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El Gobierno francés: los radicales usan a 'chalecos amarillos' para derrocar el poder… y hay extranjeros

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
viernes 07 de diciembre de 2018, 21:00h

MOSCÚ (Sputnik) — El portavoz del Gobierno francés, Benjamin Griveaux, aseguró que los "radicales" pretenden provocar un derrocamiento usando para ello al movimiento de los 'chalecos amarillos'.

El movimiento, que toma su nombre de la prenda fluorescente de uso obligatorio para los automovilistas, empezó sus movilizaciones el 17 de noviembre para protestar contra el alza de los combustibles.

Las protestas derivaron en enfrentamientos con las fuerzas del orden, destrucción de comercios y bancos y la quema de autos: cuatro personas murieron y centenares resultaron heridas.

Para el 8 de diciembre se planean nuevas manifestaciones.

"Es obvio que elementos radicales politizados intentan transformar este movimiento en un instrumento para derrocar el poder", declaró Griveaux en una entrevista con el periódico Le Parisien, al contestar a la pregunta de si se persigue algún objetivo político al organizar acciones en la cercanía inmediata del Palacio del Elíseo.

?Comunicó que, según los servicios especiales, es probable que se distribuyan armas de fuego durante las protestas y aconsejó a los ciudadanos abstenerse de participar, también dijo que los presentes en las manifestaciones obstaculizan las detenciones.

Además, instó a los canales de televisión a cubrir los acontecimientos "con alto sentido de responsabilidad" y durante las transmisiones en directo no mostrar las posiciones que ocupan las fuerzas del orden público.

De risa: Ministro del Interior francés no descarta participación de extranjeros en protestas


PARÍS (Sputnik) — El ministro del Interior de Francia, Christophe Castaner, considera posible que en las protestas programadas para el próximo 8 de diciembre participen personas de ideas radicales provenientes del extranjero.

"Los empleados que trabajan en el Arco de Triunfo afirman que vieron a un alemán y a un portugués vandalizar el Arco de Triunfo, por eso no lo descartamos", dijo el titular al responder a una pregunta al respecto.

Castaner considera que esas manifestaciones contarán con la presencia de varios miles de personas, y teme que entre ellos haya "sujetos extremadamente agresivos".

El ministro galo anunció además que presentará una queja contra el líder de Debout France, Nicolas Dupont-Aignan, quien acusó a los guardias del orden de haber tomado parte de la revuelta y de "haber saqueado el Arco de Triunfo".

Según el funcionario, el 8 de diciembre serán movilizados más de 89.000 efectivos de la policía para garantizar el orden, y solo en París habrá unos 8.000.

Las protestas de los 'chalecos amarillos' en Francia —llamados así porque los activistas visten prendas de alta visibilidad en carretera— comenzaron el 17 de noviembre como manifestaciones contra el alza en el precio de los combustibles, pero rápidamente se extendieron a otros temas como los nuevos impuestos y la disminución del poder adquisitivo.

Según el Gobierno francés, desde su inicio las protestas han dejado cuatro muertos y varios centenares de heridos.

El 4 de diciembre, el primer ministro, Edouard Philippe, anunció la suspensión de la subida de las tasas sobre los carburantes, que debía aplicarse a partir del 1 de enero de 2019, por un plazo de seis meses, además, aseguró que las tarifas de electricidad y gas tampoco aumentarán durante el próximo invierno.

Al día siguiente, el ministro de Transición Ecológica, François de Rugy, declaró que el incremento de los impuestos queda anulado para todo el año 2019.

?Sin embargo, las protestas derivaron en enfrentamientos con las fuerzas del orden, destrucción de comercios y bancos y la quema de autos.

Para el 8 de diciembre se planean nuevas manifestaciones.

Policía gala da duras palizas a manifestantes en un restaurante

La Policía francesa golpeó fuertemente a los manifestantes que se habían refugiado dentro de un restaurante, y arremetió también contra un reportero.

Un vídeo se hizo viral el miércoles en las redes sociales al enseñar cómo los agentes antidisturbios franceses agreden a los llamados “chalecos amarillos”, quienes llevan protestando desde hace más de dos semanas en contra del alza de los impuestos de los carburantes.

Además, se ve una discusión entre un policía y un reportero que grababa la escena desde fuera del restaurante BurgerKing en la Avenue de Wagram en París (la capital).

El enfrentamiento se remonta a pocas horas antes de que el Gobierno de Francia, presidido por Emmanuel Macron, se rindiera y anulara su plan reformista para el año 2019. Las marchas han dejado cuatro muertos —fallecidos en circunstancias accidentales—, centenares de heridos y muchos detenidos.

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Análisis: Macron cede, la revuelta crece

Luis Rivas

La revuelta de los "chalecos amarillos" empezó como una queja contra el aumento del precio del gasoil. Hoy la protesta parece imparable, los responsables políticos son humillados, la presidencia del país ha perdido la autoridad y las próximas protestas callejeras pueden hacen temer un aumento de la violencia que se traduzca en víctimas mortales.

La gravedad de la situación ha obligado al presidente Emmanuel Macron a renunciar a uno de sus principios grabados en mármol: no ceder ante las protestas, no renunciar a sus reformas por la presión de la calle. Y en ese aspecto, ya ha frustrado uno de sus sueños, ser diferente a todos sus antecesores.

