
CARACAS (Sputnik) — El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, denunció que su país hace frente a la mayor agresión política, diplomática y económica de su historia.
"Estamos enfrentando la mayor agresión, política, diplomática, económica, que en 200 años de República jamás haya enfrentado Venezuela (…) el imperio norteamericano, las viejas potencias colonialistas de Europa y un puñado de gobiernos oligárquicos pretenden ponerle la mano al poder político y la riqueza en Venezuela", expresó el mandatario, durante una transmisión del canal estatal Venezolana de Televisión.
Las declaraciones las emitió el Jefe de Estado durante un ejercicio militar del Grupo de Comando de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), en Caracas.
El mandatario pidió a los militares mantenerse unidos, pese a las amenazas extranjeras.
"Debe saber la Fuerza Armada que, como comandante en jefe que soy me mantengo firme en la defensa de la soberanía popular", añadió.
En los últimos días, el presidente venezolano ha participado en numerosas actividades militares, y convocó para el 10 y 15 de febrero venideros un ejercicio cívico-militar con el objetivo de preparar "el sistema defensivo de la nación para la defensa de la soberanía".
Los ejercicios se realizan, en medio de una nueva tensión política en Venezuela, que se agravó el 23 de enero, después de que el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral, de mayoría opositora) de Venezuela, Juan Guaidó, se juramentara como "presidente encargado" del país.
Trump: acción militar de EEUU en Venezuela es "una opción"
WASHINGTON (Sputnik) — El presidente de EEUU, Donald Trump, dijo que la acción militar de su país en Venezuela es una opción.
"No quiero decir eso, pero siempre es una opción, todo es una opción, no quito opciones de la mesa", afirmó Trump a periodistas en la Casa Blanca.
El asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, dijo en una entrevista de radio el viernes que Washington no tiene planes para una inminente intervención militar en Venezuela, pero todas las opciones siguen en la mesa.
Bolton agregó que el Gobierno de Trump tiene una serie de medidas económicas y políticas para Venezuela.
El lunes, EEUU bloqueó todos los activos de PDVSA en su jurisdicción e impuso una prohibición de hacer tratos con la compañía.
El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, dijo que al bloquear los activos de la petrolera estatal EEUU estaba cuidando a esta compañía para el pueblo de Venezuela y también protegiendo su propio mercado.
Bolton sugiere a Maduro renunciar antes de acabar en una zona "playera como Guantánamo"
El funcionario estadounidense descartó una "intervención inminente" en Venezuela por parte de Washington y sus aliados en la región.
El asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., John Bolton, sugirió este viernes al mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, aprovechar la oportunidad de renunciar a su cargo ahora y "tener una jubilación agradable y tranquila en una playa bonita" en lugar de "acabar en otra zona playera como Guantánamo".
En una entrevista con el programa de radio conservador de Hugh Hewitt, Bolton recordó el tuit que escribió este jueves, en el que le desea a "Maduro y a sus mejores asesores una larga y tranquila jubilación, viviendo en una bonita playa en algún lugar lejos de Venezuela". Pero para ello, según el funcionario estadounidense, deberían aceptar la amnistía que propone el diputado Juan Guaidó, quien se autoproclamó "presidente encargado" del país sudamericano y ha recibido el apoyo de la Casa Blanca. "Cuanto ante, mejor", agregó el funcionario estadounidense.
Todas las opciones sobre la mesa
Ante la insistencia de Hewitt sobre si EE.UU. planea una intervención militar en Venezuela, Bolton señaló, similar a las declaraciones del presidente Donald Trump anteriormente, que "todas las opciones están sobre la mesa".
Sin embargo, descartó una "intervención militar inminente", tanto de parte de EE.UU. como de Colombia y Brasil, aliados de Washington en la región, porque su "objetivo es una transferencia pacífica de poder" en Venezuela.
"Por eso es que hemos estado imponiendo sanciones económicas y aumentando la presión política en todo el mundo", dijo el funcionario.
Bolton señaló que en la Casa Blanca se habla "varias veces al día" sobre la situación en Venezuela. Indicó que Trump, primer presidente en reconocer a Guaidó, "está muy involucrado en esto".
Por otro lado, mencionó que, por ahora, están "considerando una amplia gama de medidas económicas y políticas que aún deben tomarse" contra el país sudamericano; luego de las sanciones anunciadas esta misma semana contra la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), a la que se le congelaron unos 7.000 millones de dólares en activos. Además, a esto se suma la entrega del control a Guaidó de los activos del Gobierno venezolano en los bancos de EE.UU., medida tomada por el departamento de Estado estadounidense.
