En las enrevesadas negociaciones para definir el Brexit, uno de los puntos álgidos se ubicaba a 1.800 kilómetros en línea recta de Londres y Bruselas. Más precisamente en Gibraltar, un territorio que desde el 11 de abril de 1704 está bajo administración británica.
Redacción
En las enrevesadas negociaciones para definir el Brexit, uno de los puntos álgidos se ubicaba a 1.800 kilómetros en línea recta de Londres y Bruselas. Más precisamente en Gibraltar, un territorio que desde el 11 de abril de 1704 está bajo administración británica.
Técnicamente es un territorio británico de ultramar, según la visión del Reino Unido. Para España —y más recientemente, también para el Parlamento Europeo— se trata de una colonia británica. La misma postura tiene el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, que lo incluye en su lista de territorios no autónomos.
Son menos de 7 kilómetros cuadrados, pero su ubicación es estratégica, pues implica el control de la margen norte en el estrecho que marca la entrada y salida del Mediterráneo por el océano Atlántico. Lo es desde la antigüedad, cuando las civilizaciones de la región consideraban este paso un extremo del mundo conocido.
Según la tradición, el peñón es una de las dos 'Columnas de Hércules': la otra, es la región de Tánger y Tetuán, en la costa marroquí. No casualmente este elemento mitológico es también uno de los símbolos nacionales, junto con el lema 'Plus Ultra' —en latín, más allá—, testimonio de las épocas en las que España osó ir más allá del mundo conocido, en su puja por la supremacía en la navegación frente a otras potencias.
Pero, ¿cómo llegó este peñón de la península Ibérica a ser administrado por Gran Bretaña?
La respuesta está en un tratado firmado al final de la Guerra de Secesión de España, el conflicto que entre 1701 y 1713 enfrentó a dos casas reales —los Borbones y los Austrias— que se disputaban el acceso al trono, tras la muerte de Carlos II, rey sin descendencia.
En la guerra participaron activamente otras potencias europeas: Francia a favor de los Borbones; y los Países Bajos, Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico con los Austrias. Así, los ingleses invadieron en 1704 el peñón.
Al final de la contienda, los Borbones se quedaron en el trono, con Felipe V como monarca. Fruto de las negociaciones entre las potencias que participaron en la guerra se firmó el 11 de abril de 1713 el Tratado de Utrecht, que puso fin al conflicto. Particularmente incluyó los intereses de Francia e Inglaterra, que incluso mantuvieron conversaciones sin la participación de España.
Además de amplísimas prerrogativas comerciales para los británicos, uno de los puntos de este tratado incluía la cesión de Gibraltar al Reino Unido, conformado en 1707 —en medio de la guerra— con la unión de las coronas de Inglaterra y Escocia. Desde entonces y hasta ahora, el peñón pasó a formar parte del Imperio Británico.
Esto no quiere decir que el asunto de Gibraltar quedara laudado. Al menos no desde el punto de vista de España, a tenor de su actuación en los organismos de Naciones Unidas y de otros documentos de su Ministerio de Asuntos Extranjeros.
"Gibraltar es una colonia. Desde los años sesenta, Gibraltar figura en el listado de las Naciones Unidas de 'territorios no autónomos pendientes de descolonización'. Este vestigio colonial destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España", según se puede leer en el sitio webde la cartera de exteriores española.
"Naciones Unidas ha señalado que, en el proceso de descolonización de Gibraltar, el principio aplicable no es el de libre determinación de los pueblos sino el de restitución de la integridad territorial española. La cuestión de Gibraltar debe ser resuelta mediante negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido. La ONU ha venido recomendando estas negociaciones, ininterrumpidamente, desde 1965", abunda el organismo oficial español.
Sin embargo, a pesar de que Madrid haya solicitado "reiteradamente negociaciones" respaldadas por las resoluciones de la ONU, recientemente el Reino Unido no ha dado pasos "para llegar a una solución definitiva del contencioso de Gibraltar, única colonia existente en Europa".
Según España, el Tratado de Utrecht apenas comprende "la ciudad y el castillo de Gibraltar, junto con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen". Sin embargo, el istmo, las aguas adyacentes y el espacio aéreo "no fue cedido por España", que considera dichos espacios parte de su soberanía. En cambio, el Reino Unido considera que tiene soberanía sobre esta porción del territorio, por el principio de prescripción. Allí está construido desde 1949 el aeropuerto de la dependencia, cuyo uso fue fruto de polémicas entre ambas partes.
"La mera ocupación de facto continuada por los británicos no cumple los requisitos del Derecho Internacional para la adquisición de soberanía. Por eso, España siempre ha señalado que la ocupación del istmo es ilegal y contraria al Derecho Internacional y, por tanto, ha reclamado siempre su devolución sin condiciones", precisa el Ministerio de Asuntos Exteriores.
