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No hay Emergencia climática sino modelos erróneos del IPCC

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
domingo 14 de agosto de 2022, 19:00h

El IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) pronosticó en un estudio de 1990 tiempo que la duplicación del CO2 en el aire con el tiempo podría calentar la tierra 3,3° C por siglo. Es decir, en 1990, el panel climático de la ONU predijo con «sustancial confianza» que el mundo se calentaría desde entonces al doble de velocidad de lo que se había observado.

Petrusvil

Petrusvil

El IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) pronosticó en un estudio de 1990 tiempo que la duplicación del CO2 en el aire con el tiempo podría calentar la tierra 3,3° C por siglo. Es decir, en 1990, el panel climático de la ONU predijo con «sustancial confianza» que el mundo se calentaría desde entonces al doble de velocidad de lo que se había observado.

En la imagen: Comparación modelo IPCC (rojo) , Modelo Simple (verde) y datos reales (azul)

Un estudio de 2015 detectó fallos en los modelos del IPCC; y ponía en duda la teoría de la influencia del hombre sobre el cambio climático

Un artículo revisado por pares que se publica en la edición de enero de ‘Science Bulletin’, la revista de la Academia de Ciencias de China, expone errores elementales pero severos en los modelos de circulación general invocados por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre;el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas y que han llevado a la preocupación por el efecto de la acción del hombre sobre el clima. Corrigiendo estos fallos, los autores demuestran que no hay una crisis climática.

El modelo simple hecho público en 2015 predice un calentamiento no superior a 1° C por siglo y, posiblemente, mucho menos porque la suposición del IPCC de que el CO2 se va a duplicar en un siglo es mucho suponer. El modelo simple predice que incluso si se quemaran todos los combustibles fósiles disponibles, se produciría un incremento de la temperatura de menos de 2,2°C.

El modelo, desarrollado durante ocho años, es tan fácil de usar que un universitario puede obtener resultados en minutos con una calculadora científica de bolsillo, según sus autores. (Más adelante explico matemáticamente como ocurrió el error del IPCC). El documento, de acceso libre gracias al Instituto Heartland, en Estados Unidos, pasó tres rondas de revisión por pares.

Los datos empíricos tomados a partir de 2015 certifican este nuevo modelo

El nuevo y sencillo modelo del clima ayuda a exponer los errores en los modelos complejos del IPCC en los que han confiado los gobiernos para sus políticas ambientales, unos fallos que, según estos expertos, provocaron predicciones exageradas en lo relativo a la influencia del hombre sobre el clima.

Entre los errores de los modelos climáticos complejos que expone el nuevo modelo, está la suposición de que las «realimentaciones de temperatura» se duplicarían o el efecto invernadero causado directamente por el hombre se triplicaría. No tuvieron en cuenta que las retroalimentaciones también pueden reducir el calentamiento, no amplificarlo, debido a la influencia del Sol sobre el vapor de agua.

Aunque los modelos complejos predicen que hay calentamiento causado por el hombre, el modelo simple dice que no lo hay. Y ha sido confirmado por casi dos décadas de observaciones empíricas que no muestran ningún calentamiento global significativo. La gráfica inferior (de 2014 a 2021), muestra que no hay un calentamiento provocado por el hombre o que este, si lo pudiera haber, todavía no se ha producido. Si observan la gráfica la tendencia entre esos años fue de una disminución (equivalente) de -0,24ºC por siglo. No hay justificación científica para el escenario extremo que predice un calentamiento global de hasta 12ºC como consecuencia de nuestras emisiones industriales de gases de efecto invernadero.

 

Temperatura media global desde 2014 hasta septiembre de 2022 (tendencia -0,24ºC por siglo)

Desde el modelo de Hansen en 1988 y, con el paso de los años, los sucesivos modelos del IPCC (1990, 2007, 2013, 2013 final draft) se han ido aproximando al modelo simple con un descaro inaudito, lo pueden observar en la siguiente gráfica. Ahora el IPCC habla de no superar los 1,5ºC por siglo porque sería desastroso; y aun así siguen hablando del cambio climático debido al hombre. Más inaudito todavía: Siguen vendiendo la misma idea a pesar de haber rebajado los resultados de su modelo hasta acercarlo al del modelo simple (1ºC/siglo) y no corresponderse con la serie real (ver gráfica de arriba= -0,24ºC/ siglo).