Bolton recordó un discurso que ofreció en Miami, en octubre del año pasado, donde señaló que, desde la visión de Washington, Venezuela forma con Cuba y Nicaragua "la troika de la tiranía". "Estamos tratando con Venezuela ahora [...] pero estas otras dos patas de la troika de la tiranía permanecen en nuestras mentes", dijo.

La censura de Twitter contra la Revolución Bolivariana… no sea que los usuarios se den cuenta de la verdad
Pence: no es momento de diálogo con Venezuela sino de acción
WASHINGTON (Sputnik) — El vicepresidente de EEUU, Mike Pence, dijo en un discurso que el tiempo para el diálogo con Venezuela ha terminado y que la situación actual requiere acción.
"Este no es el momento para el diálogo, es el momento para la acción", afirmó Pence en una reunión de exiliados venezolanos en Miami.
Añadió que Washington estaba trabajando en una "transición pacífica" en el país.
La tensión en Venezuela, que vive una crisis política y económica de varios años, se incrementó luego de que el 10 de enero pasado Nicolás Maduro juró su segundo mandato consecutivo y no fue reconocido por la oposición y por varios países.
Como consecuencia, el 23 de enero pasado, el titular de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral de mayoría opositora), Juan Guaidó, se autoproclamó presidente "encargado" de Venezuela y logró el respaldo de EEUU y varios países de la región.
Maduro acusó entonces a Washington de intentar orquestar un golpe de Estado en Venezuela y rompió relaciones diplomáticas con EEUU.
El miércoles, a través de un comunicado, Uruguay y México invitaron a una conferencia internacional en Montevideo.
La convocatoria es a "representantes de los principales países y organismos internacionales que han compartido" la "posición neutral" de estos dos gobiernos frente a la situación en Venezuela.
Según ambas naciones, el propósito de la conferencia es sentar las bases para establecer un nuevo mecanismo de diálogo para devolver la paz a Venezuela.
Cancillería rusa: Washington se propone destruir el orden constitucional en Venezuela
MOSCÚ (Sputnik) — Estados Unidos está haciendo sus máximos esfuerzos para destruir el orden constitucional y cambiar de gobierno en Venezuela, declaró la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova.
"Vemos (…) los esfuerzos de Washington y la admininstración [estadounidense] enfocados al máximo en el cambio de orden constitucional" en Venezuela, dijo la diplomática a la cadena televisiva Rossiya 1.
Según Zajárova, en caso de que en Venezuela comience una guerra civil, el Gobierno estadounidense tendrá que explicar a su pueblo y los pueblos de América Latina "adónde irán los venezolanos".
La representante de la Cancillería rusa subrayó que el flujo migratorio desde los países latinoamericanos, que preocupa a EEUU hasta tal punto que está construyendo un muro en la frontera con México, "aumentará varias veces" en caso de conflicto en Venezuela.
Guaidó rechaza la propuesta de diálogo con el Gobierno de Venezuela hecha por México y Uruguay
El diputado Juan Guaidó, autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela, rechazó a través de su cuenta en Twitter la propuesta de "un nuevo mecanismo de diálogo" hecha por México y Uruguay.
Guaidó adjuntó en su tuit un carta dirigida a los presidentes de Uruguay, Tabaré Vásquez, y de México, Andrés Manuel López Obrador, donde expresa que no "será partícipe de conversaciones y negociaciones cuyo propósito sea mantener a violadores de Derechos Humanos en el poder".
La Cancillería uruguaya y mexicana anunciaron el pasado miércoles que el próximo 7 de febrero se llevará a cabo una conferencia internacional, que contará con la presencia de representantes de más de 10 países y organismos internacionales que buscan mediar en el conflicto venezolano.
"El cese de la usurpación"
En la misiva, el dirigente opositor también afirma que solo participará en una "negociación" cuando sea para acordar "los términos del cese de la usurpación". La Asamblea Nacional venezolana, que se encuentra en desacato y cuyos actos son nulos, según el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ha afirmado que Nicolás Maduro, reelecto el pasado 20 de mayo en las elecciones presidenciales, "usurpa" el cargo.
