La noche electoral se ha saldado con la victoria de Pedro Sánchez, quien podrá gobernar si consigue, además del de Podemos, el apoyo de los independentistas o de Ciudadanos. Tras una jornada histórica en la que dos bloques y cinco partidos se disputaban el posible gobierno de España, la izquierda se ha impuesto en las urnas. Pero esa no es la única sorpresa de la cita con las urnas. Aquí te resumimos los principales datos que nos deja la jornada:
1. Nueve puntos más de participación
Este 28 de abril ha conseguido movilizar a más votantes que en 1993. Desde las dos de la tarde, los primeros datos de participación dejaban claro que, tal y como se preveía, iba a haber más votos que en las elecciones, tendencia que se confirmó a las 18:00 de la tarde. Al cierre de las urnas, más de 25 millones de españoles habían depositado su voto: el 75,79% del censo, un 9% más que en 2016. No se conseguían tan buenos resultados en este sentido desde el año 2008, cuando llegaron al 75,35%.
Cataluña es la comunidad donde más ha aumentado la participación en comparación con los comicios de 2016. En total, un 17,8% más de catalanes han acudido a los colegios electorales.
2. El PP consigue el peor dato de su historia
El gran perdedor de la noche es Pablo Casado. Su partido ha cosechado los resultados más bajos de toda su historia, con tan sólo 66 escaños, 71 menos que en 2016, que han ido a parar a sus rivales en el espectro de la derecha: Ciudadanos y Vox.
Algo más de cuatro millones de personas han votado a la formación popular. Su anterior cifra más baja tuvo lugar la primera vez que se presentaron a unas generales con sus siglas actuales, con José María Aznar, en 1989. Entonces consiguieron 5,3 millones de votos que se repartieron, eso sí, en 107 diputados.
3. Suben todos los nacionalistas (menos JxCat)
Los partidos nacionalistas también pudieron celebrar la noche electoral del 28 de abril. A excepción de JuntsxCat, que baja un escaño, todos han conseguido más asientos en el Congreso que en 2016. ERC, con Junqueras en prisión a la cabeza, consigue seis diputados más (15). El PNV uno más (6 en total) y Bildu dos, que durante un momento ha rozado las puertas de conformar grupo parlamentario propio, pero que finalmente se ha quedado en cuatro diputados.
4. El PP, Cs y Vox no consiguen ningún escaño en el País Vasco
En el País Vasco, la participación ha sido nueve puntos más alta que en las elecciones generales de 2016 y ha servido para dejar al Partido Popular, por primera vez en democracia, sin representación en el territorio vasco. Ni siquiera Javier Maroto, cabeza de lista, ha conseguido un sitio. Tampoco Ciudadanos y Vox han logrado hacerse con alguno de sus 18 escaños, que ahora serán para el PNV (6), Bildu (4), PSE (4) y Podemos (4).
5. Andalucía y el cinturón rojo de Barcelona vuelven al PSOE
Después del fracaso socialista de las pasadas elecciones andaluzas, el que siempre ha sido terreno rojo vuelve a sus orígenes, confiando más en Pedro Sánchez de lo que hicieron con Susana Díaz. No hay ni una sola provincia en la comunidad donde el Partido Popular se haya impuesto. Incluso provincias tradicionalmente azules, como Almería, han votado más a la formación socialista, que ha sumado dos escaños, los mismos que el PP pero con menos votos. Pero aunque haya ganado el partido de izquierda, ha habido una fuerte irrupción de Vox y Ciudadanos que han alcanzado un escaño cada uno. Málaga, otro de los bastiones populares andaluces, ha perdido representación azul, que cae como tercera fuerza por detrás de Ciudadanos y le da al partido de Sánchez cuatro escaños.
También el cinturón rojo de Barcelona vuelve a las manos del PSOE. Después de que en las elecciones catalanas del 21 de diciembre Ciudadanos fuera el partido más votado en la inmensa mayoría de las ciudades que conforman el área metropolitana barcelonesa, la formación liderada por Pedro Sánchez ha obtenido la mayor parte de sus votos (755.769) en los municipios del sur como Terrasa, Rubí, El Prat de Llobregat o Sabadell.
Ciudadanos ha conseguido en Barcelona seis escaños y el Partido Popular uno pero, esta vez, ni la formación naranja ni la azul han superado en votos a partidos como Esquerra Republicana o JxCat, favoritos en el 80% de los municipios.
