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Carta de un militante del PCE, encarcelado por el franquismo a D. José Luis Centella Gómez, Secretario General del PCE

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
jueves 26 de octubre de 2017, 21:00h

Por la presente te comunico mi decisión de darme de baja en el Partido. Comunista de España. Ingresé en el Partido durante las huelgas, en Asturias, de abril y mayo de 1962, es decir hace más de 55 años.

Antonio Gallifa Olivé

 

 

Antonio Gallifa Olivé

Por la presente te comunico mi decisión de darme de baja en el Partido. Comunista de España. Ingresé en el Partido durante las huelgas, en Asturias, de abril y mayo de 1962, es decir hace más de 55 años.

Durante este tiempo, y hasta muy recientemente, incluso a veces con mis discrepancias, pero también con mi disciplina, me he sentido inmensamente orgulloso de ser su militante, e íntimamente unido a los miles y miles de camaradas que me han precedido a lo largo de su historia centenaria. Durante años bajo el franquismo, tras cumplir diariamente con mi trabajo profesional, dediqué todo mi tiempo y mis energías a la lucha por la libertad. Pasé varias veces por la cárcel, una experiencia que muy pocos o ninguno de los miembros de la dirección actual del Partido que tú diriges han vivido. Tras 23 días seguidos de interrogatorios salí de las dependencias de la policía franquista habiendo salvado mi honor como comunista y como ser humano. Ésta es mi biografía política, muy pequeña, pero de la que me siento orgulloso.

Este orgullo ya no ocupa ningún espacio en mis sentimientos. Tampoco lo ocupa ya en mi cabeza, porque en ella predomina la razón. Gracias a ti y al equipo que comparte contigo la dirección, el Partido se ha convertido, con escasísimas excepciones individuales, en una banda insignificante de gente que no tiene otra ideología que la de conquistar un silloncito y un sueldo. A cambio de ello habéis entregado toda nuestra historia pasada y nuestra existencia actual a un equipo de aventureros oportunistas que, tras su aparición como partido “atrapalotodo”, declararon que su principal objetivo era destruir el Partido Comunista, y que lo están consiguiendo con la sumisión y la generosa ayuda de quien ostenta su dirección y, sobre todo la de Izquierda Unida. Ya lo ha dicho quien ha sido colocado por vosotros como el máximo representante de ésta, Alberto Garzón: hay que sustituir Izquierda Unida por “otra cosa”. Saturno está devorando a sus hijos. Y a cambio de ello le han permitido meterse en la casa del partido “atrapalotodo”, dándole en ella un puestecillo de mayordomo.

Durante un tiempo que se me ha hecho muy largo me he aferrado, como tantos camaradas, a la esperanza de contribuir a cambiar esto. Pero ya he desistido, porque la dirección del Partido encabezada por ti está poniendo de forma vergonzosa todos los medios de que es capaz para impedirlo. He visto cómo en Madrid la dirección dejaba de reconocer a Izquierda Unida expulsando a sus 5.000 miembros y creando un organismo paralelo que no sirvió para nada, excepto para conseguir lo que se pretendía: la práctica desaparición de Izquierda Unida. He visto la catarata de expulsiones que se están realizando. He visto la riada de abandonos del Partido que están llevando a cabo sus militantes. He visto cómo, en Madrid, a los ocho miembros del Patronato de la Fundación Domingo Malagón, una institución que desde hace años viene realizando una magnífica labor cultural y política, se les instó a que dimitieran bajo la amenaza de expulsarles del Partido si no lo hacían, a fin de que el comité regional nombrase a dedo un Patronato de su conveniencia. Y he visto cómo se les ha expulsado y se ha falsificado el acta de la reunión que lo decidió, para evitar que hubiera constancia de ello. He visto cómo en Madrid se ha creado una grotesca comisión de cultura, nombrando a dedo, como responsable de la misma, a quien comboca las reuniones con graves faltas de ortografía, aunque, según uno de sus defensores, ello sólo sea una simple herrata. He visto cómo se envían militantes a arrancar los letreros de IU a la entrada de sus locales. He visto los sucesivos y estrepitosos fracasos electorales de Izquierda Unida tras el nuevo rumbo impuesto por Alberto Garzón y apoyado por el Partido. Y he visto cómo esos fracasos se han convertido en la propaganda de grandiosos éxitos.

Recientemente he visto también cómo el Partido ha convocado un acto de homenaje al Partido Comunista de Corea del Norte (aunque luego ha rectificado diciendo que ha sido un error). Y -lo que supera toda mi capacidad de aguante-, acabo de ver cómo el Partido convocaba en la Puerta del Sol de Madrid una manifestación de apoyo a la independencia de Cataluña (a la que, por cierto, sólo ha acudido una cincuentena de personas, porque ya nadie os hace caso).

Por el respeto que me debo a mí mismo, no puedo convivir por más tiempo con esta miseria ética, estética y política. Y me acabo de dar cuenta de que, después de tanto tiempo, abandonar lo que ya no es más que una insignificancia no me causa ningún dolor, porque esto ya no es el Partido Comunista. Ni siquiera es un partido.

 

Por mucho que intentéis ocultarlo, en la Comunidad de Madrid el número de militantes del Partido apenas supera los 800. A partir de hoy ya hay, al menos, uno menos. Y digo “al menos” porque me consta que, en estos días, más militantes están siguiendo y seguirán este mismo camino.
Adiós.