 

No tuvieron en cuenta el efecto del sol 

El doctor Monckton, autor principal del artículo, creó el nuevo modelo sobre la base de su investigación anterior publicada en revistas como ‘Physics and Society’, ‘UK Quarterly Economic Bulletin’, ‘Annual Proceedings of the World Federation of Scientists’ Seminars on Planetary Emergencies’ y ‘Energy & Environment’.

«Nuestro modelo climático irreductiblemente sencillo no sustituye a modelos más complejos, pero sí expone los principales errores y las exageraciones en esos modelos, como el exceso de énfasis en evaluaciones positivas de temperatura o de amplificación. Por ejemplo, desmonta la suposición errónea de que la fuerte retroalimentación positiva neta triplica la tasa de calentamiento global causado por el hombre y desvanece la crisis climática imaginada”.

En este sentido, el doctor Willie Soon, un físico solar en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, explica: «Nuestro trabajo sugiere que la influencia del hombre sobre el clima podría haber sido muy exagerada. La influencia del Sol en el clima ha sido muy infravalorada».

El sencillo cálculo que demuestra el error del IPCC

En 1850, antes de que tuviéramos un impacto mensurable en la temperatura global, el calentamiento directo de los gases de efecto invernadero de origen natural, aparte del vapor de agua, era de unos 8ºK (grados Kelvin – 0ºC equivalen a -273,13ºK). Sin embargo, el efecto invernadero total para ese año era de 32ºK – la diferencia entre la temperatura global medida de 287ºK (13,85ºC) y la temperatura de emisión sólo de luz solar de 255ºK (- 18,15ºC).

La diferencia de 24ºK entre el calentamiento directo de los gases de efecto invernadero de 8ºK y 32ºK final hasta 1850 fue la respuesta de retroalimentación de la temperatura, un calentamiento adicional indirecto causado principalmente por el aumento del vapor de agua en el aire más cálido y, en muy poca medida por el resto de los gases presentes en la atmósfera (Los principales gases que componen la atmósfera terrestre son: el oxígeno (21 %) y el nitrógeno (78 %), seguidos del argón, el dióxido de carbono y el vapor de agua).

Así, imaginaron que el factor de ganancia del sistema -por el que se multiplica el calentamiento directo antes de la respuesta de retroalimentación del vapor de agua para dar el calentamiento final incluyendo la respuesta de retroalimentación- era de unos 32ºK / 8ºK, o sea 4. Dado que el calentamiento directo por la duplicación de la cantidad de CO2 – el IPCC partía de la base de que el CO2 se duplicaría en un siglo- es de poco más de 1ºC, imaginaron que el calentamiento final provocado por el aumento del CO2 a lo largo del siglo XXI sería de unos 4ºC (obtenido de multiplicar 1ºC por el factor de ganancia calculado de 4).

Los del IPCC se olvidaron de que el Sol brillaba, no tuvieron en cuenta el efecto del sol sobre el vapor de agua.

Dado que el vapor de agua es un gas de efecto invernadero muy potente, incluso más potente que el CO2, el efecto invernadero neto incluyéndolo es mayor a medida que la atmósfera se calienta, lo que conduce a un calentamiento aún mayor. Esta retroalimentación positiva se conoce como “retroalimentación de vapor de agua”.

Ese fue su gran error porque no tuvieron en cuenta la retroalimentación del vapor de agua (todas las demás ocasionadas por el resto de componentes de la atmósfera son despreciables) que debe responder no sólo al calentamiento directo, como el de los gases de efecto invernadero, sino también a la temperatura de emisión de luz solar que solo es de 255ºK (- 18,15ºC) que también afecta al vapor de agua, exclusiva y simplemente debido a que el sol brilla.

Después de la corrección para tener en cuenta la respuesta de retroalimentación a la temperatura solar de -18,15ºC que subsistiría en la Tierra si no hubiera ningún gas de efecto invernadero en el aire, el factor de ganancia del sistema en el año 1850 ya no sería 32 / 8 = 4, como habían imaginado, sino (255 + 32) / (255 + 8)= 1,09. ¡Un factor de ganancia de uno!

Después de esta sencilla corrección podemos esperar no un calentamiento de 4ºC en este siglo, sino de 1,1ºC (obtenido de multiplicar 1ºC por el factor de retroalimentación calculado de 1,09). ¡Esto dinamita la supuesta «emergencia climática»!

