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Crisis de la educación peruana

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
jueves 04 de octubre de 2018, 21:00h

La realidad actual pone de manifiesto de que vivimos una crisis de la política, de la economía, el papel de la ciudadanía, etc. y la más importante: la crisis de la educación, pues ésta al fin y al cabo es la estructura sobre la que se apoya la sociedad y de lo que se acusa es que la crisis no es solo político-económica, sino fundamentalmente de valores.

Carlos Molina Romero*

 

 

Carlos Molina Romero*

La realidad actual pone de manifiesto de que vivimos una crisis de la política, de la economía, el papel de la ciudadanía, etc. y la más importante: la crisis de la educación, pues ésta al fin y al cabo es la estructura sobre la que se apoya la sociedad y de lo que se acusa es que la crisis no es solo político-económica, sino fundamentalmente de valores.

Vivimos en una sociedad globalizada y tecnificada de todos los tiempos, en la actualidad asistimos por suerte a una gran variedad de movimientos pedagógicos a nivel mundial y que tratan de cambiar una educación arcaica y obsoleta. De hecho, prácticamente casi todos los países están rediseñando sus planes de estudios con nuevas leyes educativas mediante las que tratan de apostar por una educación más democrática, eficiente, holística, integradora e inclusiva y en la que las competencias, los conocimientos formales (especialmente idiomas y saberes técnicos) y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) tengan un peso fundamental en la formación del estudiante.

En el Perú hay muchos críticos y especialistas en educación que entienden que los planes de estudio de los niveles de Inicial, Primaria y Secundaria se debe más a una cuestión política de grupos de poder transnacional y oligárquico que ejercen tutela bajo sus intereses privados y de privilegio y que por lo tanto  no están al servicio de las grandes mayorías. En el país ha aumentado la pobreza  llegando al 21.7 % para el 2017, profundizándose así las desigualdades sociales.

Las leyes educativas son diseñadas por funcionarios del Ministerio de Educación en la que  están más centrados en medir el trabajo pedagógico desde el punto de vista numérico y cuantificado como si fuera un negocio de camisetas.

Hay que preguntarse con seriedad y urgencia: ¿Cuántas horas de trabajo burocrático asumen los profesores? ¿Cuántas horas se dilapidan entregadas a tareas absurdas que no sirven para nada? ¿Cuánto aburrimiento se acumula en las mentes y en el corazón de los docentes por estas iniciativas cada vez más ridículas?.

La burocracia potencia el régimen organizativo jerarquizado e impone una obediencia irracional y ciega. Hay que obedecer: “Esto hay que hacerlo porque hay que hacerlo”. Pero, qué sentido tiene?, para qué sirve?, qué impide hacer?, qué consecuencias tiene?, son preguntas que nadie se hace y si se las hace se las contesta cada uno en privado sin que las respuestas ayuden a corregir las situaciones injustas e irracionales. Cuántas horas dedican los directores y directoras a la burocracia?. Pueden destinar su tiempo a tareas pedagógicamente ricas, como coordinar, inspirar proyectos innovadores, investigar sobre la práctica, crear un clima positivo, hacer equipo, proponer iniciativas o bien, a tareas pedagógicamente pobres, una de las más apremiantes y absorbentes sería la de rellenar papeles, hacer estadísticas y así cultivar la burocracia.

Es necesario replantear nuevas formas de propuestas educativas para nuestro país centradas en la nueva filosofía humana: un intento de resistencia de la democracia, de la educación y de los valores para el siglo XXI, tales que debe situarse al alumno y al docente en el centro del sistema educativo y no en acciones de políticas educativas que rigen actualmente aferradas a un estricto currículo vertical y de obediencia ciega que fijan contenidos, objetivos, criterios de evaluación, y de resultados cuantificados. A esta forma de educación Paulo Freire lo  llamó en forma peyorativa educación tradicional o bancaria. La educación, tal y como la entendemos ahora, es demasiada pasiva: los alumnos llegan al aula, escuchan, memorizan y se marchan. La educación actual está extremadamente cerrada en hacer que la gente se eduque sólo para el trabajo y lograr una carrera profesional. A veces se confunde el valor de la educación con la formación para el trabajo. Sí, están relacionadas, pero no son lo mismo: adquirir formación para un empleo consiste en adquirir las destrezas necesarias para trabajar en una empresa, mientras que la educación es para dotarnos de competencias que sean útiles para nuestro desarrollo personal e intelectual para la vida y saber desenvolvemos dentro de la sociedad.

Si apostáramos a los saberes humanísticos desde el punto de vista de la filosofía de la educación seguro que serían más ajustadas a la realidad pluricultural peruana, más centradas en el alumno y en el docente cuyo resultado  nos llevaría de que la educación en las aulas escolares sean más creativas, reflexivas y críticas. Dewey, nos decía de que si queremos aspirar a vivir en democracias plenas debemos educar en y para la democracia y que según cómo eduquemos estaremos experimentando o jugando con un estilo de convivencia u otro. Y aún más, Dewey decía que toda convivencia educa, orienta de una u otra manera el sentido de nuestras vidas, por eso decimos que es normativa. De esta forma, toda educación, o todo auténtico proceso de comunicación en el que entran en relación los usos lingüísticos de las personas, es reguladora, genera expectativas de comportamiento, hábitos mentales y usos compartidos para la convivencia.

Por eso, resulta grotesco y confuso escuchar a quienes dicen que el Estado no debe regular en la educación, ninguna manera de formación en valores, argumentando que ésa es una tarea privada y exclusiva de los individuos en el ejercicio de su libertad.

La formación integral del individuo se impulsa desde la tarea educativa; para ello se le apuesta al desarrollo intelectual estimulando la búsqueda de la verdad, el observar, el indagar, el sintetizar, el comprender, el analizar, desarrollando una capacidad propositiva en el individuo para que se vincule a la sociedad como ser que propenda por el bien común.

*Máster Estudios avanzados en pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid.