nos han comunicado sobre 20 víctimas entre civiles y ya hemos comprobado el 50% de los casos", declaró el primer jefe adjunto de la Misión Especial de Observación de la OSCE, Alexander Hug. 

Esto supone la mayor cantidad de víctimas civiles en la región de Donbás desde que se pactó el fin de las hostilidades en 2015. Y eso solo contando las registradas entre el 14 y el 20 de mayo. En su análisis, el medio Izvestia destaca dos principales razones para este auge de la violencia en el este ucraniano.

Como primera causa, lo autores del artículo señalan el cambio de liderazgo en las fuerzas de Kiev. Hasta hace poco los combates contra las milicias de Donetsk y Lugansk estaban a cargo del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). El 30 de abril, el presidente Petró Poroshenko firmó un decreto que puso fin a lo que Kiev denominaba Operación Antiterrorista (ATO) y dio inicio a la Operación de las Fuerzas Conjuntas (OFC), esta vez bajo el mando de los militares.

Desde entonces, los militares han incrementado la presencia de sus fuerzas a lo largo de la frontera con las autoproclamadas repúblicas. Por parte de Donetsk y Lugansk se han registrado intentos de las FFAA ucranianas de tomar varias alturas alrededor de las principales posiciones rebeldes, pero hasta ahora todas han sido repelidas.

Otro resultado visible de la confrontación de mayo es la explosión del puente que une a Lugansk con el pueblo de Krasni Luch, una importante vía de comunicación entre las repúblicas de Lugansk y Donetsk. Los rebeldes culparon a saboteadores de Kiev y estos últimos no lo negaron.

"La destrucción del puente excluye e impide el suministro de municiones y armas", dice el comunicado de la OFC citado por Izvestia.

Otra de la razones del auge de las hostilidades radica en la proximidad de las elecciones, estima el medio. Tanto las elecciones presidenciales como las parlamentarias están programadas en Ucrania para el año 2019. No obstante, hay un grave problema: el Gobierno y el Parlamento actual tienen muy pocas victorias que presentar a los ucranianos de a pie.

El conflicto en el este del país, el mismo que Poroshenko prometió terminar en cuestión de días si era elegido como presidente en 2014, parece prolongarse más allá de los cuatro años de su mandato. Como resultado, el ahora país más pobre de Europa tiene que gastar en sus Fuerzas Armadas el 5% de su PIB.

Acerca de la situación económica, la mayoría de los expertos tanto dentro como fuera de Ucrania discuten solo sobre el tiempo que le llevará al país recuperar el mismo nivel que tenía antes del golpe de Estado, pero lo usual es que oscile entre 10 y 20 años.

Ante este panorama, tanto al presidente Petró Poroshenko como a la coalición gobernante en el Parlamento le iría bien un pequeña y victoriosa guerra, apuntan los autores. Pero el problema para el poder en Kiev es que cualquier avance de sus fuerzas sería una violación a los acuerdos de Minsk. Además, las repúblicas de Donetsk y Lugansk están bien preparadas para este desenlace. Las autoridades de Kiev correrían el peligro de sufrir otra derrota más, perdiendo no solo en reputación, sino más territorios.

OSCE detecta disparos y explosiones cerca de la estación de filtrado de Donetsk

VIENA (Sputnik) — La Misión Especial de Monitoreo de la OSCE en Ucrania volvió a detectar explosiones y disparos de ametralladora y armas ligeras cerca de la estación del filtrado de Donetsk, según indica el reporte diario de la Misión.

"Estando cerca de la estación de filtrado de Donetsk, la Misión Especial de Monitoreo escuchó explosiones indefinidas, y disparos de ametralladoras pesadas y armas ligeras, pese a las garantías de seguridad expresadas", indicó el informe del 28 de mayo.

En 2017 la estación de filtrado de Donetsk fue atacada más de 70 veces, mientras entre 2014 y 2016, la planta sufrió cerca de 350 impactos de proyectiles.

La estación de filtrado de Donetsk se ubica a 12 kilómetros de la ciudad del mismo nombre, en el territorio neutro a lo largo de la línea del contacto, y abastece de agua a unos 400.000 habitantes de esa urbe, de Avdéevka, Yasinovátaya y de otras localidades.

La compañía Voda.dn ('Agua de Donbás') había denunciado que el autobús de los empleados de la empresa fue tiroteado y cinco personas resultaron heridas, tras lo cual la estación dejó de funcionar.

Sin embargo, después de que se acordase intensificar el monitoreo de la OSCE, la estación volvió a estar operativa.

El este de Ucrania –Donbás– lleva ya más de cuatro años sumido en un conflicto armado entre las fuerzas de Kiev y las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, que se opusieron al golpe de Estado ocurrido en la capital en febrero de 2014.

Pese a que desde entonces se activaron varios mecanismos para conseguir una solución política a la crisis, entre ellos los acuerdos de Minsk, hasta ahora no se ha logrado poner fin a la violencia, cuyo balance la ONU estima en más de 10.300 muertos.

Análisis: El Día En Que Terminó La Paz

Denis Grigoriuk

Nos encontramos ante otro trágico aniversario, cuyas vísperas vienen acompañadas por otros no menos terribles y sangrientos eventos: Gorlovka vuelve a encontrarse bajo el fuego de artillería y una explosión se produjo en un autobús escolar en Debaltsevo. Para Donbass, mayo ha sido siempre un mes especial y, en 2014, fue el último mes de una vida en paz. Hace cuatro años, la paz desapareció de la capital minera. Pájaros de metal en busca de su presa rugieron en el cielo de Donetsk y, como buitres, no esperaron a la descomposición de su presa y siguieron tras los vivos de la capital de Donbass.