Conclusión

Efectivamente con los datos reales, la tasa de calentamiento global desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha sido equivalente a alrededor de 1,1ºC por siglo, o alrededor de un tercio del calentamiento a medio plazo equivalente a 3,3ºC por siglo predicho ¡con su omnisciente total seguridad! por el IPCC en 1990. Además, podemos ver en el gráfico de abajo con datos reales como no ha habido calentamiento global en absoluto durante casi ocho años, y ningún calentamiento estadísticamente significativo durante aproximadamente una década.

 

¿De qué calentamiento global hablan? Lo único que siguen haciendo es jugar al pánico climático que está siendo insuflado mediáticamente en la opinión pública, aunque su narrativa oficial sobre el clima se basó originariamente en el error que acabamos de describir.

Algunos de los autoproclamados profetas del clima como Al Gore han hecho fama y fortuna diciéndonos que el mundo está cocido a menos que el otrora mundo libre de Occidente (aunque sólo es responsable de sólo una quinta parte de los pecados de emisión de CO2 del globo terráqueo) se tenga que hacer el harakiri económico que conlleva la emergencia climática que anuncian a bombo y platillo. El coste de aplacar la calentología asciende ya al billón (con b) de dólares.

La historia geológica desmonta el tinglado climático

Con la COP26 ahora en marcha, tenemos que hacer sonar las alarmas, no sobre la catástrofe climática – que tal cosa no existe- sino sobre el acto más estúpido de las naciones reunidas desde otra cumbre insidiosa y destructiva, la Paz de Versalles, cuando los vencedores resentidos de la Primera Guerra Mundial, con una crueldad sin límites hacia el vencido, sentaron las bases para las catástrofes que la subsiguieron: la depresión, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, la tiranía soviética, la Guerra Fría.

Los políticos y sus “fuerzas aliadas”; los medios de comunicación, los grupos de expertos, los grupos de presión y las grandes corporaciones con sus líderes situándose al frente de la causa de la sostenibilidad se están preparando para destruir la prosperidad del mundo y enviar la vida global a toda marcha hacia una Edad Negra en la economía. Y lo que es peor, se está haciendo al servicio de una narrativa de crisis climática falsaria que es completamente acientífica y especialmente inconsistente con el clima real y la historia del CO2 del globo terráqueo.

Durante 600 millones de años la Tierra rara vez ha estado tan «fresquita» como ahora 

Durante los últimos 600 millones de años, la Tierra rara vez ha estado tan «fresquita» como ahora, y casi nunca ha llegado a concentraciones de CO2 tan bajas como el nivel de 420 ppm que denuncian los “plañideros” climatistas de hoy.

De hecho, de acuerdo con las cuidadosas reconstrucciones de científicos reales – no los bien pagaos de la calentología- solo ha habido dos eras que abarcan alrededor de 75 millones de años (sólo un 13% de ese inmenso período de tiempo de 600 millones de años) donde las temperaturas y las concentraciones de CO2 eran tan bajas como las actuales. El período Carbonífero / Pérmico desde hace 315 a 270 millones de años y el Cuaternario, que albergó al hombre hace 2,6 millones de años.

Por lo tanto, se podría decir que la posibilidad de un entorno más cálido y rico en CO2 es una farsa planetaria que se está utilizando para desmantelar y destruir sin razón alguna el eficiente sistema energético de bajo coste que ha sido la fuente fundamental de la prosperidad y la vía de escape humana de la pobreza y la miseria precedentes.

Desde 600 millones de años (Cámbrico) hasta la extinción masiva de hace 66 millones de años (inicio del Terciario) 

Lo cierto es que nuestro pasado “más cálido” es un intervalo que va desde hace 250 millones de años hasta la recongelación de la Antártida hace unos 33 millones de años que estaba principalmente deshelada y era toda tierra firme.

Como lo muestra la línea azul en el siguiente gráfico, durante la mayor parte de ese período (resaltado en color naranja), las temperaturas fueron de hasta 24 ° C comparados con los 12ºC promedios actuales (¡El doble!) - y la Madre Tierra no se preocupó por no tener casquetes polares para la supervivencia de los osos y las focas que tanto preocupan hoy y el hombre no estaba aún sobre la tierra para acusarle del «cambio climático antropogénico».

 

Temperatura global y CO2 atmosférico a lo largo del tiempo geológico

Como sucedió, durante lo que se ha designado como la Era Mesozoica, el planeta estaba ocupado con otra gran tarea, a saber, sacar los vastos depósitos de carbón, petróleo y gas que han alimentado la economía moderna y permiten que miles de millones de personas se ganen la vida a un nivel que sólo estaba al alcance de los reyes hace unos pocos siglos.