Guaidó hace referencia a un "proceso de transición", no contemplado en la Constitución venezolana, "que culmine con la realización de elecciones libres". Según la Carta Magna, el período presidencial corresponde a seis años, y el nuevo mandato de Maduro, que se inició este año, culmina en el 2025.
Finalmente, el diputado del partido Voluntad Popular cita la frase del Nobel de la Paz, Desmond Tutu: "Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor", y les advierte a los Gobiernos de México y de Uruguay que su postura de neutralidad los sitúa "del lado de unos pocos que han secuestrado el poder".
Otras reacciones ante el diálogo
Por su parte, Carlos Vecchio, el "embajador" ante EE.UU. nombrado por Guaidó y aceptado por Washington, manifestó que el diálogo "siempre busca manipular y engañar". Agregó que la oposición venezolana no está dispuesta a aceptarlo y que solo se sentarán a la mesa para negociar la salida de Maduro.
En la misma línea se pronunció el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien tildó de "ridícula" la mediación propuesta por los dos países latinoamericanos. "Esto no es un diálogo entre dos partes, es una redemocratización de un país".
El petróleo, otra vez lo que mueve el golpe en Venezuela
La misión de Juan Guaidó como "presidente interino de Venezuela" bajo el supuesto de restablecer el orden democrático y combatir la crisis humanitaria, no tarda mucho en exteriorizar las verdaderas razones por las que se encauzan los implicados internacionales. Y en relación a la industria petrolera, se nota con premeditación.
Según una nota publicada por la calificadora de riesgo S&P Global Platts, entre los planes inmediatos del recién proclamado "gobierno de transición" aparece la renovación de la junta directiva de Citgo Petroleum Corporation, filial de PDVSA con capacidad operativa de 750 mil barriles diarios, equivalentes al 4% del total refinado en Estados Unidos.
Esto viene en consonancia con la intención de usar los recursos bloqueados internacionalmente a Venezuela bajo interesadas acusaciones de corrupción, según una ley presentada en la Asamblea Nacional en desacato.
En ese mismo sentido, el director del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, afirmó que su país cree que los fondos y activos bloqueados a Venezuela deberían "ser administrados por Juan Guaidó por el presidente interino del país".
Además de esto, añade S&P Global Platts, que Guaidó prevé la creación de "una nueva ley nacional de hidrocarburos que establezca términos fiscales y contractuales flexibles para proyectos adaptados a los precios del petróleo y al ciclo de inversión petrolera".
En esta línea, según fuentes cercanas a Guaidó, el "gobierno paralelo" proyecta crear una nueva agencia de hidrocarburos "para ofrecer rondas de licitación de proyectos de gas natural y crudo convencional, pesado y extrapesado" en función de generar acuerdos ventajosos para transnacionales energéticas estadounidenses.
Así se ve la sustancia de fondo del "gobierno paralelo" (o de transición) de Guaidó; netamente enfocado en boicotear las finanzas del Estado venezolano para establecer un nuevo régimen de explotación petrolera, que otorgue el crudo venezolano a las corporaciones estadounidenses que hoy compiten por él.
Basta como ejemplo citar el caso de ExxonMobil, expulsada durante el gobierno de Hugo Chávez por no aceptar el nuevo régimen de explotación hidrocarburífera reconocido en la Constitución bolivariana. Una vez expulsada, esta corporación presionó a Guyana para explotar los recursos energéticos ubicados en el Esequibo venezolano, hoy en disputa con Guyana.
De prosperar esta intención, y poder extraer estos recursos, ExxonMobil se convertiría en uno de los principales exportadores de petróleo en América Latina, según analistas de Wood Mackenzi. Así es el tamaño de sus intereses en Venezuela, como se vio en los últimos días cuando hizo que Washington presionara al Grupo de Lima para que incluyera un rechazo a la detención por parte de la Armada Nacional Bolivariana de un buque de la corporación en aguas venezolanas.
Eso guarda estrecha relación con que Estados Unidos tiene como objetivo poder regular, hacia abajo o hacia arriba, el mercado de energía global, de acuerdo a la estrategia 2018-2022 de la Agencia para el Desarrollo Internacional del Departamento de Estado. Eso se traduce en políticas de intervención que alteran principalmente los mercados petroleros, sometiendo a los actores que participan allí mediante medidas de presión selectivas como sanciones energéticas, agresiones financieras de diversas índole, e intentos de cambio de régimen como el que hoy registra Venezuela.