El 26 de mayo comenzó la guerra.

¿Se creía entonces la población lo que estaba ocurriendo? Por supuesto que no. Al levantarnos esa mañana, cada uno de nosotros se preparó para iniciar otro día gris y aburrido, aunque inundado de los sabores de la primavera. Pero aquella fatal mañana algo salió mal. El ruido que se percibía a través de las paredes de las casas era deliberadamente alto. Portadores de la calamidad, los jinetes del apocalipsis trajeron la guerra a Donetsk.

Pero incluso ese ruido causado por la aviación ucraniana no detuvo el ritmo de la vida de la ciudad. El transporte público seguía lleno de pasajeros, que seguían yendo a la ciudad; otros hacían su carrera matutina como cualquier otro día; otros volvían a casa sin dormir después del turno de noche e incluso algunos privilegiados seguían durmiendo en la cama, sin ningún motivo de preocupación. El 26 de mayo debía ser un día normal, un día libre en el que podrían hacer lo que quisieran.

Tengo que admitir que, en los primeros días, la batalla no afectó el ritmo de toda la ciudad. En aquel momento, nadie podía aún comprender que la guerra había llegado. Era algo surrealista. ¿Quién podría imaginar que, en pleno siglo XXI, el ejército comenzaría a bombardear una ciudad pacífica? Pero la realidad era que, durante todo ese mes, se había librado una guerra en Slavyansk y Donetsk seguía esperando evitar algo así. Incluso ahora, cuatro años después del inicio de la guerra, hay quienes no creen que el problema vaya a afectarles a ellos. Pero es en esos momentos cuando algo terrible ocurre y destruye por completo el mundo conocido.

¿Es preciso hablar de la comunidad internacional? Desde luego. Porque en el mundo algunos más que otros condenaron la guerra. “No a la justificación y los motivos de la guerra”, canta el grupo punk ruso “Porno”. Sin embargo, parece que, para la sociedad occidental, el sinsentido de las políticos y periodistas ucranianos, que seguían hablando de una invasión rusa de Donetsk, fue suficiente justificación. La culpa es de la víctima, no del agresor que decidió aplastar el descontento. El “mundo civilizado” aceptó que hubiera una guerra en este país lejano, tan parecido a Rusia que cualquier extranjero tendría dificultades para ver diferencias entre rusos y ucranianos. La maquinaria de propaganda continuó tensando la cuerda hasta el límite de la sociedad ucraniana, intentando convencer a la población de que ellos, una nación nueva sin nada que ver con los rusos, estaban destinados a destruir cualquier resistencia. Y el mundo entero observó y sigue observando con indiferencia cómo el ejército “restablece la soberanía” del Estado ucraniano.

Han pasado cuatro años y la política occidental sigue sin condenar al Gobierno de Kiev. Al contrario, en lugar de forzar a Kiev a aceptar la paz, la capital ucraniana celebró uno de los eventos más importantes: la final de la Liga de Campeones de fútbol. Representantes de España, Reino Unido, Francia, Alemania y otros países del mundo llegaron a un país con tantas ganas de entrar en la Unión Europea que está dispuesto a matar a sus propios ciudadanos. Crecida por el interés internacional, la sociedad ucraniana se aprovechó de los visitantes occidentales. Los europeos se quejaron hasta la saciedad de los altos precios del alojamiento en Kiev. Y de que el alojamiento no es cómodo. La ola de quejas entre los fans del fútbol se extendieron, no todos querían visitar un país de la antigua Unión Soviética. Por mucho que los ucranianos lo intenten, para los europeos seguirán siendo residentes de un país lejano en la frontera con Rusia, tan cercano que no son capaces de ver la diferencia entre rusos y ucranianos. Las camisas bordadas y el idioma tampoco ayudan.

En Donetsk ya estamos acostumbrados a la doble moral de Occidente. Hablan de paz mientras entregan armas al Ejército Ucraniano; hablan de los acuerdos de Minsk mientras no condenan a Kiev cuando realiza una nueva operación militar; intentan parecer humanitarios mientras apoyan la anarquía de Ucrania. Porque es fácil controlar a un país débil en el que la población no vive, sino que sobrevive, mientras que, al otro lado, hay una guerra que no es visible.

Es notable que la final de la Liga de Campeones se haya celebrado el mismo día del aniversario del inicio de las hostilidades en Donetsk. Es representativo de la situación. Si Europa hubiera tenido el más mínimo deseo de acabar la guerra en Ucrania, Kiev no habría tenido un festival de fútbol y la OTAN habría amenazado a los diputados por continuar con la retórica militar.

Pero vivimos en un mundo de doble moral. Orwell aplaude desde su tumba. No es que su libro se haya hecho realidad, nuestro mundo ya ha sobrepasado al original. “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud; ignorancia es la fuerza”. Esta es la ley que ahora funciona. Y la guerra y la paz se han hecho inseparables. En cualquier caso, la guerra ya no causa miedo en la población. Se ha convertido en la rutina.

Fuente: Slavyangrad