Por Eduardo Lobo Castañón
¿Qué análisis puede llevar al movimiento obrero organizado a apoyar la política separatista de la burguesía vasca o catalana? Sí, es un análisis acertado, leninista, apoyar a las burguesías nacionales de los países colonizados por el imperialismo para unir en un solo torrente la lucha de liberación nacional y la lucha por el socialismo. Pero esa realidad no es la existente en dichas regiones españolas.
Como no la es en el Rosellón, en Bretaña o en Alsalcia, o en otras regiones europeas de carácter histórico y que forman parte de estados poderosos nacionales; minorías étnicas las anteriormente enunciadas que incluso han sido duramente castigadas con carácter histórico por el gobierno central republicano francés y que no gozan sus poderes económicos de la autonomía que en todos los órdenes tienen las comentadas regiones españolas.
Y si bien era comprensible que en el Régimen del 18 de Julio era una cuestión política que servía para erosionar al régimen de Franco, una contradicción entre el gobierno central y la burguesía periférica, --a fuer de ser sincero más ficticia que real-- contradicción que debía ser utilizada para elevar la lucha política del movimiento obrero por el derrocamiento de la dictadura franquista, fruto de una realidad histórica concreta, que exigía una metodología, una praxis de obligada correspondencia, esa misma realidad, actualmente, ha desaparecido radicalmente. Ya no es necesario vincularse políticamente pues no existe una realidad política que sea necesaria derrocar para alcanzar la libertad o mejores condiciones históricas para avanzar hacia el socialismo. Y un partido político, de clase, organizado, con la ciencia histórica a su favor, no puede convertirse en comparsa, y títere, en marioneta de los burgueses.
No tiene contenido obrero revolucionario el apoyo a las burguesías vascas y catalana que pugnan por obtener ventajas económicas incluso en detrimento de los niveles de conquista sociales que las clases trabajadores de esas regiones han obtenido a lo largo de su historia.
Es más, contribuye a eliminar el estado nacional, lugar político donde se da con claridad las posibilidades más reales de la unidad de acción del proletariado.
Y lo que ayer era un objetivo político revolucionario, hoy es marcadamente contrarrevolucionario.
Por tanto, dada la precariedad de objetivos de altura del movimiento obrero, el apoyo a las ansias independentistas de las burguesías catalanas o vascas solo contribuye a entorpecer la lucha conjunta, nacional del movimiento obrero fomentando estructuras políticas que fueron eliminadas por la historia con la Revolución burguesa. Es apostar políticamente por una vuelta al pasado que entra en contradicción con las leyes del materialismo histórico. Hoy, el mantenimiento de la unidad nacional española, de la clase obrera española, es fundamental para la lucha por el socialismo.
Y además, el proletariado organizado, con conciencia de clase, no puede apoyar ni directa ni indirectamente el que tomen cuerpo estructuras que anulen los beneficios alcanzados por la lucha obrera durante tantos decenios, fomentando el que los lazos, los vínculos de clase, se vean deteriorados por los distintos niveles en todos los ordenes que se establecen en un nuevo marco estatal. El federalismo inclusive es un factor contrarrevolucionario, pues las distintas burguesías tienen posibilidades de maniobrar para eliminar algo tremendamente peligroso para sus intereses de clase: el combate único del proletariado.
En el fondo, esto no es más que una consecuencia de la pérdida de la fe en el socialismo, en las leyes de la ciencia marxista, en la lucha revolucionaria del proletariado, como una consecuencia del hundimiento del bloque socialista y que los partidos obreros de occidente aun no han sido capaces de sobreponerse y se han empantanado en la ciénaga socialdemócrata, de colaboración de clase, de otorgamiento de vencedor histórico al enemigo de clase.
Por tanto, apoyar a las burguesías catalanas y vascas es un acto estrictamente contrarrevolucionario.
Es necesario volver a recuperar el viejo marxismo viril, proletario, anunciador del hombre nuevo socialista. Un hombre libre de la explotación del hombre por el hombre, donde sus naturales energías e inclinaciones no tengan los muros anacrónicos y antinaturales de las sociedad basadas en la división en clases antagónicas. Donde las lacras de la burguesía, crápula, degenerada, la homosexualidad, el consumo de drogas, la eliminación de los hijos de la clase obrera por el inmundo aborto, sean perseguidos hasta su erradicación en un mundo nuevo.
Apoyar el independentismo es una traición al proletariado español.