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La Guardia Civil sí avisó a los Mossos d'Esquadra de la Operación Anubis. Los mandos de los Mossos persiguen a los no independentistas

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
domingo 05 de noviembre de 2017, 20:00h

A las 7.51 del 20S, el teniente coronel al frente del operativo judicial trasladó la información de la entrada en la consejería de Economía en conocimiento de la sala de coordinación

El sumario del Caso Anubis demuestra que minutos antes de que la Guardia Civil iniciase el registro de la consejería de Economía de la Generalitat el pasado 20 de septiembre, avisó “a los efectos oportunos” a la sala de coordinación policial, órgano conjunto en el que participan los Mossos d'Esquadra.

 

Documento extraído del sumario del caso Anubis

Este aviso consta por escrito en las diligencias judiciales y vendría a contradecir la versión aportada por los Mossos imputados por sedición, el exmayor Josep Lluís Trapero y la intendente, Teresa Laplana. Ambos esgrimieron ante el juez que la propia masa de miles de personas impedían ejecutar las peticiones de apoyo requeridas durante la jornada y que, en todo caso, añadían, no fueron avisados (los Mossos) de que se iba a llevar a cabo esta operación por lo que no se pudo prever un dispositivo de seguridad al respecto.

Puesta en conocimiento

Eran las 7.51 de la mañana del 20 de septiembre, minutos antes de la irrupción de los agentes en los más de 40 organismos o viviendas particulares objeto de registro judicial. El mensaje enviado por la plana mayor de Policía Judicial de la Zona de la Guardia Civil bajo el epígrafe de “colaboración por intercambio de información” decía lo siguiente: “Se comunica que por parte de la Guardia Civil se da inicio a diferentes operaciones policiales de investigación en diferentes localidades de la provincia de Barcelona. Lo que se participa para conocimiento”.

A las 9.11, la Guardia Civil reitera su mensaje de socorro.

“Teniéndose previsto que se concentren ante las mismas (la conselleria y del CTTI) personas para protestar por dicha actuación, así como que ya se tiene conocimiento de convocatoria a través de las redes sociales y ante la probabilidad de que se concentre un número importante de personas que dificulten las actuaciones que se están llevando a cabo, es por lo que se solicita apoyo por parte de los Mossos, de unidades antidisturbios, para el establecimiento de un perímetro de seguridad de unos 30 o 40 metros al objeto de prevenir y evitar alteraciones de orden público”.

A las 9.43, los Mossos responden por escrito y por conducto oficial que “se ha recibido su solicitud y se da traslado”. Mientras se producían estos incidentes, según la Guardia Civil, Jordi Sànchez, presidente de la ANC, y Jordi Cuixart, presidente de Òmnium, arengaban a los congregados a no deponer su actitud.

Fuente: Crónica Global

"Los mandos persiguen a los 'mossos' no independentistas"

Un agente de la comisaría de L'Hospitalet de Llobregat, que pide anonimato, relata las órdenes políticas que reciben de sus superiores

«En la comisaría de L'Hospitalet los mandos no son policías, son políticos. Los mossos de esa comisaría, la escala básica, estamos casi todos con la ley, con la Constitución. Somos charnegos y hablamos normalmente en castellano, esto es el área metropolitana de Barcelona. En cambio los mandos son comisarios políticos que te exigen obediencia ideológica, y que no se cortan a la hora de exigirla. Pero todo tiene un límite».

L'Hospitalet, la segunda ciudad más poblada de Cataluña, fue una de las localidades donde con más tensión se vivió la jornada del 1-O. La propia alcaldesa y adjunta a la primera secretaría del PSC, Núria Marín, acudió a un instituto de la ciudad mientras la Policía Nacional estaba actuando para impedir el referéndum ilegal, y le pidió al jefe del operativo que cesaran las cargas. Ahora, los Mossos d'Esquadra de la comisaría de L'Hospitalet, han denunciado ante la Fiscalía Provincial de Barcelona y la Audiencia Nacional a cuatro mandos por presuntamente politizar sus decisiones, desobedecer al Gobierno central, no retirar las urnas del referéndum del 1-O y dar soporte policial a la rebelión que investiga la juez Carmen Lamela, y que ha terminado con medio Govern en prisión.

Para limitar las posibles represalias, la denuncia está presentada por sólo uno de los agentes, citando a varios de ellos más como testigos. Este diario ha conversado con uno de ellos, que cuenta de primera mano lo sucedido en L'Hospitalet con la condición de mantener el anonimato.

¿Qué sucedió en la comisaría de L'Hospitalet el 1-O?

La consigna era no requisar urnas, no meternos en berenjenales, como ellos decían. Los mandos están posicionados con el secesionismo y decidieron incumplir las órdenes de Fiscalía con absoluta desfachatez. El problema es que al menos dos parejas de mossos sí quisieron cumplir con la ley, y decidieron quitar las urnas. De manera deliberada se dejó que fueran rodeados por la masa, con la consiguiente coacción. Estos compañeros pidieron auxilio varias veces por la emisora.

¿Y cuál fue la respuesta?

El jefe, [Jaime] Monterde [subinspector de Seguridad Ciudadana], dijo por la emisora: «Que no se mande a nadie». Los de transmisiones se quedaron, lógicamente, perplejos.

¿Está diciendo que el responsable negó ayuda a unos agentes que estaban en situación de riesgo?

Así es. Luego, para disimular, dijo que le pasaran aviso al jefe regional de turno, para ver si se podía enviar a la brigada móvil de antidisturbios. Todo el mundo sabía en ese momento que en la brigada móvil antidisturbios ese día estaban todos o bien de vacaciones o de asuntos propios, que se habían quitado de enmedio. Así que el jefe dijo: «Pues que llamen a la Guardia Civil». Nadie, no obstante, llamó a la Guardia Civil.

¿Y qué pasó con las patrullas?

Pues lo que pasó con la segunda de ellas fue que Monterde tuvo la desfachatez de llamar a uno de los agentes aparte a su despacho, quitarle el móvil para que no le grabara, echarle una bulla por intentar coger urnas y enviarle a prestar servicio en los calabozos. Por cumplir con su obligación como policía.

¿Se da cuenta de la gravedad de las acusaciones?

Por supuesto. Hay cosas que están grabadas. Monterde, por ejemplo, llamó por la emisora «hijos de puta» a los policías que estaban desalojando gente del colegio Can Vilumara. Se quedaron todos callados y se oyó al intendente pidiendo decoro en las comunicaciones. Pero vamos, que este señor no tiene autocontrol siquiera, ha sido visto en la comisaría escupiendo literalmente a la bandera de España... Y luego, tiene colocada una unidad perpetua en la sede del PDeCAT, como gesto de lealtad. Es politización constante, no se puede trabajar.

¿Hay más mandos así?

El intendente, Josep Lluís Grasa, que ha dado cobertura a todo esto, a la desobediencia. También el subinspector José Carlos Burgo, que ante 45 agentes dio orden de no actuar el 1-O. Y, por estos mismos hechos, el sargento Josep Lluís Vidal, que antes estuvo en la División de Asuntos Internos, la DAI, otro brazo político que usan de manera discrecional.

¿A qué se refiere?

En los Mossos, además de que los mandos persiguen a los agentes no independentistas, se usa la jerarquía de manera represiva, y ahí siempre está la DAI. Es un comisariado político. A la mínima que discrepes, te la echan encima. Te suspenden de empleo y sueldo cuando te niegas a hacer lo que ellos quieren. Muchos compañeros tienen más miedo a la DAI que a un juez, se manejan sin garantía ninguna. Para desacreditar a algún agente, llegan a pedirle a quien has detenido que te denuncie. Son parte del clima de lealtad y adhesión a sus postulados ideológicos.