6. El PP se impone sólo en cuatro provincias
En la sede del Partido Popular se ha guardado silencio durante la noche electoral tras los resultados electorales. El partido de Pablo Casado tan solo ha conseguido imponerse en Lugo, Orense, Salamanca y Ávila, provincias donde los votantes mayores de 65 años representan prácticamente un tercio de la población.
En estas elecciones, Castilla y León ha dejado de ser una de las comunidades autónomas predilectas para el Partido Popular. Si en 2016, Mariano Rajoy consiguió casi una veintena de escaños en las provincias castellanoleonesas, ahora solo gana en escaños por encima del resto de partidos en Salamanca.
7. Unidas Podemos se queda sin escaño en las dos Castillas
Pablo Iglesias ha reconocido esta noche que los resultados de su partido no son los que les hubiesen gustado conseguir, a pesar de que es el partido que más claramente daba por imposible la presidencia. Han perdido diez escaños, quedándose sólo con 35. Entre las dos castillas no han conseguido sacar ni un asiento, perdiendo su representación en Albacete, Toledo, Burgos, León y Valladolid.
8. Vox, tercera fuerza en Cuenca y Almería
A pesar de que Ciudadanos es una de las opciones de Pedro Sánchez para formar gobierno, el partido de Albert Rivera ha quedado relegado al tercer puesto en la mayoría de las provincias. Si atendemos al porcentaje de voto obtenido en cada circunscripción, Ciudadanos se queda en tercer lugar con las dos castillas, Cantabria, Orense, parte de Aragón, la zona este del país, la mitad de Andalucía y las Islas Baleares.
No obstante, lo realmente llamativo es el partido de Santiago Abascal. En tan solo tres años, Vox ha conseguido llegar a estas elecciones generales como tercera fuerza en Cuenca y Almería, y lidera en votos en las localidades de Níjar, Balanegra y El Ejido, donde ya fueron primeros en las andaluzas.
El Partido Popular, por su parte, solo figura como tercera fuerza enZaragoza, Madrid y Málaga mientras que Podemos se reserva Sevilla y Cádiz por el sur y Galicia, Asturias, Navarra y el País Vasco por el norte.
9. Ciudadanos en Cataluña
La noche electoral del 21D dio a Ciudadanos la victoria en los diez municipios más poblados de Cataluña, entre ellos el área metropolitana de Barcelona. La formación naranja se convirtió en el primer partido antinacionalista en ganar en zonas como Hospitalet de Llobregat, Sabadell, Terrassa, Mataró y Reus.
Pero estas elecciones generales han dejado un sabor amargo para Albert Rivera e Inés Arrimadas. En primer lugar porque a pesar de la intensa campaña en el territorio catalán, el número de escaños se ha mantenido en la misma línea que en 2016: cuatro por Barcelona y uno por Tarragona. Su mensaje en contra de la independencia catalana no ha parecido calar lo suficiente para superar en votos a ERC y JxCat.
Además, el cinturón rojo ha vuelto a manos socialistas por lo que los abrumadores resultados naranjas del 21D en los municipios más poblados ha quedado en un mero recuerdo.
10. Suben los votos en blanco y nulos
En estas elecciones electorales ha crecido la participación y también el porcentaje de votos nulos y en blanco. Sin embargo, el aumento de las cifras no ha supuesto ningún cambio llamativo. Los sobres incluyendo papeletas con el diseño alterado (tachones, rotos) o cualquier objeto distinto al papel oficial han pasado del 0,93% en 2016 al 1,04% en 2019, sumando 272.364 votos nulos.
Por otro lado, los votos en blanco o las papeletas de aquellos que deciden no elegir a ningún partido han pasado de 0,74% a 0,77%, suponiendo un total de 197.583 votos que se han añadido a la suma de los votos obtenidos por las diferentes candidaturas para hacer el reparto de escaños según la conocida ley d’Hont.
Análisis: Las cinco claves que explican el triunfo del PSOE y la debacle del PP
Carlos Sánchez
Las elecciones, lógicamente, tiene ganadores y perdedores. Pero quien al final determina el resultado de forma concluyente suele ser la célebre regla D’hondt de asignación de escaños, que en esta ocasión ha beneficiado al PSOE y Ciudadanos y perjudicado claramente al PP, y, en menor medida, a Vox. También a Unidas Podemos le ha costado mucho más sacar un diputado que al resto de partidos.
El envejecimiento o la política territorial son los otros factores que han influido de forma decisiva en estas elecciones. Estas son las principales causas.