No hay ningún misterio en cuanto a cómo sucedió este casual regalo para el hombre moderno. En un mundo desprovisto de hielo y nieve, los océanos se encontraban en niveles mucho más altos e inundaron gran parte de la masa terrestre, que estaba llena de vida vegetal y animal debido a las temperaturas cálidas y las abundantes lluvias.

Un regalo energético bien empaquetado para el hombre 

Dicho de otra manera, la madre naturaleza estaba recolectando cantidades masivas de energía solar en forma de vida animal y vegetal basada en el carbono, lo que, durante eones de crecimiento y descomposición, resultó en la acumulación de vastas cuencas sedimentarias. A medida que las placas tectónicas se desplazaron (es decir, el único continente de Pangea se dividió en sus placas continentales modernas) y los climas oscilaron, estos depósitos sedimentarios fueron enterrados bajo océanos poco profundos y, con el paso del tiempo, el calor y la presión, se convirtieron en depósitos de hidrocarburos en la corteza terrestre.

En el caso del carbón, las condiciones más favorables para su formación ocurrieron hace de 360 millones a 290 millones de años durante el período Carbonífero (“carbonífero”). Sin embargo, se siguieron formando cantidades menores en algunas partes de la Tierra durante las épocas posteriores, en particular, el Pérmico (hace 290 millones a 250 millones de años) y a lo largo de la Era Mesozoica (hace 250 millones a 66 millones de años).

Asimismo, la formación de depósitos de petróleo comenzó en océanos cálidos y poco profundos, donde la materia orgánica muerta cayó al fondo de los océanos. Estos zooplancton ( animales ) y fitoplancton ( plantas) se mezclaron con material inorgánico que ingresó a los océanos por los ríos. Fueron estos sedimentos en los fondos oceánicos los que luego formaron arenas petrolíferas mientras estaban enterrados durante eones de calor y presión. Es decir, la energía incorporada en el petróleo provenía inicialmente de la luz solar, que había quedado atrapada en forma química en el plancton muerto.

Además, la ciencia detrás de esto no es una cuestión de especulación de sillón académico por la simple razón de que ha sido poderosamente validada en el mercado comercial. Es decir, se han invertido billones de dólares en el último siglo en la búsqueda de hidrocarburos, basándose en investigaciones, teorías y modelos geológicos de ingeniería petrolera inmensamente complicados. Los perforadores de petróleo no estaban lanzando dardos al azar, sino que causalmente estaban probando que estos «hechos» de la historia climática son correctos, dado que llevaron al descubrimiento y extracción de varios billones de BOE (barriles de equivalente de petróleo).

La ciencia petrolífera

En consecuencia, los expertos de la industria estiman sólidamente que los depósitos de petróleo de hoy se formaron aproximadamente de la siguiente manera:

 

– Aproximadamente el 70% durante la era Mesozoica (paneles marrones, hace 252 a 66 millones de años) que estuvo marcada por un clima tropical, con grandes cantidades de plancton en los océanos;
– El 20% se formó en la edad Cenozoica más seca, más fría (últimos 65 millones de años);
– El 10% se formó en la edad paleozoica más cálida anterior (hace 541 a 252 millones de años).

 

De hecho, al final de todo, la precisa en localizar yacimientos ingeniería del petróleo tiene sus raíces en la ciencia del clima porque fue el clima mismo el que produjo esos depósitos económicamente valiosos.

Y es una ciencia bastante asombrosa. Después de todo, se han invertido miles de millones de dólares en pozos de hasta más de 3.000 metros de profundidad en aguas oceánicas y más de 9.000 metros por debajo de la superficie del fondo marino en lo que equivale a una búsqueda asombrosamente calibrada y dirigida de agujas con aceite en un inmenso pajar geológico en gran parte sin descubrir aún.

 

Por ejemplo, el Período Cretácico de hace 145 millones a 66 millones de años, que fue especialmente prolífico para la formación de petróleo, fue un período con un clima relativamente cálido, lo que resultó en altos niveles de mar abierto y numerosos mares interiores poco profundos. Estos océanos y mares estaban poblados de reptiles marinos, amonitas y rudistas ahora extintos, mientras que los dinosaurios continuaban dominando la tierra. Y es el conocimiento de esta ciencia lo que permite encontrar bolsas de hidrocarburos de miles de millones de barriles en las vastas profundidades de la tierra.