El Reino Unido, por su parte, llevó a cabo dos referéndum (en 1967 y 2002), en el que la población eligió por una abrumadora mayoría (99,6% y 98% respectivamente) permanecer bajo soberanía británica. Al menos desde 2002, Londres considera que la cuestión fue resuelta, de acuerdo con el principio de autodeterminación de los pueblos. Respecto al estatus del istmo, considera que lo controla por prescripción.
Sin embargo, España se ciñe a las resoluciones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas y considera que, al ser una dependencia británica, las negociaciones deben ser entre Londres y Madrid, como subraya el excanciller español José Manuel García-Margallo en una nota publicada por Exteriores en 2016.
"Interesa también destacar que la ONU insta a la descolonización conforme al principio de integridad territorial y no en virtud de ningún supuesto derecho de autodeterminación de un hipotético «pueblo» gibraltareño (de hecho, en 1967 condenó el referéndum celebrado en Gibraltar). Sí se establece en cambio que los intereses de la población de Gibraltar deberán ser escuchados. Para eso cuentan con un excelente canal: el Gobierno británico. Nosotros estaremos encantados de escuchar, pero la negociación sobre soberanía corresponde a Londres y a Madrid exclusivamente", afirmaba el antiguo canciller.
Hoy en día, Gibraltar tiene unos 30.000 habitantes, de diversos orígenes. Desde la llegada de los ingleses, personas de todo el Mediterráneo y de las islas británicas inmigraron al peñón, particularmente genoveses y marroquíes, además de los andaluces que continuaron llegando, incluso después de la ocupación, pues la población original dejó el peñón.
Los habitantes hablan inglés al igual que el español, con un acento andaluz. Está el 'llanito', un dialecto que incluye elementos de los idiomas de estos pueblos que llegaron a Gibraltar. Entre otras curiosidades, dentro del peñón hay kilómetros de túneles excavados en la roca, las casas de la ciudad tienen un estilo que parece salido de un pueblo de la Liguria (por influencia genovesa). Allí se ubican también los últimos monos salvajes libres de Europa.
Los habitantes del peñón gozan de la ciudadanía británica completa, lo cual les da derechos de libre circulación y otras facilidades en el territorio comunitario. Además, en el referéndum de 2016 por el que se inició el proceso del Brexit, los ciudadanos de este territorio se manifestaron a favor de que el Reino Unido no dejara el bloque.
Y en las negociaciones por el incierto proceso de salida, estos detalles legales e históricos dejan de ser anecdóticos: desde el Palacio de Santa Cruz subrayan que "el Derecho de la Unión Europea solo se aplica en el Peñón gracias a la pertenencia del Reino Unido a la UE, la salida del Reino Unido de la UE implica necesariamente la de Gibraltar", de acuerdo con las directrices emanadas de la Comisión Europea.
En repetidas ocasiones, Madrid ha alzado su voz contra las infracciones a las normas tributarias europeas, particularmente al considerar a Gibraltar un "paraíso fiscal", con la venia de Londres. De hecho, al ser un territorio británico de ultramar, técnicamente no es una parte integral del Reino Unido. De este modo, no es parte tampoco de la Unión Europea.
"Sobre las relaciones que después del Brexit vaya a mantener Gibraltar con la Unión Europea, hay que estar a lo dispuesto en el punto 24 de las orientaciones, que dice literalmente: 'Una vez que el Reino Unido haya abandonado la UE, ningún acuerdo entre la UE y el Reino Unido podrá aplicarse al territorio de Gibraltar sin acuerdo entre el Reino de España y el Reino Unido'", resalta.
Más recientemente, la relación dio señales de mejorar, al firmar España y el Reino Unido un acuerdo sobre la relación de Gibraltar el 4 de marzo de 2019. El acuerdo, el primero suscrito por ambos países sobre el peñón desde Utrecht, versa sobre aspectos fiscales en vistas del Brexit.
Análisis: Una nota a pie de página encoleriza a Gibraltar
Ángel Liberal Fernández*
Parecía que en Gibraltar ya tenían bastante con las complicaciones derivadas de la decisión británica de salir de la Unión Europea (UE), arrastrando con ello a su colonia. Sin embargo, una nota a pie de página en un documento de la UE en la que se repite lo que Gibraltar es para la ONU ha provocado la cólera –e incluso la pérdida del auto-control- de las autoridades locales llegando a unos niveles de irritación como pocas veces se ha visto. Por algo será.
El documento resulta aparentemente inocuo, incluso beneficioso para Gibraltar porque trata de la exención mutua de visados entre los ciudadanos de la UE y los del Reino Unido (RU) en el caso de un brexit sin acuerdo. Se relacionan los distintos tipos de ciudadanía británica que existen y, entre otros, la perteneciente a los «ciudadanos de los Territorios Británicos de Ultramar»,que incluye a Gibraltar.
La lista incluye quince territorios. La mención a Gibraltar figura con una nota a pie de página que dice: «Gibraltar es una colonia de la Corona Británica. Existe una controversia entre España y el RU relativa a la soberanía sobre Gibraltar, un territorio sobre el cual la solución debe alcanzarse a la luz de las resoluciones y decisiones relevantes de la Asamblea General de Naciones Unidas» (AGNU).