El fin es sostener a los Estados Unidos en una posición privilegiada dentro de la economía global, permitiéndole regular el mercado energético en función de golpear las economías de las potencias rivales: China y Rusia.
Venezuela, aliado fundamental de estos países, ha configurado una política energética basada en la cooperación mixta, con el predominio de la estatal PDVSA en los convenios de extracción de recursos petroleros por encima de las empresas privadas y estatales foráneas, manteniendo un control soberano del territorio y sus fuentes de energía.
Por eso, habla bastante por sí mismo que entre las primeras medidas de Guaidó, en su intento de usurpar funciones presidenciales, sea vender a futuro los recursos petroleros de Venezuela a las mismas corporaciones que, sin injerencias, no quieren negociar en igualdad de condiciones con el Estado venezolano.
Análisis: Las dudosas credenciales de los Gobiernos latinoamericanos que apoyan a Guaidó
Patricia Lee Wynne
Los Gobiernos de Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Argentina, Chile y Brasil se sienten con la autoridad de dar lecciones de democracia a Venezuela y de reconocer como presidente a Juan Guaidó.
El autoproclamado presidente obtuvo 97.492 votos en 2015, en oposición a los casi seis millones de votos que consiguió Nicolás Maduro en las elecciones del 20 de mayo de 2018.
Es bueno analizar la autoridad de los Gobiernos que apoyan a Guaidó. Todos siguen las instrucciones de Donald Trump, un mandatario que fue electo en 2016, a pesar de haber perdido en votos frente a Hillary Clinton por dos puntos porcentuales. Desde entonces, ha decidido construir un muro en la frontera con México para impedir el ingreso de inmigrantes, se retiró de los tratados sobre cambio climático, del tratado nuclear con Irán, de los acuerdos de normalización de relaciones con Cuba y amenaza con retirarse del tratado de limitación de armamento nuclear de mediano y bajo alcance.
El colombiano Iván Duque preside un país con el mayor número de desplazados internos del mundo: 7,7 millones, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Cerca de un millón de colombianos se refugió en Venezuela. Según la OIM, se calcula que en los últimos 50 años de conflicto armado han sido asesinadas o desaparecidas 260.000 personas y en menos de cuatro años se ha matado a más de 400 líderes sociales.
Uno de los argumentos contra la legitimidad de Maduro es que en las elecciones del 20 de mayo de 2018 participó menos de la mitad de la población. En esos comicios, el actual presidente obtuvo el 67% de los votos. Pero en Chile, Sebastián Piñera obtuvo la presidencia de su país en 2017 en unas elecciones en las que participó un 46% de la población en la primera vuelta y un 49% en la segunda. El actual presidente chileno ganó con el 57% de los votos.
Juan Orlando Hernández, de Honduras, ganó la presidencia en unas dudosas elecciones en 2017 con un 42,49% frente al 41% del opositor Salvador Nasralla, resultado que estuvo marcado por enormes irregularidades. El país, que está en la primera plana de las noticias por la dramática salida de inmigrantes hacia Estados Unidos, se ha sumado al frente que no reconoce a Maduro.
En 2009, el entonces presidente constitucional Manuel Zelaya fue sacado en piyama de su cama y secuestrado a Costa Rica por un comando militar, con la participación de Estados Unidos, por haber propuesto una consulta popular para realizar una asamblea constituyente.
En Guatemala, el presidente Jimmy Morales es investigado por corrupción por la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG) de la ONU por haber recibido casi un millón de dólares de dudoso origen durante la campaña electoral. El presidente decidió impedir la entrada al país al jefe del ente.
Mauricio Macri preside un país con los peores indicadores económicos después de Venezuela en América Latina. Está en el 'top ten' mundial de los países con mayor inflación junto con Venezuela, Sudán, Turkmentistán e Irán, con una inflación superior a la de Angola, Congo, Yemen y Libia —dos países destrozados por la guerra civil—.
Sufrió una devaluación del 100% en 2018, una de las más altas del mundo, y es el único país latinoamericano, junto con Venezuela, cuya economía cayó en 2018 y seguirá cayendo en 2019. Además, ha empeorado todos los indicadores en relación con el Gobierno de su antecesora, Cristina Kirchner.
El voto de Macri se entiende por 50.000 razones: ante una crisis económica gravísima, ha logrado evitar, por ahora, el destino de la nación caribeña. ¿El secreto?: a diferencia de Venezuela, sancionada y con sus ingresos petroleros, su oro y reservas confiscadas ilegalmente, el país patagónico recibió un préstamo salvador de 50.000 millones de dólares del FMI, gracias a la gestión directa del amigo personal de Macri de sus tiempos de empresario, Donald Trump.