No hace falta decir que el clima se calentó bruscamente durante el Cretácico, subió unos 8ºC, y finalmente alcanzó un nivel 10ºC más cálido que el actual en la víspera del Gran Evento de Extinción impulsado por asteroides hace 66 millones de años. Como se muestra en el gráfico a continuación, en ese punto, no había casquetes polares en ninguno de los polos y Pangea todavía se estaba deshaciendo en las costuras, por lo que no había un sistema de transporte oceánico circulante en el naciente Atlántico.

Sin embargo, durante el Cretácico, los niveles de CO2 en realidad bajaron mientras que las temperaturas aumentaron abruptamente. Eso es todo lo contrario de la afirmación central de los alarmistas climáticos de que son las concentraciones crecientes de CO2 lo que actualmente está obligando a que las temperaturas globales aumenten.

Además, no estamos hablando de una reducción marginal de las concentraciones de CO2 en la atmósfera. Los niveles en realidad cayeron drásticamente de aproximadamente 2.000 ppm a 900 ppm durante ese período de 80 millones de años. Todo esto fue bueno para la formación de hidrocarburos y la dotación de recursos energéticos almacenado en la naturaleza, pero también fue algo más.

A saber, fue otra prueba más de que la dinámica climática planetaria es mucho más compleja y está plagada de contradicciones ante la implicación de múltiples variables que la afectan más allá de los simples – casi rudimentarios- modelos de fatalidad que ahora se utilizan para predecir estados climáticos futuros a partir de los niveles actuales de temperatura y CO2.

De los últimos 66 millones de años a la actualidad

Da la casualidad de que durante los períodos transcurridos desde el Gran Evento de Extinción hace 66 millones de años (ver el gráfico zona verde, Terciario), ambos vectores han disminuido notablemente. Los niveles de CO2 continuaron cayendo a las 300-400 ppm de los tiempos modernos, y las temperaturas bajaron otros 10 grados Celsius.

Seguramente una de las grandes ironías de nuestro tiempo es que las cruzadas fanáticas de hoy contra los combustibles fósiles se están llevando a cabo sin ni siquiera un guiño a la historia geológica que contradice toda la histeria del “calentamiento” y la concentración de CO2 y hace presente los niveles y eficiencias de consumo de energía. posible.

Es decir, el grande, cálido y húmedo (el Mesozoico) nos trajo aquí. El verdadero calentamiento global no es la locura actual y futura de la humanidad; es el benefactor histórico de las bendiciones económicas actuales. Sin embargo, aquí estamos en vísperas de la COP26, enfocados maniática y mesiánicamente en reducir las emisiones a los niveles requeridos para evitar que las temperaturas globales aumenten más de 1,5ºC desde los niveles preindustriales.

¿Exactamente qué nivel preindustrial podría fijar la temperatura de partida, gente del COP26?

Abordaremos la evolución más reciente, incluido el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo, pero basta con decir que la gráfica siguiente refleja la ciencia geológica ampliamente aceptada. Aún así, estamos en apuros, incluso con la ayuda de una lupa, para ver cualquier momento en los últimos 66 millones de años en el que las temperaturas globales no fueron mucho más altas que 1,5ºC por encima de los niveles actuales, incluso durante gran parte de lo que se denominó la » Edad de Hielo del Pleistoceno » (parte derecha del gráfico) de los últimos 2,6 millones de años.

 

Si su cerebro no está todavía aturdido por la falaz narrativa del cambio climático, el mismo término suena muy fuerte. Esto se debe a que ha habido del orden de 20 «edades de hielo» distintas y períodos de calentamiento interglacial durante el Pleistoceno, el último de los cuales terminó hace unos 18.000 años. Hoy en día si se fijan en el gráfico tenemos niveles mínimos de CO2 y de temperatura media equiparables al Carbonífero de hace 300 millones de años. “mínimos”, he dicho bien ¡mínimos!

Edades de hielo y calentamientos interglaciales

Por supuesto, el ascenso desde los glaciares en retroceso a climas más cálidos y hospitalarios no ha sido continuamente suave, sino más bien una secuencia sincopada de avances y retrocesos. Por lo tanto, se cree que el mundo se fue calentando constantemente hasta hace unos 13.000 años, progreso que luego fue interrumpido por el Joven Dryas, cuando el clima se volvió mucho más seco y frío y provocó que los casquetes polares se volvieran a expandir y los niveles del océano descendieran. en más de 100 pies a medida que se reabsorbe más de la cantidad fija de agua de la tierra en las bolsas de hielo.