¿En los Mossos se selecciona a los efectivos de base igual que a los mandos bajo estos criterios?

Por supuesto. Quien no pasa por el aro, que se olvide de aprobar nada en procesos internos. Mérito y capacidad ninguno. El proceso selectivo es arbitrario, las entrevistas son la clave en el proceso, con la consiguiente discrecionalidad.

¿Cómo se posicionan ahora ante las posibles consecuencias judiciales del 1-O?

Bueno, la vileza ahora es esconderse en la escala básica, en nosotros. Han dicho que cada palo debe sujetar su vela, y que cada agente tiene que explicar por qué no cogió urnas. Nos han pedido que hagamos una nota todos los que trabajamos ese día. Y te dan directrices: nos dicen que hagamos hincapié en que la masa era pacífica, por ejemplo.

¿Cómo se vive esta fractura en los mossos de calle? ¿Cuántos fueron antes policías o guardias civiles?

Pocos mossos vienen de Guardia Civil o Policía Nacional, pero en la escala básica predomina la honestidad y el constitucionalismo. Un 70% serán gente leal, pero en la cúpula el 90% es separatista.

Fuente: El Mundo

De los lazos de Navidad a la revuelta

Rodrigo Terrasa

Hay una anécdota que se repite en los últimos días en cada concentración independentista y que explica bien el desconcierto instalado en el secesionismo catalán. En cada acto siempre rompe alguien a cantar L'Estaca de Lluís Llach, siempre se entona Els Segadors y se corean consignas a favor de la libertad de los «presos políticos» o aquello de «els carrers seran sempre nostres» (las calles serán siempre nuestras). El cambio viene cuando alguien se arranca con lo de «In-Inde-Independència», un reclamo que para muchos se ha quedado viejo y que se replica ahora con el grito de «ja som república». ¿O no?

El duelo musical explica en cierta manera la falta de acuerdo entre los independentistas sobre cómo reaccionar ante los últimos acontecimientos. El encarcelamiento hace dos semanas de Jordi Cuixart y de Jordi Sànchez, líderes de Òmnium y de ANC, junto con la aplicación del 155 y la posterior convocatoria electoral, rebajaron considerablemente la reacción del soberanismo en la calle. Este jueves, sin embargo, tras el ingreso en prisión de buena parte del Gobierno de Puigdemont, un diputado de Junts pel Sí avisaba: «Se acabó la revolución de las sonrisas».

¿Qué viene ahora entonces? El sector más radical de la izquierda catalana, encabezado por la CUP, reclama ya una huelga general y una respuesta más contundente que la alentada últimamente por los relevos al frente de Òmnium y ANC o por cargos como Joan Tardà, diputado de ERC en el Congreso, que ayer pedía responder a las decisiones de la Justicia española no instalando las luces de Navidad en ningún pueblo de Cataluña. Mientras, la Asociación de Municipios por la Independencia apostaba por «medidas estéticas» como colgar lazos amarillos de los balcones de los ayuntamientos o encender luces de Navidad en forma de lazos.

El plan de los lacitos de colores tiene poco que ver con la estrategia de la CUP, que han tomado las riendas de la protesta callejera a través de los CDR, creados hace meses como Comités de Defensa del Referéndum y reconvertidos ahora en Comités de Defensa de la República. Hay un CDR en cada barrio de Barcelona, y casi en cada pueblo de Cataluña, y se encargan de movilizar a la ciudadanía.

Ayer, a través de sus canales de Telegram, estos comités ya distribuían instrucciones para cortar las carreteras, sobre todo las conexiones con el resto de España, y conseguir «alterar la normalidad» del país. «Se ha acabado lo de convocar para después del trabajo y los días de descanso. Hay que pasar esta página. Ha llegado la hora de hacerles daño donde más les duele, la economía. Si no se mueven por la defensa de los Derechos Humanos, lo harán para defender su bolsillo. Que hable la calle».

Fuente: El Mundo