El caso es que en 1830, lo que entonces era para los británicos«La Ciudad y Guarnición de Gibraltar en el Reino de España», pasó a ser «la Colonia de Gibraltar, propiedad de la Corona», por decisión exclusiva del gobierno de Londres. Esto es muy llamativo porque un conocido representante diplomático del RU dijo no hace mucho en España que Gibraltar nunca ha sido una colonia; y se quedó tan tranquilo.
La denominación que el RU da a los restos de su Imperio ha cambiado con el tiempo y ahora los consideran «Territorios Británicos de Ultramar».
En 1946, el RU, por su propia iniciativa, registró a Gibraltar en la ONU como «territorio no autónomo». En 1963, a instancias de Bulgaria y Camboya, Gibraltar fue incluido en la lista de «territorios pendientes de descolonización», de NNUU; y ahí sigue, como colonia. Tan es así que todos los años, el RU, como Potencia Administradora, envía a NNUU el informe preceptivo sobre la situación en su colonia y, representantes del RU junto con los «peticionarios» del territorio intervienen en las reuniones que tratan de la descolonización.
En 1973 se incorporó el RU (incluyendo a Gibraltar) en la Comunidad Europea. En 1986 se incorporó España.
El punto 3 del artículo 355 del Tratado de Lisboa (2007) dice «Las disposiciones de los Tratados se aplicarán a los territorios europeos cuyas relaciones exteriores asuma un Estado miembro». En las declaraciones anejas al acta final de la Conferencia Intergubernamental que ha adoptado el Tratado de Lisboa figura la nº 55 que dice «Declaración del Reino de España y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte: Los Tratados se aplicarán a Gibraltar como territorio europeo cuyas relaciones exteriores asume un Estado miembro. Ello no supone modificación alguna de las respectivas posiciones de los Estados miembros de que se trata.»
Como vemos, para el mismo territorio tenemos varias denominaciones: Para la ONU es un «territorio no autónomo pendiente de descolonización». Para la UE, un «territorio europeo cuyas relaciones exteriores asume un Estado miembro» mientras que para el RU es un «Territorio Británico de Ultramar». Todo un ejemplo de la habilidad de la diplomacia británica para confundir con la utilización del término más adecuado en cada momento.
Lo cierto es que, con la complacencia del RU y la incapacidad de España para evitarlo, lo dispuesto en la Declaración nº 55 no ha impedido a Gibraltar desarrollar sus propias relaciones externas en el ámbito de la UE en diversos campos como el financiero, en el que ha llegado a firmar acuerdos bilaterales con países de la UE como si se tratase de otro Estado miembro. Asuntos financieros o los que convengan para ir arañando poco a poco responsabilidades hasta que lleguen a un nivel que convierta la situación en irreversible superando con los hechos tanto el artículo 355 como la Declaración nº 55.
En eso llega el brexit y Gibraltar se queda sin Estado miembro que le sirva de referencia en la UE. Necesitan otra expresión como cobertura y para ello se multiplica el argumento de que Gibraltar pertenece a la «familia británica», algo que tratan de mejorar las autoridades de la colonia diciendo que pertenece a la «familia británica de naciones». O sea, como las islas Pitcairn (la de la «Bounty»), Montserrat, Anguilla y demás restos de lo que fue un Imperio. Pero estas expresiones –sin valor jurídico alguno- no convencen a la UE y Gibraltar pasa a ser para la UE lo que desde hace más de 60 años es para la AGNU: una colonia.
Como es habitual cuando algo no se ajusta a sus intereses, los británicos (y los llanitos) dicen que el documento aprobado por la UE es «anacrónico, irrelevante, etc. etc.». Puede que el de los visados no llegue a entrar en vigor pero lo que está claro es que la UE, en un documento aprobado, ya ha cambiado la designación de Gibraltar. Ahora, el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo y la Comisión Europea asumen la doctrina de la ONU respecto a Gibraltar y ligan su estatus futuro a la consideración de colonia establecida en la AGNU en la que prevalece la idea de la descolonización mediante negociaciones entre el RU y España. Hace años que también el Tribunal de Justicia Europeo se refirió a Gibraltar como «colonia».
Espero que, al menos los Estados miembros de la UE no firmen nuevos acuerdos con las autoridades locales de Gibraltar dada su condición de colonia.
Dicen en Gibraltar que no hay más que darse un paseo por el Peñón para comprobar que no es una colonia. Es un paseo recomendable para que el visitante se dé cuenta de que efectivamente no es una colonia a secas sino una «colonia militar», desde la verja hasta punta Europa, en la costa de levante y en la de poniente, en lo alto del monte y en los túneles, con instalaciones militares en todos estos puntos. Quizá hasta tenga la suerte de ver en el puerto a uno de los submarinos nucleares averiados que con tanta frecuencia entran allí a reparar.
*Capitán de Navío (R.)
Blog: generaldavila.com