Y por último, Jair Bolsonaro que elogió la dictadura militar, atacó a los indígenas, a las mujeres y a las minorías de su país, y que fue electo gracias a que el principal candidato contra el cual competía, el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, está proscrito y en prisión tras la cuestionada destitución de la presidenta Dilma Rousseff por el Congreso.
La soga de las sanciones al cuello
Los ejecutores de Nicolás Maduro arrojan toda la culpa de la crisis económica sobre su Gobierno, pero limpian la responsabilidad de Estados Unidos con las sanciones que se han impuesto para ahorcar al país desde 2017, es decir, desde antes de las elecciones que ahora cuestionan.
La incautación de por lo menos 7.000 millones de dólares en Estados Unidos, la retención de oro venezolano —valuado en 1.200 millones de dólares— por el Banco de Inglaterra, la retención de 1.650 millones de dólares por una empresa europea de 'clearing' bancario, entre otros elementos, han agudizado la pobreza hasta el límite.
Secuestran el dinero de un país independiente, a nombre de la democracia, y ahogan a la población con el objetivo de derribar a su Gobierno, a cualquier costo.
El daño a los venezolanos por el embargo es concreto. Para dar dos ejemplos, en 2017 el banco Citibank se negó a recibir fondos para la importación de 300.000 dosis de insulina y, en octubre del mismo año, la nación no pudo depositar en el banco suizo UBS el dinero para comprar vacunas a través de la Organización Panamericana de la Salud, alterando los esquemas de vacunación.
La represalia largamente anunciada
La crisis económica en Venezuela es particularmente aguda desde la caída de los precios del petróleo iniciada en 2014, que no fue una medida autónoma del mercado, sino una decisión política general contra los países productores como Rusia, Irán y Venezuela.
Pero la inquina contra Venezuela se explica porque Estados Unidos quiere poner punto final a la independencia del país y enterrar definitivamente la política de soberanía petrolera del difunto presidente Hugo Chávez.
Después de fallido golpe de Estado de 2002 y del largo sabotaje petrolero de 2002-2003, Chávez revirtió la famosa 'apertura petrolera' de los Gobiernos anteriores y renegoció los contratos con las grandes transnacionales de crudo, imponiendo la mayoría de PDVSA en cualquier asociación productiva. Multinacionales como Exxon Mobil y ConocoPhillips salieron del país e iniciaron juicios internacionales.
La política de soberanía petrolera de Chávez no llegó a una nacionalización completa. Por el contrario, British Petroleum, la francesa Total, Chevron y la noruega Statoil siguieron operando e ingresaron la rusa Rosneft y la china CNPC.
Venezuela no fue sancionada tampoco por desatender sus obligaciones internacionales. En 2017, Maduro reconoció que el país había pagado más de 70.000 millones de dólares de la deuda externa durante los cuatro años anteriores, a pesar de las sanciones.
Pero Washington no tolera ni las más mínima medida de soberanía y dignidad de los pueblos. Por eso ahora, ante el debilitamiento de la economía venezolana, ante el descontento que provoca en la población esta crisis llevada a límites insospechados por las sanciones, ha resuelto intentar lo que no pudo lograr contra Chávez en 2002.
Por supuesto, su objetivo también es frenar la presencia de China y de Rusia en Venezuela porque para ellos el petróleo venezolano tiene un dueño: el Tío Sam.
Venezuela tiene con qué responder a este bloqueo. Así como Estados Unidos está confiscando los recursos para quedarse con Citgo —la empresa venezolana en Estados Unidos— en Venezuela están las empresas norteamericanas. La suspensión de todo pago de la deuda es inevitable en estas circunstancias. Venezuela puede avanzar también en un plan económico de emergencia con el apoyo de Rusia, China, Irán y Turquía, como ya lo propuso Moscú.
Por primera vez desde la Revolución cubana, América Latina vuelve a ser el escenario de uno de los principales focos de conflicto mundial. La disputa por Venezuela es, en el fondo, la misma que en Irán, Siria o Libia: lo que no le gusta es que son países independientes que no se someten a las órdenes de Washington y por eso los quieren dominar.
Pasado el letargo de enero, es hora de que los pueblos latinoamericanos hablen.