Por Héctor Valdés García-Caballero
Los atentados llevados a cabo la última semana en territorio ruso, comienzan con el coche bomba de Pyatigorsk, en el Cáucaso, tienen su culmen en las dos acciones de Volgogrado, y van acompañados de los ya habituales actos de violencia en sus múltiples formas en la República de Daguestán. El número de muertos causado, ha supuesto una auténtica conmoción para la sociedad rusa, la cual había visto los últimos tiempos un relajo de la situación en Chechnya, no así en Daguestán, y percibía como los atentados indiscriminados en suelo ruso eran cada vez más esporádicos.
La corriente mayoritaria, habla de estas acciones terroristas como un castigo a Putin por su decidido apoyo a Bachar el Assad, con el triunfo diplomático decisivo de Septiembre, que ha dejado a los pies de los caballos no ya a los extremistas islámicos que conformaban el núcleo central de la oposición, sino también a sus patrocinadores y últimos responsables: Turquía, Arabia Saudí, y Qatar.
Me quiero parar a analizar, en primer lugar, la posición turca, o mejor dicho, la posición personal de Erdogan, para con Rusia. Dos países vecinos, en una región importantísima a nivel global, por su importancia geoestratégica y sus tan particulares connotaciones políticas, culturales, étnicas, religiosas y energéticas. Turquía y Rusia, o lo que es lo mismo, el choque de intereses en toda la región del Cáucaso, en la Crimea ucraniana, en todas aquellas regiones mayoritariamente pobladas por la etnia tártara, en Siria; de cada uno de estos conflictos de intereses se derivan a su vez múltiples ramificaciones, sólo en el Cáucaso, está el histórico rencor que profesan los armenios hacia el país de Aatatürk desde el genocidio cometido a primeros del siglo XX, están la proverbial desconfianza rusa hacia las actitudes condescendientes de Turquía para con ingushes, chechenos, daguestaníes y kabardino balkarios, pueblos con los que les unen lazos culturales y religiosos indelebles. En Crimea, la situación no es mejor, el Erdogan más combativo, el más otomanista, anhela que la situación de inestabilidad en Ucrania vaya a más, para de esta manera poder avivar la llama del conflicto en la histórica región regalada por Kruschov a Ucrania. 650.000 tártaros simpatizantes de Turquía viven allá, y detestan por igual a los prorrusos, y a los europeístas. Existe una corriente de opinión que habla de Crimea como la futurible Chechnya ucraniana. Sólo la presencia allí de la flota rusa, disuade a unos y a otros de una escalada de tensión que podría acabar siendo fatal.
El segundo país patrocinador de los extemistas en Siria mencionado, y primero sin género de dudas en términos cuantitativos, es Arabia Saudí. La multimillonaria monarquía absolutista, lleva años financiando el wahabismo en Chechnya y regiones aledañas. La desestabilización del Cáucaso está entre sus prioridades hace ya casi 20 años. Pero no vamos a pararnos en éste punto, ya tocado por multitud de expertos a lo largo del tiempo. Nos debería de preocupar mucho más, a largo plazo dado el alcance que tiene, la imparable expansión de todo tipo de expresión islamizadora en el país más grande del mundo: el crecimiento exponencial de madrassas o escuelas coránicas por todo el territorio, la cobertura que las instituciones de caridad islámica ofrecen no sólo a los de su credo, sino que poco a poco van ampliando su tentadora oferta a aquellos desclasados que se sienten, muchas veces con no poca razón, totalmente abandonados por el estado, y que ven como son acogidos en una nueva comunidad, que les da todo aquello que precisaban, empezando por la dignidad. Dignidad, bien muy escaso entre los dos millones de gastarbeiter provenientes de las repúblicas centroasiáticas que alimentan con su mano de obra esclava la pujante industria rusa de la construcción y sus proyectos faraónicos. Trabajadores en su práctica totalidad musulmanes, y que son campo abonado para el extremismo, dadas las condiciones de extrema pobreza y maltrato social en el que viven. Las influencias de organizaciones como Hizb-ut-Tahrir no es desdeñable entre los nacionales uzbekos, tadjikos, kirguizes y turkmenos, y tienen como hilo conductor de sus ideas a los miles de ciudadanos de estas repúblicas residentes en Rusia en un durísimo entorno socioeconómico. El estado ruso incurre en una dejación de funciones flagrante en campos tan básicos como la sanidad o la seguridad ciudadana. Esta ausencia de estado, es cubierta, en zonas con fuerte presencia de musulmanes, por instituciones vinculadas de un modo u otro al dinero saudí, que suple las tareas inherentes a la administración central.
Por otro lado, los problemas demográficos que caracterizan a la población rusa de religión ortodoxa, no se trasladan a los musulmanes, sean rusos o no, que habitan en la Federación. La desestructuración familiar que destruye el pilar básico de una sociedad, por los conocidos problemas de alcoholismo, drogadicción, pobreza generalizada, afecta fundamentalmente a familias no musulmanas. Todas estas situaciones, son causas para explicar la atracción que el islam ejerce sobre los rusos no musulmanes, pudiendo explicar en parte el fenómeno de los conversos, hecho cada vez más habitual entre los jóvenes rusos, sin que medie necesariamente razón de matrimonio.
Bien, pues una vez explicada la situación actual del islam respecto a Rusia, expondré mi opinión acerca de la dejación de funciones estatal de la que hablaba: Rusia no puede permitirse el nivel de corrupción que existe en los más bajos escalafones del funcionariado, muy considerable, y que encima traslada una percepción a la opinión pública de ser de proporciones aun más enorme de lo que parece. Erradicar esa corrupción, que la gente confíe en sus FF.SS, que colabore desinteresadamente con ellas, y que no las vea como un brazo ejecutor de poderes pseudomafiosos, es de importancia capital, condición sine qua non, para aspirar a un futuro seguro. Los servicios de seguridad interiores rusos, están mucho menos preparados, y tienen muchísimos más boquetes, todo hay que decirlo, que la seguridad exterior, compuesta de verdaderos profesionales con más y mejor capacidad. Sigue habiendo mucho enchufismo y amiguismo en el reparto y distribución de puestos claves en policía, servicios de información, que afecta al devenir de los acontecimientos de un modo sumamente negativo. Esto genera porosidad fronteriza, falta de diligencia en el registro de extranjeros residentes y de tránsito, indolencia en las investigaciones criminales, nula colaboración con fuerzas y cuerpos de seguridad extranjeros, clientelismo de los agentes que están sobre el terreno hacia grupos de poder locales, y deriva en una falta de ética profesional, de vocación, y de motivación que resultan fatales para el estado.
No dudo de la intención del presidente Putin cuando declara su intención de exterminar a los terroristas, en Chechnya demostró su contundencia, sin embargo, creo que debiera ser bastante más autocrítico con los suyos, y tratar de emprender una política reformadora a fondo, que solucionase los males endémicos de la función pública. Enfrenta a un enemigo peligrosísimo, que no teme morir con tal de matar, y para frenar a este enemigo, no basta con darle una vuelta de tuerca a la ley, ni con ser más salvaje. Es fundamental la inteligencia, la previsión, el control, la información. Y estos cuatro factores, su motor ha de ser la motivación de aquellas personas responsables, motivación extrema de servicio público y defensa del país y sus ciudadanos.