
La Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México ha retirado la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma, días antes de la conmemoración de la llegada del navegante al Nuevo Mundo. En un comunicado, desde el organismo se aclaró que la actuación se debe a la restauración "de una manera profunda" del monumento.
La decisión llega tras la campaña en las redes sociales 'Lo vamos a derribar', que convoca a una marcha para el 12 de octubre a fin de exigir al Gobierno retirar todos los monumentos que simbolizan el colonialismo.
La tendencia de tirar las estatuas de determinados personajes del pasado ha cobrado protagonismo en los últimos meses, con el derrocamiento de la estatua de Cristóbal Colón en Baltimore, EE.UU. y del monumento al conquistador Sebastián de Belalcázar en Popayán, Colombia. En México, las llamadas a deshacerse del legado colonial se producen cuando el presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, exige tanto al Gobierno español, como a la Iglesia católica ofrecer disculpas por las atrocidades cometidas durante la Conquista.
¿Para qué ha servido quitar 33 estatuas de Colón? Los Zapatistas, la verdad histórica y la mano divina
Ulises Fuente
Han pasado casi cinco meses de la muerte de George Floyd. Un tiempo en el que nos podemos parar a mirar atrás y tratar de ver con un poco de perspectiva lo que ha sucedido después, los efectos de las protestas del movimiento Black Lives Matter contra la violencia policial, la injusticia social y la desigualdad. Aunque seguramente se hayan producido algunos pequeños cambios en la mentalidad de algunas personas u, ojalá, profundos cambios en la de muchas, lo cierto es que después de todo aquello la única transformación tangible, palpable, que ha conseguido toda esa rabia y frustración ha sido quitar estatuas de la calle. Ni las políticas sociales ni la sustancia de la sociedad estadounidense han cambiado en lo más mínimo. En ese tiempo se han eliminado, entre otras muchas, 33 estatuas de Cristóbal Colón, el verdadero culpable del racismo, según parece, y quien hoy hace exactamente 528 años llegó a América por error.
Retirar estatuas podría llegar a tener sentido si se acompaña de un debate, de una reflexión sobre los valores que una sociedad quiere darse a sí misma. Obviamente, en la era de los derechos humanos, difícilmente podrán representar estos valores figuras anteriores a la declaración universal. Resulta muy diferente erigir una estatua a Hitler o Stalin que hacerlo de Juan de Oñate, otro de los descabalgados por el Black Lives Matter. Ahí es donde cobra importancia la historia, comprenderla y no solo juzgarla con nuestra mente acomodada. Como dice Mary Beard, «lo más importante es mirar la historia a los ojos y reflexionar sobre nuestra incómoda relación con ella... no simplemente retocar con Photoshop las partes desagradables».
Pero todo estará mal si encima desconocemos los hechos: en un alarde de ignorancia o de propaganda política, también se han retirado de la vía pública las efigies de Fray Junípero Serra en toda California. El franciscano no sólo no fue un supuesto genocida, sino que entró en contacto con los pueblos indígenas, a los que enseñó español y la Biblia, y aprendió su lengua y cultura con el fin de documentarla. Convivió pacíficamente con ellos y, como es natural, nunca disparó un arma. Por otro lado, Serra, quizá opresor en el pasado según algunos, encarnaría hoy a la minoría hispana que es oprimida por el hombre blanco anglosajón. ¿No sería entonces un símbolo a conservar? Menudo lío. Lo que parece que queda claro que la ira contra las estatuas, por sí sola, no ha ayudado a comprender mejor la situación ni a conocer la realidad. Y así será imposible cambiarla.
Fuente: La Razón
Los Zapatistas, la verdad histórica y la mano divina
Federico Gastón Addisi
Yo creo que con esto se acabó el verso indigenista. Es el mejor regalo para este 12 de Octubre.
Comunicado del EZLN del 5 de Octubre del 2020.