1.- El factor territorial gana peso en el Congreso
La democracia española nunca había estado tan poblada. Catorce partidos o coaliciones estarán presenten en el nuevo Congreso de los Diputados. Hay que remontarse a 1979 -las segundas elecciones generales- para encontrar un número idéntico, lo que se explica, fundamentalmente, tanto por la consolidación de los partidos regionalistas o nacionalistas como por la irrupción de nuevas fuerzas, como el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) o Vox.
Nada menos que 45 diputados de los 350 que componen el Congreso tienen su origen en el factor territorio, lo que da idea de la enorme pluralidad regional del país. De hecho, incluso, los partidos nacionalistas ‘tradicionales’ -ahora independentistas en el caso catalán- han reforzado sus posiciones.
Los partidos soberanistas (ERC y Junts per Catalunya) han pasado de 17 a 22 diputados, mientras que el PNV ha obtenido 7 escaños, lo que significa sus mejores resultados históricos. Nunca la formación de Andoni Ortuzar había ganado en los tres territorios vascos en unas generales. EH Bildu, por su parte, ha logrado 4 diputados, lo que significa que ha doblado sus resultados de 2016, mientras que Coalición Canaria, igualmente, ha pasado de 1 a 2 diputados.
Eso supone que casi uno de cada ocho diputados que se sentarán en el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo tiene raíz geográfica, lo que convierte al Congreso en la verdadera cámara territorial, función que la Constitución asigna al Senado.
2.- La derecha iguala en votos, pero pierde en escaños
Nunca antes, como en estas elecciones, la regla D’hondt había sido tan determinante. Básicamente, por la irrupción de un tercer partido en el bloque de la derecha que ha fragmentado el reparto de escaños.
Una simple comparación lo pone de manifiesto. El Partido Popular, Ciudadanos y Vox han logrado en conjunto 11,16 millones de votos, una cifra algo superior a las que obtuvieron los dos primeros partidos en 2016 (11,08 millones), es decir, un volumen de votos muy parecido a los 11,21 millones que ha logrado la suma del PSOE y de Podemos, incluyendo Guanyem el canvi, la versión catalana del partido de Pablo Iglesias
Esa corta distancia, sin embargo, se ha traducido al final en 147 diputados, mientras que la izquierda estatal ha logrado 165 diputados. Por lo tanto, con los mismos votos los partidos de izquierda han logrado 18 escaños más, que, son, precisamente, los que le han dado la victoria. El ‘factor Vox’ es, sin duda, el hecho determinante debido a que el sistema de asignación de escaños prima al primer partido, y en muchas circunscripciones el PP ha dejado de serlo por la entrada en la liza electoral del partido de Abascal.
Esta realidad es especialmente visible en Castilla y León, un feudo tradicional del Partido Popular.
El PP ha perdido en la región ocho escaños (ha pasado de 18 a 10), fundamentalmente por el auge de Vox, que ha evolucionado desde los 2.741 votos de 2016 a 186.317 en 2019. Sin embargo, el partido de Abascal solo ha obtenido un diputado en la región, lo que significa que ha impedido al PP llevarse un segundo diputado en muchas provincias por el juego de los restos electorales, lo que claramente ha beneficiado al PSOE, que con 114.762 votos más (bastante menos que los logrados por Vox), ha logrado añadir tres diputados (de nueve a 12).
3.- La derecha y las comunidades históricas
Si algo ha quedado claro en estas elecciones es que los partidos conservadores -de alcance estatal- tienen un problema en dos de las tres comunidades históricas por haber accedido de forma más rápida al autogobierno debido a que tuvieron Estatuto de autonomía durante la II República. En Cataluña y el País Vasco se han distribuido 66 escaños, pero la suma del PP, Ciudadanos y Vox solo ha logrado siete de esos 66 diputados.
El Partido Popular, de hecho, ha quedado por primera vez fuera del reparto de escaños en el País Vasco, mientras que en Cataluña Cayetana Álvarez de Toledo ha salvado los muebles con su acta de diputada por Barcelona. Aún así, el PP -con un discurso nada autonomista- ha perdido nada menos que cinco de los seis diputados que tenía (apenas 200.000 votos en esa comunidad), lo que da idea de la situación agónica en la que se encuentra. Incluso en Tarragona, dentro de eso que se llama Tabarnia, los independentistas de ERC han sido la primera fuerza
Mejores resultados, ha obtenido el PP en la tercera comunidad histórica. En Galicia, donde el presidente Núñez Feijóo tiene una posición más favorable al autogobierno, el Partido Popular ha perdido tres de los 12 escaños que consiguió en 2016, pero aún así ha conseguido que la hemorragia de votos sea menor. El 27,4% supera en casi diez puntos porcentuales los votos logrados por Pablo Casado en el conjunto de España con un discurso más centralista.