Más de dos semanas después del inicio de las protestas y de las manifestaciones de inusitada violencia que ha vivido París y otras ciudades francesas, el jefe del Estado encargó a su primer ministro anunciar medidas que pretendían apagar el fuego social. Pero las cesiones aceptadas por el Gobierno propagaron aún más la hoguera.

Las propuestas de Edouard Philippe iban más allá de lo esperado hace dos semanas, cuando se inició la protesta. No solo anunciaba una moratoria de seis meses para el aumento de las tasas sobre el gasoil y la gasolina, también se aplazaba la convergencia en los precios de los dos combustibles, y no se olvidaba el gasóleo especial utilizado por tractores y otros vehículos industriales. El Gobierno frenaba también durante todo el invierno el aumento de las tarifas de gas y electricidad que debía producirse a partir de enero. Además, quedaba suspendido el endurecimiento del control técnico de vehículos, que iba a encarecer de forma considerable la operación.

El aplazamiento implicaba también el inicio del diálogo con todos los actores sociales y políticos para encontrar soluciones consensuadas, pero Philippe ha advertido también que, si los impuestos bajan, los servicios púbicos no pueden mejorar.

Las reacciones de diferentes "chalecos amarillos" fueron muy negativas. Opinaban que suspender durante medio año una medida que ellos pedían anular es una tomadura de pelo. La protesta que vive Francia desde el 17 de noviembre se ha gangrenado y dan pie a que cada individuo que viste el chaleco fosforescente (obligatorio en Francia cuando el vehículo sufre una avería en carretera) tenga su exigencia particular. Un día más tarde, el aumento de la tasa sobre los combustibles era definitivamente retirado.

Pero en las rotondas o en los peajes que filtran el tráfico según el humor de los "chalecos amarillos", se exigen medidas que van ya desde la dimisión del presidente y su sustitución por un general, la proclamación de la VI República, o la disolución de la Asamblea y el Senado o una subida de sueldos generalizada.

Los más moderados, piden que el Gobierno recupere el impuesto a las grandes fortunas y aumente considerablemente el salario mínimo.

"Nos ofrecen migas, pero queremos la baguete entera", es la respuesta al Gobierno.

El Ejecutivo de Macron estaba ante un dilema grave: o se mantenía sin ceder un ápice en sus medidas reformistas, o aceptaba echar lastre. Ha optado por la segunda opción, pero se le reprocha que haya dejado pudrir el descontento pensando que el movimiento se apagaría por cansancio y por temor a la violencia.

Los "chalecos amarillos" han pasado de representar una protesta por un aumento de impuesto a rozar la insurrección popular. Los individuos más radicales aplastan la voz del núcleo original de la protesta y se permite con amenazar de muerte al sector moderado que aceptaba negociar con el Gobierno.

¿Violencia inevitable?

Así las cosas, se mantiene la agitación y no se desconvocan las manifestaciones del próximo sábado, incluida la de París, que es la que más temen las autoridades. El caos, los destrozos e incendios que vivió el centro de la capital el 1 de diciembre han dejado tocado a Macron y a la imagen de Francia en el mundo. El presidente esperaba que las medidas anunciadas convencieran a algunos a quedarse en casa u ocuparse de las compras de Navidad, pero todo parece indicar que París se vestirá de amarillo una vez más.

Philippe no obvió en su comparecencia ante la prensa las advertencias ante posibles disturbios. La manifestación del 8 de diciembre deberá ser comunicada oficialmente. En caso contrario, la respuesta de las fuerzas de orden público puede ser más dura que la aplicada hasta ahora. "Los violentos serán buscados y perseguidos", ha prevenido. Pero cuando se advierte a los "chalecos amarillos" que podría haber un muerto, responden que habrá más de uno.

El presidente quiso apoyar a las fuerzas del orden que se han convertido en el objetivo de los más violentos y de los ultras especializados en el destrozo y el pillaje. Para ellos el mandatario filtró fotos de un almuerzo con gendarmes y policías.

Los sindicatos policiales han mostrado su desesperación ante la falta de medios y las órdenes de mantener la calma cuando se ven apaleados o apedreados. Algunos de sus portavoces exigen la proclamación del "estado de emergencia". Otros, que los militares se hagan cargo de la protección de edificios oficiales para aumentar el número de policías encargados de mantener el orden.

Emmanuel Macron ha dado un paso atrás en su plan de reformas, antes incluso de lanzar dos de las más ambiciosas: la de pensiones y la del desempleo. Los diputados de su formación parlamentaria, La República En Marcha, —mayoritaria en la Asamblea— se lo pedían desesperadamente ante la presión de los ciudadanos que representan en cada departamento y región.

Los "chalecos amarillos" se sienten decepcionados y envalentonados ante las concesiones de Macron. La oposición y los sindicatos —hasta ahora en coma— ha despertado con el olor a sangre y se preparan para amargar el fin de año al Elíseo.

Una gran manifestación ha sido ya convocada por la Confederación General del Trabajo para el 14 de diciembre. Estudiantes y agricultores se han unido ya a la protesta. Todos temen que su legitimidad desaparezca ante un movimiento espontáneo y radicalizado que no acepta líderes ni representantes. La propia democracia representativa está en juego.