"UNA MONTAÑA AL MAR"
"(...) Que, después de recorrer varios rincones de la Europa de abajo y a la izquierda, llegaremos a Madrid, la capital española, el 13 de agosto del 2021 -500 años después de la supuesta conquista de lo que hoy es México-. Y que, inmediatamente después, seguiremos el camino.
Que hablaremos al pueblo español. No para amenazar, reprochar, insultar o exigir. No para demandarle que nos pida perdón. No para servirles ni para servirnos.
Iremos a decirle al pueblo de España dos cosas sencillas:
Uno: Que no nos conquistaron. Que seguimos en resistencia y rebeldía.
Dos: Que no tienen por qué pedir que les perdonemos nada. Ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales y en curso: el asesinato de luchadores sociales, como el hermano Samir Flores Soberanes; los genocidios escondidos detrás de megaproyectos, concebidos y realizados para contento del poderoso -el mismo que flagela todos los rincones del planeta-; el aliento monetario y de impunidad para los paramilitares; la compra de conciencias y dignidades con 30 monedas.
Nosotros, nosotras, zapatistas NO queremos volver a ese pasado, ni solos, ni mucho menos de la mano de quien quiere sembrar el rencor racial y pretende alimentar su nacionalismo trasnochado con el supuesto esplendor de un imperio, el azteca, que creció a costa de la sangre de sus semejantes, y que nos quiere convencer de que, con la caída de ese imperio, los pueblos originarios de estas tierras fuimos derrotados.
Ni el Estado Español ni la Iglesia Católica tienen que pedirnos perdón de nada. No nos haremos eco de los farsantes que se montan sobre nuestra sangre y así esconden que tienen las manos manchadas de ella.
¿De qué nos va a pedir perdón la España? ¿De haber parido a Cervantes? ¿A José Espronceda? ¿A León Felipe? ¿A Federico García Lorca? ¿A Manuel Vázquez Montalbán? ¿A Miguel Hernández? ¿A Pedro Salinas? ¿A Antonio Machado? ¿A Lope de Vega? ¿A Bécquer? ¿A Almudena Grandes? ¿A Panchito Varona, Ana Belén, Sabina, Serrat, Ibáñez, Llach, Amparanoia, Miguel Ríos, Paco de Lucía, Víctor Manuel, Aute siempre? ¿A Buñuel, Almodóvar y Agrado, Saura, Fernán Gómez, Fernando León, Bardem? ¿A Dalí, Miró, Goya, Picasso, el Greco y Velázquez? ¿A algo de lo mejor del pensamiento crítico mundial, con el sello de la “A” libertaria? ¿A la república? ¿Al exilio? ¿Al hermano maya Gonzalo Guerrero?
¿De qué nos va a pedir perdón la Iglesia Católica? ¿Del paso de Bartolomé de las Casas? ¿De Don Samuel Ruiz García? ¿De Arturo Lona? ¿De Sergio Méndez Arceo? ¿De la hermana Chapis? ¿De los pasos de los sacerdotes, hermanas religiosas y seglares que han caminado al lado de los originarios sin dirigirlos ni suplantarlos? ¿De quienes arriesgan su libertad y vida por defender los derechos humanos?".
La verdad que los caminos de Dios son insondables para la mente humana, pero finalmente, la verdad se impone.
De la mano menos pensada, un grupo guerrillero marxista, indígena, como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, expresa la verdad histórica sobre el supuesto genocidio español, la leyenda rosa del buen salvaje (Imperio Azteca), y la sangrienta Iglesia Católica. Todo rebatido en un puñado de párrafos.
Dios escribe derecho sobre renglones torcidos, y sirva la honestidad intelectual del EZLN para aquellos que por estas latitudes flamean Whimpalas y cambian el nombre del Día de la Raza. Somos el fruto del mestizaje. La América morena. Mal que le pese a tanto progre palermitano adoctrinado por Las Venas Abiertas de América Latina, de la que el mismo autor abjuró.
Confiesen entonces, que detrás de su supuesto indigenismo está la mano de aquel poder sinárquico que busca nuestra secesión y disolución.