En la cuarta comunidad que accedió al autogobierno por la vía rápida, Andalucía, al PP no le han ido tampoco mucho mejor las cosas. Pese a que Moreno Bonilla preside la comunidad autónoma, lo que siempre da un impulso electoral, el PP ha sufrido una auténtica debacle. Ha perdido nada menos que 12 de sus 23 diputados, hasta el punto de que la coalición Podemos-IU le pisa los talones (nueve diputados). En este caso, por la explosión electoral de Vox, que ha pasado de 8.341 votos hace tres años a 611.220 este domingo, lo que da idea hacia dónde se ha ido la fuga de electores de Pablo Casado.
4.- La paradoja del PSOE
El 28,68% de los votos que ha obtenido el PSOE en esta estas elecciones le ha dado una clara victoria: 57 diputados más que el PP, pero en términos históricos sus resultados son algo más que discretos. En concreto, se trata del tercer peor resultado en términos relativos de los 14 procesos electorales registrados en España desde la restauración de la democracia, en 1977. La diferencia vuelve a ser la fragmentación de la derecha, y lo que no es menos relevante, el hecho de que los votos en la izquierda hayan sido menos paritarios.
Si en 2016, el PSOE y Podemos sacaron prácticamente los mismos votos (5,4 millones frente a algo más de 5 millones), en 2019 el Partido Socialista se ha ido a 7,48 millones, mientras que el partido de Iglesias ha bajado hasta los 3,7 millones. Eso quiere decir que el PSOE, de nuevo, se ha podido aprovechar de la regla D`hondt, ya que ha le beneficia ser el primero y no el segundo, sobre todo en las provincias con pocos habitantes, donde existe un plus de representación.
Los 7,48 millones de votos que ha obtenido el PSOE son, paradójicamente, una cifra muy parecida a los 7,9 millones que logró el PP hace tres años, pero entonces Mariano Rajoy logró 137 diputados, muy por encima de los 123 logrados por Sánchez. De nuevo, el sistema de asignación de escaños tiene la culpa.
En términos históricos, sin embargo, el PSOE está todavía muy lejos de acercarse a los 11,28 millones que logró Rodríguez Zapatero en 2008, que marcan un hito en la historia electoral del Partido Socialista, incluso, por encima de los célebres 10 millones de votos que logró Felipe González en 1982 (aunque con un censo electoral notablemente inferior).
5.- El PP se hace fuerte en las zonas más envejecidas
El envejecimiento de la población española no es ninguna novedad. Lo relevante es observar cómo el voto a la derecha, y, en particular, al PP se concentra en las regiones de mayor edad de sus habitantes. Esto es muy relevante porque, según el INE, 8,96 millones de españoles tienen 65 o más años. Es decir, prácticamente uno de cada cuatro electores.
En esos territorios, que coinciden básicamente con Castilla y León, Galicia y algunas zonas del interior de Aragón y Castilla-La Mancha, el Partido Popular ha obtenido sus mejores resultados. El problema para el partido de Casado es, sin embargo, que también son los territorios que eligen menos diputados en coherencia con su escasa población.
Por el contrario, en las zonas más dinámicas y con mayor actividad económica, Madrid o Barcelona, el PP se deja muchos jirones. En Madrid capital, el PSOE le saca siete puntos y Ciudadanos tiene ya prácticamente los mismos votos, mientras que en Barcelona el partido de Casado es ya casi marginal. Apenas un 6,17% de los sufragios, lo que supone la sexta plaza. Incluso Ciudadanos, ha obtenido la mitad de los votos de ERC, que se ha llevado buena parte de las papeletas que antes eran de la antigua Convergència.
En total, el PP ha perdido respecto de las últimas elecciones nada menos que 3,58 millones de votos, de los que muy cerca de un millón han ido a parar a Ciudadanos, y el resto, 2,58 millones, a Vox.
Eso quiere decir que Ciudadanos, que ha sido en esta ocasión el gran beneficiado de la ley electoral ha ganado nada menos que 25 diputados (ha pasado de 32 escaños a 57) con solo un millón de votos más, lo que significa que le ha costado cada acta unos 40.000 votos, mientras que al PP cada diputado le ha obligado a lograr 66.000 papeletas.
Al PSOE, por el contrario, le ha costado cada escaño 60.819 votos, mientras que a Unidas Podemos le ha supuesto 88.879 papeletas, lo que da idea de la influencia de la regla D’hondt en el sistema electoral.
Fuente: El Confidencial