Sin embargo, después de unos 2.000 años de retirada, y sin la ayuda de los humanos que se habían retirado a la vida en cuevas durante el Joven Dryas, el sistema climático recuperó rápidamente su modo de calentamiento. Hace unos 8.000 años, durante el período previo a lo que la ciencia llama el Óptimo del Holoceno, las temperaturas globales aumentaron en más de 3 grados Celsius en promedio y hasta 10 grados Celsius en las latitudes más altas.

Y sucedió con bastante rapidez. Un estudio revisado por pares mostró que en partes de Groenlandia, las temperaturas aumentaron 10 ° C (18 ° F) en una sola década. En general, los científicos creen que la mitad del rebote de las condiciones de la «edad de hielo» del Younger Dryas puede haber ocurrido en apenas 15 años. Las capas de hielo se derritieron, el nivel del mar subió, los bosques se expandieron, los árboles reemplazaron a la hierba y la hierba reemplazó al desierto, todo con sorprendente rapidez.

En contraste con los modelos climáticos actuales, la Madre Naturaleza claramente no se descarriló en una especie de bucle apocalíptico lineal de temperaturas cada vez mayores y sin ninguna intimidación por parte de Greta. En realidad, Groenlandia se congeló y se descongeló varias veces más a partir de entonces.

No hace falta decir que el Óptimo del Holoceno de hace 8.000 años no es la línea de base «preindustrial» que los Plañideros del Clima toman como punto base de sus “falserías”. De hecho, otros estudios muestran que, incluso en el Ártico, no era la hora de un picnic para los osos polares. Entre 140 sitios en el Ártico occidental, hay evidencia clara de condiciones que eran más cálidas que ahora en 120 localizaciones. En 16 de ellas, las temperaturas locales fueron en promedio 1,6 ° C más altas durante el período óptimo que en la actualidad. ¿Cuánto? ¿No es el mismo +1,6 ºC por encima de los niveles actuales con que la gente de la COP26 nos está amenazando con apagar las luces de la prosperidad para evitarlo?

El último precalentamiento dio lugar a la civilización mesopotámica.

En cualquier caso, lo que sucedió fue mucho más beneficioso. Es decir, el Holoceno Óptimo, más cálido y húmedo, y sus secuelas dieron lugar a las grandes civilizaciones fluviales hace 5.000 años, incluido el río Amarillo en China, el río Indo en el subcontinente indio, el Tigris-Éufrates y el río Nilo entre las civilizaciones más importantes.

Dicho de otra manera, que un aumento de +1,6 ºC hicieron posible el mundo de hoy. De la abundancia de las civilizaciones fluviales, siguió la larga marcha de la agricultura y los excedentes económicos y la abundancia que permitieron a las ciudades, la alfabetización, el comercio y la especialización, el avance de las herramientas y la tecnología y la industria moderna, siendo esta última el último escape humano de una vida basado únicamente en los músculos de la espalda del hombre y sus animales domesticados.

A la larga, la búsqueda de una productividad industrial cada vez mayor estimuló la búsqueda de energía cada vez más barata, incluso cuando los avances intelectuales, científicos y tecnológicos que fluyeron de estas civilizaciones condujeron al surgimiento de una economía impulsada por los combustibles fósiles y basada en empresas energéticas que cosechan los BTU solares – unidad de energía -condensados y almacenados capturados por la Madre Naturaleza durante el largo pasado más cálido y húmedo del planeta.

En una palabra, lo que impulsa la prosperidad es un “trabajo” cada vez más eficiente, como mover un 1,6 kms. una tonelada de carga o convertir un kilogramo de bauxita en alúmina o cocinar un mes de alimentos. Por desgracia, durante los 230 millones de años del Mesozoico, principalmente sin hielo, el planeta mismo logró una de las mayores hazañas de «trabajo» jamás conocidas: a saber, la conversión de cantidades masivas de energía solar difusa en los paquetes BTU de alta densidad energética incorporados en forma de combustibles a base de carbón, petróleo y gas.

Da la casualidad de que cuando una de las épocas de calentamiento «preindustriales» anteriores (el calentamiento romano) estaba llegando a su fin a fines del siglo IV d. C., San Jerónimo amonestó a los fieles «a caballo regalado no le mires en diente».

Sin embargo, eso es exactamente lo que hará la élite globalista reunida en la COP26, mirarle los dientes a los excelsos regalos de la madre naturaleza.